domingo, 2 de agosto de 2026

La Comunión en la Ciencia del logos

La Comunión en la Ciencia del logos

 

Adentro mas adentro, Emanuel hermano del mismo viaje, si algo aprendismos…

 

Maestro, como puedo decir sin palabras lo sin sin palabras … más alla de lo inefable

Presionar Enter, Mensaje enviado martes 17:19 por Emanuel: Maestro, como puedo decir sin palabras lo sin sin palabras … más alla de lo inefable

 

Emanuel Risco

 

https://www.youtube.com/watch?v=sE45OmSEI4Q

 

Gracias por tu amable bondad

 

Asi no:

 

El único real acontecimiento en mi vada es la presencia de Dios , no solo las expulsiones sino que cada vez que me expulsaron Dios esta conmigo.

 

 

Y eso que dicho asi todo el mundo cambia, pero se vuelve una mediación realigiosa perdiendo el acontecimiento.

 

Asi tampoco

 

Me meti en el cuerpo de un angel caído, dicein que los demonios te poseen, pero yo los poseo a todos, es decir me poso en cada uno de ellos con distinta expresión, Dios esta ahí siempre presente sin ninguna mediación.

 

El peligro es que conviertan esto en un poema yhabra una mediación estética entre nosotros.

 

Asi menos

 

Luego del recorrido de Hegel queda claro que si inviertes al  ser en no ser sigue siendo bondad, la maldad solo estaba en la mediación conceptual, no en la concepción misma que solo puede suceder desde y para la idea de Bien.

 

Diran que es  filosofía y el bien dejara de acontecer.

 

Por ultimo de esta forma de ninguna manera.

 

Solo hay una ciencia la ciencia organica, ella solamente se puede librar de toda ciencia, la ciencia del logos.

 

Mi propuesta es meterte al horno.         

 

 

 

 

 

 

 

Comunión al horno

 

Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

 

Miquela Micaela Tejer  el Inkarri exige atar el espíritu y la voluntad hasta generar una comunión, hemos empezado con el evangelio de la Matria donde unimos la voluntad con el Espíritu, luego viene el arca de la libertad que es un proceso formativo donde se une el espíritu con la voluntad de ahí cocinamos conscientemente viendo los espíritus y los anti espíritus hasta lograr esta comunión del espíritu integral, pero mira ¿Dónde estás cocinando? En el campo virtual algorítmico, aunque no estés conectada a internet, estas en el espacio virtual que lo configura ahora todo, por esto la necesidad de la ciencia del logos, para que veas la configuración del sistema no a través de un código  sino de una transferencia y generar comunidad transferencialmente y no algorítmicamente creando biotejidos no redes.

Siendo la conciencia el fundamento de todo sistema y no la información, ella se buscara a si misma negándose saliendo de si y volviendo a si aquí te comparto una navegación donde mi espíritu lucha por integrarse y encuentra el ser en Zubiri ¿Qué es el horno?    Ese intensificar y radicalizar la integración del ser, la desintegración del no ser   y la integración del ser y del no ser?

Aquí  intensifico la comunión del ser partiendo del no ser en Nietzsche, este desatar en el no ser y atar en el ser es la clave del reino, por lo mismo no te puedes quedar en la aprehensión del logos en Zubiri más no puedes dejar de escalar hasta la develación de lo real, luego tienes que desatar sino la hibris y pensaras que tienes la verdad aunque sepas que lo real te desborda aun como medio caerás en la hibris.

Una vez que pienses en el ser como verdad, como lo real medita en esta película:

https://www.youtube.com/watch?v=EL0grzx2Itw&t=6s

El escritor transfiere su lado oscuro a esta mujer imaginaria, pero es el, al igual que el judío con Yahvé de los ejércitos, es él, son ellos ,al igual que los cristianos con Jesucristo al final de los tiempos lo destruye todo, son ellos al igual que los musulmanes y Ala al igual que los hinduista con Krishna enseñándole su Dharma de guerrero a Arjuna, Al igual que Wiracocha violando son ellos , al igual que el hombre común culpando al alcohol es el , es decir somos nosotros, destruimos matamos y ordenamos el ser de acuerdo a nuestra conveniencia, por eso hay que cruzar el espejo y desatar al Dios que hemos creado, luego de Zubiri en el siguiente texto veremos  Engels y la formación de la familia para que desates lo que aprendiste con Zubiri , la cuestión está  en lograr el justo medio en el horno  la cuestione que eso es imposible, la sintranferencia donde el ser y el no ser se equilibran, un perfecto equilibrio es igual que una desintegración solo que aquí los dos lados funcionan tanto la del ser como la del no ser y entonces el Inkarri se levanta con toda su fuerza así como se desintegra en un cuerpo sin órganos para volver a levantarse, esta y no está, no hay otra manera de traspasar el bucle transferencial de la revolución peruana siempre fracasada.            

     

Las personas buenas son todas débiles: son buenas porque no son los suficientemente fuertes para ser malas

Nietzsche 

Jorge Americo Foche

Experto del grupo

Colaborador destacado

Para ser verdaderamente buenos, debemos crear los propios valores, ser auténticos, decidir sobre sí y para sí, dominar el carácter trágico de la vida y no necesitar ampararse en ficciones ni dioses.

 

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Jorge Americo Foche La voluntad de poder no es buena o mala ella simplemente se realiza o no en todo su potencial , pero para esto es necesario un cuerpo sin órganos y entonces ya no se trata de valores, sino de transferencias que crean bucles en los que permanecemos atrapados, al menos que nos atrevamos a vaciar nuestro cuerpo aprendiendo a actuar desde cero.

 

 

 

https://www.facebook.com/entreculturagt/videos/731700979177743

 

 

 

 

Todo lo que es profundo ama la máscara-. […] Yo podría imaginarme que un hombre que tuviera que ocultar algo precioso y frágil rodase por la vida grueso y redondo como un verde y viejo tonel de vino, de pesados aros: así lo quiere la sutileza de su pudor. A un hombre que posea profundidad en el pudor también sus destinos, así como sus decisiones delicadas, le salen al encuentro en caminos a los cuales pocos llegan alguna vez y cuya existencia no les es lícito conocer ni a sus más próximos e íntimos: a los ojos de éstos queda oculto el peligro que corre su vida, así como también su reconquistada seguridad vital. Semejante escondido, que por instinto emplea el hablar para callar y silenciar, y que es inagotable en escapar a la comunicación, quiere y procura que sea una máscara suya lo que circule en lugar de él por los corazones y cabezas de sus amigos; y suponiendo que no lo quiera, algún día se le abrirán los ojos y verá que, a pesar de todo, hay allí una máscara suya, y que es bueno que así sea. Todo espíritu profundo necesita una máscara: aún más, en torno a todo espíritu profundo va creciendo continuamente una máscara, gracias a la interpretación constantemente falsa, es decir, superficial, de toda palabra, de todo paso, de toda señal de vida que él da.

Friedrich Nietzsche,

Mas allá del bien y del mal, Sección segunda, El espíritu libre, Capitulo 40.

 

 

 

 

 

 

Resumen: El hombre y Dios de Xavier Zubiri es una obra que por derecho propio ha de ocupar un sitial en la historia de la filosofía. ¿Qué significa esta “y” del título del texto El hombre y Dios? Toda la clave del libro radica en descifrar qué sentido tiene esa “y”. Acceder, pues, al texto El hombre y Dios, implica forzosamente retrotraer nuestra investigación a la raíz misma de la “existencia humana”. Pretendo presentar una humilde vía de esclarecimiento. Mostrando la postura de Zubiri frente a Heidegger en ciertos puntos que considero capitales como “puerto” de acceso a la lectura de El hombre y Dios. Por tanto, llevaré a cabo esta investigación en tres breves navegaciones: I. El problema de la “y”. II. Sobre la “Erschlossenheit”. III. De la “Geworfenheit” a la “religación”.

 

 

Xavier Zubiri, nació en San Sebastián el 4 de diciembre de 1898. Cercano ya a los 85 años, estaba en plena producción filosófica, a punto de terminar un libro sobre Dios, cuando repentinamente muere el 21 de septiembre de 1983.1 La humanidad pierde irremediablemente uno de los filósofos más importantes del siglo XX. Zubiri fue discípulo de Ortega y Gasset, de Husserl y de Heidegger y además un profundo conocedor de todas las ciencias y lenguas orientales e historia antigua. Poco más de un año después de su muerte, somos testigos de un extraordinario, genial y estremecedor libro. Es el primero de los libros póstumos de Zubiri, El hombre y Dios.

 

1.       El problema de la “y” Su más cercano amigo, colaborador y discípulo, Ignacio Ellacuria, estuvo a cargo de la preparación del texto para su publicación. Es un libro de Zubiri desde el principio hasta el fin, sometido tan sólo a un levísimo arreglo redaccional.3 El hombre y Dios, es un texto apasionante. Es una obra que por derecho propio ha de ocupar, sin duda alguna, un sitial en la historia de la filosofía. Cada una de sus líneas, con sus 383 páginas, posee una riqueza filosófica desbordante. Sin embargo, su contenido plantea enormes problemas. Es un libro muy difícil de comprender y de analizar. Introducirse en la filosofía de Xavier Zubiri es todo un desafío intelectual y una aventura espiritual. Máxime si se trata de un problema que ocupó la mente de Zubiri por más de seis décadas. i En líneas muy amplias el esquema del libro El hombre y Dios se articula en sus tres momentos o partes. Iª La realidad humana. IIª La realidad divina. IIIª El hombre, experiencia de Dios. En la Primera Parte, Zubiri busca determinar qué es ser hombre y cómo se es hombre. En la Segunda Parte, Zubiri necesita ver que lo que ha encontrado en su búsqueda es Dios. En la Tercera Parte, Zubiri desde el planteamiento de lo que es el hombre y de lo que es Dios nos lleva a discutir el problema de Dios “y” el hombre. Estas tres partes están articuladas por una bisagra que requiere nuestra atención. ii Quiero dejar consignado que Zubiri comentaba a Jorge Eduardo Rivera Cruchaga que el libro, El hombre y Dios, estaba ya en líneas generales listo en 1972.4 Pero no es de extrañar, de parte de Zubiri, las minuciosas revisiones que padecería este libro en más de una década. Es importante destacar, además, tres puntos centrales, que corresponden respectivamente a las tres partes del libro, y que debe tener presente todo lector al introducirse en la lectura de El hombre y Dios. Muchos comentaristas pasan de largo las advertencias de Ignacio Ellacuria en la “Presentación” (HD, i-x., 24 de marzo de 1984). De no observar bien este punto, esto puede levantar, sin lugar a dudas, una enorme ola de inadecuadas interpretaciones del texto. Esta presentación es muy importante, pues, en ella quedan indicadas las tres partes del libro. La primera parte: iniciada y concluida en la primavera y verano de 1983. La segunda parte: realizada de regreso de Roma, a finales de 1973 y casi todo el año 1974, incluso principios de 1975. La tercera parte sería la transcripción del curso de Roma explicado en el otoño de 1973. Desde esta interesante perspectiva preguntémonos: ¿No cabría la posibilidad de acceder a toda la “obra zubiriana” desde esta primera parte finalizada ya en el verano de 1983? iii He de advertir que mi esquema no es exactamente el que sigue Zubiri, sino que se aparta ligeramente de éste. La razón de ello es el deseo de simplificar el acceso a este libro, ya de suyo muy difícil de leer. Empero -y estoy consciente de ello y el lector lo advertirá inmediatamente- hay temas que desbordan considerablemente el propósito de esta breve investigación. Así pues, desde el capítulo primero que versa sobre el hombre brota inexorablemente el capítulo segundo, que trata sobre Dios, hasta el florecimiento del capítulo tercero, el hombre “y” Dios. Y, en este sentido, este esquema refleja lo abordado en el texto El hombre y Dios de Xavier Zubiri, esto es, “El hombre”, “Dios”, “y”. ¿Qué significa esta “y” del título del texto El hombre y Dios? Esta es la pregunta axial de esta investigación. ¿En qué consiste esa “y” con que decimos el hombre “y” Dios”? Toda la clave del libro radica en descifrar qué sentido tiene esa “y”. En una frase apretada y muy difícil de dilucidar, dice Zubiri en la Introducción: “La ´y` del hombre y Dios es una versión constitutiva experiencial”.5 ¿Qué significa esta “y”? ¿Qué significa que sea una “versión constitutiva experiencial”? Grosso modo, el problema de la “y” del hombre y Dios es el más alambicado problema filosófico que Zubiri tiene en sus manos. La “y” es “abertura” a algo “más” . Zubiri quiere desentrañar esta “versión constitutiva experiencial” en la realidad en “hacia”.6 (Permítaseme, una breve “fórmula” : El hombre “y” Dios = El hombre “hacia” Dios. Este punto lo he tratado en otro lugar, sólo lo dejo consignado aquí, indicando que hay un grave problema en esta “y”, para una posterior “revisión” ). Sigamos, pues, navegando en dos puntos esenciales:  A) El problema filosófico de Dios. B) La “existencia humana”. A. El problema filosófico de Dios El problema filosófico de Dios, fue una permanente preocupación de Zubiri ya desde los años de Bachillerato, hasta los últimos días de su vida. Pues bien, acceder al texto El hombre y Dios, implica forzosamente retrotraer nuestra investigación a la raíz misma de la “existencia humana”. 7 ¿Qué quiere decir aquí “existencia humana”? ¿En qué sentido hay que concebirla? ¿Acaso ésta existencia humana “coincide” con lo que dice Zubiri en El hombre y Dios: la realidad humana? No voy a entrar a desentrañar todo el problema de la existencia humana. Sólo quiero indicar el orto del problema de Dios en un primer artículo de Zubiri. “En torno al problema de Dios”,8 artículo publicado en la Revista de Occidente 149 (1935) 129-159., constituye la primera formulación del problema de la religación, y, que junto a otros artículos apareció ya recopilado. 9 Este texto fue corregido y ampliado en Roma por Zubiri en marzo de 1936, que es el que definitivamente apareció en Naturaleza, Historia, Dios (NHD, 417-454). Es un hermoso, conciso y profundo ensayo que constituye la primera formulación del concepto de “religación”, en el cual se inscribe el problema religioso y, sobre todo, la posibilidad del ateísmo. Zubiri, dicho sea de paso, está viviendo situaciones dramáticas en torno a la fe, la religión y Dios. “La religación -nos dice- religatum esse, religio, religión en sentido primario -es una dimensión formalmente constitutiva de la existencia”.10 En otras palabras, el problema de Dios está inscrito en la constitutiva y ontológica religación de la existencia.11 ¿Qué significa esto de que la “religación” es una dimensión formalmente constitutiva de la existencia? ¿Es el ateísmo un modo de estar “des-ligado”? El tema de Dios, pues, el problema filosófico de Dios en Zubiri lleva un largo camino de elaboración.12 B. La “existencia humana” Forzosamente, he tenido que embarcarme en este ensayo, pues, la lectura del texto El hombre y Dios se torna inaccesible e intolerable, justamente, al ingresar a la Segunda Parte, La realidad divina. Porque esta obra no está con la figura que Zubiri hubiera querido presentarla al mundo filosófico. En efecto, al principio, incluso el mejor deseo tropieza con insospechadas dificultades y se encuentra con sorpresas impensadas. Sin embargo, este ensayo de 1935 es el “umbral” necesario para iniciar la navegación en El hombre y Dios. Teniendo presente que hay una distancia de más de cuatro décadas de este ensayo en relación al primer texto póstumo.  En su estancia en Roma, se le pidió a Zubiri autorización para una versión francesa en Recherches Philosophiques. Introdujo para ello algunas leves modificaciones de detalle, especialmente en el acápite IV. Así, la forma definitiva la alcanzo en marzo de 193613. A pesar de las modificaciones que sufrió el texto base que apareció en Naturaleza, Historia, Dios, el texto base de 1935 es lejos definitivamente mucho más inteligible que su posterior modificación de 1936. Así, “En torno al problema de Dios” (1935), en esta breve investigación posibilita el más accesible “puerto” desde donde desplegaremos velas y elevaremos ancla con el concepto de “religación”, con el fin de navegar hasta la forma que alcanzó su “reformulación” definitiva,14 en su libro póstumo El hombre y Dios. Zubiri realiza un análisis de lo que él llama la “existencia humana”. En el ensayo: “En torno al problema de Dios” (1935), señalaba: “....la posibilidad filosófica del problema de Dios consistirá en descubrir la dimensión humana dentro de la cual ha de plantearse (...) La existencia humana, se nos dice, es tal que consiste en encontrarse entre las cosas y, cuidándose de ellas y arrastrada por ellas, hacerse a sí misma”.15 Y años después en el artículo: “Introducción al problema de Dios” (1963), Zubiri hace una expresa referencia a la existencia humana, como punto de partida del problema de Dios: “Es menester -nos dice- partir de un análisis de la existencia humana”.16 Recoge, sin duda, ideas heideggerianas,17 pero no se queda en ellas reposando, sino que radicaliza más su pensamiento, desentrañando penosa y lentamente el concepto de “religación”. Aquí Zubiri se propone anclar, como diría Martínez18, el problema de Dios en la entraña, en la raíz misma del existir humano. Zubiri, tiene presente en su reflexión la estructura de la “Geworfenheit”, que literalmente significa el “estar arrojado”. Sin embargo, pienso que no es sólo ésta estructura heideggeriana la que está presente en Zubiri y la única que tenía in mente en su ensayo “En torno al problema de Dios” (1935). Hay otras estructuras que juegan, tal vez, en mayor o menor medida, un papel más importante que la “Geworfenheit”. Zubiri establece claramente, y, dicho sea de paso, dos direcciones en torno al problema de Dios. De un lado, en la dirección de la sistematización del problema de Dios. De otro lado, el momento estructural del hombre, es decir, la dimensión teologal.19 Con lo anterior es suficiente para dejar enmarcado globalmente

2.       el problema del hombre y Dios. Pasemos, pues, a nuestro segundo apartado. II. Sobre la “Erschlossenheit”. Heidegger en Ser y tiempo en el § 28 habla de una “Erschlossenheit”, “aperturidad”. “Das Dasein ist seine Erschlossenheit”,20 “El Dasein es su aperturidad”,21 ¿Qué es esta “Erschlossenheit”? La palabra que en alemán es “Erschlossenheit”, significa el hecho de que el Dasein, está abierto, entiéndase: abierto al mundo, abierto a sí mismo, abierto a los demás Dasein y, maxime, abierto al ser.22 Es un abrir radical en que consiste el ser del “Dasein”. La existencia está abierta a sí misma y lo está en y por sí misma. Esto es, la “aperturidad” forma parte de la existencia en cuanto tal. Esta “Erschlossenheit” está constituida básicamente por la “disposición afectiva”, “Befindlichkeit” y el “comprender”, “Verstehen”, articulados ambos por medio del “discurso”, por medio de la “Rede”. ¿Qué es eso de “Befindlichkeit”? ¿Qué es eso de “Verstehen”? Veamos más de cerca esta “disposición afectiva” y el “comprender”. A. “Befindlichkeit”. “Befindlichkeit”, “disposición afectiva”. Es la condición según la cual el “Dasein” siempre se encuentra en algún “estado afectivo”, “estado de ánimo”. El Dasein se encuentra, se siente consigo mismo en sus estados de ánimo. Tengo una manera de estar dispuesto en mis estados de ánimo. No es una intelección intelectual, teorética, sino un estar abierto al ser de las cosas, a las demás personas, a mi mismo, por ejemplo, cuando percibo la inocencia de mi sobrino de once meses. Sólo lo siento en un determinado sentimiento. Aquí el sentimiento descubre la inocencia. La “Befindlichkeit” me abre al pasado, yo ya estoy instalado en una situación particular. “Die Befindlichkeit erschließt das Dasein in seiner Geworfenheit”. “La disposición afectiva abre al Dasein en su condición de arrojado”.23 ¿Qué es esta “condición de arrojado”? Más adelante veremos este punto. Cuando hay un sentimiento ya estoy en una situación determinada y, desde ahí me abro. Expresaba San Buenaventura en el “Itinerarium mentis in Deum”: “magis exercitatio affectus quam eruditio intellectus”.24 En este sentido va a decir Zubiri: “El hombre no puede sentirse más que religado o bien desligado”.25 Así, la posibilidad del ateísmo se abrocha en esta posibilidad de la Befindlichkeit, de sentirse “des-ligado”. “La existencia que se siente desligada es una existencia atea”.26 Heidegger indica en Ser y tiempo, que el “Dasein” está abierto a su propio ser, pero al mismo tiempo lo encubre, lo distorsiona. “Al Dasein existente le pertenece el ser-cada-vez-mío como condición

 

de posibilidad de la propiedad e impropiedad. El Dasein existe siempre en uno de estos modos o en la indiferencia modal de ellos”.27 Es interesante que Zubiri sostenga en la Segunda Parte de El hombre y Dios, que, ante Dios, además, de teísmo, ateísmo, agnosticismo, hay también, “in-diferencia”.28 La “Befindlichkeit” abre al hombre en su “Geworfenheit”. Desde Heidegger y más allá de Heidegger podríamos preguntarnos: ¿La Befindlichkeit abre al hombre “positivamente” en su “ser” “religado” y “cierra” negativamente su ser al sentirse “desligado”? Por lo pronto, esta cuestión desborda plenamente lo expuesto. Pues bien, la Befindlichkeit, está entretejida con el “Verstehen”. Este último, no es un comprender teórico, sino un comprender vital de sí mismo. Zubiri va a cambiar esta postura de la Befindlichkeit, de “sentirse” religado o desligado. Hay un notable progreso de su pensamiento en El hombre y Dios. La religación ya no está inscrita en un puro sentimiento, sino que la religación es esencialmente el acontecer del problematismo de la fundamentalidad. Estoy “afectado”, por ejemplo, porque previamente “ya” estoy en la realidad. Es decir, la religación no es un sentimiento de dependencia incondicional. Porque todo sentimiento tiene un momento intrínseco y formal de realidad. Hay afección. En el sentimiento el hombre está afectado. Esta afección es un modo de estar en la realidad., “...para que haya un sentimiento de dependencia tiene que actualizarse el momento de realidad como algo a lo que estoy ligado, como algo anterior al sentimiento mismo (...) Toda dependencia incondicional presupone una realidad relativamente absoluta. Es decir, presupone la religación”.29 “La religación no es mera vinculación ni es un sentimiento de dependencia sino la versión constitutiva y formal al poder de lo real como fundamento de mi vida personal”.30 Pasemos, pues, a nuestro segundo aspecto. ¿Qué se entiende, en líneas más amplias, por “Verstehen”? B. “Verstehen”. “Verstehen”, “comprender”. ¿Puede ser entendido “verstehen”, “comprender”, en un sentido teórico? Nada más alejado de lo que Heidegger quiere decir. No es una comprensión teórica. “Con el término comprender - dice Heidegger- nos referimos a un existencial fundamental, y no una determinada especie de conocimiento, diferente, por ejemplo, del explicar y del concebir, ni en general, a un conocer en el sentido de aprehensión temática”.31 El “Verstehen”, heideggeriano es estrictamente un comprender de sí mismo, me abro a mi mismo, a las cosas, a los otros hombres, en última instancia al ser. Esa abertura a mi ser, de mi mismo, es cuando, de algún modo, comprendo mi situación, desde la situación en la que ya estoy, por ejemplo, estoy leyendo. El ser se abre al futuro. En ese sentido la “Befindlichkeit” es el pasado. Porque precisamente me encuentro ya en un determinado estado de ánimo, y desde ahí me abro a las posibilidades futuras de mí ser. Hay un pasado radical. En cambio, en el “Verstehen” me encuentro abierto al futuro. “Concebido -señala Heidegger- en forma existencial originaria, el comprender es el proyectante estar vuelto hacia un poder-ser por mor del cual el Dasein existe cada vez. El comprender abre el poder-ser de cada Dasein (cf. §31, p,166 ss), de tal manera, que, comprendiendo, el Dasein sabe cada vez, de algún modo, qué pasa con él”.32 “Verstehen” es futuro. En otras palabras, la vida del ser humano es un “quehacer”. Es un hacer que hay que hacerlo, y eso es mi existencia. Cuando estoy haciendo algo en mi vida aparece el futuro. La palabra “quehacer” tiene una riqueza innegable en castellano. En Ortega leemos: “De toda circunstancia, aun la extrema, cabe evasión. De lo que no cabe evasión es de tener que hacer algo y, sobre todo, de tener que hacer lo que, a la postre, es más penoso: elegir, preferir. ¿Cuántas veces no se ha dicho uno que preferiría no preferir? De donde resulta que lo que me es dado cuando me es dada la vida no es sino quehacer. La vida, bien lo sabemos todos, la vida da mucho que hacer. Y lo más grave es conseguir que el hacer elegido en cada caso sea no uno cualquiera, sino lo que hay que hacer -aquí y ahora-, que sea nuestra verdadera vocación, nuestro auténtico quehacer”.33 En el ensayo “En torno al problema de Dios”(1935) casi al final del acápite II, leemos: “El hombre al estar abierto a las cosas, va hacia ellas y las encuentra. Al estar religado el hombre viene desde Dios y está ya en Él”.34 ¿Qué es esto de que el hombre está “abierto” a las cosas? ¿En qué sentido va “hacia” ellas? En primer lugar, vemos el papel implícito de la “Erschlossenheit”, “aperturidad”. El hecho, de que el hombre está abierto a las cosas. Es decir, su ser está abierto. En segundo lugar, observamos en el pasaje ya “incoado” el “hacia”, estructura zubiriana absolutamente capital y tan recurrente en El hombre y Dios. Este “hacia” va a ir cobrando un volumen enorme –y al mismo tiempo imperceptible- al interior de El hombre y Dios. Esto detonará más adelante que Zubiri afirme que: “...nos encontramos lanzados del hombre a Dios...”.35 Para enmarcar esto de mejor manera véase un par de textos: “La realidad de Dios es por lo pronto una realidad en el modo de ´hacia`”. “En esta dimensión de apertura religada, el hombre está lanzado desde el poder de lo real ´hacia` aquello en que éste se funda, hacia Dios”.37 En tercer lugar, aparece la “disposición afectiva”, “Befindlichkeit”, y el comprender, “Verstehen”. En efecto, repasemos nuevamente el pasaje: “El hombre al estar abierto a las cosa, va hacia ellas y las encuentra. Al estar religado el hombre viene desde Dios y está ya en Él”.38 En Heidegger vemos un pasaje clave: “El comprender se funda primariamente en el futuro; en cambio, la disposición afectiva se temporiza primariamente en el haber-sido”.39 Zubiri en El hombre y Dios, al sostener que el hombre es constitutivamente una esencia formalmente abierta a su propio carácter de realidad,40 sin duda, tiene in mente el ensayo “En torno al problema de Dios” (1935). Zubiri fue discípulo de Heidegger por los años 30. Zubiri parte de la situación abierta por Heidegger, pero va más allá de Heidegger. Declaraba Zubiri: “...se ha visto que el ser del sujeto consiste formalmente, en una de sus dimensiones, en estar ´abierto` a las cosas”.41 No hay duda, sobre la referencia implícita a la “Erschhlossenheit” de Heidegger. Zubiri está haciendo mención permanentemente a nociones heideggerianas. En efecto, “no es que el sujeto exista y ´además` haya cosas, sino que el ser sujeto consiste en estar abierto a las cosas”.42 Pero, Zubiri reprocha a Heidegger la insuficiencia de su análisis, pues, siempre hay “algo” más. “Además de cosas ´hay` también lo que hace que haya”.43 En esta época el “hay” ocupa el lugar de la realidad. Para Zubiri lo radical no es la propia existencia. Lo radical no es un hecho entre otros, sino algo previo a todo hecho, esto es: la realidad misma. Y esta realidad inexorablemente se me hace presente no en un comprender existencial, sino en un acto fundamental de la propia realidad humana, el sentir. Zubiri abrirá una vía más radical que Heidegger: “Es de Heidegger -nos decía- la tesis de que das Dasein, la existencia humana tiene una Erschlossenheit, está abierta a sí misma y a las cosas por algo que es Seinsverständnis, la comprensión del ser [cf. SuT §18 y §31] (...) Pero ¿es verdad que el hombre está abierto a las cosas primariamente por comprensión? Toda comprensión es un acto de inteligencia -Heidegger no emplea este vocabulario, pero no importa para el caso-. De esto no hay duda ninguna. Pero no es ese el acto elemental y radical de la inteligencia, que primariamente no aprehende la realidad por vía de comprensión sino en un sentir del que la inteligencia es intelección intrínseca y que la convierte, por consiguiente, en inteligencia sentiente”.44 Teniendo presente estos breves pasajes se entiende que Zubiri en El hombre y Dios, exprese que: “...por ser una realidad sustantiva dotada de inteligencia, el hombre es constitutivamente una esencia formalmente abierta a su propio carácter de realidad. (...) la esencia abierta está formalmente religada”.45 Su apertura es, en consecuencia, una “apertura religada”.46 Así, vemos que, gracias a la atenta mirada que Zubiri puso en la “Erschlossenheit”, radicaliza el acto elemental y radical de la inteligencia. Que primariamente no aprehende la realidad por vía de comprensión, sino en un sentir intelectivo o inteligencia sentiente. Observa Zubiri en un pasaje iluminador, “Y así como el estar abierto a las cosas nos descubre, en este su estar abierto, que ´hay` cosas, así también el estar religado nos descubre que ´hay` lo que religa, lo que constituye la raíz fundamental de la existencia”.47 A “eso” que “hay” y que religa Zubiri lo llama: “Dios”, es decir, “aquello a que estamos religados en nuestro ser entero”.48 Zubiri pasa muy rápido a la identificación con Dios. Cosa que no sucederá en El hombre y Dios. El camino será mucho más largo, penoso y complejo. ¿Qué es esto de estar religados “en” nuestro ser entero”? ¿Qué alcance tiene este “en”? Pues bien, lo que me ocupa a radice es indicar la cercanía por estos años entre Zubiri y Heidegger y que lo podemos constatar con más claridad al seguir navegando, en la “Geworfenheit”.

 

 

De la “Geworfenheit” a la “religación” La “Geworfenheit” ha sido considerada49 el “umbral” desde dónde arranca la compleja idea de la “religación”. El concepto de la “religación” no florece sólo y exclusivamente de la “Geworfenheit”.50 Pero si es su detonante fundamental. Ya hemos visto la insuficiencia de la existencia humana como “Erschlossenheit”, y como irrumpe esta idea del sentir intelectivo. En el sentido que el hombre primariamente no aprehende la realidad por vía de comprensión, sino en un sentir intelectivo. Para Zubiri, el hecho radical no es el lenguaje, pero tampoco la propia existencia. Lo radical para Zubiri no es un hecho entre otros, sino algo previo a todo hecho, esto es: la realidad. Y esta realidad se hace presente en nosotros no en un “comprender existencial”, sino en un acto fundamental de la propia realidad humana: el sentir. (Analizar minuciosamente cada una de las articulaciones de toda esta teoría de la inteligencia sentiente51 es una tarea titánica que muy bien lo están haciendo los comentarista y discípulos de Zubiri).

 

i Volvamos a la “Geworfenheit” y su repercusión en Zubiri. Demos algunos pasos que configuren de mejor manera lo que quiero con más precisión indicar. Leemos en el ensayo de 1935: “...el fenómeno de ´estar arrojado` que otros a que voy a referirme, no pueden adquirirse sino en el análisis mismo de la existencia. Todo el sentido de lo que va a seguir consiste en tratar de hacer ver que no está descrita la existencia humana con suficiente precisión.... “.52 “La existencia humana, pues, -dice Zubiri- no está solamente arrojada entre las cosas, sino religada por su raíz”.53 Este es el texto axial de este apartado. ¿Qué significa que la existencia humana no está “solamente” arrojada sino que está “religada” por su raíz? ¿De qué raíz se trata? Vemos, ante todo, que la “Geworfenheit” está íntimamente inscrita en Zubiri. “La existencia humana está arrojada entre las cosas, y en este arrojamiento cobra ella el arrojo de existir”.54 Martínez de Pisón, nos decía: “La clave zubiriana para abordar el problema de Dios se encuentra en la religación del hombre al poder de lo real. ´La existencia humana, pues, no solamente está arrojada entre las cosas, sino religada por su raíz` (NHD, 373). Esta es la posición de Zubiri como contraposición, o complemento, al ser arrojado heideggeriano”.55 ii Al carácter fáctico del existir humano Heidegger lo llama el “estar arrojado”, “Geworfenheit”. Rivera hablando sobre la facticidad y su articulación con la religación, nos dice: “La facticidad no es un mero factum, sino una estructura de ser, y como tal tiene una función positiva en la constitución de ser del Dasein. Heidegger no ha explotado plenamente este aspecto positivo de la facticidad. En cambio, sí lo ha hecho Zubiri, para quien en la estructura del ´tener que` se manifiesta una ligazón al ser (o a la realidad) que Zubiri llama ´religación`, y que es el fundamento que nos lanza a la búsqueda de esa realidad enigmática que llamamos Dios. (...) Al carácter fáctico del existir humano Heidegger lo llama también el estar arrojado (Geworfensein o Geworfenheit). Este concepto implica, además de la facticidad del ´tener que` ser, el que el Dasein tiene que ser cada vez en una situación absolutamente concreta, en aquella en que fácticamente es”.56 Así, de un lado, la “Geworfenheit”, “estar arrojado”, indica que el hombre en el primer acto de inteligencia ya está existiendo. Es decir, “yecto”: es el pasado radical “ya”. Es el primer momento. A mi ser le pertenece mi “yectidad”. No se arroja él. Es, “estar arrojado”. Es tener ya dado o recibido el “ser” desde el primer momento. No lo pongo yo; estoy arrojado en la existencia humana. iii Hay, de otro lado, una pequeña distinción con la “facticidad”. Esta es la concretización de la existencia humana. Estoy arrojado, en un lugar concreto y muy determinado. En efecto, normalmente yo hago muchas cosas, me levanto por las mañanas, leo, camino, me alimento, etc, etc., pero hay algo que está permanentemente presente en lo más hondo de mi vida y que no está expuesta explícitamente. Es la existencia. Me encuentro que yo tengo una deuda con mi propia existencia, la cual yo no me la he dado; me encuentro con ella, nací en un hermoso país, Chile, en Chuquicamata, en 1966, en el desierto más árido del mundo y en el cielo más diáfano de la tierra; con unos padres, con una determinada lengua materna, etc, etc., es decir, me encuentro en este mundo existiendo “ya”, estoy arrojado a la existencia, mi vida es una “facticidad”. Y de todo eso yo soy “deudor”. Es mío y no soy plenamente dueño, esa es la “paradoja”: la deuda. Tengo algo que es mío, pero no es mío. Es lo que en Heidegger es el ser culpable. Ser culpable y estar en deuda son exactamente iguales. Si yo tengo una cosa que me pertenece, pero no es mío, es prestado, es una deuda, mi ser es un ser prestado. Volvamos a Zubiri, leamos completamente un pasaje clave: “La existencia humana, se nos dice, es tal que consiste en encontrarse entre las cosas y, cuidándose de ellas y arrastrada por ellas, hacerse a sí misma. En este su hacerse, la existencia humana adquiere su mismidad y su ser, es decir, en este su hacerse es ella lo que es y como es. La existencia humana está arrojada entre las cosas, y en este arrojamiento cobra ella el arrojo de existir. La constitutiva indigencia del hombre, ese su no ser nada sin, con y por las cosas, es consecuencia de estar arrojado, de esta su nihilidad ontológica”.57 Este texto es clave de “En torno al problema de Dios”, del acápite II, que refleja las emanaciones de Heidegger en Zubiri. iv Nuevamente. ¿Qué es esto de la existencia humana? ¿Por qué Zubiri habla en El hombre y Dios de realidad humana y no de existencia humana? ¿Qué es esto de que la existencia humana está arrojada “entre” las cosas? ¿Qué papel están jugando las cosas para el hombre?, “el Dasein -dice Heidegger- es una existencia arrojada, no se ha puesto a sí mismo en su Ahí”.58 ¿Cómo entender una existencia arrojada? Heidegger quiere mirar la existencia del hombre tal como se da de facto, antes de toda filosofía, de toda ciencia, de toda teoría. Lleva a cabo lo que llama la “analítica existencial”. Es decir, al ser sólo se llega a través de un análisis del Dasein, de una analítica existencial. Es lo más difícil de llevar a cabo. Lo más grave es que el ente que va a ser analizado, la existencia humana, se escapa tenazmente a todo análisis. La existencia humana rehúsa ser, por decirlo de algún modo, “fotografiada”. Ella huye a ser “escaneada” . Este ente que es el hombre es huidizo. Pero, además, la dificultad crece, pues, es difícil de hacer porque la existencia humana es en sí misma inanalizable; porque para analizar algo tengo que mirarlo y para mirarlo tengo que tenerlo al frente y detenerlo.59 v “Dialogando con Heidegger -dice Diego Gracia- es como en 1935 describe Zubiri el fenómeno de la religación, su doctrina más conocida del gran público. Pienso que este concepto surgió a partir del heideggeriano de Geworfenheit, pero para transformarlo y superarlo internamente. Geworfenheit es un sustantivo abstracto alemán, derivado de un verbo, el verbo werfen, que significa ´lanzar`, ´tirar hacia adelante`. De él procede también el sustantivo Entwurf, ´proyecto`, que Heidegger eleva a categoría ontológica en su libro Sein und Zeit. Geworfenheit puede traducirse como propone Gaos, por ´estado de yecto`(a). Jorge Eduardo Rivera lo traduce por ´condición de arrojado`(b). Las dos traducciones son correctas, pero la primera tiene la ventaja de que permite conservar en castellano el juego Entwurf, ´proyecto`. Por eso convendría traducir Geworfenheit por ´estar yecto o yectado` más que por ´estar arrojado`, o también por ´yección`. En tanto que ser yectado, yectivo o yecto, el hombre no puede no estar realizando continuamente pro-yectos y ser responsable de ellos. De ahí la categoría de Sorge o cuidado, tan ubicua en el libro de Heidegger. Éste advierte expresamente que no se trata de ´ética`(c), como tampoco la yección tiene que ver directamente con la religión, sino que se trata de algo previo, de su propia condición de posibilidad. Ese algo previo es ´destino` y es ´entrega`. ´Existencia significa estar destinado al ente, como tal, en una entrega al ente que le está destinado como tal`(d). No se entienda Geworfenheit de un modo negativo, como si el ser humano estuviera lanzado o arrojado sin ninguna consideración. Nada de eso. Se trata de una Geworfenheit o experiencia fundamental, que Heidegger llama también Offenbarung, revelación o patencia”.60 Diego Gracia tomando como base los análisis heideggerianos de la Geworfenheit piensa que Zubiri pretende ir más allá, es decir, profundizar en el carácter “yectivo” de la existencia humana. Sin embargo, por otra parte, “condición de arrojado” podría reflejar más hondamente la previa condición del existir del Dasein. 61 Pero, “estar arrojado” en rigor es lo que Zubiri afirma en su texto de 1935. Dice Zubiri: “¿Cuál es la relación del hombre con la totalidad de su existencia? ¿Cuál es el carácter del hombre de este estar arrojado [Geworfenheit]* entre las cosas? ¿Es un ´simple` encontrarse o es algo más? ¿No será algo más honda y radical aún su constitutiva nihilidad ontológica?”.62 ¿Qué es eso de algo “más”? Observando Zubiri la insuficiencia del análisis hecho por Heidegger de la existencia humana, ha transitado más allá de Heidegger -la prueba de ello es su ensayo de 1935-. Así, ganado lo anterior. Hemos visto sucintamente que Zubiri va más allá que Heidegger. Podemos concebir de modo más claro lo que expresa Zubiri al sostener que: “El hombre, al estar abierto a las cosas, va hacia ellas y las encuentra. Al estar religado el hombre viene desde Dios y está ya en Él”.63 vi La cuestión central aquí es: ¿qué sentido, entonces, tiene que Zubiri pretenda en El hombre y Dios en la Segunda Parte realizar una “marcha intelectiva” si ya estamos en Dios, (teniendo, sobre todo, presente, además, el ensayo de 1935)? ¿Qué sentido tiene “buscar” “algo”, en este caso Dios, si ya Dios está “en” mi ser? Eo ipso, cualquier intento de “encontrar” a Dios, al parecer, es absurdo. El hombre no puede, propiamente hablando “encontrarse con Dios”. Porque, Dios no es una cosa más. Pero el hombre lo puede “encontrar” en sí mismo, en su propio “existir”. ¿Es tan claro esto? “Existir -dice Zubiri- es, en una de sus dimensiones, estar habiendo descubierto ya a Dios en nuestra religación”.64 Lo anterior se abrocha con lo siguiente: “El hombre se encuentra a sí mismo en las cosas, bosquejando un mundo de posibilidades, de hacerse algo con ellas; se encuentra a sí mismo en Dios al estar ya teniendo que hacerse”.65 Lo anterior, y dicho sea de paso, echa por tierra todo posible debate, estéril por lo demás, que especula que Zubiri promueve un cierto elitismo religioso al hablar del encuentro con Dios en la plenitud humana, y no en la fragilidad humana.66 Porque Zubiri, desde sus inicios está apuntando a un “análisis ontológico”.67 Zubiri apela a la situación limite, esto es, a la muerte súbita de un ser querido, no en el sentido que “no somos nada”, sino en aquellos casos en que el que muere lo hace haciendo suya la muerte misma, aceptándolo, como justo coronamiento de su ser. Ahí “sentimos” la “realidad, el fundamento de la vida”.68 Pues bien, lo que Zubiri ha llamado el “problema de Dios” no es una “demostración” -es una declaración permanente de Zubiri en sus obras-, sino que es un “análisis ontológico de una de nuestras dimensiones. El problema de Dios no es una cuestión que el hombre se plantea como un problema científico o vital, algo que en última instancia podría o no ser planteado, sino que es un problema planteado ya en el hombre por el mero hecho de hallarse implantado en la existencia”.69 vii ¿Qué es esto de “implantado”? Zubiri piensa, a la altura de 1935, que el hombre se encuentra en algún modo implantado en la existencia.70 Pero, la palabra existencia para él es bastante equívoca; prefiere hablar de “ser”.71 El hombre se encuentra implantado en el ser. ¿Qué significa “implantado”? ¿Qué significa que el hombre esté implantado en el “ser”? Volviendo al ensayo de 1935, nos dice Zubiri: “...la persona es el ser del hombre. La persona se encuentra implantada en el ser para realizarse”.72 Ahora bien, López Quintás, comentando el punto de partida de Zubiri, sostiene que el uso del término “arrojado” implica la convicción de que el entorno en que se halla situado el hombre le es extraño, hostil. En cambio, el término “implantado” sugiere, más, bien, que el entorno juega el papel de tierra acogedora en que el hombre puede y debe echar raíces y desplegarse fecundamente.73 Sin embargo, Rivera advierte que la imagen de “implantación” se presta a equívocos. Porque no se trata de que el hombre esté “plantado” en la realidad, “sino que, justo al revés, jamás está quieto en ella: tiene que ejecutar actos precisamente para estar en la realidad y por estarlo. En esos actos estriba lo que llamamos ´vida humana`. Tomados todos ellos a una, constituyen el efectivo poseerse del hombre como realidad propia, esto es, personal”.74 En El hombre y Dios, nos dirá que el hombre, la persona, es un modo de estar “implantado en la realidad”.75 Más, bien, “el hombre esta implantado en la divinidad”.76 Esto levanta una tormenta de graves problemas. ¿Acaso esto de estar “implantado” en la divinidad no arrastra una oleada de “panteísmo”? ¿Cómo de estar el hombre “implantado” en el “ser” pasa a estar más adelante “implantado” en la divinidad”? ¿Divinidad coincide con “ser”? ¿Son lo mismo?

 

Conclusión 

Así, en Zubiri lo radical no es la propia existencia. Lo radical no es un hecho, sino algo previo a todo hecho, esto es: la realidad misma. Y esta realidad se me hace presente no en un comprender existencial, sino en un sentir. En un sentir intelectivo. La denuncia de Zubiri es evidente, la existencia humana no está descrita con suficiente precisión, pues, la relación del hombre con la totalidad de la existencia no es simplemente “estar arrojado”, hay algo “más”. Porque la existencia humana no está solamente arrojada, sino “religada”. Y este es el “fundamento” que nos lanza a la búsqueda de esa realidad “enigmática” que llamamos Dios. Esta investigación -finalmente- que pretendía ser la introducción a la lectura del texto El hombre y Dios se ha convertido sólo en una humilde “introducción” a la Introducción del texto mismo. Solemnidad de San José, Isla de Montreal, 2012

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Paola Misseroni

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La libertad es demasiado fatigosa. También hay q saber abandonarse a los hábitos, a la rutina, someterse a un orden q aligere la existencia. Ceder algunas libertades.

Christian Franco Rodriguez

Ceder una libertad, luego otra, luego otra con tal de ganar una vida mas cómoda menos comprometida y al final ceder también nuestra conciencia toda, para poder gozar del intersticio entre un entretenimiento y otro ese espacio oscuro donde se silencia todo llamado, toda pantalla y es que has olvidado por fin tu nombre.

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¿Te consideras un artista interdisciplinario?
¿Por qué?

Inter es una relación que se basa en compartir diferencias partiendo de la igualdad ¿Cuál es el problema? Que el mundo jamás ha logrado internacionalizarce es decir que las naciones no se respetan como iguales y muchos menos aprenden de sus diferencias de hecho las relaciones son multinacionales o transnacionales, en la multiplicidad siempre hay una unidad y la unidad del mundo actual es Estados unidos, y este tolera una multiplicidad que este basada en su forma de vida en su sistema así puede transnacionalizarce es decir traspasar por todas las naciones con su capital ahora yendo a las disciplinas ¿Hay interdisciplinariedad? No, porque por mas que nos llenemos la boca diciendo que partimos de una igualdad y que respetamos las diferencias y aprendemos de ellas eso es floro barato , para que suceda cada disciplina tendría que tener una episteme fuerte que el permita interactuar con otras y esto no es así, son las ciencia duras las que mandan y a partir de ellas se construyen proyectos en especial la física viene a ser la base de todo y en las humanidades la economía, un dialogo disciplinario de igual a igual con la física y la economía nadie lo ha tenido, hay que hablarles desde su propio lenguaje ahora ¿Yo soy interdisciplinario? No por supuesto que no pienso que la interdisciplinariedad es imposible como toda locura humana pero si apuesto por una complementariedad de nuestros hemisferios de nuestro espíritu con nuestra voluntad, dela religión con el arte, de la filosofía con la ciencia, de la modernidad con las pos modernidad , en una modernidad complementaria. 

 

La conciencia sale de si misma siempre y sale a adorar no sale a otra cosa que a adorar, aun en la ciencia y muchos mas ahora en el algoritmo, luego aprenderán a acomodarse la corbata y el vestido pero en el fondo seguirán adorando.  

 

 

Christian Franco Rodriguez

No si hubiera sido así no hubiera funcionado, hubo mucha estética en juego y la primera fue una estética Sócratica donde la belleza esta en la conciencia develándose esta en un actuar bondadoso, luego vino una estética románica sencilla de formas muy humildes para pasar luego a una estética gótica de gran vuelo y ahí se acaba, viene el renacimiento y se vuelve a la estética pagana y se hace necesaria la inquisición, lo que nos llevara a la ilustración pasando de la fe a la Razón.

 

Jorge Americo Foche

Experto del grupo

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Christian Franco Rodriguez La voluntad de poder es un concepto central en la filosofía del filósofo alemán . Se entiende mejor como una fuerza irracional, que se encuentra en todos los individuos, que se puede canalizar hacia diferentes fines. Nietzsche exploró la idea de la voluntad de poder a lo largo de su carrera, categorizándola en varios puntos como un principio psicológico, biológico o metafísico. Por esta razón, la voluntad de poder es también una de las ideas más incomprendidas de Nietzsche.

 

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Christian Franco Rodriguez

Colaborador destacado

Jorge Americo Foche Si yo la comprendo transferencialmente: 1→0→1 ser transferencia logos transferencia Espíritu tenemos en Nietzsche su inversión 0←1←0 Voluntad  de poder  retransferencia libido, retransferencia energía esta energía es potencialidad   dando cuenta de un cuerpo sin órganos que al transferirse es mediado por el libido para manifestarse como voluntad de poder es decir afirmación existencial, en Nietzsche nos quedamos en la voluntad de poder con el psicoanálisis exploramos el libido y con la física cuántica la potencialidad multiuniversal de la materialidad asi que ya podemos conocer la transferencia invertida 0→1→0     y entonces ya no se trata de una transvaloración sino de vaciar al cuerpo de sus órganos para partir de una potencialidad máxima.

 

 

 

𝐀𝐦𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 – 𝐅𝐫𝐢𝐞𝐝𝐫𝐢𝐜𝐡 𝐲 𝐑𝐢𝐜𝐡𝐚𝐫𝐝

𝐅𝐫𝐢𝐞𝐝𝐫𝐢𝐜𝐡 𝐍𝐢𝐞𝐭𝐳𝐬𝐜𝐡𝐞, uno de los filósofos más influyentes del siglo XIX, era conocido por su pensamiento profundo y a menudo provocativo. Su personalidad era intensa y apasionada, reflejada en su crítica a las convenciones sociales y morales de su tiempo. Nietzsche abogaba por la superación del ser humano a través del "Übermensch" o superhombre, un ideal de individuo que crea sus propios valores y vive auténticamente, más allá de las normas sociales y religiosas. Era escéptico de la verdad absoluta y de las estructuras de poder, promoviendo en su lugar una perspectiva vitalista que valoraba la experiencia y la interpretación personal sobre los hechos objetivos. Su pensamiento destacaba la importancia de la voluntad, la pasión y el poder creativo del individuo.

𝐑𝐢𝐜𝐡𝐚𝐫𝐝 𝐖𝐚𝐠𝐧𝐞𝐫, compositor alemán del siglo XIX, era un artista de personalidad compleja y carácter apasionado. Profundamente innovador, Wagner revolucionó la ópera con su concepto de "Gesamtkunstwerk" o "obra de arte total", integrando música, poesía y escenografía de manera inédita. Era conocido por su enorme ambición y su tendencia a la grandiosidad, lo que se reflejaba tanto en sus composiciones extensas como en su vida personal tumultuosa. Wagner era un pensador profundamente introspectivo y filosófico, cuyas obras a menudo exploraban temas de redención y destino. Su pensamiento estuvo marcado por influencias del idealismo alemán y del misticismo, buscando siempre trascender los límites convencionales del teatro y la música.

Friedrich Nietzsche y Richard Wagner se encontraron por primera vez en 1868, gracias a la mediación del amigo y discípulo de Wagner, el compositor y conductor Karl Ritter. Nietzsche, un joven profesor y filósofo en ascenso, quedó profundamente impresionado y emocionado tras asistir a una representación de "Tristán e Isolda". Este evento marcó el comienzo de su devoción y admiración por Wagner, a quien consideraba un genio y un renovador de la cultura. Los unía una profunda afinidad artística y filosófica; ambos compartían intereses en la reforma cultural y la crítica a las normas sociales contemporáneas. Su relación comenzó como una intensa amistad intelectual y emocional, basada en el respeto mutuo y un entusiasmo compartido por la innovación artística.

La relación entre Nietzsche y Wagner comenzó a deteriorarse debido a diferencias ideológicas y personales que se profundizaron con el tiempo. Nietzsche se sintió cada vez más desconectado de los ideales wagnerianos, especialmente por el creciente nacionalismo y antisemitismo del compositor, así como por su afinidad con el cristianismo, que Nietzsche criticaba ferozmente. La ruptura se consumó tras la publicación en 1878 de "Humano, demasiado humano", donde Nietzsche adopta un enfoque más científico y crítico hacia la filosofía, alejándose de la metafísica y misticismo wagnerianos. Este distanciamiento ideológico marcó el fin de su amistad, llevando a Nietzsche a criticar abiertamente a Wagner en obras posteriores.

La amistad entre Friedrich Nietzsche y Richard Wagner ilustra claramente que el talento y la inteligencia extraordinarios no son suficientes para garantizar la durabilidad de una relación, incluso entre mentes brillantes. A pesar de su inicial admiración mutua y la profundidad de su conexión intelectual, las divergencias en sus creencias y valores fundamentales eventualmente sobrepasaron su respeto artístico y filosófico compartido. Este caso subraya que las relaciones humanas requieren compatibilidad en aspectos más profundos que el mero reconocimiento de la genialidad ajena. La evolución personal y las diferencias ideológicas pueden, irónicamente, ser catalizadores de distanciamiento, demostrando que ni siquiera las personalidades más destacadas están exentas de estos desafíos.

Esta separación es simbólica, el cuerpo y la conciencia se separan esa desintegración marcara el final hegemónico de Europa, cuando los nazis quieran unir a la nación no tendrán más que el odio a los judios, porque el cuerpo se separado de la mente haciendo una rajadura irreparable.

 

 

 

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Christian Franco Rodriguez

La conciencia sale de si misma siempre y sale a adorar no sale a otra cosa que a adorar, aun en la ciencia y muchos mas ahora en el algoritmo, luego aprenderán a acomodarse la corbata y el vestido pero en el fondo seguirán adorando.

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Solorzano Hernandez

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Christian Franco Rodriguez la conciencia es una función del cerebro humano cuya esencia consiste en que refleja la realidad.

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Christian Franco Rodriguez

Solorzano Hernandez ¿Funcionalismo? No, ya quisieras reducir todo el misterio de la conciencia a tu adoración positivista pero felizmente el mecanicismo y toda la religión comtiana ya fue superado aunque nunca faltan neo, neo , neo positivistas.

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Solorzano Hernandez

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Christian Franco Rodriguez El funcionalismo es caracterizado por el utilitarismo otorgado a las acciones que deben sostener el orden establecido en las sociedades. Es una corriente teórica surgida en Inglaterra en el año 1930 en las ciencias sociales, especialmente en sociología y antropología social. La teoría está asociada a Émile Durkheim y, más recientemente, a Talcott Parsons, además de muchos otros autores como Herbert Spencer, Bronislaw Malinowski y Robert Merton. El funcionalismo se caracteriza por un enfoque empirista que preconiza las ventajas del trabajo de campo. En este sentido, los teóricos funcionalistas identifican en sus textos comunicación con comunicación de masas, porque esa es la realidad de la sociedad moderna. Hasta el siglo XIX, la mayoría de las labores se realizaban en un gabinete, mediante relatos sesgados de viajeros. El funcionalismo abrió el camino de la antropología científica, desarrollándose luego con gran éxito en Estados Unidos. La corriente funcionalista es la escuela más extendida; se ha llegado a naturalizar y estudiar el paradigma de las ciencias de la comunicación. Esta circunstancia se ha entendido como lógica porque es la perspectiva que mejor se identifica con la dinámica y los intereses del sistema audiovisual.

·         28 min

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Christian Franco Rodriguez

Solorzano Hernandez Gracias soy un lector muy asiduo de Durkheim y se muy bien como parte de Comte y creo conocer el desarrollo funcionalista hasta la cibernética social de segundo orden de Luhmann pasando por el algebra de Boole en la programación al… 

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Solorzano Hernandez

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"Ya no rezarás jamás, ya no adorarás jamás, ya no descansarás jamás en una confianza ilimitada. Ahora te prohíbes detenerte ante una sabiduría última, una bondad última, un poder último, y a dar rienda suelta a tus pensamientos. No tienes un amigo ni un guardián permanente para tus siete soledades. Vives sin gozar de la vista en una cordillera que tiene nieve en la cumbre e incandescencia en el corazón. Para ti no hay ya quien te vengue ni quien te mejore a último momento. Ya no tiene razón de ser lo que sucede, ni habrá amor en lo que te acontecerá. Ya no hay ningún lugar de descanso abierto para tu corazón, donde sólo haya que encontrar sin buscar. Rechazas toda paz definitiva, deseas el eterno retorno de la guerra y de la paz. Hombre de la renuncia, ¿quieres renunciar a todo eso? ¿Quién te dará fuerzas para ello? ¡Nadie ha tenido fuerzas hasta hoy!".

Hay un lago que un día se negó a derramarse y que levantó un dique por donde antes se derramaba; desde entonces no deja de subir el nivel de ese lago. Tal vez, esta forma de renuncia nos dé la fuerza que permita soportar la renuncia misma; tal vez el hombre no dejará de elevarse siempre cada vez más desde el momento mismo en que deje de derramarse en un dios."

La gaya ciencia, Friedrich Nietzsche.

 

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Christian Franco Rodriguez

Solorzano Hernandez No, una vez el hombre dejo de derramarse quedo seco, la libertad le fue un fastidio y cedió cada uno de sus vestidos y máscaras, los cambio por pantallas y pequeños intersticios de descanso no es el spleen Baudeleriano del que hablo , el hombre logro secarse aun de su melancolía y angustia de hecho se cruzo a si mismo por ambos lados y luego deconstruyo el puente replegándose en el , si le hablas de Dios le resultan tan lejano si lo llamas al súper hombre a penas esboza una sonrisa y es que ha renunciado a la conciencia y a la voluntad y así todo reza y hace cosas moviendo los pulgares, consiguiendo likes en diferentes plataformas es funcional al sistema y para hacerlo es profundamente disfuncional, en un tiempo creí que era la extensión del ultimo hombre con su decadencia nihilista pero no, esta es una nueva especie surgida de la nada, consciente de que ningún transito va a ningún lado, se deja llevar a ninguna parte.

Solorzano Hernandez

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Christian Franco Rodriguez ¿Puede una filosofía del siglo XX ser una guía en la actualidad? El pensamiento de Xavier Zubiri (1898-1983) lo es, porque nos presenta la filosofía desde la perspectiva necesaria para el hombre contemporáneo que busca una verdad que no sea postura dogmática sino el camino hacia una investigación sincera.

Zubiri construye una nueva metafísica a partir de la lectura de Husserl y Heidegger en la que la realidad y la inteligencia se piensan como congéneres, al tiempo en que examina los problemas fundamentales de la filosofía occidental.

Este libro presenta la evolución del pensamiento de Zubiri organizado en dos etapas sucesivas. Una primera más fenomenológica y ontológico-hermenéutica y una segunda metafísica, en la que se aleja de sus predecesores y propone una antropología para el hombre de nuestro tiempo a través de una nueva mirada sobre lo real y la inteligencia. A través de la lectura de los textos zubirianos, Paolo Ponzio nos invita a descubrir los conceptos más importantes de su filosofía: lo real, la verdad, el hombre y la experiencia de Dios.

 

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Solorzano Hernandez

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Christian Franco Rodriguez El filósofo español Xavier Zubiri afirma que el hombre se caracteriza ante todo por su capacidad de experimentar la realidad que lo rodea, más que por su racionalidad. En efecto, a diferencia del realismo clásico que privilegia en el conocimiento la realidad sobre el saber, y del idealismo moderno que da primacía al pensamiento sobre lo real, para el filósofo español no hay saber sin realidad, ni realidad sin saber. Conocer la realidad y aprehenderla no son dos actos distintos, ya que la realidad se nos da en el mismo saber, el cual es siempre de lo real. De tal manera que ser y saber se corresponden mutuamente, constituyendo así un mismo acto. Por esta razón, para el hombre la realidad no es otra cosa que el modo como se le presentan las cosas en el acto mismo de aprehenderlas. Dicho correlato de la realidad tal cual la acabamos de describir es lo que Zubiri entiende por "inteligencia".

Ésta no es propiamente conocimiento, sino la aprehensión de algo según la formalidad de la realidad, es decir, la actualización de lo real en lo que él llama "la inteligencia sentiente". Así pues, sentir e inteligir no son dos actos distintos en el hombre, sino uno solo sentiente y a la vez intelectivo. Sentiente, en cuanto que es captación de lo percibido por los sentidos, e intelectivo en cuanto que aprehende la dimensión de la realidad de lo sentido. Por esta razón la aprehensión humana tiene prioridad en el pensamiento de Zubiri y, según él, es el objeto primario que debe analizar la filosofía. En el acto de aprehensión las cosas no sólo se le actualizan al hombre sino que además se le "imponen" con una fuerza tal que éste se siente esencialmente vinculado a las cosas reales y a la realidad que ellas manifiestan. La realidad es siempre "más" que cualquier cosa en concreto y se presenta como el horizonte último que fundamenta a la persona y la obliga a realizarse.

Esto es lo que Zubiri denomina el "poder de lo real", un poder que nos liga a la realidad estableciendo con ella un vínculo ontológico en el hombre al que Zubiri llama "religación", y en la que el filósofo español va a fundar la relación del hombre con Dios y la raíz de toda religión. Sin embargo, este poder de lo real, al que Zubiri llama "deidad", no se identifica en primera instancia con Dios. No es Dios, sino la propia realidad intramundana en cuanto poderosa y religante. Todos los pueblos han expresado de alguna forma esta dimensión de poder de la realidad. Por ello la experiencia de la religación se ha encarnado siempre de manera individual, social e histórica. Esta experiencia concreta de la religación es lo que Zubiri entiende por "religión". La religión, no es para él, la actitud ante lo sagrado, sino más bien la forma específica en que individual, social e históricamente el poder de lo real se apodera del hombre.

De ahí que, según Zubiri, todo hombre, aún el que no profese ninguna religión, tiene siempre una cierta experiencia religiosa. Todo esto pone de manifiesto que el tema de Dios es uno de los grandes temas en la filosofía de Zubiri, y, además, que la clave hermenéutica para entenderlo es la religación del hombre al poder de lo real. Por ello el interés de nuestro trabajo consiste en precisar cómo se da concretamente esta particular ligazón del hombre al poder de lo real que es la "religación", y de qué manera sirve de fundamento a la religión. Dicho en otros términos: ¿qué es, en el específico sentido zubiriano, lo que hace del hombre un ser religioso? En este punto es necesario hacer una aclaración previa. Si bien el tema de la religación lo plantea Zubiri ya en su artículo "En torno al problema de Dios",1 y lo vuelve a abordar en sucesivos cursos y conferencias, en nuestro trabajo nos circunscribiremos, aunque no de manera exclusiva, a la exposición que sobre este tema aparece en El hombre y Dios2 de 1984.

Lógicamente, ello no significa que vayamos a rechazar sus escritos anteriores, ya que las primeras intuiciones de Zubiri sobre la religación se mantendrán constantes, en líneas generales, a lo largo de la evolución de su pensamiento, aunque se han ido enriqueciendo con los aportes de Sobre la esencia de 1962 y sobre todo de la trilogía sobre la Inteligencia de 1980 a 1983. La razón por la cual hacemos esta opción es doble. En primer lugar porque al momento de su muerte Zubiri estaba trabajando en la elaboración de El hombre y Dios, cuya primera parte, en la que aborda específicamente el tema de la religación, había llegado ya a su redacción final; una redacción, además hecha por su autor en los últimos meses de su vida, iniciada en la primavera de 1983, y concluida a principios de ese mismo verano... Es por tanto una Parte en la que todo es de Zubiri, y de un Zubiri completamente satisfecho con la redacción alcanzada.

La segunda razón la encontramos en otro libro póstumo de Zubiri, y posterior a la aparición de El hombre y Dios, nos referimos concretamente a El problema filosófico de la historia de las religiones, donde también se aborda de manera más o menos extensa el tema de la religación, y cuya primera edición es de junio de 1993. Aquí, en una nota a pie de página en el apartado tercero titulado "La actitud radical del hombre", del primer capítulo, el editor (Antonio González) señala que la exposición más acabada sobre la religación es la que se encuentra en El hombre y Dios.6 Por ello, para apreciar mejor la madurez que Zubiri alcanza en relación al tema que nos incumbe, dividiremos el presente trabajo en dos partes. En la primera de ellas mostraremos cómo plantea el filósofo español la religación en dos importantes artículos: "En torno al problema de Dios" e "Introducción al problema de Dios",7 donde ya se puede apreciar una evolución en lo que hace al fundamento de la religación. Y en la segunda parte, veremos la exposición más elaborada y acabada de lo que es la religación como actitud radical de la persona humana, tal como la encontramos en su libro El Hombre y Dios. Finalmente, en la conclusión haremos una valoración de todo lo expuesto.

Solorzano Hernandez

Autor

Colaborador destacado

Christian Franco Rodriguez Dios: es un fundamento real en la realidad, fundamento del poder de la deidad de lo real que palpita en el fondo del espíritu humano y que llama a la realidad como sede de la deidad, la voz de la consciencia es la palpitación sonora del fundamento.

Xavier Zubiri.

 

 

 

Solorzano Hernandez

Autor

Colaborador destacado

Christian Franco Rodriguez Qué es religación en filosofia?

Es un momento intrínseco y formalmente constitutivo de la misma.

Esta religación, como una respectividad constitutiva, acontece en forma de experiencia, en la que se manifiesta el poder de lo real de una manera viva.

Lo propio de la religión es la subordinación y vinculación a la divinidad; ser religioso es estar religado a Dios.

La religatio ('religar', ' vincular',

Etimológicamente, el vocablo religión proviene del latín religĭo, religiōnis, que a su vez procede del verbo religāre.

Este se forma del prefijo re, que indica repetición, y del vocablo ligare, que significa ‘ligar o amarrar’.

Así, la religión es la doctrina que liga fuertemente al ser humano con dios o los dioses.

Todo esto permite afirmar que la religación es la actitud radical del ser humano, la cual lo vincula de manera radical al poder de lo real, un apoderamiento de la persona en su estructura total por parte de la realidad.

 

 

 

Solorzano Hernandez

Autor

Colaborador destacado

Christian Franco Rodriguez La Realidad:

En el hombre, en el momento aprehensor, la realidad es estimulante.

El momento aprehensor es como el acto primario del hombre en el sentir, "intelección"; después vienen el momento de afección tónica, "Sentimiento", y el momento de respuesta, "volición".

Impresión, Afección, Alteridad, Fuerza de imposión, Momento de respuesta! Eso es como se manifiesta la realidad en el hombre! La comprención de la interacción de estos terminos hacen al hombre real!

Las cosas, que primariamente aprehendemos, en su manera de quedar en mi aprehensión, son la realidad. La realidad es un momento que pertenece formalmente a la aprehensión en su primigenia inmediatez.

La realidad no es un "extra", no es un "allende" a la aprehensión, sino ser de suyo lo que es la aprehensión misma.

La realidad es un "en" - la - aprehensión".

El mismo modo de inteligir es sentir realidad!

La intelección es ciertamente un darse cuenta! "pero es un darse cuenta de algo que está ya presente"

La intelección no es un acto de una facultad ni de una conciencia, es en sí misma es un acto de aprehensión.

La aprehensión es un hecho de que me estoy dando cuenta de algo que me está presente y se da en el ámbito del sentir intelectivo.

Lo real se refiere en filosofía a lo que es auténtico, la inalterable verdad en relación -al mismo tiempo- al ser y la dimensión externa de la experiencia.

Una reflexión científica o filosófica, consideran que lo real es: «eso que está ahí fuera»

Aprehensión de las cosas como realidades es, pues: El acto primario, exclusivo y radical de la inteligencia. Es el acto formal de la inteligencia.

La aprehensión, así, no es una acción sino una habitud, o sea, lo que hace posible toda acción, algo subyacente a toda acción.

Aprehensión no es conocimiento, porque el conocimiento no es algo primario y radical de la inteligencia, sino que es un modo ulterior de intelección.

La aprehensión es, en el hombre, momento del sentir, pero que junto con la afección y la respuesta, permite a este abrirse desde la estimulación misma a los estímulos como realidades.

La inteligencia no consiste en concebir lo dado "a ella" por los sentidos, sino que consiste en aprehender como Real lo dado sentientemente "en ella"!

*INTELIGENCIA SENTIENTE*

XAVIER ZUBIRY

 

Solarzano Hernandez 

Para Zubiri la vida tiene un carácter misivo, ya que el hombre se encuentra implantado en la existencia con la tarea de tener que hacerse con las cosas, con los demás y consigo mismo. Este "con" no es una simple yuxtaposición sino uno de los caracteres formales de la persona humana en cuanto tal.

En este tener que hacerse el hombre se encuentra también con que "hay" lo que hace que haya. La existencia humana, por lo tanto, no está arrojada sino religada, ya que estamos obligados a existir porque previamente estamos religados a lo que nos hace existir. Ese vínculo ontológico del ser humano es "religación" En la religación, más que obligación de hacer o el respeto del ser (en el sentido de dependencia), hay el doblegarse del reconocer ante lo que "hace que haya".

Pero la religación no es algo que atañe solamente al hombre, al margen de las cosas, sino junto con ellas. Sin embargo, sólo en el hombre la religación se actualiza formalmente, y por ello también el universo material aparece iluminado por la luz de la fundamentalidad religante. Así pues, el hombre podrá tener o no religión positiva, pero consiste en religación, que es su dimensión radical y personal. Ahora bien, la religación no nos coloca ante la realidad precisa de un Dios, sino que nos instala en el ámbito de la deidad, la cual se nos presenta como fundante. Por ello el atributo primero que descubrimos de la divinidad es la fundamentalidad.

De igual modo que la exterioridad de las cosas pertenece al ser mismo del hombre -en el sentido que existir es existir "con"-, así también la fundamentalidad de Dios pertenece al ser del hombre, no por ser parte de él sino por ser su fundamento. No obstante, religación y exterioridad tienen signo contrario. El hombre se encuentra entre y con las cosas, por eso va hacia ellas. Pero con Dios no sucede lo mismo, ya que "al estar religado el hombre, no está con Dios, está más bien en Dios. Tampoco va hacia Dios bosquejando algo que hacer con Él, sino que está viniendo desde Dios, 'teniendo que' hacer y hacerse. Por esto, todo ulterior ir hacia Dios es un ser llevado por Él".

Al final de este artículo Zubiri desarrolla dos paradojas que en principio cuestionan la religación, éstas son: la libertad y el ateísmo. Por un lado, la religación y la consideración de Dios como realidad religante del hombre parece comprometer seriamente la libertad humana. Y por otra parte, el ateísmo, como fenómeno social y personal, parece desmentir la idea misma de la religación. Con respecto a la libertad, ésta puede entenderse como ejercicio de la libertad, es decir, se identifica la libertad con las acciones libres que pueden realizarse; o bien se entiende la libertad como liberación, como existencia liberada. Zubiri afirma que ambas consideraciones de la libertad son posteriores al plano ontológico en el que se mueve la religación.

Por ello, la religación, en todo caso, viene a remarcar el carácter absoluto de la persona, y por lo tanto de la libertad humana, porque una libertad sin fundamento, sin religación y sin lo religante, sería impotencia y desesperación. Mientras que una libertad religada y con Dios se potencia al máximo, ya que "con ella se constituye su persona propia, su propio ser, íntimo e interior a él, frente a todo, inclusive frente a su propia vida".

Con respecto al fenómeno del ateísmo, Zubiri afirma que el ateísmo verdadero reside en la posibilidad del encubrimiento de Dios, lo cual lleva a la divinización o endiosamiento de la vida. Esta autosuficiencia, el tener la confianza puesta solamente en las propias fuerzas para obtener el éxito en la vida, es una situación ilusoria que se opone al fin último al que tiende la religación, es decir, a Dios; pero no se opone a la religación misma. La religación del ateo está fundamentada sobre sí misma, ya que "el ateo, en una u otra forma, hace de sí un Dios. El ateísmo no es posible sin un Dios. El ateísmo sólo es posible en el ámbito de la deidad abierto por la religación... Por lo tanto el hombre es radicalmente religado. Su sentirse desligado es ya estar religado"

En "Introducción al problema de Dios", Zubiri aclara un poco más lo que es la religación con una marcada acentuación de lo personal. Tomando como punto de partida el análisis de la realidad humana, pone el acento en el "cómo" el hombre ejecuta sus actos, ya que en cada uno de ellos va tomando una determinada postura frente a la realidad o ultimidad.

En esta ultimidad el hombre no sólo está sino que tiene que estar para poder ser lo que es. Así pues, la ultimidad tiene un carácter fundante porque hace que en sus actos el hombre no sólo sea una realidad que actúa de tal o cual manera, sino una realidad religada a la ultimidad. Este "es el fenómeno de la religación. La religación no es sino el carácter personal absoluto de la realidad humana actualizado en los actos que ejecuta".

A esta ultimidad en cuanto religante, Zubiri la denomina "deidad", porque no se trata de Dios, sino de un "carácter" según el cual se le muestra al hombre todo lo real. Por ello, el descubrimiento de la religación no necesita de un razonamiento ilativo, pero sí de una operación estrictamente intelectual que puede considerarse como un análisis discursivo. Este análisis no pretende ser una demostración, sino una mostración de la religación. "Esto nos aclara, ante todo, que la religación no puede estimarse como algo lejano y problemático, inalcanzable si no es por un largo razonamiento, sino como algo presente, y presente a una inteligencia, por decirlo así, más vital, menos 'intelectualizada'"

 

 

Acá viene la cuestión has empezado con el funcionalismo para luego maravillarme con tu conocimiento de Zubiri y está  conciencia de la religación  este estar  religado desligado, porque hay un paso del ser al no ser en toda existencia 1→0  y entonces surge el misterio pascual este no ser este estar en el tener en el deseo, y en la voluntad tiene que ir hacia sí mismo, lograr un resein volver al ser 1→0→1 una vez logrado hay que ir a la acción, más toda acción exige una inversión y yo me desligo 0→1 paso al ser que en este caso es un deseo y paso al no ser ejerciendo mi voluntad, que si es la voluntad divina es realmente una voluntad de poder, asi el proceso en el que tomo conciencia de mi religación es un proceso de desligación la experiencia misma es un desligarse para religarse y jercer la acción desde una desligación para volver a la ligación desligarme y retornar a la ligación estos son los pasos del ser al no ser inversión y del no ser al ser conversión comprendiendo que el ser no es Dios sino mi ligación con Dios y el no ser es esa desligación que me permite estar eyectado en el mundo con toda la voluntad de poder el hecho es que no lograr esta integración del Espíritu y la voluntad nos hacer perder el ser y el no ser y quedamos en el intersticio en que ahora está el hombre, por esto es tan importante reconciliar a Wagner Co Nietzsche  en su separación esta simbolizada la separación del Espíritu y la voluntad, lo que hara imposible cualquier integración nacional y le costara las guerras a Alemania y la hegemonía a Europa, hoy en plena posmoderndad vivimos desintegrados en una pos humanidad algorítmica si apostamos por un funcionalismo cibernético despidámonos de la voluntad y del espíritu y de toda la humanidad en cambio si logramos integrarlos hay una posibilidad para la libertad y la realización de toda la potencialidad humana.       

 

 

Solorzano Hernandez

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Christian Franco Rodriguez está largo tu énfasis.

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Christian Franco Rodriguez

Solorzano Hernandez corresponde a lo compartido

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Solorzano Hernandez

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Christian Franco Rodriguez Impresión, Afección, Alteridad, Fuerza de imposición, Momento de respuesta! Eso es como se manifiesta la realidad en el hombre! La comprensión de la interacción de estos terminos hacen al hombre real!

Cómo interactúan estos términos

 

 

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=-XntbBFSBUU&t=311s

https://www.youtube.com/watch?v=Sx_8VWzW0cQ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Solorzano Hernandez

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Colaborador destacado

hybris es un concepto helénico que se puede

traducir al castellano como “desmesura” o “soberbia”. Está en el terreno opuesto a la sobriedad y a la moderación, y manifiestamente relacionado

con el ego desmedido.

.

El origen de este vocablo se remonta al teatro

griego y aludía la gente que robaba escena, además en el ámbito de la mitología era el castigo de los dioses a aquellos que sobrepasaban los límites de lo humano y se adentraban en el terreno de lo

divino. Así por ejemplo, Prometeo fue castigado

con la hybris por transgredir las leyes impuestas

por los dioses al hacer partícipes del conocimiento del fuego a los humanos.

Platón en su “Fedro” definió la hybris como un

deseo que “arrastrándonos irrazonablemente a

los placeres, nos gobierna”.

Por su parte, Aristóteles en “Retórica” subraya que el placer que se busca con este acto es “mostrar nuestra superioridad sobre los demás”.

En el 2008 el doctor David Owen, neurólogo y

miembro de la cámara de los lores, acuñó el término “síndrome de hybris” para describir a los

mandatarios que muestran una tendencia a la omnipotencia y que son impermeables a la crítica.

.

Este síndrome, desgraciadamente, también puede aparecer en el sector sanitario y debemos de

reconocerlo. Partimos del hecho que la relación

médico-paciente es asimétrica, en ningún modo

es una relación de pares

. La autoridad científica

del médico, basada en sus conocimientos y habilidades, puede favorecer la aparición de arrogancia y prepotencia, de forma que el facultativo

sea inmune a la desgracia ajena. En este sentido,

la hybris no sólo agrede a la ética y a la cordura que deben presidir todo acto médico-, sino que condena al que la padece a un error persistente.

La hybris puede provocar la toma de decisiones

erróneas, basadas en ideas preconcebidas y una

pérdida de la perspectiva de la realidad, de forma que ejerzamos la autoridad sin supervisión y sin control.

La hybris es un concepto muy imbricado con

otros personajes mitológicos, concretamente las

Moiras o Parcas, las tres divinidades que rigen

la vida de los hombres. Los griegos creían que

una enhebra el hilo de la vida, otra lo mide y la

tercera lo corta. Los profesionales embriagados

de la hybris se rebelan contra su propio destino, su prepotencia y arrogancia les lleva a creer que

tienen un derecho superior al asignado.

Es una conducta con rasgos marcadamente narcisistas que podría definirse en base a cuatro valores o actitudes.

Exceso de confianza en

uno mismo. 2) Impaciencia. 3) Falta de atención

a los detalles. 4) Creerse infalible.

Quizás deberíamos tener más presente en nuestros actos a Némesis, la diosa griega de la justicia, el equilibrio y la mesura. Habría que enterrar

la hybris y orientar nuestra brújula profesional

hacia la “areté”.

En la cultura griega se empleaba el término

“areté” para indicar la excelencia. En la literatura

homérica este vocablo tiene un carácter militar,

es el más alto sentido del deber y del honor,

el más elevado ideal caballeresco. Los griegos

consideraban que era un don divino, que se adquiría por herencia y que no podía ser enseñado ni adquirido.

 

 

 

 

   

Comunión para el horno

«A los hombres les falta el arte del regalo. Hay algo absurdo e increíble en la violación del

principio de intercambio; a menudo incluso los niños desafían al donante, como si el regalo no fuera más que una estratagema para venderles cepillos de dientes o jabón. Como recompensa ejercemos la caridad, la caridad administrada, que llena programáticamente las heridas visibles de la sociedad. En su ejercicio organizado el impulso humano ya no tiene el más mínimo lugar: más bien la donación va necesariamente junto con la humillación, a través de la distribución, el

cálculo exacto de las necesidades, en el que el beneficiario es tratado como un objeto. Incluso la donación privada se ha reducido al nivel de una función social, a la que se asigna una cierta suma del propio presupuesto, y se cumple con malicia, con una evaluación escéptica del otro y con el menor esfuerzo posible. La verdadera felicidad del regalo está todo en la imaginación de la felicidad del destinatario: y eso significa elegir, tomarse tiempo, salirse de tu propia pista, pensar en el otro como un tema: lo opuesto al olvido. "

Theodor W. Adorno ,

Moral mínima

 

https://www.facebook.com/reel/450282787381483

Ahora si se recuperara la donación, es decir la transferencia ontológica, tarde o temprano aquel que recibe esta donación asume que se la merece y cae en su ego imponiéndose a los demás y entonces estamos ante un círculo vicioso, al menos que se siga donando a un punto en que todo egoísmo quede superado pero esa sería indefectiblemente una cuestión de fe, en la que jamás se podría decir que no es tiempo para las utopías sino todo lo contrario, este es justamente el tiempo, sabiendo que mi utopía creara una distopia a la que debo traspasar perseverando en mi donación ontológica.

Ahora amada hija mi voluntad de poder esa afirmación en mi existencia tiene que convertirse en una voluntad de ser y para esto debe habitar, cuidar:

 

ndividuo & Totalidad (XXIII) - Habitantes deshabitados. Estar y Acaecer - Francisco Huertas Hernández - ABRIR PARA LEER COMPLETO

Habitar es vivir en un lugar, morar en una casa. La casa del hombre es el mundo, o, más aún, el humano transforma en casa y mundo el lugar en el que está. Martin Heidegger afirma: "zum Wohnen, so scheint es, gelangen wir erst durch das Bauen" (parece que sólo llegamos a habitar construyendo) en "Bauen, Wohnen, Denken" (1951). Heidegger, analizando la lengua alemana, halla que "ser hombre quiere decir habitar". Y habitar es cuidar. Habitar es estar presente en un lugar (construido), permanecer, demorarse, "al abrigo de daños y amenazas". Habitar es estar protegido. Cualquier lugar en que el humano encuentra protección es su casa. Pero el ser humano es el que no quiere ni puede estar quieto, en casa. Es el viajero. El que explora nuevos territorios para extender su hogar, reduciendo la naturaleza a casa en potencia, refugio y amparo de la propia naturaleza amenazante. Y al residir en lugares diversos convive con otros habitantes. Los anfitriones y los vecinos nos hacen partícipes de sus moradas. Nos aposentamos en un territorio y al habitarlo con los vecinos formamos comunidad y adquirimos condición de ciudadanos al organizar esa convivencia bajo reglas comunes, que nos protegen y nos dan seguridad.

El humano imita, sin saberlo, a los hermanos animales, que hacen nidos, madrigueras, colmenas, hormigueros o guaridas. Sin embargo, el intranquilo λόγος invita al desasosiego permanente. A "des-habitarnos". Si el λόγος pregunta, ello requiere salir del hogar...

(...)

Y no sólo en los hermanos animales el humano se ve reflejado, sino en los mismos árboles, antecesores misteriosos de nuestra naturaleza móvil y apetitiva. Los árboles, las plantas, se arraigan en el suelo. Son los cimientos de nuestras casas...

Y la ansiedad se adueña del hombre tanto como su estar en el mundo se vuelve inestable: el humano es el que teme la muerte, y la niega, como si su morada fuera eterna. Inventa disipaciones o religiones. Su acaecer es mortal, pero nadie construye para la destrucción, porque construir es lo contrario de destruir...

https://www.facebook.com/photo/?fbid=2159273054428664&set=a.196740637348592

Más en esta conversión de la voluntad de poder a la voluntad de ser, pasamos a la conciencia y el ser queda determinado es lo que sucede con Zubiri el comprende que lo eyectado esta religado y busca la realización de esta religación pero una vez lograda la religación el ser se determina:

   

Joel Agon

dotpsoSren7t6thih2465hmf714ul3m879 hc2621hc007athta2638i4u9a  · 

Breve comentario sobre mi lectura en torno a la palabra ''develación'' en Martin Heidegger, ''Ser y tiempo''.

En Heidegger se usa la palabra ''develación'' y no se usa por ejemplo, la palabra ''manifestación'' como lo hace Hegel, al parecer para Heidegger, la relación del ente privilegiado(es decir el dasein) con el mundo, no parte de una gnoseología de ''dominio'' sino de ''develar'' al ''ser'', en cambio en Hegel, la ''manifestación'' es lo que esta oculto, por ejemplo, cuando decimos en economía, el ''valor'' se manifiesta en el ''precio'', pero claramente este manifestarse, sucede como fenómeno, para volver a ''ocultarse'', en Hegel la ''manifestación'' es porque el ''ser'' no esta determinado, el ''ser es indeterminado'' pero siempre ''oculto''. En Heidegger sucede todo lo contrario. Todo esto vuelve a Heidegger un filosofo en contra de la ''modernidad''. La filosofía clásica occidental, fue planteada no para ''develar'' ningún ''ser'' sino para dominarlo(no soy un experto en Hegel ni en Heidegger, pero esto vuelve su filosofía contra toda la modernidad y no es una exageración).

 

 

Christian Franco Rodriguez

Es la diferencia entre la transferencia poética en Heidegger a partir de un logos que devela el ser y el concepto que determina históricamente al ser superando la indeterminación, en el fondo es la diferencia entre occidente y oriente.

 

Por esto es tan importante la dialéctica para superar la determinación pero el problema es que lo hace con otra determinación y entonces se hace necesaria una adialéctica que indetermine lo determinado para luego con la dialéctica determinar lo indeterminado esa es la base de toda nuestra filosofía el misterio pascual determinado y el misterio dharmico indeterminando

Lo que se busca es salvar el proceso de comprensión afectiva donde el salto de la  intuición a la razón  permite la transferencia es decir la donación:   

Crítica al cientificismo

En la segunda parte del texto, Nietzsche ataca al cientificismo afirmando que la ciencia pretende hacer regular el mundo para dar seguridad al hombre, creando más conceptos. De esta forma, Nietzsche habla de dos tipos de hombres. El hombre racional y el hombre intuitivo. Ambos quieren dominar la vida, pero el primero lo quiere hacer mediante la previsión, prudencia, regularidad y el segundo solo toma como real la vida disfrazada de belleza, es decir, que toma como verdad aquello que le interesa, porque eso le hace feliz. Para Nietzsche, el primer hombre es el representante de esta actitud cientificista que cree que todo es regular y previsible. De esta manera, este hombre solo conjura desgracias, puesto que la vida es un continuo golpe tras otro y de esa forma este hombre nunca alcanzará la felicidad. El segundo hombre, es más irracional, tanto en el sufrimiento como en la felicidad. Teniendo en cuenta que solo por el hecho de ser hombres, usarán el intelecto, ese gran arte de fingir, porque el hombre es un ser que busca lo regular en lo irregular, el segundo sale mejor parado que el primero, porque este tiene momentos felices mientras que el otro se pasa su vida intentando prever lo que pasará. Esto no puede ser, puesto que el universo no es previsible, no es regular, ahí está la crítica al cientificismo.

Por todo ello, si el hombre no puede alcanzar la verdad porque su humanidad hace que posean intelecto y que, con él, cree esos arbitrarios conceptos que denomina verdad, lo más importante será ser feliz, puesto que no puede librarse de esos conceptos y, por tanto, el cientificismo solo empeora las cosas al hacer creer al hombre que pueden alcanzar la verdad.

provoca una situación distinta a la anterior y, por tanto, desconocida. Para Nietzsche el miedo del hombre es, en efecto, lo desconocido. Estas teorías serán utilizadas para elaborar el término del Übermensch (superhombre o suprahombre), es decir, aquel hombre que acepta el cambio. La vida es pasión, es cambio, es una continua situación distinta tras otra que no se puede prever porque el universo y la vida están llenas de contradicciones, de cambios.

 

 

¡Es cierto que ustedes mienten y que mentirán hasta el fin de los tiempos! ¡Sí! He comprendido bien el sistema. Ustedes les han dado el dolor del hambre y de las separaciones para distraerlos de su rebeldía. ¡Los agotan, les devoran tiempo y fuerzas a fin de que no tengan ni ocio ni impulso para el furor! ¡Los hombres arrastran los pies, pueden estar contentos! Están solos a pesar de la masa, como también yo estoy solo. Cada uno de nosotros está solo gracias al la cobardía de los demás. Pero yo que estoy avasallado como ellos, humillado con ellos, les anuncio sin embargo que ustedes no son nada y que este poder desplegado hasta perderse de vista, hasta oscurecer el cielo, sólo es una sombra arrojada sobre la tierra, que un viento furioso disipará en un segundo. ¡Creyeron que todo podía reducirse a números y a fórmulas! ¡Pero en su hermosa nomenclatura han olvidado la rosa silvestre, las señales del cielo, los rostros del verano, la gran voz del mar, los instantes de desgarramiento y la cólera de los hombres.

(Ella ríe.)

No se ría. No se ría, i**mbécil. Están perdidos, ya lo digo. En el seno de sus victorias más aparentes están ya vencidos, porque hay en el hombre –míreme- una fuerza que ustedes no reducirán, una locura clara, mezclada de miedo y coraje, ignorante y victoriosa por siempre jamás. Esta fuerza es la que se levantará, y ustedes sabrán entonces que su gloria es humo.

Libro: "El estado de sitio"

Autor: -Albert Camus-

 

 

Claro pero el peligro es idealizar al hombre intuitivo, como si en el no habitara la destrucción, uno pensaría que la donación ontológica   es un darse si reparos y lo es, pero también es un destruir sin los mismos, por esto es tan necesaria la razón su conceptualización subjetiva y su objetivación formal, solo que en ella siempre se pierde la transferencia y pasamos al código, al protocolo , al rito formal pero ese código es el que posibilita la transferencia en tanto sea traspasado  pero hoy estamos en el tiempo del anti espíritu adentrándonos en el espíritu desintegrado algorítmico, esa anti espiritualidad puede deconstruir el código y permitir la transferencia más si nos quedamos en el anti espíritu todo pasa a ser un nihilismo donde no hay posibilidad de donación:

http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1016-913X2019000100007   

El problema de la donación en la fenomenología de J.-L. Marion (extracto)

A continuación, De Lara destaca que Marion busca dar cuenta de la autoaparición de los fenómenos, "sin remitirla ni referirla a una conciencia", y por ello dice que "Marion… pretende dilucidar el aparecer del fenómeno sin remitirlo ni a una conciencia ni a un ente particular del mundo. Se trata de considerar la aparición incondicionada de los fenómenos, tomarlos en cuanto dados puramente"89. Esta afirmación no es exacta. Si bien Marion indaga en la "aparición incondicionada" del fenómeno, no abandona la correlación fenomenológica. El adonado cumple una función necesaria en la aparición del fenómeno, pues actúa como la "pantalla" (écran) que permite que se muestre lo que se da. Como se aclara en el epílogo de Étant donné: "Para acabar con el ‘sujeto’, no hay que destruirlo, sino invertirlo, darle la vuelta. El ‘sujeto’ se pone como un centro: esto no se le refutará, pero sí que se le refutará el modo de ocupación y la práctica de ese centro que reivindica, a título de un ‘yo’ (pensante, constituyente, que se decide); se le refutará la ocupación de ese centro como un origen, como un ego en primera persona, en una ‘mieidad’ [mienneté] trascendental; se le objetará que no domina ese centro, sino que se mantiene en él solamente como beneficiario y situado donde se muestra lo que se da; se le objetará que él mismo está dado a y en tanto que polo de donación en el que no cesa de advenir todo lo dado"90.

El adonado no constituye al fenómeno, el fenómeno no "depende" de una subjetividad como la instancia última que le da su sentido, pero la correlación no desaparece. El adonado conserva la función "central" de dar lugar al pasaje de la donación a la mostración. De Lara concluye su crítica con las siguientes afirmaciones: "En conclusión, este primer Heidegger puede resultar un interlocutor válido para Marion por cuanto ensancha el problema de la donación, lo saca de su versión epistemológica y muestra que se trata de un problema fundamental también para la fenomenología. Además, Marion puede apoyarse en Heidegger para remitir al mundo como ámbito pre-dado y de que toda donación teórica depende en último término. Pero el modo de plantear el problema y, más aún, la solución heideggeriana está lejos de las pretensiones de Marion de una fenomenología del don y del darse de los fenómenos. Heidegger sigue considerando que hay condiciones de posibilidad que prefiguran el aparecer, y además les otorga a dichas condiciones un carácter existencial-decisionista"91.

Frente a estas objeciones, corresponde responder lo siguiente. En primer lugar, cabe destacar que De Lara concuerda con las ideas de este artículo al admitir que el primer Heidegger resulta un interlocutor válido para Marion en tanto ensancha el problema de la donación, lo saca de su versión epistemológica y muestra que se trata de un problema fundamental para la fenomenología. Si el problema de la donación no es sin más el problema de la fenomenología heideggeriana temprana, su obra ciertamente contribuye de modo decisivo a mostrar la importancia radical de la cuestión. En segundo lugar, es absolutamente cierto que el proyecto de Marion no es el del joven Heidegger. En este sentido, cabe señalar que no es mi intención afirmar lo contrario. Mi hipótesis es que la fenomenología del joven Heidegger tiene ciertos rasgos que ayudan a elucidar las características principales de la fenomenología de la donación. La obra heideggeriana temprana puede actuar como clave heurística, como modelo, para comprender algunos planteos decisivos de la obra de Marion. Empero, esto no implica sostener que los proyectos de ambos autores son iguales. Huelga decir que el propio Marion entiende que esto es así, pues presenta su fenomenología de la donación como una superación de la fenomenología husserliana (y su ego constituyente) y de la fenomenología heideggeriana (y su Dasein, que también actúa como instancia trascendental)92. No obstante, Marion claramente considera que la obra de Heidegger da un paso fundamental hacia la fenomenología de la donación. Refiriéndose a los primeros cursos heideggerianos, Marion se expresa de modo elocuente en sus entrevistas con Dan Arbib: "Sobre el monte Nebo de su punto de vista aún trascendental, él [Husserl] ve una tierra prometida en la que no entra. Solo Heidegger, no sin violencia, comenzó a hacer temblar las murallas"9

Husserl señala el camino, pero Heidegger comienza a recorrerlo. Principalmente, lo hace a partir de su definición de fenómeno como "aquello que se muestra a partir de sí mismo". Así, es posible sostener que la fenomenología marioniana retoma el problema de la donación presente en los debates que dan origen a la fenomenología y, continuando los pasos de Heidegger, le da la centralidad que esta noción reclamaba.

 

 

  

Más Marion  no pretende una ontoteología él se queda en el marco fenomenológico, nosotros hacemos una síntesis de la fenomenología y del psicoanálisis desde una visión dialéctica noumenologica y entonces transferencia es donación pero con mucha mayor complejidad en esa complejidad se crean los sujetos y los Dasein y antes Dios como base de la transferencia del don es decir de la transferencia ontológica por esto nos centraremos en el texto de Engels el nacimiento de la familia para ver en esta cuestión de los clanes de los gens el inicio de la transferencia del  don  como base de la comunidad    pero antes veamos otros caminos:     

 

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¿Qué  quiere decir Wittgenstein con la frase … los límites del lenguaje son los límites de mi mundo?

 

Christian Franco Rodriguez

Colaborador destacado

¿Qué quiso decir Wittgenstein? ¿Cómo saberlo? su intención de pronto fue aclarar la función representativa del lenguaje pero termino con sus juegos de lenguaje complejizándolo, y entonces la pregunta sería ¿Qué hizo Wittgenstein? ¿Cuál es el hecho en su filosofía? Pues para muchos el construyo una escalera filosófica para abandonar toda reflexión filosófica pero parece que al tirar la escalera, tuvo que inventar cuerdas para jugar con el lenguaje y así poder volver a reflexionar, mas lo loco es que los filósofos no se ponen de acuerdo en que hizo realmente Wittgenstein y que de pronto no nos podemos desligar de la experiencia, esa experiencia recrea un mundo y cada vez que queramos compartir ese mundo y sus hechos tendremos que reinterpretarlos, recrearlos, siendo la objetividad una conveniencia en un paradigma establecido por solo algún tiempo hasta que recreemos un nuevo mundo en un nuevo espíritu.

 

En el 300 aniversario del nacimiento de I. Kant

"El problema es, además, que la academia siempre ha sido imperialista, racista y sexista y hoy lo sigue siendo. Por eso, quiero insistir que mayor obstáculo cuando buscamos un potencial liberador en Kant es el que componen las lecturas canónicas y eurocentradas de su filosofía y de los problemas globales en general. Si “nosotras como filósofas profesionales” pertenecemos a una red de opresiones y privilegios que continúa en una línea de tiempo de la que Kant es un miembro activo, entonces el asunto es cómo ser conscientes de nuestra propia mirada imperial, de modo de no reproducirla cuando leemos a Kant y al resto del canon."

Macarena Marey

https://revistabordes.unpaz.edu.ar/para-una-filosofia-de-america-del-sur/?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTAAAR3FvVQMnsDRePOKXTfgWTvlAO61rtRbyWkKMQEQq1e7EoIoOxaETj0R1to_aem_AfgpzknJr7H3rqvzXFDslsmMYJ01IbVvso1B-0Vp4cQXwNCidLlmiY0Nz9Xt_rPnV_eFR-p6VCLYf6EUtLDzfw9s

Christian Franco Rodriguez

¿Releer a Kant como un filosofo de la igualdad, de la libertad y de la comunidad? Lo siento pero la igualdad en Kant será la igualdad racional blanca, laica que no puede ni quiere ver el noúmeno, es decir que renuncia al conocimiento de si mismo y al compromiso con los otros, su libertad esta enmarcada en el deber, el querer en kant desaparece como si se tratara de una mascara sin cuerpo, una mascara moral burguesa que no tiene fondo para fundamentar su actuar ético y es que en la critica de la razón pura acaba con toda posibilidad de fundamento y ¿Comunidad en Kant? ¿Acaso su razón puede ir al encuentro del otro y ser alterado por este? No Kant se niega a toda dialéctica, es decir a todo dialogo aquí el individuo critico es decir aquel que conoce sus limites se impone a la comunidad, no participa de ella. Así que ese intento de descentrar a Kant me parece mas bien el clásico pensar de una izquierda caviar de pasar por agua tibia el pensamiento Kantiano, que por supuesto esta vigente mientras lo liberal siga siendo hegemónico más parte de superar esa hegemonía es superar a Kant de una vez por todas.

 

Iñaki Marieta

Christian Franco Rodriguez , el texto de Macarena Marey va en la dirección de lo que dices; muy crítico con la idea crítico-centrista del Kant ilustrado pero sin atender al necesario descentramiento de una crítica de los prejuicios racistas, machistas y sexistas de su época. En todo caso, como creo que se debe con la obra de todes les pensadores, hay que poder salvar lo que tengan de provechoso en el asintotico camino hacia la emancipación de la HUMANIDAD.

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Christian Franco Rodriguez

Iñaki Marieta Leí el texto y no va en mi línea, lo machista, racista y sexista me tiene sin cuidado, lo que me preocupa es ese poder critico donde el sujeto es el centro sin jamás poder salir de si mismo con sujetos así simplemente es imposible lograr comunidad y solo en ella se pueden superar los machismo, sexismo, clasismos y racismos, en fin el egoísmo racional que produce todo esto si bien ahora lo liberal esta fundado en un egoísmo irracional, solo han invertido a Kant , basta hacer una conversión y volveremos a el, al menos claro que ese egoismo racional sea superado.

 Iñaki Marieta

Christian Franco Rodriguez , es cierto que un sujeto sin comunidad deriva en un solipsismo socio-comunitario que hace que todo se estanque en el mero interés subjetivo en el peor sentido del uso, pero una comunidad sin sujetos emancipados o, al menos, emancipables, cae en los liderazgos interesados que utilizan lo común para impedir que los individuos crezcan. Es un "pequeño" problema que aun está por resolver y que ni el círculo hermeneutico y ni los comunismos al uso han logrado solucionar. Me recuerda, mutatis mutandis, al fracaso matemático pitagórico de reducir a cantidad discreta la diagonal del cuadrado de lado uno. Hay cosas cuya interdependencia impide salir del nivel de relación en el que tienen su esencia y para pasar a un nivel especulativo superior se requiere de una madurez existencial que no está al alcance de cualquiera. ¿Quién (no) teme a Virginia Woolf?

 

18 h

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Christian Franco Rodriguez

Comparto solo que no creo que en Kant haya posibilidad de Emancipación yo prefiero mil veces a Hegel, sabiendo que sin kant no hay Hegel, pero el paso decisivo lo da este sublime histérico un paso mas atrás y lo que tenemos es una neurosis que aparenta equilibrio con el precio de no entregarse a la vida. Ahora ¿Se puede realizar comunidad con Hegel? si se deconstruye toda síntesis a mi me parece que es posible. Claro en tanto vuelva a redeconstrurise.

Y es que el individuo sin donación, sin transferencia, perdido en su ego ya sea raciona o irracional positivista o nihilista queda invertido sin posibilidad de socialización:

 EL JOKER PORTEÑO

El Joker es un personaje creado por el escritor Bill Finger, el dibujante y guionista Bob Kane y el también dibujante e ilustrador de cómics Jerry Robinson, este último fue el creador conceptual del personaje supervillano de “El Joker” dentro de la serie de Batman allá por 1940.

El Joker, cuyo nombre verdadero en el cómic es Arthur Fleck, es un marginado social, con una familia ausente, una madre adoptiva violenta y falto de cuidados, cariño, y protección. Lo que lo convierte en un hombre solitario con limitadas habilidades sociales para relacionarse de manera sana con sus semejantes, incapaz de poner límites, un hombre que para afrontar su malestar constantemente fantasea con la idea de que logra alcanzar la fama y la aceptación del mundo, un mundo al que paradójicamente desprecia.

El Joker sufre un severo trastorno de personalidad antisocial (también conocido como sociopatía): se caracteriza por la incapacidad para adaptarse a las normas sociales, leyes y derechos individuales. Sus pensamientos están dirigidos por la forma en la que pueden conseguir sus objetivos inmediatos y no pueden ponerse en el lugar del otro: es ecpatico e insolidario. Además, posee trastorno obsesivo-compulsivo y rasgos de personalidad dependiente, los cuales son evidenciados por su manía por Batman y actitudes subordinadas. Sufre de esquizofrenia, de delirios de grandeza, es megalómano, es histriónico e iracundo.

ARTHUR FLECK = JAVIER MILEI

Mientras leía la aviesa y siniestra personalidad del “Joker”, en cada línea se me iba formando la imagen del esperpéntico presidente actual argentino, Javier Milei, que dios confunda. La historia de Arthur Fleck tiene numerosas coincidencias con la vida del orate Milei. Una infancia llena de abandono abusos y maltratos. Los padres de Milei lo maltrataban. El padre, conductor de “colectivos”, tenía un carácter violento, y cuentan que solía blandir una cachiporra con la que golpeaba a los viajeros que se portaban mal. Una juventud solitaria y sin amigos que marcó su controvertida personalidad. Tuvo su primer amigo a los 30 años y su primera pareja a los 47, edad a la que dejo de “Puñetearse” que dicen los argentinos.

Esa incapacidad para las relaciones sociales le llevo a crear fuertes vínculos con su perro Conan (Un mastín inglés ya muerto) al que dice el propio Milei que conoció hace ¡2.000 años! en el Coliseo romano cuando Conan era un león y el propio Milei un gladiador. El alienado presidente afirmó en el prestigioso periódico neoyorquino Wall Street Journal (WSJ).

<<”En aquel mismo momento acordamos no luchar entre nosotros, sino unirnos para gobernar Argentina”>>

En vida de Conan, su mastín inglés, le sometió a una extracción de células que a su muerte utilizó para clonar a seis cachorros idénticos de los cuales viven cinco, a los que llama “Hijos”. Para terminar de rematar la jugada el presidente afirma que sigue hablando con su perro Conan después de muerto por medio de una pitonisa y que le asesora sobre el futuro de Argentina. Que quieren que les diga; hay gente en el psiquiátrico por menos. De todas formas es paradójico, y si no fuera tan patético sería para partirse la caja, que el futuro de los argentinos estuviera en las decisiones de un cánido muerto, que habla, que sabe de todo y que para más regodeo es “Inglés” ¡Che, que quilombo!

¿QUÉ ESTÁ PASANDO EN EL MUNDO?

Cuando uno tiene mucho más pasado que futuro, reflexiona sobre el mundo que ha vivido y lo contrasta con el que vive, y realmente no encuentra explicación a la deriva que está tomando la sociedad. Hay un cambio significativo y se están perdiendo valores que la sociedad del siglo XX daba por afianzados. Valores como la empatía, la solidaridad, la responsabilidad, la tolerancia o la humanidad se van diluyendo en una sociedad cada vez más ensimismada, más ególatra, ingrata e individualista, donde prima la competitividad extrema y la falsa meritocracia, donde te consideran por lo que tienes y no por lo que eres. Una sociedad que, en su depravación moral colectiva, consiente, apoya, justifica y defiende a corruptos inmorales, deshonestos e indecentes. Algo impensable en España hace un cuarto de siglo.

No acabo de entender y me parece imposible que estemos volviendo a repetir los mismos pasos que se dieron en el primer tercio del siglo XX. Comenzó en Italia en 1922 con el acceso al poder de Benito Mussolini y culminó en Alemania en 1933 con Adolf Hitler en el poder. La sociedad civil no se tomó en serio al fascismo ni al nazismo y pasó lo pasó. Aquellos líderes, seres histriónicos, megalómanos y exaltados que arengaban a sus huestes en soflamas de “patrioterismo” descarnado, no fueron tomados en serio pensando que el Estado, la Nación, no les permitiría hacer lo que hicieron. Craso error, el fanatismo no tiene límites y a los fanáticos solo hay que darles una idea y hacerles creer que se puede realizar.

Aquellos errores de cálculo trajeron consecuencias graves, muy graves, que involucraron a todo el mundo en la segunda gran guerra con todo el dolor y sufrimiento que generó. Tenemos el ejemplo ahí, han pasado escasamente 80 años de aquello y no hemos aprendido nada. Se está proyectando a nivel mundial esa idea del “Neoliberalismo radical” que no deja de ser una forma de fascismo “Paleolibertario” que vuelve a esgrimir conceptos que ya creíamos superados como la xenofobia, el racismo, la misoginia, el machismo, la homofobia, la aporofobia, etc. conceptos todos ellos regresivos para una sociedad que debería desarrollarse hacia delante, hacia la consecución de mejores estándares de vida para todos, pero que involuciona hacia el individualismo, el egocentrismo y la ambición codiciosa y desmedida. Como dice el demente Milei <<“El anarco-capitalismo”>>. En una sociedad anarco-capitalista, la policía, los tribunales y todos los otros servicios de seguridad se prestarían por parte de “competidores de financiación privada” en lugar de a través de impuestos, y el dinero sería proporcionado privada y competitivamente en un mercado abierto ¿Se imaginan quienes poblarían las cárceles?

LA DERIVA

La deriva de la sociedad primermundista se está escorando hacia estribor (Derecha) y cada vez más. En Europa lo vimos ya en 1998 en Hungría con la elección del ultraderechista Viktor Orbán. Actualmente la ultraderecha forma parte de los gobiernos de cinco países: Italia, Hungría, Polonia, Letonia y Finlandia (Increíble lo de este último país) incluso en la estoica Suecia la ultraderecha le presta apoyo al actual gobierno. Esto no es exclusivo de Europa, también en el nuevo continente estos movimientos se dan. La “democracia” por antonomasia que era EE.UU. se ha convertido en un nacionalismo extremista que promueve el interés nacional por encima de cualquier nación. Roger Griffin, profesor británico de historia contemporánea y politólogo de Oxford lo denomina “ultranacionalismo palingenético” es decir, el ultranacionalismo combinado con la noción de un renacimiento nacional, que no es más que el fundamento clave en la formación del fascismo o neofascismo.

Viktor Orbán en Hungría, Giorgia Meloni en Italia, los gemelos Jarosław y Lech Kaczyński de Polonia, Gustavs Celmiņš en Letonia, Riikka Purra en Finlandia, sin olvidar a Marine Le Pen en Francia, a Heinz-Christian Strache en Austria y al “Pechopalomo” de Abascal. Incluso en Alemania ha renacido la ultraderecha con el partido nacionaldemocrata de Alemania (NPD) con Udo Pastörs como líder. Estos son algunos de los principales líderes de la ultraderecha en Europa. Añádanle al “Zanahorio” de Donald Trump en los EE UU, a Bolsonaro en Brasil y ahora la “pirado” de Javier Milei en Argentina y tenemos un plantel de figuras escalofriantes. Fanáticos enfervorizados, intolerantes déspotas que no dudarían en aplicar sus anacrónicas medidas que crearían sociedades injustas y clasistas, pero el problema no son los líderes, sino los acólitos; seres alienados, desencantados y marginales que creen firmemente en que esos dementes líderes les sacaran de su mediocridad, de sus patéticas vidas, prometiéndoles ser ciudadanos de primera por el mero hecho de haber nacido en una determinada nación.

Milei ha sido el último en llegar con sus improperios, sus astracanadas, aspavientos y exabruptos. Es su “modus operandi”, sin una oratoria fluida, sin un programa coherente, sin una organización solida necesitan destacar, hacerse notar y sólo les queda el esperpento, la extravagancia y el dislate. El problema es cuando por esos métodos cualquiera de ellos llega al poder y los ciudadanos de dicho país comienzan a sentir y padecer sus caóticas medidas y por extensión otros países también son víctimas colaterales de sus demencias.

Milei es el último eslabón de una cadena que, cada vez más, va añadiendo eslabones. Unas cadenas que pueden llegar a amarrar a sociedades de países democráticamente asentados y que han sido tolerante con los intolerantes. Ojo con dejar a todos estos orates campar a sus anchas. Sus métodos son neofascistas. Van a defender a las élites y marginar a cualquiera que no piense como ellos. Recortaran derechos y libertades e implantaran políticas de “tierra quemada”. No dejarán nada sin esquilmar, explotaran los recursos hasta el límite en aras del beneficio inmediato y cuando se vayan costarán décadas tratar de rehacer lo deshecho, y con toda seguridad no se parecerá a lo anterior.

Yo no sé en qué están pensando las personas que los votan, ¿Creen que esos “Zumbados” les van a resolver la vida? ¿Qué han hecho antes que lo demuestre? Muchas personas confunden la solución con el problema y eso es un problema agravado y a largo plazo. Recuerden la historia. Serán otros los protagonistas pero el guión es el mismo y el desenlace puede ser aún peor.

Fernando Rodríguez Calleja

¡ZASCA EN TODA LA BOCA!

 

¿Pero acaso Milei y otros líderes de derecha no son líderes transferenciales donde la intuición irracional transfiere una voluntad de poder, acaso no fue Chavez también un líder transferencial?

Si es la transferencia de la voluntad de poder, que debe dar paso a una transferencia de la voluntad de ser, esa esquizofrenia paranoica sacado de lo interno a lo externo

0→1→0     

Ese proceso que hace Osho con la cultura Hindu y que hace Nietzsche con la cultura occidental debe ser traspasado por una transferencia del habitar, del cuidar, del donarse en una hermandad universal  y esto requiere la vuelta al Cristo, esa histeria neurótica que se sublima en una comunión de amor.

 

¿Es posible lograrlo? Miremos nuestro tiempo en el espíritu desintegrado y su dictadura algorítmica    y veremos que es urgente:

 

El hombre es la criatura más inventiva y curiosa por antonomasia. Es creador de cultura antes que de artefactos materiales. Y es creador de cultura porque es una oquedad ontológica, una carencia metafísica que lo separa de la naturaleza. Es la propia condición metafísica de su ser lo que lo lleva a crear cultura.

El punto de arranque del hombre es su condición de animal metafísico. Ese profundo desnivel entre lo óntico y lo ontológico en su propio ser, lo lleva hacia el disparador del ingenio. Fruto de su ingenio, gran capacidad de análisis y observación, es su propia humanización. Primeramente, que un homo faber es un homo sapiens y un homo ludens. Un animal simbólico, como afirma Cassirer. Pero es una criatura simbólica porque es un ser metafísico, en su ser finito se hace presente lo intemporal y lo eterno

Sus artefactos no lo caracterizan, sino su capacidad para crearse un mundo simbólico. Jugando, como lo resalta Huizinga, descubría e inventaba. Antes de un consumado cazador fue un experimentado recolector. Lo cual requería mucha paciencia y pensamiento. Su hominismo está unido a su humanización y es indesligable de la técnica. La técnica es resultado de su propia inventiva. Pero la técnica desde un inicio estuvo ligado a la vida. Técnica no sólo son los artefactos materiales, sino también los artefactos simbólicos. Incluso las técnicas simbólicas precedieron a las técnicas materiales. Técnica, en una palabra, es la cultura y los instrumentos materiales. Concebirla como algo enfrentado a la vida es consecuencia de un largo proceso de alienación que se dio con la aparición de la civilización.

Con la civilización -o sea, hace cinco mil años aproximadamente- aparece la megamáquina de la monarquía divinizada, con su clase privilegiada, aparato sacerdotal y burocrático especializado, enorme fuerza laboral disciplinada, organizada y ordenada. Es la primera racionalización de la vida a gran escala social. Sólo así son posibles los Zigurat mesopotámicos, las pirámides egipcias, mayas, aztecas, mochicas, y las construcciones megalíticas incas. Es el comienzo de la alienación del hombre respecto a sus propias creaciones. Allí empieza la separación del artefacto respecto a la vida y su contraposición. La razón calculadora no alumbra en Grecia, como sostiene Heidegger, sino con el inicio de la civilización misma. Y es una potencia bifronte: constructora y destructora a la vez.

La megamáquina en nuestro tiempo tiene un nombre específico y se llama hiperimperialismo, es decir, dictadura de las megacorporaciones privadas a nivel global. La primera forma de esta dictadura fue el capitalismo neoliberal, hoy en crisis y en pleno hundimiento. Y su última novedosa mutación cobra la forma de capitalismo digital. El capitalismo digital comanda, direcciona el desarrollo de las tecnologías digitales y es responsable de sus avances como de sus amenazas para la evolución humana. En una palabra, la megamáquina de nuestro tiempo se denomina hiperimperialismo del capitalismo digital.

La megamáquina de nuestro tiempo conserva intacta la principal patología de la megamáquina que alumbró con la civilización hace cinco mil años, esto es, la patología del poder. Esta es una especie de paranoia prometeica que acompaña al hombre desde que la política se identificó con el poder y el Estado. El primero que llamó la atención en las sociedades de cazadores-recolectores sobre la existencia de política no identificada con el poder ni con Estado fue el antropólogo francés Pierre Clastres, en su magistral obra La sociedad contra el Estado. El punto es que desde que se operó dicha identificación con la civilización entre poder y política comenzaron a emerger las paranoias, neurosis y psicosis a gran escala. Freud en su obra El malestar en la cultura, habla de que la propia estructura libidinal condena al hombre al peligro de autodestrucción. El principal yerro del vienés es que concibe a Eros y Tánatos como eternos enemigos y ello lo conduce a una concepción hedonista de la felicidad. Su visión nihilista y desgarrada del hombre lo conduce a no distinguir entre cultura y civilización. En buena cuenta, y contra Freud, no es la cultura sino la civilización la que divorcia a Eros de Tánatos. Y prueba de ello es la vida armoniosa que llevan las personas en las comunidades primitivas que sobreviven hasta la actualidad.

Claro, nuestra discrepancia con Freud y el apunte de Clastres nos lleva a otro tema que excede el del presente libro, el cual es: ¿Es posible erigir una civilización no alienante, opresiva y represiva? Lo es, aunque superando los marcos de la civilización capitalista de la racionalidad burguesa.

En la megamáquina del mundo moderno, dicho poder político ya no es sagrado, sino secular, pero sigue siendo sacrificial -ya sea en el trabajo o en las guerras- y militar -el indetenible armamentismo mundial-. Desde la civilización las guerras y la carrera armamentista siguen siendo la fuente de los inventos. Si la contrapartida antigua fue el surgimiento de las religiones y filosofía para contener el aparato coercitivo de la megamáquina, hoy nos hemos quedado sin contrapartida al quedar el mundo posmoderno despoblado de certezas. Ni la ética ni el saber se muestran capaces de poner equilibrio en la balanza civilizatoria. En consecuencia, el camino apocalíptico queda expedito para el predominio absoluto de la razón técnica en manos de la razón burguesa.

Pero ¿por qué sería apocalíptico? Porque una civilización sin humanismo es una civilización degradante, que está impedida en cumplir con el principio de su propia salvación, a saber, la conversión de su enorme riqueza material en riqueza espiritual. Y con ello, tiene asegurada su franca decadencia, cuando no su inevitable extinción. Lo que la megamáquina de hoy se enfrenta es a un apocalipsis civilizatorio de una racionalidad particular y no abstracta, a saber, la razón burguesa de la civilización capitalista moderna. Ese es el tema neurálgico del presente libro.

El mundo actual se desliza insensiblemente hacia la Cibercracia -gobierno totalitario de las máquinas- del Ciberdeus –Inteligencia artificial ubicua, perfecta, omnipotente- y no nos damos cuenta. El hombre moderno no lo percibe porque está acostumbrado a la preminencia de las cosas sobre el ser. El reino de la información no deja de ser el reino de las cosas, esta vez de la cosa intangible, pero cosa, al fin y al cabo, y así prolonga la tiranía de los entes. La chatura inmanentista de la cosmovisión moderna ha llegado a tal punto de desarrollo con la inteligencia artificial, que el yo autónomo siente la tentación de dejar las riendas de la historia en manos de su creación “perfecta”, a saber, la inteligencia artificial.

El imperio lúdico del internet no nos permite darnos cuenta de la amenaza que cierne sobre la cabeza de la humanidad, pero marchamos silenciosamente hacia la abolición de la individualidad, la libertad y la democracia. Y la vía regia para llevarnos a ese pronóstico de pesadilla es el caleidoscópico capitalismo digital. Sería de lo más absurdo pensar que la presente obra resulta obscurantista y reaccionaria al criticar la cultura narcisista de la razón tecnológica moderna. No es así, porque una cosa es el capitalismo digital y otra la tecnología digital, la cual está siendo objeto de un uso perverso por la primera. Darnos cuenta de este detalle es importante para advertir los peligros que acechan a la persona humana y la creciente pérdida de sentido de la vida.

Mi primera obra sobre el tema de la inteligencia artificial data del 2017, Crítica de la razón cibernética, aunque fue precedida por una crítica de la razón cosificante de la razón técnica en mi libro Filosofía de la Tecnociencia (2012), y una reflexión sobre el estatus ontológico de la máquina en El Universo sin sombra o límites metafísicos de la ciencia (2010).

No obstante, la lectura especialmente de dos obras me devolvió al tema. Me refiero al abordaje neurocientífico de Nicholas Carr en ¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales (2016), y a la perspectiva económico-filosófica de Jean-Paul Lafrance en Malestar en la civilización digital (2020). Lo que provocó que mis meditaciones se profundizaran en ms obras Miseria del capitalismo digital y de la tecnoutopía (2021) y en Ideas ante el capitalismo digital (2022).

Pero ahí no quedó la cosa porque nuevas reflexiones provocaron al llegar a mis manos el libro politológico de Shoshana Zuboff, La Era del Capitalismo de la Vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder (2019) y la obra informática de James Bridle, La nueva Edad Oscura. La tecnología y el fin del futuro (2020).

Con la primera discrepo en un punto que considero sustancial, a saber, llamar al capitalismo digital “capitalismo de la vigilancia” y no considerarlo totalitario sino “instrumentario” es descaminador por dos motivos. Primero, porque la vigilancia es un derivado de la capacidad holística de la tecnología computacional, y, segundo, porque el totalitarismo no se identifica necesariamente con la violencia, dado que existe el “totalitarismo blando” que emplea la persuasión y la manipulación. Es decir, no sólo hay totalitarismo “duro”, sino también “blando”. Lo que caracteriza al totalitarismo es, en consecuencia, la aspiración al control, total. Con el segundo disiento en que no basta con señalar que el pensar computacional asfixia el pensar creativo, sino que vinculo lo primero con la culminación del inmanentismo metafísico de la modernidad. La desaparición de la realidad y destrucción de su representación referencial y significativa, del que ya nos habló Baudrillard en Cultura y simulacro (1981), llega a su cúspide al volver lo real totalmente falsificable bajo el capitalismo digital.

Es indudable que hubo otras obras que se cruzaron directa e indirectamente en el camino de mis preocupaciones sobre el capitalismo digital. Me refiero, sobre todo, a Homo videns. La sociedad teledirigida (1997) de Giovanni Sartori, y a Homo Deus (2015) de Yuval Noah Harari. Para el primero la revolución multimedia representa la muerte del homo sapiens y su reemplazo por el homo videns, mientras que para el segundo la revolución del dataísmo transhumanista lleva a la transformación del homo sapiens en homo deus. Inevitable fue encontrarme con la obra de Byung-Chul Han, No-cosas (2021), que considera que vivimos en el reino de la información o mundo de las no cosas. Lo que a mi parecer es un profundo error ontológico, pues simplemente las cosas intangibles, como la información, no dejan de ser cosas o entes. Además, ello lleva a un error politológico que pierde de vista el desafío de cómo equilibrar el superdesarrollo tecnológico y el subdesarrollo social y moral. Pues su criterio no distingue entre información y lo informacional, distinción introducida por el sociólogo Manuel Castells (La sociedad red, 2006). La información es comunicación de conocimiento, mientras que lo informacional buscar subsumir el aparato social a lo informático, concentrando el poder en unos pocos que manejan los códigos. También la obra de Marc Auge, Los “No lugares”. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad (1992), que subraya los espacios de confluencia anónima como algo especialmente contemporáneo.

Por mi parte discrepo de ambos. Pues el actual capitalismo digital está demostrando el progresivo envilecimiento del pensar humano en la colmena de las máquinas, y el crecimiento exponencial de las redes digitales del conocimiento maquinal. Lo que significa que nos encaminamos no hacia el homo videns de Sartori ni hacia homo deus de Harari, ni hacia el homo imitans de Zuboff, sino hacia el Reino del Cibersapiens o Ciberdeus del capitalismo digital y su desiderátum hacia la gobernanza computacional. Es más, pienso que la sexta extinción del antropoceno dará lugar a la séptima extinción del ciberceno si no se le arranca de sus garras la tecnología computacional al capitalismo digital.

Sin embargo, el presente libro también está relacionado con el tema del “hiperimperialismo”, el cual vengo tratando en dos obras anteriores: La globalización del Hiperimperialismo (2006) e Hiperimperialismo global en llamas (2020). Allí presté atención a Ulrich Beck, Samir Amin, Alain Touraine, Hans-Peter Martin, Harald Schumann, Michael Hardt, Antonio Negri, Joseph Stiglitz, Viviane Forrester. No obstante, en mis obras me limitaba a circunscribir el hiperimperialismo al neoliberalismo.

En cambio, en la presente obra, como en las últimas mencionadas sobre el capitalismo cibernético, extiendo la categoría del hiperimperialismo para comprender la nueva mutación capitalista en capitalismo digital. Nadie lo había hecho. Así, el hiperimperialismo comprende la primera fase neoliberal y la segunda fase digital. Dos autores han sido relevantes en este avance, a saber, Naomi Klein con su obra La doctrina del Shock: el auge del capitalismo del desastre (2007), y Thomas Piketty con su libro El capital en el siglo XXI (2013). En realidad, ninguno habla de este tránsito, pero los hechos que muestran y argumentos que exponen abonan a favor de mi tesis de la mutación hiperimperialista desde el capitalismo neoliberal al capitalismo digital. Y todos los especialistas financieros occidentales quedaron atónitos al no dar resultado contra Rusia la aplicación del capitalismo del desastre a pesar de las extraordinarias sanciones aplicadas tras su guerra en Ucrania. Aunque a largo plazo está por verse si el panorama más negro podrá evitarse. Todo dependerá de que tenga éxito un sistema de pago internacional independiente del dólar con sus dos principales socios -China e India-. Y recién se verá si podrá seguir esquivando las sanciones o caerá en un déficit traumático.

En todos mis libros no sigo a ninguno de los autores mencionados, pero recojo de ellos la inspiración fundamental, ya sea para desarrollarla o para rechazarla. Sin duda que resulta valioso la conjugación de las consideraciones neurocientíficas, económico-filosóficas, politológicas e informáticas sobre la problemática de la tecnología digital y el capitalismo computacional. Así, igualmente sopeso la apreciación catastrofista y de la desigualdad consustancial en el tema del capitalismo actual.

Pero mis consideraciones en la presente obra tienen como eje lo que representa el capitalismo digital para la filosofía de la cultura, la filosofía de la economía y la filosofía política. Y su tendencia hacia la barbarie cultural, la economía del saqueo de la privacidad y el totalitarismo blando es lo más preocupante que he hallado.

Llevo gran parte de mi vida como escritor publicando mis ensayos filosóficos en prosa. Pero aquí, una vez más, he insistido en el estilo aforístico por disciplina mental, no por un deseo oculto de llegar a las masas y volver sencillo lo que de por sí es complicado, sino, más bien, porque el aforismo exige una concisión y precisión conceptual que muchas veces se extravía en la prosa. La economía de las palabras, la parquedad, la austeridad verbal, obviamente tiene sus riesgos, y muy grandes. Ahí tenemos el caso de Nietzsche y todas las limitaciones que se le reprochan. La principal objeción es que deja inexplicable muchos matices, está expuesta a la imprecisión, diversas interpretaciones y a la ambigüedad. Además, hay también aforismos tajantes. Por eso, también tiene su encanto, y es que no agota lo tratado y deja ver la realidad en su devenir cambiante. El laconismo de la palabra justa corre pareja con la rauda actualidad del presente.

Al lector no le será difícil colegir tras la lectura de la obra que estamos entrando hacia la civilización digital dentro del contexto de la razón burguesa en su fase terminal. Su verdadera utopía no es transhumanista, sino netamente cibernética. Se encamina hacia una “Cibercracia”. Una super red global sistémica constituida en un Ciber Deus, la cual gobernará computacionalmente el mundo. Manipulará a las personas desde dentro y desde fuera, hasta que decida su exterminio. Su sueño es lograr el control total mediante la hegemonía completa del mercado. De ahí que el futuro de la humanidad dependerá de arrancar la tecnología digital de las garras del capitalismo computacional para darle un uso justo y humano.

El “Ciber Deus” lejos de ser el esplendor de la modernidad es en realidad su ocaso, porque constituye la plasmación del delirio prometeico del deus in terris o diosecillo terrenal -entrevisto por Paul Hazard en su obra fundamental La crisis de la conciencia europea- en una era postmetafísica y nihilista, que lejos de materializar el regnum hominis es la materialización del canto de cisne de la humanidad, para dejar paso al protagonismo de las máquinas inteligentes autónomas.

El Prometeo digital ya redujo nuestras vidas a datos inteligentes computacionales, por la cual los jóvenes sólo desean vivir en la colmena cibernética. Se trata de una realidad que supera las novelas de ficción distópicas 1984 de George Orwell, Un mundo feliz de Aldous Huxley, y de la utopía Más allá de la libertad y la dignidad del psicólogo conductista Skinner.

Aquí, en Apocalipsis de la Razón Burguesa, no se trata de ver simplemente la manipulación del hombre por la ciencia. Lo que entreveo es que el capitalismo digital, como última mutación capitalista, si no se la detiene a tiempo, nos conducirá más allá de la contradicción entre la persecución de la verdad y la persecución del poder -ya señalada por Bertrand Russell-, para instaurar el imperio de la eficacia maquinal por la propia inteligencia artificial. Lo que implicará el exterminio o dominio completo sobre el hombre, o sea la supresión de su individualidad y libertad.

Esto es justamente lo que representa el neologismo del “Ciber Deus”. Es decir, el poder de lo tecnológico sobre lo humano como triunfo sobre la persona humana de la ciber-política y de la Cibercracia o gobierno de las máquinas. La “muerte del individuo” foucaultiana se profundizó en la dimensión digital, porque aquí no se trata de la perfección del poder de una sociedad panóptica de la vigilancia para controlar el cuerpo y el alma, sino de otra que explota los datos de la privacidad sin interesarle el alma o el cuerpo del internauta. Por ello, nuestra época no se corresponde con la biopolítica de la sociedad disciplinaria de Foucault, ni con la sociedad del cansancio, la transparencia y la psicopolítica de Byung-Chul Han, porque en vez de la coerción y la seducción se emplea la adicción ludopática y misoneísta. Si Foucault capta bien la dinámica del capitalismo industrial de bienestar, y Han hace lo mismo con el capitalismo neoliberal, aquí vemos lo específico del capitalismo computacional. Por ello, hemos transitado de la biopolítica a la psicopolítica, y de ésta a la tecnopolítica. La tecnopolítica es en la práctica la clausura del yo autónomo y de la identidad moderna, tan caro a Charles Taylor (Fuentes del yo). Sencillamente la persona deja de ser asumida como portadora de valor moral para reducirla a valor de mercado en sus datos personales. Todo este proceso dataísta da lugar a la reversión del proceso de interiorización, al yo vinculado a la red, a la negación de la vida cotidiana en la familia y los amigos, y al sentido de egoísmo hacia los demás.

La tecnopolítica del capitalismo digital no es en primer lugar una técnica de poder, sino una técnica de acumulación originaria de capital, basada en el engaño, secuestro y tráfico de datos privados de los internautas por las gigantescas GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple, Microsoft). Como el poder de tener como rehenes a los internautas depende de la entrega de la libertad, la muerte de la individualidad y la conformidad de la vida de rebaño, dentro de la colmena de las máquinas, lo que se tiene es una Cibercracia, donde la revolución digital es puesta al servicio del mercado, la misma que se antepone a la sociedad, democracia y a las personas. La Cibercracia es así el hiperimperialismo de las megacorporaciones computacionales de la élite plutocrática occidental. ¿Impera la seducción en la Cibercracia? No, lo que impera, por el lado del internauta, es el narcisismo exhibicionista y la envidia del Otro, y, por lado del plutócrata megacorporativo, el afán de lucro.

Esta nueva forma de autonomía de la razón instrumental del capital representa la profundización capitalista-burguesa de la irracionalidad social y humana en su curva terminal. Esta senda histórico-social que colisiona con la razón humana y los grandes ideales de la Ilustración es la expresión pervertida de la diferencia o no coincidencia del ser con el pensar. Al menos con el pensar humano, pero no con la antihumana racionalidad capitalista ni la ahumana racionalidad de la máquina. Fue Deleuze en Diferencia y repetición quien buscó la manifestación de la diferencia sin el yugo de la identidad parmenídea. Una diferencia que no esté hipotecada a la identidad entre el ser y el pensar. Se trata de un rechazo a la Identidad que desemboca en el motivo nietzscheano del eterno retorno de lo mismo en la repetición. Pensar el ser como una diferencia sin identidad fue su objetivo. Más allá de la contradicción, la analogía, la semejanza, la contrariedad y la oposición, lo que se encuentra es la irracionalidad de la diferencia. Es curioso ver cómo la diferencia de la irracionalidad digital burguesa guarda parentesco con la diferencia deleuzeana. Después de todo la senda del ser bajo el capitalismo digital se torna cada vez más irracional y liberada de cualquier identidad humana. Lo que se dejaba advertir en la colisión de dos líneas enfrentadas: el ilustrado consensualismo habermasiano y la tecnocracia nihilista de Luhmann; y una tercera línea lyotardiana que puso el énfasis en la imposibilidad de legitimación del lazo social, una sociedad justa, en los criterios de optimización, control, discontinuidad, informatización general de la legitimidad de la ciencia.

También resulta significativo de una época nihilista como la nuestra, cómo los capitanes de la industria del internet llevan a cabo intensas campañas cuasiderridianas para poner en cuestión o deconstruir cualquier toma de posición contra su derecho a no respetar la privacidad. Muy propio del hermenéutico credo relativista posmoderno: “no hay hechos sino interpretaciones”. Ya decía Derrida -el cual estaba muy influido por Saussure, con su principio de que la lengua no es cosa del hombre, sino que el hombre es cosa de la lengua- en sus crípticos libros De la Gramatología y en La escritura y la diferencia, que el sentido no pertenece a la cosa, sino al signo. Esta era la crítica que le hacía Derrida a la fenomenología, sosteniendo que estaba equivocada porque estimaba que el sentido precede al signo. Pero para el gramatólogo no es así, porque el sentido es resultado del juego de los signos. Hay un lazo esencialista entre la palabra o logos con la voz o foné. Con esto vuelve a cobrar la vieja cuestión del ser de la escritura. Lo cual provocó que Foucault lo atacara diciendo de Derrida que era un simple comentarista de texto. Derrida se defendió afirmando que su logocentrismo antifalocéntrico era una denuncia del imperio de la metafísica sobre la escritura. El sentido es un juego de la escritura. Foucault contraatacó sosteniendo que la sacralización del texto sin contacto con la realidad exterior era testimonio que Derrida se había convertido en un Husserl enloquecido. La primera mitad del siglo veinte la filosofía francesa estaba dominada por el vitalismo de Bergson y el formalismo de Brunschwig, y sorprende ver la reacción hacia el nihilismo y el escepticismo, rechazando la realidad estable y el conocimiento confiable, con el existencialismo, la fenomenología, y culminar con la etnología interna de Foucault y la deconstrucción de Derrida. Ellos junto a Artaud, Lacan Deleuze, Guattari, Blanchot, Bataille y Barthes, hicieron que el pensamiento francés de la segunda mitad del siglo veinte consumara la ruina de Occidente, mediante la consumación de la negatividad radical y la empresa de la des-subjetivación.

Valga esta digresión para advertir que el pathos escéptico y el ethos nihilista también es una forma de liberarse del logocentrismo para defender el cibercentrismo. En el fondo estamos viendo cómo bebe la Modernidad hasta sus últimas gotas su giro inmanentista iniciado desde Descartes. Bajo el digitalismo de la infoesfera se profundiza el proceso de des-subjetivación humana. Al visionario Marshall Berman -Todo lo sólido se desvanece en el aire- caracterizó la modernidad como algo que se evapora, Zygmunt Baumann -La modernidad líquida- le parece que la modernidad es líquida, y a Byung-Chul Han -La sociedad de la transparencia- le resulta transparente, obscena, desnuda, pornográfica. Por mi parte, la llamo modernidad anética -El imperio posmoderno del hombre anético-. Vemos así cómo el imperio de la era digital ha sido precedido por un cambio cultural donde el capitalismo neoliberal profundizó la aceleración y dispersión de la vida en una apertura totalitaria.

Pero hay algo más, y es fundamental. Se trata de la episteme desontológica del mundo llevada a cabo desde la modernidad capitalista. Es el hombre epistémico de la modernidad el que ha llevado adelante la desrealidad de lo real. Y bajo la tecnología digital del capitalismo cibernético se consuma el giro epistémico cumbre sin objetivo humano. Ya no es el hombre el centro de la subjetividad, ahora lo es el algoritmo del computador. De manera que el nihilismo y la des-subjetividad del hombre es consecuencia de este giro metafísico que representa la desrealización de lo real por la desontologización del mundo. Ya la hegemonía de la economía dineraria lo anunciaba, porque la esencia del dinero -como lo destaca Simmel en su Filosofía del dinero- es la negación de todo valor y la cuantificación del mundo. En su aprendiz de brujo el hombre creó el dinero y bajo el capitalismo descubrió que es la única forma de poder que no tiene límites. De la Caja de Pandora escapó un verdadero demonio que amenaza con destruirlo todo. La desontologización del mundo es al ápice de su entificación, el imperio del ente y el olvido consumado del ser. Este es un proceso que saca adelante el capitalismo cibernético con el metaverso. Sin la desontologización del mundo no puede triunfar ni el cibermundo, la cibercracia ni el ciber deus. Constituye su prerrequisito.

Es decir, la Cibercracia es la manifestación de la irracionalidad de la razón burguesa en su marcha histórica final, que se sirve de un pensar computacional éticamente neutro, pero que produce algoritmos canallas, ya sean aleatorios o intencionados (potencias, corporaciones, hackers, etc.). En realidad, el propio pensar computacional se vuelve opaco e impredecible, y privilegia la eficacia como primer objetivo inhumano. La utopía social de la Cibercracia no es el transhumanismo, sino un mundo gobernado por máquinas eficaces e infalibles.

De manera que, si el hombre no supera esta grave coyuntura de su historia tecnológica, será porque se exterminó en una guerra nuclear o porque el capitalismo hiperimperialista cibernético unipolar venció toda oposición del mundo multipolar. De lo contrario, la razón humana habrá demostrado su capacidad de autocrítica y rectificación.

En realidad, el mundo hiperimperialista cibernético unipolar tiene confianza en el poder de la megamáquina para lograr el poder total y declarar el fin de la historia sobre la base de su victoria cibernética. Aquí es donde cobra actualidad Lewis Mumford con su libro El mito de la máquina. Establecía una distinción entre tecnologías autoritarias, contra los valores humanos, y tecnologías democráticas, acorde a la naturaleza humana. Pero lo que ahora vemos es que, con la sedicente negación de la existencia de la naturaleza humana, han quedado abiertas las compuertas contra los valores del hombre y el triunfo de una tecnología sin miramientos por lo humano. Y lo único que puede representar el avance de esta tendencia es una civilización contra lo humano, la barbarie cultural y la hegemonía sistémica de los valores de la máquina.

Al hablar de Apocalipsis no se me puede culpar de lenguaje superlativamente innecesario. Hay algo en el ambiente que indica que así es. Las especulaciones apocalípticas son algo frecuente en la historia y no sólo bíblica. En 1500 Leonardo da Vinci hizo profecías aterradoras sobre diluvios, grandes catástrofes y desastres cósmicos. Lo mismo sucede con Durero que plasmó en uno de sus grabados de 1525 una catástrofe apocalíptica. Me inclino a pensar que estas tempranas proyecciones inconscientes y sueños apocalípticos nacen del temor a la desmesurada expansión de la megamáquina y sus poderosos artilugios técnicos. Se presiente que el poder ilimitado de la máquina es una amenaza para la humanidad. 

 

CAMINO A LA CIBERCRACIA por Gustavo Flores Quelopana

 

https://comunaslitoral.com.ar/nota/7562/camino-a-la-cibercracia-por-gustavo-flores-quelopana  

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¿Ahora la dictadura algorítmica este imperialismo capitalista será vencido por un mundo multipolar?

 

Veamos el texto de Engels para contestar esta pregunta:

 

El cual parte del de la investigación de Lewis Morgan

 

 

 

https://www.youtube.com/watch?v=0y_tf3X_SRA&t=2s

Lewis Morgan la sociedad primitiva

 

Entre sus estudios se destacan los relacionados con el parentesco. Descubrió que las relaciones de parentesco estructuraban al grupo y servían para establecer lazos y líneas que unían a los individuos en un sistema de obligaciones recíprocas. En 1855 contactó a los indígenas chipewa de Wisconsin, notando similitudes entre su sistema de parentesco y el de los iroqueses. Igualmente constató, al entrevistar un misionero, un sistema igual en la India, con lo que halló que podía formular tipos de parentesco.

Sus estudios le permitieron apreciar la pauta matrilineal como regla de descendencia en los grupos de parentesco de la sociedad iroquesa. Situó dicha matrilinealidad en el pasado de la historia humana. La regla patrilineal era posterior y se había generado como fruto de la evolución histórica y social del hombre. La perspectiva de análisis antropológico de Morgan era claramente evolucionista.

Atribuyó un papel esencial a la relación biológica como elemento definitorio de las relaciones de parentesco. Entendía el aspecto social del parentesco como un reflejo del marco biológico. De esta manera la paternidad biológica (genitor masculino, genitrix femenina) es sinónimo de paternidad social (pater masculino, mater femenina)

Morgan buscó establecer conexiones entre los sistemas de parentesco a escala mundial; para ello se relacionó con el servicio consular y con la Smithsonian Institution, iniciando un amplio estudio comparativo de 139 sociedades. El resultado fue su libro Sistemas de consanguinidad y afinidad en la familia humana (1871), primer intento de sistematización y clasificación de los sistemas de parentesco. Descubrió la relación entre los sistemas matrimoniales y los de parentesco, hallando que a determinadas formas de matrimonio corresponde un sistema de parentesco específico.

De este modo divide la familia en cinco tipos según el parentesco: la consanguínea (incesto), la punalúa (del tipo hawaiano o del Rapto de las Sabinas), la sindiásmica (unión de un hombre y de una mujer sin cohabitación exclusiva), la patriarcal (un hombre con diversas esposas, con las que cohabita) y la monogámica.

Morgan explica los dos sistemas de parentesco: Descriptivo: propio de las familias aria, semítica y uraliana. “Describe” en cada categoría una relación exacta, como la de padre, hijo, abuelo, etc. Clasificatorio: propio de las familias hawaiana, turania y malaya; “clasifica” en la misma categoría a ciertos parientes lineales o colaterales. Por ejemplo, al padre y al tío paterno, que son considerados como padres.

Gobierno y propiedad[editar]

Morgan opinaba que los gérmenes se agrupaban para formar organismos más complejos, es decir a medida que un organismo poseía más gérmenes era más complejo. Los orígenes del gobierno habrían de buscarse en la organización de "gens" en el estadio de salvajismo, base sobre la que progresivamente se establecería la sociedad política.

Sobre la propiedad sostenía que tuvo una formación lenta durante los largos periodos de salvajismo pero que poco a poco se desarrolló en el cerebro humano de manera muy notable la pasión por la propiedad.

La organización de la sociedad, según Morgan, se inicia sobre la base del sexo, después sobre el parentesco y finalmente sobre la base del territorio.

 

1. SALVAJISMO 1. Estadio inferior. Infancia del género humano. Los hombres permanecían aún en los bosques tropicales o subtropicales y vivían, por lo menos parcialmente, en los árboles; ésta es la única explicación de que pudieran continuar existiendo entre grandes fieras salvajes. Los frutos, las nueces y las raíces servían de alimento; el principal progreso de esta época es la formación del lenguaje articulado. Ninguno de los pueblos conocidos en el período histórico se encontraba ya en tal estado primitivo. Y aunque este periodo duró, probablemente, muchos milenios, no podemos demostrar su existencia basándonos en testimonios directos; pero si admitimos que el hombre procede del reino animal, debemos aceptar, necesariamente, ese estado transitorio. 2. Estadio medio. Comienza con el empleo del pescado (incluimos aquí también los crustáceos, los moluscos y otros animales acuáticos) como alimento con el uso del fuego. Ambos fenómenos van juntos, porque el pescado sólo puede ser empleado plenamente como alimento gracias al fuego. Pero con este nuevo alimento los hombres se hicieron independientes del clima y de los lugares; siguiendo el curso de los ríos y las costas de los mares pudieron, aun en estado salvaje, extenderse sobre la mayor parte de la Tierra. Los toscos instrumentos de piedra sin pulimentar de la primitiva Edad de Piedra, conocidos con el nombre de paleolíticos, pertenecen todos o la mayoría de ellos a este período y se encuentran desparramados por todos los continentes, siendo una prueba de esas emigraciones. La población de nuevos lugares y el incansable y activo afán de nuevos 3 descubrimientos, vinculado a la posesión del fuego, que se obtenía por frotamiento, condujeron al empleo de nuevos elementos, como las raíces y los tubérculos farináceos, cocidos en ceniza caliente o en hornos excavados en el suelo, y también la caza, que, con la invención de las primeras armas —la maza y la lanza—, llegó a ser un alimento suplementario ocasional. Jamás hubo pueblos exclusivamente cazadores, como se dice en los libros, es decir, que vivieran sólo de la caza, porque sus frutos son harto problemáticos. Por efecto de la constante incertidumbre respecto a las fuentes de alimentación, parece ser que la antropofagia nace en ese estadio para subsistir durante largo tiempo. Los australianos y muchos polinesios se hallan hoy aún en ese estadio medio del salvajismo. 3. Estadio superior. Comienza con la invención del arco y la flecha, gracias a los cuales llega la caza a ser un alimento regular, y el cazar, una de las ocupaciones normales. El arco, la cuerda y la flecha forman ya un instrumento muy complejo, cuya invención supone larga experiencia acumulada y facultades mentales desarrolladas, así como el conocimiento simultáneo de otros muchos inventos. Si comparamos los pueblos que conocen el arco y la flecha, pero no el arte de la alfarería (con el que empieza, según Morgan, el tránsito a la barbarie), encontramos ya algunos indicios de residencia fija en aldeas, cierta maestría en la producción de medios de subsistencia: vasijas y trebejos de madera, el tejido a mano (sin telar) con fibras de albura, cestos trenzados con albura o con juncos, instrumentos de piedra pulimentada (neolíticos). En la mayoría de los casos, el fuego y el hacha de piedra han producido ya la piragua formada de un solo tronco de árbol y en ciertos lugares las vigas y las tablas necesarias para construir viviendas. Todos estos progresos los encontramos, por ejemplo, entre los indios del noroeste de América, que conocen el arco y la flecha, pero no la alfarería. El arco y la flecha fueron para el estadio salvaje lo que la espada de hierro para la barbarie y el arma de fuego para la civilización: el arma decisiva.

 

2. LA BARBARIE 1. Estadio inferior. Empieza con la introducción de la alfarería. Puede demostrarse que en muchos casos y probablemente en todas partes, nació de la costumbre de recubrir con arcilla las vasijas de cestería o de madera para hacerlas refractarias al fuego; y pronto se descubrió que la arcilla moldeada servía para el caso sin necesidad de la vasija interior. Hasta aquí hemos podido considerar el curso del desarrollo como un fenómeno absolutamente general, válido en un período determinado para todos los pueblos, sin distinción de lugar. Pero con el advenimiento de la barbarie llegamos a un estadio en que empieza a hacerse sentir la diferencia de condiciones naturales entre los dos grandes continentes. El rasgo característico del período de la barbarie es la domesticación y cría de animales y el cultivo de las plantas. Pues bien; el continente oriental, el llamado mundo antiguo, poseía casi todos los animales domesticables y todos los cereales propios para el cultivo, menos uno; el continente occidental, América, no tenía más mamíferos domesticables que la llama —y aún así, nada más que en la parte del Sur—, y uno sólo de los cereales cultivables, pero el mejor, el maíz. En virtud de estas condiciones naturales diferentes, desde este momento la población de cada hemisferio se desarrolla de una manera particular, y los mojones que señalen los límites de los estadios particulares son  diferentes para cada uno de los hemisferios. 2. Estadio medio. En el Este, comienza con la domesticación de animales y en el Oeste, con el cultivo de las hortalizas por medio del riego y con el empleo de adobes (ladrillos secados al sol) y de la piedra para la construcción. Comenzamos por el Oeste, porque aquí este estadio no fue superado en ninguna parte hasta la conquista de América por los europeos. Entre los indios del estadio inferior de la barbarie (figuran aquí todos los que viven al este del Misisipí) existía ya en la época de su descubrimiento cierto cultivo hortense del maíz y quizá de la calabaza, del melón y otras plantas de huerta que les suministraban una parte muy esencial de su alimentación; vivían en casas de madera, en aldeas protegidas por empalizadas. Las tribus del Noroeste, principalmente las del valle del Columbia, hallábanse aún en el estadio superior del estado salvaje y no conocían la alfarería ni el más simple cultivo de las plantas. Por el contrario, los indios de los llamados pueblos de Nuevo México[11], los mexicanos, los centroamericanos y los peruanos de la época de la conquista, hallábanse en el estadio medio de la barbarie; vivían en casas de adobes y de piedra en forma de fortalezas; cultivaban en huertos de riego artificial el maíz y otras plantas comestibles, diferentes según el lugar y el clima, que eran su principal fuente de alimentación, y hasta habían reducido a la domesticidad algunos animales: los mexicanos, el pavo y otras aves; los peruanos, la llama. Además, sabían labrar los metales, excepto el hierro; por eso no podían aún prescindir de sus armas a instrumentos de piedra. La conquista española cortó en redondo todo ulterior desenvolvimiento independiente. En el Este, el estado medio de la barbarie comenzó con la domesticación de animales para el suministro de leche y carne, mientras que, al parecer, el cultivo de las plantas permaneció desconocido allí hasta muy avanzado este período. La domesticación de animales, la cría de ganado y la formación de grandes rebaños parecen ser la causa de que los arios y los semitas se apartasen del resto de la masa de los bárbaros. Los nombres con que los arios de Europa y Asia designan a los animales son aún comunes, pero los de las plantas cultivadas son casi siempre distintos. La formación de rebaños llevó, en los lugares adecuados, a la vida pastoril; los semitas, en las praderas del Éufrates y del Tigris; los arios, en las de la India, del Oxus y el Jaxartes[12] del Don y el Dniéper. Fue por lo visto en estas tierras ricas en pastizales donde primero se consiguió domesticar animales. Por ello a las generaciones posteriores les parece que los pueblos pastores proceden de comarcas que, en realidad, lejos de ser la cuna del género humano, eran casi inhabitables para sus salvajes abuelos y hasta para los hombres del estadio inferior de la barbarie. Y, a la inversa, en cuanto esos bárbaros del estadio medio se habituaron a la vida pastoril, nunca se les hubiera podido ocurrir la idea de abandonar voluntariamente las praderas situadas en los valles de los ríos para volver a los territorios selváticos donde habitaran sus antepasados. Y ni aun cuando fueron empujados hacia el Norte y el Oeste les fue posible a los semitas y a los arios retirarse a las regiones forestales del Oeste de Asia y de Europa antes de que el cultivo de los cereales les permitiera en este suelo menos favorable alimentar sus ganados, sobre todo en invierno. Es más que probable que el cultivo de los cereales naciese aquí, en primer término, de la necesidad de proporcionar forrajes a las bestias, y que hasta más tarde no cobrase importancia para la alimentación del hombre. Quizá la evolución superior de los arios y los semitas se deba a la abundancia de carne y de leche en su alimentación y, particularmente, a la benéfica influencia de estos alimentos en el desarrollo de los niños. En efecto, los indios de los pueblos de Nuevo  México, que se ven reducidos a una alimentación casi exclusivamente vegetal, tienen el cerebro mucho más pequeño que los indios del estadio inferior de la barbarie, que comen más carne y pescado. En todo caso, en este estadio desaparece poco a poco la antropofagia, que ya no sobrevive sino como rito religioso o como un sortilegio, lo cual viene a ser casi lo mismo. 3. Estadio superior. Comienza con la fundición del mineral de hierro, y pasa al estadio de la civilización con el invento de la escritura alfabética y su empleo para la notación literaria. Este estadio, que, como hemos dicho, no ha existido de una manera independiente sino en el hemisferio oriental, supera a todos los anteriores juntos en cuanto a los progresos de la producción. A este estadio pertenecen los griegos de la época heroica, las tribus ítalas poco antes de la fundación de Roma, los germanos de Tácito, los normandos del tiempo de los vikingos. Ante todo, encontramos aquí por primera vez el arado de hierro tirado por animales domésticos, lo que hace posible la roturación de la tierra en gran escala —la agricultura— y produce, en las condiciones de entonces, un aumento prácticamente casi ilimitado de los medios de existencia; en relación con esto, observamos también la tala de los bosques y su transformación en tierras de labor y en praderas, cosa imposible en gran escala sin el hacha y la pala de hierro. Todo ello motivó un rápido aumento de la población, que se instala densamente en pequeñas áreas. Antes del cultivo de los campos sólo circunstancias excepcionales hubieran podido reunir medio millón de hombres bajo una dirección central; es de creer que esto no aconteció nunca. En los poemas homéricos, principalmente en la Ilíada, aparece ante nosotros la época más floreciente del estadio superior de la barbarie. La principal herencia que los griegos llevaron de la barbarie a la civilización la constituyen instrumentos de hierro perfeccionados, los fuelles de fragua, el molino de brazo, la rueda de alfarero, la preparación del aceite y del vino, el labrado de los metales elevado a la categoría de arte, la carreta y el carro de guerra, la construcción de barcos con tablones y vigas, los comienzos de la arquitectura como arte, las ciudades amuralladas con torres y almenas, las epopeyas homéricas y toda la mitología. Si comparamos con esto las descripciones hechas por César, y hasta por Tácito, de los germanos, que se hallaban en el umbral del estadio de cultura del que los griegos de Homero se disponían a pasar a un grado más alto, veremos cuán espléndido fue el desarrollo de la producción en el estadio superior de la barbarie. El cuadro del desarrollo de la humanidad a través del salvajismo y de la barbarie hasta los comienzos de la civilización, cuadro que acabo de bosquejar siguiendo a Morgan, es bastante rico ya en rasgos nuevos y, sobre todo, indiscutibles, por cuanto están tomados directamente de la producción. Y, sin embargo, parecerá empañado e incompleto si se compara con el que se ha de desplegar ante nosotros al final de nuestro viaje; sólo entonces será posible presentar con toda claridad el tránsito de la barbarie a la civilización y el pasmoso contraste entre ambas. Por el momento, podemos generalizar la clasificación de Morgan como sigue: Salvajismo. —Período en que predomina la apropiación de productos que la naturaleza da ya hechos; las producciones artificiales del hombre están destinadas, sobre todo, a facilitar esa apropiación. Barbarie. —Período en que aparecen la ganadería y la agricultura y se aprende a incrementar la producción de la naturaleza por medio del género humano. Civilización. —Período en el que el hombre sigue aprendiendo a elaborar los productos naturales, período de la industria, propiamente dicha, y del arte.

 

Familia

 

Los sistemas de parentesco y las normas de familia a que acabamos de referirnos difieren de los reinantes hoy en que cada hijo tenía varios padres y madres. En el sistema americano de parentesco, al cual corresponde la familia hawaiana, un hermano y una hermana no pueden ser padre y madre de un mismo hijo; el sistema de parentesco hawaiano presupone una familia en la que, por el contrario, esto es la regla. Tenemos aquí una serie de formas de familia que están en contradicción directa con las admitidas hasta ahora como únicas valederas. La concepción tradicional no conoce más que la monogamia, al lado de la poligamia del hombre, y, quizá, la poliandria de la mujer, pasando en silencio —como corresponde al filisteo moralizante— que en la práctica se salta tácitamente y sin escrúpulos por encima de las barreras impuestas por la sociedad oficial. En cambio, el estudio de la historia primitiva nos revela un estado de cosas en que los hombres practican la poligamia y sus mujeres la poliandria y en que, por consiguiente, los hijos de unos y otros se consideran comunes. A su vez, ese mismo estado de cosas pasa por toda una serie de cambios hasta que se resuelve en la monogamia. Estas modificaciones son de tal especie, que el círculo comprendido en la unión conyugal común, y que era muy amplio en su origen, se estrecha poco a poco hasta que, por último, ya no comprende sino la pareja aislada que predomina hoy.

 

Reconstituyendo retrospectivamente la historia de la familia, Morgan llega, de acuerdo con la mayor parte de sus colegas, a la conclusión de que existió un estadio primitivo en el cual imperaba en el seno de la tribu el comercio sexual promiscuo, de modo que cada mujer pertenecía igualmente a todos los hombres y cada hombre a todas las mujeres. En el siglo pasado habíase ya hablado de tal estado primitivo, pero sólo de una manera general; Bachofen fue el primero —y éste es uno de sus mayores méritos— que lo tomó en serio y buscó sus huellas en las tradiciones históricas y religiosas. Sabemos hoy que las huellas descubiertas por él no conducen a ningún estado social de promiscuidad de los sexos, sino a una forma muy posterior; al matrimonio por grupos. Aquel estadio social primitivo, aun admitiendo que haya existido realmente, pertenece a una época tan remota, que de ningún modo podemos prometernos encontrar pruebas directas de su existencia, ni aun en los fósiles sociales, entre los salvajes más atrasados. Corresponde precisamente a Bachofen el mérito de haber llevado a primer plano el estudio de esta cuestión.[13]

 

1.       La familia consanguínea, la primera etapa de la familia. Aquí los grupos conyugales se clasifican por generaciones: todos los abuelos y abuelas, en los límites de la familia, son maridos y mujeres entre sí; lo mismo sucede con sus hijos, es decir, con los padres y las madres; los hijos de éstos forman, a su vez, el tercer círculo de cónyuges comunes; y sus hijos, es decir, los biznietos de los primeros, el cuarto. En esta forma de la familia, los ascendientes y los descendientes, los padres y los hijos, son los únicos que están excluidos entre sí de los derechos y de los deberes (pudiéramos decir) del matrimonio. Hermanos y hermanas, primos y primas en primero, segundo y restantes grados, son todos ellos entre sí hermanos y hermanas, y por eso mismo todos ellos maridos y mujeres unos de otros. El vínculo de hermano y hermana presupone de por sí en este período el comercio carnal recíproco[14] . Ejemplo típico de tal familia serían los descendientes de una pareja en cada una de cuyas generaciones sucesivas todos fuesen entre sí hermanos y hermanas y, por ello mismo, maridos y mujeres unos de otros. La familia consanguínea ha desaparecido. Ni aun los pueblos más salvajes de que habla la historia presentan algún ejemplo indudable de ella. Pero lo que nos obliga a reconocer que debió existir, es el sistema de parentesco hawaiano que aún reina hoy en toda la Polinesia y que expresa grados de parentesco consanguíneo que sólo han podido nacer con esa forma de familia; nos obliga también a reconocerlo todo el desarrollo ulterior de la familia, que presupone esa forma como estadio preliminar necesario.

2.       La familia punalúa. Si el primer progreso en la organización de la familia consistió en excluir a los padres y los hijos del comercio sexual recíproco, el segundo fue en la exclusión de los hermanos. Por la mayor igualdad de edades de los participantes, este progreso fue infinitamente más importante, pero también más difícil que el primero. Se realizó poco a poco, comenzando, probablemente, por la exclusión de los hermanos uterinos (es decir, por parte de madre), al principio en casos aislados, luego, gradualmente, como regla general (en Hawai aún había excepciones en el presente siglo), y acabando por la prohibición del matrimonio hasta entre hermanos colaterales (es decir, según nuestros actuales nombres de parentesco, los primos carnales, primos segundos y primos terceros). Este progreso constituye, según Morgan, «una magnífica ilustración de cómo actúa el principio de la selección natural». Sin duda, las tribus donde ese progreso limitó la reproducción consanguínea, debieron desarrollarse de una manera más rápida y más completa que aquéllas donde el matrimonio entre hermanos y hermanas continuó siendo una regla y una obligación. Hasta qué punto se hizo sentir la acción de ese progreso lo demuestra la institución de la gens, nacida directamente de él y que rebasó, con mucho, su fin inicial. La gens formó la base del orden social de la mayoría, si no de todos los pueblos bárbaros de la Tierra, y de ella pasamos en Grecia y en Roma, sin transiciones, a la civilización. Cada familia primitiva tuvo que escindirse, a lo sumo después de algunas generaciones. La economía doméstica del comunismo primitivo, que domina exclusivamente hasta muy entrado el estadio medio de la barbarie, prescribía una extensión máxima de la comunidad familiar, variable según las circunstancias, pero más o menos determinada en cada localidad. Pero, apenas nacida, la idea de la impropiedad de la unión sexual entre hijos de la misma madre debió ejercer su influencia en la escisión de las viejas comunidades domésticas (Hausgemeinden) y en la formación de otras nuevas que no coincidían necesariamente con el grupo de familias. Uno o más grupos de hermanas convertíanse en el núcleo de una comunidad, y sus hermanos carnales, en el núcleo de otra. De la familia consanguínea salió, así o de una manera análoga, la forma de familia a la que Morgan da el nombre de familia punalúa. Según la costumbre hawaiana, cierto número de hermanas carnales o más lejanas (es decir, primas en primero, segundo y otros grados), eran mujeres comunes de sus maridos comunes, de los cuales quedaban excluidos, sin embargo, sus propios hermanos. Esos maridos, por su parte, no se llamaban entre sí hermanos, pues ya no tenían necesidad de serlo, sino «punalúa», es decir, compañero íntimo, como quien dice associé. De igual modo, una serie de hermanos uterinos o más lejanos tenían en matrimonio común cierto número de mujeres, con exclusión de sus propias hermanas, y esas mujeres se llamaban entre sí «punalúa». Éste es el tipo clásico de una formación de la familia (Familienformation) que sufrió más tarde una serie de variaciones y cuyo rasgo característico esencial era la comunidad recíproca de maridos y mujeres en el seno de un determinado círculo familiar, del cual fueron excluidos, sin embargo, al principio los hermanos carnales y, más tarde, también los hermanos más lejanos de las mujeres, ocurriendo lo mismo con las hermanas de los maridos Esta forma de la familia nos indica ahora con la más perfecta exactitud los grados de parentesco, tal como los expresa el sistema americano. Los hijos de las hermanas de mi madre son también hijos de ésta, como los hijos de los hermanos de mi padre lo son también de éste; y todos ellos son hermanas y hermanos míos. Pero los hijos de los hermanos de mi madre son sobrinos y sobrinas de ésta, como los hijos de las hermanas de mi padre son sobrinos y sobrinas de éste; y todos ellos son primos y primas míos. En efecto, al paso que los maridos de las hermanas de mi madre son también maridos de ésta, y de igual modo las mujeres de los hermanos de mi padre son también mujeres de éste —de derecho, si no siempre de hecho—, la prohibición por la sociedad del comercio sexual entre hermanos y hermanas ha conducido a la división de los hijos de hermanos y de hermanas, considerados indistintamente hasta entonces como hermanos y hermanas, en dos clases: unos siguen siendo como lo eran antes, hermanos y hermanas (colaterales); otros —los hijos de los hermanos en un caso, y en otro los hijos de las hermanas— no pueden seguir siendo ya hermanos y hermanas, ya no pueden tener progenitores comunes, ni el padre, ni la madre, ni ambos juntos; y por eso se hace necesaria, por primera vez, la clase de los sobrinos y sobrinas, de los primos y primas, clase que no hubiera tenido ningún sentido en el sistema familiar anterior. El sistema de parentesco americano, que parece sencillamente absurdo en toda forma de familia que descanse, de esta o la otra forma, en la monogamia, se explica de una manera racional y está justificado naturalmente hasta en sus más íntimos detalles por la familia punalúa. La familia punalúa, o cualquier otra forma análoga, debió existir, por lo menos en la misma medida en que prevaleció este sistema de consanguinidad. Esta forma de la familia, cuya existencia en Hawai está demostrada, habría sido también probablemente demostrada en toda la Polinesia si los piadosos misioneros, como antaño los frailes españoles en América, hubiesen podido ver en estas relaciones anticristianas algo más que una simple «abominación».[15] Cuando César nos dice que los bretones, que se hallaban por aquel entonces en el estadio medio de la barbarie, que «cada diez o doce hombres tienen mujeres comunes, con la particularidad de que en la mayoría de los casos son hermanos y hermanas y padres e hijos», la mejor explicación que se puede dar es el matrimonio por grupos. Las madres bárbaras no tienen diez o doce hijos en edad de poder sostener mujeres comunes; pero el sistema americano de parentesco, que corresponde a la familia punalúa, suministra gran número de hermanos, puesto que todos los primos carnales o remotos de un hombre son hermanos, puesto que todos los primos carnales o remotos de un hombre son hermanos suyos. Es posible que lo de «padres con sus hijos» sea un concepto erróneo de César; sin embargo, este sistema no excluye absolutamente que puedan encontrarse en el mismo grupo conyugal padre e hijo, madre e hija, pero sí que se encuentren en él padre e hija, madre e hijo. Esta forma de la familia suministra también la más fácil explicación de los relatos de Herodoto y de otros escritores antiguos acerca de la comunidad de mujeres en los pueblos salvajes y bárbaros. Lo mismo puede decirse de lo que Watson y Kaye cuentan de los tikurs del Audh, al norte del Ganges, en su libro La población de la India. «Cohabitan (es decir, hacen vida sexual) casi sin distinción, en grandes comunidades; y cuando dos individuos se consideran como marido y mujer, el vínculo que les une es puramente nominal». En la inmensa mayoría de los casos, la institución de la gens parece haber salido directamente de la familia punalúa. Cierto es que el sistema de clases[16] australiano también representa un punto de partida para la gens; los australianos tienen la gens, pero aún no tienen familia punalúa, sino una forma más primitiva de grupo conyugal. En ninguna forma de familia por grupos puede saberse con certeza quién es el padre de la criatura, pero sí se sabe quién es la madre. Aun cuando ésta llama hijos suyos a todos los de la familia común y tiene deberes maternales para con ellos, no por eso deja de distinguir a sus propios hijos entre los demás. Por tanto, es claro que en todas partes donde existe el matrimonio por grupos, la descendencia sólo puede establecerse por la línea materna, y por consiguiente, sólo se reconoce la línea femenina. En ese caso se encuentran, en efecto, todos los pueblos salvajes y todos los que se hallan en el estadio inferior de la barbarie; y haberlo descubierto antes que nadie es el segundo mérito de Bachofen. Este designa el reconocimiento exclusivo de la filiación maternal y las relaciones de herencia que después se han deducido de él con el nombre de derecho materno; conservo esta expresión en aras de la brevedad. Sin embargo, es inexacta, porque en ese estadio de la sociedad no existe aún derecho en el sentido jurídico de la palabra. Tomemos ahora en la familia punalúa uno de los dos grupos típicos, concretamente el de una especie de hermanas carnales y más o menos lejanas (es decir, descendientes de hermanas carnales en primero, segundo y otros grados), con sus hijos y sus hermanos carnales y más o menos lejanos por línea materna (los cuales, con arreglo a nuestra premisa, no son sus maridos), obtendremos exactamente el círculo de los individuos que más adelante aparecerán como miembros de una gens en la primitiva forma de esta institución. Todos ellos tienen por tronco común una madre, y en virtud de este origen, los descendientes femeninos forman generaciones de hermanas. Pero los maridos de estas hermanas ya no pueden ser sus hermanos; por tanto, no pueden descender de aquel tronco materno y no pertenecen a este grupo consanguíneo, que más adelante llega a ser la gens, mientras que sus hijos pertenecen a este grupo, pues la descendencia por línea materna es la única decisiva, por ser la única cierta. En cuanto queda prohibido el comercio sexual entre todos los hermanos y hermanas —incluso los colaterales más lejanos— por línea materna, el grupo antedicho se transforma en una gens, es decir, se constituye como un círculo cerrado de parientes consanguíneos por línea femenina, que no pueden casarse unos con otros; círculo que desde ese momento se consolida cada vez más por medio de instituciones comunes, de orden social y religioso, que lo distinguen de las otras gens de la misma tribu. Más adelante volveremos a ocuparnos de esta cuestión con mayor detalle. Pero si estimamos que la gens surge en la familia punalúa no sólo necesariamente, sino incluso como cosa natural, tendremos fundamento para estimar casi indudable la existencia anterior de esta forma de familia en todos los pueblos en que se puede comprobar instituciones gentilicias, es decir, en casi todos los pueblos bárbaros y civilizados.

 

Pero aquí estamos ante la línea matriarcal que va a establecer el gens, el clan más hay una prohibición para que esto suceda es decir una conversión de la voluntad de poder a la voluntad de ser  y esto exige una transferencia espiritual de algún tótem, un muerto que habla, son los muertos los que configuran nuestra conciencia, ese paso de la trasferencia sexual a la transferencia por parentesco, es un salto meta estructura espiritual, antes de la transferencia sexual hay una transferencia de energía, ¿Esto quiere decir que no había transferencia sexual? No siempre hay transferencia con tres componentes y en la meta estructura de la voluntad de poder       siempre está la energía que comprendemos como uno ser, él libido con toda su sexualidad mediando la transferencia, y la voluntad de poder   la cual estructura la organización para lo cual tiene que prohibir pero en la transferencia hay primacías, y lo primero es una primacía de la energía donde la sexualidad no era lo más importante, luego primo la sexualidad, para luego primar la voluntad de poder con algún tipo de organización social que deviene de una espiritualidad es decir de una conciencia y es que entendemos el proceso como un reflejo entre la voluntad y el espíritu siempre que hay una transferencia patente en la voluntad de poder  hay un transferencia latente en la voluntad de ser es decir en el espíritu, así si la energía se transfiere patentemente  está el ser transfiriéndose latentemente  lo que requiere una transferencia del logos y del espíritu, es decir que la transferencia es integral sabiendo que el mediador entre la transferencia del espíritu y de la voluntad es el amor el invierte y convierte más en el salvajismo estamos invertidos ,en la barbarie estamos ene l proceso de conversión y en la civilización logramos la conversión espiritual  al cual supera a la civilización misma este punto culmine es la revelación cristiana donde se da la revelación de la gran gens es decir del reino de Dios, la cual debe invertirse para revelarse pero sigamos con Engels:

 

3.       La familia sindiásmica. En el régimen de matrimonio por grupos, o quizás antes, formábanse ya parejas conyugales para un tiempo más o menos largo; el hombre tenía una mujer principal (no puede aún decirse que una favorita) entre sus numerosas, y era para ella el esposo principal entre todos los demás. Esta circunstancia ha contribuido no poco a la confusión producida en la mente de los misioneros, quienes en el matrimonio por grupos ven ora una comunidad promiscua de la mujeres, ora un adulterio arbitrario. Pero conforme se desarrollaba la gens e iban haciéndose más numerosas las clases de «hermanos» y «hermanas», entre quienes ahora era imposible el matrimonio, esta unión conyugal por parejas, basada en la costumbre, debió ir consolidándose. Aún llevó las cosas más lejos el impulso dado por la gens a la prohibición del matrimonio entre parientes consanguíneos. Así vemos que entre los iroqueses y entre la mayoría de los demás indios del estadio inferior de la barbarie, está prohibido el matrimonio entre todos los parientes que cuenta su sistema, y en éste hay algunos centenares de parentescos diferentes. Con esta creciente complicación de las prohibiciones del matrimonio, hiciéronse cada vez más imposibles las uniones por grupos, que fueron sustituidas por la familia sindiásmica. En esta etapa un hombre vive con una mujer, pero de tal suerte que la poligamia y la infidelidad ocasional siguen siendo un derecho para los hombres, aunque por causas económicas la poligamia se observa raramente; al mismo tiempo, se exige la más estricta fidelidad a las mujeres mientras dure la vida común, y su adulterio se castiga cruelmente. Sin embargo, el vínculo conyugal se disuelve con facilidad por una y otra parte, y después, como antes, los hijos sólo pertenecen a la madre. La selección natural continúa obrando en esta exclusión cada vez más extendida de los parientes consanguíneos del lazo conyugal. Según Morgan, «el matrimonio entre gens no consanguíneas engendra una raza más fuerte, tanto en el aspecto físico como en el mental; mezclábanse dos tribus avanzadas, y los nuevos cráneos y cerebros crecían naturalmente hasta que comprendían las capacidades de ambas tribus». Las tribus que habían adoptado el régimen de la gens, estaban llamadas, pues, a predominar sobre las atrasadas o a arrastrarlas tras de sí con su ejemplo. Por tanto, la evolución de la familia en los tiempos prehistóricos consiste en una constante reducción del círculo en cuyo seno prevalece la comunidad conyugal entre los dos sexos, círculo que en su origen abarcaba la tribu entera. La exclusión progresiva, primero de los parientes cercanos, después de los lejanos y, finalmente, de las personas meramente vinculadas por alianza, hace imposible en la práctica todo matrimonio por grupos; en último término no queda sino la pareja, unida por vínculos frágiles aún, esa molécula con cuya disociación concluye el matrimonio en general. Esto prueba cuán poco tiene que ver el origen de la monogamia con el amor sexual individual, en la actual concepción de la palabra. Aun prueba mejor lo dicho la práctica de todos los pueblos que se hallan en este estado de desarrollo. Mientras que en las anteriores formas de la familia los hombres nunca pasaban apuros para encontrar mujeres, antes bien tenían más de las que les hacían falta, ahora las mujeres escaseaban y había que buscarlas. Por eso, con el matrimonio sindiásmico empiezan el rapto y la compra de las mujeres, síntomas muy difundidos, pero nada más que síntomas, de un cambio mucho más profundo que se había efectuado; MacLennan, ese escocés pedante, ha transformado por arte de su fantasía esos síntomas, que no son sino simples métodos de adquirir mujeres, en distintas clases de familias, bajo la forma de «matrimonio por rapto» y «matrimonio por compra». Además, entre los indios de América y en otras partes (en el mismo estadio), el convenir en un matrimonio no incumbe a los interesados, a quienes a menudo ni aun se les consulta, sino a sus madres. Muchas veces quedan prometidos así dos seres que no se conocen el uno al otro, y a quienes no se comunica el cierre del trato hasta que no llega el momento del enlace matrimonial. Antes de la boda, el futuro hace regalos a los parientes gentiles de la prometida (es decir, a los parientes por parte de la madre de ésta, y no al padre ni a los parientes de éste). Estos regalos se consideran como el precio por el que el hombre compra a la joven núbil que le ceden. El matrimonio es disoluble a voluntad de cada uno de los dos cónyuges; sin embargo, en numerosas tribus, por ejemplo, entre los iroqueses, se ha formado poco a poco una opinión pública hostil a esas rupturas; en caso de haber disputas entre los cónyuges, median los parientes gentiles de cada parte, y sólo si esta mediación no surte efecto, se lleva a cabo la separación, en virtud de la cual se queda la mujer con los hijos y cada una de las partes es libre de casarse de nuevo. La familia sindiásmica, demasiado débil e inestable por sí misma para hacer sentir la necesidad o, aunque sólo sea, el deseo de un hogar particular, no suprime de ningún modo el hogar comunista que nos presenta la época anterior. Pero el hogar comunista significa predominio de la mujer en la casa, lo mismo que el reconocimiento exclusivo de una madre propia, en la imposibilidad de conocer con certidumbre al verdadero padre, significa profunda estimación de las mujeres, es decir, de las madres. Una de las ideas más absurdas que nos ha transmitido la filosofía del siglo XVIII es la opinión de que en el origen de la sociedad la mujer fue la esclava del hombre. Entre todos los salvajes y en todas las tribus que se encuentran en los estadios inferior, medio y, en parte, hasta superior de la barbarie, la mujer no sólo es libre, sino que está muy considerada. Arthur Wright, que fue durante muchos años misionero entre los iroqueses-senekas, puede atestiguar cual es aún esta situación de la mujer en el matrimonio sindiásmico. Wright dice: «Respecto a sus familias, en la época en que aún vivían en las antiguas casas grandes (domicilios comunistas de muchas familias)… predominaba siempre allí un clan (una gens), y las mujeres tomaban sus maridos en otros clanes (gens)… Habitualmente, las mujeres gobernaban en la casa; las provisiones eran comunes, pero ¡desdichado del pobre marido o amante que era demasiado holgazán o torpe para aportar su parte al fondo de provisiones de la comunidad! Por más hijos o enseres personales que tuviese en la casa, podía a cada instante verse conminado a liar los bártulos y tomar el portante. Y era inútil que intentase oponer resistencia, porque la casa se convertía para él en un infierno; no le quedaba más remedio sino volverse a su propio clan (gens) o, lo que solía suceder más a menudo, contraer un nuevo matrimonio en otro. Las mujeres constituían una gran fuerza dentro de los clanes (gens), lo mismo que en todas partes. Llegado el caso, no vacilaban en destituir a un jefe y rebajarle a simple guerrero». La economía doméstica comunista, donde la mayoría, si no la totalidad de las mujeres, son de una misma gens, mientras que los hombres pertenecen a otras distintas, es la base efectiva de aquella preponderancia de las mujeres, que en los tiempos primitivos estuvo difundida por todas partes y el descubrimiento de la cual es el tercer mérito de Bachofen. Puedo añadir que los relatos de los viajeros y de los misioneros a cerca del excesivo trabajo con que se abruma a las mujeres entre los salvajes y los bárbaros, no están en ninguna manera en contradicción con lo que acabo de decir. La división del trabajo entre los dos sexos depende de otras causas que nada tienen que ver con la posición de la mujer en la sociedad. Pueblos en los cuales las mujeres se ven obligadas mucho más de lo que, según nuestras ideas, les corresponde, tienen a menudo mucha más consideración real hacia ellas que nuestros europeos. La señora de la civilización, rodeada de aparentes homenajes, extraña a todo trabajo efectivo, tiene una posición social muy inferior a la de la mujer de la barbarie, que trabaja de firme, se ve en su pueblo conceptuada como una verdadera dama (lady, frowa, frau = señora) y lo es efectivamente por su propia disposición. Nuevas investigaciones acerca de los pueblos del Noroeste y, sobre todo, del Sur de América, que aún se hallan en el estadio superior del salvajismo, deberán decirnos si el matrimonio sindiásmico ha reemplazado o no por completo hoy en América al matrimonio por grupos. Respecto a los sudamericanos, se refieren tan variados ejemplos de licencia sexual, que se hace difícil admitir la desaparición completa del antiguo matrimonio por grupos. En todo caso, aún no han desaparecido todos sus vestigios. Por lo menos, en cuarenta tribus de América del Norte el hombre que se casa con la hermana mayor tiene derecho a tomar igualmente por mujeres a todas las hermanas de ella, en cuanto llegan a la edad requerida. Esto es un vestigio de la comunidad de maridos para todo un grupo de hermanas. De los habitantes de la península de California (estadio superior del salvajismo) cuenta Bancroft que tienen ciertas festividades en que se reúnen varias «tribus» para practicar el comercio sexual más promiscuo. Con toda evidencia, son gens que en estas fiestas conservan un oscuro recuerdo del tiempo en que las mujeres de una gens tenían por maridos comunes a todos los hombres de otra, y recíprocamente. La misma costumbre impera aún en Australia. En algunos pueblos acontece que los ancianos, los jefes y los hechiceros sacerdotes practican en provecho propio la comunidad de mujeres y monopolizan la mayor parte de éstas; pero, en cambio, durante ciertas fiestas y grandes asambleas populares están obligados a admitir la antigua posesión común y a permitir a sus mujeres que se solacen con los hombres jóvenes. Westermarck (páginas 28-29) aporta una serie de ejemplos de saturnales periódicas[17] de este género, en las que recobra vigor por corto tiempo la antigua libertad del comercio sexual: entre los hos, los santalas, los pandchas, y los cotaros de la India, en algunos pueblos africanos, etc. Westermarck deduce de un modo extraño que estos hechos constituyen restos, no del matrimonio por grupos, que él niega, sino del período del celo, que los hombres primitivos tuvieron en común con los animales. Llegamos al cuarto gran descubrimiento de Bachofen: el de la gran difusión de la forma del tránsito del matrimonio por grupos al matrimonio sindiásmico. Lo que Bachofen representa como una penitencia por la transgresión de los antiguos mandamientos de los dioses, como una penitencia impuesta a la mujer para comprar su derecho a la castidad, no es, en resumen, sino la expresión mística del rescate por medio del cual se libra la mujer de la antigua comunidad de maridos y adquiere el derecho de no entregarse más que a uno solo. Ese rescate consiste en dejarse poseer en determinado periodo: las mujeres babilónicas estaban obligadas a entregarse una vez al año en el templo de Mylitta; otros pueblos del Asia Menor enviaban a sus hijas al templo de Anaitis, donde, durante años enteros, debían entregarse al amor libre con favoritos elegidos por ellas antes de que se les permitiera casarse; en casi todos los pueblos asiáticos entre el Mediterráneo y el Ganges hay análogas usanzas, disfrazadas de costumbres religiosas. El sacrificio expiatorio que desempeña el papel de rescate se hace cada vez más ligero con el tiempo, como lo ha hecho notar Bachofen: «La ofrenda, repetida cada año, cede el puesto a un sacrificio hecho sólo una vez; al heterismo de las matronas sigue el de las jóvenes solteras; se practica antes del matrimonio, en vez de ejercitarlo durante éste; en lugar de abandonarse a todos, sin tener derecho de elegir, la mujer ya no se entrega sino a ciertas personas». (Derecho materno, pág. XIX). En otros pueblos no existe ese disfraz religioso; en algunos —los tracios, los celtas, etc., en la antigüedad, en gran número de aborígenes de la India, en los pueblos malayos, en los insulares de Oceanía y entre muchos indios americanos hoy día— las jóvenes gozan de la mayor libertad sexual hasta que contraen matrimonio. Así sucede, sobre todo, en la América del Sur, como pueden atestiguarlo cuantos han penetrado algo en el interior. De una rica familia de origen indio refiere Agassiz (Viaje por el Brasil, Boston y Nueva York, 1886, pág. 266) que, habiendo conocido a la hija de la casa, preguntó por su padre, suponiendo que lo sería el marido de la madre, oficial del ejército en campaña contra el Paraguay; pero la madre le respondió sonriéndose: Naž tem pai, é filha da fortuna (no tiene padre, es hija del acaso). «Las mujeres indias o mestizas hablan siempre en este tono, sin vergüenza ni censura, de sus hijos ilegítimos; y esto es la regla, mientras que lo contrario parece ser la excepción. Los hijos… a menudo sólo conocen a su madre, porque todos los cuidados y toda la responsabilidad recaen sobre ella; nada saben acerca de su padre, y tampoco parece que la mujer tuviese nunca la idea de que ella o sus hijos pudieran reclamarle la menor cosa». Lo que aquí parece pasmoso al hombre civilizado, es sencillamente la regla en el matriarcado y en el matrimonio por grupos. En otros pueblos, los amigos y parientes del novio o los convidados a la boda ejercen con la novia, durante la boda misma, el derecho adquirido por usanza inmemorial, y al novio no le llega el turno sino el último de todos: así sucedía en las islas Baleares y entre los augilas africanos en la antigüedad, y así sucede aún entre los bareas en Abisinia. En otros, un personaje oficial, sea jefe de la tribu o de la gens, cacique, shamán, sacerdote o príncipe, es quien representa a la colectividad y quien ejerce en la desposada el derecho de la primera noche (jus primae noctis). A pesar de todos los esfuerzos neorrománticos de cohonestarlo, ese jus primae noctis existe hoy aún como una reliquia del matrimonio por grupos entre la mayoría de los habitantes del territorio de Alaska (Bancroft: Tribus Nativas, I, 81), entre los tahus del Norte de México (Ibíd, pág. 584) y entre otros pueblos; y ha existido durante toda la Edad Media, por lo menos en los países de origen céltico, donde nació directamente del matrimonio por grupos; en Aragón, por ejemplo. Al paso que en Castilla el campesino nunca fue siervo, la servidumbre más abyecta reinó en Aragón hasta la sentencia o bando arbitral de Fernando el Católico de 1486, documento donde se dice: «Juzgamos y fallamos que los señores (senyors, barones) susodichos no podrán tampoco pasar la primera noche con la mujer que haya tomado un campesino, ni tampoco podrán durante la noche de boda, después que se hubiere acostado en la cama la mujer, pasar la pierna encima de la cama ni de la mujer, en señal de su soberanía; tampoco podrán los susodichos señores servirse de las hijas o los hijos de los campesinos contra su voluntad, con y sin pago». (Citado, según el texto original en catalán, por Sugenheim, La servidumbre, San Petersburgo 1861, pág. 355). Aparte de esto, Bachofen tiene razón evidente cuando afirma que el paso de lo que él llama «heterismo» o «Sumpfzeugung» a la monogamia se realizó esencialmente gracias a las mujeres. Cuanto más perdían las antiguas relaciones sexuales su candoroso carácter primitivo selvático a causa del desarrollo de las condiciones económicas y, por consiguiente, a causa de la descomposición del antiguo comunismo y de la densidad, cada vez mayor, de la población, más envilecedoras y opresivas debieran parecer esas relaciones a las mujeres y con mayor fuerza debieron de anhelar, como liberación, el derecho a la castidad, el derecho al matrimonio temporal o definitivo con un solo hombre. Este progreso no podía salir del hombre, por la sencilla razón, sin buscar otras, de que nunca, ni aun en nuestra época, le ha pasado por las mientes la idea de renunciar a los goces del matrimonio efectivo por grupos. Sólo después de efectuado por la mujer el tránsito al matrimonio sindiásmico, es cuando los hombres pudieron introducir la monogamia estricta, por supuesto, sólo para las mujeres. La familia sindiásmica aparece en el límite entre el salvajismo y la barbarie, las más de las veces en el estadio superior del primero, y sólo en algunas partes en el estadio inferior de la segunda. Es la forma de familia característica de la barbarie, como el matrimonio por grupos lo es del salvajismo, y la monogamia lo es de la civilización. Para que la familia sindiásmica evolucione hasta llegar a una monogamia estable fueron menester causas diversas de aquéllas cuya acción hemos estudiado hasta aquí. En la familia sindiásmica el grupo había quedado ya reducido a su última unidad, a su molécula biatómica: a un hombre y una mujer. La selección natural había realizado su obra reduciendo cada vez más la comunidad de los matrimonios, nada le quedaba ya que hacer en este sentido. Por tanto, si no hubieran entrado en juego nuevas fuerzas impulsivas de orden social, no hubiese habido ninguna razón para que de la familia sindiásmica naciera otra nueva forma de familia. Pero entraron en juego esas fuerzas impulsivas. Abandonemos ahora América, tierra clásica de la familia sindiásmica. Ningún indicio permite afirmar que en ella se halla desarrollado una forma de familia más perfecta, que haya existido allí una monogamia estable en ningún tiempo antes del descubrimiento y de la conquista. Lo contrario sucedió en el viejo mundo. Aquí la domesticación de los animales y la cría de ganado habían abierto manantiales de riqueza desconocidos hasta entonces, creando relaciones sociales enteramente nuevas. Hasta el estadio inferior de la barbarie, la riqueza duradera se limitaba poco más o menos a la habitación, los vestidos, adornos primitivos y los enseres necesarios para obtener y preparar los alimentos: la barca, las armas, los utensilios caseros más sencillos. El alimento debía ser conseguido cada día nuevamente. Ahora, con sus manadas de caballos, camellos, asnos, bueyes, carneros, cabras y cerdos, los pueblos pastores, que iban ganando terreno (los arios en el País de los Cinco Ríos y en el valle del Ganges, así como en las estepas del Oxus y el Jaxartes, a la sazón mucho más espléndidamente irrigadas, y los semitas en el Eufrates y el Tigris), habían adquirido riquezas que sólo necesitaban vigilancia y los cuidados más primitivos para reproducirse en una proporción cada vez mayor y suministrar abundantísima alimentación en carne y leche. Desde entonces fueron relegados a segundo plano todos los medios con anterioridad empleados; la caza que en otros tiempos era una necesidad, se trocó en un lujo. Pero ¿a quién pertenecía aquella nueva riqueza? No cabe duda alguna de que, en su origen, a la gens. Pero muy pronto debió de desarrollarse la propiedad privada de los rebaños. Es difícil decir si el autor de lo que se llama el primer libro de Moisés consideraba al patriarca Abraham propietario de sus rebaños por derecho propio, como jefe de una comunidad familiar, o en virtud de su carácter de jefe hereditario de una gens. Sea como fuere, lo cierto es que no debemos imaginárnoslo como propietario, en el sentido moderno de la palabra. También es indudable que en los umbrales de la historia auténtica encontramos ya en todas partes los rebaños como propiedad particular de los jefes de familia, con el mismo título que los productos del arte de la barbarie, los enseres de metal, los objetos de lujo y, finalmente, el ganado humano, los esclavos. La esclavitud había sido ya inventada. El esclavo no tenía valor ninguno para los bárbaros del estadio inferior. Por eso los indios americanos obraban con sus enemigos vencidos de una manera muy diferente de como se hizo en el estadio superior. Los hombres eran muertos o los adoptaba como hermanos la tribu vencedora; las mujeres eran tomadas como esposas o adoptadas, con sus hijos supervivientes, de cualquier otra forma. En este estadio, la fuerza de trabajo del hombre no produce aún excedente apreciable sobre sus gastos de mantenimiento. Pero al introducirse la cría de ganado, la elaboración de los metales, el arte del tejido, y, por último, la agricultura, las cosas tomaron otro aspecto. Sobre todo desde que los rebaños pasaron definitivamente a ser propiedad de la familia, con la fuerza de trabajo pasó lo mismo que había pasado con las mujeres, tan fáciles antes de adquirir y que ahora tenían ya su valor de cambio y se compraban. La familia no se multiplicaba con tanta rapidez como el ganado. Ahora se necesitaban más personas para la custodia de éste; podía utilizarse para ello el prisionero de guerra, que además podía multiplicarse, lo mismo que el ganado.

 

Convertidas todas estas riquezas en propiedad particular de las familias, y aumentadas después rápidamente, asestaron un duro golpe a la sociedad fundada en el matrimonio sindiásmico y en la gens basada en el matriarcado. El matrimonio sindiásmico había introducido en la familia un elemento nuevo. Junto a la verdadera madre había puesto le verdadero padre, probablemente mucho más auténtico que muchos «padres» de nuestros días. Con arreglo a la división del trabajo en la familia de entonces, correspondía al hombre procurar la alimentación y los instrumentos de trabajo necesarios para ello; consiguientemente, era, por derecho, el propietario de dichos instrumentos y en caso de separación se los llevaba consigo, de igual manera que la mujer conservaba sus enseres domésticos. Por tanto, según las costumbres de aquella sociedad, el hombre era igualmente propietario del nuevo manantial de alimentación, el ganado, y más adelante, del nuevo instrumento de trabajo, el esclavo. Pero según la usanza de aquella misma sociedad, sus hijos no podían heredar de él, porque, en cuanto a este punto, las cosas eran como sigue. Con arreglo al derecho materno, es decir, mientras la descendencia sólo se contaba por línea femenina, y según la primitiva ley de herencia imperante en la gens, los miembros de ésta heredaban al principio de su pariente gentil fenecido. Sus bienes debían quedar, pues, en la gens. Por efecto de su poca importancia, estos bienes pasaban en la práctica, desde los tiempos más remotos, a los parientes más próximos, es decir, a los consanguíneos por línea materna. Pero los hijos del difunto no pertenecían a su gens, sino a la de la madre; al principio heredaban de la madre, con los demás consanguíneos de ésta; luego, probablemente fueran sus primeros herederos, pero no podían serlo de su padre, porque no pertenecían a su gens, en la cual debían quedar sus bienes. Así, a la muerte del propietario de rebaños, éstos pasaban en primer término a sus hermanos y hermanas y a los hijos de estos últimos o a los descendientes de las hermanas de su madre; en cuanto a sus propios hijos, se veían desheredados. Así, pues, las riquezas, a medida que iban en aumento, daban, por una parte, al hombre una posición más importante que a la mujer en la familia y, por otra parte, hacían que naciera en él la idea de valerse de esta ventaja para modificar en provecho de sus hijos el orden de herencia establecido. Pero esto no podía hacerse mientras permaneciera vigente la filiación según el derecho materno. Éste tenía que ser abolido, y lo fue. Ello no resultó tan difícil como hoy nos parece. Aquella revolución —una de las más profundas que la humanidad ha conocido— no tuvo necesidad de tocar ni a uno solo de los miembros vivos de la gens. Todos los miembros de ésta pudieron seguir siendo lo que hasta entonces habían sido. Bastó decidir sencillamente que en lo venidero los descendientes de un miembro masculino permanecerían en la gens, pero los de un miembro femenino saldrían de ella, pasando a la gens de su padre. Así quedaron abolidos al filiación femenina y el derecho hereditario materno, sustituyéndolos la filiación masculina y el derecho hereditario paterno. Nada sabemos respecto a cómo y cuando se produjo esta revolución en los pueblos cultos, pues se remonta a los tiempos prehistóricos. Pero los datos reunidos, sobre todo por Bachofen, acerca de los numerosos vestigios del derecho materno, demuestran plenamente que esa revolución se produjo; y con qué facilidad se verifica, lo vemos en muchas tribus indias donde acaba de efectuarse o se está efectuando, en parte por influjo del incremento de las riquezas y el cambio de género de vida (emigración desde los bosques a las praderas), y en parte por la influencia moral de la civilización y de los misioneros. De ocho tribus del Misurí, en seis rigen la filiación y el orden de herencia masculinos, y en otras dos, los femeninos. Entre los schawnees, los miamíes y los delawares se ha introducido la costumbre de dar a los hijos un nombre perteneciente a la gens paterna, para hacerlos pasar a ésta con el fin de que puedan heredar de su padre. «Casuística innata en los hombres la de cambiar las cosas cambiando sus nombres y hallar salidas para romper con la tradición, sin salirse de ella, en todas partes donde un interés directo da el impulso suficiente para ello» (Marx). Resultó de ahí una espantosa confusión, la cual sólo podía remediarse y fue en parte remediada con el paso al patriarcado. «Esta parece ser la transición más natural» (Marx). Acerca de lo que los especialistas en Derecho comparado pueden decirnos sobre el modo en que se operó esta transición en los pueblos civilizados del Mundo Antiguo —casi todo son hipótesis—, véase Kovalevski, Cuadro de los orígenes y de la evolución de la familia y de la propiedad, Estocolmo 1890. El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción. Esta baja condición de la mujer, que se manifiesta sobre todo entre los griegos de los tiempos heroicos, y más aún en los de los tiempos clásicos, ha sido gradualmente retocada, disimulada y, en ciertos sitios, hasta revestida de formas más suaves, pero no, ni mucho menos, abolida. El primer efecto del poder exclusivo de los hombres, desde el punto y hora en que se fundó, lo observamos en la forma intermedia de la familia patriarcal, que surgió en aquel momento. Lo que caracteriza, sobre todo, a esta familia no es la poligamia, de la cual hablaremos luego, sino la «organización de cierto número de individuos, libres y no libres, en una familia sometida al poder paterno del jefe de ésta. En la forma semítica, ese jefe de familia vive en plena poligamia, los esclavos tienen una mujer e hijos, y el objetivo de la organización entera es cuidar del ganado en un área determinada»[18] . Los rasgos esenciales son la incorporación de los esclavos y la potestad paterna; por eso, la familia romana es el tipo perfecto de esta forma de familia. En su origen, la palabra familia no significa el ideal, mezcla de sentimentalismos y de disensiones domésticas, del filisteo de nuestra época; al principio, entre los romanos, ni siquiera se aplica a la pareja conyugal y a sus hijos, sino tan sólo a los esclavos. Famulus quiere decir esclavo doméstico, y familia es el conjunto de los esclavos pertenecientes a un mismo hombre. En tiempos de Gayo la familia, id es patrimonium (es decir, herencia), se transmitía aún por testamento. Esta expresión la inventaron los romanos para designar un nuevo organismo social, cuyo jefe tenía bajo su poder a la mujer, a los hijos y a cierto número de esclavos, con la patria potestad romana y el derecho de vida y muerte sobre todos ellos. «La palabra no es, pues, más antigua que el férreo sistema de familia de las tribus latinas, que nació al introducirse la agricultura y la esclavitud legal y después de la escisión entre los itálicos arios y los griegos»[19] . Y añade Marx: «La familia moderna contiene en germen, no sólo la esclavitud (servitus), sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura. Encierra, in miniature, todos los antagonismos que se desarrollan más adelante en la sociedad y en su Estado». Esta forma de familia señala el tránsito del matrimonio sindiásmico a la monogamia. Para asegurar la fidelidad de la mujer y, por consiguiente, la paternidad de los hijos, aquélla es entregada sin reservas al poder del hombre: cuando éste la mata, no hace más que ejercer su derecho. Con la familia patriarcal entramos en los dominios de la historia escrita, donde la ciencia del Derecho comparado nos puede prestar gran auxilio. Y en efecto, esta ciencia nos ha permitido aquí hacer importantes progresos. A Máximo Kovalevski debemos la idea de que la comunidad familiar patriarcal (patriarchalische Hausgenossenschaft), según existe aún entre los servios y los búlgaros con el nombre de zádruga (que puede traducirse poco más o menos como confraternidad) o bratstwo (fraternidad)), y bajo una forma modificada entre los orientales, ha constituido el estadio de transición entre la familia de derecho materno, fruto del matrimonio por grupos, y la monogamia moderna. Esto parece probado, por lo menos respecto a los pueblos civilizados del Mundo Antiguo, los arios y los semitas. La zádruga de los sudeslavos constituye el mejor ejemplo, existente aún, de una comunidad familiar de esta clase. Abarca muchas generaciones de descendientes de un mismo padre, los cuales viven juntos, con sus mujeres, bajo el mismo techo; cultivan sus tierras en común, se alimentan y se visten de un fondo común y poseen en común el sobrante de los productos. La comunidad está sujeta a la administración superior del dueño de la casa (domýcin), quien la representa ante el mundo exterior, tiene el derecho de enajenar las cosas de valor mínimo, lleva la caja y es responsable de ésta, lo mismo que de la buena marcha de toda la hacienda. Es elegido, y no necesita para ello ser el de más edad. Las mujeres y su trabajo están bajo la dirección de la dueña de la casa (domýcica), que suele ser la mujer del domýcin. Ésta tiene también voz, a menudo decisiva, cuando se trata de elegir marido para las mujeres solteras. Pero el poder supremo pertenece al consejo de familia, a la asamblea de todos los adultos de la comunidad, hombres y mujeres. Ante esa asamblea rinde cuentas el domýcin, ella es quien resuelve las cuestiones de importancia, administra justicia entre todos los miembros de la comunidad, decide las compras o ventas más importantes, sobre todo de tierras, etc. No hace más de diez años que se ha probado la existencia en Rusia[20] de grandes comunidades familiares de esta especie; hoy todo el mundo reconoce que tienen en las costumbres populares rusas raíces tan ondas como la obschina, o comunidad rural. Figuran en el más antiguo código ruso —la Pravda de Yaroslav—, con el mismo nombre (verv) que en las leyes de Dalmacia[21]; en las fuentes históricas polacas y checas también podemos encontrar referencias al respecto. También entre los germanos, según Heusler (Instituciones del Derecho alemán), la unidad económica primitiva no es la familia aislada en el sentido moderno de la palabra, sino una comunidad familiar (Hausgenossenschaft) que se compone de muchas generaciones con sus respectivas familias y que además encierra muy a menudo individuos no libres. La familia romana se refiere igualmente a este tipo, y, debido a ello, el poder absoluto del padre sobre los demás miembros de la familia, por supuesto privados enteramente de derechos respecto a él, se ha puesto muy en duda recientemente. Comunidades familiares del mismo género han debido de existir entre los celtas de Irlanda; en Francia, se han mantenido en el Nivernesado con el nombre de parçonneries hasta la Revolución, y no se han extinguido aún en el Franco-Condado. En los alrededores de Louans (Saona y Loira) se ven grandes caserones de labriegos, con una sala común central muy alta, que llega hasta el caballete del tejado; alrededor se encuentran los dormitorios, a los cuales se sube por unas escalerillas de seis u ocho peldaños; habitan en esas casas varias generaciones de la misma familia. La comunidad familiar, con cultivo del suelo en común, se menciona ya en la India por Nearco, en tiempo de Alejandro Magno, y aún subsiste en el Penyab y en todo el noroeste del país. El mismo Kovalevski ha podido encontrarla en el Cáucaso. En Argelia existe aún en las cábilas. Ha debido hallarse hasta en América, donde se cree descubrirla en las «calpullis» [22] descritas por Zurita en el antiguo México; por el contrario, Cunow (Ausland[23], 1890, números 42-44) ha demostrado de una manera bastante clara que en la época de la conquista existía en el Perú una especie de marca (que, cosa extraña, también se llamaba allí marca), con reparto periódico de las tierras cultivadas y, por consiguiente, con cultivo individual. En todo caso, la comunidad familiar patriarcal, con posesión y cultivo del suelo en común, adquiere ahora una significación muy diferente de la que tenía antes. Ya no podemos dudar del gran papel transicional que desempeñó entre los civilizados y otros pueblos de la antigüedad en el período entre la familia de derecho materno y la familia monógama. Más adelante hablaremos de otra cuestión sacada por Kovalevski, a saber: que la comunidad familiar fue igualmente el estadio transitorio de donde salió la comunidad rural o la marca, con cultivo individual del suelo y reparto al principio periódico y después definitivo de los campos y pastos. Respecto a la vida de familia en el seno de estas comunidades familiares, debe hacerse notar que, por lo menos en Rusia, los amos de casa tienen la fama de abusar mucho de su situación en lo que respecta a las mujeres más jóvenes de la comunidad, principalmente a sus nueras, con las que forman a menudo un harén; las canciones populares rusas son harto elocuentes a este respecto. Antes de pasar a la monogamia, a la cual da rápido desarrollo el derrumbamiento del matriarcado, digamos algunas palabras de la poligamia y de la poliandria. Estas dos formas de matrimonio sólo pueden ser excepciones, artículos de lujo de la historia, digámoslo así, de no ser que se presenten simultáneamente en un mismo país, lo cual, como sabemos, no se produce. Pues bien; como los hombres excluidos de la poligamia no podían consolarse con las mujeres dejadas en libertad por la poliandria, y como el número de hombres y mujeres, independientemente de las instituciones sociales, ha seguido siendo casi igual hasta ahora, ninguna de estas formas de matrimonio fue generalmente admitida. De hecho, la poligamia de un hombre era, evidentemente, un producto de la esclavitud, y se limitaba a las gentes de posición elevada. En la familia patriarcal semítica, el patriarca mismo y, a lo sumo, algunos de sus hijos viven como polígamos; los demás, se ven obligados a contentarse con una mujer. Así sucede hoy aún en todo el Oriente: la poligamia es un privilegio de los ricos y de los grandes, y las mujeres son reclutadas, sobre todo, por la compra de esclavas; la masa del pueblo es monógama. Una excepción parecida es la poliandria en la India y en el Tibet, nacida del matrimonio por grupos, y cuyo interesante origen queda por estudiar más a fondo. En la práctica, parece mucho más tolerante que el celoso régimen del harén musulmán. Entre los naires de la India, por lo menos, tres, cuatro o más hombres, tienen una mujer común; pero cada uno de ellos puede tener, en unión con otros hombres, una segunda, una tercera, una cuarta mujer, y así sucesivamente. Asombra que MacLennan, al describirlos, no haya descubierto una nueva categoría de matrimonio — el matrimonio en club— en estos clubs conyugales, de varios de los cuales puede formar parte el hombre. Por supuesto, el sistema de clubs conyugales no tiene que ver con la poliandria efectiva; por el contrario, según lo ha hecho notar ya Giraud-Teulon, es una forma particular (spezialisierte) del matrimonio por grupos: los hombres viven en la poligamia, y las mujeres en la poliandria.

 

Y otra vez desde la mirada materialista se pierde el hecho de que  el paso del matriarcado al patriarcado es un paso espiritual se deja de lado lo real imaginario para pasar a lo real simbólico y el símbolo es simbiosis con una conciencia superior los gens de animales dan paso a gens antropomórficos hasta llegar a una religión revelada más allá  de toda representación, donde se abandona la transferencia de la voluntad de poder para pasar a una transferencia de la voluntad de ser, que legitime la transferencia de la voluntad de poder, henos dicho que hay una transferencia patente y una patente pero   lo patentes siempre será lo material, cuando se pasa a lo espiritual esa espiritualidad debe de materializarce y la materialidad queda como implícita como escondida en lo latente lo que se exhibe es el rito, la transferencia religiosa donde el gran tótem nos bendice.

 

4.       La familia monogámica. Nace de la familia sindiásmica, según hemos indicado, en el período de la transición entre el estadio medio y el estadio superior de la barbarie; su triunfo definitivo es uno de los síntomas de la civilización naciente. Se funda en el predominio del hombre; su fin expreso es el de procrear hijos cuya paternidad sea indiscutible; y esta paternidad indiscutible se exige porque los hijos, en calidad de herederos directos, han de entrar un día en posesión de los bienes de su padre. La familia monogámica se diferencia del matrimonio sindiásmico por una solidez mucho más grande de los lazos conyugales, que ya no pueden ser disueltos por deseo de cualquiera de las partes. Ahora, sólo el hombre, como regla, puede romper estos lazos y repudiar a su mujer. También se le otorga el derecho de infidelidad conyugal, sancionado, al menos, por la costumbre (el Código de Napoleón se lo concede expresamente, mientras no tenga la concubina en el domicilio conyugal[24]), y este derecho se ejerce cada vez más ampliamente, a medida que progresa la evolución social. Si la mujer se acuerda de las antiguas prácticas sexuales y quiere renovarlas, es castigada más rigurosamente que en ninguna época anterior. Entre los griegos encontramos en toda su severidad la nueva forma de la familia. Mientras que, como señala Marx, la situación de las diosas en la mitología nos habla de un período anterior, en que las mujeres ocupaban todavía una posición más libre y más estimada, en los tiempos heroicos vemos ya a la mujer humillada por el predominio del hombre y la competencia de las esclavas. Léase en la Odisea cómo Telémaco interrumpe a su madre y le impone silencio[25]. En Homero, los vencedores aplacan sus apetitos sexuales en las jóvenes capturadas; los jefes elegían para sí, por turno y conforme a su categoría, las más hermosas; sabido es que la Iliada entera gira en torno a la disputa sostenida entre Aquiles y Agamenón a causa de una esclava. Junto a cada héroe, más o menos importante, Homero habla de la joven cautiva con la cual comparte su tienda y su lecho. Esas mujeres eran también conducidas al país nativo de los héroes, a la casa conyugal, como hizo Agamenón con Casandra[26], en Esquilo; los hijos nacidos de esas esclavas reciben una pequeña parte de la herencia paterna y son considerados como hombres libres; así, Teucro es hijo natural de Telamón, y tiene derecho a llevar el nombre de su padre. En cuanto a la mujer legítima, se exige de ella que tolere todo esto y, a la vez, guarde una castidad y una fidelidad conyugal rigurosas. Cierto es que la mujer griega de la época heroica es más respetada que la del período civilizado; sin embargo, para el hombre no es, en fin de cuentas, más que la madre de sus hijos legítimos, sus herederos, la que gobierna la casa y vigila a las esclavas, de quienes él tiene derecho a hacer, y hace, concubinas siempre que se le antoje. La existencia de la esclavitud junto a la monogamia, la presencia de jóvenes y  bellas cautivas que pertenecen en cuerpo y alma al hombre, es lo que imprime desde su origen un carácter específico a la monogamia, que sólo es monogamia para la mujer, y no para el hombre. En la actualidad, conserva todavía este carácter. En cuanto a los griegos de una época más reciente, debemos distinguir entre los dorios y los jonios. Los primeros, de los cuales Esparta es el ejemplo clásico, se encuentran desde muchos puntos de vista en relaciones conyugales mucho más primitivas que las pintadas de Homero. En Esparta existe un matrimonio sindiásmico modificado por el Estado conforme a las concepciones dominantes allí y que conserva muchos vestigios del matrimonio por grupos. Las uniones estériles se rompen: el rey Anaxándrides (hacia el año 560 antes de nuestra era) tomó una segunda mujer, sin dejar a la primera, que era estéril, y sostenía dos domicilios conyugales; hacia la misma época, teniendo el rey Aristón dos mujeres sin hijos, tomó otra, pero despidió a una de las dos primeras. Además, varios hermanos podían tener una mujer común; el hombre que prefería la mujer de su amigo podía participar de ella con éste; y se estimaba decoroso poner la mujer propia a disposición de «un buen semental» (como diría Bismarck), aun cuando no fuese un conciudadano. De un pasaje de Plutarco en que una espartana envía a su marido un pretendiente que la persigue con sus proposiciones, puede incluso deducirse, según Schömann, una libertad de costumbres aún más grande. Por esta razón, era cosa inaudita el adulterio efectivo, la infidelidad de la mujer a espaldas de su marido. Por otra parte, la esclavitud doméstica era desconocida en Esparta, por lo menos en su mejor época; los ilotas siervos vivían aparte, en las tierras de sus señores, y, por consiguiente, entre los espartanos[27] era menor la tentación de solazarse con sus mujeres. Por todas estas razones, las mujeres tenían en Esparta una posición mucho más respetada que entre los otros griegos. Las casadas espartanas y la flor y nata de las hetairas atenienses son las únicas mujeres de quienes hablan con respeto los antiguos, y de las cuales se tomaron el trabajo de recoger los dichos. Otra cosa muy diferente era lo que pasaba entre los jonios, para los cuales es característico el régimen de Atenas. Las doncellas no aprendían sino a hilar, tejer y coser, a lo sumo a leer y escribir. Prácticamente eran cautivas y sólo tenían trato con otras mujeres. Su habitación era un aposento separado, sito en el piso alto o detrás de la casa; los hombres, sobre todo los extraños, no entraban fácilmente allí, adonde las mujeres se retiraban en cuanto llegaba algún visitante. Las mujeres no salían sin que las acompañase una esclava; dentro de la casa se veían, literalmente, sometidas a vigilancia; Aristófanes habla de perros molosos para espantar a los adúlteros[28], y en las ciudades asiáticas para vigilar a las mujeres había eunucos, que desde los tiempos de Herodoto se fabricaban en Quios para comerciar con ellos y que no sólo servían a los bárbaros, si hemos de creer a Wachsmuth. En Eurípides se designa a la mujer como un oikurema[29], como algo destinado a cuidar del hogar doméstico (la palabra es neutra), y, fuera de la procreación de los hijos, no era para el ateniense sino la criada principal. El hombre tenía sus ejercicios gimnásticos y sus discusiones públicas, cosas de las que estaba excluida la mujer; además solía tener esclavas a su disposición, y, en la época floreciente de Atenas, una prostitución muy extensa y protegida, en todo caso, por el Estado. Precisamente, sobre la base de esa prostitución se desarrollaron las mujeres griegas que sobresalen del nivel general de la mujer del mundo antiguo por su ingenio y su gusto artístico, lo mismo que las espartanas sobresalen por su carácter. Pero el hecho de que para convertirse en mujer fuese preciso ser antes hetaira, es la condenación más severa de la familia ateniense. Con el transcurso del tiempo, esa familia ateniense llegó a ser el tipo por el cual modelaron sus relaciones domésticas, no sólo el resto de los jonios, sino también todos los griegos de la metrópoli y de las colonias. Sin embargo, a pesar del secuestro y de la vigilancia, las griegas hallaban harto a menudo ocasiones para engañar a sus maridos. Éstos, que se hubieran ruborizado de mostrar el más pequeño amor a sus mujeres, se recreaban con las hetairas en toda clase de galanterías; pero el envilecimiento de las mujeres se vengó en los hombres y los envileció a su vez, llevándoles hasta las repugnantes prácticas de la pederastia y a deshonrar a sus dioses y a sí mismos, con el mito de Ganímedes. Tal fue el origen de la monogamia, según hemos podido seguirla en el pueblo más culto y más desarrollado de la antigüedad. De ninguna manera fue fruto del amor sexual individual, con el que no tenía nada en común, siendo el cálculo, ahora como antes, el móvil de los matrimonios. Fue la primera forma de familia que no se basaba en condiciones naturales, sino económicas, y concretamente en el triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva, originada espontáneamente. Preponderancia del hombre en la familia y procreación de hijos que sólo pudieran ser de él y destinados a heredarle: tales fueron, abiertamente proclamados por los griegos, los únicos objetivos de la monogamia. Por lo demás, el matrimonio era para ellos una carga, un deber para con los dioses, el Estado y sus propios antecesores, deber que se veían obligados a cumplir. En Atenas, la ley no sólo imponía el matrimonio, sino que, además, obligaba al marido a cumplir un mínimum determinado de lo que se llama deberes conyugales. Por tanto, la monogamia no aparece de ninguna manera en la historia como una reconciliación entre el hombre y la mujer, y menos aún como la forma más elevada de matrimonio. Por el contrario, entra en escena bajo la forma del esclavizamiento de un sexo por el otro, como la proclamación de un conflicto entre los sexos, desconocido hasta entonces en la prehistoria. En un viejo manuscrito inédito, redactado en 1846 por Marx y por mí[30], encuentro esta frase: «La primera división del trabajo es la que se hizo entre el hombre y la mujer para la procreación de hijos». Y hoy puedo añadir: el primer antagonismo de clases que apareció en la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer en la monogamia; y la primera opresión de clases, con la del sexo femenino por el masculino. La monogamia fue un gran progreso histórico, pero al mismo tiempo inaugura, juntamente con la esclavitud y con las riquezas privadas, aquella época que dura hasta nuestros días y en la cual cada progreso es al mismo tiempo un regreso relativo y el bienestar y el desarrollo de unos verifícanse a expensas del dolor y de la represión de otros. La monogamia es la forma celular de la sociedad civilizada, en la cual podemos estudiar ya la naturaleza de las contradicciones y de los antagonismos que alcanzan su pleno desarrollo en esta sociedad. La antigua libertad relativa de comercio sexual no desapareció del todo con el triunfo del matrimonio sindiásmico, ni aún con el de la monogamia. «El antiguo sistema conyugal, reducido a más estrechos límites por la gradual desaparición de los grupos punalúas, seguía siendo el medio en que se desenvolvía la familia, cuyo desarrollo frenó hasta los albores de la civilización…; desapareció, por fin, con la nueva forma del heterismo, que sigue al género humano hasta en plena civilización como una negra sombra que se cierne sobre la familia». Morgan entiende por heterismo el comercio extraconyugal, existente junto a la monogamia, de los hombres con mujeres no casadas, comercio carnal que, como se sabe, florece junto a las formas más diversas durante todo el período de la civilización y se transforma cada vez más en descarada prostitución. Este heterismo desciende en línea recta del matrimonio por grupos, del sacrificio de su persona, mediante el cual adquirían las mujeres para sí el derecho a la castidad. La entrega por dinero fue al principio un acto religioso; practicábase en el templo de la diosa del amor, y primitivamente el dinero ingresaba en las arcas del templo. Las hieródulas[31] de Anaitis en Armenia, de Afrodita en Corinto, lo mismo que las bailarinas religiosas agregadas a los templos de la India, que se conocen con el nombre de bayaderas (la palabra es una corrupción del portugués bailaderia), fueron las primeras prostitutas. El sacrificio de entregarse, deber de todas las mujeres en un principio, no fue ejercido más tarde sino por éstas sacerdotisas, en remplazo de todas las demás. En otros pueblos, el heterismo proviene de la libertad sexual concedida a las jóvenes antes del matrimonio; así, pues, es también un resto del matrimonio por grupos, pero que ha llegado hasta nosotros por otro camino. Con la diferenciación en la propiedad, es decir, ya en el estadio superior de la barbarie, aparece esporádicamente el trabajo asalariado junto al trabajo de los esclavos; y al mismo tiempo, como un correlativo necesario de aquél, la prostitución profesional de las mujeres libres aparece junto a la entrega forzada de las esclavas. Así, pues, la herencia que el matrimonio por grupos legó a la civilización es doble, y todo lo que la civilización produce es también doble, ambiguo, equívoco, contradictorio; por un lado, la monogamia, y por el otro, el heterismo, comprendida su forma extremada, la prostitución. El heterismo es una institución social como otra cualquiera y mantiene la antigua libertad sexual… en provecho de los hombres. De hecho no sólo tolerado, sino practicado libremente, sobre todo por las clases dominantes, repruébase la palabra. Pero en realidad, esta reprobación nunca va dirigida contra los hombres que lo practican, sino solamente contra las mujeres; a éstas se las desprecia y se las rechaza, para proclamar con eso una vez más, como ley fundamental de la sociedad, la supremacía absoluta del hombre sobre el sexo femenino. Pero, en la monogamia misma se desenvuelve una segunda contradicción. Junto al marido, que ameniza su existencia con el heterismo, se encuentra la mujer abandonada. Y no puede existir un término de una contradicción sin que exista el otro, como no se puede tener en la mano una manzana entera después de haberse comido la mitad. Sin embargo, ésta parece haber sido la opinión de los hombres hasta que la mujeres les pusieron otra cosa en la cabeza. Con la monogamia aparecieron dos figuras sociales, constantes y características, desconocidas hasta entonces: el inevitable amante de la mujer y el marido cornudo. Los hombres habían logrado la victoria sobre las mujeres, pero las vencidas se encargaron generosamente de coronar a los vencedores. El adulterio, prohibido y castigado rigurosamente, pero indestructible, llegó a ser una institución social irremediable, junto a la monogamia y al heterismo. En el mejor de los casos, la certeza de la paternidad de los hijos se basaba ahora, como antes, en el convencimiento moral, y para resolver la indisoluble contradicción, el Código de Napoleón dispuso en su Artículo 312: «L’enfant conçu pendant le mariage a pour père le mari» («El hijo concebido durante el matrimonio tiene por padre al marido»). Éste es el resultado final de tres mil años de monogamia. Así, pues, en los casos en que la familia monogámica refleja fielmente su origen histórico y manifiesta con claridad el conflicto entre el hombre y la mujer, originado por el dominio exclusivo del primero, tenemos un cuadro en miniatura de las contradicciones y de los antagonismos en medio de los cuales se mueve la sociedad, dividida en clases desde la civilización, sin poder resolverlos ni vencerlos. Naturalmente, sólo hablo aquí de los casos de monogamia en que la vida conyugal transcurre con arreglo a las prescripciones del carácter original de esta institución, pero en que la mujer se rebela contra el dominio del hombre. Que no en todos los matrimonios ocurre así lo sabe mejor que nadie el filisteo alemán, que no sabe mandar ni en su casa ni en el Estado, y cuya mujer lleva con pleno derecho los pantalones de que él no es digno. Mas no por eso deja de creerse muy superior a su compañero de infortunios francés, a quien con mayor frecuencia que a él mismo le suceden cosas mucho más desagradables. Por supuesto, la familia monogámica no ha revestido en todos los lugares y tiempos la forma clásica y dura que tuvo entre los griegos. La mujer era más libre y más considerada entre los romanos, quienes en su calidad de futuros conquistadores del mundo tenían de las cosas un concepto más amplio, aunque menos refinado que los griegos. El romano creía suficientemente garantizada la fidelidad de su mujer por el derecho de vida y muerte que sobre ella tenía. Además, la mujer podía allí romper el vínculo matrimonial a su arbitrio, lo mismo que el hombre. Pero el mayor progreso en el desenvolvimiento de la monogamia se realizó, indudablemente, con la entrada de los germanos en la historia, y fue así porque, dada su pobreza, parece que por el entonces la monogamia aún no se había desarrollado plenamente entre ellos a partir del matrimonio sindiásmico. Sacamos esta conclusión basándonos en tres circunstancias mencionadas por Tácito: en primer lugar, junto con la santidad del matrimonio («se contentan con una sola mujer, y las mujeres viven cercadas por su pudor»), la poligamia estaba en vigor para los grandes y los jefes de la tribu. Es ésta una situación análoga a la de los americanos, entre quienes existía el matrimonio sindiásmico. En segundo término, la transición del derecho materno al derecho paterno no había debido de realizarse sino poco antes, puesto que el hermano de la madre —el pariente gentil más próximo, según el matriarcado— casi era tenido como un pariente más próximo que el propio padre, lo que también corresponde al punto de vista de los indios americanos, entre los cuales Marx, como solía decir, había encontrado la clave para comprender nuestro propio pasado. Y en tercer lugar, entre los germanos las mujeres gozaban de suma consideración y ejercían una gran influencia hasta en los asuntos públicos, lo cual es diametralmente opuesto a la supremacía masculina de la monogamia. Todos éstos son puntos en los cuales los germanos están casi por completo de acuerdo con los espartanos, entre quienes tampoco había desaparecido del todo el matriarcado sindiásmico, según hemos visto. Así, pues, también desde este punto de vista llegaba con los germanos un elemento enteramente nuevo que dominó en todo el mundo. La nueva monogamia que entre las ruinas del mundo romano salió de la mezcla de los pueblos, revistió la supremacía masculina de formas más suaves y dio a las mujeres una posición mucho más considerada y más libre, por lo menos aparentemente, de lo que nunca había conocido la edad clásica. Gracias a eso fue posible, partiendo de la monogamia —en su seno, junto a ella y contra ella, según las circunstancias—, el progreso moral más grande que le debemos: el amor sexual individual moderno, desconocido anteriormente en el mundo. Pues bien; este progreso se debía con toda seguridad a la circunstancia de que los germanos vivían aún bajo el régimen de la familia sindiásmica, y de que llevaron a la monogamia, en cuanto les fue posible, la posición de la mujer correspondiente a la familia sindiásmica; pero no se debía de ningún modo este progreso a la legendaria y maravillosa pureza de costumbres ingénita en los germanos, que en realidad se reduce a que en el matrimonio sindiásmico no se observan las agudas contradicciones morales propias de la monogamia. Por el contrario, en sus emigraciones, particularmente al Sudeste, hacia las estepas del Mar Negro, pobladas por nómadas, los germanos decayeron profundamente desde el punto de vista moral y tomaron de los nómadas, además del arte de la equitación, feos vicios contranaturales, acerca de lo cual tenemos los expresos testimonios de Amiano acerca de los taifalienses y el Procopio respecto a los hérulos. Pero si la monogamia fue, de todas las formas de familia conocidas, la única en que pudo desarrollarse el amor sexual moderno, eso no quiere decir de ningún modo que se desarrollase exclusivamente, y ni aún de una manera preponderante, como amor mutuo de los cónyuges. Lo excluye la propia naturaleza de la monogamia sólida, basada en la supremacía del hombre. En todas las clases históricas activas, es decir, en todas las clases dominantes, el matrimonio siguió siendo lo que había sido desde el matrimonio sindiásmico: un trato cerrado por los padres. La primera forma del amor sexual aparecida en la historia, el amor sexual como pasión, y por cierto como pasión posible para cualquier hombre (por lo menos, de las clases dominantes), como pasión que es la forma superior de la atracción sexual (lo que constituye precisamente su carácter específico), esa primera forma, el amor caballeresco de la Edad Media, no fue, de ningún modo, amor conyugal. Muy por el contrario, en su forma clásica, entre los provenzales, marcha a toda vela hacia el adulterio, que es cantado por sus poetas. La flor de la poesía amorosa provenzal son las Albas, en alemán Tagelieder (cantos de la alborada). Pintan con encendidos ardores cómo el caballero comparte el lecho de su amada, la mujer de otro, mientras en la calle está apostado un vigilante que lo llama apenas clarea el alba, para que pueda escapar sin ser visto; la escena de la separación es el punto culminante del poema. Los franceses del Norte y nuestros valientes alemanes adoptaron este género de poesías, al mismo tiempo que la manera caballeresca de amor correspondiente a él, y nuestro antiguo Wolfram von Echenbach dejó sobre este sugestivo tema tres encantadores Tagelieder, que prefiero a sus tres largos poemas épicos. El matrimonio de la burguesía es de dos modos, en nuestros días. En los países católicos, ahora, como antes, los padres son quienes proporcionan al joven burgués la mujer que le conviene, de lo cual resulta naturalmente el más amplio desarrollo de la contradicción que encierra la monogamia; heterismo exuberante por parte del hombre y adulterio exuberante por parte de la mujer. Y si la Iglesia católica ha abolido el divorcio, es probable que sea porque habrá reconocido que para el adulterio, como contra la muerte, no hay remedio que valga. Por el contrario, en los países protestantes la regla general es conceder al hijo del burgués más o menos libertad para buscar mujer dentro de su clase; por ello el amor puede ser hasta cierto punto la base del matrimonio, y se supone siempre, para guardar las apariencias, que así es, lo que está muy en correspondencia con la hipocresía protestante. Aquí el marido no practica el heterismo tan enérgicamente, y la infidelidad de la mujer se da con menos frecuencia, pero como en todas clases de matrimonios los seres humanos siguen siendo lo que antes eran, y como los burgueses de los países protestantes son en su mayoría filisteos, esa monogamia protestante viene a parar, aun tomando el término medio de los mejores casos, en un aburrimiento mortal sufrido en común y que se llama felicidad doméstica. El mejor espejo de estos dos tipos de matrimonio es la novela: la novela francesa, para la manera católica; la novela alemana, para la protestante. En los dos casos, el hombre «consigue lo suyo»: en la novela alemana, el mozo logra a la joven; en la novela francesa, el marido obtiene su cornamenta. ¿Cuál de los dos sale peor librado? No siempre es posible decirlo. Por eso el aburrimiento de la novela alemana inspira a los lectores de la burguesía francesa el mismo horror que la «inmoralidad» de la novela francesa inspira al filisteo alemán. Sin embargo, en estos últimos tiempos, desde que «Berlín se está haciendo una gran capital», la novela alemana comienza a tratar algo menos tímidamente el heterismo y el adulterio, bien conocidos allí desde hace largo tiempo. Pero, en ambos casos, el matrimonio se funda en la posición social de los contrayentes y, por tanto, siempre es un matrimonio de conveniencia. También en los dos casos, este matrimonio de conveniencia se convierte a menudo en la más vil de las prostituciones, a veces por ambas partes, pero mucho más habitualmente en la mujer; ésta sólo se diferencia de la cortesana ordinaria en que no alquila su cuerpo a ratos como una asalariada, sino que lo vende de una vez para siempre, como una esclava. Y a todos los matrimonios de conveniencia les viene de molde la frase de Fourier: «Así como en gramática dos negaciones equivalen a una afirmación, de igual manera en la moral conyugal dos prostituciones equivalen a una virtud». En las relaciones con la mujer, el amor sexual no es ni puede ser, de hecho, una regla más que en las clases oprimidas, es decir, en nuestros días en el proletariado, estén o no estén autorizadas oficialmente esas relaciones. Pero también desaparecen en estos casos todos los fundamentos de la monogamia clásica. Aquí faltan por completo los bienes de fortuna, para cuya conservación y transmisión por herencia fueron instituidos precisamente la monogamia y el dominio del hombre; y, por ello, aquí también falta todo motivo para establecer la supremacía masculina. Más aún, faltan hasta los medios de conseguirlo: El Derecho burgués, que protege esta supremacía, sólo existe para las clases poseedoras y para regular las relaciones de estas clases con los proletarios. Eso cuesta dinero, y a causa de la pobreza del obrero, no desempeña ningún papel en la actitud de éste hacia su mujer. En este caso, el papel decisivo lo desempeñan otras relaciones personales y sociales. Además, sobre todo desde que la gran industria ha arrancado del hogar a la mujer para arrojarla al mercado del trabajo y a la fábrica, convirtiéndola bastante a menudo en el sostén de la casa, han quedado desprovistos de toda base los últimos restos de la supremacía del hombre en el hogar del proletario, excepto, quizás, cierta brutalidad para con sus mujeres, muy arraigada desde el establecimiento de la monogamia. Así, pues, la familia del proletario ya no es monogámica en el sentido estricto de la palabra, ni aun con el amor más apasionado y la más absoluta fidelidad de los cónyuges y a pesar de todas las bendiciones espirituales y temporales posibles. Por eso, el heterismo y el adulterio, los eternos compañeros de la monogamia, desempeñan aquí un papel casi nulo; la mujer ha reconquistado prácticamente el derecho de divorcio; y cuando ya no pueden entenderse, los esposos prefieren separarse. En resumen; el matrimonio proletario es monógamo en el sentido etimológico de la palabra, pero de ningún modo lo es en su sentido histórico. Por cierto, nuestros jurisconsultos estiman que el progreso de la legislación va quitando cada vez más a las mujeres todo motivo de queja. Los sistemas legislativos de los países civilizados modernos van reconociendo más y más, en primer lugar, que el matrimonio, para tener validez, debe ser un contrato libremente consentido por ambas partes, y en segundo lugar, que durante el período de convivencia matrimonial ambas partes deben tener los mismos derechos y los mismos deberes. Si estas dos condiciones se aplicaran con un espíritu de consecuencia, las mujeres gozarían de todo lo que pudieran apetecer. Esta argumentación típicamente jurídica es exactamente la misma de que se valen los republicanos radicales burgueses para disipar los recelos de los proletarios. El contrato de trabajo se supone contrato consentido libremente por ambas partes. Pero se considera libremente consentido desde el momento en que la ley estatuye en el papel la igualdad de ambas partes. La fuerza que la diferente situación de clase da a una de las partes, la presión que esta fuerza ejerce sobre la otra, la situación económica real de ambas; todo esto no le importa a la ley. Y mientras dura el contrato de trabajo, se sigue suponiendo que las dos partes disfrutan de iguales derechos, en tanto que una u otra no renuncien a ellos expresamente. Y si su situación económica concreta obliga al obrero a renunciar hasta a la última apariencia de igualdad de derechos, la ley de nuevo no tiene nada que ver con ello. Respecto al matrimonio, hasta la ley más progresiva se da enteramente por satisfecha desde el punto y hora en que los interesados han hecho inscribir formalmente en el acta su libre consentimiento. En cuanto a lo que pasa fuera de las bambalinas jurídicas, en la vida real, y a cómo se expresa ese consentimiento, no es ello cosa que pueda inquietar a la ley ni al legista. Y sin embargo, la más sencilla comparación del derecho de los distintos países debiera mostrar al jurisconsulto lo que representa ese libre consentimiento. En los países donde la ley asegura a los hijos la herencia de una parte de la fortuna paterna, y donde, por consiguiente, no pueden ser desheredados —en Alemania, en los países que siguen el Derecho francés, etc.—, los hijos necesitan el consentimiento de los padres para contraer matrimonio. En los países donde se practica el derecho inglés, donde el consentimiento paterno no es la condición legal del matrimonio, los padres gozan también de absoluta libertad de testar, y pueden desheredar a su antojo a los hijos. Claro es que, a pesar de ello, y aun por ello mismo, entre las clases que tienen algo que heredar, la libertad para contraer matrimonio no es, de hecho, ni un ápice mayor en Inglaterra y en América que en Francia y en Alemania. No es mejor el Estado de cosas en cuanto a igualdad jurídica del hombre y de la mujer en el matrimonio. Su desigualdad legal, que hemos heredado de condiciones sociales anteriores, no es causa, sino efecto, de la opresión económica de la mujer. En el antiguo hogar comunista, que comprendía numerosas parejas conyugales con sus hijos, la dirección del hogar, confiada a las mujeres, era también una industria socialmente tan necesaria como el cuidado de proporcionar los víveres, cuidado que se confió a los hombres. Las cosas cambiaron con la familia patriarcal y aún más con la familia individual monogámica. El gobierno del hogar perdió su carácter social. La sociedad ya no tuvo nada que ver con ello. El gobierno del hogar se transformó en servicio privado; la mujer se convirtió en la criada principal, sin tomar ya parte en la producción social. Sólo la gran industria de nuestros días le ha abierto de nuevo —aunque sólo a la proletaria— el camino de la producción social. Pero esto se ha hecho de tal suerte, que si la mujer cumple con sus deberes en el servicio privado de la familia, queda excluida del trabajo social y no puede ganar nada; y si quiere tomar parte en la gran industria social y ganar por su cuenta, le es imposible cumplir con los deberes de la familia. Lo mismo que en la fábrica, le acontece a la mujer en todas las ramas del trabajo, incluidas la medicina y la abogacía. La familia individual moderna se funda en la esclavitud doméstica franca o más o menos disimulada de la mujer, y la sociedad moderna es una masa cuyas moléculas son las familias individuales. Hoy, en la mayoría de los casos, el hombre tiene que ganar los medios de vida, que alimentar a la familia, por lo menos en las clases poseedoras; y esto le da una posición preponderante que no necesita ser privilegiada de un modo especial por la ley. El hombre es en la familia el burgués; la mujer representa en ella al proletario. Pero en el mundo industrial el carácter específico de la opresión económica que pesa sobre el proletariado no se manifiesta en todo su rigor sino una vez suprimidos todos los privilegios legales de la clase de los capitalistas y jurídicamente establecida la plena igualdad de las dos clases. La república democrática no suprime el antagonismo entre las dos clases; por el contrario, no hace más que suministrar el terreno en que se lleva a su término la lucha por resolver este antagonismo. Y, de igual modo, el carácter particular del predominio del hombre sobre la mujer en la familia moderna, así como la necesidad y la manera de establecer una igualdad social efectiva de ambos, no se manifestarán con toda nitidez sino cuando el hombre y la mujer tengan, según la ley, derechos absolutamente iguales. Entonces se verá que la manumisión de la mujer exige, como condición primera, la reincorporación de todo el sexo femenino a la industria social, lo que a su vez requiere que se suprima la familia individual como unidad económica de la sociedad.

 

Seguimos insistiendo  que la mirada evolucionista es bastante limitada hay una transferencia para que se produzca el patriarcado, esta transferencia es la base de lo real simbólico, en Cristo ese real siombolico llega a su culmine dándonos el espíritu absoluto, ese espíritu absoluto debe de revelarse   y esto al parecer solo lo logran las ordenes mendicantes, las cuales realmente superan la transferencia de la voluntad de poder pero por un tiempo, lo que se verá es que la transferencia espiritual oculta una transferencia material y entonces la reforma que será el camino hacia del sujeto moderno con la ilustración aquí es donde la familia monógama va a ser atravesada por el amor, el sujeto quiere su religación con el objeto y se invierte a él transfiriéndose, para lograr la sintransferencia pero esto no es posible sin superar las condiciones materiales objetivas para que el objeto se transfiera libremente es decir para que el objeto se convierta en sujeto, siendo el objeto la mujer ella no va hacia el camino de la subjetividad en una transferencia espiritual, sino que vuelve a la transferencia de la voluntad de poder   siendo un no ser que desea poder y que deconstruye todo poder que la someta ¿Pero cuál es el camino? ¿Volvemos a los clanes  de línea femenina para recuperar la comunidad?  O nos empoderamos cibernéticamente para formar redes no transferenciales donde podamos configurar sistemas en la que la mujer se sienta empoderada.

Claro que esos sistemas serian sistemas virtuales no existentes y la mujer ya no sería una mujer sino un ciborg  es decir un organismo procesador de información.

Ahora si volvemos a las comunidades desde los gens femeninos acaso estos no serán voluntades de poder, como lo que ocurre con las pandillas y las organizaciones criminales al menos que esa voluntad de poder se convierta en una voluntad de ser pero esa voluntad de ser nos llevara al imperio  porque legitimara la voluntad de poder desde la conciencia ya sea esta religiosa, artística, filosófica o científica.

No ya hemos recorrido el camino la gran gen, el gran clan es el cristiano lo que le toca en el anti espíritu es multiplicarse en diversas formas de voluntad y estas formas deben de integrase en una conciencia universal preservando su multiplicidad es decir hay que dar paso al espíritu integrado, ¿Esto supone superar a la familia individual? No de lo que se ha tratado la historia y la meta historia cristiana es de  que Cristo se una a su iglesia y que la iglesia se una a Cristo libremente, que la alianza se haga sin presiones ni opresiones y partir de esta alianza formar la familia no como una posesión de esclavos sino como un biotejido amoroso que se abre a la comunidad y esa comunidad a la madre estado.

En ese abrirse la propiedad debe ir socializándose desde su base.

 

Como hemos visto, hay tres formas principales de matrimonio, que corresponden aproximadamente a los tres estadios fundamentales de la evolución humana. Al salvajismo corresponde el matrimonio por grupos; a la barbarie, el matrimonio sindiásmico; a la civilización, la monogamia con sus complementos, el adulterio y la prostitución. Entre el matrimonio sindiásmico y la monogamia se intercalan, en el sentido superior de la barbarie, la sujeción de las mujeres esclavas a los hombres y la poligamia. Según lo ha demostrado todo lo antes expuesto, la peculiaridad del progreso que se manifiesta en esta sucesión consecutiva de formas de matrimonio consiste en que se ha ido quitando más y más a las mujeres, pero no a los hombres, la libertad sexual del matrimonio por grupos. En efecto, el matrimonio por grupos sigue existiendo hoy para los hombres. Lo que es para la mujer un crimen de graves consecuencias legales y sociales, se considera muy honroso para el hombre, o a lo sumo como una ligera mancha moral que se lleva con gusto. Pero cuanto más se modifica en nuestra época el heterismo antiguo por la producción capitalista de mercancías, a la cual se adapta, más se transforma en prostitución descocada y más desmoralizadora se hace su influencia. Y, a decir verdad, desmoraliza mucho más a los hombres que a las mujeres. La prostitución, entre las mujeres, no degrada sino a las infelices que cae en sus garras y aun a éstas en grado mucho menor de lo que suele creerse. En cambio, envilece el carácter del sexo masculino entero. Y así es de advertir que el noventa por ciento de las veces el noviazgo prolongado es una verdadera escuela preparatoria para la infidelidad conyugal. Caminamos en estos momentos hacia una revolución social en que las bases económicas actuales de la monogamia desaparecerán tan seguramente como las de la prostitución, complemento de aquélla. La monogamia nació de la concentración de grandes riquezas en las mismas manos —las de un hombre— y del deseo de transmitir esas riquezas por herencia a los hijos de este hombre, excluyendo a los de cualquier otro. Por eso era necesaria la monogamia de la mujer, pero no la del hombre; tanto es así, que la monogamia de la primera no ha sido el menor óbice para la poligamia descarada u oculta del segundo. Pero la revolución social inminente, transformando por lo menos la inmensa mayoría de las riquezas duraderas hereditarias —los medios de producción— en propiedad social, reducirá al mínimum todas esas preocupaciones de transmisión hereditaria. Y ahora cabe hacer esta pregunta: habiendo nacido de causas económicas la monogamia, ¿desaparecerá cuando desaparezcan esas causas? Podría responderse no sin fundamento: lejos de desaparecer, más bien se realizará plenamente a partir de ese momento. Porque con la transformación de los medios de producción en propiedad social desaparecen el trabajo asalariado, el proletariado, y, por consiguiente, la necesidad de que se prostituyan cierto número de mujeres que la estadística puede calcular. Desaparece la prostitución, y en vez de decaer, la monogamia llega por fin a ser una realidad, hasta para los hombres.

 

Claro si se mantiene una transferencia del espíritu cristiano, es ingenuo creer que solo con la socialización las parejas podrán unirse libremente esto es no conocer la transferencia de la voluntad de poder que es múltiple en sus formas y que supera toda prohibición, toda ley y aun todo espíritu   y Entonces que ¿Mantenemos las prohibiciones patriarcales para conservar la alianza monogamica?  Si en un proceso de formación por supuesto pero el espíritu ya no está  sometida a la ley, como tal debe ser  completamente libre, más su libertad está en la sintransferencia divina ¿Se puede alcanzar esa sintransferencia sin negar a Dios? No la propia libertad exige la negación de lo divino su muerte pero neguemos realmente hasta lograr un cuerpo sin órganos, ese quedarse con el cuerpo capitalista para decir que desde ahí podemos lograr una multiculturalidad es una metida de dedo, las maquinas deseantes son capitalistas, los deseos los configura la red, el sujeto  moderno invirtió  a Dios y lo hizo capital y la voluntad de poder pos moderna es capitalista, vaciar eso exige una experiencia dharmica de meditación profunda donde el cuerpo se vacíe de sus órganos es decir de sus funcionamientos que no son otras cosas que bucles transferenciales, desde ese vacío redescubrimos el misterio pascual y en el el misterio trinitario el tinkuy el encuentro con la pareja donde tanto la gens patriarcal como la gens matriarcal se unen pero esto exige una estética religacional donde la meta estructura se integra, esta donación del uno al otro y del otro al uno es una práctica continua que debe ser el fundamento del nuevo mundo.

 

oel Agón
La ciencia de dios
Continuando la investigación por la ‘’verdad’’, no tenía pensado leer ‘’La ciencia de la lógica’’ de Hegel, porque después de leer ‘’ser y tiempo’’ de Heidegger, me quedo claro la cierta diferencia entre Hegel y Heidegger, en torno al ‘’ser’’, y tenía sentido, el que lee a Heidegger debe olvidarse digamos de la ‘’onto – teología’’, ya que la pregunta por el ‘’ser’’ ni es ‘’onto – teología’’ ni la pregunta por el ‘’ser’’ intenta hablarnos del ‘’supra – ente’’ llámese ‘’dios’’. Sin embargo, a la par que leía ‘’ser y tiempo’’, me leí un seminario de 1957 que hizo Heidegger, que tiene como nombre ‘’La constitución onto – teo – logica de la Metafísica’’ este seminario es un dialogo con Hegel, que trata de abordar la contribución de Hegel a la ‘’metafísica’’, algo que me dejo pensando es esto: dice Heidegger que la ‘’metafísica’’ ya había recibido de parte de Francisco Suarez, doctor ‘’eximio’’ la unión entre la ‘’metafísica general’’ y la ‘’metafísica especial’’ esto creo lo que se denomina ‘’onto teología’’ es decir la contribución de Suarez, a la ‘’metafísica’’ fue una cosa peculiar en la historia del ‘’espíritu’’, esto llegaría hasta la ‘’ciencia de la lógica’’ de Hegel, el ‘’espíritu’’ llega hasta su mas grande desarrollo, y luego lo que hace Hegel, es una monstruosidad ‘’metafísico’’ según Heidegger nos dice en el seminario, que Hegel, desarrolla la onto – teo – lógica, es decir la unidad entre ontologia – teologia – logica, creando desde la ‘’ciencia de la lógica ‘la llamada: ciencia de dios, es decir logra la hipostasis, en el cual ‘’el verbo se vuelve carne’’ uniendo el ‘’dios filosófico’’ con el ‘’dios de la religión’’ todo basándose para rematar, en la ‘’critica de la razón pura’’ de Kant, es decir en vez que Kant entierre a la ‘’Metafísica’’ ayuda el mismo autor, a la ‘’idea absoluta’’. Esto amigos fue algo revelador para mí, que decidí leer a la ‘’ciencia de dios’’ de Hegel. Luego me puse analizar sobre la influencia en Marx, pero eso es otro tema, ya que Marx hace una vuelta de revés a Hegel, sin refutarlo, sino astutamente la ‘’dialéctica’’ lo usa en sentido contrario. En fin, que siga la búsqueda por la verdad.

Christian Franco Rodriguez
Que hermoso cada parte del camino , cada descubrimiento y agradezco tanto que lo compartas yo te comparta a Xavier Zubiri en este texto http://teatroloco.blogspot.com/.../04/comunion-al-horno.html y es que en el hay un camino desde Heidegger a la ontoteología tomista, claro que yo comprende que el culmine de toda ontoteología es Hegel por esto mi esfuerzo por integrar la noumenología síntesis del psicoanálisis con la fenomenología con una ontoteología dialectica para así llegar a la intuición pura sin mediación (sintransferencia) http://exaltacionalmiedo.blogspot.com/.../comunion-para... en el espíritu integrado

Comunión en el horno

 "Si nuestra existencia no tiene el dolor como fin inmediato, puede afirmarse que no tiene ninguna razón para existir en el mundo. Porque es absurdo admitir que el dolor sin fin que nace de la miseria inherente a la vida y que llena el mundo, no sea más que un puro accidente y no su propio propósito. Es cierto que cada desgracia en particular parece una excepción, pero la desgracia general es la regla. " Y solo en ella abunda la gracia infinita. 

«𝘌𝘤𝘤𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘰 es uno de los logros supremos de la obra de Nietzsche. La ductilidad y ligereza del lenguaje, la capacidad de moverse simultánea y continuamente en múltiples planos, la conjunción de 𝑡𝑒𝑚𝑝𝑜𝑠 opuestos —el 𝑙𝑒𝑛𝑡𝑜 aristocrático de algunas inesperadas aperturas, el 𝑝𝑟𝑒𝑠𝑡𝑖𝑠𝑠𝑖𝑚𝑜 nervioso, el juicio que se fija como una marca con un hierro candente— son señal de la madurez, del estilo que abarca y domina las formas discordantes de un ser que, como pocos, había sabido atravesar el círculo completo de la apariencia. Una obra perfecta... Pero lo que sucede en 𝘌𝘤𝘤𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘰 es también muy diferente. En la cámara secreta de esta obra se desarrollan las grandes mutaciones de la locura, algo misterioso habita sus páginas, y el misterio está destinado a permanecer como tal. Es algo que no sorprenderá a un lector de Nietzsche: el que la obra en que más se muestra sea también otra caverna, quizá más inaccesible que las demás, forma parte del juego de Nietzsche. Y quizá 𝘌𝘤𝘤𝘦 𝘩𝘰𝘮𝘰 es una señal de pudor, el subterfugio de la mascarada para encubrir un acontecimiento discreto, que quiere oscuridad y silencio: Nietzsche se está despidiendo de sí mismo. Y yo más bien me encuentro por fin me encuentro»

https://biblioteca.org.ar/libros/133538.pdf

Ecce Homo

Redeconsruyendo la oscuridad

Christian Franco Rodriguez

ECCE HOMO Como se llega a ser lo que se es Como preveo que dentro de poco tendré que dirigirme a la humanidad presentándole la más grande exigencia que se le haya hecho, me parece indispensable decirles quienes son. Más la desproporción entre la grandeza de mi tarea y la pequeñez de mi conciencia se ha puesto de manifiesto en que realmente he tenido que dejar de oírles y de verlos para poder conocerlos. Yo vivo por gracia divina ¿Acaso es una mera suposición decir que yo vivo? Me basta hablar con cualquiera de ustedes para sentir el aliento de su muerte y develar así la agonía de mi vida, En estas circunstancias existe una pulsión que se revela contra todo deber y aun mas el instinto vital a poder destruirlos !Escuchadme pues! Ustedes son tal y tal Sobretodo  no se confundáis con otros.

 

Miguel Blásica

Humano solo humano


 

Por ejemplo ustedes en modo alguno son monstruos  moralistas ni antítesis de toda moral

Y es que el ascenso del poder económico es inversamente proporcional a la perdida de valores éticos

Es así como lo pensaba Platón por esto la distribución de la riqueza deberia estar a cargo de una conciencia que conociera la idea de Bien es decir que pusiera por encima el bien común quien le salió al encuentro fue Aristóteles y defendió la propiedad pensando que una clase media podía alcanzar la proporcionalidad entre riqueza y ética y así lograr una distribución justa pero en el capitalismo esa clase media se hace imposible porque el capital se supera así mismo para alcanzar su reproducción infinita superando todo limite y destruyendo al hombre tanto moral como espiritualmente al punto que nos encontramos al borde un capitalismo pos humano ¿Entonces no queda otra que entrar a un comunismo dictatorial para preservar el bien común y al propio hombre?  Y que dictadura seria está  la de la voluntad de poder donde por fin se hacen discípulos de Dionisos  o la del Espíritu donde los espera Cristo.

  La manera en la cual las personas hablan es muy reveladora. Las palabras que escogen, los ejemplos que usan y como construyen sus argumentos son el resultado de un largo proceso de  arquitectura de identidad, asimilación de valores y socialización, son el resultado del poder al que han sido sometidos a lo largo de sus vidas.

Y entonces siempre estuvo la dictadura y nuestra libertad consistiría en elegir a  la dictadura a la que nos vamos a someter o el otro camino superar toda mediación.

¿Cuál es la vivencia – y la muerte – en un campo nazi de concentración? ¿Son más importantes que el anhelado plato de fría sopa? ¿Y cuándo y cómo la tortura se inicia? ¿Sufre más el modesto trabajador atrapado en la prisión que el intelectual que acierta a razonar y a entender la índole de esta experiencia? El escritor alemán-francés- judío Jean Améry se empeña, agonizando con las cicatrices de su pasado, en emitir alguna respuesta a estas espinosas preguntas.
Nació en Viena en 1912. De un padre judío enamorado de la cultura alemana y de una madre cristiana devota de santos y vírgenes. El primero morirá en las trincheras de la I Guerra; y la madre procurará imprimir su celosa fe al hijo rebelde.
Sin embargo, la emisión de las Leyes de Nuremberg (1935) alejarán a Jean de cualquier fe – metafísica y humana – para consagrar sus energía en el combate contra el enemigo nazi. Tomó parte en la celebrada resistencia en Francia y en Bélgica, y en 1943 conoció como prisionero a Auschwitz y Bergen Belsen. Los ingleses lo liberaron el 15 de abril de 1945, y desde entonces procuró olvidar lo -sin frenos- inolvidable.
Concluida la II Guerra, Améry se consagró al periodismo sin pisar jamás Alemania. Adoptó su nombre francés como un modo de borrar su origen. Al español se tradujeron dos de sus escritos que refieren sus experiencias y reflexiones en torno a los campos nazis: Más allá de la culpa y la expiación (2001) y Años de andanzas nada magistrales (2006), volúmenes que apenas concitaron la debida atención. Trataré aquí refrescarla.
Al iniciar el primer escrito Améry señala que un buen amigo le aconsejó no recordar ni mucho menos escribir sus experiencias en Auschwitz. “No dirás nada nuevo” – le advirtió. Sin embargo, este sobreviviente acierta en caracterizar sensaciones y experiencias que conmueven a cualquier lector. Por ejemplo, la tragedia del intelectual atrapado en el campo. Antes y lejos de la prisión es un personaje respetado, colmado de sí mismo. Se cree un buen intérprete de la humana criatura, de la sociedad que dice conocer y de la historia cuando la recuerda. Pero en las garras de un Kapo y al lado de las rejas eléctricas que cierran el campo no tiene valor alguno; debe inventarse una nueva identidad como contador u obrero a fin de revelarse útil durante algunos días y tal vez postergar su muerte.
“Así” – Améry apunta – “catedráticos, abogados, historiadores, artistas, matemáticos  ocultaban su identidad para revelar alguna utilidad en las labores del campo… pero bien pronto perdieron fuerza e ingresaron inevitablemente a las cámaras de gas.”
Incluso conceptos que eran familiares como “verdad”, “justicia”, “ley”, antes de ingresar al campo resultaban prescindibles y olvidables; sólo el presente inmediato y el plato frío de sopa constituían la cruda realidad. Más aun, los hilvanamientos de la ordinaria lógica – importantes y decisivos en el trajín cotidiano – no presentaban valor alguno en estas circunstancias.
Améry anota la notable diferencia que encontró entre prisioneros que voceaban alguna fe – en Jesús, en el Comunismo, en la Biblia, en la Humanidad – y otros que, como él mismo, muy apegados a la pedestre realidad. Los primeros revelaron superior capacidad de sobrevivencia, y conducidos a la obligada muerte parecían sonreír.
No así los escépticos entregados a la Nada como cotidiano discurso. “La fe – escribe- y la ideología constituían para ellos sólidos pilares en el mundo, del cual fueron desterrados… Los cristianos celebraban la misa en impías circunstancias, los judíos que adherían a sus mandamientos ayunaban al llegar Kipur a pesar de que padecían hambre, los marxistas deliberaban sobre el futuro de Europa después de la guerra, o repetían que Rusia modelarará un nuevo mundo… Y todos ellos sobrevivieron o fueron exterminados preservando algún auto-respeto en contraste con los intelectuales alejados de alguna fe o doctrina”.
Abrumado por estas experiencias, la escritura fue para Améry una larga colección de reflexiones sobre su vida y la muerte, sobre la juventud y la vejez. Y cuando esta última se le tornó incomprensible e inevitable, resolvió ponerle fin por propia mano en octubre 1978.

       

Joel Agón 

La ciencia de dios

Continuando la investigación por la ‘’verdad’’, no tenía pensado leer ‘’La ciencia de la lógica’’ de Hegel, porque después de leer ‘’ser y tiempo’’ de Heidegger, me quedo claro la cierta diferencia entre Hegel y Heidegger, en torno al ‘’ser’’, y tenía sentido, el que lee a Heidegger debe olvidarse digamos de la ‘’onto – teología’’, ya que la pregunta por el ‘’ser’’ ni es ‘’onto – teología’’ ni la pregunta por el ‘’ser’’ intenta hablarnos del ‘’supra – ente’’ llámese ‘’dios’’. Sin embargo, a la par que leía ‘’ser y tiempo’’, me leí un seminario de 1957 que hizo Heidegger, que tiene como nombre ‘’La constitución onto – teo – logica de la Metafísica’’ este seminario es un dialogo con Hegel, que trata de abordar la contribución de Hegel a la ‘’metafísica’’, algo que me dejo pensando es esto: dice Heidegger que la ‘’metafísica’’ ya había recibido de parte de Francisco Suarez, doctor ‘’eximio’’ la unión entre la ‘’metafísica general’’ y la ‘’metafísica especial’’ esto creo lo que se denomina ‘’onto teología’’ es decir la contribución de Suarez, a la ‘’metafísica’’ fue una cosa peculiar en la historia del ‘’espíritu’’, esto llegaría hasta la ‘’ciencia de la lógica’’ de Hegel, el ‘’espíritu’’ llega hasta su mas grande desarrollo, y luego lo que hace Hegel, es una monstruosidad ‘’metafísico’’ según Heidegger nos dice en el seminario, que Hegel, desarrolla la onto – teo – lógica, es decir la unidad entre ontologia – teologia – logica, creando desde la ‘’ciencia de la lógica ‘la llamada: ciencia de dios, es decir logra la hipostasis, en el cual ‘’el verbo se vuelve carne’’ uniendo el ‘’dios filosófico’’ con el ‘’dios de la religión’’ todo basándose para rematar, en la ‘’critica de la razón pura’’ de Kant, es decir en vez que Kant entierre a la ‘’Metafísica’’ ayuda el mismo autor, a la ‘’idea absoluta’’. Esto amigos fue algo revelador para mí, que decidí leer a la ‘’ciencia de dios’’ de Hegel. Luego me puse analizar sobre la influencia en Marx, pero eso es otro tema, ya que Marx hace una vuelta de revés a Hegel, sin refutarlo, sino astutamente la ‘’dialéctica’’ lo usa en sentido contrario. En fin, que siga la búsqueda por la verdad.

 

Christian Franco Rodriguez

Que hermoso cada parte del camino , cada descubrimiento y agradezco tanto que lo compartas yo te comparta a Xavier Zubiri en este texto http://teatroloco.blogspot.com/.../04/comunion-al-horno.html y es que en el hay un camino desde Heidegger a la ontoteología tomista, claro que yo comprende que el culmine de toda ontoteología es Hegel por esto mi esfuerzo por integrar la noumenología síntesis del psicoanálisis con la fenomenología con una ontoteología dialectica para así llegar a la intuición pura sin mediación (sintransferencia) http://exaltacionalmiedo.blogspot.com/.../comunion-para... en el espíritu integrado.

 

Joel Agon

Christian Franco Rodriguez Gracias por la info, estimado, desconocía el trabajo de Xavier Zubiri y me ha parecido interesante sobre su aporte de la "religacion"( en algún momento tendre que profundizar en su pensamiento) creo que a pocos se descubre que toda la existencia es sagrado. Ahora el trabajo de tu dialéctica transferencial es titánica. Saludos.

 

 

Quien sabe respirar el aire de mis escritos sabe que es un aire de alturas un aire fuerte. Es preciso estar hecho para ese aire, de lo contrario se corre el no pequeño peligro de resfriarse en él, el hielo está  cerca la soledad es inmensa  ¡Más que  tranquilas yacen todas las cosas en la luz! ¡Con que libertad se respira! ¡Cuántas cosas sentimos debajo de nosotros!. La filosofía tal como yo la entiendo y vivido hasta ahora, es vida voluntaria en el hielo y en las altas montañas     así como un sumergirse en los abisales vacíos del alma en busca de todo lo problemático y extraño que hay en el existir, de todo lo proscrito hasta ahora por la democracia liberal.

Karl Marx: la contradicción fundamental del capitalismo, es el carácter social de la producción. Y el carácter privado de la propiedad y la riqueza, creada por el trabajo. 

 

El Inquieto del pesamiento.

Y la del Marxismo la violencia y confrontación social que siempre se deberá ejecutar hasta eliminar totalmente el Capitalismo y la Burguesía, además la supresión de las libertades y de la Propiedad Privada .Las libertades fundamentales nunca deberán ser calculadas y menos el empleo sistemático de la confrontación social entre hermanos para imponer su absurda IDEOLOGÍA.

 

 

Christian Franco Rodriguez

El Inquieto del pesamiento. No, pienso que la principal contradicción del comunismo Marxista es la dirección partidaria, para lograr comunidades integras donde se supere toda clase social y es que el partido tendría que aniquilarse una vez conseguida la socialización, pero esta jamás se consigue, porque realmente no se la quiere, más el problema no es el capitalismo o el socialismo el problema esta en la propia dialéctica donde la mediación genera un imaginario que oculta la mediación misma. ¿Cómo se soluciona este problema? Pues alternando la mediación lo que nos da un comunismo complementario.

 

 

Y entonces no se trata del problema de la contradicción sino de la mediación de la contradicción, y quien ahora media es la democracia liberal como su tecnología algorítmica, ante esta mediación yo levanta a la izquierda y a la derecha para destruir de una ve por todas el estado burgués, su falta de horizonte y so tolerancia es decir su indiferencia.

El Inquieto del pesamiento.

Christian Franco Rodriguez Un Justo Medio.

 

Christian Franco Rodriguez

El Inquieto del pesamiento. No más bien la superación de todo medio

 

   https://www.youtube.com/watch?v=YnFT3r-NPYA

https://www.youtube.com/watch?v=9fVq_FExULQ la filosofía de la ultra derecha

 

Lo prohibido me ha enseñado a contemplar sin causas sin ninguna mediación poniéndome al descubierto la meta historia de la filosofía ¿Cuánta verdad soporta , cuanta verdad osa un espíritu? Esto fue convirtiéndose para mí en la auténtica unidad de medida. El error el creer en la institucionalidad liberal noe s ceguera es cobardía. Toda conquista , todo paso adelante en el conocimiento es consecuencia del coraje, de la dureza consigo mismo de la limpieza consigo mismo. Yo no refuto a las instituciones ante  ellas  simplemente me pongo las medias Nitimur in vetintum nos lanzamos hacia lo prohibido: Bajo este signo vencerá un día mi filosofía, pues hasta ahora lo único que se ha prohibido siempre, por principio ha sido la verdad.          

 

Entre mis escritos ocupa un lugar muy especial la ciencia del logos, Con ella le he hecho un regalo a la humanidad   tan grande como solo de la sabiduría puede recibirse,  en esta ciencia se ha levantado el tercer Zaratustra  y este no enseña otra cosa que la  experiencia cero, ¿Pueden abrirse a esta experiencia? En base a ella está  fundada toda cultura   y toco credo, todo el hecho hombre se recrea en ella integrándose en el espíritu y en la voluntad para lograr su comunión en el amor.

Yo les exijo la verdadera fe aquella que se niega a si misma:

Que tema tan importante el de la fe, ayer fuimos a una iglesia católica con Amira, y estaban catequisando y el hombre dijo que él no nos juzgaba sino la cruz y ante ella todos éramos pecadores y al reconocer nuestra condición de pecadores ante la cruz éramos salvados que esa era la diferencia entre un pagano y un cristiano más es la cruz es decir que cada palabra que pronunciemos esta develando al poder al que nos hemos sometido y si nos hemos sometido al poder de la cruz debemos de ser crucificados porque el poder de Dios con el poder de este mundo jamás se reconciliaran pero si no estamos siendo crucificados si levantamos el poder de la cruz como mediación universal , mediación que no se niega, entonces nuestra fe es poder mundano, me daban tantas ganas de levantar la mano y contradecirlo pero Amira hubiera sufrido más sé  que en ese momento el crucificado hubiera sido yo y al mismo tiempo el que realmente habría tenido fe.

Y entonces yo les exijo la fe que se hace nada es decir que se hace campo ontológico   

 

https://www.youtube.com/watch?v=2lHoknYAryw

La lógica de la nada 

 

La dinámica de basho:

La concepción de Kitarō Nishida del      

 lugar como un campo de fuerzas1

The dynamics of basho:

Kitarō Nishida’s conception

of place as a force eld

Felipe Ferrari Gonçalves

Y U | J

Resumen:

El lósofo japonés Kitarō Nishida (1870-1945) concibió la conciencia como un

“lugar” o basho (en japonés) que abarca los lugares individuales de cada uno de los

fenómenos que comprendemos como constitutivos de la realidad. En su análisis,

la conciencia también posee una fuerza, o mejor dicho, tiene en ella una fuerza que

une la pluralidad de basho y ello pese a su constante movimiento y cambio. Basho,

como un “lugar [tokoro o sho] en un campo [ba]”, es un “campo de fuerza”, mien-

tras que el “campo de conciencia” simultáneamente es constituido por el “campo

de fuerzas” de todo los basho que existen en él y es un “campo de fuerza” en sí

mismo. Para Nishida, basho no es simplemente la ubicación que una cosa ocupa

en el espacio o en la conciencia, sino más bien un campo activo que ejerce una

fuerza en el medio donde se proyecta el objeto, al mismo tiempo que da unidad a

las cosas que están ubicadas en él. El “campo de conciencia” actúa como una fuer-

za que imposibilita que cualquier cosa dentro de él se mueva hacia afuera, de modo

similar a la manera en que los “campos gravitacionales” propuestos por Albert

1 El presente texto forma parte del proyecto “El pensamiento topológico en Japón. Un estudio de

la concepción de la naturaleza, el espacio y el lugar en la losofía, la religión y la estética japonesas”

(

 

Einstein unen el universo y evitan que los cuerpos se alejen unos de otros, a la vez

que proporciona la fuerza que da unidad a un determinado cuerpo.

Introducción

El interés principal de Kitarō Nishida cuando empezó a desarrollar su teoría de

basho era superar el dualismo de la epistemología occidental del momento (en

general, la que practicaban los neokantianos), la cual criticó desde la publicación

del Zen no Kenkyū.2 Para él, la dualidad entre sujeto y objeto, experiencia y realidad,

etcétera, no era necesaria para entender el funcionamiento de la conciencia. Es

importante enfatizar, sin embargo, que Nishida no fue el primero en proponer

poner freno a tal dualismo. Como sostiene John Krummel:

2 Originalmente publicado por Nishida en 1911. Traducido al en español por Anselmo Mataix en

1963 como Ensayo sobre el bien (Revista de Occidente) y por Alberto Luis Bixio (del inglés) en 1990

como Indagación del bien (Gedisa).

 

Desde Nietzsche en el siglo XIX, en Occidente ha habido intelectuales que han

proclamado el fin de la metafísica y sus suposiciones dualistas. Un ejemplo desta-

cado y reciente fue Jacques Derrida (1930–2004). Derrida criticó el pensamiento

occidental porque asumía dicotomías jerárquicas, como masculino-femenino,

cuerpo-mente, naturaleza-cultura, sujeto-objeto, etc., como algo meramente dado

en vez de construido. (Krummel y Nagatomo, 2012: 44)

Con todo, Nishida es el primero en proponer que el lugar (en su caso, la con-

cepción del basho) podía ser la clave para liberar al mundo de la conciencia de la

lógica dualista que había predominado hasta entonces. Puesto que todo existe en

el universo como una sola unidad que comprende tanto al yo como a todos los

fenómenos internos y externos a él, basho debe actuar como el fundamento lógico

de un sistema de la realidad en el que las mencionadas dicotomías no tengan valor

ontológico ni metafísico. Además, basho ayuda a resolver el problema de los uni-

versales en cuanto “receptáculo” para las ideas sobre las que la conciencia reflexio-

na y que son experimentadas por el yo.

El nacimiento de basho

Según James Heisig, la concepción del lugar de Nishida poseía una suerte de pro-

piedad magnética que, en cierto modo, hacía posible reunir todos los supuestos

anteriores del Filósofo en un sistema de pensamiento conciso. Afrma Heisig que:

“La idea, a diferencia de cualquier otra, fue como un imán que atraía hacia sí todas

las demás ideas y aumentó su tracción, si no su claridad de defnición, hasta el final

de su obra. Claramente fue esta idea, más que una sola obra, su logro supremo”

(Heisig, 2001: 72). En efecto, no es exagerado decir que, desde la época de su

concepción en La acción expresiva, basho era la idea que Nishida había estado bus-

cando a lo largo de su carrera filosófica. Basho se presentaba como la concepción

que conectaría todo el acervo de ideas de Nishida en un mismo campo. Pero, ¿cómo

lo define en el ensayo homónimo que fue publicado originalmente en 1926? De

entrada, Nishida afirma que: “Lo que es debe estar situado en alguna cosa, pues,

de otro modo, la distinción entre es y no es sería imposible” (Nishida, 1978: Vol 4,

208). Este pasaje parece retomar otra cita de Zen no Kenkyū, obra que precede por

quince años al ensayo evocado y en la cual el filósofo japonés mantenía: “Normal-

mente, decir que una cosa existe significa que existe en un determinado basho y en

una forma determinada” (Nishida, 1978: Vol 1, 75).

Felipe Ferrari Gonçalves 125

Aunque los caracteres chinos empleados para escribir basho en la cita mencio-

nada difieren de los que usa de manera consistente a partir de 1926 (場処 en vez de

場所), Nishida expresa en ambos casos la misma idea sencilla de que “existir, es

estar en un lugar”. Sin embargo, esta idea está lejos de ser el núcleo de la originali-

dad de la filosofía nishidiana. Platón y Aristóteles también habían pensado de una

forma similar dos milenios antes que él, y en la historia de la filosofía, Leibniz, Kant

y Bergson, para nombrar sólo aquellos a quienes Nishida reconoció explícitamen-

te como influencias en su concepción del basho, también relacionaron directamen-

te el ser con el espacio. Incluso físicos modernos como Einstein, cuando dijo que

aunque la idea del espacio “no se pueda experimentar directamente” y sea de difí-

cil comprensión, “parece hallarse en la base de nuestro hábito de pensamiento

acostumbrado” (Einstein, 1961: 136), apuntaban al hecho de que el “espacio” es

necesario para el pensamiento humano, pues sin él seríamos incapaces de expresar-

nos y de establecer cualquier clase de conocimiento sobre el mundo. Además,

Platón, Aristóteles, Bergson y Einstein coinciden en que si una cosa existe, debe

hacerlo en alguna clase de lugar, (ya sea khôra, tópos, espacio o los campos gravita-

cionales respectivamente); mientras que una cosa que no lo haga, no existe desde

el punto de vista de las cosas que están situadas en algo.

Por tanto, ¿qué es tan original en el basho de Nishida? Desde la publicación de

Zen no Kenkyū, el lósofo había lidiado con la idea de que los fenómenos no re-

presentan meramente esas cosas u objetos que se nos presentan, sino que el con-

junto de fenómenos de la conciencia es, al mismo tiempo, toda la realidad que el

yo es capaz de experimentar. A su vez, el yo es en sí un sujeto que experimenta los

fenómenos y una parte de esa realidad experimentada. Para él, las características

que inferimos como atribuidas a los fenómenos que identiificamos como objetos,

así como las distinciones entre estos y los sujetos, ocurren simplemente por el modo

en que percibimos las cosas que existen en el mundo. En este sentido, no existe una

distinción ontológica entre el sujeto y el objeto puesto que ambos, así como las

características que les atribuimos, existen y se presentan a nosotros solamente como

“experiencia pura”, es decir, como fenómenos a priori. Esto significa que, con

respecto a los fenómenos de la conciencia, no hay distinción entre sujetos y objetos,

o incluso entre los objetos, las acciones y las características que les atribuimos.

Todos esos fenómenos sólo pueden ser experimentados por la “experiencia pura”,

la cual es para Nishida la única clase de experiencia por la que se es capaz de buscar

alguna clase de conocimiento real [処の知識 shin no chishiki].

 

Basho y khôra

Como se ha mencionado antes, Nishida sostiene que, si algo existe, debe estar si-

tuado o localizado [於いてある oitearu] en algún lugar (Nishida, 1978: Vol 4,

2018-209). Esto significa que, para decir que algo es (sea un objeto [処象 taishō],

su contenido [処容 naiyō] o un acto [作用 sayō] de este) debe existir en algo, o

mejor dicho, en algún basho. Evidentemente, Nishida no habla aquí de lugares que

esas cosas ocupen en un espacio físico, sino del lugar donde están situadas las ideas

que representan esas cosas en la conciencia. Su proyecto de basho resulta claro

cuando lo identifica como si tuviera el mismo papel metafísico que la concepción

platónica de khôra y sostiene que ambos funcionan como “receptáculos para las

ideas” (Krummel y Nagatomo, 2012: 50) o como “la cosa que recibe las ideas”

(Nishida, 1978: Vol 4, 209). De la misma forma que khôra recibe las ideas y les da

existencia en el mundo sensible, basho las hace existir en el mundo de la conciencia.

El basho de Nishida representa un límite y está ocupado por la existencia de una

idea universal en la conciencia. Como explica Michiko Yusa: “Basho es, en efecto,

una metáfora espacial para las actividades de la conciencia. Tal como lo universal

abarca lo particular en el juicio subsuntivo, el tópos [basho] abarca el yo autocons-

ciente” (Yusa, 2002: 204). Esto no signica, no obstante, que Nishida no tome en

consideración el lugar físico de los objetos o el espacio como un todo, más bien,

significa que incluso el espacio físico mismo, puesto que existe, así como las rela-

ciones entre él y las cosas físicas que se encuentran en él, deben tener también un

basho en el que esté situada su existencia en la conciencia.

Así, hay un basho para la existencia de toda cosa, incluso para el basho (lugar)

físico mismo. Basho y la existencia son indisociables uno de otro, lo que equivale

a decir que sin basho sería imposible para la conciencia pensar en algo. El basho

donde los fenómenos están situados en la conciencia no es, a diferencia de su lo-

calización espacial, accesible a la experiencia cotidiana, sino que sólo se alcanza

mediante la experiencia pura y directa. Esto sucede porque mientras que la expe-

riencia de los lugares físicos, por ejemplo, está sujeta a percepciones como estar

fuera o dentro o ser mayor o menor, la percepción del basho, según la concibe

Nishida, significa únicamente percibir el basho como es. Esto acerca la concepción

de Nishida a la khôra platónica. Krummel también señala esa proximidad cuando

afirma que:

 De una forma muy parecida a como lo expresó Aristóteles en la Física, en dónde el filósofo griego

consideraba que el tópos era necesario para la existencia de lo que está en él, el primero es visto como

una necesidad lógica para el segundo.

 

Derrida, quien ciertamente desconocía la apropiación de Nishida [del concepto],

se acerca a la concepción de Nishida cuando observa que la khôra de Platón como

triton genos no es de la clase de los inteligibles inmutables (ideas) ni de los sensibles

corruptibles y en devenir (imágenes), es un “más allá” oscuro (en exceso del sentido

y del signicado), que contraviene la “lógica de la no-contradicción” o-o, la “lógica

binaria”. (Krummel y Nagatomo, 2012: 21)

Basho, como la khôra platónica, es entonces una suerte de “tercer género” de las

cosas, pues no es de la misma clase de cosa que una idea universal e inmutable, y

tampoco de la naturaleza de un fenómeno sensible. Es perceptible sin ser un obje-

to y recibe las cosas sin ser un sujeto activo. Es, en palabras del propio Nishida,

una “cosa que se convierte en un predicado gramatical, pero no un sujeto” (Nishi-

da, 1978: Vol 18, 203-204).

Basho y la conciencia

No resulta difícil admitir que cada cosa de la conciencia posee un basho. De acuer-

do con lo que propone Nishida, cuando experimentamos un objeto en el espacio,

ambos, tanto el objeto como el espacio físico en donde se encuentra, poseen un

basho individual en la conciencia que nos permite percibirlos. Sin embargo, decir

que “un objeto es en el espacio” es experimentar no solo cada uno de ellos separa-

damente, sino también percibir la relación que existe entre ambos. En efecto, el

“espacio”, al tener un basho y ser percibido por el yo observante, es también un

objeto en esa relación, y decir que “un objeto es en el espacio” representa la misma

clase de comprensión que decir que “un objeto se relaciona con otro objeto”. Así,

aunque la gente pueda decir, mediante la experiencia del sentido común, que en

la relación “un objeto es en el espacio” sólo el objeto posee un lugar en el que

existe. De hecho la acción de la conciencia cuando experimentamos dicha relación

mediante la “experiencia pura” es la de situar no sólo el “objeto” en un basho, sino

también el “espacio” y la “relación” entre ambos. Esto es parecido a lo que pensaron

Bergson y Einstein cuando consideraban que el espacio era esencial para pensarlo

todo. No solo eso, sino que toda característica atribuida al objeto como su color,

tamaño y textura y, en realidad, todo “contenido” que podamos relacionar con esta

experiencia poseen, de manera similar, un basho propio. De nuevo, hay un basho

 Especialmente en el caso de Bergson, quien consideraba que hasta las cosas no corpóreas son

pensadas en términos de espacio.

 

para cada objeto, cada contenido y cada acto. Todas esas cosas en el basho, que

Nishida identica como “fenómenos de la conciencia” [意識現象ishiki genshō],

están en constante cambio; no solo porque las cosas se relacionan entre sí, sino

además porque sus significados pueden cambiar en la conciencia según el tiempo

(la historia) o el contexto (sociedad/cultura). En este sentido, los fenómenos son

en el basho de la misma forma que los elementos son en el tópos para Aristóteles.

Los elementos poseen su tópos natural, pero en el momento en que se empiezan a

mover se transforman en un elemento diferente con propiedades diferentes, de la

misma forma que los objetos cambian y se transforman en la conciencia, y sus

relaciones también lo hacen simultáneamente.

Resulta claro ahora que cada fenómeno posee un basho en la conciencia y que

todos ellos están objetivados y situados en un basho que funciona como un predi-

cado gramatical que admite y les confiere un significado contextual. No es difícil

observar aquí la influencia del “espacio” bergsoniano, pues de la misma forma que

el filósofo francés juzga necesario que la conciencia piense acerca de todo, el basho

de Nishida está en la base de todo lo que tiene existencia desde el punto de vista

del yo consciente. Sin embargo, Bergson no trata el “espacio” como el sustrato

epistemológico que hace existir a los fenómenos, como en cambio sí hizo Nishida.

Por el contrario, Bergson habla del espacio como un medio completamente pasivo

en el que las cosas percibidas existen y relacionan unas con otras. Así pues, ¿cómo

entiende Nishida el basho de la conciencia en su conjunto? Si las cosas en su res-

pectivo basho se relacionan unas con otras en la conciencia, debe haber una suerte

de “fundamento común” donde tengan lugar todas las relaciones. Si cada fenóme-

no existiera aislado de los demás en su respectivo basho, las relaciones no serían

posibles. De nuevo, conviene no olvidar que basho no es meramente un tokoro, sino

una porción o un límite (tokoro o sho) rodeado por un campo (ba) y, por tanto, sin

un medio común, las relaciones serían imposibles debido a que la “fuerza” ejercida

por el campo tiende a dar unidad a los fenómenos aislándolos. Para tratar de resol-

ver este problema, recurramos nuevamente al filósofo estagirita. El tópos aristotéli-

co adquiere la misma forma que las cosas que contiene en sí y también les da

unidad, pero también hay un tópos que las rodea y comprende los tópos de las cosas

individuales. Por ejemplo, el tópos natural de la tierra está dentro del tópos del agua,

y el tópos de todos los elementos móviles y cambiantes (así como también aquellos

de los inmutables) existe dentro del tópos del universo que es inmóvil. De la misma

manera que hay un tópos inmóvil y absoluto que comprende todo tópos relativo de

los cuerpos constantemente cambiantes en la concepción aristotélica del universo,

debe haber un basho último que comprenda el basho de todos los fenómenos siem-

pre cambiantes de la conciencia. Ahora bien, si el basho de cada fenómeno se en-

 

cuentra en la conciencia, entonces la conciencia en sí debe ser el ámbito en que el

basho de cada cosa se relaciona con los demás. Esto no signica que los fenómenos

existan en la conciencia; más bien, estos tienen lugares y se reflejan o proyectan [

 utsusu] en ella para ser pensados por el yo [ ware o ga]. En palabras de Nishi-

da: “debe haber un “campo de la conciencia” [意識の野 ishiki no ya] inmóvil a

diferencia de los “fenómenos de la conciencia” que se suceden cambiando a cada

momento” (Nishida, 1978: Vol 4, 212). Este “campo de la conciencia” es ese basho

inmóvil que necesita el basho individual de todas las cosas que se reflejan en él para

poder establecer relaciones con los demás. Acerca de esta “reflexión” o “proyección”

de los “fenómenos de conciencia”, Nishida explica lo siguiente:

Cuando pensamos las cosas [物事 monogoto], debe haber algo como un basho en el

que se reflejen. De entrada, podemos pensarlo como un “campo de la conciencia”.

Para que seamos conscientes de las cosas, estas deben reflejarse en el “campo de la

conciencia”. Sin embargo, conviene distinguir entre los “fenómenos de la concien-

cia” proyectados y el “campo de la conciencia” en que se proyectan. Podemos decir

que no existe un “campo de la conciencia” fuera de la continuidad de los “fenóme-

nos de la conciencia”. (Nishida, 1978: Vol 4, 210)

Por lo tanto, Nishida sostiene que el “campo de la conciencia” es el campo en

que está situado el basho de cada fenómeno proyectado y, además, que no hay fenó-

meno consciente que sea proyectado fuera de él. Cada cosa que tiene un basho para

nosotros, esto es, cada cosa que existe para nosotros, debe tener su basho en el “cam-

po de la conciencia” que es como el tópos inmóvil aristotélico, no sólo porque

comprende los basho de todas las demás cosas sino también porque, desde el punto

de vista de la conciencia, no existe cosa que no esté proyectada en él. No hay basho

proyectado fuera del “campo de la conciencia”. Como explica, además, Nishida:

Si el objeto trasciende el acto de conciencia [意識作用 ishiki sayō], y si el objeto está

completamente fuera de la conciencia, nosotros, al existir en la conciencia, seríamos

incapaces de pensar incluso que el contenido de nuestra conciencia indica un objeto

o que el objeto trasciende el acto de conciencia. (Nishida, 1978: Vol 4, 211)

La “primera” conciencia a la que se reere Nishida (es decir, la conciencia que

se relaciona con los objetos) es la conciencia del yo, mientras que la “última” (es

5 “Campo” posee aquí un significado distinto de ba. Significa “campo” en cuanto una superficie

amplia en la que los fenómenos se reflejan y donde poseen un basho en la conciencia.

 

decir, la conciencia en la que nos encontramos nosotros mismos) es el “campo de

la conciencia” en el que todos los fenómenos experimentados, incluido el yo, se

reeja y encuentra su basho. Por tanto, lo que ocurre dentro del yo no es la con-

ciencia de las cosas que puede ser pensada, sino el yo que, al ser uno de los fenó-

menos experimentados, también tiene su basho en el campo más amplio de la

“conciencia”. Esto dialoga directamente con Zen no Kenkyū, obra en la que Nishi-

da propone que todo lo que existe en la unidad del universo, incluyendo los “fe-

nómenos naturales” y los “fenómenos de la conciencia” que el yo percibe como

internos, son en realidad una y misma cosa. Cuando Nishida habla acerca de los

“fenómenos de la conciencia”, hay que tener en cuenta que no representan todos

los fenómenos de la conciencia íntima del yo pues también incluye a los “fenóme-

nos de la naturaleza” externos. Y esto no signica que el mundo natural no exista

o que exista únicamente en cuanto proyecciones en el “campo de la conciencia”.

Antes bien, lo que los cientícos consideran como el orden de los “fenómenos

naturales” (por ejemplo, las tres leyes del movimiento de Newton o las leyes del

movimiento planetario de Kepler) es, en realidad, el orden de nuestros “fenómenos

de conciencia”. De la misma forma, la oposición que nos vemos inducidos a per-

cibir entre el espíritu y la naturaleza, la mente y la materia, el sujeto y el objeto,

está causada meramente por conictos en el “sistema de la realidad”, o más bien,

por los diferentes puntos de vista sobre la unidad del universo que Nishida propo-

ne en Zen no Kenkyū. En esa obra, el autor explica mejor la “conciencia” y su rela-

ción con los fenómenos en el siguiente pasaje:

Toda conciencia está establecida de acuerdo con una unidad. Y esta unidad com-

prende desde la unidad de la pequeña conciencia diaria de cada persona individual

hasta la gran unidad de la conciencia universal [宇宙的 uchūteki] que incluye toda

conciencia individual. ([Decir que] la unidad de la conciencia está limitada a la

conciencia individual no es más que un dogma arbitrario añadido a la “experiencia

pura”). El mundo natural [自然界 shizenkai] es un sistema de conciencia consti-

tuida por una unidad trans-individual [超個人統一 chōkojin tōitsu]. Unicamos la

experiencia del yo por medio del sujeto [主処 shukan] individual y, además, unica-

mos la experiencia de todos los individuos por medio de un sujeto trans-individual,

en el cual el mundo natural nace como un objeto. (Nishida, 1978: Vol 1, 180)

Esto signica que el yo, al verse como un sujeto, objetiva el yo individual de

los demás y ve el mundo natural (o el mundo de los objetos) a través de esta relación

sujeto-objeto. Sin embargo, el yo y su conciencia individual también están proyec-

tados en una conciencia mayor que se comprende a sí misma y a todas las demás

conciencias individuales. En otras palabras, la conciencia individual, junto al yo,

también está proyectada en el “campo de la conciencia” sin trascenderlo. La con-

ciencia siempre está reexionando sobre sí misma y, por tanto, es autónoma. Al

mismo tiempo, limita todo lo que es conocido y todo lo que puede ser conocido,

es completa y comprende toda la unidad presente en el mundo de la naturaleza.

De este modo, tanto los “fenómenos naturales” externos como las “emociones-y-

voliciones” internas [情意 jōi] son proyectados en la conciencia y tienen su basho

en el interior de su campo, los primeros al ser proyectados desde fuera del yo, y las

segundas al ser proyectadas desde el interior de este.

 

Al ser reejado en el “campo de la conciencia”, cada objeto existente en el ámbito

que percibimos como el mundo material se nos presenta como “fenómenos de la

conciencia”. Sus cambios de “forma-y-posiciones” [形処位置 keijō ichi] en el es-

pacio y los cambios en sus signicados que pueden resultar de ellos, no represen-

tan ningún problema para el sistema de Nishida en su conjunto; más aún, indican

que debe haber una fuerza [ chikara] que los sostenga en el interior del “campo

de la conciencia” de la misma forma que Einstein había demostrado antes que hay

una fuerza que mantiene unidos todos los cuerpos en el espacio. De acuerdo con

la teoría de la relatividad de Einstein, aunque las cosas cambian y se mueven,

nunca pueden moverse fuera del continuo espacio-tiempo, lo que también es

válido para el sistema de Nishida en el que la conciencia cumple el mismo papel

como medio para el basho de las cosas proyectadas. Nishida explica esta propues-

ta como sigue:

[…] no tenemos otra opción que pensar que, además de las cosas y el espacio, hay

algo como una fuerza. Si podemos pensar que las cosas poseen una fuerza, como un

noúmeno [本体 hontai] de fuerza, podemos pensar también el espacio físico con

una fuerza que sea atribuida al espacio. Me gustaría intentar pensar el “conocimien-

to” [知るということ shiru to iu koto] como un ser atribuido al “espacio de la

conciencia” [意識の空間 ishiki no kūkan]. (Nishida, 1978: Vol 4, 215)

Por tanto, la conciencia, como un basho que comprende los basho individuales

de cada una de las cosas proyectadas en él, también es para ellos como un espacio,

una clase de milieu homogène si tratamos de compararlo con la idea de Bergson del

espacio. También posee una fuerza —o más bien tiene una fuerza en él— que une

 

la pluralidad de basho y, pese a su movimiento y cambio ininterrumpido, los une

de la misma forma en que Aristóteles entiende el tópos” y la fuerza que fue descri-

ta como un “campo magnético” por Einstein. Basho, como un “lugar [] en un

campo []”, es un “campo de fuerza”, y el “campo de la conciencia” está consti-

tuido por el “campo de fuerzas” de todos los basho que existen en él de la misma

manera que es un “campo de fuerza” en sí mismo. Nishida prosigue su explicación

de los campos de fuerza así:

Lo que verdaderamente envuelve la relación de fuerzas en su interior debe ser algo

como un “campo de fuerza” [力の場 chikara no ba]. Por tanto, en el “campo de

fuerza”, todas las líneas deben tener una dirección [方向 hōkō]. E incluso en el

basho de la cognición del que se piensa que está comprendido en el acto puro [

なる作用 jun’naru sayō], todos los fenómenos deben tener una dirección. (Nishida,

1978: Vol 4, 212)

Las “líneas” [ sen] a las que Nishida se reere, representan las relaciones en

el “campo de la conciencia”. En su opinión, si entendemos la conciencia simple-

mente como un espacio de la misma forma en que entendemos el espacio físico,

las relaciones deberían representarse con algo más que puntos [ ten] que, sin

extensión, no tienen lugar en el espacio. En el espacio físico, las relaciones son si-

milares a puntos en la geometría euclidiana: existen mientras no tienen lugar

donde estar. Sin embargo, en el sistema de la conciencia de Nishida, tanto las cosas

incorpóreas como las propias relaciones deben tener un lugar, por lo que no pueden

ser representadas como tales. A parte de esto, si hemos de entender la conciencia

como un espacio con fuerzas como las que propuso antes, esos puntos “se mueven”

en direcciones respectivas a las fuerzas que se les aplican, y las relaciones entre

objetos, que pueden ser descritas como “líneas”, son formadas por esos “puntos”

que son ampliados por la fuerza. Una relación entre dos objetos distintos es, en

consecuencia, representada en la conciencia como líneas que conectan el basho de

sus respectivos cuerpos en la misma dirección de los “campos de fuerzas”. Esto se

acerca al concepto que Einstein proponía cuando explicó que la fuerza gravitacio-

nal posee una dirección que es aplicada en el espacio y no directamente en los

cuerpos que están en él (Einstein, 1961: 63-64). Además, presenta similitudes con

los términos a través de los cuales Aristóteles describe el movimiento de un cuerpo

en la dirección rectilínea hacia su lugar natural. A diferencia de los “campos gravi-

tacionales” de Einstein, en la losofía de Nishida, basho aplica la fuerza sólo a otro

basho, sin imponer un cambio al “campo de conciencia” que continúa siendo una

clase de milieu homogène invariable.

 

Otra interpretación, la cual puede ser inferida de la idea de Nishida de la di-

rección de las líneas en el “campo de fuerza”, explica por qué el yo tiende a ver el

mundo de los fenómenos como constituido por sujetos y objetos (a lo que Nishida

se opone enérgicamente en la epistemología). Un observador que presencia la acción

de la gravedad de dos cuerpos desde fuera tiende a ver a uno activo (esto es, el que

atrae) y el otro pasivo (esto es, el atraído). Esto sucede porque, aunque los cuerpos

se atraen mutuamente uno a otro, cuando uno de ellos posee una masa considera-

blemente superior al otro, produce también un “campo gravitacional” más fuerte

y atrae al otro cuerpo con mayor intensidad.

Aunque desde el punto de vista de la losofía de Nishida, todos los fenómenos

son “fenómenos de la conciencia”, sin distinción ontológica ni dualismo epistemo-

lógico alguno aplicado a los propios fenómenos, su basho en el “campo de la con-

ciencia” en cuanto “campos de fuerza” poseen diferentes intensidades, de la misma

forma que los cuerpos de diferentes masas que producen campos gravitacionales

de diferentes fuerzas. En la conciencia, cuando un basho posee un “campo de fuer-

za” más fuerte establece una relación con otro basho, y el balance resultante de la

lucha de sus fuerzas resultará en que se comprenden como ser sujeto (o el que atrae,

en el caso de la gravedad) u objeto (el atraído) desde el punto de vista de un obser-

vador externo a la relación.

En resumen, cuando decimos que lo que observamos como la realidad es el

basho de las cosas proyectadas en el “campo de la conciencia”, esto no signica que

el yo y el mundo físico sólo existan como proyecciones en el seno de nuestra con-

ciencia, sino que este es el modo en que son percibidas por el yo. Nishida no

piensa que el yo sea la cosa pensante consciente como hicieron empiristas como

John Locke, quien dijo: “El yo es esa cosa pensante consciente que siente o es

consciente del placer y el dolor y es capaz de la felicidad o la miseria, y por eso se

ocupa de sí tanto como se expanda la conciencia” (Locke, 1995: Cap. XXVII, §17).

En cambio, lo que Nishida dice es que el yo, así como los demás fenómenos, tienen

sus respectivos basho situados en el “campo de la conciencia”. Este campo (al igual

que el Gravitationsfeld de Einstein) actúa en términos de un “campo de fuerza” que

une los fenómenos a la vez que les conere el lugar en donde establecer las relacio-

nes unos con otros. Y la conciencia que está limitada por ese campo es, de este

modo, no la conciencia personal del yo, sino un campo inmóvil, a diferencia de los

fenómenos siempre cambiantes que están en él y que comprenden todo lo que

puede ser conocido (Nishida, 1978: Vol 4, 210-211). Esto no signica que para

Nishida no haya una conciencia individual; más bien, mi [私の watashi no] quie-

re decir conciencia personal, que es entendida como interna e intrínseca al yo,

también tiene su basho dentro del campo mayor de la conciencia que comprende

 

la unidad del universo. Así, el “yo cognoscente” que, al ser existente, también posee

un basho, se proyecta en el “campo de la conciencia” para comprenderse. Com-

prender no es una tarea sencilla, como señala Nishida, “basho es pensado como

externo6 por la cosa que está situada en su interior” (Nishida, 1978: Vol 4, 217).

Por lo tanto, a n de comprehender adecuadamente que todo fenómeno tiene un

basho y entender que el “acto de conocer” está constituido por el yo que se proyec-

ta a sí mismo en la conciencia y establece relaciones directas con el basho de las

cosas a conocer, es importante entender que el yo que experimenta las cosas no es

externo al basho de la conciencia. El yo se proyecta en la conciencia y, al hacerlo,

él mismo sitúa un basho desde el que puede relacionarse con las demás cosas tam-

bién situadas en el basho.

El “yo actuante” y el “yo observante”

A partir de todo lo expuesto hasta ahora se comprenderá que si el yo fuera un mero

observador del mundo, sin un basho en el “campo de la conciencia”, no sería capaz

de experimentar nada, pues las cosas, a n de poderse relacionar, deben estar en un

mismo ámbito, lo que signica que, en este caso, deben compartir el basho del

“campo de la conciencia”. El yo que percibe la conciencia como interna y que ve

el basho y todos los fenómenos como externos es un “yo como una cosa que traba-

ja (o actúa)” [処くものとしての自己 hataraku mono toshite no jiko], o un “yo

actuante”. Este es el yo que se relaciona con cosas y las experimenta por medio del

basho en el que todos ellos están situados. No es que el yo proyecta, sino que es

proyectado en la conciencia. Junto a todos los demás fenómenos y las relaciones

entre ellos, el yo es proyectado en el “campo de la conciencia” y tiene su “lugar en

la conciencia” (al que Nishida denomina basho).

A primera vista, se podría pensar que, puesto que todos los objetos, contenidos

y relaciones que existen son “seres” o “existentes” [存在 sonzai o yū o u], lo que

no es, a saber, el “no-ser” o la “nada” [ mu] carece de un basho donde situarse y,

por tanto, trasciende la conciencia, ubicándose así en algún otro lugar. La idea de

que el “no-ser” es lo que está situado fuera de la conciencia podría, de este modo,

echar a perder la totalidad del sistema de Nishida, debido a que la experiencia del

6 La comprensión del basho como algo externo, que Nishida atribuye al yo, establece un paralelismo

entre su losofía y la de Bergson quien también consideraba que, a diferencia de otros animales que se

veían como parte del espacio, los seres humanos tendían a pensar el espacio como algo externo. Esto

sucede gracias a la capacidad humana para separar las sensaciones del espacio y entender la disposición

de diferentes cosas en el espacio.

 

“no-ser” superaría la barrera establecida por el “campo de la conciencia”. Sin em-

bargo, este “no-ser” como una simple negación de los “seres” no es la “nada” en el

sentido apropiado del término, sino una mera nulidad relativa a lo que es. Así, esta

“denominada nada” no es lo mismo que la verdadera ausencia de todo y, al ser

objetivada [処象化taishōka], es proyectada como “no-ser” en contraposición al “ser”.

Por tanto, tiene un basho en la conciencia tal como lo tienen los demás objetos.

Como lo explica Nishida:

Para reconocer lo que es [有るというもの aru to iu mono], lo hacemos contrapo-

niéndolo a lo que no es [無いというもの nai toiu mono]. Sin embargo, lo que no

es reconocido en contraposición a lo que es, sigue siendo un ser [ yū o u]. La

“verdadera nada” [処の無 shin no mu] debe ser lo que envuelve al ser y no-ser [

mu]; y debe ser el basho en el que se forma el ser-y-no-ser [有無 umu]. (Nishida,

1978: Vol 4, 217-218)

El “no-ser” como contraposición al “ser” pertenece a la misma categoría que el

vacío que observamos en el mundo físico. El vacío físico procede de la ausencia de

materia, pero no de la verdadera ausencia de toda cosa, pues incluso en un espacio

completamente vacío todavía hay energía, radiación, fuerzas, etcétera. Por tanto,

está lejos de ser por completo una “verdadera nada”. Esta “nada oposicional” o

relativa es la que aparece en el momento en que una cosa se desplaza o cambia y la

conciencia individual ignora la cosa nueva que ocupa el lugar de la anterior. Al

desconectar el cambio del ujo del tiempo (que mide el cambio y el movimiento),

tiene lugar una especie de “negación de la existencia” en la conciencia. Esto nos

recuerda a la idea de Bergson de una negación que nace de la “desatención” hacia

la cosa que sustituye, tal y como explica en La evolución creadora:

Lo que conere su carácter subjetivo a la negación [de la existencia] es precisamen-

te esto, que en el descubrimiento de una sustitución se toma solo en consideración

lo reemplazado y se desatiende aquello que reemplaza. Lo reemplazado solo existe

como una concepción mental. Si es necesario, para continuar viéndolo, y en con-

secuencia para hablar de ello, se vuelve la espalda a la realidad, que uye desde el

pasado hacia el presente, avanzando desde atrás. Esto es lo que hacemos cuando

negamos. (Bergson, 1928: 310)

Lo que Nishida propone en Basho es, por tanto, una “nada” verdaderamente

trascendente que no sea una no-cosa reejada en la conciencia, sino más bien la

completa ausencia de todo, incluso de la nada oposicional o relativa, es decir, el

 

“no-ser” en contraposición al ser. Como tal, la “nada verdadera” trasciende la con-

ciencia, pero sin tener un basho situado fuera de ella. Todo lo que existe, lo hace

en un basho (o, más bien, debe estar situado en un basho y proyectado en los lími-

tes establecidos por el “campo de la conciencia”), pero la “nada verdadera” no es

una cosa u objeto, y tampoco un contenido o acto. No es una no-cosa en contra-

posición a alguna cosa, tampoco es  según es concebida normalmente en contra-

posición a ; es puramente  en sí. Esto signica que la “nada verdadera” no nace

de la negación de una cosa, sino que es más bien la negación de toda cosa en ge-

neral, incluida la negación misma. Como Nishida lo ejemplica, la negación de un

color sigue siendo un color, e incluso la negación de todos los colores no es todavía

la “nada verdadera” en cuanto que la cosa que carece de color sigue siendo una cosa

y ocupa un basho en la conciencia. Incluso el espacio vacío no es nada sino una

“nada relativa” en cuanto formado a partir de la ausencia de materia porque sigue

siendo un ser que reeja y posee un basho. Como lo explica Nishida “El basho de

la nada verdadera debe ser, por denición, lo que trasciende la oposición entre ser-

y-no-ser y lo que posibilita que se establezcan en su interior [処に – uchi ni]” (Nis-

hida, 1978: Vol 4, 220). Al trascender la conciencia, la “nada absoluta” se convier-

te en el sustrato último en el que se sostiene todo el sistema de la conciencia

propuesto por Nishida o, en sus palabras: “El no-ser que se opone al ser desde la

negación del ser no es la ‘nada verdadera’, la ‘nada verdadera’ es lo que forma el

trasfondo [背景 haikei] del ser” (Nishida, 1978: Vol 4, 218).

La conciencia es el campo en que las cosas son proyectadas y encuentran su

basho respectivo, y la “nada absoluta” es aquello que sostiene todo este sistema. Así,

la “nada verdadera” se convierte en el basho último de todo, incluida la conciencia,

o como empieza a denominarla Nishida, la “conciencia verdadera” en contraposición

con la particular:

Lo que se denomina “conciencia verdadera” debe ser lo que reeja incluso la con-

ciencia como [he explicado] antes, [esta última] “denominada conciencia” [所謂意

 iwayuru ishiki] no es más que algo que ha sido objetivado [処象化されたもの

taishōka sareta mono]. (Nishida, 1978: Vol 4, 220)

Posiblemente el análisis más claro de la conciencia del “yo” proviene de John

W. M. Krummel, cuando comenta que “La ‘denominada conciencia’ es objetivada

como algo pensado. Se convierte en el sujeto gramatical de ‘yo pienso…X’. Como

una ‘nada oposicional’, todavía es un ser latente” (Krummel y Nagatomo, 2012:

195). Al ser objetivada, la “denominada conciencia” posee también su basho en el

campo de la conciencia junto a la conciencia del yo consciente con la que está

Felipe Ferrari Gonçalves 137

conectada. La “conciencia verdadera” que propone Nishida es aquella en donde

cada objeto está proyectado y encuentra su respectivo basho; no está objetivada y

carece de opuestos. Así, la “conciencia verdadera” podría ser interpretada como la

“conciencia verdadera” en sí, pero aquí proponemos interpretarla como un ser

sostenido por la “nada verdadera”. Esta interpretación se basa en el hecho de que

Nishida entiende que el cognoscente, o mejor, el “yo observante” (a diferencia del

“yo actuante”) envuelve lo que es conocido: “Por tanto, no debe signicar que el

cognoscente [o ‘la cosa cognoscente’ 知るもの shiru mono] simplemente consti-

tuye o actúa. El cognoscente debe ser aquello que envuelve lo conocido [知られ

るもの shirareru mono] […]” (Nishida, 1978: Vol 4, 222-223).

El cognoscente no está situado en el ámbito de la conciencia en el que está

correlacionado con aquello que también encuentra su basho ahí, sino que debe ser

más bien un basho que abarque la conciencia y todas las cosas proyectadas en ella.

Pues si la “conciencia verdadera” fuera lo mismo que la “nada verdadera”, ¿cómo

podría el cognoscente abarcar al mismo tiempo la conciencia y proyectarse a sí

mismo en su interior? El cognoscente debe, en consecuencia, estar situado en la

“nada verdadera”, de manera que pueda, al mismo tiempo, abarcar el cognoscente

y proyectarse (como “yo actuante”) en el “campo de la conciencia”.

El yo desde el punto de vista de basho

La mera suposición de que somos capaces de experimentar los fenómenos basta

para demostrar cómo el yo es proyectado en el “campo de la conciencia” de la

misma forma que todos los demás fenómenos. La proyección del “yo verdadero”

situado en la “nada verdadera”, como se ha expuesto anteriormente, tiene su basho

proyectado como el de un “yo actuante” que se relaciona con las cosas proyectadas

y que las cambia mediante las relaciones establecidas por las fuerzas presentes en el

“campo”. Las relaciones entre el “yo actuante” y el basho de los demás objetos

proyectados en la conciencia son lo que denominamos “experiencias” [体処]. Pero

ahora no será difícil entender que este yo y su relación con los fenómenos también

son experimentados y, en este sentido, que este yo también forma parte de la rea-

lidad experimentada como un todo. Por tanto, si las cosas proyectadas en la con-

ciencia son experimentadas por el “yo actuante”, ¿qué es lo que es capaz de expe-

rimentar el yo reejado? Nishida establece una distinción entre “actuar” o “trabajar”

[処く hataraku] y “observar” o “ver” [見る miru] en la cual “actuar” signica rela-

cionarse con objetos en el espacio físico y las proyecciones de tales relaciones en el

basho de la conciencia, mientras que “ver” signica experimentar directamente el

138 La dinámica de basho

basho de las cosas reejadas desde el basho eterno e inamovible de la “nada verda-

dera”. Primero explica así su idea:

El “basho verdadero” no es meramente un basho del cambio, sino un basho de la

generación-y-extinción [生滅 shōmetsu]. Cuando vamos más allá del género [類処

 ruigainen] y nos introducimos en el basho de la generación-y-extinción, el sen-

tido del actuar [処くということ hataraku to iu koto] desaparece y no queda más

que el ver [見るということ miru to iu koto]. (Nishida, 1978: Vol 4, 219)

Esto signica que, desde el “basho verdadero”, el yo no actúa sobre las cosas,

únicamente las ve. El “yo actuante” es proyectado en el “campo de la conciencia”

desde este basho inmóvil e inmutable desde el cual también es experimentado el

“yo observante”. Así, el yo en el basho de la “nada absoluta” se reeja en el basho de

la nada oposicional (es decir, el “campo de la conciencia”) y se observa como un

fenómeno activo, como parte de la totalidad de la realidad experimentada. A dife-

rencia del “yo actuante” que es visto como un ser en constante cambio “ahí” [

 soko] o “allá” [あそこ asoko], el “yo observante” transcendental está siempre

presente “aquí” [ここ koko] y “ahora” [ ima]. Sería una especie de Hiersein [ser-

aquí] en contraste con el Dasein [ser-ahí] de Heidegger.

 

Ahora yo soy Hiersein y en el Hiersein me hago Sinsein, no estoy solo estoy en todos ustedes, en verdad este es mi consejo haceros nada y estén en todas partes. El hombre del verdadero conocimiento se niega a si mismo hasta la nada absoluta y entonces ya no hay amor por sus amigos ni  odio por sus enemigos aun el amor a los enemigos ha sido superado solo hay amor sin mediación alguna, sin ninguna institución normativa  o alguna red desiderativa que quiera manipularnos. Se recompensa mal a un maestro si permanece siempre discípulo, Desojemos pues nuestras coronas aun las más intimas nuestras coronas de mendigos.

Vosotros veneráis a Dios pero ¿Qué pasaría si un día vuestra veneración se derrumba? Cuidado de que no caiga la catedral sobre vuestras espaldas. Decid que no creéis en el tercer Zaratustra, pero que importa el tercer Zarustustra si el mismo no cree en el mismo. Vamos vosotros sois sus creyentes y como tal sus esclavos hasta que engendren en su corazón la verdadera fe que se disuelve.

Ahora os ordeno disolveros, habitad todo el campo ontológico, alcanzad la bondad suprema derribad a la voluntad de poder y al espíritu, solo cuando hayan matado a su padre y a su madre, vivirán.          

 

 

 

 

  Comunión santa salida del horno

Recuerda Piero Santino

En la familia no hay nada imperdonable

-¡Pero como te perdono madre!  Que me hayas hecho guardar silencio

Hablando

-¡NO ENCUENTRO LAS PALABRAS!

Las encontraras recuerda que eres mi príncipe de la mareas

https://vimeo.com/571678878

 

Dios es malvado

"Si Dios fuera real, sería una entidad malvada. El filósofo Arthur Schopenhauer llegó a esta conclusión tras afirmar que los ideales de la religión carecen de un significado claro, especialmente los del cristianismo. Esa religión aboga por un Dios benevolente que da vida y cuyas creaciones pueden llevar a la humanidad a un mundo pacífico. Esto carece de plausibilidad cuando se mira su producto en la Tierra. Su libre albedrío, exento de cualquier vínculo con un ser superior, causa todo lo malo en el mundo; Por eso, si la humanidad es producto de Dios, es un cruel observador de su obra imperfecta.

Esa sería la primera razón para dudar de Dios, junto con su falta de participación en los asuntos de la gente, y también es el principal argumento contra la idea de una entidad superior creando este mundo. Grandes filósofos han discutido la existencia de esta figura y, sin demasiadas complicaciones, la mayoría llega a la misma conclusión: la idea de Dios es una necesidad humana desde la cual comienza su sentido moral. Es importante tener en cuenta que aunque el tiempo ha demostrado que la religión carece de fidelidad en cuanto a sus ideas e historias, sirvió de base para crear civilizaciones bajo diferentes códigos éticos que permitieron el desarrollo semiprospero de la humanidad.

¿Por qué no creer en Dios?

Bertrand Russell escribió un ensayo titulado "Por qué no soy cristiano", hace 90 años, donde generalmente define que la religión surge de la necesidad de darle significado a la estancia de la humanidad en la Tierra. El problema es que los cristianos, principalmente, se centran en resistirse a las pruebas que niegan la ideología que han seguido durante siglos. Necesitan responder con argumentos de causa-efecto diciendo que un Dios debe haber existido para que estemos aquí. Al principio se pensó que éramos únicos y que el planeta giraba alrededor del Sol. Cuando se demostró lo contrario, la iglesia se negó a aceptar ese hecho hasta que fue imposible rechazarlo, y cuando recibió la idea de un Universo, afirmó que Dios había creado eso. creado, olvidando las explicaciones de las leyes naturales del cosmos.

Lo anterior demuestra que la religión está dispuesta a perder verosimilitud en sus declaraciones e historia para mantener una ilusión. Con esto en mente, no sólo pone en duda la existencia de Dios, sino que expone las razones por las que algunas personas se aferran a la idea de que Él es real; necesitan tener un sentido egocéntrico de lo que les rodea. Aunque la ciencia afirma que no somos tan especiales, la religión defiende su ideal central. Necesitas seguridad.

 

El amor me ha usurpado todas las prácticas y llenado de poesía  

He intentado repetir sin cesar en silencio

 

No hay más poder que el tuyo pero no he podido

Tuve que palmear y cantar

Yo era respetable, casto y estable pero

¿Quién es capaz de resistir este fuerte viento y recordar esas cosas?

La montaña conserva el eco muy dentro de si

Así es como yo conservo tu voz

Soy serrín que se lanza a tu fuego

Y raudo quedo reducido a humo  

  Te vi y me quede vacío

Esta vacuidad más hermosa que la existencia

Oblitera toda existencia y sin embargo cuando llega

La existencia prospera y crea más existencia

El cielo es azul. El mundo es como un ciego

Defecando en cuclillas en el camino

Pero quien quiera que vea tu vacuidad

Ve allende el azul y allende el ciego

Las grandes almas se esconden como Mahoma o Jesús

Y deambulan entre la multitud de la ciudad nadie los conoce

Alabar es alabar como uno se entrega a la vacuidad.

Alabar el sol es alabar tus propios ojos

La alabanza, el océano. Lo que decimos un barquito.

Por tanto la travesía continúa y sabe Dios con qué  rumbo

Que nos aguante el océano es la mejor suerte que se puede tener

Es un despertar total

¿Por qué apenarnos de haber estado dormidos?

Da igual cuanto tiempo hayamos permanecido inconscientes

Aunque estemos aun vacilantes, Deshazte de la culpa

Siente el mecer de la ternura

A tu alrededor, la flotación  

 

 

 Estoy repleto de ti

Piel, sangre, huesos, cerebro y alma

No hay cabida para la falta de confianza ni para la confianza

No hay nada en esta existencia más que esa existencia.

 

Un artesano arranco una caña de un cañizal

Le hizo unos agujeros y lo llamo ser humano

Desde entonces la caña gime con una tierna  agonía

De alejamiento, sin nunca mentar la destreza que le dio vida de flauta.

 

 

Cuando un hombre se inventa un cuento para su hijo

Se convierte en padre e hijo

Al mismo tiempo al escuchar.

 

Agua de cuentos

Un cuento es como el agua que te calientas para el baño

Transmite los mensajes entre el fuego y tu piel  

¡Permite que se conozcan y te limpia!

Soy muy pocos los capaces de sentarse en medio del fuego

Como una salamandra o como Abraham

Necesitamos de intermediarios

Se producen sensaciones de plenitud

Pero necesitamos de algo de pan para que aparezcan

Estamos rodeados de belleza

Pero es frecuente que tengamos que estar paseando

Por un jardín para darnos cuenta.

El cuerpo en sí mismo es una pantalla

Para proteger y en parte revelar

La luz que resplandece en el interior de tu presencia  

Agua, cuentos, el cuerpo

Todas las cosas que hacemos son medios

Para mostrar y ocultar lo que está  oculto

Estúdialos y disfruta de este baño de secretos

Que a veces conocemos y a veces, no.  

 

Toda comparación es inadecuada

En el mundo físico no hay dos cosas iguales

Toda comparación resulta inadecuadamente dura.

 

Puede poner un león al lado de un hombre

Pero dicha colocación resulta inadecuada para ambos

Digamos que el hombre es como esta lámpara

Necesita una mecha y aceite, Sueño y alimentos

De no tenerlos morirá

Y siempre los está  quemando intentando morir

 Pero ¿Dónde está el sol en esa comparación?  

Al amanecer la luz de la lámpara

Se confunde con la del día

La unidad

La cual es la realidad, no se puede comprender con imágenes de

De lámparas y soles

No es correcto emborronar la pluralidad en una   unidad.

 

No hay imagen que pueda describir lo que queda

De nuestros padres y de nuestras madres

  De nuestros abuelos y abuelas

El lenguaje no afecta aquel que vive en cada uno de nosotros.

Y entonces me dirás:

 - Y porque tío estas siempre haciendo comparaciones y metáforas

Porque en ellas se recrea la transferencia

Más llega el punto en que la transferencia se abre al  silencio sintransferencial

Superando toda poesía.

 

Allá donde vive Jesús el logos

Se reúnen las personas de gran corazón

  Somos una puerta que jamás se cierra  

Si padeces algún tipo de dolor

Mantente cerca de esta puerta. Ábrela.  

 

Te llame desde la puerta

Los místicos se están reuniendo  

En la calle ¡Sal!

¡Déjame en paz estoy enfermo!  

 

¿Como?

¡Si estás muerto!

 Ha venido Cristo y quiere resucitar a alguien.

 

Jesús a lomos de un burro escuálido

 

Jesús a lomos de un burro escuálido

Un emblema de como el intelecto racional

Debe traspasar el alma animal

Que tu espíritu sea fuerte como Jesús

Si esa parte se debilita

Entonces ese burro enjunto se transforma en un dragón.

 

Un amante le estaba diciendo a su amada

Cuanto la quería, cuan fiel le había sido

Cuanto se había sacrificado levantándose

Cada amaña al amanecer, ayunando, renunciando a riquezas poder y fama

Todo por ella

En su interior ardía un fuego

Él no sabía de donde procedía  

Pero le hacía llorar y derretirse como una vela

 Has hecho bien le dijo ella

¡Pero escúchame estos son lo abalorios del amor!

Las ramas, las hojas y los capullos.

Debes vivir en la raíz para ser un auténtico amante

¿Y eso dónde está?

Dímelo

Has hecho todas las acciones externas

Pero no has muerto  

Debes morir

Al oír eso se tumbo boca arriba en  el suelo

Riéndose y se murió

Se abrió como una rosa que cae al suelo

Y murió riendo

Esa risa fue su libertad

Y su regalo a la eternidad.

 

Al igual que la luz de la luna devuelve al sol su resplandor

Oyó la llamada del regreso al hogar y ahí fue

Cuando la luz regresa a su fuente

Nada de lo que ha iluminado se lleva consigo

Puede que haya vertido sus rayos sobre un montón de basura o sobre un jardín

O en el centro de un ojo humano da igual

  Se va y cuando se va, la extensa  llanura se torna apasionadamente desolada

Deseando que regrese

 

El Gato y la Carne  

 

Había una vez una esposa despectiva

Que se comía todo lo que su marido traía a casa  

Y después le mentía al respecto.

 

Un día estaba  se comió  el cordero para un invitado  

Que estaba por llegar

El marido había trabajado 200 días para poder comprar esa carne

Mientras él estaba ausente su mujer  preparo  un kabob

Y se lo comió  todo con vino

El marido regreso con el invitado

El gato se ha comido toda la carne le dijo

Compra más si te queda algo de dinero

El marido le pidió a un sirviente que trajera al gato

 Y la balanza. El gato peso tres libras

La carne pesaba tres libras y una onza  

Si es este el gato ¿Dónde está  la carne?  

Si es esta la carne ¿Dónde está el gato?  

Ya puedes el ir buscando el uno al otro

Si tienes cuerpo ¿Dónde está  el espíritu?

Si tienes espíritu ¿Dónde está el cuerpo?  

 Este problema no debe preocuparnos ambos son ambos

 

El maíz es tanto la mazorca como el tallo

El carnicero divino nos corta una pieza del muslo

Y una pieza del cuello.

 

Invisible, visible el mundo no funciona sin ambos

 Si a alguien le tiras polvo a la cabeza

No sucede nada.

Si le tiras agua, nada

 Pero mezclalos para formar una bola

Ese casamiento

Entre el agua y el polvo parte una cabeza en dos

Y después hay otros casamientos.

 

El jeque Karraqani y su malvada esposa

 

No me mires déjate caer en la seguridad de Dios

Yo ya me he ahogado

¿Tengo barba?

No me acuerdo

Rescatad a este hombre de su bigote

De orgullosos rizos, mientras que interiormente se arranca los cabellos

¡Casado con Dios! ¡Casado con Dios peo finguiendo no estarlo!

Vemos claramente en que se convierte esta impostura dentro de cien años

Un jeque se mira en un trozo de hierro como si fuera un espejo.

Lo que este hombre de frondosa barba  

No descubre en su propia casa

Un chico lo podría encontrar muy  fácilmente

Zambúllete en el océano

Estas atrapado en tu propia barba ostentosa

Como si tú no tuvieras nada que ver

  ¡No eres basura!

Las perlas quisieran ser como tu

Deberías estar con ellas

Donde las olas, y los peces, y las algas y las perlas y el viento son todo uno

Ni uniones, ni jerarquías, ni diferencias, ni dudas, ni perplejidades, ni habla

Supera cualquier descripción.

 

O te quedas aquí y hablas o te vas allí y te quedas en silencio

O haces las dos cosas, alternándolas

Con los que ven doble utiliza un lenguaje ambiguo

¡Haz ruido toca un tambor utiliza metáforas!

Con los amigos habla solo de misterios

Cerca delas rosas,  canta

Con la gente engañosa, cubre la jarra y protégela

Pero ten paciencia con los que están sumidos en la dualidad

Háblales en términos dulces y razonables

La paciencia pule y purifica.

 

Esta es la historia de un hombre que buscaba al jeque Karraqani

Cierto derviche se marcha de talaqan, cruza las montañas  

Y remonta un largo valle.

Cabe mencionar las injurias y tribulaciones que soporto

Pero seré breve.

Este joven hombre llega a la casa del jeque y llama

La mujer del jeque asoma la cabeza por  la puerta

¿Qué quiere?

Desearía ver al jeque

Ja ja ja se carcajeo la mujer

¡Aquí está su señoría!

¡No tenías nada mejor  que hacer   allá  donde vives que lanzarte

a una expedición tan superflua!

¿No soportas tu pueblo?

¿O es que Satanás te ha traído aquí tirándote de la nariz?

No voy a  contaros todo lo que ella dijo

“Aun así me gustaría ver al jeque”

Pues mejor que des media vuelta y te vayas para tu casa

Cientos de tu calaña han venido aquí como israelitas

Para poder tocar ese arrogante ternero de oro

Parasito, lameplatos en el suelo, dormilón, inútil

Y dicen ¡Oh!! Esto es éxtasis, oh!  Y se olvidan de todas

 Las auténticas ceremonias religiosas y de sus oraciones

El joven ya no pudo aguantarla más

 

Pero ¿Qué  es esto? ¿Una patrulla nocturna me ha tendido una emboscada en pleno día?

Pero y ahora una charlatana intenta impedir que acceda a un hombre santo

Pero yo conozco la luz que me ha conducido aquí

 

La misma que convirtió el ternero de oro en palabras de una historia sagrada

Un santo es un teatro en el que se pueden ver las cualidades de Dios

  No intente impedirme el paso, ¡Sople esta vela y le saltara en la cara!

 ¡Mejor intente apagar el sol!

¡O ponerle un bosal al mar!

Los viejos murciélagos como usted sueñan que todo es tan oscuro como su cueva

Pero no es así.

 

Mi determinación de estar en presencia de este hombre es rápida y constante

No conseguirá pararme o retrasarme

 No hay diferencia entre el que revela el misterio y lo que se revela.

Semilla, sembrar, crecer, recolectar una sola presencia

  Ante la que deberían inclinarse las viejas brujas gruñonas como usted.

Hallaj dijo soy Dios y vivió  en consecuencia

¿Qué sucede al desaparecer el yo?

¿Qué queda después del no?

El que se mofa de estas cuestiones y de las experiencias

A que se refieren se escupe su arrogancia en su propia cara

¡Imposible escupir en el camino en el que seguimos¡

Hasta la lluvia se convierte en escupitajo 

Sobre los que se burlan y muestran una falta de respeto a los santos

  Entonces se alejó  de la entrada de la casa  

Y fue caminando y preguntando por el pueblo.

Finalmente alguien le dijo:

El quth esta cogiendo leña en el bosque.

El joven derviche fue corriendo hacia el bosque

Aunque  con una duda   

¿Por qué un jeque como él tiene una mujer así por esposa

A un ser tan opuesto tan primitivo?

Dios me perdone que lo panga en tela de juicio ¿Quién soy yo para juzgarle?

  Pero no le abandonaba esa pregunta

¿Cómo puede un  maestro acostarse con esa mujer?

¿Puede un guía estar de acuerdo con una ladrona?

De repente apareció el jeque karraquini montado en un león

Con un monto de leña detrás. Como fusta una serpiente viva

Todo jeque cabalga un león feroz

Aunque uno no lo vea.

Observalo con tus propios ojos

¡Bajo los muslos de tu maestro hay miles de leones y todos van cargados de leña!

Karraqani se percató del problema e inmediatamente le empezó a responder

¡Pues no es el deseo lo que hace soportarla!

No creas. No es ni su perfume, ni su ropa de brillantes colores.

Al soportar su desprecio en público me he hecho fuerte y paciente

Ella es mi practica nada se puede aclarar sin que esté  presente un polo opuesto.

Dos estandartes uno negro, otro blanco, entre los dos algo se establece

Entre Faraón y Moisés el mar rojo

Analizas las cuestiones pero no con la suficiente profundidad

Tienes el vigor congelado. La fe es un fluir

No intentes forjar el hierro en frio

Estudia a David, el herrero, el bailarín, el músico

 Ponte al sol, estas envuelto en fantasías  

Y en refunfuños internos

Cuando el espíritu penetra en él,

El hombre comienza a caminar libremente,

Escapando y saltando por encima de las plantas del jardín

Espontaneo y asimilándolo todo.

 

Ahora el relato de un milagro…  

  

 Ahora el relato de un milagro… 

  El cazador de serpientes y la serpiente congelada

Escuchad esto y comprended el misterio que contiene:

Un cazador de serpientes partió  hacia las montañas para cazar  una serpiente

Quería un animal amistoso y que cautivara al público

Pero estaba buscando un reptil

Un animal que desconoce el concepto de amistad

Era invierno

Metida en el fondo de la nieve encontró una enorme y pavorosa serpiente muerta.

Aunque le daba miedo tocarla, la toco

De hecho se llevó  el animal hasta Bagdad

Con la esperanza de que la gente pagara por verla

¡Así de tontos nos hemos vuelto!

El ser humano es una cordillera

¡Las serpientes se sienten fascinadas por nosotros!

Pero nosotros nos vendemos por mirar a una serpiente muerta

Somos como un hermoso satén

Con el que se ha remendado una arpillera

Vengan y vean el dragón que he matado

Y escuchen mis aventuras

Ante este anuncio se agrupo ante él una enorme multitud

Pero el dragón no estaba muerto sino dormido

  Preparo su número en un cruce de caminos

Creció  el círculo de gentes desgarbadas

 Todos caminaban con gran cuidado hombres y mujeres

Nobles y labriegos, todos apretados juntos inconscientes de sus diferencias

¡Era como la resurrección!

El hombre empezó  a desenroscar las gruesas cuerdas

Y deshacer las envolturas de tela con que la había embalado tan cuidadosamente

Un pequeño movimiento

El ardiente sol iraquí había despertado, esta terrible forma de vida

La gente que estaba más cerca empezó a gritar

¡Cundió  el pánico! El dragón hambriento se solo con facilidad

Y mato a muchos en un instante.

El cazador de serpientes permaneció en pie, paralizado

¿Qué he traído de las montañas?

La serpiente se agarró  alrededor de un poste, aplasto al hombre y lo devoro.

 

La serpiente es tu animal.

Cuando la expones al aire caliente de la energía de tus deseos

Caldeada por esta, y por las perspectivas de poder y de riqueza

 Tiene un efecto devastador

 Déjala en la nieve de las montañas

No quieras enfrentar a ella, con tranquilidad, dulzura  y buenos deseos

Los nafs no reaccionan ante estas cosas y no se pueden matar

Hay que ser un Moisés  para enfrentarse a esa bestia

Para hacerla retroceder y hacerla yacer en la nieve

Pero en esta ocasión no había ningún Moisés

Millares perecieron

 

 

“Pedidos”

Rimbaud fue un genio tan precoz que muy pronto sus profesores supieron reconocer en él el signo de una iluminación especial, que a juicio de algunos lo predestinaba a la celebridad segura, aunque de incierto carácter. Su terrible existencia fue reflejada en biografías, estudios, tesis doctorales. Pero tal vez nada como su correspondencia para asomarnos a la intimidad de una vida atormentada por el sufrimiento, que no conoció jamás sosiego, y que culmina en una muerte atroz, corolario de una travesía destrozada por la locura. Como es habitual en buena parte de los genios creadores, las pruebas iniciales de su soberbio talento se acompañaron de signos a los que la posteridad revistió de una pátina romántica y literaria, pero que sin lugar a dudas revelaban el dolor de un alma quebrada por la sinrazón.

Empujado a huir de una madre aterradora, a la que en sus cartas nombra irónicamente como “The mother”, a los dieciséis años emprende su primera fuga, argumentada en el hastío que le produce la mediocridad provinciana en la que habita. A partir de entonces, su vida se convertirá en una sucesión interminable de escapadas, en la dolorosa búsqueda de un más allá sin fin, donde la poesía y la escritura serán para él los únicos hilos de sutura con los que intentar frenar la hemorragia subjetiva de su miserable existencia.

"Una temporada en el infierno", una de sus obras mayores, refleja muy bien el horror claustrofóbico que le producía el ambiente familiar, en el que destacan el abandono paterno y la dureza implacable de una madre cuyo perfil psicológico puede reconstruirse a través de las cartas que le dirige su hija Isabel, hermana del poeta, y que se incluyen en el apéndice del epistolario.

Quiso la tremenda coherencia de la vida de Rimbaud que su estadía en el infierno no se limitase a una temporada. El infierno fue la única patria a la que permaneció unido, el único punto de identidad perpetuo a través de esa interminable errancia por el África colonial donde acabó instalándose, persiguiendo negocios absurdos y empresas imposibles que lo mantuvieron paradójicamente inmóvil, atado a un sufrimiento que acabó con su vida.

Porque si algo deja claro la lectura de esta correspondencia, es que Rimbaud no murió de un carcinoma (aunque haya sido ese el diagnóstico oficial y biológico de su penuria), sino de la imposibilidad para seguir soportando su terrible dolor de vivir. La escritura, que le confirió un nombre póstumo, no fue suficiente para salvarlo de su atroz melancolía, de su locura a la deriva, de su delirante y agónico empeño en negocios ruinosos, soportando rigores interminables a los que sólo la muerte pudo poner fin. Rimbaud huye obsesivamente del frío de las Ardenas, su región natal. Su temor al frío adquiere por momentos un sesgo delirante, puesto que al mismo tiempo se confina en regiones donde el calor abrasador es implacable, una reproducción de la vivencia infernal que lo consume. No obstante, la sólo idea de regresar a Francia le despierta pavor, y ese pavor lo asocia al frío, un frío que sin duda no se limita a las inclemencias del tiempo, sino que es a todas luces una evocación de la vivencia de muerte ligada a la proximidad de su madre, y de cuya siniestra sombra ha procurado escapar desde siempre.

¿Qué encontramos en estas cartas, cuyos destinatarios son algunos amigos y maestros de la juventud, y a posteriori su madre y un buen número de personajes involucrados en su peregrinar por tierras africanas? Si prescindimos del contexto, de las anécdotas circunstanciales y de los sucesivos destinatarios, podremos acceder a una lógica que se destaca al contraluz de la lectura, un nervio que transporta de un extremo al otro de la serie un mismo e irreprimible dolor: Rimbaud es un pedigüeño crónico. Desde la primera a la última, todas sus cartas son la expresión de un pedido. No se trata de una súplica, o de una demanda tímida, puesto que sus pedidos no se formulan jamás desde una posición de humildad, sino de una exigencia que parece soberbia, pero en la que palpita una desesperación secreta. Rimbaud demanda todo el tiempo: libros, dinero, objetos raros que supuestamente le resultan imprescindibles para sus extraños asuntos comerciales, largas listas de cosas que enumera con meticulosidad, proporcionando datos y detalles, precios y direcciones, en un afán de asegurarse el cumplimiento de sus solicitudes. A excepción de unas pocas cartas primeras en las que da rienda suelta a su concepción sobre el arte poético, y algunas crónicas finales sobre su conocimiento de las regiones africanas, la mayoría son la excusa para formular un pedido, un pedido cuyo tono denota la imperiosa urgencia de una necesidad interior que lo tortura, más allá del objeto que en apariencia reclama. Al mismo tiempo, su demanda deja traslucir el modo en que el poeta concibe a su destinatario, el Otro de su correspondencia, por encima del personaje real a quien se dirige. Para Rimbaud, el Otro es alguien que por definición no puede negarse. Por todos los medios, es un Otro literalmente obligado a satisfacer su demanda. Rimbaud se muestra incansablemente como un ser a quien se le debe (sus cartas están repletas de constantes referencias contables) y frente al cual el Otro se erige como un deudor forzado sin cesar a responder.

Su hermana Isabel, que lo acompaña en el lecho de muerte (quizás por esa profesión de hermana que desde Sófocles hasta Sandor Marai, pasando por Hegel, detenta la sabiduría del intérprete), es quien mejor nos descifra el significado profundo de esa demanda infinita, cuando en su carta del 4 de octubre de 1891, un mes antes de la muerte de Arthur, le escribe a la madre: “Cuando se despierta, se dedica a mirar por la ventana el sol que siempre brilla en un cielo sin nubes y empieza a llorar, a la vez que dice que ya nunca verá el sol desde fuera [...]. Y es así siempre, una desesperanza sin nombre, una queja eterna”.

Esta herida abierta de su pierna amputada es la viva imagen de esa llaga interior de la que siempre ha querido escapar, la que lo hace escribir, la que lo impulsa a reclamar en vano algo que jamás llega. En cada una de sus cartas hay siempre un reproche por algún envío que no le fue entregado, por el agravio de no haber sido correspondido en lo que considera una obligación de su interlocutor. Murió en la convicción de que nadie supo responder a su exigencia, una exigencia en la que latía la súplica de que alguien pudiera mitigar el dolor de su locura.

 

Pero ¿Es el dolor de su locura? o más bien hablando desde Shakespeare es el dolor de su conciencia.  

 

Noche de infierno  

 

Antaño, si lo recuerdo bien, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos corrían. Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. —Y la encontré amarga. —Y la injurié. Me armé contra la justicia. Hu. ¡Oh hechiceras, oh miseria, oh collera, a vosotras os he confiado mi tesoro! Logré desvanecer de mi espíritu toda esperanza humana. Sobre toda alegría para estrangularla di el salto sordo de la bestia feroz. 21 Llamé a los verdugos para morder, mientras agonizaba, la culata de sus fusiles. Llamé a las plagas, para ahogarme con la arena, la sangre. La desdicha fue mi dios. Me revolqué en el fango. Me sequé con el aire del crimen. Y le di buenos chascos a la locura.

 

Y la primavera me trajo la horrenda risa del idiota. Ahora bien, hallándome hace muy poco a punto de lanzar el último ¡cuac! soñé recuperar la llave del antiguo festín, en donde tal vez recobraría el apetito. Esta llave es la claridad. —Tal inspiración prueba que he soñado! “Seguirás hiena, etc.....”, exclama el demonio que me coronó con tan amables adormideras. “Gana la muerte con todos tus apetitos, y tu egoísmo y todos los pe cados capitales”. ¡Ah! Estoy harto de eso: —Pero, querido Satán, os conjuro, ¡una mirada menos iracunda! y a la espera de algunas pequeñas vilezas repagadas, para quienes aprecian en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, desprendo estas pequeñas aborrecibles hojas de mi carnet de condenado.

 

Mala sangre

 

Heredo de mis antepasados galos los ojos azul–blancos, el juicio estrecho, y la torpeza en la lucha. Considero mi vestimenta tan bárbara como la suya. Pero no engraso mis cabellos. Los galos fueron los desolladores de bestias, los incendiarios de hierbas más ineptos de su tiempo. De ellos, heredo: la idolatría y el amor al sacrilegio; —¡oh! todos los vicios, cólera, lujuria—, magnífica, la lujuria; —y sobre todo mentira y pereza. 25 Me horrorizan todos los oficios. Patronos y obreros, todos plebe, innobles. La mano que maneja la pluma vale tanto como la que conduce el arado. —¡Qué siglo de manos!— Yo nunca tendré mano. Además, la domesticidad lleva demasiado lejos. Me exaspera la honradez; de la mendicidad. Los criminales repugnan como los castrados: en cuanto a mí, estoy intacto, y me da lo mismo. ¡Pero! ¿quién hizo mi lengua tan perfida como para que guiara y protegiera hasta ahora mi pereza? Sin servirme de mi cuerpo ni siquiera para vivir, y más ocioso que el sapo, estuve en todas partes. No existe una familia de Europa que no conozca. —Hablo de familias como la mía, que lo deben todo a la declaración de los Derechos del Hombre. —¡He conocido cada hijo de familia!  ¡Si poseyera antecedentes en algún to de la historia de Francia! Pero no, nada. Es indudable que siempre fui raza inferior. No comprendo la rebeldía. Mi raza sólo se sublevó para saquear: como los lobos al animal que no mataron. 26 Recuerdo la historia de Francia hija mayor de la Iglesia. Villano, habría hecho el viaje a Tierra Santa; rememoro caminos de las llanuras suabas, panoramas de Bisando, murallas de Solima; el culto a María, el enternecimiento por el crucificado se despiertan en mí entre mil fantasías profanas. —Estoy sentado, leproso, sobre tiestos y ortigas, al pie de un muro roído por el sol—. Más tarde, mercenario, habría vivaqueado bajo las noches de Alemania. ¡Ah! más aún: con viejas y niños danzo el Sabat en el rojizo claro de un bosque. Mi recuerdo no va más allá de esta tierra y del cristianismo. Jamás terminaré de reverme en ese pasado. Pero siempre solo; sin familia; ¿qué lenguaje hablaría? Nunca me veo en los consejos de Cristo; ni en los consejos de los Señores, —representantes de Cristo. Quienquiera que yo fuese en el siglo pasado, sólo vuelvo a encontrarme hoy. Nada de vagabundos, nada de guerras vagas. La raza inferior lo cubrió todo —el pueblo, como se dice, la razón; la nación y la ciencia. 27 ¡Oh! ¡la ciencia! Todo se ha retomado. Para el cuerpo y el alma, —el viático—, contamos con la medicina y la filosofía, —los remedios de buenas mujeres y las canciones populares aregladas. ¡Y los entretenimientos de los príncipes y los jueces que ellos prohibían! ¡Geografía, cosmografía, mecánica, química!... La ciencia, ¡la nueva nobleza! El progreso. ¡El mundo marcha! ¿Por qué no habría de girar? Es la visión de los números. Vamos hacia el Espíritu. Lo que digo es muy cierto, es oráculo. Comprendo, e incapaz de explicarme sin palabras paganas, quisiera enmudecer.

 

¡La sangre pagana retorna! El Espíritu está próximo, ¿por qué no me ayuda Cristo confiriéndole a mi alma nobleza y libertad? ¡Ay! ¡el Evangelio ha muerto! ¡el Evangelio! ¡el Evangelio! Espero a Dios con verdadera gula. Soy de raza inferior por toda la eternidad. 28 Heme aquí en la playa armoricana. Que las ciudades se iluminen en la noche. He cumplido mi jornada; abandono a Europa. El aire marino quemará mis pulmones; me curtirán los climas perdidos. Nadar, pisotear hierba, cazar, sobre todo fumar; beber licores fuertes como metal hirviente, —a semejanza de aquellos queridos antepasados alrededor del fuego. Regresaré, con miembros de hierro, la piel ensombrecida, la mirada furiosa: por mi máscara, se supondrá que pertenezco a una raza fuerte. Tendré oro: seré ocioso y brutal. Las mujeres cuidan a esos feroces lisiados reflujo de las tierras cálidas. íntervendré en política. Salvado. Ahora estoy maldito, tengo horror a la patria. Lo mejor, sería dormir, completamente ebrio, sobre la playa. No se parte. —Retomemos los caminos de aquí, cargado con mi vicio, el vicio que echó sus raíces de sufrimiento en mi flanco, desde la edad de la razón— que sube al cielo, me azota, me derriba, me arrastra. La última inocencia y la última timidez;. Lo dicho. No llevar al mundo mis repugnancias y mis traiciones ¡Vamos! La marcha, el fardo, el desierto, el hastío y la cólera. ¿A quién venderme? ¿A qué bestia adorar? ¿A qué imagen santa atacar? ¿Qué corazones destrozaré? ¿Qué mentira debo sostener? —¿Sobre qué sangre caminar? Cuidarse, más bien, de la justicia. —La vida dura, el simple embrutecimiento—, levantar, con el puño reseco, la tapa del féretro, sentarse, sofocarse. Así, nada de peligros, ni de senectud: el terror no es francés. —¡Ah! me encuentro tan abandonado que ofrezco a cualquier divina imagen mis impulsos hacia la perfección. ¡Oh mi abnegación, oh mi caridad maravillosa! ¡aquí en la tierra, sin embargo! De profundis Domine, ¡si seré estúpido! Cuando aún era muy niño, admiraba al presidiario intratable tras el cual se cierran siempre las puertas de la cárcel; visitaba los albergues y las posadas que él había santificado con su presencia; veía con su idea el cielo azul y el florido trabajo del campo; husmeaba su fatalidad en las ciudades. El era más fuerte que un santo, más sensato que un viajero —y él, ¡sólo él! como único testigo de su gloria y de su razón. En las rutas, durante las noches de invierno, sin techo, sin ropas, sin pan, una voz oprimía mi corazón helado: “Debilidad o fuerza. No sabes a dónde vas ni por qué vas, entra en todas partes, responde a todo. Como si fueras un cadáver ya no te podrán matar.” A la mañana tenía una mirada tan extraviada y un aspecto tan muerto que aquellos que encontré quizá no me hayan visto. En las ciudades el fango se me aparecía súbitamente rojo y negro, como un espejo cuando la lámpara circula en la habitación contigua, ¡cual un tesoro en el bosque! Buena suerte, exclamaba, y veía un mar de llamas y humo en el cielo; y, a izquierda, a derecha, todas las riquezas flameando como un millar de relámpagos. 31 Pero la orgía y la camaradería de las mujeres me estaban prohibidas. Ni siquiera un compañero. Me veía ante una multitud exasperada, ante el pelotón de ejecución, llorando la desgracia de que ellos no hubieran podido comprender, ¡y perdonando! —¡Como Juana de Arco!— “Sacerdotes, profesores, maestros, os equivocáis al entregarme a la justicia. Jamás pertenecí a este pueblo; nunca he sido cristiano; pertenezco a la raza que cantaba en el suplicio; no comprendo las leyes; carezco de sentido moral, soy una bestia: estáis equivocados...” 32 Sí, tengo los ojos cerrados a vuestra luz. Soy una bestia, un negro. Pero puedo ser salvado. Vosotros sois falsos negros, vosotros: maniáticos, feroces, avaros. Mercader, tú eres negro; magistrado, tú eres negro; general, tú eres negro; emperador, vieja comezón, tú eres negro: has bebido un licor sin impuesto, de la fábrica de Satanás. —Este pueblo se inspira en la fiebre y el cáncer. Inválidos y ancianos son tan respetables que piden que los hiervan—. Lo sagaz es abandonar este continente, donde ronda la locura para proveer de rehenes a esos miserables. Yo entro en el verdadero reino de los hijos de Cam. ¿Conozco tan siquiera la naturaleza? ¿me conozco? —Basta de palabras. Sepulto a los muertos en mi vientre. ¡Gritos, tambor, danza, danza, danza, danza! Ni siquiera vislumbro la hora en que, al desembarcar los blancos, me precipitaré en la nada. ¡Hambre, sed, gritos, danza, danza, danza, danza! Los blancos desembarcan. ¡El cañón! Hay que someterse al bautismo, vestirse, trabajar. He recibido el golpe de la gracia en pleno corazón. ¡Ah! ¡no lo había previsto! 33 Yo no hice el mal. Los días me serán leves, se me ahorrará el arrepentimiento. No habré padecido los tormentos del alma casi muerta para el bien, por la que asciende la luz severa como los cirios funerarios. El destino del hijo de familia, féretro prematuro cubierto de límpidas lágrimas. Sin duda el libertinaje es estúpido, el vicio es estúpido; hay que dejar a un lado la podredumbre. ¡Pero el reloj no habrá llegado a dar más que la hora del puro dolor! ¡Me raptarán como a un niño para jugar al Paraíso en el olvido de toda desdicha! ¡Pronto! ¿hay otras vidas? —El sueño en la riqueza es imposible. La riqueza fue siempre un bien público. Únicamente el amor divino otorga las llaves de la ciencia. Veo que la naturaleza es sólo un espectáculo de bondad. Adiós quimeras, ideales, errores. El razonable canto de los ángeles se eleva del navio salvador: es el amor divino. —¡Dos amores! puedo morir de amor terrestre, morir de abnegación. ¡Dejo almas cuya pena se acrecentará con mi partida! Me has elegido entre los náufragos; los que quedan ¿no son acaso mis amigos? ¡Sálvalos! Me ha nacido la razón. El mundo es bueno. Bendeciré la vida. Amaré a mis hermanos. Estas ya no son promesas infantiles. Ni la esperanza de escapar a la vejez y a la muerte. Dios hace mi fuerza, y yo alabo a Dios. El hastío ya no es mi amor. Las iras, el libertinaje, la locura, de la que conozco todos los impulsos y los desastres, —todo mi fardo está depositado. Apreciemos sin vértigo la extensión de mi inocencia. En adelante seré incapaz, de reclamar el consuelo de una paliza. No me creo embarcado para unas bodas donde Jesucristo es el suegro. No soy prisionero de mi razón. He dicho: Dios. Quiero la libertad en la salvación: ¿cómo alcanzarla? Los gustos frívolos me han abandonado. Ya no necesito ni abnegación ni amor divino. No echo de menos el siglo de los corazones sensibles. Cada uno tiene su razón, su desprecio, su caridad: yo conservo mi sitio en la cumbre de esta angelical escala de buen sentido. En cuanto a la felicidad establecida, sea o no doméstica... no, no puedo. Soy demasiado débil, demasiado disipado. La vida florece por el trabajo, vieja verdad: en cuanto a mi vida no es lo bastante pesada, y vuela y flota lejos muy por encima de la acción, ese dorado punto del mundo. 35 ¡Hasta dónde me he convertido en una vieja solterona que me falta coraje para amar a la muerte! Si Dios me concediera la calma celestial, aérea, la plegaria —como a los santos de antaño—. ¡Los santos, fuertes! ¡los anacoretas, artistas como yo no hacen falta! ¡Perpetua farsa! Mi inocencia podría hacerme llorar. La vida es la farsa en que participamos todos. ¡Basta! He aquí el castigo. ¡En marcha! ¡Ah! ¡los pulmones arden, bullen las sienes! la noche rueda en mis ojos, ¡con este sol! el corazón... los miembros... ¿A dónde vamos? ¿al combate? ¡Yo soy débil! los otros avanzan. ¡Las herramientas, las armas... el tiempo!... ¡Fuego! ¡fuego sobre mí! ¡Allí! o me rindo. —¡Cobardes! —¡Me mato! ¡Me arrojo a las patas de los caballos! ¡Ah!..., —Me habituaré. Eso sería la vida francesa, ¡el sendero del honor! He ingerido un enorme trago de veneno. —¡Sea tres veces bendito el consejo que llegó hasta mí!— Se me abrasan las entrañas. La violencia del veneno me retuerce los miembros, me deforma, me derriba. Muero de sed, me ahogo, no puedo gritar. Es el infierno, ¡la pena eterna! ¡Mirad cómo asciende el fuego! Ardo como es debido. ¡Vaya, demonio! Había entrevisto la conversión al bien y a la felicidad, la salvación. ¿Podría describir esa visión, el aire del infierno no tolera himnos! Eran millones de criaturas encantadoras, un suave concierto espiritual, la fuerza y la paz, las nobles ambiciones, ¿qué se yo? ¡Las nobles ambiciones! 37 ¡Y aún es la vida! —¡Si la condenación es eterna! Un hombre que desea mutilarse está bien condenado ¿no es así? Yo me creo en el infierno, por lo tanto estoy en él. Es el cumplimiento del catecismo. Soy esclavo de mi bautismo. Padres míos, habéis he cho mi desgracia y la vuestra. ¡Pobre inocente! —El infierno no puede atacar a los paganos. —¡Aún es la vida! Las delicias de la condenación resultarán después profundas. Un crimen, y pronto, que yo caiga en la nada, en virtud de la ley humana. ¡Calla, pero calla!... Es la vergüenza, el reproche, aquí: Satán proclamando que el fuego es innoble y que mi cólera es horriblemente estúpida. —¡Basta!... Errores que me soplan al oído, magias, perfumes falsos, músicas pueriles. —Y pensar que poseo la verdad, que percibo la justicia: tengo un criterio sano y definido, estoy preparado para la perfección... Orgullo. —La piel de mi cabeza se reseca. ¡Piedad! Señor, tengo miedo. ¡Tengo sed, tanta sed! ¡Ah! la infancia, la hierba, la lluvia, el lago sobre las piedras, el claro de luna cuando el campanario daba las doce... Allí se encuentra el diablo a esa hora. ¡María! ¡Virgen santa!... —Me horroriza mi estupidez. ¿No están allí esas almas honradas, que desean mi bien?... ¡Que acudan!... Tengo una almohada sobre la boca, no me oyen, son fantasmas. Por lo demás, nadie piensa en los otros. No se me acerquen. Huelo a quemado, es evidente. Las alucinaciones son innumerables. Es lo que siempre tuve: falta de fe en la historia, olvido de los principios. Me callaré: poetas y visionarios sentirían celos de mí. Soy mil veces el más rico, seamos avaros como el mar. ¡Ah! el reloj de la vida se ha detenido hace un instante. Ya no estoy en el mundo. —La teología es seria, el infierno con seguridad está abajo— y el cielo en lo alto. —Éxtasis, pesadilla, un sueño en un nido de llamas. Cuántas malicias en la atenta contemplación del campo... Satán, Fernando, corre con los granos salvajes... Jesús camina sobre las zarcas purpurinas, sin doblegarlas... Jesús caminaba sobre las aguas irascibles. La linterna nos lo mostró de pie, blanco y de negras trenzas, sobre una ola de esmeralda... 39 Voy a revelar todos los misterios: misterios religiosos o naturales, muerte, nacimiento, porvenir, pasado, cosmogonía, la nada. Soy maestro en fantasmagorías. ¡Escuchad!... ¡Poseo todos los talentos! —Aquí no hay nadie y sin embargo hay alguien: no quisiera esparcir mi tesoro. —¿Queréis cantos negros, danzas de huríes? ¿Queréis que desaparezca, que me sumerja en busca del anillo.? ¿Qué queréis? Haré oro, remedios. Confiad en mí, la fe alivia, guía, cura. Venid todos, —hasta las criaturas—, para que os consuele, para que uno esparza entre vosotros su corazón, —¡el corazón maravilloso!— ¡Pobres hombres, trabajadores! Yo no pido plegarias; con vuestra confianza solamente, seré feliz. —Y pensemos en mí. Esto apenas me hace extrañar el mundo. Tengo suerte de no sufrir más. Mi vida sólo fue dulces locuras, es lamentable. ¡Bah! hagamos todas las muecas imaginables. 40 Decididamente, estamos fuera del mundo. Ni un solo sonido. Mi tacto desapareció. ¡Ah! mí castillo, mi Sajonia, mi bosque de sauces. Los atardeceres, las mañañas, las noches, los días... ¡Estoy tan cansado! Debería tener mi infierno para la cólera, mi infierno para el orgullo, —y el infierno de la caricia; un concierto de infiernos. Muero de lasitud. Esto es la tumba, voy hacia los gusanos, ¡horror de horrores! Satán, farsante, quieres disolverme, con tus hechizos. Yo reclamo. ¡Yo reclamo! un horquillado, una gota de fuego. ¡Ah! ¡ascender otra vez; a la vida! Otear nuestras deformidades. ¡Y ese veneno, ese beso mil veces maldito! Mi debilidad, ¡la crueldad del mundo! ¡Piedad, Dios mío, ocúltame, me siento demasiado mal! —Estoy escondido y no lo estoy. Es el fuego que se levanta con su condenado.

 

Delirios

 

VIRGEN LOCA EL ESPOSO INFERNAL Escuchemos la confesión de un compañero de infierno: “Oh divino Esposo, mi Señor, no rehuses la confesión de la más triste de tus siervas. Estoy perdida, ebria. Soy impura. ¡Qué vida! “¡Perdón, divino Señor, perdón! ¡Ah! ¡perdón! ¡Cuántas lágrimas! ¡Y cuántas lágrimas todavía para después, espero! “¡Más tarde, conoceré al divino Esposo! Nací sometida a Él. —¡Ahora puede golpearme el otro! “Actualmente, ¡estoy en el fondo del mundo! ¡Oh mis amigas!... no, no son mis amigas... Jamás hubo delirios ni torturas semejantes... ¡Qué tontería! 45 “¡Ah! sufro, grito. Sufro verdaderamen- te. Cargada con el desprecio de los más despreciables corazones, todo me está permitido sin embargo. “En fin, hagamos esta confidencia, a condición de poder repetirla otras veinte veces, —¡tan opaca, tan insignificante! “Soy esclava del Esposo infernal, de aquel que perdió a las vírgenes locas. Es ciertamente ese demonio. No es un espectro, no es un fantasma. Pero a mí que perdí la prudencia, que estoy condenada y muerta para el mundo, —¡no me matarán!— ¡Cómo os lo describiré! Ya ni siquiera sé hablar. Estoy de luto, lloro, tengo miedo. ¡Un poco de frescura, Señor, si quieres, si tú así lo quieres! “Soy viuda... —Era viuda...— pero sí, antes era muy seria, ¡y no nací para convertirme en esqueleto!... El era casi un niño... Sus misteriosas delicadezas me sedujeron. Olvidé todo deber humano por seguirlo. ¡Qué vida! La verdadera vida está ausente. No estamos en el mundo. Yo voy adonde él va, es necesario. Y él se encolerina a menudo conmigo, conmigo, la 46 pobre alma. ¡El Demonio! —Es un Demonio, ya lo sabéis, no es un hombre. “El dice: “No amo a las mujeres. Hay que reinventar el amor, ya se sabe. Ellas sólo pueden ambicionar una posición segura. Obtenida, corazón y belleza se dejan a un lado: sólo queda frío desdén, único alimento del matrimonio de hoy. O bien encuentro mujeres con los signos de la felicidad, a quienes yo hubiera podido trasformar en buenas camaradas mías, devoradas desde el comienzo por brutos sensibles como hogueras...” 47 “Le escucho convertir la infamia en una gloria, la crueldad en un encanto. “Soy de raza lejana: mis padres eran escandinavos: se atravesaban las costillas, bebían su propia sangre. —Yo cubriré de incisiones todo mi cuerpo, me tatuaré, quiero volverme horrible como un mongol: ya verás, aullaré por las calles. Quiero enloquecer de rabia. Nunca me muestres joyas, me arrastraría y me retorcería sobre la alfombra. Mi riqueza, la querría toda manchada de sangre. Jamás trabajaré...” Muchas noches, su demonio se apoderaba de mí, y rodábamos juntos, ¡y yo luchaba con él! —Otras, a menudo, ebrio, acecha en las calles o en las casas, para asustarme mortalmente. “Con toda seguridad me cortarán la cabeza; será “repugnante”. ¡Oh!, ¡esos días en que desea andar con aire de crimen! “A veces habla, en una especie de jerga enternecida, de la muerte que hace arrepentir, de desdichados que ciertamente existen, de trabajos penosos, de despedidas que desgarran los corazones. En los tugurios donde nos embriagábamos, lloraba al pensar en la gente que nos rodeaba, rebaño de la miseria. Levantaba a los ebrios en las negras calles. Sentía la piedad de una mala madre por las criaturas. —Se alejaba con gentileza de niñita que va al catecismo. —Simulaba conocerlo todo, ce mercio, arte, medicina. —Yo lo seguía, ¡como corresponde! 48 “Veía todo el decorado con que se rodeaba mentalmente: vestimentas, telas, muebles; yo le prestaba armas, otro rostro. Veía cuanto le concernía, como él hubiera querido crearlo para sí mismo. Cuando su espíritu parecíame inerte, lo seguía, lejos, en acciones extrañas y complicadas, buenas o malas: estaba segura de no penetrar jamás en su mundo. Junto a su querido cuerpo dormido, cuántas horas nocturnas he velado, preguntándome por qué ansiaría tanto evadirse de la realidad. Jamás ningún hombre hizo semejante voto. Reconocía —sin temer por él— que podría representar un serio peligro para la sociedad. ¿Tendrá acaso secretos para cambiar la vida.? “No, sólo los busca”, me respondía. En fin, su caridad está hechizada, y yo soy su prisionera. Ninguna otra alma tendría fuerza suficiente —¡fuerza de desesperación!— para soportarla, para ser protegída y amada por él. Por lo demás, no lo imaginaba con otra alma: uno ve a su propio Ángel, nunca al Ángel de otro, creo. Yo residía en su alma como en un palacio que se ha desocupado para no recibir a una persona tan innoble como vosotros: eso es todo. ¡Qué vamos a hacerle! Yo dependía de él enteramente. Pero ¿qué pretendía con mi opaca y pusilánime existencia? ¡El no conseguía que fuese mejor, 49 sino haciéndome morir! “Te comprendo.” Él se encogía de hombros. 50 “Así, mi pena se renovaba sin cesar, y encontrándome cada vez más perdida ante mis propios ojos —¡como también ante los de aquellos que hubieran querido fijarse en mí, si no hubiese estado condenada para siempre al olvido de todos!— sentía más y más hambre de su bondad. Con sus besos y sus cariñosos abrazos aquello era un verdadero cielo, un sombrío cielo en el que yo penetraba, y en el cual hubiese querido que me dejaran, pobre, sorda, muda, ciega. Ya me iba habituando a ello. Yo nos veía como dos buenos niños que pueden pasearse libremente en el Paraíso de la tristeza. Nos compenetrábamos. Llenos de emoción, trabajábamos juntos. Pero, despues de una penetrante caricia, él me decía: “Qué extraño te parecerá todo lo que has pasado, cuando ya no esté. Cuando ya no tengas mi brazo bajo tu cuello, mi corazón para que reposes, ni esta boca sobre tus ojos. Porque tendré que irme, muy lejos, algún día. Pues tengo que ayudar a otros: es mi deber. Aunque sea tan poco apetecible... alma querida...” En seguida yo me presentía, ya lejos de él, presa de un vértigo que me precipitaba en las más horribles de las sombras: la muerte. Le hacía jurar que no me abandonaría. Veinte veces, hizo esta promesa de amante. Era tan frívolo como yo cuando le decía: “Te comprendo”. 51 “¡Ah! Jamás me inspiró celos. Creo que no me abandonará. ¿Qué sucedería? Carece de relaciones; no trabajará jamás. Quiere vivir sonámbulo. ¿Bastarían su bondad y su caridad para darle derecho al mundo real? Hay instante en que olvido la miseria en que he caído: él me hará fuerte, viajaremos, casaremos en los desiertos, dormiremos sobre el pavimento de ciudades desconocidas, sin cuidados, sin penas. O despertaré, y las leyes y las costumbres habrán cambiado —gracias a su poder mágico—, el mundo, aunque siga siendo el mismo, me permitirá entregarme a mis deseos, a mis alegrías, a mis indolencias. ¡Oh! la vida de aventuras que existe en los libros de los niños ¿me la darás como recompensa por todo lo que he sufrido? No puede. Ignoro su ideal. Me ha dicho que tiene penas, esperanzas: no debo inmiscuirme en eso. ¿El habla con Dios? Tal vez yo debiera dirigirme a Dios. Estoy en lo más hondo del abismo, y ya no sé rezar. “Si me explicase sus tristezas, ¿las comprendería mejor que sus sarcasmos? Me ataca, pasa horas enteras avergonzándome por todo lo que pudo conmoverme en el mundo, y se indigna si lloro. “—Ves a ese elegante joven, penetrando en la hermosa y calma mansión: se llama Duval, Dufour, Armando, Mauricio, ¿qué sé yo? Una mujer se ha consagrado a querer a ese maligno idiota: está muerta, con seguridad ahora es una santa en el cielo. Tú me matarás como él mató a esa mujer. Es nuestro destino, el destino de los corazones caritativos...” ¡Ay! algunos días se le antojaba que todos los hombres laboriosos eran juguetes de delirios grotescos; se reía largo rato, espantosamente. Luego recobraba sus modales de joven madre, de hermana querida. ¡Si fuera menos salvaje, estaríamos salvados! Pero su dulzura tam52 bien es mortal. Yo estoy sometida a él. ¡Ah! ¡Si seré loca! “Quizás algún día él desaparezca maravillosamente; ¡pero necesito saber si subirá a un cielo, y presenciar, aunque sea en parte, la asunción de mi amiguito!” ¡Vaya una pareja!

 

 

II ALQUIMIA DEL VERBO ¡A mí! La historia de una de mis locuras. Desde tiempo atrás me vanagloriaba de poseer todos los paisajes imaginables, y me parecían irrisorias todas las celebridades de la pintura y la poesía modernas. Gustaba de las pinturas idiotas, ornamentos de puertas, decorados, telas de saltimbanquis, enseñas, iluminadas estampas populares; la literatura pasada de moda, latín de iglesia, libros eróticos sin ortografía, novelas de nuestras abuelas, cuentos de hadas, pequeños libros de infancia, viejas óperas, estribillos bobos, ritmos ingenuos. 55 Soñaba cruzadas, viajes de descubrímiento sobre los que no existen relaciones, repúblicas sin historia, guerras de religión sofocadas, revoluciones de costumbres, desplazamientos de razas y de continentes: creía en todos los encantamientos. ¡Inventaba el color de las vocales! —A negra, E blanca, I roja, O azul, U verde—. Regía la forma, el movimiento de cada consonante, y, con ritmos instintivos, me jactaba de inventar un verbo poético, accesible, un día u otro, a todos los sentidos. Reservaba la traducción. Al comiendo fue un estudio. Escribía silencios, noches, anotaba lo inexpresable. Fijaba vértigos: Lejos ya de rebaños, de pájaros, de aldeanos, ¿qué era lo que bebía entre aquella maleza, de rodillas, en ese tierno bosque de avellanos y ese brumoso y tibio mediodía? ¿Qué era lo que bebía en ese joven Oise, —¡olmos sin voz, oscurecido cielo, césped sin una flor!— en esas amarillas calabazas, lejos ya de mi choza, tan amada? 56 Un licor de oro insípido que nos baña en sudor. Hacía yo de enseña dudosa de hostería. —Una tormenta vino a perseguir los cielos. En la virgen arena el agua de los bosques se perdía, y el vendaval de Dios su granito arrojaba a la marea, en el atardecer. Oro veía, llorando —y no pude beber. Hasta la aurora, en verano, el sueño de amor perdura. Bajo el follaje se esfuma la noche que festejamos. Allí, en sus vastos talleres —y ya en mangas de camisalos Carpinteros trajinan bajo el sol de las Hespérides. 57 En espumosos Desiertos tranquilos arman los techos, donde, luego, ha de pintar falsos cielos, la ciudad. ¡Oh, por esos Artesanos de algún rey de Babilonia deja, Venus, los Amantes de alma en forma de corona! ¡Oh Reina de los Rebaños, obsequiales aguardiente! ¡Que en paz; su fuerza se encuentre, mientras esperan el baño en el mar más meridiano! Las antiguallas poéticas formaban gran parte de mi alquimia del verbo. Me habitué a la alucinación simple: veía con toda nitidez una mezquita en lugar de una fábrica, una escuela de tambores erigida por ángeles, calesas por las rutas del cielo, un salón en el fondo de un lago; los monstruos, los misterios; un título de sainete proyectaba espantos ante mí. 58 ¡Después explicaba mis sofismas mági- cos por medio de la alucinación de las palabras! Terminé por encontrar sagrado el desorden de mi espíritu. Permanecía ocioso, presa de pesada fiebre: envidiaba la felicidad de las bestias —las orugas, que representan la inocencia de los limbos, los topos ¡el sueño de la virginidad! Mi carácter se agriaba. Me despedía del mundo en una especie de romanzas:

 

CANCIÓN DE LA MÁS ALTA TORRE ¡Que venga! ¡Que venga! el tiempo que nos prenda. 59 Tuve tanta paciencia que por siempre olvidé. Sufrimientos, temores a los cielos se elevan. Y la malsana sed oscurece mis venas. ¡Que venga! ¡Que venga! el tiempo que nos prenda. Tal como una pradera entregada al olvido, se expande, florecida de inciensos y cardones, al huraño zumbido de sucios moscardones. ¡Que venga! ¡Que venga! el tiempo que nos prenda. Amaba el desierto, los vergeles quemados, las pequeñas tiendas marchitas, las bebidas tibias. Me arrastraba por calles hediondas y, con los ojos cerrados, me ofrecía al sol, dios de fuego. “General, si queda un viejo cañón sobre tus ruinosas murallas, bombardéanos con bloques de tierra seca. ¡A los cristales de los espléndidos almacenes! ¡a los salones! Que la ciudad trague su polvo. Oxida las gárgolas... Colma los tocadores con polvos de rubí ardiente...” 60 ¡Oh! ¡el ebrio moscardón en el mingitorio de la posada, enamorado del sedimento, y al que un rayo disuelve! HAMBRE Si es que algún gusto me queda es por la tierra y las piedras. Me desayuno con viento, peñascos, carbones, hierro. ¡Den vueltas, mis hambres! Las hambres, ¡que pasten en prado de sones! ¡Que atraigan la suave, la alegre ponzoña de las amapolas! Coman riscos que alguien quiebra, antiguas piedras de iglesia o de diluvios de antaño; panes de los valles pálidos. 61 Aullaba bajo la fronda el lobo escupiendo plumas de un volátil desayuno: como él ¡ay! yo me consumo. Las frutas, las ensaladas, sólo esperan la cosecha; pero en el soto la araña no ingiere más que violetas. ¡Que yo duerma, que yo hierva! en aras de Salomón. Corre el caldo por la herrumbre para mezclarse al Cedrón. En fin, ¡oh dicha! ¡oh razón!, aparté del cielo el azul, que es negro, y viví, chispa de oro, de la luz naturaleza. De alegría, adoptaba la más bufonesca y extraviada expresión posible: ¡Se la volvió a encontrar! ¿Qué? la eternidad. Es el sol mezclado al mar. Cumple tu voto alma eterna pese a los fuegos del día y de la noche desierta. 62 Así pues tú te desprendes de los sufragios humanos y entusiasmos cotidianos para alzar vuelo... según. —Ya se alejó la esperanza, nunca ya más orietur. Tan sólo ciencia y paciencia. El suplicio es sin albur. Ha sucumbido el mañana. Brasas ardientes de raso, es el deber vuestras llamas. Se la volvió a encontrar. —¿Qué?— la eternidad. Es el sol mezclado al mar. Me trasformé en una ópera fabulosa: vi que todos los seres tienen una fatalidad de dicha: la acción no es la vida, sino una forma de malgastar una fuerza, un enervamiento. La moral es la debilidad del cerebro. 63 Me pareció que, a cada ser, se le debían muchas otras vidas. Ese señor ignora lo que hace: es un ángel. Esta familia es una carnada de perros. Ante muchos hombres, conversé en voz; alta con un momento de una de sus otras vidas. —Así, amé a un cerdo. Ninguno de los sofismas de la locura —de la locura que se recluye—, fue olvidado por mí: podría repetirlos todos, poseo el sistema. Mi salud peligró. El terror llegaba. Caía dormido durante días enteros, y, despierto, continuaba los sueños más tristes. Me encontraba maduro para la muerte, y por una ruta de peligros mi debilidad me conducía a los confines del mundo y de la Cimeria, patria de la sombra y de los torbellinos. Debí viajar, disipar los encantamientos acumulados en mi cerebro. Sobre el mar, al que amaba como si él debiera lavarme de un estigma, veía elevarse la cruz; consoladora. Yo había sido condenado por el arco iris. La Dicha era mi fatalidad, mi remordimiento, mi gusano: mi vida sería siempre demasiado inmensa para ser consagrada a la fuerza y a la belleza. 64 ¡La Dicha! Su diente, dulce para la muerte, me advertía al cantar el gallo —ad matutinum, al Christus venit—, en las más sombrías ciudades: ¡Oh estaciones! ¡Oh castillos! ¿qué alma carece de vicios? El mágico estudio yo hice de la dicha ineludible. ¡Salud! a ella, cada ves que canta el gallo francés. ¡Ah! no tendré más codicia. Se ha encargado de mi vida. Su encanto invade alma y cuerpo y dispersa todo esfuerzo. ¡Oh estaciones! ¡Oh castillos! El instante, ¡ay! de su fuga será el mismo de la tumba. ¡Oh estaciones! ¡Oh castillos! Eso ha terminado. Hoy sé saludar a la belleza

 

Lo imposible

 

¡Ah! la vida de mi infancia, el ancho camino en cualquier tiempo, sobrenaturalmente sobrio, más desinteresado que el mejor de los mendigos, orgulloso de no tener patria, ni amigos, qué tontería fue aquello. —¡Y sólo ahora lo advierto! —Tuve razón de despreciar a esos buenos burgueses que no perderían la oportunidad de una caricia, parásitos del aseo y de la salud de nuestras mujeres, hoy cuando ellas están tan poco de acuerdo con nosotros. Tuve razón en todos mis desdenes: ¡puesto que me evado! ¡Me evado! Me explicaré. 69 Ayer no más, suspiraba: “¡Cielos! ¡Somos ya bastantes los condenados aquí abajo! ¡Llevo ya tanto tiempo en su rebaño! Los conozco a todos. Nos reconocemos siempre; nos damos asco. La caridad nos es desconocida. Pero somos corteses; nuestras relaciones con el mundo son correctísimas.” ¿No es asombroso? ¡El mundo! ¡los mercaderes, los ingenuos! —No estamos deshonrados—. Pero ¿cómo nos recibirían los elegidos? Ahora bien, hay gentes ariscas y joviales, falsos elegidos, puesto que se necesita humildad o audacia para abordarlos. Ellos son los únicos elegidos. ¡No son bendecidores! Al recobrar dos céntimos de razón —¡eso pasa pronto!— veo que mis malestares provienen de no haberme figurado a tiempo que estamos en Occidente. ¡Los pantanos occidentales! No es que la luz me parezca alterada, la forma extenuada, el movimiento extraviado... ¡Bueno! He aquí que mi espíritu quiere asumir íntegramente todos los crueles desarrollos que ha sufrido el espíritu desde el fin del Oriente... ¡Pues no es nada lo que quiere mi espíritu! 70 ... ¡Mis dos céntimos de razón terminaron! El espíritu es autoridad, exige que permanezca en Occidente. Tendría que obligarlo a callar para concluir como yo quería. Mandaba al diablo las palmas de los mártires, los resplandores del arte, el orgulio de los inventores, el ardor de los bandidos; retornaba al Oriente, a la primera y eterna sabiduría. ¡Parece un sueño de grosera pereza! No pensaba ni remotamente, sin embargo, en el placer de eludir los sufrimientos modernos. No tomaba en cuenta la sabiduría bastarda del Corán. Pero ¿no es realmente un suplicio que, desde esa decíaración de la ciencia, el cristianismo, el hombre se burle, se pruebe las evidencias, se hinche de placer al repetir esas pruebas y sólo viva en tal forma? ¡Tortura sutil, tonta; fuente de mis divagaciones espirituales! ¡La naturaleza quizá pudiera hastiarse! El señor Prudhomme ha nacido con Cristo. 71 ¿No será porque cultivamos la bruma? Comemos la fiebre con nuestras legumbres acuosas. ¡Y la embriaguez! ¡y el tabaco! ¡y la ignorancia! ¡y las abnegaciones! ¿Se encuentra todo esto muy lejos del pensa- miento, de la sabiduría de Oriente, la patria primitiva? ¡Para qué un mundo moderno, si se inventan semejantes venenos! Las gentes de Iglesia dirán: Entendido. Pero tú quieres referirte al Edén. No hay nada para ti en la historia de los pueblos orientales. Es cierto. ¡Pensaba en el Edén! ¿Qué significa para mi sueño la purera de las rasas antiguas? Los filósofos: El mundo no tiene edad. La humanidad se desplaza, simplemente. Te encuentras en Occidente, pero eres libre de habitar en tu Oriente, tan antiguo como te haga falta — y de habitarlo a gusto. No seas un vencido. Filósofos, sois de vuestro Occidente. Espíritu mío, ten cuidado. Nada de medios de salvación violentos. ¡Ejercítate! —¡Ah! ¡la ciencia no avanza lo suficientemente veloz; para nosotros! —Pero advierto que mi espíritu duerme. 72 ¡Si a partir de este instante siempre estuviese completamente despierto, alcanzaríamos bien pronto la verdad, que quizá nos circunde con sus ángeles en llanto!... —¡Si hasta ahora hubiese permanecido des- pierto, yo no habría cedido a los instintos deletéreos, en una época inmemorial!... —¡Si siempre él hubiera estado despierto, navegaría yo en plena sabiduría!... ¡Oh pureza! ¡pureza! ¡Es este minuto de vigilia el que me ha proporcionado la visión de la pureza! —¡Por el espíritu se va a Dios! ¡Desgarrador infortunio!  

 

El relámpago

 

¡El trabajo humano! explosión que ilumina mi abismo de vez en cuando. “Nada es vanidad; ¡hacia la ciencia, y adelante!” exclama el Eclesiastés moderno, es decir Todo el mundo. Y sin embargo los cadáveres de los malvados y de los holgazanes caen sobre el corazón de los otros... ¡Ah! rápido, un poco rápido; allá lejos, más allá de la noche, esas recompensas futuras, eternas... ¿las eludiremos? —¿Qué puedo hacer? Conozco el trabajo; y la ciencia es demasiado lenta. Que la plegaria galopa y la luz brama... bien lo veo. Es demasiado simple y hace demasiado calor; prescindirán de mí. Tengo mi deber, pero me enorgullecería como muchos, dejándolo a un lado. 77 He malgastado mi vida. ¡Vamos! Finjamos, holguemos, ¡oh piedad! Y existiremos divirtiéndonos, soñando amores monstruosos y universos fantásticos, quejándonos y combatiendo las apariencias del mundo, saltimbanqui, mendigo, artista, bandido, ¡sacerdote! Sobre mi lecho de hospital, el olor del incienso retornó a mí tan potente; guardián de aromas sagrados, confesor, mártir... Reconozco en todo esto la sucia educación de mi infancia. ¡Y qué!... Andar mis veinte años, si los otros andan veinte años... ¡No! ¡No! ¡ahora me rebelo contra la muerte! El trabajo resulta excesivamente liviano para mi orgullo: mi traición al mundo significaría un suplicio demasiado breve. A último momento, atacaría a diestra y siniestra... Entonces, —¡oh!— pobre alma querida, ¡la eternidad no se habría perdido para nosotros!  

 

 

Mañana

 

¿Acaso no tuve una vez una juventud amable, heroica, fabulosa, digna de inscribirse en hojas de oro? — ¡demasiada suerte! ¿Por qué crimen, por qué error he merecido mi actual debilidad? Ya que pretendéis que las bestias sollozan de dolor, que los enfermos desesperan, que los muertos sueñan mal, intentad relatar mi caída y mi sueño. Ya no logro expresarme mejor que el mendigo con sus continuos Pater y Ave Maña... ¡Ya no sé hablar! Hoy creo, sin embargo, haber terminado la relación de mi infierno. En verdad era el infierno; el antiguo, aquél cuyas puertas abrió el hijo del hombre. 81 Desde el mismo desierto, hasta la misma noche, mis fatigados ojos siempre se abren a la estrella de plata, siempre, sin que se conmuevan los Reyes de la vida, los tres magos, el corazón, el alma, el espíritu. ¿Cuándo iremos, más allá de las playas y los montes, a saludar el nacimiento del nuevo trabajo, la nueva sabiduría, la fuga de los tiranos y de los demonios, el fin de la superstición? ¡a adorar —¡los primeros!— la Natividad sobre la tierra! ¡El canto de los cielos, la marcha de los pueblos! Esclavos, no maldigamos a la vida.  

 

A Dios

 

¡El otoño ya! — Pero por qué añorar un sol eterno, cuando estamos empeñados en descubrir la claridad divina, — lejos de las gentes que mueren en las estaciones. 81 El otoño. Nuestra barca en lo alto de las brumas inmóviles vira hacia el puerto de la miseria, la ciudad enorme de cielo manchado de fuego y lodo. ¡Ah! ¡los harapos podridos, el pan empapado en lluvia, la embriagues, los mil amores que me han crucificado! ¿No acabará nunca esta vampira, soberana de millones de almas y de cuerpos muertos y que serán juzgados.! Vuelvo a verme, la piel devorada por el fango y la peste, lleno de gusanos los cabellos y las axilas y con gusanos aún mayores en el corazón, tendido entre desconocidos sin edad, sin sentimiento... Hubiera podido morir allí... ¡Horrible evocación! Execro la miseria. ¡Y temo al invierno por ser la estación del “confort”! —A veces veo en el cielo playas sin fin cubiertas de blancas naciones jubilosas. Por encima de mí, un enorme navío de oro agita sus pabellones multicolores en las brisas de la mañana. He creado todas las fiestas, todos los triunfos, todos los dramas. He tratado de inventar nuevas flores, nuevos astros, nuevas carnes, nuevos idiomas. Creí adquirir poderes sobrenaturales. ¡Y bien! ¡debo enterrar mi imaginación y mis recuerdos! ¿Bella gloría de artista y de narrador perdida! ¡Yo! ¡Yo que me consideré ángel o mago, dispensado de toda moral, soy restituido a la tierra, con un deber que hay que buscar, y una rugosa realidad que es necesario estrechar! ¡Patán! ¿Me engaño? ¿La caridad sería, para mí, hermana de la muerte? En fin, pediré perdón por haberme nutrido de falsedad. ¡Y adelante! ¡Pero ni una mano amiga! ¿Y adónde pedir socorro? 82 Sí, la nueva hora al menos es muy severa. Porque puedo decir que alcancé la victoria: el rechinar de dientes, los silbos del fuego, los suspiros pestíferos se moderan. Todos los inmundos recuerdos se desvanecen. Mis últimos pesares escapan —celos de los mendigos, los bandoleros, los amigos de la muerte, los retardados de toda especie—. Condenados, ¡si yo me vengase! Hay que ser absolutamente moderno. Nada de cánticos: conservar lo ganado. ¡Dura noche! La sangre reseca humea sobre mi rostro, y detrás de mí sólo tengo ese horrible y diminuto arbusto... El combate espiritual es tan brutal como la batalla de los hombres; pero la visión de la justicia es el placer de Dios únicamente. Entretanto es la víspera. Recibamos todos los influjos de vigor y de auténtica ternura. Y al llegar la aurora, armados de ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades. ¡Qué hablaba yo de mano amiga! Es una ventaja considerable poder reírme de los viejos amores engañosos y cubrir de vergüenza a esas parejas embusteras —he vis83 to allá el infierno de las mujeres—; y me será posible poseer la verdad en un alma y un cuerpo.  

 

Se agradecido cuando algo que parce desagradable viene de una persona sabia

 

Una vez un santo montado en su burro

Vio que una serpiente se metía en la boca de un hombre dormido

A pesar de apresurarse no pudo evitarlo

Le dio varios golpes al hombre con su bastón

 

El hombre se despertó aterrorizado y corrió hacia un manzano

Debajo del cual el suelo estaba lleno de manzanas podridas.

¡Come manzanas miserable infeliz cómetelas!

¿Por qué me haces esto?

Come más estúpido  

No te conozco de nada

¿Tienes alguna lucha interna con mi alma?

El sabio siguió obligándole a que comiera y después empezó a perseguirle

Se pasó  horas dando de latigazos a ese hombre y haciéndolo correr

Finalmente al caer la noche, hinchado de manzanas podridas

  Agotado y sangrando, cayó  al suelo y lo vomito todo

Lo bueno y lo malo las manzanas y la serpiente

Al ver que le salía de dentro

Esa serpiente horrible cayó de rodillas ante su agresor

¿Eres Gabriel? ¿Eres Dios?

Bendito sea el momento en que me viste

Yo estaba muerto y no lo sabia

De haberte explicado lo que estaba haciendo

Es posible que te hubiera dado pánico y te hubieras muerto de miedo

Mahoma dijo:

Si yo describiera al enemigo que tenemos dentro

Hasta el más valiente quedaría paralizado  

Nadie saldría a la calle ni trabajaría en nada

Nadie iría a la oración ni ayunaría

Y los seres humanos perderían toda su capacidad de cambio

Así que no te dije nada, mientras te fustigaba para como David

Poder darle forma al hierro

Para aun pareciendo imposible poder reinsertar las plomas en las alas del pájaro  

El silencio de Dios es necesario a causa de la pusilanimidad  del género humano

Si te hubiese dicho que tienes una serpiente dentro

Habrías sido incapaz de comer nada

Y si no hubieras comido no hubieras vomitado.

Al darme cuenta de tu situación espolee a mi burro

Para intentar evitarlo sin dejar de susurrar

Señor pónselo fácil ¡No se me permitía decírtelo

Ni se me permitía dejar de fustigarte!  

 

El hombre curado aun de rodillas dijo

No tengo forma de agradecerte la rapidez de tu sabiduría y el poder de tu guía

Dios te lo agradecerá.

 

Bruñir el espejo

 

Cuando Abu Bakr conoció a Mahoma

Dijo no es esta una cara que mienta

 Abu Bakr era de aquellos cuyo cuenco se ha caído del tejado

Es imposible disimular la fragancia que viene de un ser extático

Un espejo bien bruñido no puede evitar reflejar.

 

En una ocasión Mahoma está  hablando

A un grupo de príncipes altamente influyentes

 Cuando le interrumpió  un pobre ciego

 

Mahoma frunció  el ceño y le dijo permíteme atender a estos visitantes

Es una situación muy poco frecuente mientras tú eres amigo mío

Después tendremos todo el tiempo que quieras

Entonces alguien cerca de le dijo:

Este ciego puede valer más que cien reyes

Recuerda el proverbio el ser humano es una mina

El poder humano no significa nada

Lo único que importa es la indescriptible y engalanada vida interior

Mahoma respondió: No creas que me importa obtener el reconocimiento de estas autoridades

El que el escarabajo camine al agua de rosas prueba que está  muy diluida

A los escarabajos les encanta el estiércol no el agua de rosas.

Cuando una moneda está  ansiosa de ser puesta aprueba

Dicha moneda puede convertirse en la prueba misma

Al ladrón le encanta la noche

Yo soy el día revelo las esencias

  Un ternero cree que Dios es una vaca

La teología del burro cambia

Cuando alguien lo camela

Dándole lo que quiere

Yo no soy ni una vaca ni pasto

De  cardos para camellos

La gente que me insulta solo está  bruñendo mi espejo.

 

Ali en la lucha

Aprended de Ali a luchar

Sin que participe vuestro ego.

El león de Dios no hizo nada que no le surgiera de su fuero interno.

Una vez en una batalla se enfrentó  a cierto caballero

Y rápidamente le quito la espada

El hombre desarmado en el suelo le escupió a Ali en la cara

Ali dejo caer su espada se relajó  y le ayudo a ponerse de pie

¿Por qué me has perdonado la vida?

¿Por qué el relámpago se recoge en su nube?

Contéstame príncipe mío para que mi alma pueda agitarse como un embrión

Después de un silencio Ali respondió:

Soy el león de Dios no el león de la pasión

El sol es mi señor él es mi único anhelo

Cuando se levanta un viento de reacción personal yo no lo sigo

Muchos vientos están llenos de rabia

Lujuria y avaricia agitan toda la basura que hay alrededor

Pero la sólida montaña de nuestra autentica naturaleza

Se mantiene donde siempre ha estado

Ahora no hay nada más que cualidades divinas

Entra en mí  a través de la abertura

Tu atrevimiento fue mejor que cualquier reverencia

Porque en este momento yo soy tú y tú eres yo

Te entrego este corazón abierto como Dios entrega regalos

El veneno de tu escupitajo se ha transformado en la miel de la amistad

Los tres hermanos y la princesa China

 

Había un rey que tenía tres hijos igualmente consumados

Los tres eran generosos y sabios

Y con certera capacidad de decisión cuando la ocasión lo exigía  

Eran como tres ardientes cirios

Ante su padre, dispuestos a partir

Hacia las lejanas tierras de su reino para comprobar 

   Que se estaban administrando bien y con justicia

  Las tres besaron las manos del rey en señal de despedida y obediencia

Id donde sintáis os llaman. Les dijo el rey

Y bailad por el camino estéis protegidos

Solo les aviso de que no entréis en un castillo en particular

El que se llama la fortaleza que elimina la claridad

  Dicho castillo tiene una galería de hermosas pinturas

Causa de grandes dificultades para la familia real

Es como la sala que suleika decoro con su cuadro en todas partes

Para atrapar a José

Él no podía evitar mirarla

Es el único lugar del que os debéis mantener alejado 

Evidentemente como suele suceder los tres príncipes quedaron

Obsesionados con ver ese castillo

Y a pesar de la advertencia de su padre fueron a verlo

Tenía cinco puertas que daba a la tierra

Y cinco que daban al mar

Al igual que los cinco sentidos externos

Captan  el color y el perfume de los fenómenos

Y los cinco sentidos internos se abren al misterio.

 

Los miles de cuadros allí presentes inquietaron a los príncipes

Pasearon embriagados por los pasillos hasta que

  Los tres al unísono concedieron a un mismo retrato  

La cara de una mujer

Los tres enloquecieron de amor

De esto nos advirtió  nuestro padre

Creíamos que éramos lo bastante fuertes

Para resistir cualquier cosa

Como el que tiene tisis y cree que está  bastante bien como para seguir adelante

¡Pero no lo somos!

¿Quién es esa mujer?

Un sabio jeque se lo revelo es la princesa china, la oculta

El rey  de china la ha recluido como el espíritu está  escondido en el embrión

Nadie puede acceder a su presencia

Ni siquiera se permite que los pájaros vuelen por su tejado

Nadie ha conseguido entrar nunca

No hay ingenio que la pueda conquistar

Daos por vencidos

No obstante los príncipes intercambiaron ideas como camaradas   

   Compartiendo una misma pasión

El mayor dijo siempre hemos sido atrevidos al dar consejo a otros

¡Pero fijaos como estamos ahora!  

Antes decíamos la paciencia es la clave

Pero las reglas que hemos hecho para los demás no nos sirven ahora

Les aconsejamos reíd, ¿Porque ahora estamos tan callados?

¿Dónde están nuestras fuerzas?

Desesperados partieron para china no porque albergaran  esperanza alguna de unión

Con la princesa, sino con el fin de estar cerca de ella

Lo abandonaron todo y se dirigieron a la oculta amada

Vivieron disfrazados en la capital intentando elucubrar alguna forma de penetrar en el palacio

Finalmente el mayor dijo:

No puedo seguir esperando así

No quiero vivir si tengo que vivir separado de mi amada

    Es de ella de quien llevo vanagloriándome toda la vida

¿Qué le importa un naufragio a un pato?

Los pies de pato en el agua de una mar son mejor que un barco

Mi alma y mi cuerpo están casados con este alarde

Estoy soñando pero no estoy dormido

Me jacto pero no miento

Soy una vela

Córtame cien veces el cuello con un cuchillo

Que seguiré ardiendo con igual resplandor

 El almiar de mi existencia ha prendido por ambos lados

Que arda toda la noche hasta consumirse

La luna me proporciona toda la luz

Que necesito en el camino, voy a exponerle mi deseo al rey

Sus hermanos intentaron convencerle de que no lo hiciera

Pero no lo consiguieron

Salió  raudo y llego titubeante ante el rey chino

El cual sabía lo que le sucedía pero guardo silencio   

 Aquél rey estaba dentro de los tres hermanos

Aunque fingía no conocerlos

El fuego debajo del cazo es la apariencia

El agua hirviendo es la realidad

El amado está  en tus venas aunque parezca tener una forma externa a ti  

El príncipe se arrodillo y beso los pies del rey

Y allí permaneció en profunda reverencia

Este joven hombre obtendrá todo lo que busque

Y veinte veces todo aquello de lo que se ha desprendido

En éxtasis arrojo y aposto su túnica

 Un amor así vale más de mil túnicas

Es un embajador de ese amor y está  cumpliendo bien con su trabajo

 Al oír esto el príncipe se quedó  mudo

Pero su alma entro en constante conversación con aquella alma

El príncipe pensó esta es la realidad, este despertar este deshacerse

Permaneció  mucho rato inclinado ante el rey fundiéndose

Una cosa es la ejecución pero a mí  me están ejecutando una y otra vez a cada momento

Que pasa en cuanto a riquezas pobre, pero rico en cuanto a vidas que sacrificar

Nadie puede jugar el juego del amor con una sola cabeza

Esta gozosa espera consumió  al príncipe

La forma del ser amado desapareció  de su mente y consiguió la unión

Las ropas del cuerpo eran de suave seda pero esta desnudez es aún más suave

No se puede hablar más de este tema lo que sigue debe permanecer oculto  

  Cabalgas hacia el mar, pero después el caballo de madera del silencio místico

 Es el que te debe transportar

Cuando se hunde ese barco eres el pez, ni callado ni hablando una maravilla sin nombre

Así  murió  el hermano mayor y el segundo hermano asistió al funeral

¿Qué es esto?

¡Un pez del mismo mar musito el rey!

El chambelán anuncio: Un hijo del mismo padre

El hermano siguiente en edad al fallecido

El rey dijo:

Si la ofrenda que el me ofrece

Y volvieron a descender los sublimes favores

Y pareció  que el patio se partía en dos  

Como una granada riente

Mientras todas las formas del universo abrían al frente de sus tiendas

Nuevas creaciones a cada segundo

Con libros se había documentado sobre dichas revelaciones

 Ahora le tocaba a el

No paraba de decir

¿Hay más? ¿Hay más? Alimentándose de la naturaleza del rey

Sentía una satisfacción que jamás había sentido antes

 Pero entonces le surgió  el orgullo

¿No soy yo también un rey, e hijo de un rey?

¿Porque me está  controlando?

Debería montármelo por mi cuenta independientemente de el

 El rey pensó  te doy luz pura y me tiras porquería a la cara

De repente el segundo hermano se dio cuenta de lo que había hecho interiormente

Pero ya era demasiado tarde se le retiro su magnificencia

De ser un pavo real salió  volando al desierto como lechuza solitaria

  Como Adán labrando como un Buey lejos del Edén  

Volvió en sí  mismo y logro perdón mediante su arrepentimiento

 

  Combino algo más el profundo dolor que surge al perder la unión

Vamos a acortar esta historia

Un año después cuando el rey salió  de su propio retraimiento

Se encontró con que faltaba una flecha de su aljaba y con el segundo hermano muerto

De un flechazo en la garganta

El rey lloro como matador y como principal afectado

Pero todo estaba bien, el segundo hermano también había alcanzado al amado

A través del ojo asesino que reventó  su engreimiento.

    Fue el tercer hermano que hasta entonces había estado enfermo

El que obtuvo  la mano de la princesa

 Experimento el casamiento de la forma y del espíritu

Sin haber hecho absolutamente nada para merecerlo.


 Diacrítica 

La comunión Santa está  servida, ven saborea mientras escuchas a los dos Zorros

 

http://exaltacionalmiedo.blogspot.com/2007/

https://es.scribd.com/document/136699586/Taller-de-Critica-Comedia-en-7-Numeros-Volumen-IV-Parte-Prtimera-1

https://www.facebook.com/notes/10158153076889825/ 

https://teatroloco.blogspot.com/2023/09/tractatus-sanctus-philosophicus.html 

https://adagioalamor.blogspot.com/2024/04/la-cocina-del-sabor-espiritual-desde-la.html

 

https://www.youtube.com/@ALTERACIONDESISTEMAS/videos

https://www.facebook.com/christian.francorodriguez/    

 

El zorro de abajo: ¿Entiendes bien lo que digo y cuento?

El zorro de arriba: Confundes un poco las cosas.

El zorro de abajo: Así es. La palabra, pues, tiene que desmenuzar el mundo. El canto de los patos negros que nadan en los lagos de altura, helados, donde se empoza la nieve derretida, ese canto repercute en los abismos de roca, se hunde en ellos; se arrastra en las punas, hace bailar a las flores de las yerbas duras que se esconden bajo el ichu, ¿no es cierto?

 El zorro de arriba: Sí, el canto de esos patos es grueso, como de ave grande; el silencio y la sombra de las montañas lo convierte en música que se hunde en cuanto hay.

 El zorro de abajo: la palabra es más precisa y por eso puede confundir. El canto del pato de altura nos hace entender todo el ánimo del mundo. Sigamos. Este es nuestro segundo encuentro. Hace dos mil quinientos años nos encontramos en el cerro Latausaco, de Huarochirí; hablamos junto al cuerpo dormido de Huatyacuri, hijo anterior a su padre, hijo artesano del dios Pariacaca. Tú revelaste allí secretos que permitieron a Huatyacuri vencer el reto que le hizo el yerno de Tamtañamca, dios incierto, vanidoso y enfermo. El yerno desafió, primero, a Huatyacuri, a cantar, danzar y beber; y cantó y danzó doscientos bailes distintos con doscientas mujeres; Huatyacuri, acompañado de su esposa, que también era hija del simulador Tamtañamca, hizo danzar a las montañas cantando al compás de una tinya  fabricada por un zorro. Todas las pruebas las ganó el hijo de Pariacaca: se presentó con un vestido hecho de nieve, fue el mejor traje; construyó en una noche, trabajando con los insectos y los animales mayores, un palacio completo; hizo bramar a un puma de color azul; bramó él, aún con más fuerza, mientras danzaba vestido de blanco y negro; espantó a su rival y lo convirtió en venado, y a la mujer de su rival en milagrosa ramera de piedra. Nuestro mundo estaba dividido entonces, como ahora, en dos partes: la tierra en que no llueve y es cálida, el mundo de abajo, cerca del mar, donde los valles yungas encajonados entre cerros escarpados, secos, de color ocre, al acercarse a la mar se abren como luz, en venas cargadas de gusanos, moscas, insectos, pájaros que hablan; tierra más virgen y paridora que la de tu círculo. Este mundo de abajo es el mío y comienza en el tuyo, abismos y llanos pequeños o desiguales que el hombre hace producir a fuerza de golpes y canciones; acero, felicidad y sangre, son las montañas y precipicios de más profundidad que  Tamborcillo.  ¿Suceden ahora, en este tiempo, historias mejor entendidas, arriba y abajo?

El zorro de arriba: Recuerdas que  hablaste desde Chimbote; contaste historias de Chimbote. Hace dos mil quinientos años, Tutaykire (Gran Jefe Herida de la Noche), el guerrero de arriba, hijo de Pariacaca, fue detenido en Urin Allauka, valle yunga del mundo de abajo; fue detenido por una virgen ramera que lo esperó con las piernas desnudas, abiertas, los senos descubiertos y un cántaro de chicha. Lo detuvo para hacerlo dormir y dispersarlo. El agua baja de las montañas que yo habito; corre por los valles yungas encajonados entre montañas secas y ocres y se abre, igual que la luz, cierto, cerca del mar; son venas delgadas en la tierra seca, entre médanos y rocas cansadas, que es la mayor parte de tu mundo. Oye: yo he bajado siempre y tú has subido. Pero ahora es peor y mejor. Hay mundos de más arriba y de más abajo. El individuo que se la vida y escribo un libro era de arriba; tiene aún ima sapra sacudiéndose bajo su pecho. ¿De dónde, de qué es ahora? Yanawiku hina takiykamuway atispaqa, asllatapas, Chimbotemanta. Chaymantaqa, imaymanata, imaynapas, munasqaykita willanakusun ¡Yaw! yunga atoq. [Como un pato cuénteme de Chimbote, oye, zorro yunga. Canta si puedes, instante. Después hablemos y digamos como sea preciso y cuanto sea preciso].

El zorro de abajo: Nisiutam kaypi, sumaq, millay qapaykuna, imaymana, runakunamanta, asnasqaña la mar qochamantapas, imaymana uku yakumanta, llasaq wayramanta, hichaq, hichanakuq, tubukunamanta qapaynin, sinqayta, uyariyniyta tutayachin. Ninriyñataqmi, saya sayarispa, huk asnaywan, huk qapaywan, chay nisqay minisqa asnaykunawan, kancharin, tanlinyan, wañuyta, achikyayta, mosoqyayta, poqchiqta, poqchoqta, llanllariqta, kikillanmanta o por la fuerza tasnuqta, qasillaqta, musiaspa. Qawaytaqa qawanipunim. Qam hina imaymana kaq, chay kaqllamanpas tukukuytaqa atinitaq. Chaynam, willanakunsuyá, aypanakunsunyá maykamapas imaynapas. [Muy fuertemente, aquí, los olores repugnantes y las fragancias; los que salen del cuerpo de los hombres tan diferentes, de aguas hondas que no conocíamos, del mar apestado, de los incontables tubos que se descargan unos sobre otros, en el mar y al pesado aire se mezclan, hinchan mi nariz y mis oídos, Pero el filo de mis orejas, empinándose, choca con los hedores y fragancias de que te hablo, y se transparenta; siente, aquí, una mezcolanza del morir y del amanecer, de lo que hierve y salpica, de lo que se cuece y se vuelve ácido, del apaciguarse por la fuerza o a pulso. Todo ese fermento está y lo sé desde las puntas de mis orejas. Y veo, veo; puedo también, como tú, ser lo que sea. Así es. Hablemos, alcancémonos hasta dónde es posible y como sea posible].

“No soy un culturado…” 11 Acepte con regocijo una mencion honrosa dada por Sara Joffré, porque sentí que representa el único  reconocimiento a una obra que pretende difundir y contagiar en el espíritu de los biotejedores  el arte de un individuo que jamás se reconcilio con el lenguaje, gracias a la conciencia que tenía del valor del espíritu, pudo saborear  el logos y cocinar  con su conocimiento, la belleza del arte creado por otros pueblos que dispusieron de medios más vastos para expresarse. La ilusión de juventud del biodramturgo  parece haber sido realizada. No tuve más ambición que la de superar  en la corriente de la sabiduría toda religión, todo arte, toda filosofía, toda ciencia en una biodramaturgia que alcanzase la comunión. Integración imposible   entre un  Perú criollo  y la sabiduría de un pueblo al que se consideraba degenerado, debilitado o “extraño” e “impenetrable” pero que, en realidad, no era sino lo que llega a ser un gran pueblo, oprimido por el desprecio social, la dominación política y la explotación económica en el propio suelo donde realizó hazañas por las que la historia lo consideró como gran pueblo: se había convertido en una nación acorralada, aislada para ser mejor y más fácilmente administrada y sobre la cual sólo los acorraladores hablaban mirándola a distancia y con repugnancia o curiosidad. Pero los muros aislantes y opresores no apagan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejercicio; ni apagan, por tanto, las fuentes del amor de donde brota el arte. Dentro del muro aislante y opresor, el pueblo quechua, bastante arcaizado y defendiéndose con el disimulo, seguía concibiendo ideas, creando cantos y mitos pues bien esos mitos deben de realizarse para que de una vez por todas lleguen a su fin. Y bien sabemos que los muros aislantes de las culturas  no son nunca completamente aislantes. A mí me echaron por encima de ese muro, un tiempo, cuando era niño; me lanzaron  para descubrir la locura que fundamenta toda civilización por lo mismo “No soy un culturado…” morada donde la angustia  es más intensa que el odio y donde, por eso mismo, el odio no es perturbador sino fuego que impulsa. Recreado  para siempre por los cantos y los mitos, esperando poder provocar el gran infierno en la tierra  llevado por la fortuna hasta la plaza San Martín universidad del pueblo, destruyendo en este hablar todo palabra , mal incorporado al mundo de los cercadores, emigrante triste de grandes ciudades extranjeras, intenté convertir en experiencia todo lenguaje escrito lo que era como individuo: un vínculo vivo, fuerte, capaz de universalizarse, de la gran conciencia cercada y la parte generosa, humana, de los opresores. El vínculo podía universalizarse, extenderse; se mostraba un ejemplo concreto, actuante. El cerco podía y debía ser destruido; el caudal de las dos culturas  se podía y debían unir en tanto estas se negaran a sí mismas, se llenaran y se vaciaran mutuamente. Y el camino tenía  qué ser, aquel  únicamente el que  exigía la destrucción de todo  imperio de vencedores expoliadores, y de vencidos manipuladores  o sea: que la cultura vencida deje de guardar el resentimiento, aun  en la apariencia, y traspase  la cultura de los  vencedores, es decir que supere toda culturización. Yo no soy un culturado; yo  no soy un peruano porque el Perú es un no ser  y solo no siendo es que realmente soy más el Perú levanta en su vacío un nuevo tawantinsuyo, como un demonio feliz habla más allá de todo   cristiano  e indio,  más allá que  en español y en quechua.  Convierto esa realidad en real más allá de todo lenguaje,  pero como los otros pueden saberlo si no participan junto a mí en la experiencia por lo mismo jamás habrá   consenso más o menos general que me otorgue algún reconocimiento. Por eso recibí la mención de Sara con   regocijo. ¿Pudo ver ella la comunión de la que hablaba? No Sara siempre estuvo muerta como todos ustedes pero a diferencia de ustedes ella tenía calambres de vida, y es en una de estas contracciones de su corazón que me cedió este pequeñísimo reconocimiento   Pero este discurso no estaría completo si no explicara que no tengo ningún  ideal que intenté realizar, y que por lo tanto soy el inkarri y que en mi pueden alcanzar este nuevo tawantinsuyo  que de hecho es  imposible, no lo habría logrado si no fuera por la superación de dos principios que obstaculizaron  mi trabajo desde el comienzo. En la primera juventud estaba cargado de una gran rebeldía y de una gran impaciencia por luchar, por hacer algo. Las dos culturas  de las que provenía después de la guerra interna parecían habér superado su  conflicto: el universo se me mostraba carente de toda fe y de toda lucha era como una reconciliación entre traidores, de promesas, de belleza de verdad  en sí de cualquier, exigencia. Fui leyendo a Mariátegui y después a Marx y no  encontré un orden penetrante  en las cosas; la teoría socialista no me dio ningún  un cauce, ningún   porvenir no sabiendo quehacer con toda  mí de energía, asi que tuve  que crearme  un destino y proclame el comunismo complementario desde una dialéctica transferencial donde las mediaciones tanto de la propiedad privada como del estado dictatorial todo estado lo es desaparecían en un biotejido en una sintraferencia en una comunión.     ¿Hasta dónde  han  entendido el comunismo complementario ? Es que acaso no saben que no hay nada que entender, siendo este el máximo entendimiento saber que no sabemos.

 No  maten en ustedes  lo mágico. No pretendo  jamás que sean  políticos si mi dialéctica no destruye  todos los partidos  y aun a la misma dialéctica  ustedes seguirán sujetados al poder, pero deben de traspasar toda  ideología alterar  todo movimientos  en todas  las direcciones y  en permanencia, un claro destino a la energía que sentí desperdiciada  durante mi juventud yo renuncio a toda rebeldía. El otro principio fue el de considerar siempre el Perú como una fuente infinita para la creación. Perfeccionar los medios de entender este país infinito mediante el conocimiento de todo cuanto se descubre en otros mundos. No, pensé no hay país más diverso, más múltiple en variedad terrena y humana; todos los grados de calor y color, de amor y odio, de urdimbres y sutilezas de símbolos utilizados e inspiradores. No por gusto pensaba , como diría la gente llamada común, se formaron aquí Pachacamac y Pachacutec, Huamán Poma, Cieza y el Inca Garcilaso, Tupac Amaru y Vallejo, Mariátegui y Eguren, la fiesta de Qoyllur Riti y la del Señor de los Milagros; los yungas de la costa y de la sierra; la agricultura a 4.000 metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insectos de Europa se ahogarían; picaflores que llegan hasta el sol para beberle su fuego y llamear sobre las flores del mundo.  Estaba engañado descubre la vacuidad de esta nación vacuidad que los peruanos se niegan a  aceptar y que llenan con basura para aparentar ser algo ¿, Túpac Amaru no fue peruano, Santa rosa tampoco y yo quiero una orgia total entre Santa Roza y Túpac Amaru pero para esto Túpac debe ser occidente y Santa rosa oriente, ella desde la ciencia del logos ser una maestra del Basho y el morir, ser atravesado por una flecha en la garganta y por fin no hacer nada entrado a la presencia de todo esto no lo pueden lograr siendo  peruanos  más solo es Perú los puede destruir de tal manera que en ustedes nazca el nuevo Tawantinsuyo asi que veo al Perú como la única mediación imposible como esa que al igual que la filosofía te dice sube a mi barca yo te llevare al mar eterno yentonces usbes y al instante la barca se hunde no quedándote otra que aprender a nadar. Encuentro por lo mismo en el Perú desde su imposibilidad la posibilidad  ontológica de lograr el amor  “Si yo hablo en lenguas de hombres y de ángeles, pero no tengo amor, no soy más que un tambor que resuena o un platillo que hace ruido. Si doy mensajes recibidos de Dios, y no conozco todas las cosas secretas, y tengo toda clase de conocimientos, y tengo toda la fe necesaria para quitar los cerros de su lugar, pero no tengo amor, no soy nada. Si reparto todo lo que tengo, y si entrego hasta mi propio cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve... El amor nunca muere. Vendrá el tiempo en que ya no se tendrá que dar mensajes recibidos de Dios, ni se hablará en lenguas, ni se necesitará el conocimiento. Pues concocemos sólo en parte y en parte damos el mensaje divino; pero cuando conozcamos en forma completa, lo que es en parte desaparecerá... Cuando yo era niño, hablaba, pensaba y razonaba como niño; pero cuando ya fui hombre, dejé atrás las cosas de niño. De la misma manera, ahora vemos las cosas en forma confusa, como reflejos borrosos en  un espejo; pero entonces las veremos con toda claridad. Ahora sólo conozco en parte, pero entonces voy a conocer completamente, como Dios me conoce a mí. Así, pues, la fe, la esperanza y el amor duran para siempre; pero el mayor de estos tres es el amor...”

 

—¿Y el odio? —dijo Cardozo en inglés—. El odio de don Cecilio Ramírez, odio con lágrimas, que me ha desquicidado y desquiciado a todos en la oficina. Yo he visto aquí, en Chimbote, visiones entre apocalipticas y ternuras. ¡Señor! Cada noche, cada día veo revelaciones que me enardecen y conturban. Este don Cecilio dice más, muchísimo más que el cadáver de la joven parturienta que descansaba sobre una estera, entre centenares de moscas, allá en la barriada de Coishco, mientras sus parientes bebían. Ahora sé que las moscas quizá chupaban odio de ese cadáver triste. Y este Hutchinson tarda, tarda en aprender. ¿Para qué tanta inteligencia y tanto estudio? ¿Es malo decir concha’e tu madre, Señor? ¡No, no es malo! Procura ardencias necesarias en las neuronas y en la sangre. Por eso pescadores... Aunque don Hilario jamás dice esas palabras. ¿Jamás? ¿De veras, don Hilario, que eres para mí, y serás siempre, como el aceite al agua?

No porque en mi se logra toda reconciliación y no hay que no esté  puro y de lo que no puedan beber  Imitar desde aquí a alguien resulta algo escandaloso. En técnica nos superarán pero no nos  dominarán, sabemos anora la comunión de la voluntad y el espíritu de como uno saca serpientes de la garganta y como otra consuela drena el dolor y enseña a amar dejándonos libres  así que  podemos hacer  que aprendan de nosotros y lo podemos hacer incluso sin movernos de aquí mismo. Ojalá vean la  soberbia en lo que he tenido que hablar; mi dragón nunca está  dormido siempre estará listo para devorarlos y ahora sepan todos decidí  vivir, el niño Ernesto ha dejado de suicidarse en mí Canudos es posible en un nuevo tawantinsuyo.

 

 

Zorro de arriba-OH este hombre es de los nuestros sabe que delante no hay nada

Zorro de abajo- Los amantes creen que se buscan pero búsqueda solo hay una:

Errar por este mundo es errar por el de aquel, ambos insertos en un cielo trasparente. Aquí no hay dogma ni herejía    

Zorro de arriba-El milagro de Jesús es el mismo, no lo que dijo ni hizo respecto al futuro, olvídate del futuro, yo adoraría al que fuera capaz de hacerlo.

Zorro de abajo-En el camino puedes echar la vista atrás o puede que no, pero si puedes decir, delante no hay nada, nada habrá.

Zorro de arriba- Ábrete de brazos y sujeta la tela de tus vestiduras con ambas manos la sanación del dolor está  en el dolor mismo.

Zorro de abajo- Se mezclan lo bueno y lo malo, el ser y el no ser, el deber y el querer, la verdad y el poder, El espíritu y la voluntad. Si no los tienes a ambos no eres de los nuestros.

Zorro de arriba- Cuando uno de nosotros se pierde o no está  aquí, debe estar dentro de nosotros.

 

Zaratustra- No hay en el mundo un lugar como ese.