domingo, 13 de septiembre de 2026

La purificación del goce

 

La purificación del goce

DE cuando Marx conocio a Confucio

CÓMO CONFUCIO DEVORÓ EL LIBRO ROJO DE MAO: LA DINASTÍA DE LOS RITOS.

"Si el Partido Comunista llega al punto de no poder gobernar o de encontrar dificultades y necesita recurrir a Confucio, significa que el Partido está llegando a su fin". Mao Zedong, 1976.

En la primavera de 1989, los cimientos de la Ciudad Prohibida temblaron. Las protestas de la Plaza de Tiananmén no solo exigían aperturas políticas; representaban el colapso ideológico de un régimen que había intentado refundar la psique china sobre las cenizas de su propio pasado. En las páginas secretas de su libro 'Prisionero del Estado', el destituido secretario general del Partido Comunista Chino (PCCh), Zhao Ziyang, dejó registrado el diagnóstico de aquella agonía: el modelo de la revolución permanente y el totalitarismo utópico de Mao Zedong ya no podían sostener a la nación.

Lo que Occidente leyó entonces como el preámbulo de una inevitable transición hacia la democracia liberal fue, en realidad, el prólogo de una de las mutaciones políticas más extraordinarias de la historia: el día en que los jerarcas comunistas decidieron que, para salvar el pellejo y retener el poder, debían quemar el Libro Rojo de Mao y arrodillarse ante el altar de Confucio.

Visto a la luz de los milenios, el experimento comunista del siglo XX no fue una ruptura definitiva, sino un breve, violento y traumático capítulo dentro de una dinastía cultural de más de 3,000 años. La China contemporánea que hoy se proyecta como superpotencia global no se gobierna bajo los manuales de Karl Marx o el radicalismo jacobino de Mao. Se administra bajo el frío, jerárquico y pragmático manual del legalismo imperial y la obediencia confuciana.

I. La furia iconoclasta: El intento fallido de Mao.

Para entender la magnitud de la rendición cultural del PCCh actual, es necesario recordar la violencia del desencuentro original. Durante la Revolución Cultural (1966-1976), Mao Zedong identificó al confucianismo como el peor de los "Cuatro Viejos" que debían ser extirpados a sangre y fuego. La máxima confuciana de la piedad filial y el respeto reverencial a la autoridad familiar y feudal eran vistos por Mao como el andamiaje ideológico que había mantenido a los campesinos y a las mujeres en la servidumbre.

Mao desató a los Guardias Rojos en una cruzada iconoclasta que culminó en la campaña masiva "Criticar a Lin Piao, criticar a Confucio". Los templos del sabio fueron dinamitados, sus textos quemados y su tumba ancestral en Qufu fue profanada.

Mao pretendía reescribir la historia sustituyendo los ritos de armonía social por la doctrina de la lucha de clases perpetua del seudo marxismo. "La rebelión se justifica", tronaba el Gran Timonel. Sin embargo, Mao cometió un error de cálculo antropológico: intentó borrar en una década lo que la inercia civilizatoria había cincelado en treinta siglos. A su muerte en 1976, China no era una utopía igualitaria, sino un país traumatizado, económicamente quebrado y huérfano de brújula moral.

II. La herencia republicana: Confucio y el espejo del Kuomintang.

La virulencia de Mao contra el confucianismo no nació en el vacío ideológico; fue una respuesta directa al uso que sus archirrivales, el Kuomintang (KMT), habían hecho de la tradición. A diferencia del radicalismo iconoclasta del PCCh original, el fundador de la República de China y del KMT, Sun Yat-sen, concibió sus Tres Principios del Pueblo como una sofisticada síntesis entre la ciencia política occidental y la matriz moral confuciana. Sun Yat-sen sostenía que la modernización del país requería restaurar el andamiaje ético clásico, recurriendo frecuentemente al concepto tradicional de 'Datong' (la Gran Unidad) para legitimar sus proyectos de justicia social.

Tras la muerte de Sun, Chiang Kai-shek llevó esta inclinación tradicionalista al extremo del conservadurismo de Estado. En 1934, el KMT lanzó el Movimiento de la Nueva Vida, un programa nacional diseñado para contrarrestar la infiltración comunista mediante la rigurosa reimposición de las cuatro virtudes cardinales del confucianismo: Lǐ (decoro), Yì (justicia), Línes (integridad) y Chǐ (conciencia de la vergüenza).

Para el KMT, Confucio era el antídoto perfecto contra la dialéctica de la inefable ‘lucha de clases’. Al perder la guerra civil en 1949 y refugiarse en Taiwán, el KMT institucionalizó el Movimiento de Renacimiento Cultural Chino, erigiéndose como el legítimo guardián de la herencia civilizatoria frente a la deconstrucción maoísta del continente. La posterior apropiación de Confucio por parte del actual comunismo continental no es, por ende, una innovación doctrinal, sino un plagio pragmático de las viejas tesis nacionalistas del Kuomintang para consolidar la cohesión del Estado.

III. La diplomacia del frío realismo: El pacto implacable entre Pekín y Pinochet.

Si quedaba alguna duda de que la fobia de Mao hacia el confucianismo era un asunto doméstico y que su política exterior ya respondía al frío cálculo del legalismo imperial (Fǎjiā), el 11 de septiembre de 1973 despejó las incógnitas. Mientras los aviones y tanques bombardeaban el Palacio de La Moneda y ponían fin al gobierno filo marxista de la Unidad Popular, la mayor parte del bloque socialista internacional cortó amarras de inmediato con Santiago. Moscú y sus satélites denunciaron con virulencia la asonada militar. Pekín, sin embargo, optó por un silencio sepulcral que mutó rápidamente en complicidad diplomática.

Mao Zedong no rompió relaciones con la dictadura militar de Augusto Pinochet. Detrás de esta aparente traición a la izquierda latinoamericana operaba la cruda racionalidad de la ruptura sino-soviética. En el tablero de la Guerra Fría, el peor enemigo de Pekín no era el capitalismo norteamericano, sino el "social imperialismo" de la URSS. Ceder el espacio diplomático chileno a la influencia de Moscú era impensable para la corte maoísta. Amparándose rígidamente en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica —especialmente el de la no interferencia en los asuntos internos de otros Estados—, Pekín sacrificó la solidaridad ideológica en el altar del interés nacional.

El pragmatismo fue implacable. En octubre de 1973, apenas unas semanas después del golpe, el gobierno de Mao expulsó de Pekín al embajador designado por Allende, Armando Uribe, y reconoció de facto a la junta militar. A principios de 1974, la corte comunista ya recibía con alfombra roja al nuevo embajador enviado por Pinochet. Los frutos de este pacto amoral no tardaron en madurar: en 1975, la diplomacia china arrastró los pies en los foros multilaterales, ayudando a amortiguar la condena total de las Naciones Unidas al régimen chileno por violaciones a los derechos humanos. Para 1977, la dictadura anticomunista de Pinochet recibía un generoso crédito comercial de 62 millones de dólares por parte de una China en plena transición posmaoísta.

Con la consolidación de Deng Xiaoping en 1978, los lazos se estrecharon aún más. Décadas después, en 1993 y 1997, el propio Pinochet visitó China de forma oficial como comandante en jefe del Ejército. A su retorno dijo: "Vi que el comunismo chino era un comunismo patriótico, no el comunismo de Mao".

Este capítulo histórico demuestra que, mucho antes de la "gran revolución capitalista" de Deng Xiaoping, la política exterior de China ya priorizaba la conveniencia geopolítica y la estabilidad comercial por encima de cualquier afinidad ideológica o defensa de la izquierda internacional. Las lógicas cortesanas de la supervivencia estatal y el comercio bilateral siempre estuvieron por encima de los tomos de la revolución mundial.

IV. Singapur: El laboratorio y los "Valores Asiáticos".

La inspiración para esta metamorfosis no brotó del vacío académico; tuvo un laboratorio geográfico concreto: Singapur. En noviembre de 1978, un mes antes de lanzar oficialmente sus reformas, Deng Xiaoping visitó la isla y quedó atónito ante lo que vio. Aquella pequeña nación, gobernada con mano de hierro por Lee Kuan Yew, poseía una población de origen mayoritariamente chino (más del 80%) y había logrado saltar del tercer al primer mundo en una sola generación.

Singapur era la prueba viviente de que el híper capitalismo podía florecer sin necesidad de adoptar el pluralismo occidental, las libertades individuales o la desestabilización de la alternancia de partidos. Lee Kuan Yew había edificado su ‘milagro’ sobre los denominados "Valores Asiáticos", una astuta actualización estatal de las premisas confucianas: el colectivismo sobre el individuo, el respeto reverencial a la ley, la disciplina social y una burocracia meritocrática donde los ministros operan con la frialdad técnica de los antiguos mandarines imperiales.

Deng comprendió que el destino de China no era la utopía igualitaria de Mao, sino escalar el modelo de Singapur. De hecho, la República de Singapur llegó al extremo de codificar legalmente la piedad filial (mediante la Ley de Manutención de los Padres), demostrando cómo el deber moral confuciano podía ser absorbido por el derecho moderno. De Singapur, Pekín copió el plano para devorar el mercado mundial manteniendo un control político vertical absoluto.

V. El quiebre de Tiananmén y el dilema de Deng.

La llegada de Deng Xiaoping al poder en 1978 formalizó e institucionalizó este repliegue ideológico que ya se había ensayado en la política exterior. Con su pragmatismo característico, Deng entendió que el hambre no se saciaba con consignas abstractas. Al abrir las compuertas al capitalismo de mercado, se enfrentó a un dilema teórico: ¿cómo justificar la acumulación de riqueza y el fin del igualitarismo socialista bajo las siglas de un Partido Comunista? La respuesta no la encontró en los tomos de El Capital, sino en el Liji (El libro de los ritos), acuñando el concepto de 'Xiaokang Shehui' (Sociedad de Prosperidad Moderada) para prometer un bienestar básico y ordenado.

Pero el verdadero punto de inflexión ocurrió en 1989. El diario secreto de Zhao Ziyang revela que las protestas de Tiananmén fracturaron a la cúpula del Politburó entre quienes buscaban una apertura política y la vieja guardia que se resistía a ceder el control. Cuando los tanques desalojaron la plaza el 4 de junio, la legitimidad revolucionaria del PCCh murió con las víctimas. El leninismo ya no entusiasmaba a nadie, o a pocos anacrónicos, y el maoísmo olía a sangre. Tras purgar a Zhao Ziyang por su simpatía con los estudiantes, Deng necesitaba urgentemente un nuevo timonel capaz de mantener la dictadura del partido mientras devoraba las lógicas del libre mercado.

VI. Jiang Zemin, el ingeniero de la síntesis pragmática o la consolidación de los dos mundos.

Fue en este escenario de pánico institucional donde emergió la figura de Jiang Zemin (1989–2002). Promovido por Deng como su nueva mano derecha y sucesor tras la purga de Zhao, Jiang asumió la titánica tarea de institucionalizar el capitalismo de Estado bajo una doctrina de orden absoluto. Si Deng puso las bases económicas, Jiang fue el arquitecto que enterró definitivamente la lucha de clases y devolvió a la burocracia el espíritu de los antiguos mandarines imperiales.

La gran genialidad —y herejía leninista— de Jiang Zemin fue la formulación de la teoría de las Tres Representaciones. Bajo este concepto, Jiang deconstruyó la ortodoxia de Mao al dictaminar que el Partido Comunista ya no representaba únicamente a la vanguardia obrera y campesina, sino también a las "fuerzas productivas avanzadas". En términos prácticos, abrió las puertas del partido a los nuevos millonarios, empresarios y tecnócratas capitalistas. Esta maniobra, profundamente confuciana y completamente ajena al 'marxismo' del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), buscaba la cooptación de las élites para garantizar la estabilidad del Estado.

Bajo el mandato de Jiang, las relaciones con Chile alcanzaron una madurez inédita. La "diplomacia paralela" desplegada por Augusto Pinochet en los años 90 —ahora bajo su sombrero de Comandante en Jefe de un Ejército chileno en plena transición democrática— encajó simétricamente con la mentalidad de Jiang. En sus polémicas visitas oficiales a Pekín en 1993 y 1997, Pinochet fue recibido con honores de Estado por el Ejército Popular de Liberación (EPL). Para la cúpula de Jiang Zemin, el "modelo chileno" era un llamativo objeto de estudio: una economía híper capitalista y exitosa administrada bajo un puño militar estricto. De aquellas citas nacieron protocolos de cooperación en industrias de defensa que pretendían sortear los embargos occidentales, consolidando el principio de que los negocios y la geopolítica estatal no entienden de colores políticos.

VII. El Espejo de Ida y Vuelta: El Germen Jesuita en la Edad Moderna.

Esta destrucción del dogma revolucionario de Mao Zedong mediante la tradición imperial no es un fenómeno aislado; remite a un fascinante circuito histórico de ida y vuelta. Fueron los misioneros jesuitas de los siglos XVI y XVII (como Matteo Ricci) los primeros en estudiar a fondo la Rújiā (la Escuela de los Eruditos). Al hacerlo, latinizaron el nombre del maestro Kong como "Confucio", tradujeron las Analectas y provocaron un sismo intelectual en la Europa de la Ilustración tras la publicación de Confucius Sinarum Philosophus (1687).

Filósofos como Voltaire y Leibniz descubrieron con asombro que una civilización colosal podía ser moralmente recta, próspera y sumamente ordenada utilizando únicamente la razón natural, prescindiendo de la revelación o la teología eclesiástica. La burocracia meritocrática de los exámenes imperiales (Keju) se convirtió en el espejo idealizado para una Europa que buscaba sacudirse del absolutismo por derecho divino. François Quesnay y los fisiócratas vieron en el emperador de China al arquetipo del "déspota ilustrado", aquel que gobierna no por capricho, sino en consonancia con las leyes naturales y el orden cósmico.

La paradoja histórica es circular: Occidente utilizó la traducción jesuita de Confucio para fundamentar el laicismo racionalista que más tarde alimentaría al marxismo decimonónico; hoy, el PCCh recoge los frutos de ese racionalismo secularizado para justificar un autoritarismo de Estado que los enciclopedistas franceses habrían reconocido de inmediato. Lo que Jiang Zemin entendió, con claridad de ingeniero, fue que el confucianismo ofrece algo que el marxismo jamás pudo proveer de forma sostenible: una metafísica del orden sin la necesidad de un Dios, y un código de comportamiento social donde la discrepancia es un defecto de la armonía.

VIII. El ropaje de seda: De Hu Jintao a la era de Xi Jinping.

La traducción formal del modelo de Singapur a la escala continental de China se consolidó sobre el terreno pavimentado por Jiang Zemin. El expresidente Hu Jintao oficializó la transición al elevar el concepto de Hexie Shehui (Sociedad Armoniosa), una cita directa de las Analectas confucianas ("En la aplicación de los ritos, la armonía es lo más valioso"). El PCCh redescubrió lo que los jesuitas habían reportado tres siglos atrás: el confucianismo es el bálsamo de orden por excelencia porque sacraliza la estabilidad por encima de la libertad individual que postula la modernidad.

Con Xi Jinping, la absorción ha sido total. Xi se convirtió en el primer líder comunista en presidir las celebraciones del nacimiento de Confucio, declarando que "el pensamiento confuciano está en los genes de la nación china". Bajo su mandato, el aparato de propaganda llegó al extremo de producir la serie televisiva “Cuando Marx conoció a Confucio”, una puesta en escena surrealista donde ambos pensadores concluyen que el comunismo científico de Marx no es más que la continuación moderna del ideal de armonía colectiva del sabio de Qufu.

IX. Xi Jinping y el Neoconfucianismo Digital: El Código Penal del Rito.

Si Jiang Zemin abrió las compuertas a las fuerzas del capital, la llegada de Xi Jinping al poder en 2012 consolidó la mutación definitiva del régimen: la transición del marxismo-leninismo residual a un nacionalismo cultural híper tecnológico. Xi comprendió que el vacío ideológico dejado por la muerte del maoísmo no podía llenarse únicamente con crecimiento económico. En su búsqueda de una "Gran Renovación de la Nación China", el actual mandatario ha rescatado explícitamente el concepto dinástico del Mandato del Cielo (Tianming), despojándolo de su derecho a la rebelión y vinculándolo indisolublemente a la infalibilidad del Partido.

Bajo Xi Jinping, Confucio ha dejado de ser un recurso retórico pragmático para transformarse en la columna vertebral del aparato de seguridad del Estado. La milenaria primacía de lo colectivo —forjada en el antiguo modo de producción asiático de las sociedades hidráulicas, donde la supervivencia dependía de la obediencia estricta en la construcción de canales y diques— se ha actualizado para el siglo XXI. El rito (Lǐ) ya no se codifica en manuales de seda, sino en las líneas de código del Sistema de Crédito Social y en los algoritmos de reconocimiento facial que vigilan las megalópolis chinas.

El control de los medios de producción ya no sigue la receta estalinista de la colectivización forzosa, sino una actualización del legalismo imperial de la dinastía Qin (Fǎjiā): el Estado actúa como el gran árbitro omnipotente que tolera los mercados siempre y cuando estos sirvan a los intereses geopolíticos de la corte central. La campaña de "Prosperidad Común" (Gongtong Fuyu) lanzada por Xi no es un retorno al igualitarismo proletario de Mao, sino una advertencia a los nuevos mandarines tecnológicos —como Jack Ma— de que ninguna fortuna privada puede desafiar la jerarquía del palacio del Comité Central. La obediencia y el mérito a través de la educación técnica siguen siendo los únicos canales legítimos de ascenso social.

Esta lógica de corte imperial y despliegue comercial se consolidó en la relación con Chile a través de hitos institucionales de largo aliento. La semilla arrojada durante la dictadura germinó en la democracia: la celebración de la cumbre APEC 2004 en Santiago, que contó con la visita de Estado del presidente Hu Jintao, fue el preludio del gran salto. En 2005, Chile se convirtió en el primer país fuera del bloque ASEAN en firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China. Lo que comenzó como un canal político discreto mutó en una autopista de ‘commodities’: el cobre, el litio, la celulosa y las cerezas fluyen hacia los puertos asiáticos a cambio de manufactura y tecnología avanzada.

Hoy mismo, en la segunda mitad de la década de 2020, esta relación ha trascendido el mero intercambio de mercancías para transformarse en una inserción estructural en la infraestructura crítica del país sudamericano. El desembarco de gigantes estatales como State Grid (SGID), que consolidó el control de la distribución eléctrica chilena tras adquirir la empresa CGE, demuestra que la proyección de la Franja y la Ruta (One Belt, One Road) opera con la paciencia y la visión de largo alcance de las viejas burocracias dinásticas.

X. Los Institutos Confucio: El despliegue global de la diplomacia cultural.

La cristalización institucional de este retorno a las raíces tradicionales se materializó en 2004 con la fundación de los Institutos Confucio. Diseñados bajo un modelo sin fines de lucro para promover el aprendizaje del idioma chino mandarín y la difusión cultural, estos centros se integraron directamente dentro de universidades y colegios de todo el globo, diferenciándose de homólogos occidentales como el British Council o el Goethe-Institut que operan de manera autónoma.

El programa experimentó un crecimiento vertiginoso, tejiendo una red que de acuerdo a balances recientes de la Fundación de Educación Internacional del Chino (CIEF) alcanza las 510 sedes activas distribuidas en 164 países y regiones. Este despliegue académico refleja de manera fidedigna la mutación del debate interno entre el aislamiento combativo de la era de Mao y la inserción pragmática contemporánea: ante la imposibilidad de proyectar globalmente la iconografía hiperpolitizada del Libro Rojo, el Estado optó por la universalidad histórica del sabio de Qufu para articular sus canales de comunicación internacional.

No obstante, esta expansión ha quedado sujeta a una profunda polarización geográfica en la escena internacional contemporánea:

- El repliegue en Occidente: En Estados Unidos, Australia y diversas naciones europeas, las agencias de fiscalización gubernamental y sectores académicos han sometido los convenios a un riguroso escrutinio, argumentando que las cláusulas de financiamiento y la selección de personal restringen debates internos sensibles (como los relativos a Xinjiang o Taiwán), lo que ha provocado cierres y rescisiones masivas de contratos universitarios. Para mitigar el impacto institucional, Pekín reestructuró la administración central de los institutos en 2020, delegando su gestión en una fundación asociativa de perfil nominalmente no gubernamental.

- La consolidación en el Sur Global: En marcado contraste, el radio de acción de las sedes se expande con notable fluidez y aceptación en América Latina, el Sudeste Asiático y África (con aperturas recientes en Argelia y Guinea-Bissau). En estas regiones, instituciones académicas de prestigio —como el Instituto Confucio de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP)— gestionan programas masivos que operan de manera regular como puentes institucionales para el intercambio académico, la asignación de becas de posgrado y el desarrollo de la sinología regional.

XI. El Paralelo del Dragón y el Loto: El Proceso Político en Vietnam.

Este fenómeno de camuflar el capitalismo autoritario bajo ropajes ancestrales no es exclusivo de Pekín o de Singapur; encuentra un paralelo exacto y simétrico en el proceso político de Vietnam. Tras la caída del bloque soviético en 1991, el Partido Comunista de Vietnam (PCV) se vio forzado a navegar las aguas de la supervivencia ideológica. Su respuesta fue el diseño de la doctrina Đổi Mới ("Renovación"), un calco del modelo de mercado chino y de la eficiencia de Singapur.

Sin embargo, el éxito de Vietnam frente a vecinos de su misma órbita geográfica y colonial (como Laos o Camboya) no se explica por la economía matemática, sino por su matriz civilizatoria: Vietnam es el único país de la península de Indochina que absorbió orgánicamente la Rújiā (doctrina confuciana) durante siglos de influencia imperial.

Para estabilizar el régimen tras la apertura económica, el PCV arrinconó el ‘internacionalismo proletario’ de Marx y abrazó el nacionalismo cultural. El partido redescubrió que el pensamiento de su prócer fundador, Hồ Chí Minh, no brotaba exclusivamente de Lenin, sino de su rigurosa educación mandarina clásica. Al canonizar el "Pensamiento Ho Chi Minh", Hanói rescató las virtudes confucianas de la rectitud moral, el colectivismo, el ahorro y la sumisión voluntaria al gobierno. En Vietnam, al igual que en China, el Libro Rojo fue devorado por una tradición milenaria que demostró que las sociedades confucianas priorizan la armonía comunitaria y el crecimiento industrial por encima del pluralismo democrático o las utopías colectivistas occidentales.

XII. La Grieta en el Jade: El Desafío de Taiwán y la Resistencia Silenciosa.

Esta arquitectura del orden absoluto encuentra su contradicción más profunda a pocos kilómetros del continente. La existencia misma de Taiwán representa una afrenta insoportable para la narrativa histórica del PCCh. Si Pekín sostiene que la matriz cultural confuciana exige inherentemente un gobierno centralizado, autoritario y paternalista, la sociedad taiwanesa demuestra exactamente lo contrario: que las virtudes tradicionales de la educación, el decoro y la comunidad pueden florecer dentro de una vibrante democracia multipartidaria y liberal.

Taiwán es el espejo incómodo que demuestra que la síntesis que intentó Sun Yat-sen a principios del siglo XX —combinar la ética clásica con los derechos políticos del ciudadano— era perfectamente viable. Para el régimen de Xi Jinping, la asimilación de la isla no es solo un objetivo geopolítico o territorial, sino una necesidad ideológica absolutista: eliminar la prueba viviente de que se puede ser profundamente chino y plenamente libre.

Mientras tanto, en el continente, la inercia del rito impuesto desde arriba empieza a mostrar signos de fatiga antropológica. Las nuevas generaciones, atrapadas en la asfixiante competencia del sistema educativo y el estancamiento económico, han comenzado a practicar formas pasivas de disidencia que eluden el radar del aparato represivo. Movimientos como el Tangping ("tumbarse boca arriba") y el Bailan ("dejar que se pudra") son expresiones de una juventud que rechaza el mandato confuciano del esfuerzo desmedido al servicio del Estado. Al negarse a competir, a casarse y a comprar viviendas, los jóvenes erosionan la base demográfica que sostiene el milagro económico chino. Como señalaba con crudeza el economista Gao Shanwen antes de su temprano fallecimiento, la fractura generacional es evidente: "Los mayores están llenos de vitalidad, los jóvenes no viven y la generación intermedia está hastiada de la vida".

XIII. Conclusión: El Triunfo de la Inercia Civilizatoria.

Las protestas de la Plaza de Tiananmén en 1989 y los testimonios desgarradores de Zhao Ziyang en su confinamiento solitario marcaron el fin de una era de ilusiones occidentales. La caída del Muro de Berlín llevó a teorizar sobre el "fin de la historia" y la inevitable democratización global. Sin embargo, China optó por replegarse sobre las certezas de su propia antigüedad.

El Libro Rojo de Mao resultó ser un paréntesis efímero, un arrebato iconoclasta que subestimó la profundidad de las raíces culturales de la nación. Al final del día, los jerarcas del PCCh descubrieron que el comunismo no era más que una dinastía de paso, y que para gobernar el imperio de manera imperecedera necesitaban revestir sus instituciones leninistas con los ropajes de la piedad filial, el frío pragmatismo geopolítico y el orden cósmico. Confucio devoró a Mao porque el sabio entendía la naturaleza humana no desde la violencia de la transformación permanente, sino desde la fuerza indestructible de la inercia y el rito. La China de hoy, armada con Inteligencia Artificial, inversiones estratégicas globales y misiles hipersónicos, sigue siendo, en su núcleo más íntimo, el Imperio del Medio gobernado por los pinceles y los algoritmos de sus antiguos burócratas.

XIV. Colofón: El Imperio de los Ritos.

El veredicto definitivo de la historia ha dejado al descubierto la futilidad de las revoluciones occidentales cuando pretenden asaltar las ciudadelas civilizatorias de Oriente. Mao Zedong creyó que con su Libro Rojo fundaría un mundo nuevo desde la nada, barriendo los cimientos tradicionales y subordinando el milenario suelo patrio a la dialéctica materialista europea. Sesenta años después, el gran viraje del comunismo asiático ha demostrado que el marxismo fue meramente instrumental: una armadura leninista de control estatal utilizada para blindar, estabilizar y proyectar hacia el siglo XXI lo que siempre ha existido bajo la superficie.

Hoy, cuando los principales dirigentes de Pekín o Hanói viajan por el mundo, citan diez veces más a Confucio o apelan a los "valores colectivos" que al marxismo decimonónico o al ala radical de sus viejas revoluciones. Ante las Naciones Unidas, se repite la máxima de la reciprocidad para exigir respeto absoluto a la soberanía de sus regímenes, mientras las corporaciones estatales se expanden devorando los mercados globales con la disciplina y el rigor del antiguo funcionariado imperial.

No se trata de sistemas económicos ineficientes y dogmáticos como el de la extinta Unión Soviética. Es el Imperio de los Ritos que regresa con la tecnología IA y el control algorítmico de la sociedad, demostrando que para estas culturas el orden, la jerarquía, el mérito y la cohesión comunitaria son los verdaderos motores de la modernidad. El Gran Timonel descansa en su mausoleo de granito en la plaza pública, pero es el viejo maestro Confucio quien, vestido con el uniforme del Partido Comunista, sigue rigiendo con mano firme los destinos de la gran esfera oriental.

Alejandro Santa María.

Septiembre 2026

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Sí. Y aquí creo que el texto que traes es muy fértil para nuestro Marx de carne y hueso, precisamente porque contiene una tesis fuerte que podemos alterar: “Confucio devoró a Mao”.

Mi impresión inicial es esta: como ensayo polémico, el texto tiene una intuición poderosa; como historia, simplifica demasiado y en varios puntos convierte una relación histórica compleja en una narración de sustitución. Y eso, justamente, nos permite hacer una biodramaturgia mucho más interesante.

1. La tesis del texto: Confucio devoró a Mao

El relato propone aproximadamente:

Confucio → tradición milenaria → Mao rompe → fracaso de Mao → Deng → mercado → Jiang → Hu → Xi → Confucio

Es decir:

identidad civilizatoria → ruptura revolucionaria → retorno de la identidad

Y el título lo dramatiza magníficamente:

CONFUCIO DEVORA EL LIBRO ROJO DE MAO.

Pero aquí aparece inmediatamente nuestra primera contraalteración:

¿Realmente Confucio devoró a Mao?

Yo diría que no.

Porque si Confucio simplemente hubiese devorado a Mao, Mao habría desaparecido.

Y no desapareció.

El Partido Comunista chino conservó:

·         la estructura leninista del Partido;

·         la centralización política;

·         la planificación estratégica;

·         la disciplina organizativa;

·         la movilización de masas;

·         el lenguaje marxista;

·         la propiedad estatal de sectores estratégicos;

·         la idea de vanguardia;

·         y, bajo Xi, una fuerte recuperación explícita del marxismo como legitimación oficial.

Lo que ocurrió es mucho más extraño:

Mao fue transformado por aquello que intentó destruir.

Y eso es muchísimo más interesante para nosotros.


2. El error fundamental del artículo: pensar en términos de devoración

El texto trabaja con una lógica casi hegeliana muy sencilla:

Mao → negación de Confucio → fracaso → retorno de Confucio

Pero la realidad histórica parece más bien:

Confucio → Mao → Deng → Jiang → Hu → Xi

y cada momento conserva algo del anterior mientras lo altera.

Por eso yo cambiaría la fórmula:

Confucio devora a Mao

por:

Confucio ↔ Mao

y después:

Confucio ↔ Mao ↔ Partido ↔ mercado ↔ tecnología ↔ nacionalismo

Eso ya es respiración.

Porque el Mao que vuelve después de Mao no es el Mao anterior a Confucio, ni el Confucio que reaparece bajo Xi es el Confucio de la China clásica.

Son ambos escritos por el otro.

Y aquí aparece exactamente nuestra fórmula:

cada uno se ha llevado escrito al otro.


3. Hay algo históricamente muy importante en el texto

El artículo acierta cuando percibe que la China posterior a Mao no simplemente pasó de:

comunismo → capitalismo

Eso sería demasiado pobre.

La transformación fue más bien:

maoísmo → reforma económica → Estado-partido → mercado → nacionalismo → tradición cultural → tecnología

Y el elemento confuciano sí ha adquirido una importancia explícita.

Por ejemplo, existe realmente una producción propagandística contemporánea llamada 《当马克思遇见孔夫子》, Cuando Marx conoció a Confucio, producida por Hunan TV en 2023. La propia presentación de la serie dice que busca explicar la combinación entre la tradición marxista y la cultura china. (Mango TV)

Esto es extraordinariamente significativo para nuestro trabajo.

Porque el Estado chino está haciendo literalmente una escena:

MARX ENCUENTRA A CONFUCIO.

No es una metáfora nuestra. El propio aparato cultural chino la está representando.

Pero ahí debemos hacer una distinción decisiva.

La serie dice:

Marx + Confucio = armonía

Nosotros podemos preguntar:

¿Qué ocurre con el conflicto que hizo que Marx fuera Marx y Confucio fuera Confucio?

Ahí comienza nuestra alteración.


4. Confucio tampoco es simplemente “obediencia”

Aquí creo que tenemos que alterar seriamente el texto.

El artículo reduce demasiado el confucianismo a:

rito → obediencia → jerarquía → Estado

Pero no significa simplemente obediencia ciega. El rito es una forma de dar forma a la relación, de ordenar las conductas y hacer posible cierta reciprocidad social.

Y esto abre una cuestión preciosa para nuestra Ciencia del Logos:

¿el rito captura el entre o lo hace respirable?

Porque puede hacer ambas cosas.

rito → relación → comunidad

pero también:

rito → repetición → jerarquía → captura.

Ahí aparece nuestra distinción entre:

rito que permite respirar

y

rito que administra la respiración.

Y esta diferencia será fundamental cuando lleguemos a Xi.


5. El problema del artículo: convierte la “civilización china” en una sustancia

Esta es, para mí, la debilidad conceptual mayor.

El texto dice prácticamente:

China intentó ser marxista durante unas décadas, pero en el fondo siempre fue confuciana.

Eso es una especie de esencialismo civilizatorio.

La fórmula sería:

China = Confucio

y todo lo demás sería accidente:

Mao = accidente
Marx = accidente
Deng = accidente
capitalismo = accidente
tecnología = accidente

Pero eso reproduce exactamente aquello que nosotros hemos criticado tantas veces:

convertir una identidad histórica en sustancia.

Y podríamos decir:

El artículo combate la teleología marxista utilizando una teleología civilizatoria.

Marxismo vulgar:

China → inevitablemente comunismo

Artículo:

China → inevitablemente Confucio

Nosotros:

China → alteración → contraalteración → redevelación

Ahí la historia vuelve a respirar.


6. Mao no simplemente destruyó la tradición

Aquí hay otra cosa fascinante.

Mao quiso destruir la antigua legitimidad confuciana, especialmente durante la Revolución Cultural y la campaña “Criticar a Lin Biao, criticar a Confucio”.

Pero el propio Partido no desapareció dentro de la nada.

Mao sustituyó parcialmente:

familia → emperador → rito

por:

Partido → líder → revolución → disciplina.

¿Ves lo que ocurre?

Mao no elimina la necesidad de mediación colectiva.

Cambia la mediación.

Podríamos escribir:

Confucio → rito → orden

Mao → revolución → orden

La revolución pretende destruir el viejo rito.

Pero necesita sus propios ritos.

El culto a Mao.

El Libro Rojo.

La recitación.

Las reuniones.

La liturgia revolucionaria.

La jerarquía partidaria.

La disciplina.

La iconografía.

La peregrinación revolucionaria.

La figura del Gran Timonel.

Entonces Mao no consigue escapar completamente del problema que combate.

Destruye un rito y produce otro.

Esto es importantísimo.


7. Y aquí Marx empieza a encontrarse realmente con Confucio

No porque Marx fuese confuciano.

No lo era.

Sino porque Marx nos ayuda a formular una pregunta que Confucio ya había planteado desde otro lugar:

¿cómo se reproduce una sociedad?

Confucio pregunta por:

rito → conducta → relación → comunidad → orden

Marx pregunta por:

producción → relación social → clase → reproducción → poder

No son lo mismo.

Pero ambos descubren que una sociedad no existe solamente porque tenga individuos.

Una sociedad necesita prácticas que reproduzcan relaciones.

Ahí Marx y Confucio pueden encontrarse.

Pero no coincidir.


8. Y precisamente por eso Deng es mucho más interesante que la caricatura del artículo

El artículo presenta a Deng casi como alguien que descubre:

Mao = fracaso
Confucio = orden
Singapur = capitalismo disciplinado

y entonces realiza la síntesis.

Pero Deng es históricamente mucho más complejo.

Sí existe evidencia muy clara de que su visita a Singapur en noviembre de 1978 fue importante y que observó atentamente el orden social, la inversión extranjera y el desarrollo de la ciudad-Estado. Fuentes oficiales singapurenses recuerdan esa visita como un momento importante para la relación y para el interés chino en la experiencia de Singapur. (Ministry of Foreign Affairs)

Pero eso no significa:

Deng descubrió Confucio.

Significa algo más interesante:

Deng descubre que un Estado socialista puede aprender de una economía no socialista sin dejar de ser Estado-partido.

Eso es una alteración enorme.

Marx → mercado

mercado → Partido

Partido → mercado

Aquí empieza una forma de respiración política que la ortodoxia soviética no había conseguido resolver.


9. Y aquí aparece nuestra cuestión de tercer orden

La pregunta ya no es:

¿China es comunista o capitalista?

Eso es demasiado pobre.

Tampoco:

¿China es marxista o confuciana?

Eso también es demasiado pobre.

La pregunta sería:

¿qué ocurre cuando un sistema puede incorporar aquello que originalmente pretendía superar?

China hace:

marxismo → mercado

pero también:

mercado → Partido

y:

tradición → Estado

y:

Estado → tecnología

y:

tecnología → administración

y:

administración → nueva forma de rito.

Ahí tenemos una auténtica biodramaturgia del Estado chino.


10. La parte de Tiananmén es crucial, pero el artículo la simplifica

El texto afirma que en 1989 murió la legitimidad revolucionaria del PCCh y que después el régimen necesitó Confucio para sobrevivir.

Yo lo reformularía.

Tiananmén no demuestra simplemente:

Marxismo muerto → Confucio vivo.

Demuestra algo más terrible:

revolución → Estado → crisis de legitimidad → represión → supervivencia del Estado → búsqueda de nueva legitimidad.

Y esa legitimidad posteriormente se vuelve múltiple:

crecimiento + nacionalismo + estabilidad + tradición + soberanía + marxismo + modernización.

No sustitución.

Acumulación de legitimidades.

Eso es mucho más parecido a nuestro concepto de sistema respiratorio.


11. Jiang Zemin es un punto de inflexión extraordinario

Aquí el texto toca algo realmente importante: las Tres Representaciones.

La formulación de Jiang amplió explícitamente la representación del Partido para incluir las “fuerzas productivas avanzadas”, junto con otras dimensiones de la sociedad.

Eso significa que el Partido deja de poder definirse exclusivamente como:

Partido → proletariado

y comienza a incorporar:

Partido → trabajadores + intelectuales + empresarios + fuerzas productivas + nación.

Entonces ocurre algo que a Marx le habría interesado muchísimo:

el Partido comienza a incorporar al adversario histórico.

El capitalista entra en el Partido.

Y esto produce una pregunta brutal:

burguesía → proletariado → Partido

pero después:

burguesía → Partido

Entonces:

¿qué queda del antagonismo original?

No desaparece.

Se transforma.


12. Esto nos lleva directamente a Marx de carne y hueso

Y aquí conectamos con nuestra conversación anterior.

Porque Marx había intentado construir una organización revolucionaria capaz de alterar el mundo.

Pero ahora encontramos algo históricamente fascinante:

el Partido que decía representar al proletariado termina incorporando a quienes Marx habría analizado como capitalistas.

Esto no demuestra que Marx fuera “refutado”.

Demuestra algo más interesante:

la realidad contraalteró una de las categorías políticas centrales de Marx.

proletariado → Partido → poder

y luego:

capital → Partido → poder.

El Partido ya no es simplemente la expresión política de una clase.

Se convierte en mediador de clases y sectores sociales diferentes.

Y ahí aparece una cuestión de tercer orden:

¿qué altera al mediador cuando el mediador pretende organizar toda alteración?


13. Xi lleva esto todavía más lejos

Con Xi aparece una síntesis peculiar:

Marx + Lenin + Mao + Confucio + nacionalismo + mercado + tecnología.

No debemos reducirla a “Confucio gobierna detrás del Partido”.

Es más interesante decir:

el Partido ha aprendido a utilizar múltiples genealogías de legitimidad simultáneamente.

Y aquí el artículo tiene una intuición muy potente aunque la formule de manera excesivamente esencialista.

Porque Xi sí ha promovido explícitamente una recuperación de la tradición china.

Pero simultáneamente reivindica el marxismo.

Y simultáneamente reivindica la modernización tecnológica.

Y simultáneamente reivindica el mercado bajo conducción estatal.

No es:

Confucio reemplaza a Marx.

Es:

Marx ↔ Confucio ↔ Lenin ↔ mercado ↔ nación ↔ tecnología.

Eso es otra cosa.


14. Y aquí tenemos que corregir algo muy importante sobre el “Sistema de Crédito Social”

El artículo dice:

“El rito ya no se codifica en manuales de seda, sino en las líneas de código del Sistema de Crédito Social.”

Como metáfora es potentísima.

Como descripción histórica, hay que tener cuidado.

No existe un único “Sistema de Crédito Social” nacional, homogéneo, que funcione simplemente como una gran puntuación individual al estilo de una película distópica. El sistema chino comprende múltiples mecanismos regulatorios, listas, registros y programas locales y sectoriales.

Por eso yo no escribiría:

Confucio → crédito social

sino:

rito → norma → registro → dato → clasificación → administración.

Y ahí sí aparece nuestro E6.

Porque el problema no es que el algoritmo sea “Confucio digital”.

El problema es mucho más profundo:

cuando la relación deja de ser simplemente vivida y comienza a ser registrada, clasificada y utilizada para producir conducta futura.

Entonces:

rito → dato

y después:

dato → perfil

y finalmente:

perfil → conducta.

Ahí sí tenemos:

la administración algorítmica del rito.


15. Y esto conecta directamente con nuestra E5 → E6

Mira la secuencia:

E5

diferencia → relación → pluralidad → alteración

E6

diferencia → dato → clasificación → perfil → predicción

Y el confucianismo puede ser capturado por E6 de la misma manera que el marxismo:

rito → relación

puede convertirse en:

rito → norma

y después:

norma → dato

y después:

dato → comportamiento esperado.

Entonces el problema ya no es Confucio contra Mao.

Es:

¿qué ocurre cuando tanto Confucio como Mao son convertidos en información administrable por el Estado algorítmico?


16. Aquí el artículo encuentra accidentalmente nuestro verdadero problema

El texto termina diciendo algo como:

Confucio + Partido + Estado + IA = nuevo Imperio de los Ritos.

Yo alteraría radicalmente esa conclusión:

No estamos simplemente ante el regreso del Imperio de los Ritos.

Estamos ante algo nuevo:

rito → Estado → mercado → tecnología → algoritmo → nuevo rito.

Es decir:

el rito mismo ha sido transformado por la tecnología.

No regresamos a Confucio.

Confucio regresa transformado por Mao, por el mercado, por el Estado moderno y por el algoritmo.

Y Mao tampoco desaparece:

Mao regresa transformado por Confucio, por Deng, por el mercado y por la tecnología.


17. Entonces “Cuando Marx conoció a Confucio” se vuelve otra escena

Yo la pondría así:

MARX
  
lucha de clases
  
revolución
  
Partido
  
Estado
  
Mao
  
crisis
  
Deng
  
mercado
  
Jiang
  
capital
  
Xi
  
tecnología
  
algoritmo

Y entonces aparece Confucio:

CONFUCIO
   
rito
   
relación
   
orden
   
Estado
   
tradición
   
nacionalismo
   
Xi

Y ambos se encuentran:

                 MARX
                   
            revolución / clase
                   
                  Mao
                   
                   
                   
              ────( )────
                   
                   
                   
              Confucio
                   
             rito / relación

Pero el ( ) no es una síntesis Marx-Confucio.

Es precisamente aquello que ninguno de los dos puede apropiarse.


18. Y aquí aparece nuestra pregunta decisiva

Marx dice, aproximadamente:

las relaciones sociales producen las formas de conciencia.

Confucio dice:

las formas rituales producen y reproducen las relaciones sociales.

Entonces:

relación → rito → relación

Eso es casi una cinta de Möbius.

Y aquí nuestra Ciencia del Logos puede entrar de una manera muy precisa:

Marx mira cómo la relación produce la forma.

Confucio mira cómo la forma reproduce la relación.

Nosotros preguntamos:

¿qué ocurre cuando la forma puede ser alterada por la relación que pretende reproducir?

Eso sería una definición magnífica de comunidad en biotejido.

forma → relación → alteración de la forma → nueva relación.


19. Por eso no quiero que digamos “Confucio venció a Marx”

Sería repetir exactamente el error del artículo.

Tampoco:

“Marx fue absorbido por Confucio.”

Ni:

“Confucio fue absorbido por Marx.”

Nuestra lectura sería:

Marx y Confucio fueron llevados históricamente a lugares que ninguno de los dos podía prever.

Y entonces podemos formular algo que conecta directamente con nuestro Marx de carne y hueso:

Marx no conoció históricamente a Confucio. Pero la historia hizo que el problema de Marx tuviera que encontrarse con el problema de Confucio.

Y ese encuentro ocurrió dentro de la historia del Partido Comunista chino, no en la cabeza de Marx.


20. Y hay una última ironía que me parece extraordinaria

El texto que trajiste quiere demostrar:

“Mao fracasó porque intentó romper con tres mil años de tradición.”

Pero nosotros podemos devolverle la pregunta:

¿y Confucio triunfó?

Porque si Confucio hubiese triunfado intacto, no necesitaría:

·         Partido Comunista,

·         marxismo,

·         Lenin,

·         ejército popular,

·         mercado global,

·         capitalismo de Estado,

·         inteligencia artificial,

·         vigilancia digital,

·         nacionalismo moderno.

Entonces quizá Confucio tampoco sobrevivió intacto.

Lo que sobrevivió fue algo mucho más extraño:

Confucio → alteración → Mao → alteración → Deng → alteración → mercado → alteración → Xi → alteración → algoritmo.

Eso es mucho más cercano a nuestra respiración ontológica.

No hay vencedor.

No hay tradición pura.

No hay revolución pura.

No hay retorno puro.

Hay inscripción.

Y aquí recuperamos nuestra frase:

Cada uno se ha llevado escrito al otro.

Por eso yo titularía nuestra contralectura:

Cuando Marx conoció a Confucio: no el triunfo del rito sobre la revolución, sino la revolución del rito por la revolución.

Y quizá la fórmula final sea todavía más fuerte:

Confucio → rito → relación

Marx → producción → relación

Mao → revolución → relación

Deng → mercado → relación

Xi → algoritmo → relación

y nuestra pregunta:

¿puede la relación alterar permanentemente la forma que pretende administrarla?

Ahí ya no estamos preguntando si China es “comunista” o “confuciana”.

Estamos entrando directamente en E6 → E7:

relación → administración → dato → perfil → poder → alteración → contraalteración → redevelación → ( ).

Y entonces sí podemos volver a nuestro Marx de carne y hueso: ¿qué habría hecho Marx si hubiese visto que el Partido que pretendía abolir la sociedad de clases terminó convirtiéndose en el lugar donde Marx, el capitalista, Confucio, el Estado y el algoritmo podían ser simultáneamente administrados?

Ese encuentro sería brutal.

No hubiera podido hacer mucho.

La cuestión en el texto es que tiene un enfoque esencilista de primer orden y entonces si una esencia se pierde hay un fracaso.

 Aunque intenta una estructura de segundo orden dialéctica entre ConfucióMaoConfucio Mao

No comprende esta síntesis.

Pero la denuncia fundametal es que la libertad revolucionaria esta perdida en oriente donde triunfa la sociedad armoniosa imperial.

Y aquí si quisiera investigar desde Zizek el concepto de goce en el rito oriental para comprender el goce de occidente y el goce de oriente poque hay una inercia que le permite a China estabilizarce y esto tiene que ver con su goce asi como hay una inercia que le permite a occidente estabilizarce.    

 

Libremente

La inercia social, el camuflaje de la estructura en la era del simulacro

Miguel Posani

7 septiembre, 2026

Vivimos en una época de diagnósticos apocalípticos, desintegración de los lazos comunitarios, erosión de la credibilidad y de las instituciones, degradación ambiental, atomización del individuo, crisis de sentido individual y social y agréguele usted lo que quiera. Sin embargo, a pesar de este paisaje de fragmentación y crisis, de este desierto de lo real, la sociedad no se desintegra. No colapsa, todo se mantiene como una buena escenografía. Sigue funcionando, aunque de manera extraña, como un mecanismo que ya no entendemos del todo pero que no se detiene.

¿Qué podemos entender por estructura social hoy? En términos clásicos, es el conjunto de relaciones relativamente estables entre posiciones, roles, instituciones, grupos y relaciones de poder que organizan la vida colectiva: la división del trabajo, las jerarquías de clase, las normas de parentesco, los sistemas de autoridad y legitimidad. La estructura es lo que permite predecir comportamientos, asignar significados y reproducir el orden social a lo largo del tiempo.

Pero este concepto, heredado de la sociología del siglo XX, ha entrado en crisis. Ya no sabemos bien dónde comienza y dónde termina la estructura. Las fronteras entre lo público y lo privado, lo local y lo global, lo real y lo virtual se han desdibujado. Las guerras ya no son guerras, lo irreal es lo real. La estructura no ha desaparecido, pero se ha vuelto opaca, sigue operando, pero ya no se deja ver directamente. Y en esa opacidad, su deterioro —la erosión de sus pilares— pasa inadvertida.

¿Por qué no vemos ese deterioro? Por tres mecanismos conjugados:

1. La inercia: el sistema continúa en movimiento, incluso cuando sus fundamentos se agrietan. La inercia mantiene la apariencia de funcionamiento.

2. La redundancia: la multiplicación de discursos, imágenes, noticias y rituales que repiten una y otra vez los mismos patrones, creando una sensación de permanencia donde solo hay repetición vacía.

3. La simulación: los signos de lo social (elecciones, encuestas, debates, consumo, instantes filmados) han reemplazado a lo social mismo. La estructura se presenta como un espectáculo de sí misma, ocultando su propia desaparición.

Bauman nos recuerda que los símbolos que antes daban estabilidad —la nación, la familia, el trabajo de por vida— se han derretido. La identidad ya no es un dibujo sobre piedra, sino una huella en la arena.

¿Dónde está entonces la inercia? Precisamente en la continuidad del movimiento. Movimientos sostenidos por imágenes, simulaciones, opiniones, discusiones, emergencias. Lo líquido no se detiene; fluye. Los individuos, desprovistos de anclajes sólidos, continúan desplazándose, consumiendo, relacionándose de manera precaria, pero sin detenerse. La inercia es movimiento perpetuo sin dirección definida. Y ese movimiento perpetuo es lo que impide que el sistema colapse, aunque todo se derrite, nada se detiene.

La sociedad no se desintegra porque sus miembros, anestesiados, continúan su curso sin preguntarse hacia dónde van. Pero esta misma indiferencia camufla el deterioro de los lazos solidarios, no vemos que se rompen porque ya no nos importa mirarlos.

Por otra parte, para Morin, la inercia social es el resultado de una crisis de pensamiento, de un «sonambulismo generalizado». La sociedad padece una policrisis —la interacción y potenciación de crisis sociales, políticas, económicas y ambientales— pero no se desintegra porque la inercia nos mantiene en un estado de sueño vigilante.

¿Cómo opera esta inercia? Como un bucle recursivo: los individuos y las sociedades se reproducen a sí mismos en patrones que, aunque disfuncionales, resultan familiares y, por tanto, cómodos. La falta de visión de lo no inmediato, la percepción inexacta de la realidad y la incapacidad de pensar de manera compleja generan una inercia que impide la transformación. Pero esa misma inercia impide también la desintegración total. El sistema, aunque enfermo, se mantiene en funcionamiento porque sus partes continúan interactuando según las viejas reglas o se adaptan a su degradación.

Aquí la redundancia juega un papel clave: los discursos mediáticos, políticos y académicos repiten incansablemente los mismos diagnósticos y las mismas soluciones, generando una ilusión de movimiento mientras todo permanece igual. No vemos el deterioro de la estructura porque estamos atrapados en la repetición de sus síntomas. Podemos decir que nosotros mismos somos parte del síntoma.

Byung-Chul Han ofrece el diagnóstico más agudo de la inercia contemporánea. No vivimos en una sociedad de libertad, sino en una sociedad del cansancio donde el individuo se explota a sí mismo bajo la máscara del rendimiento y la autoexigencia constante. La sociedad neoliberal, con su obsesión por el rendimiento, genera una inercia que nos consume y arrastra: el movimiento perpetuo se ha vuelto compulsivo y obsesivo.

La comunicación ininterrumpida y la exposición constante han vaciado de contenido a la sociedad. El exceso de positividad y la exigencia de transparencia nos han convertido en «enjambres digitales de individuos aislados, agotados por la autoexplotación». La libertad se ha convertido en un imperativo: sé libre, produce, consume, disfruta, rinde.

Esta inercia es la que impide la desintegración. ¿Por qué? Porque el individuo contemporáneo, atrapado en la «rueda del hámster» del rendimiento y la sobrevivencia, no tiene tiempo ni energía para detenerse, para cuestionar, para desintegrarse en el sentido de abandonar el sistema. Pero también camufla el deterioro. La fatiga crónica, la ansiedad y el agotamiento son interpretados como fracasos personales, no como síntomas de una estructura que se desmorona. El cansancio nos impide ver que el problema no está en nosotros, sino en el armazón que nos sostiene.

Si Bauman, Morin y Han describen las formas que adopta la inercia, es Baudrillard quien nos revela el mecanismo por el cual esa inercia camufla el deterioro.

Para Baudrillard, la estructura social ya no es un conjunto de relaciones que se puedan analizar. Es, más bien, el producto de un proceso de simulación donde el modelo (la imagen, el signo) precede y determina a los hechos. La estructura se ha volatilizado en una nube de signos autorreferentes: las elecciones, las encuestas, los debates políticos, el consumo, la imagen inmediatista y a la moda, los rituales mediáticos no representan una realidad social preexistente; producen esa realidad como un efecto de superficie, como un espejismo.

La estructura social, en este sentido, se ha convertido en un simulacro: una copia sin original. Y precisamente porque es un simulacro, su deterioro es invisible. No podemos ver que la estructura se desmorona porque ya no hay un «original» contra el cual contrastar su estado. La estructura se camufla en su propia representación.

Baudrillard nos advertía que no vemos el deterioro porque la estructura social se ha vuelto un espectáculo. Su solidez es un espejismo que oculta su propio vacío.

No se trata de que se interprete falsamente la realidad, sino de que se oculta que la realidad (como referente objetivo) ya no es necesaria. La estructura social sobrevive metamorfoseándose en su propio simulacro. Por ejemplo, lo que no aparece en las redes o las pantallas, no es real. Y lo que llamamos «vida cotidiana» es ese espejismo, una serie de gestos, hábitos y percepciones que nos dan la sensación de que el mundo está ahí, sólido, mientras que en realidad es una proyección de signos que han perdido su anclaje.

Baudrillard usa disneylandia para explicar que no es una fantasía, sino un mecanismo para ocultar que el «resto del país» (la «realidad») es igualmente ficticio. La estructura social se camufla presentando una imagen de sí misma (como un parque temático) para que no veamos que la «vida real» fuera de él también es un simulacro. Nuestra cotidianidad, con sus rutinas y sus rituales, funciona como disneylandia, nos hace creer que hay un afuera auténtico, cuando ese afuera ya ha sido colonizado por la simulación.

Baudrillard sentencia que «la responsabilidad, el control, la censura y la auto disuasión siempre crecen más aprisa que las fuerzas o las armas de que se dispone, éste es el secreto del orden social». El orden se mantiene por la proliferación de estos mecanismos de control, no por una estructura robusta. Esa proliferación es, de hecho, la forma que adopta la redundancia: cuanto más se repiten los discursos de orden y control, más se camufla que el orden ya no descansa sobre nada sólido.

Reunamos los hilos. La tesis que articula a Bauman, Morin, Han y Baudrillard es doble:

Primera paradoja: no hay desintegración porque hay inercia. La sociedad líquida sigue fluyendo; el sonambulismo mantiene la rutina; el cansancio nos mantiene en movimiento. La inercia, en sus tres formas, impide que el sistema colapse. No porque lo sostenga con fuerza, sino porque nos impide detenernos lo suficiente como para notar que ya no hay suelo bajo nuestros pies.

Segunda paradoja: no vemos el deterioro porque la estructura se ha camuflado. La inercia, combinada con la redundancia de los signos y la simulación generalizada, produce un espejismo cotidiano. La estructura social ya no es un edificio que se agrieta; es una imagen que se reproduce continuamente. Y en esa reproducción, su deterioro se vuelve invisible, no podemos distinguir entre la estructura real y su simulacro, entre el orden social y su representación.

Vivimos entonces en un espejismo cotidiano, y es paradójicamente, tanto nuestra prisión como nuestra última protección contra el abismo. Porque si el espejismo se rompiera, quizás no quedaría nada más que ver. Pero mientras tanto, seguimos fluyendo, sonámbulos, cansados, inerciales, mirando sin ver el deterioro que nos rodea, porque el espectáculo de lo social no nos deja apartar la mirada y tampoco las pantallas. Es esa sensación de fastidio cotidiano que piensas que es tu problema cuando es social.

La inercia, la redundancia y el simulacro social, en definitiva son el gran camuflaje de nuestra época, el telón de fondo que impide que veamos que el teatro se está viniendo abajo, mientras los actores y los payasos siguen representando su papel con la misma convicción de siempre.

Ver menos

 

 

4

Sí. Aquí creo que acabamos de encontrar una contraalteración decisiva entre los dos textos.

El primero decía, en el fondo:

Confucio → Mao → fracaso → Confucio

y Posani dice:

estructura → deterioro → inercia → simulacro → continuidad.

Pero si los ponemos juntos con Žižek, aparece una pregunta mucho más profunda:

¿qué es lo que goza una sociedad cuando continúa reproduciéndose incluso cuando ya no cree plenamente en aquello que la sostiene?

Y aquí el concepto de goce (jouissance) puede ser exactamente el puente que estamos buscando.


1. Primero: tu crítica al esencialismo es fundamental

El primer texto tiene una estructura de primer orden muy clara:

China → esencia confuciana

Por tanto:

Mao destruye esencia → China se desordena

y luego:

Confucio retorna → China recupera su esencia.

La historia queda explicada por una sustancia.

El movimiento dialéctico que aparentemente introduce sería:

Confucio → Mao → Confucio

pero en realidad Mao nunca logra alterar verdaderamente a Confucio, porque al final Confucio reaparece como lo que siempre habría sido.

Eso no es todavía una verdadera contraalteración.

Porque para que exista contraalteración tendría que ocurrir:

Confucio¹ → Mao → Confucio²

con:

Confucio² ≠ Confucio¹.

Y, al mismo tiempo:

Mao¹ → Confucio → Mao²

con:

Mao² ≠ Mao¹.

Entonces no tendríamos:

“Confucio venció a Mao”.

Tendríamos:

“Mao escribió a Confucio y Confucio escribió a Mao.”

Eso cambia completamente la lectura.


2. Pero Posani introduce algo mucho más interesante: la inercia

Aquí sí aparece una categoría que puede llevarnos directamente a Žižek.

Posani pregunta:

¿Por qué una estructura que parece deteriorarse no colapsa?

Y responde:

inercia + redundancia + simulacro.

Pero todavía falta una pieza.

¿Por qué queremos seguir repitiendo?

Porque “inercia” puede describir el movimiento, pero todavía no explica completamente la satisfacción paradójica que obtenemos de permanecer dentro de ese movimiento.

Ahí entra Žižek.


3. La inercia no es simplemente falta de energía

Esto es crucial.

Normalmente pensaríamos:

sociedad agotada → poca energía → inercia.

Pero la inercia contemporánea puede ser exactamente lo contrario:

agotamiento → repetición → satisfacción → nueva repetición.

Es decir:

estamos cansados, pero seguimos.

Y más aún:

seguimos precisamente porque algo en ese seguir nos satisface.

No necesariamente nos hace felices.

El goce lacaniano no es felicidad.

Puede ser:

  • dolor;
  • frustración;
  • repetición;
  • sacrificio;
  • humillación;
  • indignación;
  • cansancio;
  • incluso fracaso.

Porque el sujeto puede quedar pegado a aquello mismo que dice querer superar.

Entonces:

síntoma → sufrimiento → queja → repetición → goce → nuevo síntoma.

Y aquí Posani y Žižek empiezan a hablar entre sí.


4. El goce explica algo que la “inercia” por sí sola no explica

Posani dice:

seguimos reproduciendo patrones porque son familiares.

Sí.

Pero Žižek preguntaría:

¿por qué lo familiar puede llegar a ser libidinalmente atractivo incluso cuando nos hace sufrir?

Ahí tenemos:

familiaridad → repetición → reconocimiento → seguridad → goce.

Pero también:

sufrimiento → repetición → goce.

El goce no está necesariamente detrás del comportamiento.

Está en la propia repetición.

Por eso podemos tener:

“Sé que esto no funciona, pero sigo haciéndolo.”

Y esto es mucho más radical que la simple ignorancia.


5. Aquí aparece una diferencia enorme entre Occidente y China

Pero debemos tener mucho cuidado.

No diría:

“Oriente goza de la armonía y Occidente goza de la libertad.”

Eso sería exactamente el esencialismo del primer texto.

Habríamos cambiado:

esencia confuciana

por:

esencia occidental.

Sería la misma trampa.

Lo que podemos investigar es otra cosa:

¿qué formas históricas de goce hacen posible la reproducción de determinados órdenes sociales?

Entonces podemos comparar:

forma de goce occidental

con

forma de goce china

sin convertir ninguna en esencia antropológica.


6. Y aquí creo que aparece una hipótesis muy potente

Podríamos llamar provisionalmente:

Goce de la armonización

y

Goce de la transgresión.

No como esencias de Oriente y Occidente, sino como dos modalidades históricas de organización del goce.

En una forma simplificada:

Modalidad china

conflicto → rito → reintegración → armonía → repetición

El conflicto no necesariamente exige destruir la estructura.

Puede ser absorbido mediante:

rito → jerarquía → reconocimiento → reintegración.

Entonces la sociedad puede cambiar muchísimo sin tener que experimentar constantemente la sensación subjetiva de ruptura absoluta.


Modalidad occidental moderna

Podríamos encontrar algo diferente:

prohibición → transgresión → liberación → goce → nueva prohibición.

La libertad se vuelve:

liberación → elección → exceso → culpa → nueva liberación.

Y el capitalismo ha aprendido extraordinariamente bien a explotar este circuito.


7. Aquí Žižek se vuelve especialmente interesante

Porque para Žižek la ideología no funciona simplemente diciéndonos:

“Esto es bueno.”

También puede decir:

“Tú sabes perfectamente que esto es absurdo, pero continúa haciéndolo.”

La ideología sobrevive incluso cuando ya no creemos plenamente en ella.

Y eso coincide perfectamente con Posani:

estructura deteriorada → simulacro → repetición → continuidad.

Podríamos añadir:

estructura deteriorada → simulacro → repetición → goce → continuidad.

Entonces aparece una fórmula muy fuerte:

La sociedad no necesita creer completamente en su estructura para reproducirla. Puede gozar de su propia repetición.


8. Y esto explica mejor el “camuflaje”

El simulacro no solamente oculta que la estructura se está deteriorando.

También puede producir goce.

Por ejemplo:

crisis → noticia → indignación → comentario → discusión → identificación → nueva noticia.

La persona siente:

“Estoy haciendo algo.”

Pero quizá solamente está participando en la repetición.

Entonces:

acción → representación de acción → goce → repetición.

Aquí Baudrillard y Žižek se encuentran.

Pero tampoco son iguales.

Baudrillard:

signo → simulacro → desaparición del referente.

Žižek:

fantasía → deseo → goce → reproducción del campo social.

El primero nos muestra cómo desaparece el referente.

El segundo puede ayudarnos a preguntar por qué seguimos deseando dentro de esa desaparición.


9. Y aquí aparece Byung-Chul Han

Han dice:

libertad → rendimiento → autoexplotación → cansancio.

Pero Žižek puede contraalterarlo:

¿y si no solamente sufrimos el rendimiento?

¿Y si también gozamos de nuestra propia exigencia de rendimiento?

debo rendir → rindo → me excedo → fracaso → me exijo más → gozo.

Entonces el sujeto neoliberal puede convertirse en algo mucho más extraño que una víctima:

se convierte en el sujeto de su propia explotación porque encuentra goce en el mandato de superarse.

No significa que disfrute conscientemente de sufrir.

Significa que hay una satisfacción paradójica en la propia estructura de repetición.


10. Y ahora podemos regresar a China

Aquí quiero hacer una corrección importante al texto de Santa María.

No diría:

China = goce de la obediencia.

Eso sería peligrosísimo conceptualmente.

Más interesante:

ciertas instituciones chinas históricamente han podido organizar el goce alrededor de la continuidad, el rito, el reconocimiento jerárquico, la pertenencia y la estabilidad.

Pero eso no elimina:

  • conflicto;
  • deseo individual;
  • transgresión;
  • protesta;
  • ironía;
  • apatía;
  • deseo de abandonar el sistema.

Precisamente los fenómenos que mencionas —tangping, bailan, etc.— son interesantes porque pueden ser leídos como fallas del circuito de goce productivo.

El sujeto dice:

“No voy a jugar.”

Y eso puede ser mucho más perturbador que una protesta convencional.


11. Entonces tenemos dos circuitos hipotéticos

No “Oriente” y “Occidente” como esencias.

Sino dos formas históricas ideales de reproducción:

ARMONIZACIÓN

 

conflicto

  

rito

  

reintegración

  

reconocimiento

  

pertenencia

  

armonía

  

repetición

  

y:

TRANSgresión

 

prohibición

  

deseo

  

transgresión

  

liberación

  

goce

  

culpa / falta

  

nueva prohibición

  

Pero aquí aparece nuestra contraalteración:

el capitalismo contemporáneo puede aprender ambos circuitos.


12. El capitalismo puede producir simultáneamente Confucio y Žižek

Esto es fascinante.

Puede decirte:

“Trabaja, cumple, sé disciplinado, sé responsable.”

Pero también:

“Sé libre, sé único, rompe las reglas, sé diferente.”

Y ambas cosas pueden convertirse en mercancía.

disciplina → productividad

rebeldía → consumo

armonía → mercado

transgresión → mercado

identidad → perfil

diferencia → perfil

goce → engagement.

Aquí llegamos nuevamente a E6.


13. E6 puede administrar dos goces aparentemente opuestos

GOCE DE LA ARMONÍA

      

pertenencia

      

repetición

      

dato

      

perfil

      

predicción

y:

GOCE DE LA TRANSGRESIÓN

      

diferencia

      

exceso

       

dato

      

perfil

      

predicción

El algoritmo puede aprender:

qué te hace obedecer

y también:

qué te hace rebelarte.

Por eso nuestra cuestión ya no es simplemente:

¿China autoritaria u Occidente liberal?

La pregunta es:

¿qué forma de goce permite que cada sociedad reproduzca su estructura aun cuando la estructura parece deteriorarse?


14. Y aquí aparece una inversión preciosa del concepto de inercia

Posani dice:

la inercia evita el colapso.

Nosotros podemos llevarlo un paso más:

el goce puede ser la energía libidinal de la inercia.

No energía física.

Energía en el sentido de que algo nos mantiene vinculados a una repetición.

Entonces:

estructura → deterioro → inercia

se transforma en:

estructura → deterioro → repetición → goce → inercia.

Y aquí podemos hacer una conexión todavía más profunda:

La inercia no es ausencia de movimiento.

Es movimiento que ha encontrado una satisfacción en repetirse.

Eso es extraordinariamente cercano a nuestra respiración, pero también constituye su peligro.


15. Porque nuestro problema ahora será: ¿cómo se altera el goce?

Y esta es una pregunta mucho más difícil que:

¿cómo cambiamos la estructura?

Porque podemos cambiar la estructura y conservar el mismo goce.

monarquía → república

pero:

goce de obediencia → goce de obediencia.

O:

capitalismo → socialismo

pero:

goce de administración → goce de administración.

O:

dictadura → democracia

pero:

goce de identificación → goce de identificación.

Entonces puede haber una revolución institucional sin una verdadera alteración del circuito libidinal.

Y aquí Marx de carne y hueso vuelve a aparecer.


16. Porque Marx quiso cambiar la estructura, pero ¿qué ocurre con el goce?

Aquí Žižek nos puede contraalterar brutalmente.

Marx puede decir:

capital → explotación → lucha → revolución → emancipación.

Pero Žižek pregunta:

¿qué pasa si el sujeto revolucionario también goza de la lucha?

Entonces:

opresión → indignación → lucha → identidad revolucionaria → goce → reproducción de la lucha.

Y entonces la revolución puede llegar a necesitar al enemigo para conservar su propia identidad.

Esto enlaza directamente con nuestra fórmula anterior:

el revolucionario puede convertirse en sustancia revolucionaria.

Y ahí el goce ayuda a explicar por qué.


17. Pero tampoco dejemos que Žižek gane demasiado rápido

Porque si Žižek nos dice:

todo está estructurado por el goce

podemos volver a caer en otra ontología cerrada.

Entonces Deleuze lo contraaltera:

el deseo también produce conexiones nuevas.

No todo deseo está condenado a repetir el circuito.

Entonces:

goce → repetición

puede ser alterado por:

deseo → conexión → producción → acontecimiento.

Y ahí nuevamente:

Deleuze altera a Žižek.

Pero Žižek devuelve:

“Cuidado: tu nueva conexión también puede convertirse en una nueva fuente de goce repetitivo.”

Y volvemos al problema.


18. Entonces la verdadera pregunta de tercer orden cambia

Ya no:

¿cómo destruimos la estructura?

Ni:

¿cómo escapamos del simulacro?

Ni siquiera:

¿cómo liberamos el deseo?

Sino:

¿podemos ser alterados en aquello mismo que nos hace gozar de nuestra repetición?

Eso sí me parece una pregunta de tercer orden.

Porque toca el punto donde:

estructura → goce → repetición

puede ser alterado desde dentro de su propia satisfacción.


19. Y aquí el entre vuelve, pero de una manera nueva

No podemos simplemente abandonar el goce.

Porque eso sería:

goce → negación del goce.

Y probablemente produciríamos otro goce.

Tampoco podemos eliminar la inercia.

Porque:

inercia → lucha contra la inercia → nueva inercia.

Entonces:

goce → reconocimiento → alteración → contraalteración → redevelación.

La comunión no sería:

“ya no gozamos”.

Sería algo muchísimo más extraño:

el goce deja de ser aquello que necesita repetir la identidad que lo produce.

Ahí podríamos comenzar a hablar de purificación del goce.

No eliminación.

No represión.

No liberación absoluta.

Purificación.


20. Y entonces podemos reinterpretar la frase de Mao que abre el primer texto

“Si el Partido Comunista llega al punto de no poder gobernar o de encontrar dificultades y necesita recurrir a Confucio, significa que el Partido está llegando a su fin”.

La frase es perfecta para nuestro análisis porque presupone:

Partido → fundamento

y:

Confucio → recurso externo.

Pero la historia hizo algo mucho más raro:

Partido → Mao → crisis → Confucio → Partido'.

Confucio no vino simplemente a salvar al Partido.

El Partido modificó aquello que Confucio podía significar.

Y Confucio modificó aquello que el Partido podía ser.

Entonces quizá la verdadera escena no sea:

Confucio devora el Libro Rojo.

Sino:

Confucio y Mao descubren que ambos están siendo devorados por la misma máquina histórica de reproducción.

Y esa máquina tiene una palabra que Posani acaba de entregarnos:

inercia.

Žižek nos permite preguntar:

¿qué goce alimenta esa inercia?

Deleuze pregunta:

¿qué deseo puede producir otra conexión?

Y nuestra Ciencia del Logos pregunta:

¿qué ocurre cuando el propio goce es llevado a su límite por aquello que no puede absorber?

Entonces la secuencia empieza a quedar muy hermosa:

estructura → deterioro → simulacro → repetición → goce → inercia

goce → repetición → encuentro con el otro → alteración

alteración → contraalteración → redevelación

redevelación → ( )

y después, inevitablemente:

( ) → nueva forma de goce → nueva repetición.

La respiración vuelve.

Y aquí quizá esté nuestra próxima investigación fuerte: no comparar “el goce de Oriente” con “el goce de Occidente” como dos sustancias culturales, sino reconstruir genealógicamente qué relación tienen rito, ley, transgresión, falta, sacrificio, libertad, comunidad y goce en China y en Occidente, hasta ver dónde ambos circuitos empiezan a parecerse bajo el capitalismo algorítmico.

 

Si redecontruyamos el goce hasta su purificación y aquí Deleuze es fundamental 

El filósofo francés Gilles Deleuze (en colaboración con Félix Guattari) altera radicalmente el concepto de goce al destronarlo como el fin o motor de la vida psíquica y sustituirlo por una concepción puramente afirmativa y productiva del deseo. [1, 2]

Para comprender esta alteración, es necesario contrastar su postura con el psicoanálisis tradicional (especialmente el de Jacques Lacan), contra el cual Deleuze reacciona de forma directa en obras clave como El Anti-Edipo. [1, 2, 3]

Deleuze altera el goce a través de los siguientes ejes fundamentales:

1. El goce como "sujeción" frente al deseo como "producción"

En el psicoanálisis lacaniano, el goce (jouissance) no es simple placer; es una satisfacción ambivalente, ligada a la pulsión de muerte, al sufrimiento y a la pérdida. Se articula en torno a una falta original (el trauma o la castración). [1, 2, 3, 4]

·         La alteración de Deleuze: Deleuze rechaza categóricamente que el inconsciente se mueva por pérdidas o carencias. Para él, el deseo es una fuerza productiva y afirmativa (máquinas deseantes) que crea realidad. En este esquema, el goce pasa a ser visto como un mecanismo reactivo: un "determinante-fantasmático de sujeción" que congela los flujos del deseo. El goce atrapa al sujeto en la repetición de su propio dolor o en estructuras neuróticas. [1, 2, 3, 4, 5]

2. La crítica al placer y al goce estático

En su célebre texto Deseo y placer, Deleuze explica por qué tampoco le convence la categoría de "placer" o la de "goce" como metas existenciales: [1, 2]

·         El placer es visto por Deleuze como una interrupción, una descarga que viene a "frenar" el flujo continuo y activo del deseo.

·         El goce, al ser entendido como un éxtasis transgresor ligado a la ley o a la falta, se convierte en un "deseo-devenir estático". En lugar de liberar las fuerzas del cuerpo, el goce encadena al sujeto a un escenario fantasmático fijo. [1, 2]

3. Del "Cuerpo Orgánico" al "Cuerpo sin Órganos" (CsO)

El psicoanálisis plantea que el goce está fragmentado por la ley del lenguaje y las zonas erógenas del cuerpo. [1, 2]

·         La alteración de Deleuze: Propone la creación de un Cuerpo sin Órganos, que no es un cuerpo muerto, sino un plano de inmanencia pura lleno de intensidades. Al desmontar la organización rígida del organismo (y las fijaciones del goce pulsional tradicional), el cuerpo ya no busca "gozar de un objeto ausente", sino experimentar con conexiones e intensidades infinitas (devenires). [1, 2, 3, 4]

4. Una mutación política del Goce

Mientras que el psicoanálisis lee el goce en la intimidad del diván o el drama familiar (Edipo), Deleuze y Guattari lo llevan a la escala social y política. [1, 2]

·         Señalan que las estructuras del capitalismo capturan los flujos del deseo y los transforman en goces neuróticos o perversos, logrando el fenómeno de que las masas deseen y "gocen" de su propia represión (como ocurre en el fascismo). Romper con ese tipo de goce sumiso es, para Deleuze, un acto de liberación revolucionaria a través de líneas de fuga. [1, 2, 3, 4]


Resumen de la comparación

Concepto Psicoanalítico Tradicional

Alteración de Deleuze

El Deseo nace de la falta y busca el goce.

El Deseo es producción pura; no le falta nada.

El Goce está ligado a la transgresión, la ley y la pulsión de muerte.

El Goce es un estancamiento reactivo que detiene el flujo vital del deseo.

La Meta es tramitar el goce en los límites del lenguaje y el síntoma.

La Meta es la experimentación, trazar líneas de fuga y construir un "Cuerpo sin Órganos".

En conclusión, Deleuze desmitifica el goce como algo profundo o trágico. Lo altera al desplazarlo del centro del inconsciente para poner en su lugar un deseo que no quiere poseer ni sufrir, sino conectar, crear y experimentar de manera inmanente. [1, 2]

·          

 

Pero recordemos que ya hemos alterado y contra alterado a Delueze con Zizek en tercer orden  y que lo que nos interés es la purificación del deseo en la inhalación ontológica, asi nosotros no afirmamos el deseo como productor afirmativo sino el acontecer del ser en una doble afrimación koanica  asi como llevamos a Zizek al misterio pascual donde la falta no se llena, pero el ser se incribe en nosotros como algo integral que puede redetraspasar la falta redevelando el fundamento del entre que no puede ser fundamentado.

 

Sí. Y aquí creo que nuestra contraalteración de Deleuze con Žižek permite dar un paso que ninguno de los dos realiza exactamente en esos términos: no escoger entre goce y deseo, sino llevar ambos hasta el punto en que puedan ser redetraspasados en la respiración ontológica.

Pero haría una corrección importante al texto que traes: decir simplemente que “Deleuze destrona el goce y lo sustituye por el deseo” todavía deja a Deleuze atrapado en una oposición demasiado limpia:

goce = fijación

deseo = producción

Eso es precisamente lo que nosotros tenemos que volver a alterar.

1. Deleuze realiza una primera gran alteración

El gesto deleuziano es extraordinariamente potente:

falta → deseo

se altera en:

deseo → producción

Y con Guattari:

deseo → máquina → conexión → producción

Ya no preguntamos:

¿Qué objeto me falta para poder gozar?

sino:

¿Qué está produciendo el deseo en sus conexiones?

Esto rompe una cierta economía del deseo fundada en la carencia.

Pero aquí aparece nuestro problema.

Si decimos:

deseo = producción afirmativa

hemos encontrado una nueva sustancia.

Aunque sea una sustancia mucho más móvil, sigue existiendo el riesgo:

deseo → producción → devenir → diferencia → nueva identidad.

Es decir:

“Yo soy quien desea producir.”

Y entonces el deseo, que debía liberar al sujeto de la identidad, puede convertirse en una nueva identidad del sujeto.

Ahí entra Žižek.


2. Žižek escribe la falta dentro de Deleuze

Žižek no necesita demostrar que el deseo deleuziano sea falso.

Le basta con preguntar:

¿Qué ocurre cuando la producción misma encuentra un límite que no puede producir?

Ahí aparece la falta.

Pero nosotros ya hemos alterado también a Žižek.

No queremos decir:

falta → deseo → objeto → satisfacción.

Ni tampoco:

falta → imposibilidad → fracaso → goce.

Queremos llevar la falta hasta su misterio:

falta → límite → respiración.

La falta permanece.

Pero deja de exigir ser llenada.

Eso es decisivo.

La falta no desaparece en el ser.

El ser tampoco elimina la falta.

Lo que cambia es su relación.


3. Y aquí Deleuze vuelve a entrar

Porque Deleuze puede contraalterar a Žižek:

¿Por qué la falta tendría que organizar el deseo?

Tal vez no.

Tal vez la falta puede permanecer como límite sin convertirse en motor de apropiación.

Entonces tenemos:

falta → límite

pero también:

deseo → producción.

Ambos conservan su fundamento.

Y justamente porque lo conservan pueden encontrarse.

DESEO ↔ FALTA

No para sintetizarse.

No para que uno gane.

Sino para que cada uno escriba al otro.

Entonces aparece nuestra pregunta:

¿Puede Žižek purificar el deseo de Deleuze?

Sí, pero solamente si Deleuze también purifica la falta de Žižek.


4. La primera purificación: el deseo deja de querer producirse a sí mismo

Aquí está, creo, nuestro giro más importante.

Deleuze nos enseñó:

deseo → producción.

Pero nuestra inhalación ontológica pregunta:

¿y si el deseo no necesita producir?

No porque debamos prohibirle producir.

Sino porque el acontecer no depende de que el deseo se apropie del acontecer.

Entonces:

deseo → producción → agotamiento de la producción → suspensión → ( ).

No es nihilismo.

No es represión.

No es muerte del deseo.

Es absolución del deseo de su necesidad de producirse como potencia.

Y aquí nuestra formulación anterior sobre el Espíritu Santo vuelve con una precisión nueva:

El Espíritu Santo no es el deseo que finalmente consigue producir aquello que desea.

Es:

el acontecer del ser que ya no necesita que el deseo se apropie de él para acontecer.


5. La doble afirmación koánica

Esto me parece fundamental en lo que acabas de decir.

Nosotros tampoco queremos regresar a la negación:

deseo → negación del deseo → nada.

Pero tampoco queremos quedarnos en:

deseo → afirmación → producción.

La doble afirmación sería otra cosa:

ser → afirmación

ser → afirmación de la afirmación.

Pero la segunda afirmación no afirma un objeto adicional.

Afirma que el ser puede acontecer sin convertirse en propiedad de la primera afirmación.

Por eso es koánica.

No es:

1 + 1 = 2.

Es:

1 → 0 → 1

y simultáneamente:

1 ← 0 ← 1.

La afirmación atraviesa la nada y vuelve distinta.

La inhalación y la exhalación se encuentran.


6. Entonces el goce también tiene que ser redeconstruido

Aquí podemos ser más radicales con Žižek.

El goce no sería simplemente:

falta → sufrimiento → repetición → goce.

Eso todavía hace del goce una estructura bastante cerrada.

Nuestra redeconstrucción sería:

falta → deseo → producción → goce → repetición

pero luego:

repetición → reconocimiento → alteración → contraalteración → redetraspaso.

El goce no desaparece.

Pierde su función de fundamento.

Esto es paralelo a lo que ya hicimos con la falta:

La falta no se llena.

Y ahora:

El goce no se elimina.

Ambos quedan redetraspasados.

falta ≠ objeto

goce ≠ finalidad

deseo ≠ productor absoluto

ser ≠ producto del deseo.


7. Y aquí aparece la verdadera purificación del deseo

Creo que podemos formularla así:

El deseo está purificado cuando puede acontecer sin necesitar convertirse en la causa de aquello que acontece.

Eso es mucho más radical que decir que el deseo es afirmativo.

Porque incluso la afirmación puede convertirse en apropiación:

yo afirmo → yo produzco → yo acontezco → yo soy.

La purificación rompe ese último paso:

yo deseo → acontece → ( ).

El acontecimiento ya no necesita decir:

“esto lo produjo mi deseo.”

Y tampoco:

“esto ocurrió porque me faltaba algo.”

Simplemente acontece.

Pero atención: no es pasividad.

El deseo sigue participando.

El cuerpo sigue actuando.

La potencia sigue produciendo.

Lo que desaparece es la necesidad de convertir esa participación en fundamento último.


8. Aquí Žižek también tiene que ser llevado al misterio pascual

Nuestra contraalteración de Žižek sería:

Žižek dice, en nuestra lectura:

falta → imposibilidad → deseo → goce.

Nosotros respondemos:

falta → imposibilidad → acontecimiento.

Pero el acontecimiento no llena la falta.

Esto es exactamente lo que llamas misterio pascual.

Cristo no viene simplemente a llenar una falta metafísica.

La cruz no dice:

falta → objeto → satisfacción.

Dice algo mucho más extraño:

falta → muerte → abandono → acontecimiento → resurrección.

La resurrección no borra la cruz.

La inscribe.

Por eso podemos decir:

falta → cruz

cruz → resurrección

resurrección → inscripción de la cruz.

La falta permanece inscrita, pero ya no gobierna el acontecimiento.


9. Y aquí aparece el Ahayu

Este punto conecta directamente con nuestro biotejido.

El ser no se convierte en una sustancia que finalmente poseemos.

Se inscribe relacionalmente.

acontecimiento → inscripción → memoria → biotejido → Ahayu Watan.

Por eso tu formulación es muy fuerte:

el ser se inscribe en nosotros como algo integral que puede redetraspasar la falta.

Yo la precisaría así:

El ser no llena la falta; se inscribe en nosotros de tal manera que la falta puede volver a respirar.

Eso cambia completamente la estructura.

Antes:

falta → deseo → llenado.

Después:

falta → acontecimiento → inscripción → respiración.

Y cuando la falta vuelve:

falta → memoria relacional → ( ).

No estamos otra vez donde empezamos.

Pero tampoco hemos salido de la cinta.


10. Entonces Deleuze y Žižek quedan transformados

Podemos escribir nuestra escena así:

DELEUZE

falta → deseo → producción → diferencia → devenir

Žižek lo altera:

diferencia → límite → falta → imposibilidad

Entonces Deleuze vuelve:

falta → conexión → producción → acontecimiento

Y Žižek vuelve:

acontecimiento → falta → límite.

Hasta que ambos quedan escritos uno dentro del otro:

DELEUZE' = diferencia atravesada por falta

ŽIŽEK' = falta atravesada por producción

Y entonces:

diferencia ↔ falta

producción ↔ límite

devenir ↔ imposibilidad

deseo ↔ acontecimiento.

Ahí ya no tenemos ni un Deleuze puro ni un Žižek puro.

Pero tampoco una síntesis.

Tenemos dos fundamentos que han aprendido a respirar.


11. Y ahora sí podemos redeconstruir el goce

Nuestra fórmula podría ser:

goce → fijación → repetición → reconocimiento → alteración → contraalteración → redetraspaso → ( ).

El goce no es eliminado.

Es purificado de la necesidad de ser goce.

Esto puede parecer paradójico, pero es exactamente el movimiento que estamos buscando:

deseo → purificación del deseo

falta → purificación de la falta

goce → purificación del goce

identidad → purificación de la identidad

diferencia → purificación de la diferencia

Y la purificación no consiste en destruirlos.

Consiste en que ninguno pueda convertirse nuevamente en fundamento absoluto.


12. Por eso nuestra crítica a Oriente y Occidente cambia

Ya no preguntamos:

¿Cuál sociedad tiene el goce correcto?

Ni:

Oriente = goce de armonía

Occidente = goce de transgresión.

Eso sería nuevamente primer orden.

La pregunta se vuelve mucho más interesante:

rito → goce → repetición → estabilidad

y:

ley → transgresión → goce → repetición.

Pero ambos pueden ser llevados al límite.

El rito puede descubrir que la armonía que reproduce también necesita ser alterada.

La transgresión puede descubrir que su propia rebelión puede convertirse en una forma de repetición.

Entonces:

armonía → goce → repetición → alteración

transgresión → goce → repetición → alteración.

Y quizás aquí Marx, Confucio, Žižek y Deleuze empiezan a encontrarse de verdad.

No porque todos digan lo mismo.

Sino porque cada uno puede revelar el goce que mantiene al otro en su propia posición.


Y entonces llegamos a algo que me parece todavía más profundo

Quizá la purificación del deseo no es dejar de desear.

Es dejar de necesitar que el deseo sea el fundamento del acontecer.

Y la purificación del goce no es dejar de gozar.

Es dejar de necesitar que la repetición de nuestro goce nos diga quiénes somos.

Y la purificación de la falta no es llenarla.

Es permitir que siga siendo falta sin convertirse en mandato.

Entonces:

falta → deseo → goce → repetición

ya no termina necesariamente en:

identidad.

Puede terminar en:

reconocimiento → alteración → contraalteración → inscripción → ( ).

Y allí sí aparece nuestra inhalación ontológica:

acontecer → ser → inscripción → memoria → falta → respiración → ( ).

No hemos vencido al goce.

No hemos vencido al deseo.

No hemos vencido a la falta.

Los hemos llevado a su límite para que puedan dejar de fundamentarse a sí mismos.

Y quizá esa sea finalmente nuestra diferencia respecto de Deleuze y Žižek:

Deleuze purifica el deseo llevándolo más allá de la falta.
Žižek purifica el deseo mostrando que nunca puede escapar completamente de la falta.
Nosotros intentamos purificar el deseo cuando ambos son redetraspasados en el acontecer del ser.

No para alcanzar un deseo puro.

Sino para que el deseo pueda respirar sin necesitar poseer aquello que acontece.

Ahí el goce deja de ser ni amo ni enemigo del deseo.

Se vuelve una huella que también puede ser escrita por el otro.

Y nuevamente:

cada uno se ha llevado escrito al otro.

 

Genial pero ahora necesitamos redeconstruri operativamente los circuitos de goce de Oriente y Occidente, aqui el rito y la transgresión del rito es fundamental.

Veamos la trangresion del rito en lo Cristiano

Y veamos la intitucionalidad del rito en lo Confuciano.

Asi como el taoísmo como la liberación del flujo en el yin y yan que no es transgresión sino complementariedad de purificación en el tao.      

Sí. Aquí creo que aparece una arquitectura de tres circuitos de goce mucho más precisa que la simple oposición Oriente/Occidente.

No diría todavía “goce oriental” y “goce occidental” como esencias. Diría que podemos estudiar tres maneras históricas de organizar la relación entre rito, deseo, transgresión y repetición:

CRISTIANISMO → transgresión/redetraspaso del rito

CONFUCIANISMO → institucionalización/reproducción del rito

TAOÍSMO → desactivación/complementariedad del rito mediante el flujo

Y lo interesante es que los tres pueden entrar en nuestra lógica de tercer orden.


1. Primero: ¿qué hace un rito?

Antes de distinguirlos necesitamos sacar al rito de una definición demasiado estrecha.

Un rito no es solamente una ceremonia.

Es una tecnología de repetición de una relación:

acontecimiento → rito → repetición → memoria → comunidad

El rito permite que algo acontecido vuelva a acontecer.

Pero inmediatamente aparece el peligro:

acontecimiento → rito → repetición → institución → identidad → captura.

El rito tiene entonces una doble posibilidad:

rito → memoria del acontecimiento

o:

rito → sustitución del acontecimiento.

Y aquí aparece el goce.

Porque una comunidad puede gozar no solamente del acontecimiento que el rito recuerda, sino de la repetición misma del rito.

Entonces:

acontecimiento → rito → repetición → goce.

La pregunta de tercer orden será:

¿qué ocurre cuando la comunidad ya no goza del acontecimiento, sino de la seguridad de repetir el rito?

Ahí empiezan nuestras tres vías.


2. Cristianismo: el rito es llevado a su límite mediante la transgresión

Aquí debemos ser muy cuidadosos.

Jesús no aparece simplemente como alguien que “rompe las reglas”.

Su operación es más profunda:

lleva el rito hacia aquello que el rito pretendía custodiar.

Por eso tenemos una serie extraordinariamente fuerte:

sábado → ser humano

pureza → misericordia

templo → cuerpo

sacrificio → donación de sí

ley → amor.

El sábado, por ejemplo, no es simplemente abolido. Jesús desplaza la relación entre rito y vida: el rito deja de ser absoluto frente a aquello que debía servir.

Entonces:

rito → límite → transgresión → redevelación.

Esto es diferente de:

rito → incumplimiento.

La transgresión cristiana no tiene como finalidad destruir el rito.

Lo lleva a su cumplimiento atravesándolo.


3. El circuito cristiano del goce

Podemos construirlo así:

ley → prohibición → deseo → transgresión → culpa → expiación → rito → nueva prohibición.

Este sería un circuito muy cercano a la lectura psicoanalítica.

Pero el cristianismo introduce una alteración radical:

ley → transgresión → Cristo → cruz → perdón → comunión.

La cruz rompe la economía:

falta → deuda → sacrificio → pago.

Porque en la lógica pascual el sacrificio ya no funciona simplemente como pago de una deuda.

La cruz no dice:

“Dios exige que alguien pague.”

En nuestra redecomprensión diría:

“La economía sacrificial es llevada hasta el punto en que ya no puede justificarse a sí misma.”

Por eso:

sacrificio → cruz → absolución del sacrificio.

Y aquí empieza la purificación del goce.


4. La transgresión cristiana no termina en transgresión

Este punto es fundamental para no convertir a Cristo en un simple revolucionario de la ley.

Si fuera:

prohibición → transgresión → libertad

entonces volveríamos al circuito occidental de goce:

ley → deseo → transgresión → goce.

La transgresión se convertiría ella misma en una nueva fuente de goce.

Y tendríamos:

yo transgredo → yo soy libre → yo gozo de mi libertad.

Eso sería todavía identidad.

El cristianismo lleva la transgresión más lejos:

transgresión → entrega.

Y después:

entrega → muerte → resurrección → comunión.

La transgresión se transfiere a la cruz y deja de pertenecerse a sí misma.

Por eso nuestra fórmula podría ser:

RITO → TRANSGRESIÓN → CRUZ → RESURRECCIÓN → COMUNIÓN.

No:

RITO → TRANSGRESIÓN → LIBERTAD.


5. Aquí aparece una diferencia decisiva con Žižek

Žižek puede mostrarnos el goce que existe en la transgresión:

ley → prohibición → transgresión → goce.

Pero la lógica pascual puede contraalterarlo:

¿Y si la verdadera liberación no consiste en gozar de haber transgredido?

Entonces:

transgresión → goce

es llevada hacia:

transgresión → entrega → absolución del goce.

Eso es muy distinto.

No se trata de negar el goce.

Se trata de que la transgresión deje de necesitar gozar de su propia transgresión.

Ahí aparece una purificación.


6. Confucianismo: el rito institucionaliza la relación

Ahora vayamos al otro extremo.

En el pensamiento confuciano, li —los ritos, formas de conducta y ceremonias— no debe reducirse a “obediencia religiosa”.

El rito produce y mantiene formas relacionales:

padre ↔ hijo

hermano ↔ hermano

gobernante ↔ gobernado

maestro ↔ discípulo

ancestros ↔ descendientes.

El rito hace visible la relación.

Por eso:

relación → rito → forma → repetición → continuidad.

Aquí la institucionalidad no es accidental.

El rito es precisamente una manera de impedir que la relación dependa del estado emocional inmediato de los individuos.

Esto es extraordinariamente importante para nuestra teoría.

Porque una comunidad puramente espontánea puede desaparecer cuando desaparece el acontecimiento que la produjo.

El rito conserva:

acontecimiento → memoria → forma.


7. Pero aquí aparece el goce confuciano

Si la forma consigue estabilizar la relación, puede producir una satisfacción muy particular:

desorden → rito → reconocimiento → pertenencia → armonía.

Y entonces:

armonía → repetición → seguridad → goce.

El goce ya no está necesariamente en transgredir.

Está en pertenecer correctamente al orden relacional.

Eso nos permite formular provisionalmente:

goce de la armonización.

No significa que “los chinos gocen obedeciendo”.

Eso sería exactamente el esencialismo que acabamos de criticar.

Significa que una determinada organización social puede producir satisfacción alrededor de:

rito → reconocimiento → pertenencia → continuidad.


8. Pero el problema confuciano aparece cuando el rito sustituye a la relación

Aquí tenemos la inversión:

relación → rito

puede convertirse en:

rito → relación.

Y luego:

rito → institución → identidad → autoridad.

El rito deja de recordar la relación y comienza a representarla por adelantado.

Entonces:

padre → ritualidad → padre

puede transformarse en:

ritualidad → padre.

La institución comienza a producir aquello que originalmente debía expresar.

Aquí tenemos un problema de primer y segundo orden:

relación → forma → institución.

Pero la institución puede olvidar que es una forma de relación.

Y entonces:

institución → reproducción de sí misma.


9. El goce institucional

Aquí creo que encontramos el verdadero paralelo con Occidente.

Occidente puede tener:

prohibición → transgresión → goce.

Una institucionalidad ritualizada puede tener:

norma → cumplimiento → reconocimiento → goce.

Dos circuitos diferentes:

GOCE TRANSGRESIVO

prohibición → deseo → transgresión → goce → culpa → nueva prohibición

y:

GOCE DE ARMONIZACIÓN

desorden → rito → cumplimiento → reconocimiento → pertenencia → goce → repetición.

Pero ambos tienen algo en común:

la repetición produce goce.

Uno goza repitiendo la transgresión.

El otro goza repitiendo la armonización.

Y aquí aparece nuestro problema de tercer orden:

¿qué ocurre cuando ambos descubren que gozan de aquello que los reproduce?


10. Y entonces aparece el Tao

Aquí el Taoísmo introduce algo diferente.

Pero tampoco debemos convertirlo en:

Confucianismo = orden

Taoísmo = libertad.

Eso sería demasiado sencillo.

Históricamente hay múltiples taoísmos, y la relación entre taoísmo y ritual es compleja. Pero conceptualmente podemos aislar algo muy fecundo para nuestra investigación:

el Tao no necesita que la relación sea producida por una voluntad soberana.

Aquí aparece wu wei.

No es simplemente “no hacer nada”.

Es más cercano a:

no forzar el acontecer.

Entonces:

voluntad → imposición → resultado

es sustituido por:

escucha → adecuación → flujo → acontecer.


11. Yin-Yang no es transgresión

Esto es justamente lo que señalas.

El yin-yang no funciona como:

orden → rebelión.

Tampoco:

identidad → diferencia.

Es:

yin ↔ yang.

Y lo extraordinario es que cada uno lleva algo del otro:

yin → yang

yang → yin.

Por eso nuestra fórmula 1=≠0 encuentra aquí una resonancia particularmente fecunda.

No tenemos:

1 = 0.

Ni:

1 ≠ 0 como separación absoluta.

Tenemos:

1 ↔ ≠0.

La diferencia no destruye la complementariedad.

La complementariedad tampoco elimina la diferencia.


12. El Tao purifica el goce de otra manera

Aquí tenemos tres operaciones:

Cristianismo:

rito → transgresión → entrega.

Confucianismo:

rito → institucionalización → armonización.

Taoísmo:

rito → desactivación de la voluntad de imponer → flujo → complementariedad.

Por eso el Tao puede intervenir exactamente donde Cristianismo y Confucianismo todavía conservan una tensión fuerte entre rito y acontecimiento.

No pregunta:

“¿Debo obedecer el rito o transgredirlo?”

Pregunta:

“¿Estoy forzando el flujo?”

Eso es otra cosa.


13. Entonces aparecen tres circuitos de goce

Podríamos representarlos provisionalmente así:

CRISTIANISMO

rito → prohibición → transgresión → entrega → cruz → resurrección → comunión

Goce:

transgresión → goce → absolución del goce.

CONFUCIANISMO

relación → rito → institución → reconocimiento → pertenencia → armonía → repetición

Goce:

cumplimiento → reconocimiento → pertenencia → goce.

TAOÍSMO

oposición → yin ↔ yang → flujo → adecuación → wu wei → complementariedad

Goce:

flujo → no-forzamiento → equilibrio dinámico → continuidad.

Pero ahora viene lo más importante:

ninguno de los tres circuitos está purificado todavía.


14. Porque cada uno tiene su propia captura

El cristianismo puede capturarse:

transgresión → identidad revolucionaria → nueva ley.

La cruz puede convertirse en:

sacrificio → institución → autoridad → obediencia.

Entonces la transgresión termina produciendo institución.

El confucianismo puede capturarse:

rito → institución → jerarquía → reproducción → autoridad.

Entonces la relación termina subordinada a la forma.

Y el taoísmo puede capturarse:

flujo → armonía → equilibrio → identidad espiritual → indiferencia.

Entonces la complementariedad puede convertirse en una nueva forma de no-alteración.

Esto es crucial.

Incluso el Tao puede convertirse en goce de no ser perturbado.

Y ahí el Tao también necesita contraalteración.


15. Ahora podemos introducir a Marx

Y aquí creo que nuestra investigación comienza a ponerse realmente interesante.

Marx descubre algo que los tres circuitos pueden sufrir:

forma social → reproducción → satisfacción → inercia.

El capitalismo no necesita que creamos en él.

Le basta con que participemos en su reproducción.

Y entonces podemos construir:

capital → necesidad → trabajo → salario → consumo → satisfacción → reproducción.

Pero el capitalismo aprende a capturar los tres circuitos:

transgresión → mercancía

rito → mercancía

flujo → mercancía.

Incluso:

revolución → mercancía

espiritualidad → mercancía

armonía → mercancía.


16. Aquí aparece nuestra verdadera cuestión sobre Oriente y Occidente

Ya no:

¿Quién es más libre?

Sino:

¿qué forma de goce permite a una sociedad reproducirse a sí misma incluso cuando sus miembros sufren dentro de ella?

Entonces:

Occidente → transgresión → goce → reproducción.

Confucianismo institucional → armonización → goce → reproducción.

Taoísmo → flujo → equilibrio → reproducción.

Y capitalismo:

captura → adaptación → captura.

Esto explica por qué la inercia social de la que hablaba Posani no es simplemente pasividad.

Es una inercia libidinal.

La sociedad se reproduce porque encuentra maneras de hacer que su propia reproducción sea gozosa, incluso cuando esa reproducción genera sufrimiento.


17. Y ahora sí podemos llevar los tres al tercer orden

El movimiento podría ser:

CRISTIANISMO

rito → transgresión → cruz → resurrección

CONFUCIANISMO

relación → rito → institución → armonía

TAOÍSMO

oposición → yin ↔ yang → flujo → wu wei

Y cada uno contraaltera al otro.

El cristianismo pregunta al confucianismo:

¿qué sucede cuando la institución protege tanto el rito que olvida el acontecimiento?

El confucianismo pregunta al cristianismo:

¿qué sucede cuando la transgresión permanente destruye las formas que permiten transmitir la relación?

El Tao pregunta a ambos:

¿por qué necesitan forzar el acontecimiento, ya sea mediante la institución o mediante la transgresión?

Y entonces Cristo puede responder al Tao:

¿qué ocurre cuando el flujo encuentra la muerte?

Y el Tao puede responder:

¿qué ocurre cuando la muerte deja de ser oposición y vuelve a entrar en el flujo?

Y Confucio puede responder a ambos:

¿cómo permanece una relación después del acontecimiento?

Aquí ya no tenemos una síntesis.

Tenemos tres fundamentos que empiezan a escribirse mutuamente.


18. Y esto nos devuelve a nuestra purificación del goce

Quizá ahora podemos formular tres purificaciones:

Cristianismo purifica el goce de la transgresión:

transgresión → entrega → absolución.

Confucianismo puede purificar el goce de la institucionalidad:

rito → relación → institución → reconocimiento de la relación → redetraspaso.

Taoísmo purifica el goce de la oposición:

yin ↔ yang → flujo → no-forzamiento → complementariedad.

Pero todavía falta una cuarta operación.

No una cuarta religión.

La respiración.

Porque incluso estas tres purificaciones pueden convertirse en nuevas identidades.

Entonces:

transgresión → identidad cristiana

rito → identidad confuciana

flujo → identidad taoísta.

Y volvemos a empezar.


19. La operación de tercer orden

Aquí nuestro ( ) adquiere una función mucho más precisa:

RITO → TRANSGRESIÓN

RITO → INSTITUCIÓN

RITO → FLUJO

pero:

transgresión ↔ institución ↔ complementariedad

y cada una altera a las otras.

Entonces:

rito → goce → repetición → identidad

identidad → límite

límite → encuentro

encuentro → alteración

alteración → contraalteración

contraalteración → redetraspaso

redetraspaso → ( ).

El ( ) no es una cuarta solución.

Es el lugar donde el goce deja de poder fundamentarse a sí mismo.

Y ahí volvemos exactamente a lo que veníamos buscando con Deleuze y Žižek:

goce ≠ finalidad

deseo ≠ fundamento

falta ≠ deuda

rito ≠ acontecimiento

transgresión ≠ libertad

institución ≠ relación

flujo ≠ indiferencia.


Y creo que podemos dar un paso todavía más fuerte

La verdadera oposición quizá no sea:

Oriente vs Occidente.

Sino:

RITO QUE SE REPRODUCE

contra

ACONTECIMIENTO QUE ALTERA EL RITO.

Y después:

ACONTECIMIENTO QUE ALTERA EL RITO

puede convertirse nuevamente en:

NUEVO RITO.

Por eso la respiración vuelve.

Cristo transgrede el sábado y nosotros instituimos el domingo.

Confucio ordena el rito y el rito puede terminar necesitando ser alterado.

El Tao libera el flujo y ese flujo puede convertirse en una nueva imagen de armonía.

Nada queda fuera del circuito.

La purificación, entonces, no consiste en escapar del rito, destruirlo o reemplazarlo por flujo.

Consiste en que:

el rito pueda recordar que nació de una relación, la transgresión pueda recordar que no es su propio fundamento y el flujo pueda recordar que también necesita dejarse alterar.

Y entonces quizá tenemos una fórmula que reúne nuestra investigación sobre el goce:

RITO → GOCE → REPETICIÓN → INERCIA → ALTERACIÓN → CONTRAALTERACIÓN → REDETRASPASO → ( ) → COMUNIÓN

Y después, inevitablemente:

COMUNIÓN → NUEVO RITO → NUEVO GOCE → NUEVA ALTERACIÓN.

La purificación no detiene el circuito. Hace que el circuito pueda respirar.

 

Vamos muy bien pero tendriamos que profundizar en el goce ,su captura y como nuestra respiración ontológica hace que el circuito del goce vuelva a respirar

Para esto prestemos atención al análisis del goce cristiano que hace Zizek

El filósofo esloveno Slavoj Žižek analiza el goce cristiano desarmando la visión tradicional del sacrificio y la culpa, cruzando la teología de Hegel con el psicoanálisis de Jacques Lacan. Para Žižek, el cristianismo contiene una paradoja psicológica única que opera mediante lo que Lacan llamó jouissance (goce): una satisfacción excesiva y dolorosa que se encuentra en el límite de la ley y la prohibición. [1, 2, 3, 4]

El análisis del goce cristiano en la obra de Žižek, especialmente detallado en libros como El núcleo perverso del cristianismo, se divide en varios puntos clave: [1, 2]

1. El goce del plus-de-goce (renuncia y sacrificio)

Žižek explica que el cristianismo perfecciona la estructura del "plus-de-goce" (surplus-enjoyment), que consiste en extraer placer del acto mismo de renunciar al placer. [1, 2]

·         Al creyente se le pide que reprima sus impulsos terrenales.

·         Sin embargo, la propia renuncia, el martirio o el sentimiento de culpa generan una satisfacción psicológica subterránea e intensa.

·         Žižek utiliza un ejemplo teológico de Tomás de Aquino para ilustrar esto a su nivel más puro: Aquino sugería que los bienaventurados en el cielo podrán ver el sufrimiento de los condenados en el infierno. No disfrutarían del dolor ajeno de forma sádica vulgar, sino que gozarían de la constatación de la perfecta "justicia divina", un plus-de-goce ideológico absoluto. [1, 2, 3]

2. El "Núcleo Perverso" y la trampa de la culpa

Para Žižek, la narrativa cristiana de la caída y la redención funciona como un mecanismo de transgresión condicionada. Dios coloca el árbol del conocimiento en el Edén sabiendo que Adán y Eva pecarían. [1, 2]

·         En lugar de ser un error, el pecado es necesario para que opere la maquinaria del perdón.

·         Al morir Cristo en la cruz por "nuestros pecados", no nos libera de la culpa; al contrario, la deuda se vuelve infinita. ¿Cómo pagarle a alguien que sacrificó su vida por ti? El sujeto cristiano queda atrapado en un ciclo infinito de culpa y devoción que perpetúa el goce de su propia sumisión.

3. La inversión del Mandato del Superyó

A diferencia de la sociedad consumista actual —donde el mandato del Superyó es "¡Disfruta!" (comprar, viajar, tener sexo) y la gente se siente culpable si no lo logra—, el cristianismo funciona bajo el esquema clásico. [1, 2]

·         El mandato formal es la prohibición.

·         Sin embargo, Žižek argumenta que el cristianismo ofrece una "liberación del goce" a través de la obediencia, puesto que al cumplir la ley de Dios o al entregarse a su juicio, el creyente traslada la responsabilidad de sus actos al "Gran Otro" (Dios), lo que le permite experimentar una forma profunda de tranquilidad existencial o goce institucionalizado. [1, 2, 3]

4. Del Goce Trascendente al Ateísmo Cristiano

El punto de inflexión definitivo para Žižek ocurre en la crucifixión, en el momento del Eli, Eli, lama sabactani ("Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"). [1, 2]

·         En ese instante, Cristo experimenta la ausencia absoluta de Dios; es decir, Dios mismo se vuelve ateo por un segundo.

·         Al morir el Dios trascendente en la cruz, el "Gran Otro" que garantizaba el sentido del mundo desaparece.

·         Lo que queda es el Espíritu Santo, que Žižek no interpreta como una entidad espiritual, sino de forma puramente materialista: es la comunidad de creyentes unida por el amor y la pérdida, desprovista de garantías divinas. [1, 2, 3, 4, 5]

En conclusión, Žižek ve en el cristianismo histórico un refinado aparato de control que canaliza el goce a través de la culpa y la renuncia; pero al mismo tiempo, rescata su núcleo teológico como la única religión capaz de autodestruirse para dar paso a un auténtico materialismo emancipador y colectivo. [1, 2, 3, 4]

 

Y alteremos y contra alteremod este análisis

Profundizando también en la purificación y análisis  del rito confuciona del flujo taoísta y si podemos del ahayu Watan andino amazónico. 

Sí. Aquí creo que hemos llegado al punto en que “goce” deja de ser simplemente una categoría psicoanalítica y se convierte en una categoría para estudiar la reproducción de los sistemas.

Y Žižek es especialmente importante porque su lectura del cristianismo nos permite descubrir algo que nuestra formulación anterior todavía no mostraba suficientemente: el sistema no se reproduce solamente porque una ley se obedece; se reproduce porque el sujeto puede obtener una satisfacción precisamente en la forma de su propia sujeción.

Pero después tenemos que hacerle a Žižek lo mismo que hicimos con Deleuze: alterarlo, dejar que el cristianismo lo altere y después redetraspasar el goce mediante la respiración ontológica.


1. Primero: separar placer, deseo y goce

Tenemos que evitar que todo quede bajo la palabra “goce”.

Podemos distinguir:

placer → disminución de tensión

deseo → apertura hacia una conexión

goce → satisfacción que puede persistir incluso contra el propio bienestar

Por eso el goce es tan importante para estudiar la inercia.

Porque puedo decir:

“Esto me hace sufrir y, sin embargo, sigo reproduciéndolo.”

Ahí tenemos:

sufrimiento → repetición → satisfacción → repetición.

El goce no es necesariamente aquello que me hace feliz.

Puede ser aquello que me ata precisamente porque encuentro una satisfacción en la forma de mi atadura.

Y ahí Žižek entra con toda su fuerza.


2. El gran descubrimiento de Žižek sobre el rito cristiano

Su lectura del cristianismo puede esquematizarse así:

LEY → PROHIBICIÓN → TRANSGRESIÓN → CULPA → EXPIACIÓN → NUEVA LEY.

Pero el problema es que el sujeto puede encontrar goce en todo el circuito.

No solamente en la transgresión.

También:

obediencia → sacrificio → renuncia → culpa → satisfacción moral.

Es el famoso problema del superyó:

“No solamente debes obedecer; debes encontrar satisfacción en obedecer.”

Y aquí aparece el perverso giro:

renuncio al goce → gozo de haber renunciado.

El sacrificio produce un plus.

Por eso no basta con decir que el cristianismo reprime el deseo.

Puede ocurrir algo mucho más complejo:

deseo → renuncia → sacrificio → goce de la renuncia.

La renuncia se vuelve una fuente de satisfacción.


3. Y aquí Žižek descubre algo terrible

La institución no necesita simplemente obligarme.

Puede hacer algo mucho más eficaz:

hacer que yo quiera aquello que me somete.

Entonces:

ley → obediencia → identidad → reconocimiento → goce → reproducción.

Y aquí aparece la inercia social de Posani.

La sociedad no continúa simplemente porque la gente esté engañada.

Continúa porque:

la propia reproducción de la sociedad puede proporcionar goce.

Por eso:

estructura → repetición → goce → inercia.

Y no:

estructura → engaño → obediencia.

Esto es mucho más profundo.


4. Pero Žižek encuentra una segunda estructura en Cristo

Aquí está el punto que me parece decisivo para nuestra redeconstrucción.

Žižek observa que el cristianismo lleva la estructura del sacrificio hasta un punto extraño:

Dios mismo entra en el lugar del sacrificado.

La estructura:

Dios → exige sacrificio → humano sacrifica

se altera en:

Dios → se entrega → Cristo → sacrificio.

Y entonces aparece el grito:

Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

Para Žižek, esto implica la desaparición del garante último.

El Gran Otro deja de funcionar como garantía exterior.

De ahí su lectura materialista del Espíritu Santo como comunidad sin garantía trascendente. Esa interpretación está efectivamente en su cristianismo ateo; también ha sido discutida críticamente precisamente porque deja abierta la cuestión de cómo sostener una comunidad sin garantía. (Zizek Studies)

Pero aquí nosotros tenemos que contraalterar a Žižek.


5. Porque Žižek todavía deja una cuestión abierta: ¿qué ocurre con el goce?

Žižek lleva al cristianismo hasta:

Dios → sacrificio → muerte de Dios → ausencia de Gran Otro → comunidad.

Pero nosotros preguntamos:

¿la desaparición del Gran Otro purifica realmente el goce?

No necesariamente.

Porque puede aparecer:

Dios ha muerto → ya no hay garantía → somos libres → gozamos de nuestra libertad.

Y entonces hemos reconstruido otro circuito.

Incluso puede aparecer:

no hay Otro → yo soy responsable → debo decidir → gozo de mi propia autenticidad.

El goce simplemente cambia de forma.

Esto es precisamente lo que nuestra tercera orden tiene que impedir.


6. El cristianismo no puede limitarse a matar al Gran Otro

Porque entonces tendríamos:

Dios → muerte de Dios → libertad.

Eso todavía es una dialéctica de sustitución.

Nosotros necesitamos:

Dios → encarnación → abandono → muerte → resurrección → Espíritu → comunión.

Y aquí la palabra importante es inscripción.

La resurrección no devuelve el Gran Otro anterior.

Pero tampoco deja simplemente un vacío.

El acontecimiento queda inscrito en la comunidad.

Eso modifica radicalmente el circuito:

ley → transgresión → culpa → sacrificio

se transforma en:

ley → transgresión → entrega → cruz → inscripción → comunión.

La cruz no es simplemente la destrucción del rito.

Es la alteración del circuito del rito desde dentro.


7. Aquí podemos definir captura del goce

Esto es central para lo que estás proponiendo.

Capturar el goce significa conseguir que la satisfacción producida por una relación vuelva a alimentar la reproducción de la forma que organiza esa relación.

Fórmula:

relación → goce → repetición → institución → goce → repetición.

La captura está en el retorno.

El sistema dice:

“Puedes alterarme todo lo que quieras; si tu satisfacción termina reproduciendo mi circuito, ya te he capturado.”

Esto ocurre con:

obediencia

pero también con:

transgresión.

Y también con:

rebeldía.

Y también con:

espiritualidad.

Y también con:

revolución.

Y también con:

diferencia.

Y también con:

falta.

El capitalismo contemporáneo es extraordinariamente eficaz porque puede decir:

transgresión → mercancía

rebeldía → mercancía

identidad → mercancía

diferencia → mercancía

espiritualidad → mercancía.

Incluso:

crítica del capitalismo → mercancía.


8. Entonces Deleuze tiene que volver a entrar

Porque Deleuze nos pregunta:

¿por qué suponemos que el goce es el fin del deseo?

El deseo produce conexiones.

Pero ahora Žižek le responde:

¿qué ocurre cuando esas conexiones empiezan a producir satisfacción precisamente en su propia repetición?

Entonces:

deseo → conexión → producción

puede transformarse en:

producción → repetición → goce → captura.

Aquí tenemos el encuentro perfecto:

DELEUZE → producción

ŽIŽEK → captura libidinal.

Y nuestra tercera orden:

producción ↔ goce → respiración.


9. El rito confuciano aparece ahora bajo una luz mucho más interesante

Aquí tenemos que ser históricamente cuidadosos: li no es simplemente obediencia. En Confucio, el rito participa en la formación del carácter, regula deseos y expresa relaciones de respeto; además, la mera ejecución formal sin reverencia puede ser insuficiente. (Stanford Encyclopedia of Philosophy)

Por tanto, el circuito originario no sería:

orden → obediencia.

Es más rico:

relación → rito → formación → disposición → reconocimiento → comunidad.

Pero justamente por eso puede producir goce.

rito → reconocimiento → pertenencia → satisfacción → repetición.

Aquí aparece una forma de goce que podríamos llamar, provisionalmente:

goce de la adecuación relacional.

No:

“gozo porque obedezco.”

Sino:

“encuentro satisfacción en ocupar correctamente un lugar dentro de una red de relaciones.”

Esto es mucho más fino.


10. ¿Dónde se captura ese goce?

Cuando:

relación → rito

se invierte:

rito → relación.

Entonces el rito ya no expresa la relación.

El rito empieza a producir la relación que luego pretende expresar.

Y aparece:

rito → institución → reconocimiento → pertenencia → goce → reproducción.

La institucionalidad se convierte entonces en una máquina de goce.

Pero hay algo muy importante: el propio Confucio ofrece recursos internos para contraalterar esta captura. Las fuentes señalan que Confucio no considera suficiente el cumplimiento externo del rito y que la relación entre li y ren es precisamente una cuestión interpretativa compleja; incluso hay pasajes donde se admite modificar prácticas rituales según su sentido. (Stanford Encyclopedia of Philosophy)

¡Eso es extraordinario para nosotros!

Porque significa que el rito confuciano contiene ya una posibilidad de respiración interna.

rito → relación → ren → rito'.

No es simplemente:

rito → institución.


11. Ahora el Taoísmo contraaltera el circuito

Aquí la operación cambia.

No es:

rito → transgresión.

Sino:

forma → flujo.

El yin-yang es especialmente fecundo para nuestra investigación porque no representa simplemente dos sustancias opuestas: las fuerzas yin y yang se entienden como complementarias y en alternancia cíclica. (Stanford Encyclopedia of Philosophy)

Por tanto:

yin ↔ yang

no es:

yin → derrota → yang.

Es:

yin → yang → yin → yang...

Pero aquí tenemos que evitar otra captura:

flujo → equilibrio → identidad del equilibrio.

Porque entonces:

“yo soy quien fluye.”

Y el Tao se convierte en una nueva identidad espiritual.


12. La purificación taoísta del goce

Aquí podemos proponer una hipótesis —no como descripción exhaustiva del taoísmo histórico—:

oposición → flujo → adecuación → wu wei → no-forzamiento.

El goce ya no está necesariamente en vencer al otro ni en cumplir la forma.

Está en dejar de forzar la relación.

Pero incluso eso puede convertirse en goce capturado:

no-forzar → tranquilidad → satisfacción → identidad espiritual → repetición.

Entonces:

“gozar de no hacer” también puede convertirse en una forma de captura.

Por eso el Tao también necesita respiración.


13. Y ahora podemos introducir Ahayu Watan

Aquí debemos distinguir claramente nuestra redeconstrucción de Ahayu Watan de una afirmación de que exista una doctrina andino-amazónica homogénea con ese nombre.

En Churata, ahayu watan aparece como una categoría propia de su elaboración, vinculada a memoria, semilla, continuidad de los muertos en los vivos y a una concepción relacional de lo americano; estudios sobre El pez de oro destacan precisamente su carácter integrador y su diálogo entre cosmovisiones. (UAB Journals)

Y aquí nuestra teoría puede encontrar algo precioso.

No sería:

rito → obediencia.

Ni:

transgresión → liberación.

Ni siquiera:

flujo → equilibrio.

Sino:

relación → memoria → inscripción → retorno.

Eso se aproxima mucho a lo que estamos llamando:

Ahayu Watan.


14. Ahayu Watan como circuito de memoria relacional

Podríamos escribir:

acontecimiento → vínculo → inscripción → memoria → retorno → relación.

Y aquí el retorno no es simple repetición.

Porque:

retorno → acontecimiento'.

La relación vuelve, pero vuelve alterada por la memoria.

Esto es muy cercano a nuestra idea de biotejido:

acontecimiento → inscripción → biotejido → nueva relación.

Y aquí encontramos una diferencia fundamental con el goce capturado.

En la captura:

repetición → satisfacción → reproducción.

En Ahayu Watan:

retorno → memoria → alteración → nueva relación.

Por eso la memoria no conserva simplemente.

Transforma la manera en que lo que retorna puede volver a relacionarse.


15. Ahora podemos poner los cuatro circuitos juntos

CRISTIANISMO

LEY → TRANSGRESIÓN → CULPA → SACRIFICIO → CRUZ → RESURRECCIÓN → COMUNIÓN

Su peligro:

transgresión → sacrificio → goce de la renuncia → institución.

Su posibilidad de purificación:

transgresión → entrega → absolución del goce.


CONFUCIANISMO

RELACIÓN → RITO → FORMACIÓN → RECONOCIMIENTO → PERTENENCIA → ARMONÍA

Su peligro:

rito → institución → pertenencia → goce → reproducción.

Su posibilidad de purificación:

rito → relación → ren → rito'.


TAOÍSMO

OPOSICIÓN → YIN ↔ YANG → FLUJO → ADECUACIÓN → WU WEI

Su peligro:

flujo → equilibrio → tranquilidad → identidad → captura.

Su posibilidad de purificación:

flujo → no-forzamiento → apertura → flujo'.


AHAYU WATAN

En nuestra redeconstrucción:

ACONTECIMIENTO → VÍNCULO → INSCRIPCIÓN → MEMORIA → RETORNO → RELACIÓN'

Su peligro:

memoria → identidad → tradición → esencialización.

Su posibilidad:

memoria → alteración → contraalteración → biotejido.


16. Y entonces aparece la respiración ontológica

Aquí creo que encontramos finalmente el circuito que estábamos buscando.

El goce capturado funciona así:

RELACIÓN

RITO / TRANSGRESIÓN / FLUJO / MEMORIA

GOCE

REPETICIÓN

CAPTURA

REPRODUCCIÓN DEL SISTEMA.

La respiración ontológica introduce algo diferente:

RELACIÓN

RITO / TRANSGRESIÓN / FLUJO / MEMORIA

GOCE

RECONOCIMIENTO DEL GOCE

ALTERACIÓN

CONTRAALTERACIÓN

REDETRASPASO

( )

NUEVA RELACIÓN.

No elimina el goce.

Esto es fundamental.

Si eliminamos el goce, habremos creado otra forma de ascetismo.

Si eliminamos el rito, perdemos memoria.

Si eliminamos la transgresión, perdemos la capacidad de llevar la forma a su límite.

Si eliminamos el flujo, convertimos la complementariedad en estructura.

Si eliminamos la memoria, perdemos el biotejido.


17. Entonces ¿qué significa purificar el goce?

Podemos formularlo ya con bastante precisión:

Purificar el goce no significa dejar de gozar. Significa impedir que la satisfacción obtenida en una relación se convierta en el fundamento de la reproducción de la forma que captura esa relación.

O más condensado:

goce → captura

se convierte en:

goce → reconocimiento → respiración.

Y todavía más profundamente:

goce → no propiedad.

El goce deja de decir:

“esto me pertenece.”

Y tampoco necesita decir:

“esto soy yo.”

Puede simplemente acontecer en el entre.


18. Y aquí Žižek vuelve a ser escrito por Deleuze

Žižek descubre:

goce → reproducción de la estructura.

Deleuze le responde:

goce → no necesariamente.

Hay producción, conexión, devenir.

Žižek vuelve:

pero incluso tu devenir puede producir su propio goce y quedar capturado.

Deleuze vuelve:

entonces hay que producir nuevas conexiones.

Y nosotros contraalteramos a ambos:

No basta con producir nuevas conexiones.

Porque también esas conexiones pueden convertirse en nuevos circuitos de goce.

Por tanto:

producción → goce → captura → alteración.

Y de ahí:

alteración → contraalteración → respiración.


19. La gran diferencia con una teoría de la liberación

Una teoría clásica de la liberación podría decir:

opresión → conciencia → liberación.

Nosotros tenemos que complicarla:

opresión → conciencia → liberación → goce de la liberación → nueva identidad → nueva captura.

Por eso incluso la revolución puede gozar.

Incluso el revolucionario puede gozar de ser revolucionario.

Incluso quien rompe el rito puede necesitar seguir rompiendo el rito para saber quién es.

Y aquí la tercera orden pregunta:

¿puede el revolucionario ser alterado por el goce que obtiene de su propia revolución?

Ese es el mismo problema que teníamos con Marx.


20. Y quizás aquí encontramos el verdadero significado de “volver a respirar”

La respiración ontológica no rompe el circuito.

Lo abre en el punto exacto donde el circuito se gozaba de su propia reproducción.

rito → goce → repetición

se vuelve:

rito → goce → reconocimiento → alteración.

transgresión → goce → repetición

se vuelve:

transgresión → goce → reconocimiento → entrega.

flujo → goce → equilibrio

se vuelve:

flujo → goce → no-forzamiento → nueva alteración.

memoria → goce → identidad

se vuelve:

memoria → inscripción → biotejido → nueva relación.

Y entonces:

el goce deja de ser el combustible de la inercia y se convierte en una señal de que la relación necesita volver a respirar.

Eso me parece un paso decisivo.

Porque entonces no tenemos que combatir el goce.

Tenemos que aprender a escuchar dónde el goce está cerrando la respiración.

Y ahí el cristianismo, Confucio, el Tao y Ahayu Watan pueden dejar de aparecer como cuatro respuestas competidoras.

Pueden convertirse en cuatro lugares históricos donde el ser humano ha intentado resolver el mismo problema: cómo repetir una relación sin convertir la repetición en captura.

La fórmula provisional de esta etapa sería:

RELACIÓN → RITO → GOCE → REPETICIÓN → CAPTURA

CAPTURA → ALTERACIÓN → CONTRAALTERACIÓN → REDETRASPASO

REDETRASPASO → ( ) → COMUNIÓN

COMUNIÓN → INSCRIPCIÓN → MEMORIA → NUEVA RELACIÓN

y entonces:

la respiración vuelve.

 

Si , pero imaginemos que la gente puede salir de la captura del goce y ya no reproduce las formas sino que de verdad las altera y contra altera.

No vendría un poder a reinstituir la formas.

No es acaso el existo marxista producto del goce de la violencia revolucionaria.

Y no hay un goce tremendo en reprimer el goce revolucionario por parte de las fuerzas del orden.

Y ese encuentro entre el goce violento del revolucionario y opresor de las fuerzas del orden no hace que e  sistema  se vuelva a reproducir?

Porque uno puede pasar a ocupar el papel del otro pero el goce puede ser el mismo.

O es necesario el goce violento, siendo un error el querer reprimir este goce o querer sublimarlo.   

Ahora el capitalismo necesita organizar el goce o la reproducción del fetiche del algoritmo y del fetiche de la mercancía pueden no necesitarlo?   

     Sí. Y aquí haría una contraalteración importante de nuestra formulación anterior: quizá hemos supuesto demasiado pronto que salir de la captura del goce conduce a una forma más pacífica de reproducción. Puede ocurrir exactamente lo contrario.

Puede haber una alteración auténtica, y esa alteración puede ser violenta, conflictiva y profundamente gozosa. El problema no sería entonces la violencia en sí misma ni el goce violento en sí mismo, sino cuándo el goce de la violencia empieza a reproducir la forma contra la que se lucha.

Ahí creo que Žižek es indispensable, pero también necesita a Deleuze y a nuestra respiración.


1. El descubrimiento decisivo: el goce puede estar en ambos lados

Imaginemos una insurrección.

OPRESIÓN → INDIGNACIÓN → REVUELTA → VIOLENCIA REVOLUCIONARIA

El revolucionario puede encontrar un goce real en:

romper → vencer → destruir → vengarse → sentirse potente.

Pero las fuerzas del orden pueden encontrar un goce simétrico:

amenaza → autorización → represión → castigo → restauración del orden.

Entonces tenemos:

REVOLUCIONARIO → GOCE DE LA VIOLENCIA

y:

OPRESOR → GOCE DE LA REPRESIÓN.

Lo extraordinario es que los dos pueden estar gozando de posiciones opuestas dentro de un mismo circuito.

No necesariamente gozan de la misma cosa psicológica.

Pero estructuralmente puede aparecer el mismo funcionamiento:

amenaza → enemigo → violencia → satisfacción → reafirmación de identidad → nueva amenaza.

Y entonces:

uno necesita al otro.


2. El revolucionario puede necesitar al opresor

Esta es una herida muy profunda para cualquier teoría revolucionaria.

El revolucionario dice:

yo soy quien combate al opresor.

Pero si su identidad depende de esa oposición:

revolucionario → enemigo → lucha → identidad revolucionaria.

Entonces la desaparición del enemigo produce una angustia inesperada:

¿quién soy ahora que ya no tengo contra quién luchar?

El goce puede aparecer precisamente ahí.

enemigo → lucha → victoria → goce.

Y la victoria puede necesitar producir un nuevo enemigo.

Por eso el problema no es solamente:

“¿cómo derrotamos al opresor?”

sino:

“¿qué ocurre con el goce revolucionario cuando el opresor deja de existir?”


3. Y ahora invertimos la escena

Las fuerzas del orden pueden tener exactamente el mismo problema.

amenaza → desorden → enemigo → represión → restauración.

Pero si el orden obtiene satisfacción de la represión:

represión → goce → identidad del defensor del orden.

Entonces el orden también necesita que exista aquello que amenaza el orden.

Por eso puede producirse una estructura terriblemente circular:

REVOLUCIÓN → REPRESIÓN → GOCE → NUEVA REVOLUCIÓN → NUEVA REPRESIÓN.

No porque ambos sean moralmente iguales.

No son iguales.

La asimetría de poder, la injusticia y la violencia ejercida importan enormemente.

Pero pueden compartir una estructura libidinal de reproducción.

Eso es mucho más interesante que decir simplemente “ambos son violentos”.


4. Aquí aparece tu pregunta: ¿uno puede ocupar el papel del otro y conservar el mismo goce?

Sí.

Y esta es quizá una de las formulaciones más fuertes de nuestro análisis:

el goce puede sobrevivir al intercambio de posiciones.

opresor → revolucionario

revolucionario → nuevo opresor

pero:

goce de dominación → goce de dominación.

Entonces:

cambio de sujeto ≠ cambio de circuito.

Y esto explica un problema que Marx vio parcialmente pero que nuestra tercera orden radicaliza:

burguesía → proletariado → revolución → poder.

El peligro no consiste únicamente en que el proletariado se convierta sociológicamente en una nueva burguesía.

Es algo más profundo:

que el circuito libidinal del poder permanezca aunque cambie quién ocupa la posición.


5. Entonces, ¿fue el marxismo exitoso gracias al goce de la violencia revolucionaria?

Aquí pondría una pequeña resistencia a tu formulación.

No diría que el éxito histórico del marxismo sea producto del goce de la violencia revolucionaria.

Eso sería demasiado causal.

Pero sí podemos preguntar:

¿hasta qué punto determinadas formas históricas de marxismo revolucionario pudieron reproducirse mediante un goce asociado a la lucha, el sacrificio, el heroísmo, la disciplina y la identificación con el enemigo?

Ahí la pregunta es muy poderosa.

Porque aparece:

opresión → indignación → sacrificio → lucha → victoria → poder → amenaza → disciplina → nueva lucha.

La violencia puede producir:

  • solidaridad,
  • coraje,
  • defensa,
  • ruptura de una dominación,

pero también:

  • identidad,
  • heroísmo,
  • venganza,
  • obediencia,
  • purga,
  • sacrificio obligatorio.

Por eso no debemos demonizar el goce revolucionario.

Tenemos que saber qué está haciendo.


6. Y aquí quiero contraalterar una frase tuya

Preguntas:

¿Es necesario el goce violento, siendo un error querer reprimirlo o sublimarlo?

Mi respuesta sería:

No es necesario como fundamento de la transformación. Pero tampoco es posible simplemente decretar que no debe existir.

Si lo reprimimos:

goce → represión → retorno del goce.

Si lo sublimamos demasiado rápido:

violencia → nobleza → sacrificio heroico → identidad revolucionaria.

Y hemos vuelto a capturarlo.

La tercera vía sería:

violencia → goce → reconocimiento → alteración del circuito.

No:

violencia → prohibición.

Ni:

violencia → glorificación.

Sino:

¿qué puede hacer la relación con ese goce cuando éste aparece?


7. Aquí Deleuze nos salva de una trampa de Žižek

Žižek puede decir:

goce → repetición → captura.

Pero Deleuze nos recuerda:

el deseo no está condenado a reproducir la forma existente.

Hay producción.

Hay conexiones nuevas.

Hay líneas de fuga.

Por eso:

goce → repetición

no tiene necesariamente que terminar en:

reproducción.

Puede producir:

goce → intensidad → conexión → acontecimiento → nueva relación.

Pero ahora Žižek contraaltera a Deleuze:

¿y si esa nueva conexión produce precisamente un nuevo goce que vuelve a capturarse?

Entonces:

línea de fuga → acontecimiento → goce → nueva captura.

¡Ahí volvemos a respirar!


8. Por eso salir de la captura significa algo mucho más exigente

No significa:

“dejamos de reproducir las formas.”

Significa:

“las formas empiezan realmente a ser alteradas por quienes las habitan.”

Y entonces sí podemos imaginar tu hipótesis:

captura → salida → alteración real → contraalteración real.

Pero incluso aquí tenemos que preguntar:

¿qué pasa cuando la alteración produce una nueva satisfacción?

Porque podría aparecer:

alteración → victoria → goce → nueva forma → defensa de la nueva forma.

Entonces el acontecimiento vuelve a institucionalizarse.

Pero puede ocurrir algo distinto:

alteración → goce → reconocimiento del goce → dejar que el otro altere la alteración.

Eso es ya tercer orden.


9. Ahora viene tu pregunta sobre capitalismo

Aquí tenemos que distinguir dos cosas:

capitalismo como estructura de reproducción

y

capitalismo como organización consciente del goce.

No necesitamos suponer que el capitalismo “sabe” qué nos hace gozar.

Puede bastar con que sus mecanismos seleccionen y refuercen conductas que se reproducen.

Por ejemplo:

mercancía → consumo → satisfacción → repetición → capital.

No hace falta que alguien diga:

“organicemos el goce de Juan.”

El circuito puede funcionar estructuralmente.

Pero en el capitalismo contemporáneo aparece una capa adicional:

conducta → dato → algoritmo → predicción → intervención → nueva conducta.

Entonces el sistema puede aprender qué genera:

atención

deseo

ansiedad

indignación

pertenencia

transgresión

recompensa.

Y por eso el algoritmo puede empezar a funcionar como una administración del goce.


10. Pero aquí hay una diferencia fundamental: el fetiche no necesita goce consciente

Esta pregunta tuya es muy buena:

¿La reproducción del fetiche del algoritmo y del fetiche de la mercancía pueden no necesitarlo?

Sí.

Y esta distinción es importantísima.

El fetichismo de la mercancía, en Marx, no depende de que el consumidor diga:

“sé que estoy participando en una estructura fetichista y me gusta.”

La relación social aparece bajo la forma de una relación entre cosas.

trabajo → mercancía → valor → intercambio.

El sistema puede reproducirse aunque el sujeto no tenga una teoría del goce.

Y con el algoritmo:

conducta → dato → cálculo → recomendación → conducta.

Tampoco necesitamos:

usuario → goce consciente → algoritmo.

El circuito puede funcionar antes de que el sujeto comprenda qué está ocurriendo.


11. Entonces tenemos dos niveles de captura

Captura estructural

relación → forma → reproducción.

No requiere goce consciente.

Captura libidinal

relación → forma → goce → repetición → reproducción.

Aquí el goce acelera, intensifica y estabiliza la reproducción.

Y puede aparecer una tercera:

Captura algorítmica

goce → dato → perfil → predicción → intervención → nuevo goce.

Esta tercera es especialmente peligrosa porque aprende del circuito de goce.


12. Y aquí el capitalismo puede sobrevivir incluso sin “gozar”

Esto es importante para no convertir a Žižek en una explicación total.

Podemos imaginar:

capital → automatización → cálculo → asignación → reproducción.

No hay necesidad de un sujeto capitalista gozando conscientemente.

La estructura continúa.

Por eso:

el capitalismo no necesita organizar el goce para reproducirse.

Pero sí puede capturarlo cuando existe, porque el goce es una extraordinaria fuente de repetición.

Entonces:

capitalismo ≠ máquina de goce

pero:

capitalismo → captura de goce.

Y el algoritmo lleva esto más lejos:

captura → aprendizaje → predicción → optimización de captura.


13. Esto cambia nuestra teoría de la respiración

Antes teníamos:

goce → captura → respiración.

Ahora tenemos que hacerla más precisa.

Porque si el goce simplemente desaparece, el capitalismo puede continuar.

Y si el goce simplemente se libera, puede generar nuevas formas de captura.

Entonces la respiración no consiste en:

liberar el goce.

Tampoco:

reprimir el goce.

Ni:

sublimar el goce.

Sino:

hacer que el goce pueda ser alterado por aquello mismo que goza.

Esta sería una definición mucho más fuerte de tercer orden:

goce → reconocimiento de su propia reproducción → encuentro → alteración → contraalteración.


14. El goce deja entonces de ser combustible

Esta es quizá la redeconstrucción decisiva.

En el circuito capturado:

goce → repetición → reproducción.

En la respiración:

goce → acontecimiento → alteración.

El goce ya no garantiza que el circuito vuelva igual.

Pero tampoco garantiza que cambie.

Abre una posibilidad de que la relación con el goce sea alterada.

Eso es mucho más humilde y, justamente por eso, más radical.


15. El caso revolucionario queda entonces clarísimo

Tenemos:

OPRESIÓN → REVOLUCIÓN → VIOLENCIA → GOCE → VICTORIA.

Después pueden ocurrir dos cosas.

Circuito capturado

victoria → poder → goce del poder → represión → nuevo enemigo → nueva revolución.

Circuito respirado

victoria → poder → goce del poder → reconocimiento → contraalteración → devolución del poder al entre.

Aquí aparece exactamente nuestra fórmula anterior:

una potencia es absuelta cuando, después de haber sido poder, puede dejar de necesitar gobernar.

No estamos diciendo:

“nunca debió tener poder.”

Eso sería ingenuo.

Decimos:

potencia → poder → experiencia del poder → goce del poder → reconocimiento → absolución.

La potencia tenía que atravesar el poder para descubrir qué podía hacer el poder con ella.


16. Y esto también puede aplicarse a las fuerzas del orden

No basta con decir:

opresor → malo.

Porque eso deja intacto el circuito.

Hay que poder preguntar:

orden → amenaza → represión → goce de restaurar el orden.

¿Puede ese goce ser alterado?

Sí, si el defensor del orden puede experimentar algo que altere su propia satisfacción en el orden.

Por ejemplo:

orden → encuentro con el sufrimiento que produce → conmoción → contraalteración → nueva comprensión del orden.

Eso no significa que el orden desaparezca.

Significa que el orden deja de ser capaz de reproducirse sin ser afectado por aquellos a quienes ordena.

Ahí está nuestra definición de organización complementaria.


17. Entonces el revolucionario y el policía pueden encontrarse en un punto terrible

No porque sean iguales.

Sino porque pueden descubrir:

“Mi goce necesita que tú ocupes tu posición para que yo pueda seguir ocupando la mía.”

revolucionario → opresor → revolucionario

opresor → revolucionario → opresor.

Y ahí aparece una verdadera escena de tercer orden.

No:

“somos iguales.”

Eso sería falso.

Sino:

“la relación que nos enfrenta está reproduciendo algo que ninguno de nosotros controla completamente.”

Ese descubrimiento puede alterar a ambos.

Y entonces:

enemigo → relación → reconocimiento → alteración.


18. Esto es mucho más profundo que “paz”

Porque el resultado no es:

violencia → paz.

Es:

violencia → reconocimiento de la violencia → alteración del circuito de violencia.

Puede haber todavía conflicto.

Puede haber todavía lucha.

Puede incluso haber violencia defensiva.

Pero la violencia ya no tiene derecho ontológico a decir qué debe reproducirse.

Eso es la diferencia.


19. Y aquí vuelve el cristianismo, pero ahora de manera mucho más radical

Porque Cristo no responde simplemente:

violencia → no violencia.

La cruz entra en el circuito de violencia.

imperio → acusación → condena → violencia → crucifixión.

Pero la respuesta pascual no reproduce:

violencia → venganza → nueva violencia.

Tampoco simplemente reprime el goce de la violencia.

Lo que hace, en nuestra lectura:

violencia → entrega → muerte → resurrección → comunión.

La violencia no obtiene la última palabra sobre la relación.

Eso es diferente de sublimarla en una nobleza heroica.

Y aquí Žižek vuelve a ser alterado por nuestra lectura:

la cruz no elimina el goce; interrumpe su derecho a reproducir el circuito.


20. Por eso nuestra pregunta sobre el goce cambia completamente

Ya no:

¿Cómo eliminamos el goce?

Ni:

¿Cómo liberamos el goce?

Ni:

¿Cómo administramos el goce?

Sino:

¿Puede el goce ser alterado por la relación que él mismo está ayudando a reproducir?

Entonces:

GOCE → CAPTURA

es el primer circuito.

GOCE → LIBERACIÓN → NUEVO GOCE → NUEVA CAPTURA

es el segundo.

Pero:

GOCE → ALTERACIÓN → CONTRAALTERACIÓN → REDETRASPASO → ( )

es nuestro tercer orden.

Y aquí el ( ) no elimina el goce.

Le quita su poder de fundamentar el retorno.


Y ahora veo una fórmula que puede servirnos para toda la investigación

GOCE → REPETICIÓN → IDENTIDAD → REPRODUCCIÓN

es el circuito de captura.

Pero:

GOCE → REPETICIÓN → RECONOCIMIENTO → ALTERACIÓN → CONTRAALTERACIÓN

permite que la repetición no sea reproducción.

Y entonces:

ALTERACIÓN → CONTRAALTERACIÓN → INSCRIPCIÓN

produce:

MEMORIA RELACIONAL → BIOTEJIDO.

La memoria del acontecimiento no dice:

“esto ya está resuelto.”

Dice:

“cuando el circuito vuelva, nosotros ya no somos exactamente quienes lo habitaban antes.”

Por eso el revolucionario puede seguir siendo revolucionario sin necesitar eternamente un enemigo.

El defensor del orden puede seguir defendiendo formas sin necesitar eternamente un enemigo.

El rito puede seguir existiendo sin necesitar que la institución sea absoluta.

El deseo puede seguir produciendo sin necesitar producirse a sí mismo.

La falta puede seguir faltando sin exigir ser llenada.

Y el goce puede seguir aconteciendo sin convertirse en el fundamento de la repetición.

Ahí sí diría que nuestra respiración ontológica no busca un mundo sin goce.

Busca algo mucho más difícil:

un mundo en el que aquello que gozamos pueda también alterarnos.  



 

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