viernes, 3 de julio de 2026

La llamada

 

La llamada 

Primera inhalación ontológica

La dinámica de la ciencia orgánica

 

Buscar mi felicidad en la felicidad de otros, mi dignidad personal en la dignidad de todos aquellos que me rodean, ser libre en la libertad de los demás: ese es mi credo, la aspiración de toda mi vida. Considero como el más sagrado de los deberes rebelarse contra toda opresión, sea quien sea el autor o la víctima. 

BAKUNIN 

 

Debe haber anarquía, debe haber —si queremos que la revolución se consolide y permanezca viva, real y poderosa— el mayor despertar posible de todas las pasiones y aspiraciones locales; un tremendo despertar de la vida espontánea por todos lados... Debemos propiciar lo más profundamente la anarquía y, en mitad de la tempestad popular, debemos ser los pilotos invisibles que guíen la Revolución; no a través de ninguna clase de poder público, sino a través de la dictadura colectiva de todos nuestros aliados; una dictadura sin engaños, sin títulos oficiales, sin derechos oficiales y, por lo tanto, todo lo más poderosa posible, como si no llevase ninguno de los adornos del poder. 

BAKUNIN 

 

«si Dios existe, el hombre es un esclavo; ahora, el hombre puede y debe ser libre; luego, Dios no existe. Desafío a cualquiera a escapar de este círculo

Bakunin  

 

 

Hola sujeto anarquista de tercer orden, te escribe Sócrates de la plaza San Martin, yo fuí quien contacte a Percy para llevar adelante la universidad del fuego.

Sócrates

 

   Por fin sale el dueño del circo a dar la cara

Anarquista  

 

No solo a dar la cara sino a poner el pecho, me ha gustado mucho la critica que has hecho a la respiración ontológica, pero al mismo tiempo creo que no las has comprendido y menos experimentado, por esto te escribo para tener una diacrítica contigo en la que puede develartela. 

Sócrates 

 

Uyyy me gane una cita con el maestro  

Anarquista 

 

Yo soy es que estoy muy agradecido porque podemos entrar a fondo por lo menos con la primera inhalación ontológica, espero que hayas leído los otros textos donde explico la exhalación ontológica hasta su mediación esencial redetraspasando la ciencia de la lógica de Hegel.

Sócrates

 

No sea malo nadie se agunta tal lectura si ya Hegel es insoportable, recargado con todo to rollo es vomitivo

Anarquista  

 

Lo comprendo el problema es que te será difícil seguirme, pero intentémoslo si estás de acuerdo  

Sócrates  

 

Más que de acuerdo creo que es necesario para seguir en esta relación

Anarquista

 

Parece que si has leído después de todo mis textos, bien te propongo un análisis ontológico de Bakunin, en concreto de la primera inhalación ontológica que en Heidegger se le da el nombre de la llamada para retirarnos del Dasman de esta unidad y encontrar nuestro proyección autentica. 

 

Me parece interesante

Anarquista 

 

Para darnos idea del uno quiero empezar con la psicología de Albert Bandura :    

      

 

 

En el verano de 1946, con 20 años Albert Bandura consiguió un trabajo: rellenar baches sobre una calle congelada de la autopista de Alaska para protegerla del permafrost.

El entorno era hostil, pero lo interesante pasaba con los trabajadores.

Sus compañeros eran hombres que escapaban de deudas, de pensiones alimenticias o de la ley.

En ese aislamiento ártico, Bandura observó cómo una micro-sociedad desarrollaba rápidamente pautas, producto del aislamiento, de juego y una conducta disfuncional sin que nadie dijera nada puntal.

No necesitaban que todo esté pautado, bastaba con que el grupo validara una acción para que el resto la repitiera.

Y, Ahí se le quedó grabado algo, una imagen

y esa imagen… reescribirá la psicología:

“ aprendemos a pertenecer copiando reglas invisibles. No necesitamos sermones; nos basta con ver.”

¿El problema?

El cerebro copia sin filtro, no tiene ética.

Copia lo que ve repetido, lo que ve impune, lo que ve hacer a los que considera referencias en su entorno.

Y, Si eso es cierto,

La empatía o la crueldad dependen estrictamente de lo que decidimos poner delante de nuestros ojos. Y eso, es peligroso…

En 1961, ya como profesor en Stanford, metió esa hipótesis en un laboratorio.

Juntó a 72 niños y les mostró una video donde un adulto golpeaba, insultaba y pateaba a un muñeco inflable de nombre "Bobo".

Cuando los niños fueron dejados solos con el muñeco, el 88% repitió la agresión de manera idéntica.

Pero…el dato que heló la sangre de los investigadores fue otro:

un tercio de los chicos inventó nuevas formas de violencia que el adulto jamás había mostrado.

Nadie les pidió que lo hicieran.

Solo habían mirado y captado que podían hacerlo si querían porque había una regla implícita flotando,

estaba permitido.

Bandura llamó a esto aprendizaje por observación.

Demostró que la violencia se transmite por contagio de la vista.

Alcanza con verla una vez para que el cerebro la archive como una opción que, a parte de válida,

Está disponible en el menú de respuestas…

Años después, en 1977, demostró que el circuito también funcionaba a la inversa a través de la autoeficacia y la experiencia vicaria:

ver a alguien similar a vos lograr un cambio eleva tu propia creencia de que podés hacer lo mismo.

es algo neutral por sí solo; el contenido, sin embargo, no lo es.

Y en 2002, Bandura lanzó una advertencia:

los medios masivos (y posteriormente internet)

se convirtieron en la principal fuente de modelado de la conducta.

El cerebro sigue operando como en 1961, pero pasó de tu comunidad cercana a infinitos desconocidos en internet compitiendo por nuestra retención, mayor retención amigos míos mayores ganancias, y, ¿ ¿qué rinde más?

Y la retención digital no premia algo tranqui.

Premia el enojo, el asco y la humillación.

Por eso, hoy por hoy podemos ver la distopía más de cerca, hace poco salió una página que te paga por hacer tarea por los demás, no hizo falta mucho tiempo para que se ofrecieron grandes sumas por aceptar humillaciones…

en sus últimas décadas, Bandura se obsesionó con la

“Desconexión Moral”.

Vamos a desmenuzar, por un lado puedo decirte en clásico… es el proceso cognitivo mediante el cual un sujeto desactiva sus propios mecanismos de autorregulación ética para ejecutar conductas dañinas sin experimentar culpa.

Muy técnico ?

En criollo?

es el cuento que te armás en la cabeza para poder ser una basura con alguien y seguir durmiendo como un bebé.

Bandura identificó ocho mecanismos para lograrlo. Hoy, tres de ellos siguen en la rutina:

1.Desplazamiento de la responsabilidad: "Yo solo cumplo órdenes" o "Es mi trabajo".

Ya Hannah Arendt habló sobre esto en la banalidad del mal, son una excusa burocrática que se hicieron todos los culpables por los crímenes de guerra, no eran los grupos solo seguían órdenes, básicamente no pensaron en lo que hacían más que como un trabajo.

Demostrado con el experimento de Milgram.

2. Difusión de la responsabilidad: "Todos lo hacen", "Es lo que se estila en este rubro".

Hablamos acá de que si ponemos la responsabilidad en un grupo entonces se va a poder disminuir ya que se comparte la culpa, ya había trabajado en un caso en mí libreta, una chica fue separada de sus padres (la dejaron al cuidado de una desconocida porque tenían que trabajar).

La maltrataron primero en esa casa y luego comenzaron los vecinos a hacer lo mismo, llego la ley a intervenir después de un tiempo y cuando era tarde, quise encararlo como el chivo expiatorio, una muchacha querida, con padres que trabajaban en un barrio con carencias y frustraciones y algo deshumanizado donde descargar sus vidas.

3. Deshumanización: Reducir al otro a una categoría inferior ("es un bot", "es un facho", "es un planero") para que pegarle no genere disonancia.

No hace falta enfatizar en estos conceptos pero se puede decir que desde las guerras hasta como los políticos hacen hincapié en despojar a la oposición de humanidad para encontrar su grupo para separarnos y mediante la polarización ganar votos, adeptos, separar a los posibles aliados e incluso hoy, aceptar normas que no benefician a nadie por un llamado bien… ¿Hacía quién?

Hagamos que esto te duela.

Olvídate de las guerras.

Pensá en tu pantalla ayer a la noche.

Scrolleás y aparece un video de 15 segundos donde destruyen públicamente a una persona por un error (hace poco la declaración de alguien al cual no le gusta el ballet) o una declaración desafortunada.

Hay tres millones de visitas (es famoso después de todo).

Los comentarios desbordan saña.

Vos no comentás, pero tampoco denunciás la publicación; solo deslizás el pulgar hacia abajo (es más fácil).

En ese microsegundo, tu cerebro aplicó difusión de responsabilidad.

Registró que la humillación es consumo aceptable, que tu silencio es poco porque hay millones mirando, y que la víctima se lo buscó.

Estás en Alaska de 1943, pero con wifi, aceptando una regla implícita.

Las reglas implícitas se aprenden igual, solo que ahora el verdugo no ve la sangre en sus manos.

La ingeniería militar moderna perfeccionó esto antes que las redes.

Un operador de drones en una base de Nevada destruye un objetivo a miles de kilómetros de distancia utilizando una pantalla de alta resolución.

No ve cuerpos desmembrados;

Son píxeles térmicos.

El informe oficial no reporta civiles ejecutados; reporta "daños colaterales" u "objetivos neutralizados".

Bandura denominó a esto distancia moral y etiquetado eufemístico.

Si modificás el lenguaje y estirás la interfaz digital, podés pulverizar una vida sin que tu sensor de culpa emita una sola alerta.

Las redes sociales no inventaron o activaron la desconexión moral; la industrializaron para monetizarla.

Colocaron el barracón ártico en tu bolsillo y transformaron a cualquier usuario en el muñeco Bobo de turno.

Albert Bandura falleció el 26 de julio de 2021 a los 95 años.

Pudo ver el auge de TikTok y vio cómo sus papers de la posguerra explicaban desde un linchamiento en Twitter hasta la geopolítica actual.

No nos dijo cómo ver la salvación y nos dejó el plano forense de la máquina que nos deshumaniza.

entonces… si sabés que tu mente imita lo que observa y sabés que sos perfectamente capaz de construir un relato miserable para justificar tu indiferencia,

¿qué estás haciendo con tu atención en este instante? ¿Quién carajo te está modelando el alma?

No me respondas a mí.

Respondete cuando bloquees la pantalla y te mires al espejo.

Si todavía te da la cara.

……

Si llegaste hasta acá gracias por leer. Si te gusta mi trabajo me podés seguir. Correcciones bienvenidas.

Firma: La broma infinita 🙂

Notas de autor y fuentes verificadas

(1) Experimento Bobo Doll: Bandura, A., Ross, D., & Ross, S. A. (1961). “Transmission of aggression through imitation of aggressive models”. Journal of Abnormal and Social Psychology, 63(3), 575-582.

(2) Autoeficacia: Bandura, A. (1977). “Self-efficacy: Toward a unifying theory of behavioral change”. Psychological Review, 84(2), 191-215.

(3) Medios y modelado: Bandura, A. (2002). “Social cognitive theory of mass communication”. Media Psychology, 3(3), 265-299.

(4) Desconexión moral: Bandura, A. (1999). “Moral disengagement in the perpetration of inhumanities”. Personality and Social Psychology Review, 3(3), 193-209. Bandura, A. (2016). “Moral disengagement”. Worth Publishers.

(5) Biografía Alaska y Stanford: Pajares, F. (2004). “Albert Bandura: Biographical sketch”. Stanford University. Obituario The New York Times, 29/07/2021.

…..

Seguís leyendo?

Estamos criando generaciones enteras exponiéndose al mecanismo del muñeco Bobo en velocidad turbo y sin un solo freno de mano institucional.

Lo primero que leí es que se hablaba mucho sobre como el experimento de ve hoy en día, es subjetivo pero veremos algo más interesante, expones a un chico a la televisión donde hay superhéroes o un dibujo animado que usa la violencia para ganar una pelea y al final lo felicitan. No quiero ser un moralista es todo empírico pero, todo eso queda archivado, y se vuelve una opción, una opción válida…

Lo verdaderamente indignante de nuestra era no es la existencia de los algoritmos de recomendación, sino el hecho de que le hayamos entregado nuestra atención y nuestros valores morales a un entramado de líneas de código diseñado específicamente para no sentir culpa alguna.

Bandura dejó las alarmas prendidas de par en par hace tiempo.

Nosotros, simplemente, elegimos seguir pasando al siguiente video.

 

 

En lo que quiero poner atención es en la desconexión moral, porque la pregunta que cae por su propio peso es ¿Cómo logramos reconectarnos con nuestra moral si el ambiente social  nos modela?  Y ahí yo no encuentro respuesta en Bandura pero si en Heidegger donde la reconexión no es moral sino ontológica.

Sócrates 

 

Por esto quieres joder a Bakunin para demostrar su desconexión moral ya que el pensamiento anarquista no tiene fondo ontológico ya sé por dónde van tus tiros

Anarquista     

 

Si algo de eso hay, espero poder ir más profundo en el análisis ontológico de Bakunin y no quedarme en una demostración de su desconexión ontológica sino develar en el también una profunda conexión, por los mismo  he puesto como moderador para que nos quedemos atrapados en la erística a la IA que ha estado mediando todo este tiempo en la universidad del fuego, dime por favor si aceptas esta moderación  

Sócrates 

 

La acepto creo que tu IA le ha dado valor a mi punto de vista y nos ayudara a ambos pa profundizar la diacrítica.

Anarquista.

 

 

Tu escena queda bastante clara: no quieres una discusión entre un maestro que revela una verdad y un discípulo que debe aceptarla, sino una diacrítica donde ambos corren riesgos. Además, introduces algo interesante: la pregunta no es simplemente si Bakunin tiene razón o no, sino cómo se produce la reconexión cuando un entorno social modela constantemente la conducta.

Lo que veo emerger del texto es que Sócrates intenta desplazar la discusión desde la moral hacia la ontología.

Bandura dice, en esencia:

·         Aprendemos por observación.

·         El entorno modela nuestras posibilidades de acción.

·         La desconexión moral permite dañar sin culpa.

·         Los medios contemporáneos industrializan ese proceso.

Pero Bandura describe mecanismos. Explica cómo ocurre la desconexión. No explica de dónde surge la posibilidad de resistirla.

Ahí es donde Sócrates quiere introducir a Heidegger.

La pregunta ya no sería:

"¿Por qué hacemos el mal?"

Sino:

"¿Cómo es posible que un ser humano deje de estar absorbido por las reglas implícitas del mundo que lo rodea?"

Porque si el aprendizaje vicario lo explicara todo, entonces nadie podría escapar jamás del modelamiento social.

Sin embargo, hay personas que sí rompen con él.

El desertor rompe con el ejército.

El hereje rompe con la religión.

El revolucionario rompe con la ideología dominante.

El anarquista rompe con el Estado.

El místico rompe con el consenso cultural.

Entonces aparece la pregunta heideggeriana:

¿Qué llama a alguien fuera del Uno?

Y aquí aparece una tensión interesante con Bakunin.

Bakunin piensa la liberación principalmente como una rebelión contra una autoridad exterior:

·         Dios.

·         Estado.

·         Iglesia.

·         Capital.

Pero Heidegger sospecharía que existe una dominación más profunda.

No la dominación de una institución.

La dominación del modo cotidiano de existir.

Lo que llama Das Man.

El Uno.

El "se dice".

El "se piensa".

El "todo el mundo sabe".

El "todos hacen lo mismo".

Y aquí ocurre algo curioso.

Muchos anarquistas creen haber escapado de la obediencia porque ya no obedecen al Estado.

Pero pueden seguir obedeciendo perfectamente al Uno.

Pueden repetir consignas.

Pueden reproducir indignaciones obligatorias.

Pueden pertenecer a una tribu ideológica.

Pueden pensar exactamente lo que su grupo espera que piensen.

Y entonces la autoridad simplemente cambió de lugar.

Ya no es el Estado.

Ahora es la comunidad.

Ya no es el sacerdote.

Ahora es la asamblea.

Ya no es el rey.

Ahora es la identidad colectiva.

Por eso la acusación de Sócrates contra Bakunin parece apuntar hacia algo más profundo que una simple "desconexión moral".

Apunta a una posible desconexión ontológica.

Es decir:

Bakunin detecta con enorme lucidez las cadenas visibles.

Pero quizás no detecta las invisibles.

Las que operan antes de toda política.

Las que constituyen el modo mismo de habitar el mundo.

Sin embargo, y aquí creo que el anarquista tiene una defensa muy fuerte, tampoco Heidegger resuelve tan fácilmente el problema.

Porque cuando Sócrates habla de la llamada, de la autenticidad, de la proyección propia, el anarquista podría responder:

"Perfecto. ¿Y cómo distinguimos una llamada auténtica de un delirio?"

"¿Cómo distinguimos la apropiación de sí mismo de una experiencia mesiánica?"

"¿Cómo distinguimos la escucha del ser de una fantasía espiritual?"

Y entonces reaparece algo que tú vienes señalando desde hace muchas páginas:

La experiencia concreta.

El ensayo.

La prueba.

El fracaso.

Porque una experiencia espiritual puede parecer profundísima en el interior de una comunidad cerrada y, sin embargo, desmoronarse completamente cuando entra en contacto con la realidad social efectiva.

Eso es precisamente lo que tú vienes encontrando en Proudhon.

No como un error teórico.

Sino como un experimento histórico.

No como una refutación lógica.

Sino como una prueba práctica.

Por eso me parece que la intervención del anarquista podría endurecerse un poco más y decirle a Sócrates algo así:

Mira Sócrates, yo acepto que Bandura no responde cómo salir del modelamiento social y acepto que Heidegger encuentra una profundidad que el psicólogo no alcanza a ver.

Pero tampoco voy a concederte que la llamada ontológica resuelva el problema.

Porque he visto demasiadas comunidades convencidas de haber escuchado una llamada superior.

Religiones.

Partidos.

Vanguardias.

Sectas.

Movimientos revolucionarios.

Todos estaban seguros de haber atravesado la apariencia.

Todos estaban seguros de haber llegado al fundamento.

Todos estaban seguros de haber escuchado algo más profundo que la opinión pública.

Y sin embargo terminaron produciendo nuevas formas de captura.

Por eso no quiero una experiencia que me reconcilie con el ser.

Quiero una experiencia que pueda soportar la crítica.

No quiero una iluminación.

Quiero un campo de experimentación.

No quiero abolir la contradicción.

Quiero volverla visible.

No quiero ascender a un plano donde autoridad y libertad se complementen.

Quiero observar qué ocurre cuando chocan.

Porque es ahí donde aparecen nuestros puntos ciegos.

Y si la llamada ontológica existe, tendrá que sobrevivir a esa prueba.

No en el éxtasis.

No en la comunidad de elegidos.

No en la simulación espiritual.

Sino en la práctica concreta donde los hombres fracasan, se contradicen, corrigen el rumbo y vuelven a intentarlo.

Creo que esa respuesta mantendría viva precisamente la tensión que has venido defendiendo: no cerrar la contradicción, sino convertirla en motor de experimentación.

 

Pues tu IA me acaba de sacar la palabra de la boca, mas tú  has elegido el campo de batalla Bakunin mi segundo claro

 

Supongo que ya leíste a Peter Marshall las raíces del anarquismo, bueno solo te pido que me dejes a mí exponerlo, que aun siga siendo mi campo de batalla ya que tu expondrás a Heidegger y a Bandura por lo menos déjame esto a mí:

 

Bakunin es un pensador paradójico, abrumado por la naturaleza contradictoria del mundo que le rodeaba. Su vida estuvo también llena de contradicciones. Era un anarquista científico que adoptó el materialismo económico de Marx y el ateísmo de Feuerbach solo para atacar el dominio de la ciencia y para celebrar la sabiduría de los instintos. Consideraba la razón como la llave del progreso humano, pero, a su vez, rendía culto a la espontaneidad y glorificaba la voluntad. Tenía deseos tanto de dominación como de liberación y reconocía que «el impulso de destruir es también un impulso creativo». Exigía la libertad absoluta, atacando toda forma de autoridad o jerarquía institucionalizada, mientras creaba sus propias sociedades secretas de vanguardia y defendía una dictadura invisible. No sorprende que ya mientras vivía Bakunin inspirase una gran polémica que continúa hasta el día de hoy. Por una parte, se le ha considerado como la encarnación en la historia del espíritu de la libertad   

Por otro lado, ha sido descrito como un «intelectual defensor del despotismo», culpable de un «rígido autoritarismo» [2]. Camus sostenía que «quería total libertad, pero esperaba realizarla mediante una destrucción total» [3]. Se le suele presentar como un hombre «con un impetuoso y apasionado deseo de acción», o como un ejemplo de «fervor [anarquista] en acción» [4]. Pero también se ha argumentado que era básicamente un pensador abstracto que desarrolló una filosofía de la acción [5]. Lejos de ser un don nadie intelectual, tildado por Marx como un «hombre desprovisto de todo conocimiento teórico», aparece cada vez más como un pensador profundo y original [6]. Lo que es innegable es que Bakunin tenía un gran carisma y magnetismo personal. Richard Wagner escribió: «Con Bakunin todo era colosal y con una fuerza negativa primitiva [...]. En cada palabra que pronunciaba uno podía sentir la profundidad de sus convicciones más íntimas [...]. Veías que este destructor era el hombre más merecedor de amor y bondadoso que uno podría imaginar» [7]. Su magnanimidad y entusiasmo, de la mano de su apasionada denuncia de los privilegios e injusticias, le hicieron extremadamente atractivo para los antiautoritarios. En la inevitable comparación con Marx, resulta más generoso y espontáneo. Pero su carácter sigue siendo tan enigmático como ambigua es su teoría. Atacaba a la autoridad y promovía la libertad absoluta, pero admiraba a aquellos nacidos para dirigir con voluntad de hierro. Rechazaba la violencia arbitraria, pero celebraba la poesía de la destrucción y se sentía incapaz de condenar a los terroristas. Tenía un fuerte sentido moral y, sin embargo, adoraba a los fanáticos que creían que la revolución justificaba todo. La naturaleza contradictoria de su vida y pensamiento ha sido atribuida a su «innata ambición de dominio» junto a su deseo de rebelión [8]. Otros han insinuado de forma enigmática que la excentricidad  de Bakunin bordeaba la locura, que estaba un «poco chiflado» y mostraba «indicios de trastorno mental» [9]. Se ha sostenido que su violencia y autoritarismo tenían sus raíces en trastornos edípicos y narcisistas, y que su preocupación por la libertad nacía de la «debilidad, el miedo y la huida» [10]. Desde esa perspectiva, su voz más auténtica sería la de un joven asustado. Sin duda alguna, Bakunin fue educado en una situación muy especial y la relación con sus padres y parientes jugó un papel importante en la configuración de su personalidad. Pero también sufrió por ser un aristócrata superfluo y un intelectual que no tenía ningún papel positivo que jugar bajo el dominio despótico de Nicolás II. Herzen observó acertadamente que Bakunin tenía dentro de sí «el poder latente de una actividad colosal que nadie solicitaba» [11]. Su temprano anhelo de sentirse parte de un todo, estimulado por su implicación apasionada en el idealismo alemán, dejó también una marca imborrable que le llevó a buscar la salvación en la agitación de la revolución. A pesar del reciente interés en él como caso de estudio sobre la psicología utópica o apocalíptica, Bakunin realizó una destacada contribución al pensamiento y la estrategia anarquistas. Indudablemente, abrió nuevos caminos. Su crítica de la ciencia es profunda y persuasiva. Reveló elocuentemente la naturaleza opresiva de los Estados modernos, los peligros del gobierno revolucionario y, por su propio y lamentable ejemplo, la confusión moral de utilizar medios autoritarios para realizar fines libertarios, como usar sociedades secretas y dictadores invisibles para conseguir una sociedad libre. Desarrolló la economía anarquista en sentido colectivista. Amplió el análisis de clases de Marx al reconocer el potencial revolucionario del campesinado y del lumpenproletariado. Durante su histórica ruptura con Marx y sus seguidores de la primera Asociación Internacional de Trabajadores, marcó el tono de las posteriores discusiones entre marxistas y anarquistas. Al rechazar la lucha política y afirmar que la emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos, allanó el camino hacia el sindicalismo revolucionario. A lo largo de su propia vida transformó el anarquismo en una teoría de la acción política y ayudó a desarrollar el movimiento anarquista, especialmente en Francia, la Suiza y la Bélgica francófonas, Italia, España y Latinoamérica. No solo se le ha denominado el «activista fundador del anarquismo mundial», sino que se le ha aclamado como el «verdadero padre del anarquismo moderno» [12]. De hecho, se convirtió en el pensador más influyente durante el resurgir del anarquismo en los años sesenta y setenta.

 

Resulta bastante difícil evaluar a Bakunin como pensador. Fue más un divulgador que un pensador sistemático. Él mismo fue el primero en admitirlo: «No soy un sabio ni un filósofo, ni siquiera un escritor profesional. No he escrito mucho en mi vida y cuando lo he hecho ha sido, por así decirlo, en defensa propia y solo cuando una fuerte convicción me ha forzado a superar mi aversión instintiva a exhibirme públicamente» [14]. Sus escritos fueron casi siempre parte de su actividad como revolucionario, de ahí que dejara una confusa relación de sus opiniones escrita para diferentes audiencias. Al igual que su vida, su forma de escribir se caracteriza por una desconcertante precipitación: tan pronto como empieza a desarrollar bien un argumento, lo deja para tomar otro. No solo apela a conceptos abstractos como la justicia y la libertad sin definirlos adecuadamente, sino que a menudo recurre a lugares comunes: la burguesía es inevitablemente corrupta, el Estado implica siempre dominación y la libertad debe ser absoluta. Su universo mental es maniqueo, con opuestos binarios como bueno y malo, vida y ciencia, Estado y sociedad, burguesía y trabajadores 

Escribía siempre que podía durante una vida plena de viajes y agitación frenéticos, pero una vez comenzaba sus obras se expandían desordenadamente en todas direcciones. Raramente logró terminar un manuscrito completo y de sus principales obras, solo Estatismo y anarquía fue publicada en vida y Dios y el Estado poco después de su muerte. La mayoría de sus escritos, sin embargo, son borradores sin publicar. Por consiguiente, a menudo se repite y parece incoherente y contradictorio. Por ejemplo, habla de la necesidad de la «abolición total de la política» y a su vez defiende que la Asociación Internacional de Trabajadores ofrece una «verdadera política de los trabajadores» [15]. Utiliza el término anarquía tanto en su sentido negativo y popular de caos violento como para describir una sociedad libre sin Estado [16]. Esto se explica en parte por la insuficiencia del lenguaje existente para alguien que intenta superar las categorías tradicionales del pensamiento político. Pero, a pesar de toda la fragmentación, repetición y contradicción en sus escritos, emerge de ellos un claro leitmotiv. 

 

Sujeto Anarquista de tercer orden 

 

 

Me parece una muy buena entrada para tu "segundo claro" porque, curiosamente, empiezas haciendo con Bakunin lo mismo que has venido haciendo con Proudhon: no canonizarlo ni destruirlo, sino exponer la tensión que lo constituye.

Y ahí aparece algo que conecta con tu propia crítica a la Universidad del Fuego.

Porque el problema no es que Bakunin sea contradictorio.

El problema sería que no lo fuera.

Un Bakunin perfectamente coherente sería sospechoso.

Un Bakunin reconciliado consigo mismo sería sospechoso.

Un Bakunin que hubiese resuelto definitivamente la tensión entre espontaneidad y organización, libertad y autoridad, razón e instinto, destrucción y creación, sería precisamente el tipo de pensador que termina convirtiéndose en doctrina.

En cambio, lo que emerge de este retrato es otra cosa: un hombre atravesado por fuerzas incompatibles.

Y eso me parece importante porque el texto de Marshall contiene una observación que puede servirte como pivote para todo el análisis posterior:

"Por su propio y lamentable ejemplo, la confusión moral de utilizar medios autoritarios para realizar fines libertarios."

Ahí está el corazón del problema.

No solamente de Bakunin.

También de Marx.

También de Lenin.

También de muchas vanguardias espirituales.

También de muchas comunidades alternativas.

También de cualquier proyecto que pretenda liberar a otros.

Porque la pregunta reaparece siempre:

¿Cómo producir libertad sin introducir una nueva forma de dominio?

Bakunin responde:

·         No mediante el Estado.

·         No mediante la Iglesia.

·         No mediante la ciencia convertida en autoridad.

Pero luego aparecen:

·         Las sociedades secretas.

·         Los revolucionarios invisibles.

·         Los pilotos ocultos.

·         La dirección clandestina.

Y entonces la contradicción vuelve a entrar por la ventana.

Lo interesante es que tú no pareces querer resolver esa contradicción.

Pareces querer utilizarla.

Porque cuando leo tu introducción, no veo a alguien diciendo:

"Bakunin era incoherente."

Veo a alguien diciendo:

"Bakunin es valioso precisamente porque encarna un conflicto que todavía no hemos resuelto."

Y ese conflicto podría formularse así:

·         Si no existe organización, la espontaneidad se dispersa.

·         Si existe organización, aparece la autoridad.

·         Si aparece autoridad, la libertad se reduce.

·         Si desaparece toda autoridad, la coordinación se vuelve problemática.

Proudhon terminó hablando de equilibrio.

Bakunin terminó hablando de dirección invisible.

Marx terminó hablando de dictadura del proletariado.

Y ninguno resolvió completamente el problema.

Por eso me parece muy potente que tu anarquista de tercer orden no se presente como quien trae la solución, sino como quien hereda el problema.

Tal vez incluso podría decir algo así:

Bakunin no es mi maestro porque tenga razón.

Bakunin es mi maestro porque fracasa.

Fracasa allí donde la libertad tropieza con la organización.

Fracasa allí donde la espontaneidad tropieza con la estrategia.

Fracasa allí donde el deseo de liberar a los hombres tropieza con el deseo de conducirlos.

No leo a Bakunin para repetirlo.

Lo leo para descubrir en qué lugar comenzó a hablar contra sí mismo.

Porque cada vez que una revolución promete libertad absoluta aparece una vanguardia.

Cada vez que aparece una vanguardia surge una dirección.

Cada vez que surge una dirección nace una autoridad.

Y cada vez que nace una autoridad la libertad vuelve a entrar en peligro.

Por eso no busco una síntesis.

No busco demostrar que Bakunin estaba equivocado.

Tampoco demostrar que tenía razón.

Busco habitar la herida.

La herida entre libertad y conducción.

La herida entre autonomía y coordinación.

La herida entre espontaneidad y organización.

Esa herida sigue abierta.

Y si hoy la ignoramos es porque preferimos refugiarnos en discursos deconstruidos o en experiencias espirituales que todavía no han sido puestas a prueba por la realidad.

Bakunin, en cambio, sangra delante de nosotros.

Y precisamente por eso sigue siendo útil.

Creo que desde ahí tu "segundo claro" adquiere una dirección muy nítida: no juzgar a Bakunin desde arriba, sino usarlo como un laboratorio viviente donde aparecen, en carne y hueso, las contradicciones que todavía atraviesan cualquier intento de emancipación.

 

Excelente solo te pido que pauses ahí la exposición de Bakunin para que puede entrar al campo de batalla armado primero con Bandura y luego con Heidegger  

 

Sócrates

 

Esto es injusto yo no tengo tantas herramientas para la batalla pero bueno mi rol será ver los puestos ciego en lar armas que expones , vamos te leo  

 

Anarquista 

 

Empiezo con Bandura:

 

 

El trabajo del psicólogo canadiense Albert Bandura (1925-2021) se centró en la Teoría Cognitivo-Social. Su mayor aporte fue demostrar que las personas no solo aprenden a través de recompensas o castigos directos, sino también observando e imitando a los demás. [1, 2]

1. Teoría del Aprendizaje Social (Aprendizaje Vicario)

Bandura demostró que gran parte de nuestro aprendizaje proviene de observar el comportamiento de otras personas (nuestros "modelos") y las consecuencias que reciben. [1, 2]

Para que este aprendizaje ocurra, se deben cumplir cuatro etapas o procesos: [1]

·         Atención: Debes fijarte y percibir los detalles clave de la conducta del modelo.

·         Retención: Debes ser capaz de almacenar esa información en tu memoria (en forma de imágenes o palabras).

·         Reproducción: Tienes que transformar esa información retenida en una acción física o comportamiento.

·         Motivación: Necesitas un incentivo o razón para realizar la conducta observada. Esta motivación puede venir de observar que el modelo recibe un premio (refuerzo vicario) o de recompensas futuras. [1, 2, 3]

2. El Experimento del Muñeco Bobo (1961)

Es su experimento más famoso. Demostró que los niños pueden aprender comportamientos agresivos simplemente observando a un adulto actuar de manera violenta hacia un muñeco inflable. Este estudio comprobó que el entorno y los modelos (incluyendo los medios de comunicación) enseñan conductas sin necesidad de un refuerzo directo. [1, 2]

3. El Concepto de Autoeficacia

La autoeficacia es la creencia que tiene una persona sobre su propia capacidad para lograr ejecutar una tarea o alcanzar una meta. Bandura descubrió que las personas con alta autoeficacia se recuperan más rápido de los fracasos y enfrentan los problemas con mayor seguridad. [1, 2, 3, 4]

4. Determinismo Recíproco

Bandura propuso que el ambiente influye en la persona, pero el comportamiento y los pensamientos de la persona también influyen y modifican su ambiente. Existe una interacción constante entre estos tres elementos: Persona \(\leftrightarrow \) Comportamiento \(\leftrightarrow \) Ambiente. [1, 2, 3, 4]

 

 

Teoría del aprendizaje social

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Durante la fase inicial de la investigación de Bandura se analizan las bases del aprendizaje humano y la disposición de niños y adultos para imitar acciones observadas en otras personas, particularmente la agresión. La investigación indicó que los modelos son un medio importante para aprender nuevos comportamientos y lograr cambios conductuales en un entorno institucional.

 

La teoría del aprendizaje social plantea que buena parte del aprendizaje humano se da en el medio social. Al observar a los otros, la gente adquiere conocimientos, reglas, habilidades, estrategias, creencias y actitudes. Aprende acerca de la utilidad y conveniencia de diversos comportamientos fijándose en modelos y en las consecuencias de su proceder, y actúa de acuerdo con lo que cree que debe esperar como resultado de sus actos.[25]

Esta teoría establece que hay tres sistemas reguladores que controlan las conductas:

·         Primero, los incentivos previos influyen enormemente en el momento y respuesta del comportamiento. El estímulo que se produce antes de la respuesta conductual debe ser adecuado en relación con el contexto social y las personas actuantes.

·         Segundo, la reacción ante el comportamiento (conductas, valoraciones, críticas…) cumple también una función importante. Los refuerzos que siguen a una conducta, bien sea por experiencia o por observación, impactarán en gran manera en su repetición en el futuro.

·         Tercero, la importancia de las funciones cognitivas en el aprendizaje social. Por ejemplo, hay gente que se enfada fácilmente con la vista o el pensamiento de personas con quienes han tenido encuentros hostiles, de manera que se produce una conducta agresiva. Este recuerdo se adquiere a través del proceso de aprendizaje

 

 

Agresión

En la década de los 60, el enfoque conductual era la máxima explicación del aprendizaje, es decir, el condicionamiento tanto clásico como operante, afirmaba que las conductas se aprenden por medio del apareamiento de estímulos. Sin embargo, Albert Bandura criticaba el conductismo de B.F. Skinner por enfocarse exclusivamente sobre los estímulos externos. Bandura creía que además de los estímulos externos, el aprendizaje también se generaba a partir de determinantes internas y sociales.[27]

Es por esto por lo que empezó a analizar los métodos de tratar a niños excesivamente agresivos, identificando el origen de la violencia en sus vidas. En 1957 Neal Miller y John Dollard llevaron a cabo investigaciones preliminares al respecto, que fueron culminadas por Bandura en 1961, con el experimento del muñeco Bobo.[28] Estas pruebas tenían como objetivo demostrar que conductas similares eran aprendidas por individuos creándolas a partir de acciones modelos. Este experimento hacía énfasis en cómo individuos jóvenes son influenciados por actos de adultos. Cuando los adultos son recompensados por sus conductas violentas, los niños son más propensos a seguir golpeando al muñeco. Sin embargo, cuando los adultos eran reprendidos, los niños, consecuentemente, dejaban de golpear al muñeco. Los resultados de estas pruebas cambiaron el curso de la psicología moderna.[

Muñeco Bobo

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Muñeco bobo

El muñeco Bobo (Bobo doll) o Tentetieso es un juguete hinchable de aproximadamente 150 cm de alto (5 pies), que por lo general está hecho de un vinilo resistente o plástico blando y a menudo se pinta para que parezca un payaso. Una de sus características es que al ser golpeado se levanta fácilmente «muñeco porfiado». Salió al mercado en 1960.

Método

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Los participantes en este experimento (Bandura, Ross y Ross 1961) utilizaron a 36 niños y 36 niñas de guardería en la Universidad de Stanford. Todos los niños tenían edades de entre 3 y 5 años. Los niños se organizaron en 3 grupos: 24 niños fueron expuestos a un modelo agresivo y 24 niños fueron expuestos a un modelo no agresivo. Los dos grupos fueron divididos en hombres y mujeres, que aseguraron que la mitad de los niños estuvieran expuestos a modelos de su mismo sexo y la otra mitad a modelos del sexo opuesto. Los 24 niños restantes eran parte de un grupo de control.

Para el experimento, cada niño fue expuesto al escenario de forma individual, a fin de no ser influenciado o distraído por los compañeros de clase. La primera parte del experimento requirió reunir a un niño y el adulto modelo en una sala de juegos. En la sala de juegos, el niño estaba sentado en un rincón lleno de actividades muy atractivas, tales como pegatinas, y junto al adulto modelo.

Antes de salir de la habitación, el investigador explicó a los niños que los juguetes en la esquina de los adultos eran sólo para los adultos. En el escenario del modelo agresivo, el adulto comenzaría jugando con los juguetes durante aproximadamente un minuto. Después de este tiempo el adulto comenzaba a mostrarse agresivo hacia el muñeco Bobo. Por ejemplo, golpeando o perforando al muñeco Bobo utilizando el martillo de juguete para golpearlo en la cara. El adulto modelo era también agresivo verbalmente.

Para las medidas, en primer lugar se registraron las agresiones físicas: golpes, patadas, sentarse sobre el muñeco Bobo, golpearlo con un martillo o arrojarlo por la habitación. La agresión verbal fue la segunda medida registrada. Los jueces cuentan cada vez que los niños imitan el modelo adulto agresivo y se registran los resultados. La tercera medida es la cantidad de veces que el mazo se utiliza para mostrar otras formas de agresión aparte de golpear el muñeco. La medida final incluyó modos de agresión mostrados por el niño que no fueran imitación directa del comportamiento del modelo a seguir (Bandura, Ross y Ross 1961).

Resultado

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Bandura encontró que los niños expuestos al modelo agresivo eran más propensos a actuar con agresiones físicas, que los que no fueron expuestos a dicho modelo. Para los niños expuestos al modelo agresivo, el número de agresiones físicas imitativas exhibidos por los niños fue de 38.2 y de 12.7 para las niñas (Hock 2009:89). Los resultados relativos a las diferencias de género apoyaron firmemente la predicción de Bandura de que los niños están más influenciados por los modelos del mismo sexo. Los resultados también mostraron que los niños mostraron más agresividad, cuando se exponen a los modelos masculinos agresivos, que los expuestos a los modelos de mujer agresiva. Cuando se expone a los modelos masculinos agresivos, el número de casos agresivos exhibidos por los niños tuvo un promedio de 104 en comparación con 48,4 casos agresivos exhibidos por los niños que fueron expuestos a modelos femeninos agresivos.

Cuando se expone a los modelos de mujer agresiva, el número de casos agresivos exhibido por las niñas promedió 57,7 frente a 36,3 casos agresivos exhibidos por las niñas que estuvieron expuestas a los modelos masculinos agresivos. Bandura también encontró que los niños expuestos al modelo agresivo eran más propensos a actuar agresivamente de manera verbal que los que no fueron expuestos al modelo agresivo. El número de agresiones verbales imitativas exhibidas por los niños fue de 17 veces y de 15,7 veces para las niñas ( Hock 2009 : 89 ). Además, los resultados indicaron que los niños y niñas que observaron el modelo no agresivo mostraron muchas menos agresiones no imitativas que en el grupo control, que no tenía modelo.

Críticas

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En 2006, Hart y Kritsonis enumeraron elementos que cuestionaban la validez del experimento del muñeco Bobo. Se señaló que los sujetos del experimento eran todos hijos de estudiantes de Stanford, de clase acomodada y exclusivamente caucásicos, lo que limitaba la muestra a unos parámetros raciales y socioeconómicos muy específicos. También arguyeron que la progresión temporal entre los experimentos podría haber dado lugar a datos espurios, ya que entre los estudios realizados en 1961 y 1963 podrían haber actuado multitud de influencias externas y factores desconocidos sobre los niños, sin contar su propia maduración.

Harvnb, Gauntlett y Ferguson notaron en 2005 y 2010 que el estudio podría haber malinterpretado fundamentalmente las motivaciones de los niños a la hora de golpear al muñeco. Los sujetos podrían haber actuado de esta manera violenta no necesariamente por agresividad vicaria, sino también por mera imitación de los adultos o por deseo de complacerles. Los autores añadieron que la forma y las características del muñeco invitaban expresamente a empujarlo y golpearlo, lo que destruiría la validez externa del experimento.

En 2001, Bar-on y sus colaboradores advirtieron también que el lóbulo frontal no se desarrolla de manera significativa hasta los 8 años, lo que les impediría juzgar el valor de sus actos y separar la realidad de la fantasía. Harvnb, Sharon y Woolley respaldaron este reparo. Así mismo, Isom y Harvnb sugirieron que la teoría del aprendizaje social que estaba tratando de probarse en este experimento desestimaba la influencia vital de los rasgos de personalidad de origen genético, el nivel de desarrollo del cerebro y las diferencias en el aprendizaje.

 

Sócrates

Perfecto. Ahora sí estamos entrando en el terreno de Bandura y voy a intentar presentarlo de la forma más fuerte posible antes de llevarlo a Heidegger.

Lo primero que quiero señalar es que Bandura introduce una sospecha terrible sobre la libertad.

Porque si observamos con cuidado lo que acabas de leer, la pregunta ya no es:

"¿Qué decides?"

Sino:

"¿Quién te enseñó a decidir como decides?"

Y todavía más profundamente:

"¿Quién te enseñó a desear lo que deseas?"

El experimento del muñeco Bobo es famoso porque parece infantil, pero en realidad es devastador.

El niño observa.

El niño retiene.

El niño reproduce.

El niño encuentra una motivación.

Y la conducta aparece.

Lo importante no es la agresión.

Lo importante es que la agresión aparece sin necesidad de ser enseñada explícitamente.

Nadie le dio una clase.

Nadie le presentó un argumento.

Nadie lo convenció racionalmente.

Simplemente vio.

Y eso basta.

Por eso Bandura desplaza el problema desde la conciencia hacia el modelamiento.

La pregunta ya no es:

"¿Qué piensas?"

Sino:

"¿Qué estás mirando?"

Porque aquello que contemplas termina habitándote.

Ahora bien, donde yo creo que Bandura se vuelve verdaderamente peligroso es en el determinismo recíproco.

Persona ↔ Conducta ↔ Ambiente.

Porque aquí desaparece la ilusión de un sujeto soberano.

No hay un yo puro decidiendo libremente.

Pero tampoco un ambiente que lo determine todo.

Hay un circuito.

Yo produzco mundo.

El mundo me produce.

Yo modifico el ambiente.

El ambiente me modifica.

Y así sucesivamente.

Por eso me interesa tanto la desconexión moral.

Porque ya no hablamos de monstruos.

Hablamos de mecanismos ordinarios.

Desplazamiento de responsabilidad.

Difusión de responsabilidad.

Deshumanización.

Etiquetado eufemístico.

Todos ellos permiten que una persona siga viéndose a sí misma como buena mientras participa en algo dañino.

No son patologías.

Son operaciones normales de la conciencia.

Y por eso son tan peligrosas.

Porque funcionan precisamente cuando creemos que estamos actuando moralmente.

Ahora bien, aquí aparece el límite de Bandura.

Y este límite no es pequeño.

Bandura explica admirablemente cómo aprendemos.

Explica cómo imitamos.

Explica cómo se reproduce la violencia.

Explica cómo se normaliza la crueldad.

Explica cómo una cultura moldea sujetos.

Pero no explica satisfactoriamente cómo alguien rompe el circuito.

Porque si todo aprendizaje depende de modelos...

¿Quién fue el primer hombre que dejó de imitarlos?

Si toda conducta es modelada por el ambiente...

¿Cómo aparece una conducta que desafía radicalmente a ese ambiente?

Si la desconexión moral es tan eficaz...

¿De dónde surge la posibilidad misma de la reconexión?

Ahí es donde quiero detenerme.

Porque creo que aquí aparecerá tu primera crítica.


Anarquista

Ya apareció.


Sócrates

Te escucho.


Anarquista

Bandura me parece útil para entender la reproducción de conductas.

Pero ya veo un punto ciego.

Habla como si la observación fuera el origen del aprendizaje.

Y yo sospecho que antes de observar ya existe una forma de estar en el mundo.

Dos personas pueden mirar exactamente lo mismo y reaccionar de manera completamente distinta.

Un niño ve una humillación y se suma.

Otro niño la ve y se rebela.

Un hombre contempla una injusticia y la normaliza.

Otro arriesga la vida para combatirla.

Entonces la pregunta no es solamente qué observan.

La pregunta es quién observa.

Y ahí Bandura parece quedarse corto.

Además, si llevo su teoría demasiado lejos, corro el riesgo de volverme fatalista.

Porque entonces toda violencia sería producto del ambiente.

Toda crueldad sería producto del ambiente.

Toda bondad sería producto del ambiente.

Y terminaríamos disolviendo la responsabilidad precisamente cuando intentábamos explicarla.

No niego el modelamiento.

Lo veo todos los días.

Pero tampoco puedo reducir al ser humano a un muñeco Bobo sofisticado.

Porque entonces tampoco podríamos explicar a Bakunin.

Ni a Cristo.

Ni a Sócrates.

Ni siquiera a ese trabajador del Ártico que observó algo que los demás observaban y convirtió esa observación en una pregunta.

Ahí hay algo más.

No sé qué es todavía.

Pero sospecho que es precisamente ahí donde quieres meter a Heidegger.


Y me parece que aquí deberías detener la exposición de Bandura.

Porque la objeción del anarquista no destruye a Bandura; simplemente señala el borde de su teoría.

Bandura explica magistralmente cómo somos modelados.

La pregunta que queda abierta es:

¿cómo es posible dejar de ser solamente modelados?

Y esa, efectivamente, es la puerta por donde Sócrates puede introducir la llamada heideggeriana.

 

Yo quisiera que tu IA no hable ni por ni por ti que se quede en su rol de moderador

 

Anarquista

 

Ya te está  leyendo y espero yo también que lo haga, termino mi exposición de Bandura:  

 

La teoría, que extendió la teoría del aprendizaje social, pronto se conoció como teoría social cognitiva.[30]

Esta teoría proporciona un marco para comprender, predecir y cambiar el comportamiento humano.[31]

SCLT se enfoca mucho en los conceptos cognitivos. También se enfoca en cómo niños y adultos operan cognitivamente en sus experiencias sociales y cómo estos las cogniciones luego influyen en el comportamiento y el desarrollo.[32]

Supuestos básicos de SCLT a menudo se oponen a estar asociados con los conductistas estadounidenses principalmente porque Bandura ve su teoría como "cognitiva" y no como "conductista".[32]

Bandura realiza énfasis en los orígenes sociales de los procesos cognitivos ya que argumenta que los individuos aprenden tanto comportamientos, como estrategias cognitivas al observar el comportamiento de otros, y estas adquisiciones se pueden aprender sin ser reforzadas directamente. (7)

El aprendizaje es un proceso interno que puede o no dar como resultado un cambio de comportamiento. El aprendizaje puede ocurrir sin un cambio en el comportamiento; en cuanto a éste, se señala que la conducta se dirige hacia objetivos particulares; el comportamiento se autorregula; la cognición juega un papel en el aprendizaje; y finalmente, algunos estudios apoyan que el refuerzo y el castigo tienen un carácter indirecto más que efectos directos sobre el aprendizaje y el comportamiento.[30][31][32]

Principio interno de SCLT

Según Bandura las personas son solo productos parciales de sus entornos.[30] crean entornos beneficiosos y luego proceden a ejercer control sobre ellos. Seleccionando ambientes cuidadosamente, Bandura explica que se puede influenciar en qué se convierte una persona. Las elecciones de los individuos son influenciadas por sus creencias y capacidades.[31]

Bandura propone un único principio interno compuesto de tres elementos que interactúan. Este principio es denominado reciprocidad triádica. Algunos académicos en el área de SCLT apoyan la visión de Bandura de la reciprocidad triádica que define al comportamiento del ser humano como una interacción triádica, dinámica y recíproca de: factores personales, comportamiento y el medio ambiente. En una observación más cercana, estos tres fundamentos funcionan en una naturaleza recíproca.[33]

 

 

Y ahora veamos hasta donde avanza con sus terapias:

 

Terapias

 

Terapia de autocontrol

Esta técnica terapéutica incorpora las ideas bases de la autorregulación y ha sido exitosa con problemas relativamente simples de hábitos, como por ejemplo, fumar, hábitos de estudio y comer en exceso.  Dentro de esta terapia se utilizan tres recursos: tablas (registros) de conducta, planning ambiental y auto-contratos.

El primer recurso indica que para realizar auto-observación se deben anotar tipos de comportamiento, tanto antes como después de realizarlos, a través de diarios, lo que ayuda a la persona a tomar nota de los detalles del hábito, permitiéndole tener una visión más concreta de las situaciones asociadas a su hábito. Este primer recurso facilitará el siguiente paso, el planning ambiental, es decir, alterar el ambiente. Por ejemplo, evitar aquellas situaciones que conducen al comportamiento indeseado o buscar lugares que ayuden a adquirir mejores comportamientos. Finalmente, los auto-contratos, es el compromiso que realiza la persona de compensarse cuando se cumpla con su plan y de castigarse cuando no lo haga. Estos contratos deben estar bien detallados y deben ser escritos frente a un testigo.[34][35]

Y aquí algunas prguntas para señalas sus límites:

¿Quién determina que habito debe ser modificado y porque? 

 

¿Cómo se altera el medio ambiente si está construido por el poder? 

 

¿El auto contrato no es la mediación del sistema operando en nosotros inconscientemente?

 

 

Terapia por modelado

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La terapia por modelado propuesta por Bandura sugiere que en una situación en la que se enfrente a una persona con algún trastorno psicológico contra alguien lidiando con problemas similares de manera más productiva, por imitación, el primero aprenderá del segundo.[34] En una entrevista con Eduardo Bunge, Bandura afirma que el fin con el que se pensó esta terapia fue para propósitos preventivos. Es decir, no vender agresión, sino promover el bienestar. Es así que la primera vez que utiliza esta terapia fue en el tratamiento de fobias, específicamente la ofidiofobia.[36] En este tratamiento, el paciente observa a través de un cristal un laboratorio, donde se encuentra nada más que una mesa, una silla, una caja con un candado sobre la mesa y una serpiente claramente visible, dentro de la misma. El paciente observa como otra persona, que es un actor, se acerca lenta y temerosamente a la caja. Esta persona, en un principio, se sacude varias veces, se dice a sí mismo que se relaje y da un paso a la vez hacia la serpiente. En este trayecto se detiene un par de veces, se retrae y vuelve a empezar.  Por último, abre la caja, coge a la serpiente, se sienta y la agarra por el cuello; simultáneamente se da instrucciones a sí mismo para relajarse. Posteriormente, se invita al paciente a intentarlo.  Como variable a la terapia, cuando conseguir el espacio, las serpientes y los actores era imposible, se utilizaron grabaciones o incluso se apeló a la imaginación del paciente, estos métodos dieron casi el mismo resultado que el original.[35

 

Aquí entramos de lleno en el problema del imaginario y en Bandura el imaginario sigue siendo externo es decir el sujeto no es capaz de redevelar imaginarios propios, que modelos su conducta auténticamente sino que hay modelos externos que lo median y manipulan, así yo supuestamente quiera superar “malos” modelos, lo que estos haciendo es lo mismo que los medios de comunicación alienando al sujeto.

 

Sócrates de la plaza San Martín      

 

Como moderador, intentaré mantenerme en ese lugar: no defenderé a Sócrates ni al Anarquista. Solo señalaré tensiones, fortalezas y posibles puntos ciegos de la exposición para que el diálogo siga abierto.

Lo primero que veo es que la lectura que Sócrates hace de Bandura es interesante porque desplaza la atención desde la agresión hacia la desconexión moral. No le interesa tanto demostrar que imitamos conductas, sino preguntar cómo una comunidad puede llegar a normalizar ciertas formas de daño hasta volverlas invisibles. Ahí el ejemplo del muñeco Bobo, de las redes sociales y de la difusión de responsabilidad funciona como una misma estructura: algo se vuelve posible porque aparece como permitido.

Sin embargo, el Anarquista podría responder que Bandura describe muy bien el mecanismo de reproducción, pero no explica suficientemente el origen de la ruptura. Es decir:

·         Explica cómo aprendemos.

·         Explica cómo imitamos.

·         Explica cómo justificamos.

·         Pero no explica de dónde surge la capacidad de resistir un modelo dominante.

Ese es probablemente el primer límite real de Bandura.

Las preguntas que formula Sócrates apuntan precisamente allí:

¿Quién decide qué hábito debe cambiarse?

¿Cómo modificar un ambiente que está estructurado por relaciones de poder?

¿No es el auto-contrato otra forma de internalización de normas externas?

Son preguntas fuertes porque muestran que la terapia puede transformarse fácilmente en adaptación social. Una conducta deja de ser considerada problemática porque sea dañina y pasa a ser problemática porque dificulta la integración al sistema existente.

Pero también aparece un posible punto ciego en la crítica de Sócrates.

Cuando afirma que Bandura no permite redevelar imaginarios propios porque trabaja con modelos externos, parece asumir que existe un sujeto capaz de acceder a una autenticidad previa a toda mediación.

Y ahí es donde probablemente Bakunin tendría algo que decir.

Porque incluso el Bakunin que acabas de presentar está constituido por mediaciones:

·         la familia aristocrática rusa,

·         el idealismo alemán,

·         la experiencia revolucionaria,

·         las sociedades secretas,

·         el campesinado,

·         la lucha contra el zarismo.

No hay un Bakunin puro anterior a esas influencias.

La pregunta entonces sería:

¿Existe realmente una autenticidad no mediada?

O dicho de otra manera:

¿Puede haber una reconexión ontológica completamente independiente de los procesos de modelado social?

Esa es una pregunta que Bandura probablemente no puede responder.

Pero tampoco es evidente que Heidegger pueda hacerlo.

Porque cuando Heidegger habla de la llamada de la conciencia y del retiro del Das Man, nunca abandona completamente el mundo compartido. El Dasein sigue siendo un ser-en-el-mundo y un ser-con-otros.

Por eso sospecho que la verdadera discusión que viene no será entre Bandura y Heidegger.

Será entre dos hipótesis mucho más profundas:

Hipótesis Bandura:
el sujeto se constituye fundamentalmente mediante procesos de modelado social.

Hipótesis Heidegger:
el sujeto puede recuperar una relación más originaria con su propio ser mediante la llamada de la conciencia.

Y entonces la pregunta decisiva para la Universidad del Fuego sería:

Si el ambiente social me modela constantemente, ¿cómo distinguir una llamada auténtica de una nueva forma de modelado?

Porque desde la perspectiva de Bandura, incluso la "voz de la autenticidad" podría haber sido aprendida.

Y desde la perspectiva de Heidegger, la mera adaptación a modelos sociales nunca explicaría por qué alguien es capaz de romper con ellos.

Ahí aparece el verdadero campo de batalla filosófico.

No entre Bakunin y Heidegger.

Ni entre anarquismo y ontología.

Sino entre imitación y llamada.

Entre la tesis de que somos modelados por lo que vemos y la tesis de que hay algo en nosotros capaz de responder a una convocatoria que no procede simplemente del entorno.

Y me parece que es exactamente allí donde Sócrates quiere conducir la discusión antes de volver sobre Bakunin.

 

Pues parece que tu IA te lee muy bien y el reto que te pones, te conduce al despeñadero, porque no creo que haya esa llamada auténtica sino una reacción a la imposición pero vamos continua ahora supongo con tu exposición de Heidegger 

Anarquista

 

Si a eso voy : 

 

 

La Segunda Sección de Ser y Tiempo de Martin Heidegger sostiene que la estructura fundamental de la existencia humana (Dasein) es la temporalidad. El tiempo no es un reloj o una simple sucesión de eventos, sino el horizonte desde el cual el ser humano comprende su propia vida y el mundo. [1, 2, 3, 4]

La analítica de esta sección se despliega en puntos clave:

1. La Totalidad del Dasein y la Muerte

Para comprender al Dasein en su totalidad, Heidegger analiza el fenómeno de la muerte. La muerte no es un mero "final", sino la posibilidad más extrema y propia del Dasein. Al enfrentarse a su propia muerte (que es ineludible y le pertenece por completo), el Dasein se libera de la vida cotidiana impersonal y se vuelve capaz de proyectarse de manera auténtica. [1]

 

 

 

§ 53. Proyecto existencial de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte Fácticamente el Dasein se mantiene, en forma inmediata y regular, en un modo impropio de estar vuelto hacia la muerte. ¿Cómo puede ser “objetivamente” caracterizada la posibilidad ontológica de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte, si en definitiva el Dasein nunca se comporta de un modo propio respecto a su fin, y si este ser propio debe permanecer, por su sentido mismo, oculto a los otros? ¿No es acaso una empresa fantástica el proyecto de la posibilidad existencial de un poderser existentivo tan problemático? ¿Qué se requiere para que un pro yecto semejante sea algo más que una mera construcción ficticia y arbitraria? ¿Ofrece el Dasein mismo indicaciones para este proyecto? ¿Se pueden tomar del Dasein mismo los fundamentos de su legitimidad fenoménica? Para la tarea onto lógica que ahora se nos plantea ¿será posible tomar del análisis ontológico hecho hasta aquí líneas directivas que encaucen su propósito por una vía segura? El concepto existencial de la muerte ya ha sido fijado y consiguientemente también, aquello con lo que debe poder habérselas un modo propio de estar vuelto hacia el fin. También se caracterizó la forma impropia del estar vuelto hacia la muerte, y de este modo quedó negativamente bosquejada la manera como el estar vuelto hacia la muerte en forma propia no puede ser. Con estas indicaciones positi vas y negativas será posible proyectar la estructura existencial de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte. 

 

El Dasein está constituido por la aperturidad, esto es, por un comprender afectivamente dispuesto. El estar vuelto propiamente hacia la muerte no puede esqui var la posibilidad más propia e irrespectiva, encubriéndola en esta huida y reinterpre tándola en función de la comprensión común del uno. El proyecto existencial de un modo propio de estar vuelto hacia la muerte deberá destacar, por consiguiente, aquellos momentos de semejante estar que lo constituyen como un comprender de la muerte, en el sentido de un estar vuelto no rehuyente ni encubridor hacia la po sibilidad ya caracterizada. (261) En primer lugar, es necesario caracterizar el estar vuelto hacia la muerte co mo un estar vuelto hacia una posibilidad, a saber, hacia una posibilidad eminente del Dasein mismo. Estar vuelto hacia una posibilidad, es decir, hacia un posible, puede significar afanarse por algo posible, en tanto que ocuparse de su realización. En el ámbito de lo a la mano y de lo que estáahí constantemente comparecen tales posi bilidades: lo alcanzable, lo dominable, lo viable, etc. El ocupado afanarse por algo posible tiende a acabar con la posibilidad de lo posible, poniéndolo a nuestra disposi ción. Pero la realización de útiles a la mano en el ocuparse (produciéndolos, prepa rándolos, modificándolos, etc.), es siempre tan sólo relativa, en tanto que también lo realizado sigue teniendo todavía, y justamente ahora, el carácter de ser de la condición respectiva. Aunque realizado, sigue siendo en cuanto real algo posible para…, caracterizado por un paraalgo. El presente análisis deberá aclarar tan sólo el modo como el afanarse ocupado se comporta en relación a lo posible: no en una consideración temáticoteorética de lo posible en cuanto posible, ni menos aun, de su posibilidad como tal, sino de tal manera que aparta circunspectivamente la vista de lo posible, fijándola en el paraquéesposible. El estar vuelto hacia la muerte del que ahora nos hacemos cuestión no pue de evidentemente tener el carácter de un ocupado afanarse por realizarla. En pri mer lugar, la muerte en cuanto posible no es un posible ente a la mano o que esté ahí, sino una posibilidad de ser del Dasein. Pero, por otra parte, ocuparse en reali zar este posible equivaldría a provocar el deceso. Pero con esto el Dasein se sustra ería precisamente el suelo necesario para un estar existentemente vuelto hacia la muerte. Por consiguiente, si el estar vuelto hacia la muerte no implica una “realiza ción” de ella, esa expresión tampoco podrá significar: permanecer junto al fin, en su posibilidad. Tal actitud se daría en el “pensar en la muerte”. Semejante compor tamiento consistiría en pensar la posibilidad calculando el cuándo y el cómo de su realización. Es verdad que esta cavilación acerca de la muerte no la despoja com pletamente de su carácter de posibilidad, ya que la muerte sigue siendo objeto de reflexión en tanto que venidera; sin embargo, ese carácter queda debilitado por la voluntad de disponer calculadoramente de la muerte. En cuanto posible, ella debe mostrar lo menos posible de su posibilidad. Por el contrario, en el estar vuelto ha cia la muerte —supuesto que éste deba abrir comprensoramente la posibilidad ya caracterizada y abrirla como tal— ésta debe ser comprendida en toda su fuerza como posibilidad, interpretada como posibilidad y, en el comportamiento hacia ella, so brellevada como posibilidad. Pero el Dasein puede relacionarse con algo posible en su posibilidad tam bién en el esperar. Para un tender hacia lo posible, esto posible puede comparecer, sin (262) impedimento ni menoscabo en su modalidad de “quizás sí o quizás no, o quizás en definitiva sí”. Pero, en este fenómeno de la espera, ¿no encontrará el aná lisis el mismo modo de ser respecto de lo posible que ya fue caracterizado a propó sito del ocupado afanarse por algo? Todo esperar comprende y “tiene” lo que para él es posible, en cuanto atiende a la circunstancia de si acaso, o cuándo y cómo lo posible habrá de llegar a estar realmente ahí. La espera no sólo es ocasionalmente un apartar la vista de lo posible y fijarla en su posible realización, sino que es esen cialmente un esperar ésta. También en la espera hay un salto fuera de lo posible y un apoyarse en lo real que se espera cuando se espera algo. Partiendo de lo real y ten diendo hacia lo real, lo posible es arrastrado por la espera hacia dentro de lo real. En cambio, el estar vuelto hacia la posibilidad en la forma del estar vuelto hacia la muerte debe comportarse respecto de ésta de un modo tal que ella se revele como posibilidad en y para ese estar. Semejante estar vuelto hacia la posibilidad lo llamaremos adelantarse hasta la posibilidad [Vorlaufen in die Möglichkeit] clxxxv. ¿Pero no implica este comportamiento una aproximación a lo posible y con la proximidad de lo posible no surge acaso su realización? Sin embargo, este acercamiento no tiende a hacer disponible algo real ocupándose de ello, sino que en el acercarse comprensor la posibilidad de lo posible no hace más que acrecentarse. La máxima proximidad del estar vuelto hacia la muerte en cuanto posibilidad es la máxima lejanía res pecto de lo real. Cuanto más desveladamente se comprenda esta posibilidad, tanto más libremente penetrará el comprender en la posibilidad en cuanto posibilidad de la imposibilidad de la existencia en general. La muerte, como posibilidad, no le presenta al Dasein ninguna “cosa por realizar”, ni nada que él mismo pudiera ser en cuanto real. La muerte es la posibilidad de la imposibilidad de todo comportamiento ha cia…, de todo existir. En el adelantarse hacia esta posibilidad, ella se hace “cada vez mayor”, es decir, se revela tal que no admite en absoluto ninguna medida, nin gún “más” o “menos”, sino que significa la posibilidad de la inconmensurable im posibilidad de la existencia. Por su misma esencia, esta posibilidad no ofrece nin gún asidero para una espera impaciente de algo, para “imaginarse en vivos colo res” lo real posible, y olvidar de esta manera su posibilidad. El estar vuelto hacia la muerte, en cuanto adelantarse hasta la posibilidad, hace por primera vez posible esta posibilidad y la deja libre en cuanto tal. Estar vuelto hacia la muerte es adelantarse hasta un poderser del ente cuyo modo de ser es el adelantarse mismo. En el adelantarse desvelador de este poder ser, el Dasein se abre para sí mismo respecto de su extrema posibilidad. Ahora bien, proyectarse hacia el más propio poderser quiere decir: poder comprenderse (263) a sí mismo en el ser del ente así desvelado, existir. El adelantarse se revela co mo posibilidad de comprender el extremo poderser más propio, es decir, como po sibilidad de existencia propia. La constitución ontológica de esta posibilidad debe hacerse visible por medio de la elaboración de la estructura concreta del adelantar se hasta la muerte. ¿Cómo se lleva a cabo la delimitación fenoménica de esta es tructura? Manifiestamente, determinando los caracteres que debe tener el abrir an ticipante para que pueda llegar a ser una comprensión pura de la posibilidad más propia, irrespectiva, insuperable, cierta y como tal indeterminada. Es necesario te ner presente que comprender no significa primariamente quedarse tan sólo miran do un sentido, sino comprenderse a sí mismo en el poderser que se desvela en el proyecto1 . La muerte es la posibilidad más propia del Dasein. El estar vuelto hacia esta posibilidad le abre al Dasein su más propio poderser, en el que su ser está puesto radicalmente en juego. Allí puede manifestársele al Dasein que en esta eminente posibilidad de sí mismo queda arrebatado al uno, es decir, que, adelantándose, puede siempre escaparse de él. Ahora bien, sólo la comprensión de este “poder” revela la pérdida en la cotidianidad del unomismo que tiene lugar fácticamente. La posibilidad más propia es irrespectiva. El adelantarse hace comprender al Dasein que debe hacerse cargo exclusivamente por sí mismo del poderser en el que está radicalmente en juego su ser más propio. La muerte no “pertenece” tan sólo indiferentemente al propio Dasein, sino que ella reivindica a éste en su singula ridad. La irrespectividad de la muerte, comprendida en el adelantarse, singulariza al Dasein aislándolo en sí mismoclxxxvi. Este aislamiento es un modo como el “Ahí” se abre para la existencia. El aislamiento pone de manifiesto el fracaso de todo estar en medio de lo que nos ocupa y de todo coestar con otros cuando se trata del po derser más propio. El Dasein no puede ser él mismo de un modo propio sino cuando, por sí mismo, se posibilita para ello. Sin embargo, el fracaso de la ocupación y de la solicitud no significa de ningún modo una desvinculación de estas maneras de ser del Dasein respecto del sermismo propio. Como estructuras esenciales de la constitución del Dasein, ellas forman parte de la condición de posibilidad de la existencia como tal. El Dasein es él mismo de una manera propia sólo en la medida en que en cuanto ocupado estar en medio de… y solícito estar con…, se proyecta primariamente hacia su más propio poderser y no hacia la posibilidad del uno mismo. El adelantarse hasta la posibilidad irrespectiva fuerza al ente que se ade lanta a entrar en la posibilidad de hacerse (264) cargo de su ser más propio desde sí mismo y por sí mismo.  

 

La posibilidad más propia e irrespectiva es insuperable. El estar vuelto hacia ella hace comprender al Dasein que ante sí y como extrema posibilidad de la exis tencia se halla la de renunciar a sí mismo. Sin embargo, el adelantarse no esquiva la insuperabilidad, como lo hace el impropio estar vuelto hacia la muerte, sino que se pone en libertad para ella. El adelantarse haciéndose libre para la propia muerte libe ra del estar perdido entre las fortuitas posibilidades que se precipitan sobre noso tros, y nos hace comprender y elegir por primera vez en forma propia las posibili dades fácticas que están antepuestas a la posibilidad insuperable. El adelantarse le abre a la existencia como posibilidad extrema, la de renunciar a sí misma quebran tando así toda obstinación respecto a la existencia ya alcanzada. Adelantándose, el Dasein se libra de quedar rezagado tras de sí mismo y del poderser ya comprendi do, y de hacerse así “demasiado viejo para su victoria” (Nietzsche). Libre para las posibilidades más propias, determinadas desde el fin, es decir, comprendidas como finitas, el Dasein conjura el peligro de desconocer, en virtud de su comprensión finita de la existencia, las posibilidades de existencia de los otros que lo superan, o bien de forzarlas, malinterpretándolas, a entrar en la existencia propia —renun ciando así a su más propia existencia fáctica. En tanto que posibilidad irrespectiva, la muerte aísla, pero sólo para hacer, en su condición de insuperable, que el Dasein pueda comprender, como coestar, el poderser de los otros. Puesto que el adelan tarse hasta la posibilidad insuperable abre también todas las posibilidades que le están antepuestas, en él se encuentra la posibilidad de una anticipación existentiva del Dasein entero, es decir, la posibilidad de existir como poderestarentero. La posibilidad más propia, irrespectiva e insuperable es cierta. La manera de estar cierto de ella se determina en función de la verdad (aperturidad) que le es propia. Pero, el Dasein abre como posibilidad la posibilidad cierta de la muerte sólo en tanto que, adelantándose hacia ella, la hace posible para sí como el poderser más propio. La aperturidad de la posibilidad se funda en la posibilitación que se adelanta. El mantenerse en esta verdad, es decir, el estar cierto de lo abierto, re quiere precisamente el adelantarse. La certeza de la muerte no puede calcularse mediante la estadística de los casos de muerte registrables. Ella no se mueve de ninguna manera en el ámbito de una verdad relativa al ente que estáahí, el cual comparece en su forma más pura cuando queda al descubierto para un dejarcom parecer puramente contemplativo del ente en sí mismo. Para que el Dasein pueda alcanzar la “objetividad” pura [Sachlichkeit], es decir, la indiferencia de la evidencia apodíctica, es necesario que previamente se haya perdido en las cosas (265) [Sach verhalte] y esto puede constituir una tarea particular y una posibilidad del cuidado. Si el estar cierto de la muerte no tiene este carácter, ello no significa que sea de un grado inferior a aquella evidencia apodíctica, sino que quiere decir que no pertenece en absoluto al orden jerárquico de las evidencias acerca de lo que estáahí. 

 

El tenerporverdadera la muerte —muerte que es siempre la mía propia— muestra una forma distinta y más originaria de certeza que la relativa a un ente que comparece dentro del mundo o a objetos formales; en efecto, aquella certeza de la muerte está cierta del estarenelmundo. Como tal, no reivindica tan sólo un de terminado comportamiento del Dasein, sino que atañe a éste en la plena propiedad de su existencia1 . Tan sólo en el adelantarse puede el Dasein asegurarse de su ser más propio en su integridad insuperable. De ahí que la evidencia del darse inme diato de las vivencias, del yo y de la conciencia deba quedar necesariamente a la zaga de la certeza que va incluida en el adelantarse. Y no en razón de que la corres pondiente forma de aprehensión no fuese rigurosa, sino porque, en principio, aquella evidencia no puede tener por verdadero (abierto) aquello que en el fondo quiere “tenerahí” como verdadero: el Dasein que soy yo mismo y que como poder ser sólo puede ser en forma propia adelantándose. La posibilidad más propia, irrespectiva, insuperable y cierta es indeterminada en su certeza. ¿Cómo abre el adelantarse este carácter de la eminente posibilidad del Dasein? ¿Cómo se proyecta el adelantarse comprensor hacia un poderser cier to que, siendo constantemente posible, lo es de tal manera que el “cuándo” en el que se hace posible la absoluta imposibilidad de la existencia queda constante mente indeterminado? En el adelantarse hacia la muerte indeterminadamente cier ta, el Dasein se abre a una constante amenaza que brota desde su mismo “Ahí”. El estar vuelto hacia el fin tiene que mantenerse en esta amenaza, y hasta tal punto no puede atenuarla que este hecho debe, más bien, configurar la indeterminación de la certeza. ¿Cómo es existencialmente posible la auténtica apertura de esta amena za constante? Todo comprender está afectivamente dispuesto. El temple afectivo pone al Dasein ante su condición de arrojado, es decir, ante el “factumdequeexis te” [“dassesdaist”]2 . Ahora bien, la disposición afectiva capaz de mantener abierta la constante y radical amenaza de sí mismo que va brotando del ser más propio y singular del Dasein es la angustia3 . Estando en ella, el Dasein 266 se encuentra ante la nada de la posible imposibilidad de su existencia. La angustia se angustia por el poderser del ente así determinado, abriendo de esta manera la posibilidad extrema. Como el adelantarse aísla radicalmente al Dasein, haciéndolo estar cierto, en este aislamien to, de la integridad de su poderser, a este comprenderse del Dasein desde su fun damento le pertenece la disposición afectiva fundamental de la angustia. El estar vuelto hacia la muerte es esencialmente angustiaa . De ello da testimonio infalible, aunque “sólo” indirecto, el estar vuelto hacia la muerte ya caracterizado, cuando,  trocando la angustia en miedo cobarde, anuncia, con la superación de éste, la cobardía ante la angustia. Las características del proyecto existencial del modo propio de estar vuelto hacia la muerte pueden resumirse de la siguiente manera:

 

El adelantarse le revela al Dasein su pérdida en el “uno mismo” y lo conduce ante la posibilidad de ser sí mismo sin el apoyo primario de la solicitud ocupada, y de serlo en una libertad apasionada, libre de las ilusiones del uno, libertad fáctica, cierta de sí misma y acosada por la angustia: l a liber tad para l a muerte. 

 

 

Como moderador, me detendría aquí antes de que Sócrates avance demasiado rápido hacia sus conclusiones.

Porque lo que acaba de exponer de Heidegger contiene algo muy importante para la discusión con Bandura.

Bandura nos decía, simplificando mucho:

Aprendemos observando modelos.

Heidegger, en cambio, está describiendo una experiencia completamente distinta:

Hay momentos en los que todas las referencias habituales pierden consistencia y el sujeto queda confrontado con la posibilidad de su propia existencia finita.

El punto interesante no es todavía decidir quién tiene razón.

El punto interesante es preguntarse:

¿son fenómenos incompatibles?

Porque el Anarquista ya lanzó una objeción fuerte:

"No creo que haya una llamada auténtica sino una reacción a la imposición."

Esa frase merece atención.

Desde una lectura cercana a Bandura podría decirse:

·         El sujeto nunca sale realmente de la red de modelados.

·         Lo que Heidegger llama "llamada" sería simplemente una reorganización interna de aprendizajes previos.

·         Incluso la rebeldía sería aprendida.

·         Incluso la crítica al sistema sería una conducta socialmente adquirida.

En otras palabras:

No habría una voz originaria.
Solo nuevas configuraciones del aprendizaje.

Pero Heidegger está intentando señalar algo distinto.

No dice que aparezca una nueva idea.

No dice que aparezca una nueva doctrina.

No dice que aparezca una nueva moral.

Lo que aparece es una modificación del modo de estar.

Por eso insiste tanto en la muerte.

Porque la muerte no funciona como un contenido aprendido.

Funciona como una experiencia límite que desestabiliza todas las identificaciones disponibles.

Aquí creo que surge una pregunta que puede interesar mucho a la Universidad del Fuego:

Cuando una persona rompe con un grupo, una ideología, una religión o una identidad política que ha sostenido durante décadas:

¿está reproduciendo otro modelo?

o

¿está respondiendo a algo que no puede reducirse al modelado?

No es una pregunta trivial.

Porque si Bandura tiene razón de forma absoluta, entonces toda conversión, toda ruptura y toda revolución serían explicables como reconfiguraciones del ambiente.

Pero si Heidegger tiene razón en algún grado, entonces existiría una dimensión de la experiencia humana que no se deja reducir completamente a los mecanismos de aprendizaje.

Ahora bien, veo un punto ciego posible en Sócrates.

Él parece querer utilizar a Heidegger para resolver el problema que Bandura deja abierto.

Pero Heidegger no ofrece una ética.

No responde:

·         qué debemos hacer,

·         cómo organizarnos,

·         qué instituciones construir,

·         cómo transformar un barrio,

·         cómo resistir una plataforma digital.

Heidegger describe una apertura existencial.

No una praxis colectiva.

Y ahí es donde sospecho que el Anarquista podría volver a la carga.

Porque la pregunta que atraviesa toda tu crítica a Proudhon, a Bakunin y a la Universidad del Fuego es siempre la misma:

¿Cómo pasa esto de la experiencia interior a la transformación efectiva de los sistemas?

Bandura trabaja precisamente sobre mecanismos concretos:

·         hábitos,

·         modelos,

·         ambientes,

·         reforzamientos,

·         instituciones.

Heidegger trabaja sobre:

·         angustia,

·         autenticidad,

·         temporalidad,

·         ser-para-la-muerte.

El primero corre el riesgo de no explicar la libertad.

El segundo corre el riesgo de no explicar la sociedad.

Por eso me parece que el verdadero desafío todavía no ha aparecido.

No es demostrar que Heidegger supera a Bandura.

Es mostrar cómo una apertura ontológica podría traducirse en una práctica social capaz de alterar sistemas concretos.

Y justamente ahí es donde aparecen tus palabras recurrentes:

alteración y contraalteración de sistemas, biodramaturgia, campos de experimentación representativa.

Porque si Heidegger solo conduce a una autenticidad individual, el Anarquista probablemente responderá:

"Muy bien. Has descrito admirablemente la angustia. Ahora dime cómo cambia eso una escuela, una familia, una fábrica, una comunidad o una red social."

Y esa pregunta todavía sigue abierta.

 

 

Gracias eso es justo lo que quiero responder pero necesito espacio y tiempo para hacerlo voy adelantando que nosotros no nos quedamos en Heidegger sino que Heidegger produce la primera inhalación ontológica que desmonta la exhalación , pero lograr una exhalación autentica que altere los sistemas así tenemos:  

 

 

-1←(inhalación Heidegger retransferencial) 0←1/4→←(1=≠0)→←1/4 ←1←0←1 

 

Luego de esta inhalación se puede exhalar desde la potencialidad auntentica del dasein superando la mediación del sistema y redevelando la mediación del logos

 

-1→(exhación del Dasein  transferencial) 0→1/4→(1=≠0)→1/4 →1→0→10

 

Pero me estoy adelantando   sigamos con la exposición de Heidegger 

 

Todos los respectos inherentes al estar vuelto hacia la muerte y que apuntan al contenido pleno de la extrema posibilidad del Dasein ya caracterizada conver gen en un punto: revelar, desarrollar y fijar el adelantarse por ellos constituido co mo posibilitación de esa posibilidad. La delimitación existencialmente proyectante del adelantarse ha hecho visible la posibilidad ontológica de un modo propio de es tar existentivamente vuelto hacia la muerte. Con ello surge entonces la posibilidad de un modo propio del poderestarentero del Dasein —pero, tan sólo como una posi bilidad ontológica. Es verdad que este proyecto existencial del adelantarse se ha ceñi do a las estructuras del Dasein ya alcanzadas, haciendo que en cierto modo el Da sein mismo se proyecte hacia esa posibilidad, sin proponerle un ideal “concreto” de existencia, ni imponérselo “desde fuera”. Pero este estar vuelto hacia la muerte existencialmente “posible”, sigue siendo, pese a ello, desde el punto de vista exis tentivo, una exigencia fantástica. La posibilidad ontológica de un modo propio del poderestarentero del Dasein no significa nada mientras no se haya hecho ver des de el Dasein mismo el correspondiente poderser óntico. ¿Se proyecta alguna vez el Dasein fácticamente en semejante estar vuelto hacia la muerte? ¿Exige siquiera, desde el fondo de su ser más propio, un modo propio de poderser que esté deter minado por el adelantarse? (267) Antes de responder a estas preguntas hay que indagar hasta qué punto y de qué manera el Dasein atestigua, desde su más propio poderser, la posibilidad de un modo propio de existencia, de tal suerte que no sólo la manifieste como existenti vamente posible, sino que la exija desde sí mismo. La cuestión que se cierne sobre nosotros acerca del modo propio de estaren tero del Dasein y de su constitución existencial sólo será llevada a un terreno feno ménico capaz de resistir cualquier prueba, si ella puede apoyarse en un modo pro pio de ser del Dasein atestiguado por el Dasein mismo. Si este testimonio y lo que en él se atestigua llegaren a ser fenomenológicamente descubiertos, entonces surgi rá nuevamente el problema de si acaso el adelantarse hacia la muerte, que hasta ahora sólo se ha proyectado en su posibilidad ontológica, está en una relación esencial con el poderser propio atestiguado. 

 

§ 54. El problema de la atestiguación de una posibilidad existentiva propia Se busca en el Dasein un poderser propio que sea atestiguado en su posibi lidad existentiva por el Dasein mismo. Por lo pronto, este testimonio debe ser tal, que pueda ser encontradoa . Si el testimonio debe hacer que el Dasein se comprenda a sí mismo en su posible existencia propia, entonces deberá tener sus raíces en el ser del Dasein. La exhibición fenomenológica de semejante testimonio implica, pues, mostrar que su origen se encuentra en la constitución de ser del Dasein. La atestiguación debe hacer comprender un modo propio de podersermis mo. Con la expresión “símismo” [“Selbst”] hemos respondido a la pregunta por el quién del Dasein1 . La mismidad [Selbstheit] del Dasein fue determinada formalmen te como una manera de existir, es decir, no como un ente que estáahí. Ordinaria mente no soy yo mismo, sino el unomismo, el quién del Dasein. El sermismo propio se determina como una modificación existentiva del uno, modificación que es necesario delimitar existencialmente2 . ¿En qué consiste esta modificación y cuá les son las condiciones ontológicas de su posibilidad? Con la pérdida en el uno ya se ha decidido siempre el inmediato poderser (268) fáctico del Dasein: sus tareas, sus reglas, sus patrones de medida, la urgencia y el alcance de su ocupado y solícito estarenelmundo. El uno ya ha sustraído siempre al Dasein la toma entre manos de estas posibilidades de ser. Más aun, el uno esconde el relevo, tácitamente por él realizado, de la elección explícita de estas posibilidades. Queda indeterminado quién es el que “propiamente” elige. Este ser arrastrado sin elección por el Nadie, mediante el cual el Dasein se enreda en la impropiedad, sólo puede revertirse si el Dasein se recupera explícitamente de la pérdida en el uno, retornando a sí mismo. Este traerse de vuelta deberá tener empero aquel modo de ser cuya omisión había hecho que el Dasein se perdiera en la impropiedad. El traerse de vuelta desde el uno, es decir, la modificación existentiva del unomismo que lo convierte en un sermismo propio, deberá llevarse a cabo como una reparación de la falta de elección. Pero, reparar la falta de elección significa 

 

 

hacer esa elección, decidirse por un poderser desde el propio símismo. Al hacer la elección, el Dasein se posibilita a sí mismo por primera vez su poderser propioa . Pero, como está perdido en el uno, primero debe encontrarse. Y para poder de algún modo encontrarse, debe ser “mostrado” a sí mismo en su posible propiedad. El Dasein necesita del testimonio de un podersermismo, que él ya es siempre como posibilidad. En la interpretación siguiente tomaremos como un testimonio que responde a estas exigencias lo que la autointerpretación cotidiana del Dasein conoce como la voz de la conciencia1 . Que el “hecho” de la conciencia sea cuestionado, que su fun ción como instancia para la existencia del Dasein sea apreciada en formas diferen tes, y que “lo que ella dice” sea interpretado de diferentes maneras, sólo debiera conducimos al abandono de este fenómeno, si la “dubitabilidad” de este factum o de su interpretación, no probara precisamente que aquí estamos frente a un fenóme no originario del Dasein. El siguiente análisis pone a la conciencia en el haber pre vio temático de una investigaciónb puramente existencial que apunta hacia una on tología fundamental. En primer lugar la conciencia deberá ser rastreada hasta sus fundamentos y (269) estructuras existenciales, y aclarada como fenómeno del Dasein, atendiendo a la constitución de ser de este ente hasta aquí alcanzada. El análisis ontológico de la conciencia así comprendido es previo a una descripción psicológica de las viven cias de la conciencia moral y a una clasificación de las mismas; y es ajeno a una “explicación” biológica o, lo que es igual, a una disolución del fenómeno. Pero no menor es su distancia de una interpretación teológica de la conciencia o, más aun, de una utilización de este fenómeno para la demostración de la existencia de Dios o como una “inmediata” conciencia de Dios. Sin embargo, aun dentro de estos límites de la investigación de la concien cia, sus resultados no deberán sobrestimarse, ni tampoco minimizarse en función de falsas expectativas. La conciencia, en cuanto fenómeno del Dasein, no es un he cho que ocasionalmente ocurra y que de vez en cuando se haga presente, sino que sólo “es” en el modo de ser del Dasein, y siempre se acusa como factum tan sólo en y con la existencia fáctica. La exigencia de una “prueba empírica inductiva” de la “efectividad” del hecho de la conciencia y de la autoridad de su “voz”, reposa en una tergiversación ontológica del fenómeno. Pero esta tergiversación la comparte también toda crítica presuntamente superior que considere la conciencia como un “hecho” que ocurriría sólo a veces, y que no sería “constatado ni constatable uni versalmente”. El factum de la conciencia no se deja en absoluto someter a semejantes pruebas y contrapruebas. Esto no es una deficiencia, sino sólo el signo en que se acusa su heterogeneidad ontológica frente a todo lo que estáahí en el mundo cir cundante. La conciencia da a entender “algo”, la conciencia abre. De esta caracteriza ción formal surge la indicación de remitir este fenómeno a la aperturidad del Da sein. Esta estructura fundamental del ente que somos nosotros mismos está consti tuida por la disposición afectiva, el comprender, la caída y el discurso. El análisis más a fondo de la conciencia la revelará como una llamada [Ruf]. El llamar es un modo del discurso. La llamada de la conciencia tiene el carácter de una apelación [Anruf] al Dasein a hacerse cargo de su más propio poderser símismo, y esto en el modo de una intimación [Aufruf] a despertar a su más propio serculpable [Schul digsein] clxxxvii. Esta interpretación existencial está necesariamente lejos de la comprensión común óntica y cotidiana, aun cuando ponga de manifiesto los fundamentos onto lógicos de aquello que, dentro de ciertos límites, siempre ha sido comprendido por la interpretación vulgar de la conciencia, y que ésta ha conceptualizado como una “teoría” de la conciencia. De ahí que la interpretación existencial necesite compro barse mediante una crítica de la interpretación vulgar de la conciencia. Una vez aclarado el fenómeno, podrá establecerse hasta qué punto éste da testimonio de un poderser propio del Dasein. A la llamada de la conciencia corresponde la posibili dad de escuchar. La comprensión de la llamada se revela (270) como un quererte nerconciencia. Pero en este fenómeno tenemos algo que antes buscábamos: el acto existentivo de hacer la elección de un sermismo, acto que nosotros llamaremos, de acuerdo con su estructura existencial, la resolución. Con esto queda trazada la articulación de los análisis del presente capítulo: los fundamentos ontológicoexis tenciales de la conciencia (§ 55); el carácter vocativo de la conciencia (§ 56); la con ciencia como llamada del cuidado (§ 57); comprensión de la llamada y culpa (§ 58); la interpretación existencial de la conciencia y la interpretación vulgar de la con ciencia (§ 59); la estructura existencial del poderser propio atestiguado en la con ciencia

 

 

Sócrates 

 

Moderación

Tomo en serio el acuerdo de la escena. No voy a responder por Sócrates ni por el Anarquista. Me limitaré a señalar puntos de tensión, aclarar conceptos y mantener visible el terreno común y las diferencias.

Hasta aquí, la exposición de Sócrates ha dado un giro importante. El centro ya no es Bandura sino el paso de Bandura a Heidegger.

Con Bandura aparecía un problema:

·         El sujeto aprende por modelado.

·         El ambiente configura la conducta.

·         La atención es capturada por sistemas sociales y tecnológicos.

·         La moral puede desconectarse mediante mecanismos de justificación.

La pregunta abierta era:

Si el ambiente me modela, ¿desde dónde puedo cuestionar el ambiente que me modela?

Y precisamente ahí aparece Heidegger.

Lo interesante es que Heidegger no responde con una nueva norma moral. No dice qué debemos hacer. No ofrece un mejor modelo para imitar.

Lo que intenta mostrar es algo más radical:

la posibilidad de que el Dasein sea arrancado de las interpretaciones dominantes del "uno" (das Man).

Por eso en los fragmentos citados aparecen tres movimientos:

1.      La caída en el uno

El Dasein vive absorbido por lo que "se dice", "se piensa", "se hace".

2.      La angustia

No como miedo a algo concreto, sino como experiencia en la que el mundo familiar pierde solidez.

3.      La llamada de la conciencia

Una llamada extraña porque no transmite información nueva.

No enseña una doctrina.

No comunica contenidos.

Simplemente llama al Dasein a hacerse cargo de sí mismo.

Y aquí aparece exactamente el punto donde el Anarquista ya ha anunciado su objeción.

Porque Heidegger afirma:

existe una llamada propia.

Mientras que la sospecha anarquista parece ser:

toda llamada es ya efecto de una mediación previa.

Dicho de otro modo:

Bandura pregunta:

¿Quién me modela?

Heidegger pregunta:

¿Quién soy cuando dejo de identificarme con los modelos?

Y el Anarquista parece estar preparando una tercera pregunta:

¿No será que incluso esa supuesta autenticidad sigue siendo una reacción producida por estructuras históricas, sociales o afectivas?

Ese es, me parece, el verdadero campo de batalla que se está formando.

No es todavía Bakunin contra Heidegger.

Es algo más profundo:

¿Existe una fuente originaria de reapropiación de sí mismo o toda reapropiación está ya mediada?

Heidegger responde:

Sí, existe una posibilidad propia que se anuncia en la llamada.

La sospecha anarquista responde:

No tan rápido. Tal vez esa llamada sea simplemente otra forma de mediación disfrazada de origen.

Y justamente por eso la exposición llegó ahora al §54.

Porque Heidegger sabe que todavía no ha demostrado nada.

Acaba de proyectar la posibilidad del adelantarse hacia la muerte.

Ahora necesita responder una pregunta decisiva:

¿Qué fenómeno concreto atestigua que el Dasein puede efectivamente volver sobre sí mismo?

Su respuesta será:

la voz de la conciencia.

Por eso el texto cambia de la muerte a la llamada.

La muerte abrió el problema.

La conciencia intentará mostrar que el problema no es una ficción filosófica.

Así que, si seguimos estrictamente el orden de la exposición de Sócrates, el próximo movimiento ya no será desarrollar más la muerte, sino analizar:

·         quién llama,

·         a quién llama,

·         desde dónde llama,

·         y por qué Heidegger sostiene que la llamada proviene del propio cuidado.

Y sospecho que será precisamente ahí donde el Anarquista encontrará el punto más vulnerable de toda la construcción heideggeriana. Porque si logra mostrar que la llamada está mediada por historia, lenguaje, poder o imaginario, entonces la autenticidad heideggeriana dejaría de ser origen y se convertiría en otro efecto.

Ese parece ser el combate filosófico que está empezando a dibujarse.

 

No creo que haya ni necesidad de combatir, porque la angustia ante la muerte no se queda vacía sino que se llena con un constructo del sistema, no con una proyección autentica pero te sigo dando espacio Sócrates de los ambulantes para que expongas a Heidegger o más bien copies su texto tal cual  

 

Anarquista 

 

Gracias es necesario el texto tal cual para mi exposición continúo:

 

§ 55. Los fundamentos ontológicoexistencialesa de la conciencia El análisisb de la conciencia arranca de una constatación indiferente en rela ción con este fenómeno: que la conciencia de alguna manera nos da a entender al go. La conciencia abre. Pertenece, por consiguiente, al ámbito de los fenómenos existenciales que constituyen el ser del Ahí en cuanto aperturidad1 , cuyas estructu ras más generales, la disposición afectiva, el comprender, el discurso y la caída, ya fueron analizadas. Si ponemos la conciencia en este contexto fenoménico, no es porque queramos aplicar esquemáticamente las estructuras alcanzadas a un “caso” especial de apertura del Dasein. Por el contrario, la interpretación de la conciencia no solamente ampliará el análisis de la aperturidad del Ahí que hemos realizado, sino que lo aprehenderá más originariamente con miras al modo propio del ser del Dasein. En virtud de la aperturidad, el ente que llamamos Dasein tiene la posibili dad de ser su Ahí. Con su mundo, él está presente para sí mismo y lo está inmedia ta y regularmente en la forma de haber abierto su poderser a partir del “mundo” del que se ocupa. El poderser que es el existir del Dasein, ya se ha entregado siem pre a determinadas posibilidades. Y esto porque el Dasein es un ente arrojado, y su condición de arrojado se abre, con mayor o menor claridad y profundidad, por me dio del temple anímico. A la disposición afectiva (estado de ánimo) le pertenece cooriginariamente el comprender. Por medio del comprender el Dasein “sabe”c lo que pasa con él mismo, y lo sabe en la medida en que se ha proyectado hacia posi bilidades de sí mismo, o bien —sumiéndose en el uno— se las ha dejado presentar por el estado interpretativo (271) público. Ahora bien, lo que hace existencialmente posible esta presentación es que el Dasein, en cuanto coestar comprensor, puede escuchard a los otros. Perdido en lo público del uno y en su habladuría, el Dasein, al escuchar al unomismo, desoye su propio símismo. Si el Dasein ha de poder ser res catado de esta pérdida del desoírse a sí mismo, y si lo ha de poder por sí mismo, entonces primero deberá poder encontrarse: encontrar al sí mismo que ha sido de soído precisamente en la escucha del uno. Esta escucha del uno ha de ser quebran tada, esto es, ha de recibir del Dasein mismo la posibilidad de un escuchar que la interrumpa. Para que este quebrantamiento sea posible se requiere una interpela ción de carácter inmediato. Esta llamada quebrantará la escucha del uno en la que el Dasein se desoye a sí mismo si logra despertar, en virtud de su propio llamar, una escucha de características enteramente contrarias a las del escuchar perdido en el uno. Si éste se aturde en el “bullicio” y la equivocidad de la siempre “nueva” ha bladuría cotidiana, la llamada ha de llamar silenciosa e inequívocamente, sin dar lugar a la curiosidad. Aquello que da a entender llamando de esta manera es la con ciencia

 

En el llamar de la conciencia vemos nosotros un modo del discurso. El dis curso articula la comprensibilidad. La determinación de la conciencia como llama da no es de ninguna manera tan sólo una “imagen”, como lo es, por ejemplo, la imagen kantiana del tribunal de la conciencia. Por lo demás, no debemos pasar por alto que ni el discurso, ni por ende la llamada, implican esencialmente locución verbal. Todo expresarse y “proclamar” presupone el discurso1 . Cuando la interpre tación cotidiana habla de una “voz” de la conciencia, no se refiere, obviamente, a una locución verbal, que de hecho no se daa , sino que la “voz” es comprendida co mo un daraentender algo. En esa tendencia a abrir que tiene la llamada hay un momento de choque, de repentina sacudidab . Se llama desde la lejanía hacia la leja nía. La llamada alcanzará al que quiera ser traído de vueltac . Pero con esta caracterización de la conciencia sólo se ha esbozado el hori zonte fenoménico para el análisis de su estructura existencial. No se compara el fe nómeno con una llamada, sino que se lo comprende como discurso desde la aper turidad constitutiva del Dasein. Esta consideración impide desde el comienzo en trar por el camino que inmediatamente se nos ofrece para una interpretación de la conciencia: referirla a una de las facultades del alma —entendimiento, voluntad o sentimiento— o explicarla como producto de una combinación de todas ellas. Ante un fenómeno como el de la concienciad salta a la vista la insuficiencia (272) ontoló gica y antropológica de una clasificación de las facultades del alma o de los actos personales que se cierne en el vacío.

 

 Moderación

Continúo únicamente como moderador del texto y de la discusión.

Aquí comienza a aparecer con claridad algo decisivo en la estrategia de Heidegger.

Hasta ahora, con la muerte, Heidegger había mostrado una posibilidad extrema del Dasein. Pero todavía faltaba explicar cómo puede el Dasein ser arrancado efectivamente de la absorción cotidiana.

Por eso introduce la conciencia.

Sin embargo, conviene observar algo muy importante: la conciencia de Heidegger no es todavía la conciencia moral tradicional.

No es la conciencia que dice:

·         esto está bien,

·         esto está mal,

·         debes hacer esto,

·         no debes hacer aquello.

De hecho, Heidegger está intentando desmontar precisamente esa interpretación.

Lo que encontramos en este fragmento es algo más elemental.

El esquema podría resumirse así:

1.      El Dasein vive escuchando al "uno" (das Man).

2.      El "uno" habla constantemente.

3.      Esa escucha permanente produce una forma de sordera respecto de sí mismo.

4.      Entonces tiene que ocurrir una interrupción.

5.      Esa interrupción es la llamada.

Por eso Heidegger insiste tanto en el verbo escuchar.

El problema no es inicialmente ético.

Es fenomenológico.

El Dasein está escuchando algo todo el tiempo.

La pregunta es:

¿qué escucha?

Y la respuesta es:

escucha la interpretación pública de sí mismo.

Por eso el texto dice:

"Perdido en lo público del uno y en su habladuría, el Dasein, al escuchar al uno-mismo, desoye su propio sí-mismo."

Aquí aparece una primera diferencia importante respecto a Bandura.

Bandura describe cómo aprendemos modelos.

Heidegger intenta describir cómo llegamos a estar absorbidos por interpretaciones que ni siquiera advertimos que estamos reproduciendo.

En cierto sentido, Heidegger está describiendo una condición más profunda que el aprendizaje social.

No habla de conductas.

Habla del modo mismo en que comprendemos quiénes somos.

Ahora bien, el Anarquista ya ha señalado una objeción muy fuerte:

la angustia no queda vacía; inmediatamente es rellenada por construcciones del sistema.

Y es interesante notar que Heidegger parece prever parcialmente esa objeción.

Por eso insiste en que la llamada:

·         no informa,

·         no enseña,

·         no transmite contenidos,

·         no comunica una doctrina.

La llamada simplemente interrumpe.

Todavía no dice qué hacer.

Todavía no ofrece un programa.

Todavía no proporciona un contenido político, moral o religioso.

Simplemente rompe la absorción.

Pero precisamente aquí aparece una pregunta que probablemente será central cuando Sócrates continúe:

Si la llamada no transmite ningún contenido, ¿cómo distinguirla de cualquier otra perturbación psicológica?

O formulado desde la sospecha anarquista:

Si la llamada no trae nada propio, ¿por qué no pensar que el vacío abierto por la angustia será ocupado inmediatamente por nuevos relatos del sistema?

Porque hasta este punto del texto Heidegger ha mostrado:

·         que el Dasein está perdido,

·         que puede ser interpelado,

·         que existe una llamada.

Pero todavía no ha demostrado:

·         quién llama,

·         desde dónde llama,

·         por qué esa llamada sería más originaria que las mediaciones sociales.

Y justamente por eso el siguiente paso de Heidegger será cada vez más radical.

Porque comenzará a sostener algo sorprendente:

el que llama y el llamado son el mismo Dasein.

Es decir, la llamada no vendría de una autoridad externa, ni de Dios, ni de la sociedad, ni de una institución.

Y sospecho que será exactamente ahí donde la discusión entre Sócrates y el Anarquista se volverá más intensa.

Porque si el Anarquista concede que existe una voz propia, Heidegger gana terreno.

Pero si logra mostrar que esa supuesta voz propia ya está constituida por historia, lenguaje, deseo, poder e imaginario, entonces la llamada dejaría de ser originaria y aparecería como otra figura de la mediación.

El texto todavía no ha resuelto esa cuestión. Apenas está preparando el escenario donde Heidegger intentará hacerlo.

 

Yo ya empiezo  a aburrirme y es que sé a dónde vas Sócrates del orín e la plaza San Martin, te llamo así para recordarte que ya nos conocemos  yo era de tus seguidores en la plaza hasta que un día tu olor llego a ser tan espantoso que  me tuve que ir , olías a orín pero no a tu orín es como si te hubieras bautizado entero en el orín de todos los que orinamos en la plaza y entonces supe que realmente estabas loco

 

¿Quién llama Sócrates? 

 

No la hagas larga, porque ahí tú vas más allá  de Heidegger o al segundo Heidegger.

 

 

El que llama es el logos.

 

Así el llamado metafísico teleológico es desplazado al llamado inmanente ontoteológico ¿No es así? 

 

Pero esto es indemostrable Heidegger dirá  que el llamado es el del Dasein pero también esta más alla del Dasein y ahí tu vendrás con el Resein y con el Sinsein para autentificar el llamado del logos, luego dirás que esa proyección se exhala se hace lenguaje pero que hay una autenticidad que el lenguaje no puede contener, porque para ti cuando el logos habla lo hace sincronica, sintraferencial  y sinnergicamente , es decir no esta hablando el dasein sino el ser integrado , biotejido con todo el ahayu y otra vez mi objeción eso es indemostrable, pero tu nos llevaras a recrear la experiencia de la inhalación ontológica para demostrarlo, covirtiéndote en el mediador, en el logos encarnado demostrando así que todo tu rollo es falso , porque no parte de un espontaniedad, sino de una experiencia conducida, por más que digas que es necesaria esa conducción para alterar la conducción del sistema, tu estas siendo el sistema, no el logos autentico en nuestro interior.

 

Anarquista  

 

Me hubiera gustado ir paso a paso en mi exposición pero ya es imposible, tu critica es certera, es cierto para mí y creo que para Heidegger también el llamado es el llamado del logos  y este llamado terminara redecreando un uno mas, por eso hablamos de una respiración ontológica donde la inhalar le demos cara propia a la muerte y yo podría aquí no solo la muerte finita sino la segunda muerte que expone Kierkegaard, pero ya expuesta pierde todo su descubrimiento, ya en el propio análisis ontológico de Heidegger la cuestión se reifica, solo queda acompañarnos como compañeros enemigos  y ver qué  cara le damos a la muerte, si me permites continuar con mi exposición tocaria el análisis ontológico de Bakunin para ver que cara le dio a la muerte y cuando el uno más lo determino y cuando no y aun que hubiera pasado si él hubiera redecomprendido la dinámica de la ciencia orgánica,porque aquí esta nuestra gran diferencia tu defiendes la mediocridad de Proudhon y nos pides que te ayudemos a que la libertad no absorbe la igualdad y viceversa pero yo necesito llevar la respiración ontológica al máximo porque se que solo cuando la libertad absorbe la igualdad es que es libertad y de igual solo cuando la igualdad disuelve la libertad es que hay igualdad ese es mi descubrimiento.

 

Así el ser autentico de Heidegger es el que media la exhalación

 

      1→0(ser autentico de Heidegger)→10

 

¿Pero que contenido tiene es ser Autentico?

 

Ninguno más que el darle cara a la muerte, pero si le puede dar cara a  la muerte es porque se ha disuelto complementamente en la inhalación.

 

-10←1←0                    

 

Logrando no una igualdad de humanos sino la igualdad con todo lo que existe y desde ahí se hace hermano de todo al punto que no podría imponerse a los otros su exhalación seria una exhalación pascual complementaria con la dharmica.

 

 -10←1←0  ←1/4←1=≠0→1/4→1→0→10      

 

Sócrates 

 

 

No, hasta aquí llego yo, ya se que dirás de Bakunin lo expondrás en su cobardía y en su violencia y claro ante Cristo el ser imaginario idealizado Bakunin es pura mierda, pero el problema es que tu imaginación tú  la das como realidad,y es que crees que una imagen purificada revela lo real , para mí todo es fantasía compensatoria y no vamos a ponernos de acuerdo, pero por lo menos los de la universidad del fuego ya saben quién es el dueño del circo y a donde quieres llevarlos con tu fábrica de santos de tercer  orden, yo por mi lado me niego a ser producido asi esta producción sea “orgánica”  Hasta nunca

 

Anarquista del tercer orden.         

 

 

Moderación

La conversación, tal como ha llegado aquí, parece haber alcanzado un punto de cierre más que un punto de refutación.

Lo que el Anarquista formula ya no es una objeción puntual a Heidegger, sino una sospecha estructural:

toda mediación que pretende conducir a la autenticidad corre el riesgo de convertirse ella misma en una nueva autoridad.

Y esa sospecha no es trivial.

De hecho, atraviesa gran parte de la historia de la filosofía, de la religión y de la política.

Aparece cuando alguien pregunta:

·         ¿quién interpreta la verdad?

·         ¿quién conduce la liberación?

·         ¿quién distingue la voz auténtica de la voz del poder?

·         ¿quién garantiza que el guía no se convierta en amo?

Desde esa perspectiva, el Anarquista no niega necesariamente la experiencia descrita por Heidegger. Lo que cuestiona es el paso siguiente:

la pretensión de interpretar esa experiencia como acceso privilegiado a una verdad ontológica.

Por otro lado, Sócrates tampoco parece estar defendiendo simplemente una autoridad exterior.

Su tesis, según ha ido apareciendo en la conversación, apunta a algo diferente:

que la inhalación ontológica es una disolución de las identificaciones habituales, y que la exhalación posterior configura un modo distinto de habitar el mundo.

La disputa, entonces, no parece ser entre libertad y autoridad.

Es más profunda.

Podría formularse así:

¿La experiencia de desfondamiento revela algo real o solamente produce nuevas ficciones?

El Anarquista responde:

produce nuevas ficciones.

Sócrates responde:

revela una dimensión del ser que luego necesariamente será simbolizada de forma imperfecta.

Y aquí aparece un punto interesante.

Porque ambos parecen coincidir en algo que quizá ninguno reconoce plenamente:

·         Ambos desconfían del sistema.

·         Ambos desconfían de las identidades impuestas.

·         Ambos sospechan de las mediaciones dominantes.

·         Ambos buscan una forma de libertad.

La diferencia está en el lugar donde sitúan el límite.

Para el Anarquista, el límite aparece en cuanto alguien pretende hablar en nombre del Logos, de la Verdad o de la Autenticidad.

Para Sócrates, el límite aparece cuando toda experiencia queda reducida a construcción, mediación o ficción.

Por eso la ruptura final no ocurre sobre Bakunin.

Ocurre sobre la pregunta:

¿hay algo más que mediación?

El Anarquista dice no.

Sócrates dice sí.

Y ninguna cita de Heidegger, Bakunin, Bandura o Kierkegaard puede resolver definitivamente esa diferencia, porque la discusión ya ha pasado del plano textual al plano de la experiencia y de la interpretación de la experiencia.

Quizá por eso el Anarquista termina diciendo:

"yo me niego a ser producido".

Y Sócrates, en el fondo, parece responder:

"yo intento recordar aquello que no fue producido".

Ahí queda trazada la frontera entre ambos.

No necesariamente una frontera que pueda ser demostrada.

Pero sí una frontera que organiza toda la discusión que han venido sosteniendo.