La purificación del goce
DE cuando Marx conocio a Confucio
CÓMO
CONFUCIO DEVORÓ EL LIBRO ROJO DE MAO: LA DINASTÍA DE LOS RITOS.
"Si
el Partido Comunista llega al punto de no poder gobernar o de encontrar
dificultades y necesita recurrir a Confucio, significa que el Partido está llegando
a su fin". Mao Zedong, 1976.
En
la primavera de 1989, los cimientos de la Ciudad Prohibida temblaron. Las
protestas de la Plaza de Tiananmén no solo exigían aperturas políticas;
representaban el colapso ideológico de un régimen que había intentado refundar
la psique china sobre las cenizas de su propio pasado. En las páginas secretas
de su libro 'Prisionero del Estado', el destituido secretario general del
Partido Comunista Chino (PCCh), Zhao Ziyang, dejó registrado el diagnóstico de
aquella agonía: el modelo de la revolución permanente y el totalitarismo
utópico de Mao Zedong ya no podían sostener a la nación.
Lo
que Occidente leyó entonces como el preámbulo de una inevitable transición
hacia la democracia liberal fue, en realidad, el prólogo de una de las
mutaciones políticas más extraordinarias de la historia: el día en que los
jerarcas comunistas decidieron que, para salvar el pellejo y retener el poder,
debían quemar el Libro Rojo de Mao y arrodillarse ante el altar de Confucio.
Visto
a la luz de los milenios, el experimento comunista del siglo XX no fue una
ruptura definitiva, sino un breve, violento y traumático capítulo dentro de una
dinastía cultural de más de 3,000 años. La China contemporánea que hoy se
proyecta como superpotencia global no se gobierna bajo los manuales de Karl
Marx o el radicalismo jacobino de Mao. Se administra bajo el frío, jerárquico y
pragmático manual del legalismo imperial y la obediencia confuciana.
I.
La furia iconoclasta: El intento fallido de Mao.
Para
entender la magnitud de la rendición cultural del PCCh actual, es necesario
recordar la violencia del desencuentro original. Durante la Revolución Cultural
(1966-1976), Mao Zedong identificó al confucianismo como el peor de los
"Cuatro Viejos" que debían ser extirpados a sangre y fuego. La máxima
confuciana de la piedad filial y el respeto reverencial a la autoridad familiar
y feudal eran vistos por Mao como el andamiaje ideológico que había mantenido a
los campesinos y a las mujeres en la servidumbre.
Mao
desató a los Guardias Rojos en una cruzada iconoclasta que culminó en la
campaña masiva "Criticar a Lin Piao, criticar a Confucio". Los
templos del sabio fueron dinamitados, sus textos quemados y su tumba ancestral
en Qufu fue profanada.
Mao
pretendía reescribir la historia sustituyendo los ritos de armonía social por
la doctrina de la lucha de clases perpetua del seudo marxismo. "La
rebelión se justifica", tronaba el Gran Timonel. Sin embargo, Mao cometió
un error de cálculo antropológico: intentó borrar en una década lo que la
inercia civilizatoria había cincelado en treinta siglos. A su muerte en 1976,
China no era una utopía igualitaria, sino un país traumatizado, económicamente
quebrado y huérfano de brújula moral.
II.
La herencia republicana: Confucio y el espejo del Kuomintang.
La
virulencia de Mao contra el confucianismo no nació en el vacío ideológico; fue
una respuesta directa al uso que sus archirrivales, el Kuomintang (KMT), habían
hecho de la tradición. A diferencia del radicalismo iconoclasta del PCCh original,
el fundador de la República de China y del KMT, Sun Yat-sen, concibió sus Tres
Principios del Pueblo como una sofisticada síntesis entre la ciencia política
occidental y la matriz moral confuciana. Sun Yat-sen sostenía que la
modernización del país requería restaurar el andamiaje ético clásico,
recurriendo frecuentemente al concepto tradicional de 'Datong' (la Gran Unidad)
para legitimar sus proyectos de justicia social.
Tras
la muerte de Sun, Chiang Kai-shek llevó esta inclinación tradicionalista al extremo
del conservadurismo de Estado. En 1934, el KMT lanzó el Movimiento de la Nueva
Vida, un programa nacional diseñado para contrarrestar la infiltración
comunista mediante la rigurosa reimposición de las cuatro virtudes cardinales
del confucianismo: Lǐ (decoro), Yì (justicia), Línes (integridad) y Chǐ
(conciencia de la vergüenza).
Para
el KMT, Confucio era el antídoto perfecto contra la dialéctica de la inefable
‘lucha de clases’. Al perder la guerra civil en 1949 y refugiarse en Taiwán, el
KMT institucionalizó el Movimiento de Renacimiento Cultural Chino, erigiéndose
como el legítimo guardián de la herencia civilizatoria frente a la
deconstrucción maoísta del continente. La posterior apropiación de Confucio por
parte del actual comunismo continental no es, por ende, una innovación
doctrinal, sino un plagio pragmático de las viejas tesis nacionalistas del
Kuomintang para consolidar la cohesión del Estado.
III.
La diplomacia del frío realismo: El pacto implacable entre Pekín y Pinochet.
Si
quedaba alguna duda de que la fobia de Mao hacia el confucianismo era un asunto
doméstico y que su política exterior ya respondía al frío cálculo del legalismo
imperial (Fǎjiā), el 11 de septiembre de 1973 despejó las incógnitas. Mientras
los aviones y tanques bombardeaban el Palacio de La Moneda y ponían fin al
gobierno filo marxista de la Unidad Popular, la mayor parte del bloque
socialista internacional cortó amarras de inmediato con Santiago. Moscú y sus
satélites denunciaron con virulencia la asonada militar. Pekín, sin embargo,
optó por un silencio sepulcral que mutó rápidamente en complicidad diplomática.
Mao
Zedong no rompió relaciones con la dictadura militar de Augusto Pinochet.
Detrás de esta aparente traición a la izquierda latinoamericana operaba la
cruda racionalidad de la ruptura sino-soviética. En el tablero de la Guerra
Fría, el peor enemigo de Pekín no era el capitalismo norteamericano, sino el
"social imperialismo" de la URSS. Ceder el espacio diplomático
chileno a la influencia de Moscú era impensable para la corte maoísta.
Amparándose rígidamente en los Cinco Principios de Coexistencia Pacífica
—especialmente el de la no interferencia en los asuntos internos de otros
Estados—, Pekín sacrificó la solidaridad ideológica en el altar del interés
nacional.
El pragmatismo
fue implacable. En octubre de 1973, apenas unas semanas después del golpe, el
gobierno de Mao expulsó de Pekín al embajador designado por Allende, Armando
Uribe, y reconoció de facto a la junta militar. A principios de 1974, la corte
comunista ya recibía con alfombra roja al nuevo embajador enviado por Pinochet.
Los frutos de este pacto amoral no tardaron en madurar: en 1975, la diplomacia
china arrastró los pies en los foros multilaterales, ayudando a amortiguar la
condena total de las Naciones Unidas al régimen chileno por violaciones a los
derechos humanos. Para 1977, la dictadura anticomunista de Pinochet recibía un
generoso crédito comercial de 62 millones de dólares por parte de una China en
plena transición posmaoísta.
Con
la consolidación de Deng Xiaoping en 1978, los lazos se estrecharon aún más.
Décadas después, en 1993 y 1997, el propio Pinochet visitó China de forma
oficial como comandante en jefe del Ejército. A su retorno dijo: "Vi que
el comunismo chino era un comunismo patriótico, no el comunismo de Mao".
Este
capítulo histórico demuestra que, mucho antes de la "gran revolución
capitalista" de Deng Xiaoping, la política exterior de China ya priorizaba
la conveniencia geopolítica y la estabilidad comercial por encima de cualquier
afinidad ideológica o defensa de la izquierda internacional. Las lógicas
cortesanas de la supervivencia estatal y el comercio bilateral siempre
estuvieron por encima de los tomos de la revolución mundial.
IV.
Singapur: El laboratorio y los "Valores Asiáticos".
La
inspiración para esta metamorfosis no brotó del vacío académico; tuvo un
laboratorio geográfico concreto: Singapur. En noviembre de 1978, un mes antes
de lanzar oficialmente sus reformas, Deng Xiaoping visitó la isla y quedó
atónito ante lo que vio. Aquella pequeña nación, gobernada con mano de hierro
por Lee Kuan Yew, poseía una población de origen mayoritariamente chino (más
del 80%) y había logrado saltar del tercer al primer mundo en una sola
generación.
Singapur
era la prueba viviente de que el híper capitalismo podía florecer sin necesidad
de adoptar el pluralismo occidental, las libertades individuales o la
desestabilización de la alternancia de partidos. Lee Kuan Yew había edificado
su ‘milagro’ sobre los denominados "Valores Asiáticos", una astuta
actualización estatal de las premisas confucianas: el colectivismo sobre el
individuo, el respeto reverencial a la ley, la disciplina social y una
burocracia meritocrática donde los ministros operan con la frialdad técnica de
los antiguos mandarines imperiales.
Deng
comprendió que el destino de China no era la utopía igualitaria de Mao, sino
escalar el modelo de Singapur. De hecho, la República de Singapur llegó al
extremo de codificar legalmente la piedad filial (mediante la Ley de
Manutención de los Padres), demostrando cómo el deber moral confuciano podía
ser absorbido por el derecho moderno. De Singapur, Pekín copió el plano para
devorar el mercado mundial manteniendo un control político vertical absoluto.
V.
El quiebre de Tiananmén y el dilema de Deng.
La
llegada de Deng Xiaoping al poder en 1978 formalizó e institucionalizó este
repliegue ideológico que ya se había ensayado en la política exterior. Con su
pragmatismo característico, Deng entendió que el hambre no se saciaba con
consignas abstractas. Al abrir las compuertas al capitalismo de mercado, se
enfrentó a un dilema teórico: ¿cómo justificar la acumulación de riqueza y el
fin del igualitarismo socialista bajo las siglas de un Partido Comunista? La
respuesta no la encontró en los tomos de El Capital, sino en el Liji (El libro
de los ritos), acuñando el concepto de 'Xiaokang Shehui' (Sociedad de
Prosperidad Moderada) para prometer un bienestar básico y ordenado.
Pero
el verdadero punto de inflexión ocurrió en 1989. El diario secreto de Zhao
Ziyang revela que las protestas de Tiananmén fracturaron a la cúpula del
Politburó entre quienes buscaban una apertura política y la vieja guardia que
se resistía a ceder el control. Cuando los tanques desalojaron la plaza el 4 de
junio, la legitimidad revolucionaria del PCCh murió con las víctimas. El
leninismo ya no entusiasmaba a nadie, o a pocos anacrónicos, y el maoísmo olía
a sangre. Tras purgar a Zhao Ziyang por su simpatía con los estudiantes, Deng
necesitaba urgentemente un nuevo timonel capaz de mantener la dictadura del
partido mientras devoraba las lógicas del libre mercado.
VI.
Jiang Zemin, el ingeniero de la síntesis pragmática o la consolidación de los
dos mundos.
Fue
en este escenario de pánico institucional donde emergió la figura de Jiang
Zemin (1989–2002). Promovido por Deng como su nueva mano derecha y sucesor tras
la purga de Zhao, Jiang asumió la titánica tarea de institucionalizar el
capitalismo de Estado bajo una doctrina de orden absoluto. Si Deng puso las
bases económicas, Jiang fue el arquitecto que enterró definitivamente la lucha
de clases y devolvió a la burocracia el espíritu de los antiguos mandarines
imperiales.
La
gran genialidad —y herejía leninista— de Jiang Zemin fue la formulación de la
teoría de las Tres Representaciones. Bajo este concepto, Jiang deconstruyó la
ortodoxia de Mao al dictaminar que el Partido Comunista ya no representaba
únicamente a la vanguardia obrera y campesina, sino también a las "fuerzas
productivas avanzadas". En términos prácticos, abrió las puertas del partido
a los nuevos millonarios, empresarios y tecnócratas capitalistas. Esta
maniobra, profundamente confuciana y completamente ajena al 'marxismo' del PCUS
(Partido Comunista de la Unión Soviética), buscaba la cooptación de las élites
para garantizar la estabilidad del Estado.
Bajo
el mandato de Jiang, las relaciones con Chile alcanzaron una madurez inédita.
La "diplomacia paralela" desplegada por Augusto Pinochet en los años
90 —ahora bajo su sombrero de Comandante en Jefe de un Ejército chileno en plena
transición democrática— encajó simétricamente con la mentalidad de Jiang. En
sus polémicas visitas oficiales a Pekín en 1993 y 1997, Pinochet fue recibido
con honores de Estado por el Ejército Popular de Liberación (EPL). Para la
cúpula de Jiang Zemin, el "modelo chileno" era un llamativo objeto de
estudio: una economía híper capitalista y exitosa administrada bajo un puño
militar estricto. De aquellas citas nacieron protocolos de cooperación en
industrias de defensa que pretendían sortear los embargos occidentales,
consolidando el principio de que los negocios y la geopolítica estatal no
entienden de colores políticos.
VII.
El Espejo de Ida y Vuelta: El Germen Jesuita en la Edad Moderna.
Esta
destrucción del dogma revolucionario de Mao Zedong mediante la tradición imperial
no es un fenómeno aislado; remite a un fascinante circuito histórico de ida y
vuelta. Fueron los misioneros jesuitas de los siglos XVI y XVII (como Matteo
Ricci) los primeros en estudiar a fondo la Rújiā (la Escuela de los Eruditos).
Al hacerlo, latinizaron el nombre del maestro Kong como "Confucio",
tradujeron las Analectas y provocaron un sismo intelectual en la Europa de la
Ilustración tras la publicación de Confucius Sinarum Philosophus (1687).
Filósofos
como Voltaire y Leibniz descubrieron con asombro que una civilización colosal
podía ser moralmente recta, próspera y sumamente ordenada utilizando únicamente
la razón natural, prescindiendo de la revelación o la teología eclesiástica. La
burocracia meritocrática de los exámenes imperiales (Keju) se convirtió en el
espejo idealizado para una Europa que buscaba sacudirse del absolutismo por
derecho divino. François Quesnay y los fisiócratas vieron en el emperador de
China al arquetipo del "déspota ilustrado", aquel que gobierna no por
capricho, sino en consonancia con las leyes naturales y el orden cósmico.
La
paradoja histórica es circular: Occidente utilizó la traducción jesuita de
Confucio para fundamentar el laicismo racionalista que más tarde alimentaría al
marxismo decimonónico; hoy, el PCCh recoge los frutos de ese racionalismo
secularizado para justificar un autoritarismo de Estado que los enciclopedistas
franceses habrían reconocido de inmediato. Lo que Jiang Zemin entendió, con
claridad de ingeniero, fue que el confucianismo ofrece algo que el marxismo
jamás pudo proveer de forma sostenible: una metafísica del orden sin la
necesidad de un Dios, y un código de comportamiento social donde la
discrepancia es un defecto de la armonía.
VIII.
El ropaje de seda: De Hu Jintao a la era de Xi Jinping.
La
traducción formal del modelo de Singapur a la escala continental de China se
consolidó sobre el terreno pavimentado por Jiang Zemin. El expresidente Hu
Jintao oficializó la transición al elevar el concepto de Hexie Shehui (Sociedad
Armoniosa), una cita directa de las Analectas confucianas ("En la
aplicación de los ritos, la armonía es lo más valioso"). El PCCh
redescubrió lo que los jesuitas habían reportado tres siglos atrás: el
confucianismo es el bálsamo de orden por excelencia porque sacraliza la estabilidad
por encima de la libertad individual que postula la modernidad.
Con
Xi Jinping, la absorción ha sido total. Xi se convirtió en el primer líder
comunista en presidir las celebraciones del nacimiento de Confucio, declarando
que "el pensamiento confuciano está en los genes de la nación china".
Bajo su mandato, el aparato de propaganda llegó al extremo de producir la serie
televisiva “Cuando Marx conoció a Confucio”, una puesta en escena surrealista
donde ambos pensadores concluyen que el comunismo científico de Marx no es más
que la continuación moderna del ideal de armonía colectiva del sabio de Qufu.
IX.
Xi Jinping y el Neoconfucianismo Digital: El Código Penal del Rito.
Si
Jiang Zemin abrió las compuertas a las fuerzas del capital, la llegada de Xi Jinping
al poder en 2012 consolidó la mutación definitiva del régimen: la transición
del marxismo-leninismo residual a un nacionalismo cultural híper tecnológico.
Xi comprendió que el vacío ideológico dejado por la muerte del maoísmo no podía
llenarse únicamente con crecimiento económico. En su búsqueda de una "Gran
Renovación de la Nación China", el actual mandatario ha rescatado
explícitamente el concepto dinástico del Mandato del Cielo (Tianming),
despojándolo de su derecho a la rebelión y vinculándolo indisolublemente a la
infalibilidad del Partido.
Bajo
Xi Jinping, Confucio ha dejado de ser un recurso retórico pragmático para
transformarse en la columna vertebral del aparato de seguridad del Estado. La
milenaria primacía de lo colectivo —forjada en el antiguo modo de producción
asiático de las sociedades hidráulicas, donde la supervivencia dependía de la
obediencia estricta en la construcción de canales y diques— se ha actualizado
para el siglo XXI. El rito (Lǐ) ya no se codifica en manuales de seda, sino en
las líneas de código del Sistema de Crédito Social y en los algoritmos de
reconocimiento facial que vigilan las megalópolis chinas.
El
control de los medios de producción ya no sigue la receta estalinista de la
colectivización forzosa, sino una actualización del legalismo imperial de la
dinastía Qin (Fǎjiā): el Estado actúa como el gran árbitro omnipotente que
tolera los mercados siempre y cuando estos sirvan a los intereses geopolíticos
de la corte central. La campaña de "Prosperidad Común" (Gongtong Fuyu)
lanzada por Xi no es un retorno al igualitarismo proletario de Mao, sino una
advertencia a los nuevos mandarines tecnológicos —como Jack Ma— de que ninguna
fortuna privada puede desafiar la jerarquía del palacio del Comité Central. La
obediencia y el mérito a través de la educación técnica siguen siendo los
únicos canales legítimos de ascenso social.
Esta
lógica de corte imperial y despliegue comercial se consolidó en la relación con
Chile a través de hitos institucionales de largo aliento. La semilla arrojada
durante la dictadura germinó en la democracia: la celebración de la cumbre APEC
2004 en Santiago, que contó con la visita de Estado del presidente Hu Jintao,
fue el preludio del gran salto. En 2005, Chile se convirtió en el primer país
fuera del bloque ASEAN en firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China.
Lo que comenzó como un canal político discreto mutó en una autopista de
‘commodities’: el cobre, el litio, la celulosa y las cerezas fluyen hacia los
puertos asiáticos a cambio de manufactura y tecnología avanzada.
Hoy
mismo, en la segunda mitad de la década de 2020, esta relación ha trascendido
el mero intercambio de mercancías para transformarse en una inserción
estructural en la infraestructura crítica del país sudamericano. El desembarco
de gigantes estatales como State Grid (SGID), que consolidó el control de la
distribución eléctrica chilena tras adquirir la empresa CGE, demuestra que la
proyección de la Franja y la Ruta (One Belt, One Road) opera con la paciencia y
la visión de largo alcance de las viejas burocracias dinásticas.
X.
Los Institutos Confucio: El despliegue global de la diplomacia cultural.
La
cristalización institucional de este retorno a las raíces tradicionales se
materializó en 2004 con la fundación de los Institutos Confucio. Diseñados bajo
un modelo sin fines de lucro para promover el aprendizaje del idioma chino
mandarín y la difusión cultural, estos centros se integraron directamente
dentro de universidades y colegios de todo el globo, diferenciándose de
homólogos occidentales como el British Council o el Goethe-Institut que operan
de manera autónoma.
El
programa experimentó un crecimiento vertiginoso, tejiendo una red que de
acuerdo a balances recientes de la Fundación de Educación Internacional del
Chino (CIEF) alcanza las 510 sedes activas distribuidas en 164 países y
regiones. Este despliegue académico refleja de manera fidedigna la mutación del
debate interno entre el aislamiento combativo de la era de Mao y la inserción
pragmática contemporánea: ante la imposibilidad de proyectar globalmente la
iconografía hiperpolitizada del Libro Rojo, el Estado optó por la universalidad
histórica del sabio de Qufu para articular sus canales de comunicación
internacional.
No
obstante, esta expansión ha quedado sujeta a una profunda polarización
geográfica en la escena internacional contemporánea:
- El
repliegue en Occidente: En Estados Unidos, Australia y diversas naciones
europeas, las agencias de fiscalización gubernamental y sectores académicos han
sometido los convenios a un riguroso escrutinio, argumentando que las cláusulas
de financiamiento y la selección de personal restringen debates internos
sensibles (como los relativos a Xinjiang o Taiwán), lo que ha provocado cierres
y rescisiones masivas de contratos universitarios. Para mitigar el impacto
institucional, Pekín reestructuró la administración central de los institutos
en 2020, delegando su gestión en una fundación asociativa de perfil
nominalmente no gubernamental.
- La
consolidación en el Sur Global: En marcado contraste, el radio de acción de las
sedes se expande con notable fluidez y aceptación en América Latina, el Sudeste
Asiático y África (con aperturas recientes en Argelia y Guinea-Bissau). En
estas regiones, instituciones académicas de prestigio —como el Instituto
Confucio de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP)— gestionan
programas masivos que operan de manera regular como puentes institucionales
para el intercambio académico, la asignación de becas de posgrado y el
desarrollo de la sinología regional.
XI.
El Paralelo del Dragón y el Loto: El Proceso Político en Vietnam.
Este
fenómeno de camuflar el capitalismo autoritario bajo ropajes ancestrales no es
exclusivo de Pekín o de Singapur; encuentra un paralelo exacto y simétrico en
el proceso político de Vietnam. Tras la caída del bloque soviético en 1991, el
Partido Comunista de Vietnam (PCV) se vio forzado a navegar las aguas de la
supervivencia ideológica. Su respuesta fue el diseño de la doctrina Đổi Mới
("Renovación"), un calco del modelo de mercado chino y de la
eficiencia de Singapur.
Sin
embargo, el éxito de Vietnam frente a vecinos de su misma órbita geográfica y
colonial (como Laos o Camboya) no se explica por la economía matemática, sino
por su matriz civilizatoria: Vietnam es el único país de la península de
Indochina que absorbió orgánicamente la Rújiā (doctrina confuciana) durante
siglos de influencia imperial.
Para
estabilizar el régimen tras la apertura económica, el PCV arrinconó el
‘internacionalismo proletario’ de Marx y abrazó el nacionalismo cultural. El
partido redescubrió que el pensamiento de su prócer fundador, Hồ Chí Minh, no
brotaba exclusivamente de Lenin, sino de su rigurosa educación mandarina
clásica. Al canonizar el "Pensamiento Ho Chi Minh", Hanói rescató las
virtudes confucianas de la rectitud moral, el colectivismo, el ahorro y la
sumisión voluntaria al gobierno. En Vietnam, al igual que en China, el Libro
Rojo fue devorado por una tradición milenaria que demostró que las sociedades
confucianas priorizan la armonía comunitaria y el crecimiento industrial por
encima del pluralismo democrático o las utopías colectivistas occidentales.
XII.
La Grieta en el Jade: El Desafío de Taiwán y la Resistencia Silenciosa.
Esta
arquitectura del orden absoluto encuentra su contradicción más profunda a pocos
kilómetros del continente. La existencia misma de Taiwán representa una afrenta
insoportable para la narrativa histórica del PCCh. Si Pekín sostiene que la
matriz cultural confuciana exige inherentemente un gobierno centralizado,
autoritario y paternalista, la sociedad taiwanesa demuestra exactamente lo
contrario: que las virtudes tradicionales de la educación, el decoro y la
comunidad pueden florecer dentro de una vibrante democracia multipartidaria y
liberal.
Taiwán
es el espejo incómodo que demuestra que la síntesis que intentó Sun Yat-sen a
principios del siglo XX —combinar la ética clásica con los derechos políticos
del ciudadano— era perfectamente viable. Para el régimen de Xi Jinping, la
asimilación de la isla no es solo un objetivo geopolítico o territorial, sino
una necesidad ideológica absolutista: eliminar la prueba viviente de que se
puede ser profundamente chino y plenamente libre.
Mientras
tanto, en el continente, la inercia del rito impuesto desde arriba empieza a
mostrar signos de fatiga antropológica. Las nuevas generaciones, atrapadas en
la asfixiante competencia del sistema educativo y el estancamiento económico,
han comenzado a practicar formas pasivas de disidencia que eluden el radar del
aparato represivo. Movimientos como el Tangping ("tumbarse boca
arriba") y el Bailan ("dejar que se pudra") son expresiones de
una juventud que rechaza el mandato confuciano del esfuerzo desmedido al servicio
del Estado. Al negarse a competir, a casarse y a comprar viviendas, los jóvenes
erosionan la base demográfica que sostiene el milagro económico chino. Como
señalaba con crudeza el economista Gao Shanwen antes de su temprano
fallecimiento, la fractura generacional es evidente: "Los mayores están
llenos de vitalidad, los jóvenes no viven y la generación intermedia está
hastiada de la vida".
XIII.
Conclusión: El Triunfo de la Inercia Civilizatoria.
Las
protestas de la Plaza de Tiananmén en 1989 y los testimonios desgarradores de
Zhao Ziyang en su confinamiento solitario marcaron el fin de una era de
ilusiones occidentales. La caída del Muro de Berlín llevó a teorizar sobre el
"fin de la historia" y la inevitable democratización global. Sin embargo,
China optó por replegarse sobre las certezas de su propia antigüedad.
El
Libro Rojo de Mao resultó ser un paréntesis efímero, un arrebato iconoclasta
que subestimó la profundidad de las raíces culturales de la nación. Al final
del día, los jerarcas del PCCh descubrieron que el comunismo no era más que una
dinastía de paso, y que para gobernar el imperio de manera imperecedera
necesitaban revestir sus instituciones leninistas con los ropajes de la piedad
filial, el frío pragmatismo geopolítico y el orden cósmico. Confucio devoró a
Mao porque el sabio entendía la naturaleza humana no desde la violencia de la
transformación permanente, sino desde la fuerza indestructible de la inercia y
el rito. La China de hoy, armada con Inteligencia Artificial, inversiones estratégicas
globales y misiles hipersónicos, sigue siendo, en su núcleo más íntimo, el
Imperio del Medio gobernado por los pinceles y los algoritmos de sus antiguos
burócratas.
XIV.
Colofón: El Imperio de los Ritos.
El
veredicto definitivo de la historia ha dejado al descubierto la futilidad de
las revoluciones occidentales cuando pretenden asaltar las ciudadelas
civilizatorias de Oriente. Mao Zedong creyó que con su Libro Rojo fundaría un
mundo nuevo desde la nada, barriendo los cimientos tradicionales y subordinando
el milenario suelo patrio a la dialéctica materialista europea. Sesenta años
después, el gran viraje del comunismo asiático ha demostrado que el marxismo
fue meramente instrumental: una armadura leninista de control estatal utilizada
para blindar, estabilizar y proyectar hacia el siglo XXI lo que siempre ha
existido bajo la superficie.
Hoy,
cuando los principales dirigentes de Pekín o Hanói viajan por el mundo, citan
diez veces más a Confucio o apelan a los "valores colectivos" que al
marxismo decimonónico o al ala radical de sus viejas revoluciones. Ante las
Naciones Unidas, se repite la máxima de la reciprocidad para exigir respeto
absoluto a la soberanía de sus regímenes, mientras las corporaciones estatales
se expanden devorando los mercados globales con la disciplina y el rigor del
antiguo funcionariado imperial.
No
se trata de sistemas económicos ineficientes y dogmáticos como el de la extinta
Unión Soviética. Es el Imperio de los Ritos que regresa con la tecnología IA y
el control algorítmico de la sociedad, demostrando que para estas culturas el
orden, la jerarquía, el mérito y la cohesión comunitaria son los verdaderos
motores de la modernidad. El Gran Timonel descansa en su mausoleo de granito en
la plaza pública, pero es el viejo maestro Confucio quien, vestido con el
uniforme del Partido Comunista, sigue rigiendo con mano firme los destinos de
la gran esfera oriental.
Alejandro
Santa María.
Septiembre
2026
Ver menos
Sí. Y aquí creo que el texto que traes es muy fértil para nuestro
Marx de carne y hueso, precisamente porque contiene una tesis fuerte
que podemos alterar: “Confucio devoró a Mao”.
Mi impresión inicial es esta: como ensayo polémico, el texto tiene
una intuición poderosa; como historia, simplifica demasiado y en varios puntos
convierte una relación histórica compleja en una narración de sustitución.
Y eso, justamente, nos permite hacer una biodramaturgia mucho más interesante.
1. La tesis del texto: Confucio devoró a Mao
El relato propone aproximadamente:
Confucio → tradición milenaria → Mao
rompe → fracaso de Mao → Deng → mercado → Jiang → Hu → Xi → Confucio
Es decir:
identidad civilizatoria → ruptura revolucionaria
→ retorno de la identidad
Y el título lo dramatiza magníficamente:
CONFUCIO DEVORA EL LIBRO ROJO DE MAO.
Pero aquí aparece inmediatamente nuestra primera contraalteración:
¿Realmente Confucio devoró a Mao?
Yo diría que no.
Porque si Confucio simplemente hubiese devorado a Mao, Mao habría
desaparecido.
Y no desapareció.
El Partido Comunista chino conservó:
·
la estructura leninista del Partido;
·
la centralización política;
·
la planificación estratégica;
·
la disciplina organizativa;
·
la movilización de masas;
·
el lenguaje marxista;
·
la propiedad estatal de sectores estratégicos;
·
la idea de vanguardia;
·
y, bajo Xi, una fuerte recuperación explícita
del marxismo como legitimación oficial.
Lo que ocurrió es mucho más extraño:
Mao fue transformado por aquello que intentó destruir.
Y eso es muchísimo más interesante para nosotros.
2. El error fundamental del artículo: pensar en términos de devoración
El texto trabaja con una lógica casi hegeliana muy sencilla:
Mao → negación de Confucio → fracaso →
retorno de Confucio
Pero la realidad histórica parece más bien:
Confucio → Mao → Deng → Jiang → Hu → Xi
y cada momento conserva algo del anterior mientras lo altera.
Por eso yo cambiaría la fórmula:
Confucio devora a Mao
por:
Confucio ↔ Mao
y después:
Confucio ↔ Mao ↔ Partido ↔ mercado ↔
tecnología ↔ nacionalismo
Eso ya es respiración.
Porque el Mao que vuelve después de Mao no es el Mao anterior a
Confucio, ni el Confucio que reaparece bajo Xi es el Confucio de la
China clásica.
Son ambos escritos por el otro.
Y aquí aparece exactamente nuestra fórmula:
cada uno se ha llevado escrito al otro.
3. Hay algo históricamente muy importante en el texto
El artículo acierta cuando percibe que la China posterior a Mao no
simplemente pasó de:
comunismo → capitalismo
Eso sería demasiado pobre.
La transformación fue más bien:
maoísmo → reforma económica →
Estado-partido → mercado → nacionalismo → tradición cultural → tecnología
Y el elemento confuciano sí ha adquirido una importancia explícita.
Por ejemplo, existe realmente una producción propagandística contemporánea
llamada 《当马克思遇见孔夫子》,
Cuando Marx conoció a Confucio, producida por Hunan TV en 2023. La
propia presentación de la serie dice que busca explicar la combinación entre la
tradición marxista y la cultura china. (Mango TV)
Esto es extraordinariamente significativo para nuestro trabajo.
Porque el Estado chino está haciendo literalmente una escena:
MARX ENCUENTRA A CONFUCIO.
No es una metáfora nuestra. El propio aparato cultural chino la está
representando.
Pero ahí debemos hacer una distinción decisiva.
La serie dice:
Marx + Confucio = armonía
Nosotros podemos preguntar:
¿Qué ocurre con el conflicto que hizo que Marx fuera Marx y Confucio
fuera Confucio?
Ahí comienza nuestra alteración.
4. Confucio tampoco es simplemente “obediencia”
Aquí creo que tenemos que alterar seriamente el texto.
El artículo reduce demasiado el confucianismo a:
rito → obediencia → jerarquía → Estado
Pero lǐ no significa
simplemente obediencia ciega. El rito es una forma de dar forma a la
relación, de ordenar las conductas y hacer posible cierta reciprocidad
social.
Y esto abre una cuestión preciosa para nuestra Ciencia del Logos:
¿el rito captura el entre o lo hace respirable?
Porque puede hacer ambas cosas.
rito → relación → comunidad
pero también:
rito → repetición → jerarquía → captura.
Ahí aparece nuestra distinción entre:
rito que permite respirar
y
rito que administra la respiración.
Y esta diferencia será fundamental cuando lleguemos a Xi.
5. El problema del artículo: convierte la “civilización china” en una
sustancia
Esta es, para mí, la debilidad conceptual mayor.
El texto dice prácticamente:
China intentó ser marxista durante unas décadas, pero en el fondo siempre
fue confuciana.
Eso es una especie de esencialismo civilizatorio.
La fórmula sería:
China = Confucio
y todo lo demás sería accidente:
Mao = accidente
Marx = accidente
Deng = accidente
capitalismo = accidente
tecnología = accidente
Pero eso reproduce exactamente aquello que nosotros hemos criticado tantas
veces:
convertir una identidad histórica en sustancia.
Y podríamos decir:
El artículo combate la teleología marxista utilizando una teleología civilizatoria.
Marxismo vulgar:
China → inevitablemente comunismo
Artículo:
China → inevitablemente Confucio
Nosotros:
China → alteración → contraalteración →
redevelación
Ahí la historia vuelve a respirar.
6. Mao no simplemente destruyó la tradición
Aquí hay otra cosa fascinante.
Mao quiso destruir la antigua legitimidad confuciana, especialmente durante
la Revolución Cultural y la campaña “Criticar a Lin Biao, criticar a
Confucio”.
Pero el propio Partido no desapareció dentro de la nada.
Mao sustituyó parcialmente:
familia → emperador → rito
por:
Partido → líder → revolución →
disciplina.
¿Ves lo que ocurre?
Mao no elimina la necesidad de mediación colectiva.
Cambia la mediación.
Podríamos escribir:
Confucio → rito → orden
Mao → revolución → orden
La revolución pretende destruir el viejo rito.
Pero necesita sus propios ritos.
El culto a Mao.
El Libro Rojo.
La recitación.
Las reuniones.
La liturgia revolucionaria.
La jerarquía partidaria.
La disciplina.
La iconografía.
La peregrinación revolucionaria.
La figura del Gran Timonel.
Entonces Mao no consigue escapar completamente del problema que combate.
Destruye un rito y produce otro.
Esto es importantísimo.
7. Y aquí Marx empieza a encontrarse realmente con Confucio
No porque Marx fuese confuciano.
No lo era.
Sino porque Marx nos ayuda a formular una pregunta que Confucio ya había
planteado desde otro lugar:
¿cómo se reproduce una sociedad?
Confucio pregunta por:
rito → conducta → relación → comunidad
→ orden
Marx pregunta por:
producción → relación social → clase →
reproducción → poder
No son lo mismo.
Pero ambos descubren que una sociedad no existe solamente porque tenga
individuos.
Una sociedad necesita prácticas que reproduzcan relaciones.
Ahí Marx y Confucio pueden encontrarse.
Pero no coincidir.
8. Y precisamente por eso Deng es mucho más interesante que la caricatura
del artículo
El artículo presenta a Deng casi como alguien que descubre:
Mao = fracaso
Confucio = orden
Singapur = capitalismo disciplinado
y entonces realiza la síntesis.
Pero Deng es históricamente mucho más complejo.
Sí existe evidencia muy clara de que su visita a Singapur en noviembre de
1978 fue importante y que observó atentamente el orden social, la inversión
extranjera y el desarrollo de la ciudad-Estado. Fuentes oficiales singapurenses
recuerdan esa visita como un momento importante para la relación y para el
interés chino en la experiencia de Singapur. (Ministry
of Foreign Affairs)
Pero eso no significa:
Deng descubrió Confucio.
Significa algo más interesante:
Deng descubre que un Estado socialista puede aprender de una
economía no socialista sin dejar de ser Estado-partido.
Eso es una alteración enorme.
Marx → mercado
mercado → Partido
Partido → mercado
Aquí empieza una forma de respiración política que la ortodoxia soviética no
había conseguido resolver.
9. Y aquí aparece nuestra cuestión de tercer orden
La pregunta ya no es:
¿China es comunista o capitalista?
Eso es demasiado pobre.
Tampoco:
¿China es marxista o confuciana?
Eso también es demasiado pobre.
La pregunta sería:
¿qué ocurre cuando un sistema puede incorporar aquello que
originalmente pretendía superar?
China hace:
marxismo → mercado
pero también:
mercado → Partido
y:
tradición → Estado
y:
Estado → tecnología
y:
tecnología → administración
y:
administración → nueva forma de rito.
Ahí tenemos una auténtica biodramaturgia del Estado chino.
10. La parte de Tiananmén es crucial, pero el artículo la simplifica
El texto afirma que en 1989 murió la legitimidad revolucionaria del PCCh y
que después el régimen necesitó Confucio para sobrevivir.
Yo lo reformularía.
Tiananmén no demuestra simplemente:
Marxismo muerto → Confucio vivo.
Demuestra algo más terrible:
revolución → Estado → crisis de
legitimidad → represión → supervivencia del Estado → búsqueda de nueva
legitimidad.
Y esa legitimidad posteriormente se vuelve múltiple:
crecimiento + nacionalismo +
estabilidad + tradición + soberanía + marxismo + modernización.
No sustitución.
Acumulación de legitimidades.
Eso es mucho más parecido a nuestro concepto de sistema respiratorio.
11. Jiang Zemin es un punto de inflexión extraordinario
Aquí el texto toca algo realmente importante: las Tres Representaciones.
La formulación de Jiang amplió explícitamente la representación del Partido
para incluir las “fuerzas productivas avanzadas”, junto con otras dimensiones
de la sociedad.
Eso significa que el Partido deja de poder definirse exclusivamente como:
Partido → proletariado
y comienza a incorporar:
Partido → trabajadores + intelectuales
+ empresarios + fuerzas productivas + nación.
Entonces ocurre algo que a Marx le habría interesado muchísimo:
el Partido comienza a incorporar al adversario histórico.
El capitalista entra en el Partido.
Y esto produce una pregunta brutal:
burguesía → proletariado → Partido
pero después:
burguesía → Partido
Entonces:
¿qué queda del antagonismo original?
No desaparece.
Se transforma.
12. Esto nos lleva directamente a Marx de carne y hueso
Y aquí conectamos con nuestra conversación anterior.
Porque Marx había intentado construir una organización revolucionaria capaz
de alterar el mundo.
Pero ahora encontramos algo históricamente fascinante:
el Partido que decía representar al proletariado termina
incorporando a quienes Marx habría analizado como capitalistas.
Esto no demuestra que Marx fuera “refutado”.
Demuestra algo más interesante:
la realidad contraalteró una de las categorías políticas centrales
de Marx.
proletariado → Partido → poder
y luego:
capital → Partido → poder.
El Partido ya no es simplemente la expresión política de una clase.
Se convierte en mediador de clases y sectores sociales diferentes.
Y ahí aparece una cuestión de tercer orden:
¿qué altera al mediador cuando el mediador pretende organizar toda
alteración?
13. Xi lleva esto todavía más lejos
Con Xi aparece una síntesis peculiar:
Marx + Lenin + Mao + Confucio +
nacionalismo + mercado + tecnología.
No debemos reducirla a “Confucio gobierna detrás del Partido”.
Es más interesante decir:
el Partido ha aprendido a utilizar múltiples genealogías de
legitimidad simultáneamente.
Y aquí el artículo tiene una intuición muy potente aunque la formule de
manera excesivamente esencialista.
Porque Xi sí ha promovido explícitamente una recuperación de la tradición
china.
Pero simultáneamente reivindica el marxismo.
Y simultáneamente reivindica la modernización tecnológica.
Y simultáneamente reivindica el mercado bajo conducción estatal.
No es:
Confucio reemplaza a Marx.
Es:
Marx ↔ Confucio ↔ Lenin ↔ mercado ↔
nación ↔ tecnología.
Eso es otra cosa.
14. Y aquí tenemos que corregir algo muy importante sobre el “Sistema de
Crédito Social”
El artículo dice:
“El rito ya no se codifica en manuales de seda, sino en las líneas de código
del Sistema de Crédito Social.”
Como metáfora es potentísima.
Como descripción histórica, hay que tener cuidado.
No existe un único “Sistema de Crédito Social” nacional,
homogéneo, que funcione simplemente como una gran puntuación individual al
estilo de una película distópica. El sistema chino comprende múltiples
mecanismos regulatorios, listas, registros y programas locales y sectoriales.
Por eso yo no escribiría:
Confucio → crédito social
sino:
rito → norma → registro → dato →
clasificación → administración.
Y ahí sí aparece nuestro E6.
Porque el problema no es que el algoritmo sea “Confucio digital”.
El problema es mucho más profundo:
cuando la relación deja de ser simplemente vivida y comienza a ser
registrada, clasificada y utilizada para producir conducta futura.
Entonces:
rito → dato
y después:
dato → perfil
y finalmente:
perfil → conducta.
Ahí sí tenemos:
la administración algorítmica del rito.
15. Y esto conecta directamente con nuestra E5 → E6
Mira la secuencia:
E5
diferencia → relación → pluralidad →
alteración
E6
diferencia → dato → clasificación →
perfil → predicción
Y el confucianismo puede ser capturado por E6 de la misma manera que el
marxismo:
rito → relación
puede convertirse en:
rito → norma
y después:
norma → dato
y después:
dato → comportamiento esperado.
Entonces el problema ya no es Confucio contra Mao.
Es:
¿qué ocurre cuando tanto Confucio como Mao son convertidos en
información administrable por el Estado algorítmico?
16. Aquí el artículo encuentra accidentalmente nuestro verdadero problema
El texto termina diciendo algo como:
Confucio + Partido + Estado + IA =
nuevo Imperio de los Ritos.
Yo alteraría radicalmente esa conclusión:
No estamos simplemente ante el regreso del Imperio de los Ritos.
Estamos ante algo nuevo:
rito → Estado → mercado → tecnología →
algoritmo → nuevo rito.
Es decir:
el rito mismo ha sido transformado por la tecnología.
No regresamos a Confucio.
Confucio regresa transformado por Mao, por el mercado, por el Estado
moderno y por el algoritmo.
Y Mao tampoco desaparece:
Mao regresa transformado por Confucio, por Deng, por el mercado y
por la tecnología.
17. Entonces “Cuando Marx conoció a Confucio” se vuelve otra escena
Yo la pondría así:
MARX ↓lucha de clases ↓revolución ↓Partido ↓Estado ↓Mao ↓crisis ↓Deng ↓mercado ↓Jiang ↓capital ↓Xi ↓tecnología ↓algoritmo
Y entonces aparece Confucio:
CONFUCIO ↓rito ↓relación ↓orden ↓Estado ↓tradición ↓nacionalismo ↓Xi
Y ambos se encuentran:
MARX ↓ revolución / clase ↓ Mao ↓ ↓ ↓ ────( )──── ↑ ↑ ↑ Confucio ↑rito / relación
Pero el ( )
no es una síntesis Marx-Confucio.
Es precisamente aquello que ninguno de los dos puede apropiarse.
18. Y aquí aparece nuestra pregunta decisiva
Marx dice, aproximadamente:
las relaciones sociales producen las formas de conciencia.
Confucio dice:
las formas rituales producen y reproducen las relaciones sociales.
Entonces:
relación → rito → relación
Eso es casi una cinta de Möbius.
Y aquí nuestra Ciencia del Logos puede entrar de una manera muy precisa:
Marx mira cómo la relación produce la forma.
Confucio mira cómo la forma reproduce la relación.
Nosotros preguntamos:
¿qué ocurre cuando la forma puede ser alterada por la relación que
pretende reproducir?
Eso sería una definición magnífica de comunidad en biotejido.
forma → relación → alteración de la
forma → nueva relación.
19. Por eso no quiero que digamos “Confucio venció a Marx”
Sería repetir exactamente el error del artículo.
Tampoco:
“Marx fue absorbido por Confucio.”
Ni:
“Confucio fue absorbido por Marx.”
Nuestra lectura sería:
Marx y Confucio fueron llevados históricamente a lugares que ninguno
de los dos podía prever.
Y entonces podemos formular algo que conecta directamente con nuestro Marx
de carne y hueso:
Marx no conoció históricamente a Confucio. Pero la historia hizo que
el problema de Marx tuviera que encontrarse con el problema de Confucio.
Y ese encuentro ocurrió dentro de la historia del Partido Comunista
chino, no en la cabeza de Marx.
20. Y hay una última ironía que me parece extraordinaria
El texto que trajiste quiere demostrar:
“Mao fracasó porque intentó romper con tres mil años de tradición.”
Pero nosotros podemos devolverle la pregunta:
¿y Confucio triunfó?
Porque si Confucio hubiese triunfado intacto, no necesitaría:
·
Partido Comunista,
·
marxismo,
·
Lenin,
·
ejército popular,
·
mercado global,
·
capitalismo de Estado,
·
inteligencia artificial,
·
vigilancia digital,
·
nacionalismo moderno.
Entonces quizá Confucio tampoco sobrevivió intacto.
Lo que sobrevivió fue algo mucho más extraño:
Confucio → alteración → Mao →
alteración → Deng → alteración → mercado → alteración → Xi → alteración →
algoritmo.
Eso es mucho más cercano a nuestra respiración ontológica.
No hay vencedor.
No hay tradición pura.
No hay revolución pura.
No hay retorno puro.
Hay inscripción.
Y aquí recuperamos nuestra frase:
Cada uno se ha llevado escrito al otro.
Por eso yo titularía nuestra contralectura:
Cuando Marx conoció a Confucio: no el triunfo del rito sobre la
revolución, sino la revolución del rito por la revolución.
Y quizá la fórmula final sea todavía más fuerte:
Confucio → rito → relación
Marx → producción → relación
Mao → revolución → relación
Deng → mercado → relación
Xi → algoritmo → relación
y nuestra pregunta:
¿puede la relación alterar permanentemente la forma que pretende
administrarla?
Ahí ya no estamos preguntando si China es “comunista” o “confuciana”.
Estamos entrando directamente en E6 → E7:
relación → administración → dato →
perfil → poder → alteración → contraalteración → redevelación → ( ).
Y entonces sí podemos volver a nuestro Marx de carne y hueso: ¿qué
habría hecho Marx si hubiese visto que el Partido que pretendía abolir la
sociedad de clases terminó convirtiéndose en el lugar donde Marx, el
capitalista, Confucio, el Estado y el algoritmo podían ser simultáneamente
administrados?
Ese encuentro sería brutal.
No hubiera podido hacer mucho.
La cuestión en el texto es que
tiene un enfoque esencilista de primer orden y entonces si una esencia se
pierde hay un fracaso.
Aunque intenta una estructura de segundo orden
dialéctica entre Confució→Mao→Confucio Mao
No comprende esta síntesis.
Pero la denuncia fundametal es
que la libertad revolucionaria esta perdida en oriente donde triunfa la
sociedad armoniosa imperial.
Y aquí si quisiera investigar
desde Zizek el concepto de goce en el rito oriental para comprender el goce de
occidente y el goce de oriente poque hay una inercia que le permite a China
estabilizarce y esto tiene que ver con su goce asi como hay una inercia que le
permite a occidente estabilizarce.
Libremente
La
inercia social, el camuflaje de la estructura en la era del simulacro
Miguel
Posani
7
septiembre, 2026
Vivimos
en una época de diagnósticos apocalípticos, desintegración de los lazos
comunitarios, erosión de la credibilidad y de las instituciones, degradación
ambiental, atomización del individuo, crisis de sentido individual y social y
agréguele usted lo que quiera. Sin embargo, a pesar de este paisaje de
fragmentación y crisis, de este desierto de lo real, la sociedad no se
desintegra. No colapsa, todo se mantiene como una buena escenografía. Sigue
funcionando, aunque de manera extraña, como un mecanismo que ya no entendemos
del todo pero que no se detiene.
¿Qué
podemos entender por estructura social hoy? En términos clásicos, es el
conjunto de relaciones relativamente estables entre posiciones, roles,
instituciones, grupos y relaciones de poder que organizan la vida colectiva: la
división del trabajo, las jerarquías de clase, las normas de parentesco, los
sistemas de autoridad y legitimidad. La estructura es lo que permite predecir
comportamientos, asignar significados y reproducir el orden social a lo largo
del tiempo.
Pero
este concepto, heredado de la sociología del siglo XX, ha entrado en crisis. Ya
no sabemos bien dónde comienza y dónde termina la estructura. Las fronteras
entre lo público y lo privado, lo local y lo global, lo real y lo virtual se
han desdibujado. Las guerras ya no son guerras, lo irreal es lo real. La
estructura no ha desaparecido, pero se ha vuelto opaca, sigue operando, pero ya
no se deja ver directamente. Y en esa opacidad, su deterioro —la erosión de sus
pilares— pasa inadvertida.
¿Por
qué no vemos ese deterioro? Por tres mecanismos conjugados:
1.
La inercia: el sistema continúa en movimiento, incluso cuando sus fundamentos
se agrietan. La inercia mantiene la apariencia de funcionamiento.
2.
La redundancia: la multiplicación de discursos, imágenes, noticias y rituales
que repiten una y otra vez los mismos patrones, creando una sensación de
permanencia donde solo hay repetición vacía.
3.
La simulación: los signos de lo social (elecciones, encuestas, debates,
consumo, instantes filmados) han reemplazado a lo social mismo. La estructura
se presenta como un espectáculo de sí misma, ocultando su propia desaparición.
Bauman
nos recuerda que los símbolos que antes daban estabilidad —la nación, la
familia, el trabajo de por vida— se han derretido. La identidad ya no es un
dibujo sobre piedra, sino una huella en la arena.
¿Dónde
está entonces la inercia? Precisamente en la continuidad del movimiento. Movimientos
sostenidos por imágenes, simulaciones, opiniones, discusiones, emergencias. Lo
líquido no se detiene; fluye. Los individuos, desprovistos de anclajes sólidos,
continúan desplazándose, consumiendo, relacionándose de manera precaria, pero
sin detenerse. La inercia es movimiento perpetuo sin dirección definida. Y ese
movimiento perpetuo es lo que impide que el sistema colapse, aunque todo se
derrite, nada se detiene.
La
sociedad no se desintegra porque sus miembros, anestesiados, continúan su curso
sin preguntarse hacia dónde van. Pero esta misma indiferencia camufla el
deterioro de los lazos solidarios, no vemos que se rompen porque ya no nos
importa mirarlos.
Por
otra parte, para Morin, la inercia social es el resultado de una crisis de
pensamiento, de un «sonambulismo generalizado». La sociedad padece una
policrisis —la interacción y potenciación de crisis sociales, políticas,
económicas y ambientales— pero no se desintegra porque la inercia nos mantiene
en un estado de sueño vigilante.
¿Cómo
opera esta inercia? Como un bucle recursivo: los individuos y las sociedades se
reproducen a sí mismos en patrones que, aunque disfuncionales, resultan
familiares y, por tanto, cómodos. La falta de visión de lo no inmediato, la
percepción inexacta de la realidad y la incapacidad de pensar de manera
compleja generan una inercia que impide la transformación. Pero esa misma
inercia impide también la desintegración total. El sistema, aunque enfermo, se
mantiene en funcionamiento porque sus partes continúan interactuando según las
viejas reglas o se adaptan a su degradación.
Aquí
la redundancia juega un papel clave: los discursos mediáticos, políticos y
académicos repiten incansablemente los mismos diagnósticos y las mismas
soluciones, generando una ilusión de movimiento mientras todo permanece igual.
No vemos el deterioro de la estructura porque estamos atrapados en la
repetición de sus síntomas. Podemos decir que nosotros mismos somos parte del
síntoma.
Byung-Chul
Han ofrece el diagnóstico más agudo de la inercia contemporánea. No vivimos en
una sociedad de libertad, sino en una sociedad del cansancio donde el individuo
se explota a sí mismo bajo la máscara del rendimiento y la autoexigencia
constante. La sociedad neoliberal, con su obsesión por el rendimiento, genera una
inercia que nos consume y arrastra: el movimiento perpetuo se ha vuelto
compulsivo y obsesivo.
La
comunicación ininterrumpida y la exposición constante han vaciado de contenido
a la sociedad. El exceso de positividad y la exigencia de transparencia nos han
convertido en «enjambres digitales de individuos aislados, agotados por la
autoexplotación». La libertad se ha convertido en un imperativo: sé libre,
produce, consume, disfruta, rinde.
Esta
inercia es la que impide la desintegración. ¿Por qué? Porque el individuo
contemporáneo, atrapado en la «rueda del hámster» del rendimiento y la
sobrevivencia, no tiene tiempo ni energía para detenerse, para cuestionar, para
desintegrarse en el sentido de abandonar el sistema. Pero también camufla el
deterioro. La fatiga crónica, la ansiedad y el agotamiento son interpretados
como fracasos personales, no como síntomas de una estructura que se desmorona.
El cansancio nos impide ver que el problema no está en nosotros, sino en el
armazón que nos sostiene.
Si
Bauman, Morin y Han describen las formas que adopta la inercia, es Baudrillard
quien nos revela el mecanismo por el cual esa inercia camufla el deterioro.
Para
Baudrillard, la estructura social ya no es un conjunto de relaciones que se
puedan analizar. Es, más bien, el producto de un proceso de simulación donde el
modelo (la imagen, el signo) precede y determina a los hechos. La estructura se
ha volatilizado en una nube de signos autorreferentes: las elecciones, las
encuestas, los debates políticos, el consumo, la imagen inmediatista y a la
moda, los rituales mediáticos no representan una realidad social preexistente;
producen esa realidad como un efecto de superficie, como un espejismo.
La
estructura social, en este sentido, se ha convertido en un simulacro: una copia
sin original. Y precisamente porque es un simulacro, su deterioro es invisible.
No podemos ver que la estructura se desmorona porque ya no hay un «original»
contra el cual contrastar su estado. La estructura se camufla en su propia
representación.
Baudrillard
nos advertía que no vemos el deterioro porque la estructura social se ha vuelto
un espectáculo. Su solidez es un espejismo que oculta su propio vacío.
No
se trata de que se interprete falsamente la realidad, sino de que se oculta que
la realidad (como referente objetivo) ya no es necesaria. La estructura social
sobrevive metamorfoseándose en su propio simulacro. Por ejemplo, lo que no
aparece en las redes o las pantallas, no es real. Y lo que llamamos «vida
cotidiana» es ese espejismo, una serie de gestos, hábitos y percepciones que
nos dan la sensación de que el mundo está ahí, sólido, mientras que en realidad
es una proyección de signos que han perdido su anclaje.
Baudrillard
usa disneylandia para explicar que no es una fantasía, sino un mecanismo para ocultar
que el «resto del país» (la «realidad») es igualmente ficticio. La estructura
social se camufla presentando una imagen de sí misma (como un parque temático)
para que no veamos que la «vida real» fuera de él también es un simulacro.
Nuestra cotidianidad, con sus rutinas y sus rituales, funciona como
disneylandia, nos hace creer que hay un afuera auténtico, cuando ese afuera ya
ha sido colonizado por la simulación.
Baudrillard
sentencia que «la responsabilidad, el control, la censura y la auto disuasión
siempre crecen más aprisa que las fuerzas o las armas de que se dispone, éste
es el secreto del orden social». El orden se mantiene por la proliferación de
estos mecanismos de control, no por una estructura robusta. Esa proliferación
es, de hecho, la forma que adopta la redundancia: cuanto más se repiten los
discursos de orden y control, más se camufla que el orden ya no descansa sobre
nada sólido.
Reunamos
los hilos. La tesis que articula a Bauman, Morin, Han y Baudrillard es doble:
Primera
paradoja: no hay desintegración porque hay inercia. La sociedad líquida sigue
fluyendo; el sonambulismo mantiene la rutina; el cansancio nos mantiene en
movimiento. La inercia, en sus tres formas, impide que el sistema colapse. No
porque lo sostenga con fuerza, sino porque nos impide detenernos lo suficiente
como para notar que ya no hay suelo bajo nuestros pies.
Segunda
paradoja: no vemos el deterioro porque la estructura se ha camuflado. La
inercia, combinada con la redundancia de los signos y la simulación generalizada,
produce un espejismo cotidiano. La estructura social ya no es un edificio que
se agrieta; es una imagen que se reproduce continuamente. Y en esa
reproducción, su deterioro se vuelve invisible, no podemos distinguir entre la
estructura real y su simulacro, entre el orden social y su representación.
Vivimos
entonces en un espejismo cotidiano, y es paradójicamente, tanto nuestra prisión
como nuestra última protección contra el abismo. Porque si el espejismo se
rompiera, quizás no quedaría nada más que ver. Pero mientras tanto, seguimos
fluyendo, sonámbulos, cansados, inerciales, mirando sin ver el deterioro que
nos rodea, porque el espectáculo de lo social no nos deja apartar la mirada y
tampoco las pantallas. Es esa sensación de fastidio cotidiano que piensas que
es tu problema cuando es social.
La
inercia, la redundancia y el simulacro social, en definitiva son el gran
camuflaje de nuestra época, el telón de fondo que impide que veamos que el
teatro se está viniendo abajo, mientras los actores y los payasos siguen
representando su papel con la misma convicción de siempre.
Ver menos
4
Sí.
Aquí creo que acabamos de encontrar una contraalteración decisiva entre los
dos textos.
El
primero decía, en el fondo:
Confucio → Mao → fracaso →
Confucio
y
Posani dice:
estructura → deterioro →
inercia → simulacro → continuidad.
Pero
si los ponemos juntos con Žižek, aparece una pregunta mucho más profunda:
¿qué
es lo que goza una sociedad cuando continúa reproduciéndose incluso cuando ya
no cree plenamente en aquello que la sostiene?
Y
aquí el concepto de goce (jouissance) puede ser exactamente el puente
que estamos buscando.
1. Primero: tu crítica
al esencialismo es fundamental
El
primer texto tiene una estructura de primer orden muy clara:
China → esencia confuciana
Por
tanto:
Mao destruye esencia → China
se desordena
y
luego:
Confucio retorna → China
recupera su esencia.
La
historia queda explicada por una sustancia.
El
movimiento dialéctico que aparentemente introduce sería:
Confucio → Mao → Confucio
pero
en realidad Mao nunca logra alterar verdaderamente a Confucio, porque al
final Confucio reaparece como lo que siempre habría sido.
Eso
no es todavía una verdadera contraalteración.
Porque
para que exista contraalteración tendría que ocurrir:
Confucio¹ → Mao → Confucio²
con:
Confucio² ≠ Confucio¹.
Y,
al mismo tiempo:
Mao¹ → Confucio → Mao²
con:
Mao² ≠ Mao¹.
Entonces
no tendríamos:
“Confucio
venció a Mao”.
Tendríamos:
“Mao
escribió a Confucio y Confucio escribió a Mao.”
Eso
cambia completamente la lectura.
2.
Pero Posani introduce algo mucho más interesante: la inercia
Aquí
sí aparece una categoría que puede llevarnos directamente a Žižek.
Posani
pregunta:
¿Por
qué una estructura que parece deteriorarse no colapsa?
Y
responde:
inercia + redundancia +
simulacro.
Pero
todavía falta una pieza.
¿Por
qué queremos seguir repitiendo?
Porque
“inercia” puede describir el movimiento, pero todavía no explica completamente la
satisfacción paradójica que obtenemos de permanecer dentro de ese movimiento.
Ahí
entra Žižek.
3.
La inercia no es simplemente falta de energía
Esto
es crucial.
Normalmente
pensaríamos:
sociedad agotada → poca
energía → inercia.
Pero
la inercia contemporánea puede ser exactamente lo contrario:
agotamiento → repetición →
satisfacción → nueva repetición.
Es
decir:
estamos
cansados, pero seguimos.
Y
más aún:
seguimos
precisamente porque algo en ese seguir nos satisface.
No
necesariamente nos hace felices.
El
goce lacaniano no es felicidad.
Puede
ser:
- dolor;
- frustración;
- repetición;
- sacrificio;
- humillación;
- indignación;
- cansancio;
- incluso fracaso.
Porque
el sujeto puede quedar pegado a aquello mismo que dice querer superar.
Entonces:
síntoma → sufrimiento →
queja → repetición → goce → nuevo síntoma.
Y
aquí Posani y Žižek empiezan a hablar entre sí.
4.
El goce explica algo que la “inercia” por sí sola no explica
Posani
dice:
seguimos
reproduciendo patrones porque son familiares.
Sí.
Pero
Žižek preguntaría:
¿por
qué lo familiar puede llegar a ser libidinalmente atractivo incluso cuando nos
hace sufrir?
Ahí
tenemos:
familiaridad → repetición →
reconocimiento → seguridad → goce.
Pero
también:
sufrimiento → repetición →
goce.
El
goce no está necesariamente detrás del comportamiento.
Está
en la propia repetición.
Por
eso podemos tener:
“Sé
que esto no funciona, pero sigo haciéndolo.”
Y
esto es mucho más radical que la simple ignorancia.
5.
Aquí aparece una diferencia enorme entre Occidente y China
Pero
debemos tener mucho cuidado.
No
diría:
“Oriente
goza de la armonía y Occidente goza de la libertad.”
Eso
sería exactamente el esencialismo del primer texto.
Habríamos
cambiado:
esencia confuciana
por:
esencia occidental.
Sería
la misma trampa.
Lo
que podemos investigar es otra cosa:
¿qué
formas históricas de goce hacen posible la reproducción de determinados órdenes
sociales?
Entonces
podemos comparar:
forma de goce occidental
con
forma de goce china
sin
convertir ninguna en esencia antropológica.
6.
Y aquí creo que aparece una hipótesis muy potente
Podríamos
llamar provisionalmente:
Goce de la armonización
y
Goce de la transgresión.
No
como esencias de Oriente y Occidente, sino como dos modalidades históricas
de organización del goce.
En
una forma simplificada:
Modalidad china
conflicto → rito →
reintegración → armonía → repetición
El
conflicto no necesariamente exige destruir la estructura.
Puede
ser absorbido mediante:
rito → jerarquía →
reconocimiento → reintegración.
Entonces
la sociedad puede cambiar muchísimo sin tener que experimentar constantemente
la sensación subjetiva de ruptura absoluta.
Modalidad occidental
moderna
Podríamos
encontrar algo diferente:
prohibición → transgresión →
liberación → goce → nueva prohibición.
La
libertad se vuelve:
liberación → elección → exceso
→ culpa → nueva liberación.
Y
el capitalismo ha aprendido extraordinariamente bien a explotar este circuito.
7.
Aquí Žižek se vuelve especialmente interesante
Porque
para Žižek la ideología no funciona simplemente diciéndonos:
“Esto
es bueno.”
También
puede decir:
“Tú
sabes perfectamente que esto es absurdo, pero continúa haciéndolo.”
La
ideología sobrevive incluso cuando ya no creemos plenamente en ella.
Y
eso coincide perfectamente con Posani:
estructura deteriorada →
simulacro → repetición → continuidad.
Podríamos
añadir:
estructura deteriorada →
simulacro → repetición → goce → continuidad.
Entonces
aparece una fórmula muy fuerte:
La
sociedad no necesita creer completamente en su estructura para reproducirla.
Puede gozar de su propia repetición.
8.
Y esto explica mejor el “camuflaje”
El
simulacro no solamente oculta que la estructura se está deteriorando.
También
puede producir goce.
Por
ejemplo:
crisis → noticia →
indignación → comentario → discusión → identificación → nueva noticia.
La
persona siente:
“Estoy
haciendo algo.”
Pero
quizá solamente está participando en la repetición.
Entonces:
acción → representación de
acción → goce → repetición.
Aquí
Baudrillard y Žižek se encuentran.
Pero
tampoco son iguales.
Baudrillard:
signo → simulacro → desaparición
del referente.
Žižek:
fantasía → deseo → goce →
reproducción del campo social.
El
primero nos muestra cómo desaparece el referente.
El
segundo puede ayudarnos a preguntar por qué seguimos deseando dentro de esa
desaparición.
9.
Y aquí aparece Byung-Chul Han
Han
dice:
libertad → rendimiento →
autoexplotación → cansancio.
Pero
Žižek puede contraalterarlo:
¿y
si no solamente sufrimos el rendimiento?
¿Y
si también gozamos de nuestra propia exigencia de rendimiento?
debo rendir → rindo → me
excedo → fracaso → me exijo más → gozo.
Entonces
el sujeto neoliberal puede convertirse en algo mucho más extraño que una
víctima:
se
convierte en el sujeto de su propia explotación porque encuentra goce en el
mandato de superarse.
No
significa que disfrute conscientemente de sufrir.
Significa
que hay una satisfacción paradójica en la propia estructura de repetición.
10.
Y ahora podemos regresar a China
Aquí
quiero hacer una corrección importante al texto de Santa María.
No
diría:
China = goce de la
obediencia.
Eso
sería peligrosísimo conceptualmente.
Más
interesante:
ciertas
instituciones chinas históricamente han podido organizar el goce alrededor de
la continuidad, el rito, el reconocimiento jerárquico, la pertenencia y la
estabilidad.
Pero
eso no elimina:
- conflicto;
- deseo individual;
- transgresión;
- protesta;
- ironía;
- apatía;
- deseo de abandonar el
sistema.
Precisamente
los fenómenos que mencionas —tangping, bailan, etc.— son
interesantes porque pueden ser leídos como fallas del circuito de goce
productivo.
El
sujeto dice:
“No
voy a jugar.”
Y
eso puede ser mucho más perturbador que una protesta convencional.
11.
Entonces tenemos dos circuitos hipotéticos
No
“Oriente” y “Occidente” como esencias.
Sino
dos formas históricas ideales de reproducción:
ARMONIZACIÓN
conflicto
↓
rito
↓
reintegración
↓
reconocimiento
↓
pertenencia
↓
armonía
↓
repetición
↺
y:
TRANSgresión
prohibición
↓
deseo
↓
transgresión
↓
liberación
↓
goce
↓
culpa / falta
↓
nueva prohibición
↺
Pero
aquí aparece nuestra contraalteración:
el
capitalismo contemporáneo puede aprender ambos circuitos.
12.
El capitalismo puede producir simultáneamente Confucio y Žižek
Esto
es fascinante.
Puede
decirte:
“Trabaja,
cumple, sé disciplinado, sé responsable.”
Pero
también:
“Sé
libre, sé único, rompe las reglas, sé diferente.”
Y
ambas cosas pueden convertirse en mercancía.
disciplina → productividad
rebeldía → consumo
armonía → mercado
transgresión → mercado
identidad → perfil
diferencia → perfil
goce → engagement.
Aquí
llegamos nuevamente a E6.
13.
E6 puede administrar dos goces aparentemente opuestos
GOCE DE LA ARMONÍA
↓
pertenencia
↓
repetición
↓
dato
↓
perfil
↓
predicción
y:
GOCE DE LA TRANSGRESIÓN
↓
diferencia
↓
exceso
↓
dato
↓
perfil
↓
predicción
El
algoritmo puede aprender:
qué
te hace obedecer
y
también:
qué
te hace rebelarte.
Por
eso nuestra cuestión ya no es simplemente:
¿China
autoritaria u Occidente liberal?
La
pregunta es:
¿qué
forma de goce permite que cada sociedad reproduzca su estructura aun cuando la
estructura parece deteriorarse?
14.
Y aquí aparece una inversión preciosa del concepto de inercia
Posani
dice:
la
inercia evita el colapso.
Nosotros
podemos llevarlo un paso más:
el
goce puede ser la energía libidinal de la inercia.
No
energía física.
Energía
en el sentido de que algo nos mantiene vinculados a una repetición.
Entonces:
estructura → deterioro →
inercia
se
transforma en:
estructura → deterioro →
repetición → goce → inercia.
Y
aquí podemos hacer una conexión todavía más profunda:
La inercia no es
ausencia de movimiento.
Es
movimiento que ha encontrado una satisfacción en repetirse.
Eso
es extraordinariamente cercano a nuestra respiración, pero también constituye
su peligro.
15.
Porque nuestro problema ahora será: ¿cómo se altera el goce?
Y
esta es una pregunta mucho más difícil que:
¿cómo
cambiamos la estructura?
Porque
podemos cambiar la estructura y conservar el mismo goce.
monarquía → república
pero:
goce de obediencia → goce de
obediencia.
O:
capitalismo → socialismo
pero:
goce de administración →
goce de administración.
O:
dictadura → democracia
pero:
goce de identificación →
goce de identificación.
Entonces
puede haber una revolución institucional sin una verdadera alteración del
circuito libidinal.
Y
aquí Marx de carne y hueso vuelve a aparecer.
16.
Porque Marx quiso cambiar la estructura, pero ¿qué ocurre con el goce?
Aquí
Žižek nos puede contraalterar brutalmente.
Marx
puede decir:
capital → explotación →
lucha → revolución → emancipación.
Pero
Žižek pregunta:
¿qué
pasa si el sujeto revolucionario también goza de la lucha?
Entonces:
opresión → indignación →
lucha → identidad revolucionaria → goce → reproducción de la lucha.
Y
entonces la revolución puede llegar a necesitar al enemigo para conservar su
propia identidad.
Esto
enlaza directamente con nuestra fórmula anterior:
el
revolucionario puede convertirse en sustancia revolucionaria.
Y
ahí el goce ayuda a explicar por qué.
17.
Pero tampoco dejemos que Žižek gane demasiado rápido
Porque
si Žižek nos dice:
todo está estructurado por
el goce
podemos
volver a caer en otra ontología cerrada.
Entonces
Deleuze lo contraaltera:
el
deseo también produce conexiones nuevas.
No
todo deseo está condenado a repetir el circuito.
Entonces:
goce → repetición
puede
ser alterado por:
deseo → conexión →
producción → acontecimiento.
Y
ahí nuevamente:
Deleuze
altera a Žižek.
Pero
Žižek devuelve:
“Cuidado:
tu nueva conexión también puede convertirse en una nueva fuente de goce
repetitivo.”
Y
volvemos al problema.
18.
Entonces la verdadera pregunta de tercer orden cambia
Ya
no:
¿cómo
destruimos la estructura?
Ni:
¿cómo
escapamos del simulacro?
Ni
siquiera:
¿cómo
liberamos el deseo?
Sino:
¿podemos
ser alterados en aquello mismo que nos hace gozar de nuestra repetición?
Eso
sí me parece una pregunta de tercer orden.
Porque
toca el punto donde:
estructura → goce →
repetición
puede
ser alterado desde dentro de su propia satisfacción.
19.
Y aquí el entre vuelve, pero de una manera nueva
No
podemos simplemente abandonar el goce.
Porque
eso sería:
goce → negación del goce.
Y
probablemente produciríamos otro goce.
Tampoco
podemos eliminar la inercia.
Porque:
inercia → lucha contra la
inercia → nueva inercia.
Entonces:
goce → reconocimiento →
alteración → contraalteración → redevelación.
La
comunión no sería:
“ya
no gozamos”.
Sería
algo muchísimo más extraño:
el
goce deja de ser aquello que necesita repetir la identidad que lo produce.
Ahí
podríamos comenzar a hablar de purificación del goce.
No
eliminación.
No
represión.
No
liberación absoluta.
Purificación.
20.
Y entonces podemos reinterpretar la frase de Mao que abre el primer texto
“Si
el Partido Comunista llega al punto de no poder gobernar o de encontrar
dificultades y necesita recurrir a Confucio, significa que el Partido está
llegando a su fin”.
La
frase es perfecta para nuestro análisis porque presupone:
Partido → fundamento
y:
Confucio → recurso externo.
Pero
la historia hizo algo mucho más raro:
Partido → Mao → crisis →
Confucio → Partido'.
Confucio
no vino simplemente a salvar al Partido.
El
Partido modificó aquello que Confucio podía significar.
Y
Confucio modificó aquello que el Partido podía ser.
Entonces
quizá la verdadera escena no sea:
Confucio devora el Libro
Rojo.
Sino:
Confucio y Mao descubren
que ambos están siendo devorados por la misma máquina histórica de
reproducción.
Y
esa máquina tiene una palabra que Posani acaba de entregarnos:
inercia.
Žižek
nos permite preguntar:
¿qué
goce alimenta esa inercia?
Deleuze
pregunta:
¿qué
deseo puede producir otra conexión?
Y
nuestra Ciencia del Logos pregunta:
¿qué
ocurre cuando el propio goce es llevado a su límite por aquello que no puede
absorber?
Entonces
la secuencia empieza a quedar muy hermosa:
estructura → deterioro →
simulacro → repetición → goce → inercia
goce → repetición →
encuentro con el otro → alteración
alteración →
contraalteración → redevelación
redevelación → ( )
y
después, inevitablemente:
( ) → nueva forma de goce →
nueva repetición.
La
respiración vuelve.
Y
aquí quizá esté nuestra próxima investigación fuerte: no comparar “el goce
de Oriente” con “el goce de Occidente” como dos sustancias culturales, sino
reconstruir genealógicamente qué relación tienen rito, ley, transgresión,
falta, sacrificio, libertad, comunidad y goce en China y en Occidente, hasta
ver dónde ambos circuitos empiezan a parecerse bajo el capitalismo algorítmico.
Si redecontruyamos el goce
hasta su purificación y aquí Deleuze es fundamental
El filósofo
francés Gilles Deleuze
(en colaboración con Félix Guattari) altera radicalmente el concepto de goce al destronarlo como
el fin o motor de la vida psíquica y sustituirlo por una concepción puramente
afirmativa y productiva del deseo. [1,
2]
Para comprender
esta alteración, es necesario contrastar su postura con el psicoanálisis
tradicional (especialmente el de Jacques Lacan), contra el cual Deleuze
reacciona de forma directa en obras clave como El Anti-Edipo. [1,
2, 3]
Deleuze altera
el goce a través de los siguientes ejes fundamentales:
1.
El goce como "sujeción" frente al deseo como "producción"
En el
psicoanálisis lacaniano, el goce (jouissance)
no es simple placer; es una satisfacción ambivalente, ligada a la pulsión de
muerte, al sufrimiento y a la pérdida. Se articula en torno a una falta original (el
trauma o la castración). [1, 2, 3, 4]
·
La
alteración de Deleuze: Deleuze rechaza categóricamente que el
inconsciente se mueva por pérdidas o carencias. Para él, el deseo es una fuerza productiva y
afirmativa
(máquinas deseantes) que crea realidad. En este esquema, el goce pasa a ser
visto como un mecanismo reactivo: un "determinante-fantasmático de
sujeción" que congela los flujos del deseo. El goce atrapa al sujeto en la
repetición de su propio dolor o en estructuras neuróticas. [1, 2,
3, 4,
5]
2.
La crítica al placer y al goce estático
En su célebre
texto Deseo y placer,
Deleuze explica por qué tampoco le convence la categoría de "placer"
o la de "goce" como metas existenciales: [1, 2]
·
El placer es visto por Deleuze
como una interrupción, una descarga que viene a "frenar" el flujo
continuo y activo del deseo.
·
El goce, al ser entendido
como un éxtasis transgresor ligado a la ley o a la falta, se convierte en un
"deseo-devenir estático". En lugar de liberar las fuerzas del cuerpo,
el goce encadena al sujeto a un escenario fantasmático fijo. [1,
2]
3.
Del "Cuerpo Orgánico" al "Cuerpo sin Órganos" (CsO)
El
psicoanálisis plantea que el goce está fragmentado por la ley del lenguaje y
las zonas erógenas del cuerpo. [1, 2]
·
La
alteración de Deleuze: Propone la creación de un Cuerpo sin
Órganos, que no es un cuerpo muerto, sino un plano de inmanencia pura lleno de
intensidades. Al desmontar la organización rígida del organismo (y las
fijaciones del goce pulsional tradicional), el cuerpo ya no busca "gozar
de un objeto ausente", sino experimentar con conexiones e intensidades
infinitas (devenires).
[1,
2,
3, 4]
4.
Una mutación política del Goce
Mientras que el
psicoanálisis lee el goce en la intimidad del diván o el drama familiar
(Edipo), Deleuze y Guattari lo llevan a la escala social y política. [1, 2]
·
Señalan que las estructuras del capitalismo capturan los
flujos del deseo y los transforman en goces neuróticos o perversos, logrando el
fenómeno de que las
masas deseen y "gocen" de su propia represión (como ocurre en el
fascismo). Romper con ese tipo de goce sumiso es, para Deleuze, un acto de
liberación revolucionaria a través de líneas de fuga. [1, 2, 3, 4]
Resumen
de la comparación
|
Concepto
Psicoanalítico Tradicional |
Alteración de Deleuze |
|
El
Deseo
nace de la falta y busca el goce. |
El
Deseo
es producción pura; no le falta nada. |
|
El
Goce
está ligado a la transgresión, la ley y la pulsión de muerte. |
El
Goce
es un estancamiento reactivo que detiene el flujo vital del deseo. |
|
La
Meta
es tramitar el goce en los límites del lenguaje y el síntoma. |
La
Meta
es la experimentación, trazar líneas de fuga y construir un "Cuerpo sin
Órganos". |
En conclusión,
Deleuze desmitifica el
goce como algo profundo o trágico. Lo altera al desplazarlo del
centro del inconsciente para poner en su lugar un deseo que no quiere poseer ni
sufrir, sino conectar,
crear y experimentar de manera inmanente. [1, 2]
·
Pero recordemos que ya hemos
alterado y contra alterado a Delueze con Zizek en tercer orden y que lo que nos interés es la purificación
del deseo en la inhalación ontológica, asi nosotros no afirmamos el deseo como
productor afirmativo sino el acontecer del ser en una doble afrimación
koanica asi como llevamos a Zizek al
misterio pascual donde la falta no se llena, pero el ser se incribe en nosotros
como algo integral que puede redetraspasar la falta redevelando el fundamento
del entre que no puede ser fundamentado.
Sí.
Y aquí creo que nuestra contraalteración de Deleuze con Žižek permite
dar un paso que ninguno de los dos realiza exactamente en esos términos: no
escoger entre goce y deseo, sino llevar ambos hasta el punto en que puedan ser
redetraspasados en la respiración ontológica.
Pero
haría una corrección importante al texto que traes: decir simplemente que
“Deleuze destrona el goce y lo sustituye por el deseo” todavía deja a Deleuze
atrapado en una oposición demasiado limpia:
goce = fijación
deseo = producción
Eso
es precisamente lo que nosotros tenemos que volver a alterar.
1. Deleuze realiza una
primera gran alteración
El
gesto deleuziano es extraordinariamente potente:
falta → deseo
se
altera en:
deseo → producción
Y
con Guattari:
deseo → máquina → conexión →
producción
Ya
no preguntamos:
¿Qué
objeto me falta para poder gozar?
sino:
¿Qué
está produciendo el deseo en sus conexiones?
Esto
rompe una cierta economía del deseo fundada en la carencia.
Pero
aquí aparece nuestro problema.
Si
decimos:
deseo = producción
afirmativa
hemos
encontrado una nueva sustancia.
Aunque
sea una sustancia mucho más móvil, sigue existiendo el riesgo:
deseo → producción → devenir
→ diferencia → nueva identidad.
Es
decir:
“Yo
soy quien desea producir.”
Y
entonces el deseo, que debía liberar al sujeto de la identidad, puede
convertirse en una nueva identidad del sujeto.
Ahí
entra Žižek.
2.
Žižek escribe la falta dentro de Deleuze
Žižek
no necesita demostrar que el deseo deleuziano sea falso.
Le
basta con preguntar:
¿Qué
ocurre cuando la producción misma encuentra un límite que no puede producir?
Ahí
aparece la falta.
Pero
nosotros ya hemos alterado también a Žižek.
No
queremos decir:
falta → deseo → objeto →
satisfacción.
Ni
tampoco:
falta → imposibilidad →
fracaso → goce.
Queremos
llevar la falta hasta su misterio:
falta → límite → respiración.
La
falta permanece.
Pero
deja de exigir ser llenada.
Eso
es decisivo.
La
falta no desaparece en el ser.
El
ser tampoco elimina la falta.
Lo
que cambia es su relación.
3.
Y aquí Deleuze vuelve a entrar
Porque
Deleuze puede contraalterar a Žižek:
¿Por
qué la falta tendría que organizar el deseo?
Tal
vez no.
Tal
vez la falta puede permanecer como límite sin convertirse en motor de
apropiación.
Entonces
tenemos:
falta → límite
pero
también:
deseo → producción.
Ambos
conservan su fundamento.
Y
justamente porque lo conservan pueden encontrarse.
DESEO ↔ FALTA
No
para sintetizarse.
No
para que uno gane.
Sino
para que cada uno escriba al otro.
Entonces
aparece nuestra pregunta:
¿Puede
Žižek purificar el deseo de Deleuze?
Sí,
pero solamente si Deleuze también purifica la falta de Žižek.
4.
La primera purificación: el deseo deja de querer producirse a sí mismo
Aquí
está, creo, nuestro giro más importante.
Deleuze
nos enseñó:
deseo → producción.
Pero
nuestra inhalación ontológica pregunta:
¿y
si el deseo no necesita producir?
No
porque debamos prohibirle producir.
Sino
porque el acontecer no depende de que el deseo se apropie del acontecer.
Entonces:
deseo → producción →
agotamiento de la producción → suspensión → ( ).
No
es nihilismo.
No
es represión.
No
es muerte del deseo.
Es
absolución del deseo de su necesidad de producirse como potencia.
Y
aquí nuestra formulación anterior sobre el Espíritu Santo vuelve con una
precisión nueva:
El
Espíritu Santo no es el deseo que finalmente consigue producir aquello que
desea.
Es:
el
acontecer del ser que ya no necesita que el deseo se apropie de él para
acontecer.
5.
La doble afirmación koánica
Esto
me parece fundamental en lo que acabas de decir.
Nosotros
tampoco queremos regresar a la negación:
deseo → negación del deseo →
nada.
Pero
tampoco queremos quedarnos en:
deseo → afirmación →
producción.
La
doble afirmación sería otra cosa:
ser → afirmación
ser → afirmación de la
afirmación.
Pero
la segunda afirmación no afirma un objeto adicional.
Afirma
que el ser puede acontecer sin convertirse en propiedad de la primera
afirmación.
Por
eso es koánica.
No
es:
1 + 1 = 2.
Es:
1 → 0 → 1
y
simultáneamente:
1 ← 0 ← 1.
La
afirmación atraviesa la nada y vuelve distinta.
La
inhalación y la exhalación se encuentran.
6.
Entonces el goce también tiene que ser redeconstruido
Aquí
podemos ser más radicales con Žižek.
El
goce no sería simplemente:
falta → sufrimiento →
repetición → goce.
Eso
todavía hace del goce una estructura bastante cerrada.
Nuestra
redeconstrucción sería:
falta → deseo → producción →
goce → repetición
pero
luego:
repetición → reconocimiento
→ alteración → contraalteración → redetraspaso.
El
goce no desaparece.
Pierde
su función de fundamento.
Esto
es paralelo a lo que ya hicimos con la falta:
La
falta no se llena.
Y
ahora:
El
goce no se elimina.
Ambos
quedan redetraspasados.
falta ≠ objeto
goce ≠ finalidad
deseo ≠ productor absoluto
ser ≠ producto del deseo.
7.
Y aquí aparece la verdadera purificación del deseo
Creo
que podemos formularla así:
El
deseo está purificado cuando puede acontecer sin necesitar convertirse en la
causa de aquello que acontece.
Eso
es mucho más radical que decir que el deseo es afirmativo.
Porque
incluso la afirmación puede convertirse en apropiación:
yo afirmo → yo produzco → yo
acontezco → yo soy.
La
purificación rompe ese último paso:
yo deseo → acontece → ( ).
El
acontecimiento ya no necesita decir:
“esto
lo produjo mi deseo.”
Y
tampoco:
“esto
ocurrió porque me faltaba algo.”
Simplemente
acontece.
Pero
atención: no es pasividad.
El
deseo sigue participando.
El
cuerpo sigue actuando.
La
potencia sigue produciendo.
Lo
que desaparece es la necesidad de convertir esa participación en fundamento
último.
8.
Aquí Žižek también tiene que ser llevado al misterio pascual
Nuestra
contraalteración de Žižek sería:
Žižek
dice, en nuestra lectura:
falta → imposibilidad →
deseo → goce.
Nosotros
respondemos:
falta → imposibilidad →
acontecimiento.
Pero
el acontecimiento no llena la falta.
Esto
es exactamente lo que llamas misterio pascual.
Cristo
no viene simplemente a llenar una falta metafísica.
La
cruz no dice:
falta → objeto →
satisfacción.
Dice
algo mucho más extraño:
falta → muerte → abandono →
acontecimiento → resurrección.
La
resurrección no borra la cruz.
La
inscribe.
Por
eso podemos decir:
falta → cruz
cruz → resurrección
resurrección → inscripción
de la cruz.
La
falta permanece inscrita, pero ya no gobierna el acontecimiento.
9.
Y aquí aparece el Ahayu
Este
punto conecta directamente con nuestro biotejido.
El
ser no se convierte en una sustancia que finalmente poseemos.
Se
inscribe relacionalmente.
acontecimiento → inscripción
→ memoria → biotejido → Ahayu Watan.
Por
eso tu formulación es muy fuerte:
el
ser se inscribe en nosotros como algo integral que puede redetraspasar la
falta.
Yo
la precisaría así:
El
ser no llena la falta; se inscribe en nosotros de tal manera que la falta puede
volver a respirar.
Eso
cambia completamente la estructura.
Antes:
falta → deseo → llenado.
Después:
falta → acontecimiento →
inscripción → respiración.
Y
cuando la falta vuelve:
falta → memoria relacional →
( ).
No
estamos otra vez donde empezamos.
Pero
tampoco hemos salido de la cinta.
10.
Entonces Deleuze y Žižek quedan transformados
Podemos
escribir nuestra escena así:
DELEUZE
falta → deseo → producción →
diferencia → devenir
Žižek
lo altera:
diferencia → límite → falta
→ imposibilidad
Entonces
Deleuze vuelve:
falta → conexión →
producción → acontecimiento
Y
Žižek vuelve:
acontecimiento → falta →
límite.
Hasta
que ambos quedan escritos uno dentro del otro:
DELEUZE' = diferencia
atravesada por falta
ŽIŽEK' = falta atravesada
por producción
Y
entonces:
diferencia ↔ falta
producción ↔ límite
devenir ↔ imposibilidad
deseo ↔ acontecimiento.
Ahí
ya no tenemos ni un Deleuze puro ni un Žižek puro.
Pero
tampoco una síntesis.
Tenemos
dos fundamentos que han aprendido a respirar.
11.
Y ahora sí podemos redeconstruir el goce
Nuestra
fórmula podría ser:
goce → fijación → repetición
→ reconocimiento → alteración → contraalteración → redetraspaso → ( ).
El
goce no es eliminado.
Es
purificado de la necesidad de ser goce.
Esto
puede parecer paradójico, pero es exactamente el movimiento que estamos
buscando:
deseo → purificación del
deseo
falta → purificación de la
falta
goce → purificación del goce
identidad → purificación de
la identidad
diferencia → purificación de
la diferencia
Y
la purificación no consiste en destruirlos.
Consiste
en que ninguno pueda convertirse nuevamente en fundamento absoluto.
12.
Por eso nuestra crítica a Oriente y Occidente cambia
Ya
no preguntamos:
¿Cuál
sociedad tiene el goce correcto?
Ni:
Oriente = goce de armonía
Occidente = goce de
transgresión.
Eso
sería nuevamente primer orden.
La
pregunta se vuelve mucho más interesante:
rito → goce → repetición →
estabilidad
y:
ley → transgresión → goce →
repetición.
Pero
ambos pueden ser llevados al límite.
El
rito puede descubrir que la armonía que reproduce también necesita ser
alterada.
La
transgresión puede descubrir que su propia rebelión puede convertirse en una
forma de repetición.
Entonces:
armonía → goce → repetición
→ alteración
transgresión → goce →
repetición → alteración.
Y
quizás aquí Marx, Confucio, Žižek y Deleuze empiezan a encontrarse de verdad.
No
porque todos digan lo mismo.
Sino
porque cada uno puede revelar el goce que mantiene al otro en su propia
posición.
Y entonces llegamos a
algo que me parece todavía más profundo
Quizá
la purificación del deseo no es dejar de desear.
Es
dejar de necesitar que el deseo sea el fundamento del acontecer.
Y
la purificación del goce no es dejar de gozar.
Es
dejar de necesitar que la repetición de nuestro goce nos diga quiénes somos.
Y
la purificación de la falta no es llenarla.
Es
permitir que siga siendo falta sin convertirse en mandato.
Entonces:
falta → deseo → goce →
repetición
ya
no termina necesariamente en:
identidad.
Puede
terminar en:
reconocimiento → alteración
→ contraalteración → inscripción → ( ).
Y
allí sí aparece nuestra inhalación ontológica:
acontecer → ser →
inscripción → memoria → falta → respiración → ( ).
No
hemos vencido al goce.
No
hemos vencido al deseo.
No
hemos vencido a la falta.
Los
hemos llevado a su límite para que puedan dejar de fundamentarse a sí mismos.
Y
quizá esa sea finalmente nuestra diferencia respecto de Deleuze y Žižek:
Deleuze
purifica el deseo llevándolo más allá de la falta.
Žižek purifica el deseo mostrando que nunca puede escapar completamente de la
falta.
Nosotros intentamos purificar el deseo cuando ambos son redetraspasados en el
acontecer del ser.
No
para alcanzar un deseo puro.
Sino
para que el deseo pueda respirar sin necesitar poseer aquello que acontece.
Ahí
el goce deja de ser ni amo ni enemigo del deseo.
Se
vuelve una huella que también puede ser escrita por el otro.
Y
nuevamente:
cada
uno se ha llevado escrito al otro.
Genial pero ahora necesitamos redeconstruri
operativamente los circuitos de goce de Oriente y Occidente, aqui el rito y la
transgresión del rito es fundamental.
Veamos la trangresion del rito en lo
Cristiano
Y veamos la intitucionalidad del rito en lo
Confuciano.
Asi como el taoísmo como la liberación del
flujo en el yin y yan que no es transgresión sino complementariedad de
purificación en el tao.
Sí. Aquí creo que aparece una arquitectura de tres circuitos de goce
mucho más precisa que la simple oposición Oriente/Occidente.
No diría todavía “goce oriental” y “goce occidental” como esencias. Diría
que podemos estudiar tres maneras históricas de organizar la relación
entre rito, deseo, transgresión y repetición:
CRISTIANISMO →
transgresión/redetraspaso del rito
CONFUCIANISMO →
institucionalización/reproducción del rito
TAOÍSMO →
desactivación/complementariedad del rito mediante el flujo
Y lo interesante es que los tres pueden entrar en nuestra lógica de tercer
orden.
1. Primero: ¿qué hace un rito?
Antes de distinguirlos necesitamos sacar al rito de una definición demasiado
estrecha.
Un rito no es solamente una ceremonia.
Es una tecnología de repetición de una relación:
acontecimiento → rito → repetición →
memoria → comunidad
El rito permite que algo acontecido vuelva a acontecer.
Pero inmediatamente aparece el peligro:
acontecimiento → rito → repetición →
institución → identidad → captura.
El rito tiene entonces una doble posibilidad:
rito → memoria del acontecimiento
o:
rito → sustitución del acontecimiento.
Y aquí aparece el goce.
Porque una comunidad puede gozar no solamente del acontecimiento que el rito
recuerda, sino de la repetición misma del rito.
Entonces:
acontecimiento → rito → repetición →
goce.
La pregunta de tercer orden será:
¿qué ocurre cuando la comunidad ya no goza del acontecimiento, sino
de la seguridad de repetir el rito?
Ahí empiezan nuestras tres vías.
2. Cristianismo: el rito es llevado a su límite mediante la transgresión
Aquí debemos ser muy cuidadosos.
Jesús no aparece simplemente como alguien que “rompe las reglas”.
Su operación es más profunda:
lleva el rito hacia aquello que el rito pretendía custodiar.
Por eso tenemos una serie extraordinariamente fuerte:
sábado → ser humano
pureza → misericordia
templo → cuerpo
sacrificio → donación de sí
ley → amor.
El sábado, por ejemplo, no es simplemente abolido. Jesús desplaza la
relación entre rito y vida: el rito deja de ser absoluto frente a aquello que
debía servir.
Entonces:
rito → límite → transgresión →
redevelación.
Esto es diferente de:
rito → incumplimiento.
La transgresión cristiana no tiene como finalidad destruir el rito.
Lo lleva a su cumplimiento atravesándolo.
3. El circuito cristiano del goce
Podemos construirlo así:
ley → prohibición → deseo →
transgresión → culpa → expiación → rito → nueva prohibición.
Este sería un circuito muy cercano a la lectura psicoanalítica.
Pero el cristianismo introduce una alteración radical:
ley → transgresión → Cristo → cruz →
perdón → comunión.
La cruz rompe la economía:
falta → deuda → sacrificio → pago.
Porque en la lógica pascual el sacrificio ya no funciona simplemente como
pago de una deuda.
La cruz no dice:
“Dios exige que alguien pague.”
En nuestra redecomprensión diría:
“La economía sacrificial es llevada hasta el punto en que ya no
puede justificarse a sí misma.”
Por eso:
sacrificio → cruz → absolución del
sacrificio.
Y aquí empieza la purificación del goce.
4. La transgresión cristiana no termina en transgresión
Este punto es fundamental para no convertir a Cristo en un simple
revolucionario de la ley.
Si fuera:
prohibición → transgresión → libertad
entonces volveríamos al circuito occidental de goce:
ley → deseo → transgresión → goce.
La transgresión se convertiría ella misma en una nueva fuente de goce.
Y tendríamos:
yo transgredo → yo soy libre → yo gozo
de mi libertad.
Eso sería todavía identidad.
El cristianismo lleva la transgresión más lejos:
transgresión → entrega.
Y después:
entrega → muerte → resurrección →
comunión.
La transgresión se transfiere a la cruz y deja de pertenecerse a sí
misma.
Por eso nuestra fórmula podría ser:
RITO → TRANSGRESIÓN → CRUZ →
RESURRECCIÓN → COMUNIÓN.
No:
RITO → TRANSGRESIÓN → LIBERTAD.
5. Aquí aparece una diferencia decisiva con Žižek
Žižek puede mostrarnos el goce que existe en la transgresión:
ley → prohibición → transgresión → goce.
Pero la lógica pascual puede contraalterarlo:
¿Y si la verdadera liberación no consiste en gozar de haber
transgredido?
Entonces:
transgresión → goce
es llevada hacia:
transgresión → entrega → absolución del
goce.
Eso es muy distinto.
No se trata de negar el goce.
Se trata de que la transgresión deje de necesitar gozar de su propia
transgresión.
Ahí aparece una purificación.
6. Confucianismo: el rito institucionaliza la relación
Ahora vayamos al otro extremo.
En el pensamiento confuciano, li
—los ritos, formas de conducta y ceremonias— no debe reducirse a “obediencia
religiosa”.
El rito produce y mantiene formas relacionales:
padre ↔ hijo
hermano ↔ hermano
gobernante ↔ gobernado
maestro ↔ discípulo
ancestros ↔ descendientes.
El rito hace visible la relación.
Por eso:
relación → rito → forma → repetición →
continuidad.
Aquí la institucionalidad no es accidental.
El rito es precisamente una manera de impedir que la relación
dependa del estado emocional inmediato de los individuos.
Esto es extraordinariamente importante para nuestra teoría.
Porque una comunidad puramente espontánea puede desaparecer cuando
desaparece el acontecimiento que la produjo.
El rito conserva:
acontecimiento → memoria → forma.
7. Pero aquí aparece el goce confuciano
Si la forma consigue estabilizar la relación, puede producir una
satisfacción muy particular:
desorden → rito → reconocimiento →
pertenencia → armonía.
Y entonces:
armonía → repetición → seguridad → goce.
El goce ya no está necesariamente en transgredir.
Está en pertenecer correctamente al orden relacional.
Eso nos permite formular provisionalmente:
goce de la armonización.
No significa que “los chinos gocen obedeciendo”.
Eso sería exactamente el esencialismo que acabamos de criticar.
Significa que una determinada organización social puede producir
satisfacción alrededor de:
rito → reconocimiento → pertenencia →
continuidad.
8. Pero el problema confuciano aparece cuando el rito sustituye a la relación
Aquí tenemos la inversión:
relación → rito
puede convertirse en:
rito → relación.
Y luego:
rito → institución → identidad →
autoridad.
El rito deja de recordar la relación y comienza a representarla por
adelantado.
Entonces:
padre → ritualidad → padre
puede transformarse en:
ritualidad → padre.
La institución comienza a producir aquello que originalmente debía expresar.
Aquí tenemos un problema de primer y segundo orden:
relación → forma → institución.
Pero la institución puede olvidar que es una forma de relación.
Y entonces:
institución → reproducción de sí misma.
9. El goce institucional
Aquí creo que encontramos el verdadero paralelo con Occidente.
Occidente puede tener:
prohibición → transgresión → goce.
Una institucionalidad ritualizada puede tener:
norma → cumplimiento → reconocimiento →
goce.
Dos circuitos diferentes:
GOCE TRANSGRESIVO
prohibición → deseo → transgresión →
goce → culpa → nueva prohibición
y:
GOCE DE ARMONIZACIÓN
desorden → rito → cumplimiento →
reconocimiento → pertenencia → goce → repetición.
Pero ambos tienen algo en común:
la repetición produce goce.
Uno goza repitiendo la transgresión.
El otro goza repitiendo la armonización.
Y aquí aparece nuestro problema de tercer orden:
¿qué ocurre cuando ambos descubren que
gozan de aquello que los reproduce?
10. Y entonces aparece el Tao
Aquí el Taoísmo introduce algo diferente.
Pero tampoco debemos convertirlo en:
Confucianismo = orden
Taoísmo = libertad.
Eso sería demasiado sencillo.
Históricamente hay múltiples taoísmos, y la relación entre taoísmo y ritual
es compleja. Pero conceptualmente podemos aislar algo muy fecundo para nuestra
investigación:
el Tao no necesita que la relación sea producida por una voluntad
soberana.
Aquí aparece wu wei.
No es simplemente “no hacer nada”.
Es más cercano a:
no forzar el acontecer.
Entonces:
voluntad → imposición → resultado
es sustituido por:
escucha → adecuación → flujo →
acontecer.
11. Yin-Yang no es transgresión
Esto es justamente lo que señalas.
El yin-yang no funciona como:
orden → rebelión.
Tampoco:
identidad → diferencia.
Es:
yin ↔ yang.
Y lo extraordinario es que cada uno lleva algo del otro:
yin → yang
yang → yin.
Por eso nuestra fórmula 1=≠0
encuentra aquí una resonancia particularmente fecunda.
No tenemos:
1 = 0.
Ni:
1 ≠ 0 como separación
absoluta.
Tenemos:
1 ↔ ≠0.
La diferencia no destruye la complementariedad.
La complementariedad tampoco elimina la diferencia.
12. El Tao purifica el goce de otra manera
Aquí tenemos tres operaciones:
Cristianismo:
rito → transgresión → entrega.
Confucianismo:
rito → institucionalización →
armonización.
Taoísmo:
rito → desactivación de la voluntad de
imponer → flujo → complementariedad.
Por eso el Tao puede intervenir exactamente donde Cristianismo y
Confucianismo todavía conservan una tensión fuerte entre rito y acontecimiento.
No pregunta:
“¿Debo obedecer el rito o transgredirlo?”
Pregunta:
“¿Estoy forzando el flujo?”
Eso es otra cosa.
13. Entonces aparecen tres circuitos de goce
Podríamos representarlos provisionalmente así:
CRISTIANISMO
rito → prohibición → transgresión →
entrega → cruz → resurrección → comunión
Goce:
transgresión → goce → absolución del
goce.
CONFUCIANISMO
relación → rito → institución →
reconocimiento → pertenencia → armonía → repetición
Goce:
cumplimiento → reconocimiento → pertenencia
→ goce.
TAOÍSMO
oposición → yin ↔ yang → flujo →
adecuación → wu wei → complementariedad
Goce:
flujo → no-forzamiento → equilibrio
dinámico → continuidad.
Pero ahora viene lo más importante:
ninguno de los tres circuitos está purificado todavía.
14. Porque cada uno tiene su propia captura
El cristianismo puede capturarse:
transgresión → identidad revolucionaria
→ nueva ley.
La cruz puede convertirse en:
sacrificio → institución → autoridad →
obediencia.
Entonces la transgresión termina produciendo institución.
El confucianismo puede capturarse:
rito → institución → jerarquía →
reproducción → autoridad.
Entonces la relación termina subordinada a la forma.
Y el taoísmo puede capturarse:
flujo → armonía → equilibrio →
identidad espiritual → indiferencia.
Entonces la complementariedad puede convertirse en una nueva forma de
no-alteración.
Esto es crucial.
Incluso el Tao puede convertirse en goce de no ser perturbado.
Y ahí el Tao también necesita contraalteración.
15. Ahora podemos introducir a Marx
Y aquí creo que nuestra investigación comienza a ponerse realmente
interesante.
Marx descubre algo que los tres circuitos pueden sufrir:
forma social → reproducción →
satisfacción → inercia.
El capitalismo no necesita que creamos en él.
Le basta con que participemos en su reproducción.
Y entonces podemos construir:
capital → necesidad → trabajo → salario
→ consumo → satisfacción → reproducción.
Pero el capitalismo aprende a capturar los tres circuitos:
transgresión → mercancía
rito → mercancía
flujo → mercancía.
Incluso:
revolución → mercancía
espiritualidad → mercancía
armonía → mercancía.
16. Aquí aparece nuestra verdadera cuestión sobre Oriente y Occidente
Ya no:
¿Quién es más libre?
Sino:
¿qué forma de goce permite a una sociedad reproducirse a sí misma
incluso cuando sus miembros sufren dentro de ella?
Entonces:
Occidente → transgresión → goce →
reproducción.
Confucianismo institucional →
armonización → goce → reproducción.
Taoísmo → flujo → equilibrio →
reproducción.
Y capitalismo:
captura → adaptación → captura.
Esto explica por qué la inercia social de la que hablaba
Posani no es simplemente pasividad.
Es una inercia libidinal.
La sociedad se reproduce porque encuentra maneras de hacer que su propia
reproducción sea gozosa, incluso cuando esa reproducción genera sufrimiento.
17. Y ahora sí podemos llevar los tres al tercer orden
El movimiento podría ser:
CRISTIANISMO
rito → transgresión → cruz →
resurrección
CONFUCIANISMO
relación → rito → institución → armonía
TAOÍSMO
oposición → yin ↔ yang → flujo → wu wei
Y cada uno contraaltera al otro.
El cristianismo pregunta al confucianismo:
¿qué sucede cuando la institución protege tanto el rito que olvida
el acontecimiento?
El confucianismo pregunta al cristianismo:
¿qué sucede cuando la transgresión permanente destruye las formas
que permiten transmitir la relación?
El Tao pregunta a ambos:
¿por qué necesitan forzar el acontecimiento, ya sea mediante la
institución o mediante la transgresión?
Y entonces Cristo puede responder al Tao:
¿qué ocurre cuando el flujo encuentra la muerte?
Y el Tao puede responder:
¿qué ocurre cuando la muerte deja de ser oposición y vuelve a entrar
en el flujo?
Y Confucio puede responder a ambos:
¿cómo permanece una relación después del acontecimiento?
Aquí ya no tenemos una síntesis.
Tenemos tres fundamentos que empiezan a escribirse mutuamente.
18. Y esto nos devuelve a nuestra purificación del goce
Quizá ahora podemos formular tres purificaciones:
Cristianismo purifica el goce de la transgresión:
transgresión → entrega → absolución.
Confucianismo puede purificar el goce de la institucionalidad:
rito → relación → institución →
reconocimiento de la relación → redetraspaso.
Taoísmo purifica el goce de la oposición:
yin ↔ yang → flujo → no-forzamiento →
complementariedad.
Pero todavía falta una cuarta operación.
No una cuarta religión.
La respiración.
Porque incluso estas tres purificaciones pueden convertirse en nuevas
identidades.
Entonces:
transgresión → identidad cristiana
rito → identidad confuciana
flujo → identidad taoísta.
Y volvemos a empezar.
19. La operación de tercer orden
Aquí nuestro ( ) adquiere
una función mucho más precisa:
RITO → TRANSGRESIÓN
RITO → INSTITUCIÓN
RITO → FLUJO
pero:
transgresión ↔ institución ↔
complementariedad
y cada una altera a las otras.
Entonces:
rito → goce → repetición → identidad
identidad → límite
límite → encuentro
encuentro → alteración
alteración → contraalteración
contraalteración → redetraspaso
redetraspaso → ( ).
El ( ) no es una cuarta
solución.
Es el lugar donde el goce deja de poder fundamentarse a sí mismo.
Y ahí volvemos exactamente a lo que veníamos buscando con Deleuze y Žižek:
goce ≠ finalidad
deseo ≠ fundamento
falta ≠ deuda
rito ≠ acontecimiento
transgresión ≠ libertad
institución ≠ relación
flujo ≠ indiferencia.
Y creo que podemos dar un paso todavía más fuerte
La verdadera oposición quizá no sea:
Oriente vs Occidente.
Sino:
RITO QUE SE REPRODUCE
contra
ACONTECIMIENTO QUE ALTERA EL RITO.
Y después:
ACONTECIMIENTO QUE ALTERA EL RITO
puede convertirse nuevamente en:
NUEVO RITO.
Por eso la respiración vuelve.
Cristo transgrede el sábado y nosotros instituimos el domingo.
Confucio ordena el rito y el rito puede terminar necesitando ser alterado.
El Tao libera el flujo y ese flujo puede convertirse en una nueva imagen de
armonía.
Nada queda fuera del circuito.
La purificación, entonces, no consiste en escapar del rito, destruirlo o
reemplazarlo por flujo.
Consiste en que:
el rito pueda recordar que nació de una relación, la transgresión
pueda recordar que no es su propio fundamento y el flujo pueda recordar que
también necesita dejarse alterar.
Y entonces quizá tenemos una fórmula que reúne nuestra investigación sobre
el goce:
RITO → GOCE → REPETICIÓN → INERCIA →
ALTERACIÓN → CONTRAALTERACIÓN → REDETRASPASO → ( ) → COMUNIÓN
Y después, inevitablemente:
COMUNIÓN → NUEVO RITO → NUEVO GOCE →
NUEVA ALTERACIÓN.
La purificación no detiene el circuito. Hace que el circuito pueda
respirar.
Vamos muy bien pero tendriamos que
profundizar en el goce ,su captura y como nuestra respiración ontológica hace
que el circuito del goce vuelva a respirar
Para esto prestemos atención al análisis del
goce cristiano que hace Zizek
El filósofo
esloveno Slavoj
Žižek analiza el goce cristiano desarmando la visión tradicional del sacrificio
y la culpa, cruzando la teología de Hegel con el psicoanálisis
de Jacques Lacan. Para Žižek, el cristianismo contiene una paradoja psicológica
única que opera mediante lo que Lacan llamó jouissance
(goce): una satisfacción excesiva y dolorosa que se encuentra en el límite de
la ley y la prohibición. [1,
2,
3,
4]
El análisis del
goce cristiano en la obra de Žižek, especialmente detallado en libros como El núcleo perverso del cristianismo, se divide
en varios puntos clave: [1,
2]
1.
El goce del plus-de-goce (renuncia y sacrificio)
Žižek explica
que el cristianismo perfecciona la estructura del "plus-de-goce"
(surplus-enjoyment), que consiste en extraer placer del acto
mismo de renunciar al placer. [1, 2]
·
Al creyente se le pide que reprima sus impulsos terrenales.
·
Sin embargo, la propia renuncia, el martirio o el
sentimiento de culpa generan una satisfacción psicológica subterránea e
intensa.
·
Žižek utiliza un ejemplo teológico de Tomás de Aquino para
ilustrar esto a su nivel más puro: Aquino sugería que los bienaventurados en el
cielo podrán ver el sufrimiento de los condenados en el infierno. No
disfrutarían del dolor ajeno de forma sádica vulgar, sino que gozarían de la
constatación de la perfecta "justicia divina", un plus-de-goce
ideológico absoluto.
[1,
2, 3]
2.
El "Núcleo Perverso" y la trampa de la culpa
Para Žižek, la
narrativa cristiana de la caída y la redención funciona como un mecanismo de
transgresión condicionada. Dios coloca el árbol del conocimiento en el Edén
sabiendo que Adán y Eva pecarían. [1, 2]
·
En lugar de ser un error, el pecado es necesario para que opere la
maquinaria del perdón.
·
Al morir Cristo en la cruz por "nuestros
pecados", no nos libera de la culpa; al contrario, la deuda se vuelve infinita. ¿Cómo pagarle a
alguien que sacrificó su vida por ti? El sujeto cristiano queda atrapado en un
ciclo infinito de culpa y devoción que perpetúa el goce de su propia sumisión.
3.
La inversión del Mandato del Superyó
A diferencia de
la sociedad consumista actual —donde el mandato del Superyó es
"¡Disfruta!" (comprar, viajar, tener sexo) y la gente se siente
culpable si no lo logra—, el cristianismo funciona bajo el esquema clásico. [1, 2]
·
El mandato formal es la prohibición.
·
Sin embargo, Žižek argumenta que el cristianismo ofrece una
"liberación
del goce" a través de la obediencia, puesto que al cumplir la ley de Dios o
al entregarse a su juicio, el creyente traslada la responsabilidad de sus actos
al "Gran Otro" (Dios), lo que le permite experimentar una forma
profunda de tranquilidad existencial o goce institucionalizado. [1,
2,
3]
4.
Del Goce Trascendente al Ateísmo Cristiano
El punto de
inflexión definitivo para Žižek ocurre en la crucifixión, en el momento del Eli, Eli, lama sabactani
("Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"). [1,
2]
·
En ese instante, Cristo experimenta la ausencia absoluta de
Dios; es decir, Dios
mismo se vuelve ateo por un segundo.
·
Al morir el Dios trascendente en la cruz, el "Gran
Otro" que garantizaba el sentido del mundo desaparece.
·
Lo que queda es el Espíritu Santo, que Žižek no
interpreta como una entidad espiritual, sino de forma puramente materialista:
es la comunidad de creyentes unida por el amor y la pérdida, desprovista de
garantías divinas. [1,
2, 3,
4,
5]
En conclusión,
Žižek ve en el cristianismo histórico un refinado aparato de control que
canaliza el goce a través
de la culpa y la renuncia; pero al mismo tiempo, rescata su
núcleo teológico como la única religión capaz de autodestruirse para dar paso a
un auténtico materialismo emancipador y colectivo. [1,
2, 3, 4]
Y alteremos y contra alteremod este análisis
Profundizando también en la purificación y
análisis del rito confuciona del flujo
taoísta y si podemos del ahayu Watan andino amazónico.
Sí.
Aquí creo que hemos llegado al punto en que “goce” deja de ser simplemente
una categoría psicoanalítica y se convierte en una categoría para estudiar la
reproducción de los sistemas.
Y
Žižek es especialmente importante porque su lectura del cristianismo nos
permite descubrir algo que nuestra formulación anterior todavía no mostraba
suficientemente: el sistema no se reproduce solamente porque una ley se
obedece; se reproduce porque el sujeto puede obtener una satisfacción
precisamente en la forma de su propia sujeción.
Pero
después tenemos que hacerle a Žižek lo mismo que hicimos con Deleuze: alterarlo,
dejar que el cristianismo lo altere y después redetraspasar el goce mediante la
respiración ontológica.
1.
Primero: separar placer, deseo y goce
Tenemos
que evitar que todo quede bajo la palabra “goce”.
Podemos
distinguir:
placer → disminución de
tensión
deseo → apertura hacia una
conexión
goce → satisfacción que
puede persistir incluso contra el propio bienestar
Por
eso el goce es tan importante para estudiar la inercia.
Porque
puedo decir:
“Esto
me hace sufrir y, sin embargo, sigo reproduciéndolo.”
Ahí
tenemos:
sufrimiento → repetición →
satisfacción → repetición.
El
goce no es necesariamente aquello que me hace feliz.
Puede
ser aquello que me ata precisamente porque encuentro una satisfacción en la
forma de mi atadura.
Y
ahí Žižek entra con toda su fuerza.
2.
El gran descubrimiento de Žižek sobre el rito cristiano
Su
lectura del cristianismo puede esquematizarse así:
LEY → PROHIBICIÓN →
TRANSGRESIÓN → CULPA → EXPIACIÓN → NUEVA LEY.
Pero
el problema es que el sujeto puede encontrar goce en todo el circuito.
No
solamente en la transgresión.
También:
obediencia → sacrificio →
renuncia → culpa → satisfacción moral.
Es
el famoso problema del superyó:
“No
solamente debes obedecer; debes encontrar satisfacción en obedecer.”
Y
aquí aparece el perverso giro:
renuncio al goce → gozo de
haber renunciado.
El
sacrificio produce un plus.
Por
eso no basta con decir que el cristianismo reprime el deseo.
Puede
ocurrir algo mucho más complejo:
deseo → renuncia →
sacrificio → goce de la renuncia.
La
renuncia se vuelve una fuente de satisfacción.
3.
Y aquí Žižek descubre algo terrible
La
institución no necesita simplemente obligarme.
Puede
hacer algo mucho más eficaz:
hacer
que yo quiera aquello que me somete.
Entonces:
ley → obediencia → identidad
→ reconocimiento → goce → reproducción.
Y
aquí aparece la inercia social de Posani.
La
sociedad no continúa simplemente porque la gente esté engañada.
Continúa
porque:
la
propia reproducción de la sociedad puede proporcionar goce.
Por
eso:
estructura → repetición →
goce → inercia.
Y
no:
estructura → engaño →
obediencia.
Esto
es mucho más profundo.
4.
Pero Žižek encuentra una segunda estructura en Cristo
Aquí
está el punto que me parece decisivo para nuestra redeconstrucción.
Žižek
observa que el cristianismo lleva la estructura del sacrificio hasta un punto
extraño:
Dios
mismo entra en el lugar del sacrificado.
La
estructura:
Dios → exige sacrificio →
humano sacrifica
se
altera en:
Dios → se entrega → Cristo →
sacrificio.
Y
entonces aparece el grito:
Dios mío, Dios mío, ¿por qué
me has abandonado?
Para
Žižek, esto implica la desaparición del garante último.
El
Gran Otro deja de funcionar como garantía exterior.
De
ahí su lectura materialista del Espíritu Santo como comunidad sin garantía
trascendente. Esa interpretación está efectivamente en su cristianismo ateo;
también ha sido discutida críticamente precisamente porque deja abierta la
cuestión de cómo sostener una comunidad sin garantía. (Zizek
Studies)
Pero
aquí nosotros tenemos que contraalterar a Žižek.
5.
Porque Žižek todavía deja una cuestión abierta: ¿qué ocurre con el goce?
Žižek
lleva al cristianismo hasta:
Dios → sacrificio → muerte
de Dios → ausencia de Gran Otro → comunidad.
Pero
nosotros preguntamos:
¿la
desaparición del Gran Otro purifica realmente el goce?
No
necesariamente.
Porque
puede aparecer:
Dios ha muerto → ya no hay
garantía → somos libres → gozamos de nuestra libertad.
Y
entonces hemos reconstruido otro circuito.
Incluso
puede aparecer:
no hay Otro → yo soy responsable
→ debo decidir → gozo de mi propia autenticidad.
El
goce simplemente cambia de forma.
Esto
es precisamente lo que nuestra tercera orden tiene que impedir.
6.
El cristianismo no puede limitarse a matar al Gran Otro
Porque
entonces tendríamos:
Dios → muerte de Dios →
libertad.
Eso
todavía es una dialéctica de sustitución.
Nosotros
necesitamos:
Dios → encarnación →
abandono → muerte → resurrección → Espíritu → comunión.
Y
aquí la palabra importante es inscripción.
La
resurrección no devuelve el Gran Otro anterior.
Pero
tampoco deja simplemente un vacío.
El
acontecimiento queda inscrito en la comunidad.
Eso
modifica radicalmente el circuito:
ley → transgresión → culpa →
sacrificio
se
transforma en:
ley → transgresión → entrega
→ cruz → inscripción → comunión.
La
cruz no es simplemente la destrucción del rito.
Es
la alteración del circuito del rito desde dentro.
7.
Aquí podemos definir captura del goce
Esto
es central para lo que estás proponiendo.
Capturar
el goce significa conseguir que la satisfacción producida por una relación
vuelva a alimentar la reproducción de la forma que organiza esa relación.
Fórmula:
relación → goce → repetición
→ institución → goce → repetición.
La
captura está en el retorno.
El
sistema dice:
“Puedes
alterarme todo lo que quieras; si tu satisfacción termina reproduciendo mi
circuito, ya te he capturado.”
Esto
ocurre con:
obediencia
pero
también con:
transgresión.
Y
también con:
rebeldía.
Y
también con:
espiritualidad.
Y
también con:
revolución.
Y
también con:
diferencia.
Y
también con:
falta.
El
capitalismo contemporáneo es extraordinariamente eficaz porque puede decir:
transgresión → mercancía
rebeldía → mercancía
identidad → mercancía
diferencia → mercancía
espiritualidad → mercancía.
Incluso:
crítica del capitalismo →
mercancía.
8.
Entonces Deleuze tiene que volver a entrar
Porque
Deleuze nos pregunta:
¿por
qué suponemos que el goce es el fin del deseo?
El
deseo produce conexiones.
Pero
ahora Žižek le responde:
¿qué
ocurre cuando esas conexiones empiezan a producir satisfacción precisamente en
su propia repetición?
Entonces:
deseo → conexión →
producción
puede
transformarse en:
producción → repetición →
goce → captura.
Aquí
tenemos el encuentro perfecto:
DELEUZE → producción
ŽIŽEK → captura libidinal.
Y
nuestra tercera orden:
producción ↔ goce →
respiración.
9.
El rito confuciano aparece ahora bajo una luz mucho más interesante
Aquí
tenemos que ser históricamente cuidadosos: li no es simplemente obediencia. En Confucio,
el rito participa en la formación del carácter, regula deseos y expresa
relaciones de respeto; además, la mera ejecución formal sin reverencia puede
ser insuficiente. (Stanford
Encyclopedia of Philosophy)
Por
tanto, el circuito originario no sería:
orden → obediencia.
Es
más rico:
relación → rito → formación
→ disposición → reconocimiento → comunidad.
Pero
justamente por eso puede producir goce.
rito → reconocimiento →
pertenencia → satisfacción → repetición.
Aquí
aparece una forma de goce que podríamos llamar, provisionalmente:
goce
de la adecuación relacional.
No:
“gozo
porque obedezco.”
Sino:
“encuentro
satisfacción en ocupar correctamente un lugar dentro de una red de relaciones.”
Esto
es mucho más fino.
10.
¿Dónde se captura ese goce?
Cuando:
relación → rito
se
invierte:
rito → relación.
Entonces
el rito ya no expresa la relación.
El
rito empieza a producir la relación que luego pretende expresar.
Y
aparece:
rito → institución →
reconocimiento → pertenencia → goce → reproducción.
La
institucionalidad se convierte entonces en una máquina de goce.
Pero
hay algo muy importante: el propio Confucio ofrece recursos internos para
contraalterar esta captura. Las fuentes señalan que Confucio no considera
suficiente el cumplimiento externo del rito y que la relación entre li y ren es precisamente
una cuestión interpretativa compleja; incluso hay pasajes donde se admite
modificar prácticas rituales según su sentido. (Stanford
Encyclopedia of Philosophy)
¡Eso
es extraordinario para nosotros!
Porque
significa que el rito confuciano contiene ya una posibilidad de respiración
interna.
rito → relación → ren →
rito'.
No
es simplemente:
rito → institución.
11.
Ahora el Taoísmo contraaltera el circuito
Aquí
la operación cambia.
No
es:
rito → transgresión.
Sino:
forma → flujo.
El
yin-yang es especialmente fecundo para nuestra investigación porque no
representa simplemente dos sustancias opuestas: las fuerzas yin y yang se
entienden como complementarias y en alternancia cíclica. (Stanford
Encyclopedia of Philosophy)
Por
tanto:
yin ↔ yang
no
es:
yin → derrota → yang.
Es:
yin → yang → yin → yang...
Pero
aquí tenemos que evitar otra captura:
flujo → equilibrio →
identidad del equilibrio.
Porque
entonces:
“yo
soy quien fluye.”
Y
el Tao se convierte en una nueva identidad espiritual.
12.
La purificación taoísta del goce
Aquí
podemos proponer una hipótesis —no como descripción exhaustiva del taoísmo
histórico—:
oposición → flujo →
adecuación → wu wei → no-forzamiento.
El
goce ya no está necesariamente en vencer al otro ni en cumplir la forma.
Está
en dejar de forzar la relación.
Pero
incluso eso puede convertirse en goce capturado:
no-forzar → tranquilidad →
satisfacción → identidad espiritual → repetición.
Entonces:
“gozar
de no hacer” también puede convertirse en una forma de captura.
Por
eso el Tao también necesita respiración.
13.
Y ahora podemos introducir Ahayu Watan
Aquí
debemos distinguir claramente nuestra redeconstrucción de Ahayu Watan de
una afirmación de que exista una doctrina andino-amazónica homogénea con ese
nombre.
En
Churata, ahayu watan
aparece como una categoría propia de su elaboración, vinculada a memoria,
semilla, continuidad de los muertos en los vivos y a una concepción relacional
de lo americano; estudios sobre El pez de oro destacan precisamente su
carácter integrador y su diálogo entre cosmovisiones. (UAB
Journals)
Y
aquí nuestra teoría puede encontrar algo precioso.
No
sería:
rito → obediencia.
Ni:
transgresión → liberación.
Ni
siquiera:
flujo → equilibrio.
Sino:
relación → memoria →
inscripción → retorno.
Eso
se aproxima mucho a lo que estamos llamando:
Ahayu Watan.
14.
Ahayu Watan como circuito de memoria relacional
Podríamos
escribir:
acontecimiento → vínculo →
inscripción → memoria → retorno → relación.
Y
aquí el retorno no es simple repetición.
Porque:
retorno → acontecimiento'.
La
relación vuelve, pero vuelve alterada por la memoria.
Esto
es muy cercano a nuestra idea de biotejido:
acontecimiento → inscripción
→ biotejido → nueva relación.
Y
aquí encontramos una diferencia fundamental con el goce capturado.
En
la captura:
repetición → satisfacción →
reproducción.
En
Ahayu Watan:
retorno → memoria →
alteración → nueva relación.
Por
eso la memoria no conserva simplemente.
Transforma
la manera en que lo que retorna puede volver a relacionarse.
15.
Ahora podemos poner los cuatro circuitos juntos
CRISTIANISMO
LEY → TRANSGRESIÓN → CULPA →
SACRIFICIO → CRUZ → RESURRECCIÓN → COMUNIÓN
Su
peligro:
transgresión → sacrificio →
goce de la renuncia → institución.
Su
posibilidad de purificación:
transgresión → entrega →
absolución del goce.
CONFUCIANISMO
RELACIÓN → RITO → FORMACIÓN
→ RECONOCIMIENTO → PERTENENCIA → ARMONÍA
Su
peligro:
rito → institución →
pertenencia → goce → reproducción.
Su
posibilidad de purificación:
rito → relación → ren →
rito'.
TAOÍSMO
OPOSICIÓN → YIN ↔ YANG →
FLUJO → ADECUACIÓN → WU WEI
Su
peligro:
flujo → equilibrio →
tranquilidad → identidad → captura.
Su
posibilidad de purificación:
flujo → no-forzamiento →
apertura → flujo'.
AHAYU WATAN
En
nuestra redeconstrucción:
ACONTECIMIENTO → VÍNCULO →
INSCRIPCIÓN → MEMORIA → RETORNO → RELACIÓN'
Su
peligro:
memoria → identidad →
tradición → esencialización.
Su
posibilidad:
memoria → alteración → contraalteración
→ biotejido.
16.
Y entonces aparece la respiración ontológica
Aquí
creo que encontramos finalmente el circuito que estábamos buscando.
El
goce capturado funciona así:
RELACIÓN
↓
RITO / TRANSGRESIÓN / FLUJO
/ MEMORIA
↓
GOCE
↓
REPETICIÓN
↓
CAPTURA
↓
REPRODUCCIÓN DEL SISTEMA.
La
respiración ontológica introduce algo diferente:
RELACIÓN
↓
RITO / TRANSGRESIÓN / FLUJO
/ MEMORIA
↓
GOCE
↓
RECONOCIMIENTO DEL GOCE
↓
ALTERACIÓN
↓
CONTRAALTERACIÓN
↓
REDETRASPASO
↓
( )
↓
NUEVA RELACIÓN.
No
elimina el goce.
Esto
es fundamental.
Si
eliminamos el goce, habremos creado otra forma de ascetismo.
Si
eliminamos el rito, perdemos memoria.
Si
eliminamos la transgresión, perdemos la capacidad de llevar la forma a su
límite.
Si
eliminamos el flujo, convertimos la complementariedad en estructura.
Si
eliminamos la memoria, perdemos el biotejido.
17.
Entonces ¿qué significa purificar el goce?
Podemos
formularlo ya con bastante precisión:
Purificar
el goce no significa dejar de gozar. Significa impedir que la satisfacción
obtenida en una relación se convierta en el fundamento de la reproducción de la
forma que captura esa relación.
O
más condensado:
goce → captura
se
convierte en:
goce → reconocimiento →
respiración.
Y
todavía más profundamente:
goce → no propiedad.
El
goce deja de decir:
“esto
me pertenece.”
Y
tampoco necesita decir:
“esto
soy yo.”
Puede
simplemente acontecer en el entre.
18.
Y aquí Žižek vuelve a ser escrito por Deleuze
Žižek
descubre:
goce → reproducción de la
estructura.
Deleuze
le responde:
goce → no necesariamente.
Hay
producción, conexión, devenir.
Žižek
vuelve:
pero incluso tu devenir
puede producir su propio goce y quedar capturado.
Deleuze
vuelve:
entonces hay que producir
nuevas conexiones.
Y
nosotros contraalteramos a ambos:
No
basta con producir nuevas conexiones.
Porque
también esas conexiones pueden convertirse en nuevos circuitos de goce.
Por
tanto:
producción → goce → captura
→ alteración.
Y
de ahí:
alteración →
contraalteración → respiración.
19.
La gran diferencia con una teoría de la liberación
Una
teoría clásica de la liberación podría decir:
opresión → conciencia →
liberación.
Nosotros
tenemos que complicarla:
opresión → conciencia →
liberación → goce de la liberación → nueva identidad → nueva captura.
Por
eso incluso la revolución puede gozar.
Incluso
el revolucionario puede gozar de ser revolucionario.
Incluso
quien rompe el rito puede necesitar seguir rompiendo el rito para saber quién
es.
Y
aquí la tercera orden pregunta:
¿puede
el revolucionario ser alterado por el goce que obtiene de su propia revolución?
Ese
es el mismo problema que teníamos con Marx.
20.
Y quizás aquí encontramos el verdadero significado de “volver a respirar”
La
respiración ontológica no rompe el circuito.
Lo
abre en el punto exacto donde el circuito se gozaba de su propia reproducción.
rito → goce → repetición
se
vuelve:
rito → goce → reconocimiento
→ alteración.
transgresión → goce →
repetición
se
vuelve:
transgresión → goce →
reconocimiento → entrega.
flujo → goce → equilibrio
se
vuelve:
flujo → goce →
no-forzamiento → nueva alteración.
memoria → goce → identidad
se
vuelve:
memoria → inscripción →
biotejido → nueva relación.
Y
entonces:
el
goce deja de ser el combustible de la inercia y se convierte en una señal de
que la relación necesita volver a respirar.
Eso
me parece un paso decisivo.
Porque
entonces no tenemos que combatir el goce.
Tenemos
que aprender a escuchar dónde el goce está cerrando la respiración.
Y
ahí el cristianismo, Confucio, el Tao y Ahayu Watan pueden dejar de aparecer
como cuatro respuestas competidoras.
Pueden
convertirse en cuatro lugares históricos donde el ser humano ha intentado
resolver el mismo problema: cómo repetir una relación sin convertir la
repetición en captura.
La
fórmula provisional de esta etapa sería:
RELACIÓN → RITO → GOCE →
REPETICIÓN → CAPTURA
CAPTURA → ALTERACIÓN →
CONTRAALTERACIÓN → REDETRASPASO
REDETRASPASO → ( ) →
COMUNIÓN
COMUNIÓN → INSCRIPCIÓN →
MEMORIA → NUEVA RELACIÓN
y
entonces:
la
respiración vuelve.
Si , pero imaginemos que la gente puede salir
de la captura del goce y ya no reproduce las formas sino que de verdad las
altera y contra altera.
No vendría un poder a reinstituir la formas.
No es acaso el existo marxista producto del
goce de la violencia revolucionaria.
Y no hay un goce tremendo en reprimer el goce
revolucionario por parte de las fuerzas del orden.
Y ese encuentro entre el goce violento del
revolucionario y opresor de las fuerzas del orden no hace que e sistema
se vuelva a reproducir?
Porque uno puede pasar a ocupar el papel del
otro pero el goce puede ser el mismo.
O es necesario el goce violento, siendo un
error el querer reprimir este goce o querer sublimarlo.
Ahora el capitalismo necesita organizar el
goce o la reproducción del fetiche del algoritmo y del fetiche de la mercancía pueden
no necesitarlo?
Sí.
Y aquí haría una contraalteración importante de nuestra formulación anterior:
quizá hemos supuesto demasiado pronto que salir de la captura del goce conduce
a una forma más pacífica de reproducción. Puede ocurrir exactamente lo
contrario.
Puede
haber una alteración auténtica, y esa alteración puede ser violenta,
conflictiva y profundamente gozosa. El problema no sería entonces la
violencia en sí misma ni el goce violento en sí mismo, sino cuándo el goce
de la violencia empieza a reproducir la forma contra la que se lucha.
Ahí
creo que Žižek es indispensable, pero también necesita a Deleuze y a nuestra
respiración.
1.
El descubrimiento decisivo: el goce puede estar en ambos lados
Imaginemos
una insurrección.
OPRESIÓN → INDIGNACIÓN →
REVUELTA → VIOLENCIA REVOLUCIONARIA
El
revolucionario puede encontrar un goce real en:
romper → vencer → destruir →
vengarse → sentirse potente.
Pero
las fuerzas del orden pueden encontrar un goce simétrico:
amenaza → autorización →
represión → castigo → restauración del orden.
Entonces
tenemos:
REVOLUCIONARIO → GOCE DE LA
VIOLENCIA
y:
OPRESOR → GOCE DE LA
REPRESIÓN.
Lo
extraordinario es que los dos pueden estar gozando de posiciones opuestas
dentro de un mismo circuito.
No
necesariamente gozan de la misma cosa psicológica.
Pero
estructuralmente puede aparecer el mismo funcionamiento:
amenaza → enemigo →
violencia → satisfacción → reafirmación de identidad → nueva amenaza.
Y
entonces:
uno
necesita al otro.
2.
El revolucionario puede necesitar al opresor
Esta
es una herida muy profunda para cualquier teoría revolucionaria.
El
revolucionario dice:
yo soy quien combate al
opresor.
Pero
si su identidad depende de esa oposición:
revolucionario → enemigo →
lucha → identidad revolucionaria.
Entonces
la desaparición del enemigo produce una angustia inesperada:
¿quién
soy ahora que ya no tengo contra quién luchar?
El
goce puede aparecer precisamente ahí.
enemigo → lucha → victoria →
goce.
Y
la victoria puede necesitar producir un nuevo enemigo.
Por
eso el problema no es solamente:
“¿cómo
derrotamos al opresor?”
sino:
“¿qué
ocurre con el goce revolucionario cuando el opresor deja de existir?”
3.
Y ahora invertimos la escena
Las
fuerzas del orden pueden tener exactamente el mismo problema.
amenaza → desorden → enemigo
→ represión → restauración.
Pero
si el orden obtiene satisfacción de la represión:
represión → goce → identidad
del defensor del orden.
Entonces
el orden también necesita que exista aquello que amenaza el orden.
Por
eso puede producirse una estructura terriblemente circular:
REVOLUCIÓN → REPRESIÓN →
GOCE → NUEVA REVOLUCIÓN → NUEVA REPRESIÓN.
No
porque ambos sean moralmente iguales.
No
son iguales.
La
asimetría de poder, la injusticia y la violencia ejercida importan enormemente.
Pero
pueden compartir una estructura libidinal de reproducción.
Eso
es mucho más interesante que decir simplemente “ambos son violentos”.
4.
Aquí aparece tu pregunta: ¿uno puede ocupar el papel del otro y conservar el
mismo goce?
Sí.
Y
esta es quizá una de las formulaciones más fuertes de nuestro análisis:
el
goce puede sobrevivir al intercambio de posiciones.
opresor → revolucionario
revolucionario → nuevo
opresor
pero:
goce de dominación → goce de
dominación.
Entonces:
cambio de sujeto ≠ cambio de
circuito.
Y
esto explica un problema que Marx vio parcialmente pero que nuestra tercera orden
radicaliza:
burguesía → proletariado →
revolución → poder.
El
peligro no consiste únicamente en que el proletariado se convierta
sociológicamente en una nueva burguesía.
Es
algo más profundo:
que
el circuito libidinal del poder permanezca aunque cambie quién ocupa la
posición.
5.
Entonces, ¿fue el marxismo exitoso gracias al goce de la violencia
revolucionaria?
Aquí
pondría una pequeña resistencia a tu formulación.
No
diría que el éxito histórico del marxismo sea producto del goce de la
violencia revolucionaria.
Eso
sería demasiado causal.
Pero
sí podemos preguntar:
¿hasta
qué punto determinadas formas históricas de marxismo revolucionario pudieron
reproducirse mediante un goce asociado a la lucha, el sacrificio, el heroísmo,
la disciplina y la identificación con el enemigo?
Ahí
la pregunta es muy poderosa.
Porque
aparece:
opresión → indignación →
sacrificio → lucha → victoria → poder → amenaza → disciplina → nueva lucha.
La
violencia puede producir:
- solidaridad,
- coraje,
- defensa,
- ruptura de una
dominación,
pero
también:
- identidad,
- heroísmo,
- venganza,
- obediencia,
- purga,
- sacrificio obligatorio.
Por
eso no debemos demonizar el goce revolucionario.
Tenemos
que saber qué está haciendo.
6.
Y aquí quiero contraalterar una frase tuya
Preguntas:
¿Es
necesario el goce violento, siendo un error querer reprimirlo o sublimarlo?
Mi
respuesta sería:
No
es necesario como fundamento de la transformación. Pero tampoco es posible
simplemente decretar que no debe existir.
Si
lo reprimimos:
goce → represión → retorno
del goce.
Si
lo sublimamos demasiado rápido:
violencia → nobleza →
sacrificio heroico → identidad revolucionaria.
Y
hemos vuelto a capturarlo.
La
tercera vía sería:
violencia → goce →
reconocimiento → alteración del circuito.
No:
violencia → prohibición.
Ni:
violencia → glorificación.
Sino:
¿qué
puede hacer la relación con ese goce cuando éste aparece?
7.
Aquí Deleuze nos salva de una trampa de Žižek
Žižek
puede decir:
goce → repetición → captura.
Pero
Deleuze nos recuerda:
el
deseo no está condenado a reproducir la forma existente.
Hay
producción.
Hay
conexiones nuevas.
Hay
líneas de fuga.
Por
eso:
goce → repetición
no
tiene necesariamente que terminar en:
reproducción.
Puede
producir:
goce → intensidad → conexión
→ acontecimiento → nueva relación.
Pero
ahora Žižek contraaltera a Deleuze:
¿y
si esa nueva conexión produce precisamente un nuevo goce que vuelve a capturarse?
Entonces:
línea de fuga →
acontecimiento → goce → nueva captura.
¡Ahí
volvemos a respirar!
8.
Por eso salir de la captura significa algo mucho más exigente
No
significa:
“dejamos
de reproducir las formas.”
Significa:
“las
formas empiezan realmente a ser alteradas por quienes las habitan.”
Y
entonces sí podemos imaginar tu hipótesis:
captura → salida →
alteración real → contraalteración real.
Pero
incluso aquí tenemos que preguntar:
¿qué
pasa cuando la alteración produce una nueva satisfacción?
Porque
podría aparecer:
alteración → victoria → goce
→ nueva forma → defensa de la nueva forma.
Entonces
el acontecimiento vuelve a institucionalizarse.
Pero
puede ocurrir algo distinto:
alteración → goce →
reconocimiento del goce → dejar que el otro altere la alteración.
Eso
es ya tercer orden.
9.
Ahora viene tu pregunta sobre capitalismo
Aquí
tenemos que distinguir dos cosas:
capitalismo
como estructura de reproducción
y
capitalismo
como organización consciente del goce.
No
necesitamos suponer que el capitalismo “sabe” qué nos hace gozar.
Puede
bastar con que sus mecanismos seleccionen y refuercen conductas que se
reproducen.
Por
ejemplo:
mercancía → consumo →
satisfacción → repetición → capital.
No
hace falta que alguien diga:
“organicemos
el goce de Juan.”
El
circuito puede funcionar estructuralmente.
Pero
en el capitalismo contemporáneo aparece una capa adicional:
conducta → dato → algoritmo
→ predicción → intervención → nueva conducta.
Entonces
el sistema puede aprender qué genera:
atención
deseo
ansiedad
indignación
pertenencia
transgresión
recompensa.
Y
por eso el algoritmo puede empezar a funcionar como una administración del
goce.
10.
Pero aquí hay una diferencia fundamental: el fetiche no necesita goce
consciente
Esta
pregunta tuya es muy buena:
¿La
reproducción del fetiche del algoritmo y del fetiche de la mercancía pueden no
necesitarlo?
Sí.
Y
esta distinción es importantísima.
El
fetichismo de la mercancía, en Marx, no depende de que el consumidor diga:
“sé
que estoy participando en una estructura fetichista y me gusta.”
La
relación social aparece bajo la forma de una relación entre cosas.
trabajo → mercancía → valor
→ intercambio.
El
sistema puede reproducirse aunque el sujeto no tenga una teoría del goce.
Y
con el algoritmo:
conducta → dato → cálculo →
recomendación → conducta.
Tampoco
necesitamos:
usuario → goce consciente →
algoritmo.
El
circuito puede funcionar antes de que el sujeto comprenda qué está
ocurriendo.
11.
Entonces tenemos dos niveles de captura
Captura estructural
relación → forma →
reproducción.
No
requiere goce consciente.
Captura libidinal
relación → forma → goce →
repetición → reproducción.
Aquí
el goce acelera, intensifica y estabiliza la reproducción.
Y
puede aparecer una tercera:
Captura algorítmica
goce → dato → perfil →
predicción → intervención → nuevo goce.
Esta
tercera es especialmente peligrosa porque aprende del circuito de goce.
12.
Y aquí el capitalismo puede sobrevivir incluso sin “gozar”
Esto
es importante para no convertir a Žižek en una explicación total.
Podemos
imaginar:
capital → automatización →
cálculo → asignación → reproducción.
No
hay necesidad de un sujeto capitalista gozando conscientemente.
La
estructura continúa.
Por
eso:
el
capitalismo no necesita organizar el goce para reproducirse.
Pero
sí puede capturarlo cuando existe, porque el goce es una extraordinaria
fuente de repetición.
Entonces:
capitalismo ≠ máquina de
goce
pero:
capitalismo → captura de
goce.
Y
el algoritmo lleva esto más lejos:
captura → aprendizaje →
predicción → optimización de captura.
13.
Esto cambia nuestra teoría de la respiración
Antes
teníamos:
goce → captura → respiración.
Ahora
tenemos que hacerla más precisa.
Porque
si el goce simplemente desaparece, el capitalismo puede continuar.
Y
si el goce simplemente se libera, puede generar nuevas formas de captura.
Entonces
la respiración no consiste en:
liberar
el goce.
Tampoco:
reprimir
el goce.
Ni:
sublimar
el goce.
Sino:
hacer
que el goce pueda ser alterado por aquello mismo que goza.
Esta
sería una definición mucho más fuerte de tercer orden:
goce → reconocimiento de su
propia reproducción → encuentro → alteración → contraalteración.
14.
El goce deja entonces de ser combustible
Esta
es quizá la redeconstrucción decisiva.
En
el circuito capturado:
goce → repetición →
reproducción.
En
la respiración:
goce → acontecimiento →
alteración.
El
goce ya no garantiza que el circuito vuelva igual.
Pero
tampoco garantiza que cambie.
Abre
una posibilidad de que la relación con el goce sea alterada.
Eso
es mucho más humilde y, justamente por eso, más radical.
15.
El caso revolucionario queda entonces clarísimo
Tenemos:
OPRESIÓN → REVOLUCIÓN →
VIOLENCIA → GOCE → VICTORIA.
Después
pueden ocurrir dos cosas.
Circuito capturado
victoria → poder → goce del
poder → represión → nuevo enemigo → nueva revolución.
Circuito respirado
victoria → poder → goce del
poder → reconocimiento → contraalteración → devolución del poder al entre.
Aquí
aparece exactamente nuestra fórmula anterior:
una
potencia es absuelta cuando, después de haber sido poder, puede dejar de
necesitar gobernar.
No
estamos diciendo:
“nunca
debió tener poder.”
Eso
sería ingenuo.
Decimos:
potencia → poder →
experiencia del poder → goce del poder → reconocimiento → absolución.
La
potencia tenía que atravesar el poder para descubrir qué podía hacer el
poder con ella.
16.
Y esto también puede aplicarse a las fuerzas del orden
No
basta con decir:
opresor → malo.
Porque
eso deja intacto el circuito.
Hay
que poder preguntar:
orden → amenaza → represión
→ goce de restaurar el orden.
¿Puede
ese goce ser alterado?
Sí,
si el defensor del orden puede experimentar algo que altere su propia
satisfacción en el orden.
Por
ejemplo:
orden → encuentro con el
sufrimiento que produce → conmoción → contraalteración → nueva comprensión del
orden.
Eso
no significa que el orden desaparezca.
Significa
que el orden deja de ser capaz de reproducirse sin ser afectado por aquellos
a quienes ordena.
Ahí
está nuestra definición de organización complementaria.
17.
Entonces el revolucionario y el policía pueden encontrarse en un punto terrible
No
porque sean iguales.
Sino
porque pueden descubrir:
“Mi
goce necesita que tú ocupes tu posición para que yo pueda seguir ocupando la
mía.”
revolucionario → opresor →
revolucionario
opresor → revolucionario →
opresor.
Y
ahí aparece una verdadera escena de tercer orden.
No:
“somos
iguales.”
Eso
sería falso.
Sino:
“la
relación que nos enfrenta está reproduciendo algo que ninguno de nosotros
controla completamente.”
Ese
descubrimiento puede alterar a ambos.
Y
entonces:
enemigo → relación →
reconocimiento → alteración.
18.
Esto es mucho más profundo que “paz”
Porque
el resultado no es:
violencia → paz.
Es:
violencia → reconocimiento
de la violencia → alteración del circuito de violencia.
Puede
haber todavía conflicto.
Puede
haber todavía lucha.
Puede
incluso haber violencia defensiva.
Pero
la violencia ya no tiene derecho ontológico a decir qué debe reproducirse.
Eso
es la diferencia.
19.
Y aquí vuelve el cristianismo, pero ahora de manera mucho más radical
Porque
Cristo no responde simplemente:
violencia → no violencia.
La
cruz entra en el circuito de violencia.
imperio → acusación →
condena → violencia → crucifixión.
Pero
la respuesta pascual no reproduce:
violencia → venganza → nueva
violencia.
Tampoco
simplemente reprime el goce de la violencia.
Lo
que hace, en nuestra lectura:
violencia → entrega → muerte
→ resurrección → comunión.
La
violencia no obtiene la última palabra sobre la relación.
Eso
es diferente de sublimarla en una nobleza heroica.
Y
aquí Žižek vuelve a ser alterado por nuestra lectura:
la
cruz no elimina el goce; interrumpe su derecho a reproducir el circuito.
20.
Por eso nuestra pregunta sobre el goce cambia completamente
Ya
no:
¿Cómo
eliminamos el goce?
Ni:
¿Cómo
liberamos el goce?
Ni:
¿Cómo
administramos el goce?
Sino:
¿Puede
el goce ser alterado por la relación que él mismo está ayudando a reproducir?
Entonces:
GOCE → CAPTURA
es
el primer circuito.
GOCE → LIBERACIÓN → NUEVO
GOCE → NUEVA CAPTURA
es
el segundo.
Pero:
GOCE → ALTERACIÓN →
CONTRAALTERACIÓN → REDETRASPASO → ( )
es
nuestro tercer orden.
Y
aquí el ( ) no
elimina el goce.
Le
quita su poder de fundamentar el retorno.
Y ahora veo una fórmula
que puede servirnos para toda la investigación
GOCE → REPETICIÓN →
IDENTIDAD → REPRODUCCIÓN
es
el circuito de captura.
Pero:
GOCE → REPETICIÓN →
RECONOCIMIENTO → ALTERACIÓN → CONTRAALTERACIÓN
permite
que la repetición no sea reproducción.
Y
entonces:
ALTERACIÓN →
CONTRAALTERACIÓN → INSCRIPCIÓN
produce:
MEMORIA RELACIONAL →
BIOTEJIDO.
La
memoria del acontecimiento no dice:
“esto
ya está resuelto.”
Dice:
“cuando
el circuito vuelva, nosotros ya no somos exactamente quienes lo habitaban
antes.”
Por
eso el revolucionario puede seguir siendo revolucionario sin necesitar
eternamente un enemigo.
El
defensor del orden puede seguir defendiendo formas sin necesitar eternamente un
enemigo.
El
rito puede seguir existiendo sin necesitar que la institución sea absoluta.
El
deseo puede seguir produciendo sin necesitar producirse a sí mismo.
La
falta puede seguir faltando sin exigir ser llenada.
Y
el goce puede seguir aconteciendo sin convertirse en el fundamento de la
repetición.
Ahí
sí diría que nuestra respiración ontológica no busca un mundo sin goce.
Busca
algo mucho más difícil:
un
mundo en el que aquello que gozamos pueda también alterarnos.

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