viernes, 31 de marzo de 2023

Lo absoluto como posibilidad sexual

 Lo siento parece que mi espera será activa: primero un glosario para aclarar los términos: https://www.teseopress.com/deseo/back-matter/glosario/ Este breve glosario se ofrece a modo de orientación especialmente para los lectores que no están familiarizados con algunos términos psicoanalíticos lacanianos. Cabe aclarar que los significados que aquí se brindan implican un recorte tanto en extensión de conceptos como de contenidos a los efectos de proveer una mínima guía para este trabajo, por lo cual no debería pensarse que de este modo se agotan los sentidos posibles que los términos fueron adquiriendo a través de los distintos contextos. (con Lacan y aún después de él) .

A (El Otro con mayúsculas): El Otro (Autre) designa el registro de lo Simbólico porque es el que ofrece la batería significante a un Sujeto. Si bien cualquiera puede cumplir o encarnar el rol de Otro, este podría ser identificado con la estructura del lenguaje mismo y por eso Lacan dice que un Sujeto recibe del Otro su propio mensaje invertido. También el Otro puede ser entendido como la Ley, sin embargo, conviene aclarar que no necesariamente y siempre hay que identificar Ley con el Otro, dado que en cada sujeto y según su estructura la legalidad varía, por ejemplo en neurosis está presente un significante que no se manifiesta en la psicosis. (Significante del Nombre del Padre) y por lo tanto esa diferencia legal implica diversas consecuencias subjetivas. A su vez, no se pude entender al Otro queriendo instaurar una legalidad por fuera de él. Es decir, no hay un Otro del Otro, no hay metalenguaje, ni una ley que rija al Otro dado que él mismo es la ley del significante y sus efectos.
Angustia: Trabajada en el cuerpo del texto (Capítulo 4)
Demanda: Según Lacan se escribe: “D”, con mayúscula, porque pertenece al registro de lo Simbólico. En efecto, dirá que se trata de una desviación de las necesidades del ser humano por hablar. Dicho de otra manera, por hablar las necesidades están sujetas a la Demanda y retornan al Sujeto enajenadas. El mensaje siempre es emitido desde el lugar del Otro (ver Otro) pero hay algo reprimido primordial que no se articula nunca en una Demanda, aunque siempre aparece en el retoño que es el deseo. Para Lacan la Demanda no se refiere estrictamente al reclamo de satisfacción sino a la presencia o ausencia del Otro, habitualmente jugado en la relación primordial con la madre, que dice Lacan que es la que está “preñada del Otro”. El Otro es el que está provisto del privilegio de satisfacer las necesidades o de privar, y en ese sentido, es en la frustración donde se pone de manifiesto su don mayor que reside en brindar aún lo que no tiene, es decir brindar amor. Por eso, toda Demanda en definitiva es Demanda de amor, en tanto reclama fundamentalmente presencia o ausencia situación que permite transformar todo pedido en prueba de amor.
Discurso: A diferencia de la simple palabra el discurso en Lacan es el que hace lazo social. No se pueden dar aquí todos los detalles al respecto, pero a grosso modo hay que decir que Lacan lo trabaja especialmente en el Seminario 17 diciendo en realidad que es la estructura discursiva la que revela la ligazón social con los otros. El discurso revela los tipos de lazos que se pueden producir y por los que se pueden ir pasando. Es decir, la estructura discursiva es dinámica y un sujeto puede ir transcurriendo por distintos discursos. Dicha estructura está compuesta de lugares y letras; los lugares son: el del agente, el del otro, el de la producción o producto y el lugar de la verdad. A su vez, en esos lugares se van ubicando las letras y a mediada que se mueven o giran un cuarto de vuelta por los lugares mencionados van produciendo los distintos tipos de discursos. Los discursos son: el del amo, el del analizante, el universitario y el del analista. Y las letras que irán girando son: S1 (Significante amo), S2 (la batería significante), “a” (objeto “a”) y S/ (Sujeto barrado). De esta manera, y a modo de ejemplo, el discurso amo se da cuando en el lugar del agente se ubica un S1 (significante amo), en el lugar del otro hay un S2 (un otro al que se le reclama un saber de esclavo), en el lugar de la producción se produce un objeto “a” que nunca calma al amo, y en el lugar de la verdad se revela la inconsistencia de un sujeto barrado,
Falo: En Freud la fase fálica es la última etapa de la sexualidad infantil previa al período de latencia (la latencia aproximadamente es entre los 5 o 6 años y la pubertad). La fase fálica vale tanto para el niño como para la niña y se caracteriza por el predominio que adquiere el falo, sea por el sostén de la premisa universal: “todos tienen falo”, sea por la posibilidad de enfrentarse con la realidad de que haya alguien que no tenga falo. En este último caso, dicha posibilidad equivale a la noción de castración. Pero para enfrentar esa posibilidad de privación el camino se dirige al plano simbólico. En ese sentido, el falo pasa a ser un significante, porque permite pasar la falta al plano simbólico de la ley. A propósito, Lacan en su texto “La significación del falo” (Lacan, 1987) dice que el falo en Freud no es una fantasía o efecto imaginario, tampoco es un objeto (parcial, interno, bueno, malo, etc.) como realidad, tampoco es el órgano, pene o clítoris que simboliza, sino que falo es un significante, cuya función es designar en su conjunto los efectos de significado en cuanto que el significante los condiciona. Es decir, efectos posibles por la presencia del significante. En ese sentido, el falo es el significante del deseo porque está en el lugar del Otro, e implica una diferencia respecto a la Demanda, al marcar la falta en el Otro. (o falta en la madre)
Por consiguiente, la noción de falo también puede ser entendida no ya como significante sino como significación, es decir aquel elemento imaginario que viene a cubrir un enigma. Lacan lo explica mediante una metáfora que denomina “metáfora paterna”. Es la posibilidad de sustituir un significante por otro y producir un significado donde no hay una respuesta. En efecto, el niño o la niña no saben qué desea la madre, y por lo tanto esa casilla permanece enigmática hasta que ocurra alguna operación que dé respuestas a ese interrogante. El significante del nombre del padre (no presente en psicosis) es aquel que viene a sustituir o a responder qué desea la madre: lo que desea es el falo, y en ese sentido el falo no es allí un significante sino un efecto de producción de significado. El Otro o el Padre es entendido como metáfora y el producto significado es imaginario. El niño o la niña, a partir de ese momento querrán ser ese falo que la madre desea, a partir de lo cual las derivaciones son múltiples. Por último, la noción de falo podría también considerarse como límite de un goce, un goce que se puede situar fuera del cuerpo (falo como real). El goce fálico como lo excluido del cuerpo por el trazado de un límite. Si no fuera posible dicho trazado que implique un afuera (gracias al significante del nombre del padre) el goce retorna al cuerpo y se deriva en una estructura de psicosis.
Inconsciente: Teniendo en cuenta que es un concepto muy amplio y muy trabajado desde distintos aspectos, sólo se hará aquí un breve lineamiento a los efectos prácticos de este trabajo. En Lacan el inconsciente es uno de los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis junto con los de repetición, pulsión y transferencia,
Para Lacan, el inconsciente es aquello que está estructurado como un lenguaje. En sus últimos Seminarios dirá que el inconsciente, (al igual que lo Real y el Goce), estrictamente no existe. Se lo ubica como lo ajeno, y por eso dirá que en realidad ex – siste en tanto es lo que permanece insistiendo y parodiando sentidos, siempre por fuera de la cadena significante en la que surge el sujeto. El inconsciente no es una sustancia, sino que se produce o potencia al hablar, dado que el ser hablante mismo implica un fuera de sí o extrañeza de sí que retumba más allá de su conciencia. Cabe aclarar que, cuando Lacan dice “como un lenguaje”, está indicando que no se identifica con la lingüística, porque el significante de Lacan a diferencia del de Ferdinand de Saussure y otros, produce efectos de significado en el cuerpo (ver Significante). Gracias a la posibilidad de separación de un significado único, y al sostén de una hiancia, el significante mediante combinaciones y sustituciones inconscientes produce nuevos e innumerables efectos de significado. Por ese motivo, Lacan dice que lo que él hace no es lingüística sino “lingüistería” respecto a un ser que por hablar introduce el rasgo por el cual hace surgir la ausencia o la falta. Y en ese sentido tampoco se trata de la lengua sino de “lalengua”.
Letra: Estrictamente la noción de letra en Lacan no se reduce a un fonema ni es un modo de escritura de un significado o un pensamiento, sino que la letra escribe significantes en tanto marcas subjetivas y es producción del inconsciente. Pueden ser fonemas, palabras, proposiciones, etc.) Lacan, mediante la expresión “leer a la letra” se referirá a un tipo de lectura distinta a la de leer significados. Si bien la letra aloja significantes, ella misma es una condensación o un conjunto que expresa las marcas subjetivas y libidinales de un sujeto, los modos de goce, las repeticiones, las posiciones frente a la ley y a la falta. La letra hace posible esa escritura que incluye elementos ilegibles. Hay una diferencia entre el habla y lo escrito, dado que el inconsciente produce letras que no pueden ser leídas de igual modo que las letras de un discurso porque se trata de otros saberes del sujeto.
moi ( el “yo” Imaginario u otro con minúscula) Hasta principios de los años 60, el “yo” (moi) era designado por Lacan con la letra “a” minúscula, la que luego a la altura del Seminario X pasó a designar al objeto “a”. La minúscula (moi) indica que se trata del plano Imaginario, a diferencia de lo Real y de lo Simbólico. El moi no es el Je en tanto este último refiere a un sujeto de discurso, sino que se trata de la construcción imaginaria de un yo, al modo del narcisismo freudiano, es decir, de una representación efectuada en una instancia denominada “estadio del espejo” que se produce con la apoyatura simbólica de Otro que nombra y que hace posible la unificación imaginaria de las partes del cuerpo. El yo en tanto reflejo siempre es un otro (con minúscula) y en esa dialéctica imaginara también se lo puede pensar como Freud, agujereado, incompleto o ilusoriamente unificado. Por eso entre el yo y el “Ideal del yo” siempre hay una distancia insalvable.
Objeto “a”: El objeto “a” estrictamente no es el objeto moderno del conocimiento, ni un objeto de la percepción (no se lo ve, no se lo escucha), aunque asume al cuerpo en su dimensión de pérdida y de desprendimiento subjetivo. El objeto “a” es la posibilidad por la cual el sujeto es causado en su deseo, al tiempo que enfrenta su falta, pues ser sujeto es surgir a partir de una pérdida. En consecuencia, el sujeto no se las tiene que ver con la nada, sino que él surge, se causa y se posiciona según este objeto con el cual se identifica. La presencia del objeto es presencia de ausencia mítica del mismo sujeto y por eso su particularidad reside en que “falta en su lugar” (ver lo Real), a diferencia de cualquier otro objeto que podría cambiar de lugar y estrictamente no faltar. De allí que Lacan lo explique diciendo que es aquello que se ofrece al mismo tiempo que solicita ser rechazado porque “no es eso”. El objeto “a” no es un significante y al mismo tiempo no es notable más que por la escritura que es donde cobra valor de encarnación o consistencia como pieza separada o como producto en función de los desprendimientos o pérdidas subjetivas ligadas al cuerpo y sus orificios, por ejemplo: pecho, objeto oral; heces, objeto anal; mirada, objeto escópico; voz, objeto invocante. El objeto “a” es presencia y soporte de una “falta en ser”, en ese sentido se produce del lado del sujeto y es semblante que vela un agujero en el Otro. Sin este objeto toda teoría falla dado que faltaría la condición de fondo de ausencia que hace posible toda construcción subjetiva.
Plus de Goce: (plus- de -jouir) Lacan quiere mostrar una ambigüedad en este término y produce una homología entre el “plus de gozar” y la plusvalía de Marx, en tanto algo se sustrae. Pero, con ello en realidad está haciendo referencia al objeto “a” (ver “objeto a”) dado que lo que está en juego en dicho objeto por un lado revela una renuncia de goce y en ese sentido la denominación “plus” tiene una connotación negativa, sustractiva, al advertir sobre una pérdida, pero, por otro lado, produce una ganancia de otro tipo de goce (“plus” en el sentido de algo más) que paradójicamente se relaciona con la falta misma, o un goce de esclavo. Por lo tanto, se trata más bien de un goce paradojal en la falta. Sin embargo, también se puede interpretar que el “plus” se dirige a un sufrimiento de un carácter especial, porque para el sujeto ese acto de negación y afirmación, (negación de la falta mediante la presencia del objeto y afirmación de la falta que el mismo objeto la revela) lo produce como sujeto al tiempo que lo ubica frente a un gozo extraño del que no puede sustraerse por completo y del que más (plus) termina padeciendo.
Pulsión: En términos de Freud es una fuerza, impulso o empuje (der Trieb) cuya energía es la libido. Se origina en un estado de excitación o tensión y su propósito es arribar a un fin donde un objeto suprima o disminuya esa tensión. Pero el objeto de la pulsión siempre ha sido problemático, porque a diferencia de un objeto de la necesidad, por ejemplo el alimento, el objeto de la pulsión es variable, y por lo tanto esto le permite concluir a Lacan, que en realidad no hay un objeto determinado de la pulsión, o bien que ningún objeto termina de recubrir la fuerza pulsional dado que su satisfacción entonces no coincide con el supuesto arribo al objeto de la necesidad, sino que su propósito es satisfacerse en su propio recorrido, allí donde el objeto, cualquiera sea, es lo que moviliza. En ese sentido, su recorrido no es sin objeto al tiempo que ninguno, la detiene, dando justamente como resultado un resto que dará sentido al deseo.
La pulsión no es el instinto, ni es una fuerza pura, sino que su concepto implica ya una demanda en juego y un atravesamiento del lenguaje. No es puro flujo sino la dimensión de una demanda y de una falta.
Registros (Imaginario – Simbólico – Real ) Los registros en Lacan no surgen todos al mismo tiempo, ni tuvieron siempre el mismo sentido, por ejemplo cuando en los años cincuenta dice “real” no es el Real de los años sesenta sino más bien la realidad. Hasta el Seminario 11 (1964) se podría decir que hay una predominancia de lo Simbólico por sobre lo Imaginario, dado que Lacan en su primera etapa lleva a cabo una crítica contra los posfreudianos quienes apoyaban sus teorías analíticas en base al plano imaginario del yo (enfocado en un tipo de significación, en las emociones, en las identificaciones en general y con el analista, en las contratransferencias, etc.) Pero, a la altura del Seminario 11, y no sin influencias de la filosofía, Lacan termina de introducir el registro de lo Real, el cual empezará a cobrar un valor decisivo en su teoría, sobre todo al final en la articulación con la topología y con la figura del nudo borromeo.
A grandes rasgos, se dan algunas breves orientaciones para caracterizar los registros, los cuales, siempre hay que entenderlos en forma conjunta.
– Imaginario: En términos de Freud se asemeja a la construcción narcisista cuya orientación corresponde al plano del “yo” (moi) en el sentido de la realización de un acto identificatorio con una imagen mediante la cual se produce cierta unidad del cuerpo, no sin fallas, pero cuyo proceso no podría efectuarse sin la intervención de un Otro (con mayúsculas o registro de los Simbólico) que atribuye un nombre y brinda legalidad.
– Simbólico: Se refiere a la instancia del significante, al Otro con mayúsculas (ver Significante y “A” Otro). Es por excelencia, aunque siempre en el anudamiento de los tres registros, la instancia de surgimiento del Sujeto, en tanto este se conforma marcado por el lenguaje. No hay cuerpo estrictamente biológico, sino cuerpo marcado por lo simbólico (ver también Pulsión y Demanda).
– Real: Es lo que queda por fuera de lo Simbólico, pero no es ni la realidad, entendida como lo social, ni la naturaleza, como así tampoco lo prelingüístico, sino que lo Real surge a partir del ingreso al significante. Por ser hablantes se revela un fondo de ausencia como condición y por un faltante en lo Simbólico. Lo Real será decisivo sobre todo en los últimos Seminarios de Lacan, porque se articula con la topología y con los nudos, revelándose la importancia ya no sólo del “uno” del significante y de lo Simbólico, que había predominado la escena hasta los años sesenta, sino la importancia del tres, pues lo Real estrictamente es el tres, el anudamiento de los registros.
Repetición: Trabajado en el cuerpo del texto. (Capítulo 4)
S (A/) (Significante del Otro barrado): (la barra tacha la “A”) Es un significante que Lacan ubica en un grafo llamado “grafo del deseo” para indicar la inconsistencia del Otro o falla porque no posee todos los significantes. El Otro, de quien en principio partieron los significantes con los que el sujeto se constituye, finalmente no cuenta con todas las respuestas a las demandas y de esa manera se revela en falta. Al mismo tiempo la barra o raya sobre la “A” (Otro) que advierte sobre su incompletud, lo convierte en deseante, razón por la cual paradójicamente el sujeto al tiempo que se enfrenta con el deseo del Otro y su inconsistencia, obtiene la posibilidad de ubicarse como objeto de deseo del Otro, sin la al sujeto se le dificultaría posicionarse a su vez como sujeto deseante a futuro. En consecuencia, el Significante del Otro barrado tiene estas dos caras estructurales para el sujeto: la del enfrentamiento con la falta y la de ser deseado por el Otro.
Significante: (ver también Sujeto) Lacan en el Seminario 20, aludiendo a R. Jackobson, dice que “todo lo que es lenguaje pertenece a la lingüística, pero si se considera todo lo que de la definición de lenguaje se desprende en cuanto a la fundación del sujeto y lo establecido como inconsciente entonces hay que forjar otra palabra”, que Lacan llama “lingüístería”. Que el inconsciente para Lacan esté estructurado como un lenguaje no significa que pertenezca estrictamente al campo de la lingüística. El ingreso al significante en realidad está dado por un sólo significante que justamente tiene esa propiedad la de permanecer sólo, es decir que, considerado de esa manera, diferenciado o aislado, no hace cadena con otros significantes. Pero, unido a otro significante, sí empieza a hacer cadena, las cuales producen efectos de significado. (S1 – S2) El S2 como símbolo de toda cadena posible de significantes. Esta es la clave y novedad de Lacan, el significante no está unido indisolublemente a un significado, sino que siempre entre ambos hay una barra que los separa. Por lo tanto el significante no representa un significado ni representa para alguien, por el contrario el significante representa al sujeto para otro significante, es decir que gracias al significante uno o primero que representa al sujeto para otro significante (S1-S2) todos los otros significantes (S3, S4…) pueden entonces representar al sujeto. A partir del S2 se puede pensar en una batería de significantes posibles a condición de que haya un S1 y de que este S1 siempre permanezca diferenciado. El hecho de mantenerse separado del significado (suelto, solo) posibilita sus otras operaciones, las de combinación y de sustitución. Efectivamente, al no estar atado a un único significado, su múltiple concatenación habilita nuevos efectos y sentidos. Además, gracias a la sustitución de un significante por otro, por ejemplo, se puede comprender el fenómeno del síntoma, puesto que en su esencia en él siempre está implicado un desplazamiento de significantes y una desfiguración.
El significante es el fundamento de la dimensión de lo simbólico.
Síntoma: Para Freud, desde los comienzos y para explicar la génesis de las neurosis, el síntoma es una formación sustitutiva cuya función es la de reemplazar representaciones inconciliables para el aparato psíquico. En ese sentido, se lo puede comprender en el marco de una defensa, dado que una representación cargada de afecto penoso es sustituida por otra representación (mecanismo de la represión). Pero, poco se entendería si se considerara dicha defensa como lograda, porque efectivamente la clave de la presencia de un síntoma es, en tanto formación de un compromiso, la manifestación de una falla en la defensa, porque sea que se considere la vía de la representación o la vía de un goce, algo reprimido retorna desfigurado en ese síntoma. En Lacan, habría que entender esa sustitución como algo inherente a la propiedad del significante (ver Significante). El hecho de que los significantes puedan combinarse y sustituirse, y que por lo tanto puedan desprenderse de sus conexiones lexicales, es condición para la formación de síntoma. Sin embargo, para un análisis más profundo del tema, además de los presupuestos simbólicos del fenómeno del síntoma, no puede omitirse en Lacan la articulación de lo dicho con el registro de lo Imaginario y de lo Real. (ver registros)
Sujeto barrado (S/): (la barra tacha la “S”) El sujeto para Lacan no es el yo moderno cartesiano, sino que es lo que un Significante hace presente para otro Significante. (S1 – S2) En “Subversión del Sujeto y dialéctica del deseo” Lacan define al Significante de la siguiente manera: “un Significante es lo que representa al Sujeto para otro Significante”. El Sujeto es lo que surge entre Significantes y por lo tanto es lo que aparece no como conciencia sino como lo no reconocido, de allí que la barra que raya la “S” indique la extrañeza y su propia tachadura. Su particularidad consiste en que al mismo tiempo que se produce se tacha, porque su ser en falta, dado que emerge a partir de la identificación con una pérdida, hace que se experimente como ajeno. En ese sentido, es pertinente vincularlo con el síntoma mismo. El sujeto mismo es su propio síntoma para sí en tanto se manifiesta como enigma.
Hay que reparar aquí que Lacan estrictamente no dice que el Sujeto es anterior y que entonces hay algo que viene a representarlo posteriormente, sino que se es Sujeto porque hay un Significante que lo hace presente o lo produce, o sea es efecto del ser hablante y por eso se ofrece a otro Significante.
Segundo un texto sobre el aforismo «Un significante representa a un sujeto para otro significante» https://zacariasmarcopsicoanalista.com/.../undecimo.../
Decimoprimer aforismo: «Un significante representa a un sujeto para otro significante»
Cada cual intenta sus imposibles. Aquí, salir con un mapa no sólo claro sino también vivo del bosque teórico donde uno corre el riesgo de perderse cuando se interna en el territorio Lacan. Vivo, en cuanto aspira a ir más allá de la representación, no quedarse en un esquema, en un papel descifrable a partir de sus signos; vivo, por apuntar al objeto mismo, a las marcas que deja un encuentro, a la respiración que empaña una escritura, al latido que hace vibrar un texto. Reconocemos en los desasosiegos ante lo inasible la fuente de donde brotan las palabras. Con ellas se entra en relación, una en particular. De eso se trata. Recogerlas y dejarlas caer hasta que arruguen el papel, hasta que sacudan la lectura. Si no hubo esa conmoción, abandonar, renunciar a ese saber entendido como poder. Y si la hubo, que sea para devolver al aforismo la vida que nos dio, y no meramente lo que nos contamos de ella.
El sonido de un silbato nos dice que hemos llegado a nuestra próxima estación. Su letrero, un significante representa a un sujeto para otro significante. Tan habituados estamos ya a toparnos con el misterio, que esta vez nos sorprende la nitidez con la que parecen trazarse las primeras líneas del mapa. Bajamos del tren recordando la pista del acceso al inconsciente que Freud siguió, los síntomas, los lapsus, los sueños, los olvidos y los chistes, a los que llamó formaciones del inconsciente. Menudo atrevimiento, entró en él por esta puerta trasera de la ciencia para hacerla su vía regia, sometiendo a estudio lo hasta entonces despreciado. Allí descubrió que el mecanismo de la represión había velado el lugar oculto desde donde emergían las vergüenzas del sujeto, aquello que desde su ideal, desde su identificación, el sujeto no podía asumir. Y trazó con destreza los mecanismos que observaba, la sustitución, la condensación y los desplazamientos que operaban en estas formaciones, constatándose su obedecimiento a las leyes del lenguaje. Esta evidencia, que le hacía sin saberlo precursor de Saussure, saltó de inmediato a los ojos de un Lacan que partía a su encuentro como el inspector Dupin en el cuento de La carta robada, un sabueso que corroboraba con su agudeza la lógica del atrevimiento freudiano: lo desaparecido era justamente lo que estaba a la vista de todos. Identificó aquellos mecanismos como los de la metáfora y la metonimia, y dejó caer su primer gran aforismo, el inconsciente está estructurado como un lenguaje, para a continuación doblar la apuesta. También el inconsciente se aclaraba siguiendo el mismo acercamiento: no era algo oculto, estaba en la superficie del texto, en los dichos del paciente, hablando en él desde su literalidad.
Esta visión Dupin permitía a Lacan acercarse como nadie a las obviedades más esquivas. Pero entremos ya en detalle. Bastará que escojamos un ejemplo cualquiera. ¿Qué es un lapsus? ¿Qué ocurre en el más simple de los lapsus? La emergencia de un significante que surge de improviso para representar a un sujeto en la cadena significante en la que él se perdía. Lo que viene a ser la fórmula estricta de nuestro aforismo, aplicable también al resto de formaciones del inconsciente. A través del enlace de esta sencilla triangulación tenemos la escritura de una evidencia, que el sujeto es un efecto del significante. Un sujeto sometido a la marca de un significante que, viniendo del Otro, lo nombra, pero en discontinuidad con respecto a cómo él se pretendía representar. Es esta división constitutiva, apuntando al inconsciente, la que vemos surgir en el lapsus. Efectivamente, en él aparece un significante insospechado rompiendo el velo de una verdad incómoda que hasta entonces el sujeto engañaba en una cadena de sentido. En medio de ese discurso el sujeto estaba en sfumato, difuminado, impreciso, hasta que el significante que lo representa traza bruscamente su verdadero contorno y queda tan estupefacto como Dorian Grey ante su retrato. No puede reconocerse: contempla su división, se contempla sujeto.
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Lacan decía que al entrar en el juego del lenguaje éste nos la juega, pasamos a ser hablados por él. Morder el anzuelo del significante es decir sí a ese dejarse representar. El Otro primordial nos lo ofreció como traducción a nuestro llanto, a nuestro grito, también a nuestro júbilo, y lo aceptamos. Nos reconocimos ahí, en ese ahí que nos daba un lugar para él. De otra manera no habríamos aceptado la pérdida que la marca del símbolo conlleva, el fin del sueño de una comunicación directa, carnal, con quien nos trajo al mundo. Pero aceptar la representación, entrar en el régimen de la palabra que nombra, nos coloca ante una elección imposible. Por un lado, esa palabra del Otro que viene a definirnos, que viene al lugar de nuestro ser, tiene un estatuto doble, una exterioridad interna que nos paraliza. ¿Qué es eso que nos nombra, eso que fuimos para él? ¿Cómo hicimos nuestra la expresión de su deseo? Nos identificamos a esa palabra, somos eso, sí, pero desde un lugar extraño, desconocido para nosotros. ¿Cómo subjetivarlo entonces? A través de la otra posibilidad que ofrece el lenguaje, la que nos permite entrar en el régimen del sentido, en el torrente de las palabras. Allí podemos dar cuenta de nosotros mismos, o eso imaginamos, disfrutando del guion que nos escribimos. Creerse tal maestría es parte del juego del lenguaje, y razonamos y razonamos, pero en el fondo hasta el más idiota se levanta un día herido por una sospecha, ¿soy eso en realidad?, ¿soy lo que me digo ser?
Detengámonos un poco más en esta elección imposible, que Lacan denomina alienación, y que articula el primer momento lógico de ‘la causación del sujeto’, de su devenir sujeto. Porque entrar en el juego del lenguaje implica para el sujeto una disyuntiva obligada: tener que elegir entre el ser, identificándose a la marca significante primera que le nombra, pero al precio de su parálisis, pues allí él no puede decirse; o bien, elegir el lugar desde donde puede traducirse en articulaciones de sentido, escribiendo su guion, pero al precio de engañar su ser, de desvanecerse en un fading, como lo llama Lacan. Esta perspectiva, ciertamente alienante, marca la división constitutiva del sujeto: allí donde se piensa, no es; allí donde es, no puede pensarse. Y donde no puede pensarse ello habla en él. La palabra, que vehiculó el deseo del Otro a través del significante que le nombra, habla en él frente al resto de significantes, esforzaditos todos ellos en correr el velo para mantener el hilo del discurso. (Por lo demás, no se escapará el diálogo que está estableciendo Lacan con las concepciones clásicas de sujeto, de ahí que la partición que describe pueda leerse como la respuesta del psicoanálisis al optimismo del cogito cartesiano).
A continuación, Lacan va a mostrar la alienación de dos maneras distintas, discursiva y matemática. La discursiva, con el ejemplo de la falsa elección que resultaría de tener que escoger entre la bolsa o la vida, donde sólo una opción nos garantiza no perder la vida, pero al precio de una merma importante, ser cercenado de al menos una parte de lo necesario para vivir. En resumen, o bien morimos, o bien la vida resultante sería un sinvivir. Un poco como si el maligno –en este caso el lenguaje– le propusiera a la cría humana el conocido juego del ‘o pierdes tú, o gano yo’.
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Vamos con la segunda, la manera matemática de mostrar la división del sujeto en su primer momento fundacional. Lacan recurre a la teoría de conjuntos, concretamente a la operación llamada reunión. En dicha operación, dos conjuntos diferentes de objetos tienen en común alguno de sus elementos. Estos elementos comunes son dibujados, reunidos en la parte compartida entre ambos, para que no sean sumados separadamente. Los dos conjuntos están por tanto enlazados, teniendo en ese interior-exterior compartido lo que siendo del otro es también de uno. Para nuestro caso, tendríamos: el conjunto sujeto, vacío todavía de inscripción; y el conjunto del Otro, la lengua Madre, de donde le viene al sujeto la palabra especial que le nombra, donde ha leído el deseo del Otro, además de todo el tropel de articulaciones del sentido. Ambos conjuntos están enlazados por esa palabra privilegiada que se inscribe en el entremedias compartido. Pero, ¿cuál es esa palabra puente y la naturaleza de ese territorio donde se encuentra? Lacan denominará Significante amo (S1) a esa marca que viene del Otro para representar al sujeto en un más allá del sentido. Un significante privilegiado, que ocupará un lugar diferente, un lugar otro, atópico, mixto y desplazado, al que llamamos inconsciente. En resumen, el inconsciente sería el corte en acto que une y separa sujeto y Otro.
Empezaba diciendo que cada uno intenta sus imposibles, lo que quiere decir que elige perdiendo. Aquí optamos por no dibujar los circulitos de la teoría de conjuntos para movilizar la palabra más allá de lo simbólico. Su cometido es aproximarse a lo real, ambicionando tocarlo. Naturalmente, quien quiera gozar con ellos puede hacerlo, no le costará encontrarlos. Por nuestra parte, ceder ese gustito quizás nos permita destacar mejor aquello en lo que se juega el devenir sujeto, que no es otra cosa que la posibilidad de subjetivar la identificación. Una identificación cuyo núcleo es el enigma del deseo del Otro hecho palabra. Éste es el problema que resulta de aceptar que el dicho materno le dice al sujeto, y que le dice en un interior-exterior del que no puede dar cuenta. Sólo dispone de la traducción que le presta el sentido, que le vela aquella marca originaria, S1, en la cadena de su discurso, S2.
De ser fieles a los límites de nuestro aforismo deberíamos detenernos aquí, pero no tendría sentido hacerlo sin avanzar antes por el extrarradio al que nos ha conducido, la articulación del segundo movimiento del sujeto, la operación denominada separación. Pasaremos de las calles ordenadas por los significantes al barro de la pulsión, pero previamente es preciso que aclaremos alguno de los malentendidos habituales. El primero, que Lacan separa estos ámbitos para investigar la especificidad de determinados elementos clínicos, lo que no quiere decir que lo que ocurre en el viviente lo haga separadamente, o sea, que lenguaje y pulsión actúen sin encontrarse. El segundo malentendido atañe al carácter lógico y no cronológico de estos dos momentos de causación del sujeto. Quiere esto decir que no se derivan el uno del otro en un tiempo lineal, el segundo no es ni después ni consecuencia del primero, por lo que la separación no corrige ni soluciona la alienación. No olvidemos que fue Freud quien subvirtió la concepción lineal del tiempo con el descubrimiento de la retroactividad, resignificando con el síntoma actual la marca de la vivencia pasada, haciéndola trauma. Después, su alumno aventajado la desarrollaría in extenso, acabando de paso con la concepción de fases, de progreso, de evolución madurativa. Por último, tercer malentendido, tampoco debemos dejarnos engañar por los atajos de la intuición, que son los atajos del sentido, pues nos llevarían a pensar que la separación liberaría al sujeto de la alienación primera, de aquel sometimiento al Otro materno. Debemos desprendernos del sentido filosófico de estos conceptos, Lacan les da otro, y por ahí se justifica que recurra a la teoría de los conjuntos para mostrar topológicamente la división del sujeto en el momento de su constitución.
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Bien, superadas estas zancadillas, contemplemos lo que ocurre en el extrarradio. Es preciso que lo experimentemos, que salgamos de la cuadrícula significante y nos hundamos en el barro. ¿Cómo entender la existencia de este segundo movimiento, la separación? ¿Qué se juega en ella? ¿Y qué elementos convoca? Si en el primero, en la alienación al lenguaje, se trataba de mostrar la dificultad para subjetivar la identificación ligada al significante recogido en el campo del Otro, habida cuenta la falsa elección que se le presentaba al sujeto; en el segundo, en la separación, se va a dar cuenta de los avatares que sufre el sujeto para subjetivar el deseo, un deseo que surge en réplica al deseo del Otro. Allí donde antes señalábamos la marca del significante que viniendo del Otro mordía el ser mismo del sujeto, veremos ahora surgir el objeto de la pulsión, aquel que movilizará su deseo coagulándolo en una fórmula, pero de la que tampoco podrá hacerse cargo. En consecuencia, la separación presenta una nueva versión de la división que constituye al sujeto, otra modalidad de escisión interna nacida de la relación con el Otro. De ahí el paralelismo en la formación de estos dos elementos, el S1 y el objeto a, pero tan heterogéneos entre sí que justifica estudiarlos como operaciones diferentes. Veamos cuales son los términos de este nuevo diálogo del sujeto con el Otro, ahora no en su versión lengua materna sino en su aspecto carnal.
En el ser hablante el deseo se constituye como respuesta al deseo del Otro. Lo concretaba Lacan en otro famoso aforismo, el deseo es el deseo del Otro, que podría entenderse de una manera bastante banal si no involucrara el elemento pulsional, el objeto, ese chapoteo en el barro cuya articulación constituirá para el futuro sujeto la fórmula inconsciente de su deseo. Encontramos aquí una curiosa reciprocidad que mueve a Lacan a ilustrar la operación de separación utilizando también la teoría de conjuntos, pero bajo la forma de una intersección, entre el conjunto sujeto y el conjunto Otro. Vimos cómo, en la operación de reunión, venía a inscribirse un elemento del conjunto del Otro, el significante amo, S1, en un lugar vacío; sin embargo, ahora, en ese nuevo entremedias de la operación de intersección, cada uno va con lo suyo, con sus pulsiones, la del sujeto y la del Otro, que se convocan mutuamente para dar origen al objeto a. ¿Cómo se produce este alumbramiento, el nuevo modo de alienación del sujeto, ahora por la vía de la pulsión? En el espacio de la intersección se va a superponer la relación de cada uno al deseo del otro. Una relación por lo demás bien compleja, al estar vinculada a la asunción de la propia falta. En ese lugar ambas faltas entrarán en diálogo, la propia y la del Otro. Su estructura no será, por tanto, aquella de la elección engañosa (o, o), sino la acción conjunta de ambas faltas, la una sobre la otra (y, y).
Naturalmente, dicho en frío, todo esto no tiene el menor sentido. Para orientarse es necesario embadurnar las palabras, recurrir a elementos imaginarios y pasarlos después por el túnel de lavado de la clínica cotidiana. Sólo este proceso justifica la utilización de unos conceptos que tienen su propia historia, como ‘el deseo del Otro’ (Hegel), para permitirnos hacer con ellos otra cosa. Así, en este territorio clínico podemos observar la indisoluble articulación del deseo del Otro a la falta en el Otro, al punto de volver ambos indiscernibles. Recurriendo al apoyo imaginario, hablamos de la incógnita que el bebé pretende desvelar –qué es él para el Otro–, aspirando a colocarse, a poco que el Otro esté en posición deseante, como objeto de su deseo, el objeto que colmará su falta.
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Pero para responder al secreto del deseo que anima al Otro hay que descubrirlo primero. Lo vemos en los niños, en cómo rascan en el lugar incómodo del padre o de la madre. Incómodo, porque desvela que también ellos son sujetos divididos por la pulsión. Es cierto, en el terreno del deseo es la pulsión quien tiene la palabra, o, más bien, la que marca las cartas, la que arrebata el cuerpo. Por eso, para llegar a ella partimos del deseo, de cómo el niño se pone a interrogar el deseo del Otro desde la propia falta, incluso al punto de convocar su propia desaparición. Caso extremo donde se ve la articulación central del deseo a la existencia. El niño es capaz de jugarse a sí mismo en la apuesta. Vemos entonces el vaivén mortal que le liga al Otro. Cómo el niño trata de derivar y controlar el vínculo de su pasión, lo que finalmente será el objeto a. Un tesoro extraído del Otro que le aleje del peligro de quedarse en la posición de objeto.
Recordemos, para terminar, las dos operaciones. Si la primera daba cuenta del intento de subjetivar la identificación, resultante de hacerse cargo de la marca significante que viene del Otro, quedando dicho significante privilegiado como el inconsciente del sujeto; la segunda operación lógica intenta subjetivar el elemento pulsional, el recorte de un objeto proveniente del cuerpo del Otro, que responda a la huella pulsional activada en el cuerpo propio. El resultado será su fórmula deseante, el fantasma, que es la relación inconsciente del sujeto a ese objeto éxtimo, el objeto a. La cura analítica buscará la manera de deshacer ambas fijaciones, donde el sujeto se encuentra apresado, dominado por su inconsciente.
Me detengo. Estoy lejos de mi parada. Bajaré a estirar las piernas. Hemos excedido los límites de nuestro aforismo al incursionarnos en un territorio distinto. Le hemos entrado desde el anterior, pero pide algo más, un tratamiento propio, otra cartografía capaz de dibujar el borde exterior del significante. ¿Qué haremos? ¿Por qué no cambiar de perspectiva, a una más abiertamente clínica, antes de retomar los problemas de la constitución del fantasma?
Zacarías Marco
Como tercer paso una reseña del libro mas importante de Zizek después del sublime objeto de la ideología https://www.fantasymundo.com/el-sexo-y-el-fracaso-del.../....
Que el título no te engañe. ‘El sexo y el fracaso del absoluto’ (Paidós, 2020) va mucho más allá de lo que se deja entrever a primera vista en su portada. De hecho, podríamos decir que es uno de los más importantes, si no el más, en la obra del autor, por cuanto el propio Žižek nos deja claro en la introducción que “el presente volumen es (…) lo más cerca que nunca estaré de presentar un sistema filosófico, una respuesta a las <<grandes>> preguntas sobre la realidad, la libertad, etcétera.” (p. 26). Escrito, además, como también nos advierte, con pasajes “parafraseados de mi obra anterior” (p. 26), lo que lo convierte en un libro íntimamente vinculado con todos sus trabajos anteriores, pero también lo hace caer por veces en la repetición excesiva, la reiteración innecesaria de ideas; dificultando aún más una lectura que ya de por sí no es sencilla.
Y esto nos lleva a otra advertencia. Žižek es un filósofo de obra diversa y vastísima, cuantitativa y cualitativamente. En ella se alternan los artículos de prensa con los de investigación, los ensayos breves con los opúsculos, los libros de divulgación dónde analiza la realidad con los tomos de análisis filosófico sobre los que ha cimentado -en esencia- su trabajo, etc. En cada obra mantiene un tono totalmente distinto, en coherencia con el tema y el público al que va dirigido. Pues bien, este tomo va orientado a un público con cierta base ya en el pensamiento filosófico, conocedor de la obra del autor esloveno, así como de los referentes principales de su posición filosófica (Hegel, Freud y Lacan, fundamentalmente). Un público muy alejado, por tanto, del de otra de sus últimas y más actuales obras, ‘Pandemia’ (Anagrama, 2020).
Abrir las páginas de ‘El sexo y el fracaso del absoluto’ es asomarse, por tanto, al intento más estructurado y sistemático, hasta el momento, del pensamiento filosófico general de uno de los principales pensadores contemporáneos y, sin duda, el más mediático y popularmente conocido de todos ellos. Pero también construido por y para quienes son capaces de interpretar sus claves más profundas.
Otra cosa es si tú, que estas leyendo esta reseña, estás interesado en saber cómo Žižek se acerca al sexo y a la sexualidad; en cómo interpreta cuestiones actuales como la construcción de sexos a partir de su relación dialéctica (masculino, femenino); o a cómo relaciona esta cuestión con la identidad de género y la transexualidad o el lesbianismo; o a cómo encaja aquí el sadismo (del marqués de Sade); o quieres saber cómo otras patologías sexuales, que afectan directamente en la construcción de “lo masculino” y/o “lo femenino”, se interponen en las identidades, las subjetividades y las realidades de “lo sexual”. Si esta es tu intención, este es también tu libro.
Žižek, sus referencias y sus ideas
Ahora te estarás preguntando, ¿cómo es posible que dos objetivos de lectura tan aparentemente distintos como el de conocer un sistema filosófico completo (y complejo) como el de Žižek, por un lado, y el debate alrededor del sexo y su abrumadora presencia en la sociedad contemporánea, por el otro, sean compatibles entre sí? ¿No es el sexo una realidad mundana, física, instintiva, baja y vulgar, lo suficientemente obviada o denostada por la mayoría como para quedar relegada a los más oscuros rincones del pensamiento filosófico? ¿Qué hace Žižek echando mano del sexo como clave interpretativa de su obra?
Si te haces estas preguntas es, precisamente, porque posees una “ideología”, también, sobre el sexo. Una idea de qué es y qué espacio “ocupa” y “debería” ocupar en tu vida… y en la de los demás. Una posición con consecuencias prácticas para ti, para tus parejas y familia, y también para todos. Pues bien, con esta clave, y desde este punto, es que Žižek desenvuelve su pensamiento aquí a partir de cuatro “teoremas” que van de lo más abstracto a lo más concreto y que comienzan vinculando el “sexo” con “lo absoluto”. Una posición que se distancia radicalmente de aquellos que lo banalizan (intentando reducirlo a “lo animal” para sacar al sexo de Lo Real) situándolo, precisamente, como una de las características ónticas y transcendentales de “lo humano”, considerándolo incluso como “sublime”.
Portada de El sexo y el fracaso del absolutoUna vez introducido el sexo dentro de nuestra realidad, pasa a preguntarse de qué está ésta compuesta en última instancia (y, por tanto, también el sexo). Y aquí es cuando llega a la conclusión de que nuestra realidad está constituida por contradicciones que, a partir de las “antonimias” de Kant, si bien reorientándolas a partir de la interpretación que de ellas hace Hegel, la realidad se muestra incognoscible y, por consiguiente, también irresoluble. Uno no puede conocerse a sí mismo internamente, desde dentro, sino que debe recurrir al “afuera”, donde la presencia del “Otro” distorsiona e imposibilita la completitud de este conocimiento. A esta paradoja Žižek hace referencia como “la imposibilidad constitutiva” de la realidad (p. 140). Cuya consecuencia principal es que toda nuestra realidad, también en el sexo, se define sobre una brecha, una falla, un problema constitutivo fundamental que, cuando se hace visible, genera problemas sobre la autoidentidad.
En concreto, y sobre esto, Žižek sostiene que el único sexo constituido es el masculino y que, así, la imposibilidad de conocerse en su totalidad hace que, a partir de él, se definan las demás situaciones (femenino y transgénero). Con sus propias palabras, afirma que “no es correcto decir que hay dos sexos: hay un sexo y su resto, que positiviza el fracaso del uno para ser uno (…)” (p. 164). Esto se produciría “por exceso”, esto es, por todo aquello que rebosa a lo “masculino” y no encaja con su interpretación, un exceso que, en términos freudianos, se produciría, en su camino hacia lo absoluto, por un “exceso de goce” generado por “la libido” y que, en la construcción sexual de la naturaleza, sublimaría al ser humano respecto a los demás reinos animal y vegetal -equipara esta sublimación a la definición nietzscheana del “superhombre”. Con todo, como dijimos, este hombre no conseguiría alcanzar este nuevo estado pues, como se dijo, su ser está atravesado por una “brecha” que hace imposible la consecución de este salto.
El tercer teorema analiza la estructura de esa “imposibilidad constitutiva”. Para Žižek el conocimiento de la realidad es una vuelta sobre del pensamiento sobre sí mismo, con el objetivo de intentar desentrañar la naturaleza y las consecuencias de esa “brecha” constitutiva esencial de la realidad. Esta estructura la analiza a partir de los tres modelos más representativos de esta característica: la cinta de Moebius, el “cross-cap” o “gorra cruzada” y la botella (o garrafa) de Klein. Tres topologías matemáticas “no orientables” que, precisamente por esta característica de invertir el sentido de los sujetos/objetos que viajan sobre ella, cree el esloveno pueden mostrar filosóficamente su concepción de aspectos clave somo son la convivencia “antinómica” en la realidad del “no uno” con su opuesto (la cinta de Moebius), básica cuando se quiere mostrar la existencia de un problema constitutivo de la realidad; la diferencia entre la esencia y la apariencia (la gorra cruzada); y la subjetividad y la identidad reflexivas (a partir de la botella de Klein).
Para cerrar el libro, el cuarto teorema se limita a proyectar la conclusión extraída a lo largo de los tres anteriores en distintas realidades vinculadas, de una forma u otra, con el sexo: el exceso de locura, el exceso de pasión mortal y el exceso de pasión bélica. Una interpretación extraída a través de la tríada Kant-Hegel-Lacan, mediante el prisma de la psicología freudiana, y extrapolada a nuestra realidad mediante productos culturales (audiovisuales o literarios, fundamentalmente), que insiste en la lectura del sexo como una de las claves que explica la “incompletitud” del “ser” humano. Y que nos sitúa, en cuanto especie, como un intento fallido de transcender la realidad más allá de las otras distintas constituyentes de Lo Real universal: lo cuántico, la materia y el espíritu (insistiendo, nuevamente, en Hegel).
Y es que, introduciendo aquí la física cuántica también como factor explicativo del mundo, Žižek aporta una visión todavía más elaborada, extrema y sorprendente, de lo que hasta ahora venía haciendo. Convirtiendo a ‘El sexo y el fracaso del absoluto’ (Paidós, 2020) en su libro más completo y ambicioso, complejo y fascinante, escrito hasta la fecha. Una lectura dura, no apta para todos los públicos, pero que dejará sin duda ojipláticos a todos los conocedores de las claves profundas que articulan el pensamiento del filósofo esloveno. Esta es la piedra clave sobre la que, a partir de ahora, deberemos leer toda su obra pasada y futura. Una obra imprescindible para todos los seguidores de Slavoj Žižek.
Y por fin y en cuarto termino mi critica a tu comentario y a Zizek develando esa posibilidad de lo absoluto. Para entrar en ella me gustaría que vieras esta película: https://www.youtube.com/watch?v=nzbAc8kuTlI&t=4s
La pregunta por el ser, llevada a mí registro de lo real, es la pregunta por lo que me convierte, el que soy je de Lacan es eso la pregunta por lo que me convierte y su respuesta es el goce, y ese goce que lacan comprende como impureza del no ser en el disfrute de la creación de sentido, nosotros lo comprendemos como el creador, develador de la sustancia, y esa creación y develación es espiritual e histórica.
La imposibilidad de completar mi subjetividad me lleva al perdón, y en el alcanzo lo absoluto gozando del otro y el gozando de mí, en una oportunidad nueva de darme.
Espero algún día puedas ver la película y lo traumático que siempre es el sexo, ese significante incompleto expresa el síntoma en el cuerpo y uno espero en el sexo encontrar el significante faltante pero no lo logra, y entonces la herida profunda, ¿Qué queda? Pensar que no hay un gran otro, pensar que no hay un meta sentido, o realizar la metáfora en una sintransferencia llena de goce como creación del ser.
Mi crítica se desarrolla a continuación alterando el artículo de Pablo de Muñuz, En lo atinente a la historia del término francés jouissance se define primero como placer, especialmente como placer sexual ligado al orgasmo, en lo cual se aprecia su vínculo con el joy medieval que designa en los poemas corteses la satisfacción sexual cumplida, empleo del término que Lacan abandona tempranamente. Pero también se liga con el uso de una cosa o percibir los frutos de su uso. Jurídicamente se emplea la expresión “gozar de un bien” en el sentido del usufructo (una de las acepciones de “goce” es “contrato entre dos o mas personas por el que se permutan posesiones en cuanto al usufructo”), diferente de poseerlo, lo cual es señalado por Lacan en El Seminario 20:
“Esclareceré con una palabra la relación del derecho y del goce. El usufructo reúne en una palabra lo que ya evoqué en mi seminario sobre la ética, es decir, la diferencia que hay entre lo útil y el goce. ¿Para qué sirve lo útil? […] El usufructo quiere decir que se puede gozar de sus medios, pero que no hay que despilfarrarlos. Cuando se tiene el usufructo de una herencia, se puede gozar de ella a condición de no usarla demasiado, allí reside la esencia del derecho: repartir, distribuir, redistribuir, lo que toca al goce. ¿Qué es el goce? Se reduce aquí a no ser más que una instancia negativa. El goce es lo que no sirve para nada” (Lacan 1972-73/1995, 11).
Pero pensemos en esa concepción con Heidegger hemos ido de lo útil a lo inútil y aquello que no justamente no sirve para nada, no nos remite al no ser, sino al ser en sí mismo, hay que repensar a Hegel cuando nos dice que el ser y el no ser son lo mismo ¿Dónde se encuentra el ser? ¿Dónde se produce el resein en la nada, superada la angustia se produce la creación del goce que es el ser mismo, el cual no pude ser usado y no da nuestra dignidad.
El usufructo como término del derecho implica gozar de un bien que le pertenece a otro pero es una tenencia que se define como precaria, pues es un tipo de posesión que se contrapone irreconciliablemente a la propiedad ya que el que usufructúa de un bien no puede venderlo ni enajenarlo. En efecto, sólo es propietario de algo quien puede venderlo. Por el contrario, los objetos del goce son aquellos que se sustraen a la esfera del intercambio y la circulación, los que conservan enteramente su categoría de bienes (de los que sólo cabe disfrutar o no disfrutar) sin poder adquirir la de valores (o sea, la de cosas que sólo valen en comparación con otras cosas, por y para esa comparación, cosas de las que se puede ser propietario pero no poseedor ni usufructuario, porque no son susceptibles de goce alguno). Es decir que todo goce es parcial pues es una posesión que se funda en una pérdida. Entiendo que es esto lo que le interesa destacar a Lacan: lo parcial, que el goce no es todo y la pérdida fundante que lo constituye. Concepto que se formalizará posteriormente en el axioma “el goce del Otro no existe” cuya escritura matematizada será: JȺ .
Este recorrido inicial ya nos permite destacar unas primeras puntualizaciones sobre el concepto de goce que Lacan propone para el psicoanálisis: 1) que no se trata de algo vinculable con los sentidos, una sensación corporal u orgánica; 2) la parcialidad que le es inherente en tanto se funda en una pérdida da cuenta de que no es una tenencia, no se tiene el goce, no se goza positivamente de algo o alguien (Lacan señala en numerosas oportunidades que no hay goce del Otro); 3) que tratándose de una instancia negativa no resiste la idea de que puede alterarse, orientarse o modificarse con el fin de encontrarle una mejor aplicación; y siguiendo el mismo vector: 4) si no sirve para nada, no hay goces correctos, no hay medidas adecuadas o modalidades adaptadas de gozar.
Justamente porque no puede tenerse el goce es que el goce nos lleva al ser y se hace positivo y puede transferirse al otro aun a mi enemigo por lo mismo el goce jamás será parcial es una experiencia liberadora total, se dirá que lo estamos imaginando y es cierto pero en esa imaginación se devela el arquetipo en sí mismo, ahora la cuestión es podemos gozar del con el otro, es claro que dentro de los sistemas no, porque ellos se fundan en el no ser , donde el goce se pude ver como un falta, como una imposibilidad, pero en los campos ontológicos el goce te integra en una comunión de amor, que parece luego desaparecer una vez tocamos tierra, pero se mantiene guardado en la certeza interior en la fe y desde ella transferimos este goce a los otros, claro esta que esta fe no descansa en nosotros sino en Dios. No es como tú dices que cualquier cosa puede ser lo absoluto, solo la presencia de lo divino nos hace experimentar el gozo, todo lo demás, el sujeto moderno, el super hombre de Nietzsche el dasein de Hegidegger en una inversión de este goce, ¿Qué hay detrás de cada concepto sino una metáfora condensada por el inconsciente, donde todas las transferencias nos han cargado de energía, solo que ahora invertidos esa energía se degrada, y consumida no queda ya ninguna presencia, es hora de volver a convertirnos esa reconversión proclama la resurrección de Dios.
De término a neologismo
El término francés jouissance -goce tal como ha sido traducido universalmente al español- resuena con significativas homofonías y cuasi-homofonías con las que Lacan opera del siguiente modo:
1. j’ouïs sens: oigo sentido
2. j’ouir sens: oir sentido
3. jouir sens: gozar (del) sentido
4. jouis sens: goza (del) sentido
Estos “juegos de palabra” exceden el uso vulgar del término y lo empujan al neologismo: invenciones, palabras nuevas que se incorporan e integran a una lengua establecida para hacer frente a nuevas necesidades expresivas o de denominación, aunque también puede tratarse de un giro o acepción nueva o la inclusión de un significado nuevo en una palabra ya existente o en una palabra procedente de otra lengua. Lacan suele emplear dos tipos de neologismos, los semánticos (cuando toma arcaísmos o palabras ya existentes y las altera o reformula cambiando su sentido); y neologismos por su forma, que son palabras nuevas, creaciones a partir de cambios morfológicos de vocablos ya existentes que pasan a formar parte del vocabulario del psicoanálisis, por ejemplo lalangue. Jouissance tiene la peculiaridad de que Lacan trabaja con él de diversos modos, a veces lo escribe tal cual, a veces lo equivoca según las homofonías señaladas mas arriba. Pero también se plantea el siguiente problema: en su enseñanza oral, cuando pronuncia el término “jouissance”, ¿qué dice? ¿goce? ¿oigo sentido? Es indecidible. Sólo puede resolverlo la escritura. Y justamente por esta equivocidad que hace estallar el sentido vulgar, lo convierte a nuestro modo de ver en un neologismo. El siguiente es un claro ejemplo de cómo opera con su equivocidad homofónica y la importancia de la escritura:
“En efecto, aun si la ley ordenase: Goza, el sujeto sólo podría contestar con un: Oigo, donde el goce ya no estaría sino sobreentendido” (Lacan 1960/2008, 781).
Es decir, aunque la ley mandase a gozar: “Goza!” (“Jouis”) es inevitable responder “Oigo” (“J’ouïs”) -perfecta homofonía-, es decir que se interponga a su goce (“jouissance”) la función del significante que acarreará la pérdida de ese goce, su nadificación. Por eso el goce no se puede decir sino que está “sobreentendido” (“sous-entendue”), entredicho, o sea prohibido y dicho entre líneas. Cuando algo se da por sobreentendido es porque no se considera necesario decirlo explícitamente. La ley ordenando gozar, el imperativo de goce tan mentado, alude tanto al superyó como voz, como al sentido implicado en el goce. El juego de palabras que Lacan arma permite romper con la ilusión de que el hombre es un animal especial porque habla pero que como todo animal goza sin la dimensión radicalmente intersubjetiva del lenguaje, sin Otredad. Por el hecho de que habla -el inconsciente está estructurado como un lenguaje- el goce es inconcebible como satisfacción de una necesidad aportada por un objeto que la colmaría. El único término que cabe allí es goce pero como interdicto, no en el sentido de prohibido por la instancia paterna sino prohibición fundamental en tanto imposibilidad. Y a la vez, interdicto como entre dicho, hecho de la misma materia del lenguaje donde el deseo encuentra sus reglas. La materia del goce no es corporal, su materialidad es lenguajera, el significante es su sustancia. Lo cual no se junta muy bien con la idea bastante difundida de localización del goce en partes del cuerpo fijado en síntomas o prácticas compulsivas.
Por ejemplo, el fort-da es la sílaba que acompaña el juego del niño que hace aparecer y desaparecer el carretel. En el ritmo de esa oposición de fonemas ese juego simboliza la ida y el retorno de la madre, oposición de dos sílabas que para Freud da cuenta vía repetición de la pérdida y la aparición del objeto deseado. Si dolor y placer entretejidos en esa repetición ofrecen una figura aproximada de qué es el goce, es preciso subrayar que allí el lenguaje no es un mero instrumento de descripción de la pérdida o del reencuentro, es la textura misma del lenguaje la que teje la materia de este goce en la repetición de la pérdida y el retorno del objeto deseado. No se trata de alcanzar con lo simbólico el dominio de la pena y la emoción por la pérdida. La materia del goce es la materia del lenguaje, no el cuerpo material, pues es referido a un efecto lógico de la estructura significante. Cuando Lacan lo comenta dice:
“El carrete no es la madre reducida a una pequeña bola por algún juego digno de jíbaros […] Con su objeto salta el niño los linderos de su dominio transformado en pozo y empieza su cantinela. Si el significante es en verdad la primera marca del sujeto, cómo no reconocer en este caso (por el solo hecho de que el juego va acompañado por una de las primeras oposiciones en ser pronunciadas) que en el objeto al que esta oposición se aplica en acto, en el carrete, en él hemos de designar al sujeto” (Lacan 1964/1987, 70).
Podríamos decir que para Lacan el niño simboliza la experiencia gozosa de su desaparición del campo del Otro, fading del sujeto, para volver a aparecer en el campo del Otro pero distinto del que se arrojó. Experiencia subjetiva de borramiento del campo del Otro que señala un punto de encuentro de sujeto y goce en la realización de la pulsión (pues no olvidemos que el contexto freudiano de este hito de su nieto es el de ubicar una matriz de satisfacción más allá del principio del placer ligado a su conceptualización de la pulsión de muerte). En este sentido, goce define un lugar en la estructura, necesario lógicamente, por la incidencia misma del significante. Como sostiene Lacan en El Seminario 17: “el discurso se aproxima al goce sin cesar, porque en él se origina” (Lacan 1969-70/1992, 74). Articulación entre discurso y goce que, si bien porta cierta ambigüedad respecto del agente del origen, es decir quién se origina en quién, se presenta bajo la modalidad de no hay uno sin otro, fundada en esta comunión de origen. A propósito de lo cual agrega: “Si se puede hablar de goce es como vinculado con el origen mismo de la entrada en juego del significante” (ibid., 191). Es decir, el goce entra en juego con el significante, de modo que su lugar se funda en simultaneidad con el tiempo de inscripción del significante.
Una primera conclusión se extrae de este recorrido: el goce es solidario de la concepción del sujeto del significante y no de la sustancia material del cuerpo.
Un momento el goce no tiene su sustancia en el significante, el no ser del significante nos lleva al significado como fenómeno saturado siguiendo el concepto Jean Luc Marion develándose lo noumenologico y lo noumenologico no puede ser sistematizado, no está en la cadena de significantes, excede los registros y devela lo real como aquello que no puede ser concebido, es el tenor permanente de la metáfora, la significación numinosa. Ellos pretenden encontrar esa numinosidad en su relación pero el sexo hace imposible este encuentro, ¿Cómo superarlo? Hay que tomar conciencia de la imposibilidad de alcanzar el absoluto con los cuerpos, hay que comprender la contradicción ontológica que nos forma en la realidad, pero lo real no es así, podemos juntarnos con los cuerpos elevándonos con el espíritu a un gozo santo donde toda contradicción quede superada, eso no es estar atento al fenómeno sino crear el noúmeno.

develándolo, esa no es la creación del sentido, sino el salto al sinsentido, como fundamento de todo sentido, la omnipotencia divina que se muestra a Job, no es otra cosa que el gozo pleno de los amantes del cantar de los cantares.             

Goce, ser y Otro

Observando el grafo de Lacan a “simple vista” nos dice mucho sobre el goce (por lo antedicho es conveniente conservar el término jouissance en francés, para no eliminar las homofonías que desaparecen al traducirlo -lo cual aplica para todos los neologismos lacanianos-):[1]

Se puede observar el grafo en este link: https://www.redalyc.org/journal/3691/369162253027/html/

 

 

Notemos que el goce ingresa en el grafo en la cadena superior donde se localizan los homólogos del tesoro del significante y el significado del Otro. Entonces, la ubicación de la pregunta por el sujeto del inconsciente en la cadena de la enunciación no puede dejar de estar asociada al sentido, por eso Lacan enfatiza j’ouïs sens: oigo sentido.

El punto de ingreso al grafo es S(Ⱥ), vale decir el significante de la falta en el Otro, que Lacan propone como el matema de su axioma “no hay Otro del Otro”. Para extraer algunas consecuencias es preciso remontarse al concepto de Otro.

Con la introducción del Gran Otro[2] en el El Seminario 2 se inicia un recorrido que lleva a Lacan a formular bajo la forma de un axioma (es decir como una proposición o enunciado que no requiere demostración) que no hay Otro del Otro. Dos sentencias tomadas de El Seminario 3 le dan estatuto a su función en el registro de la palabra y no tendríamos que entenderlo como la simple afirmación de la existencia de un ser de lo que luego Lacan se retractaría admitiendo que no hay Otro o que el Otro no existe. Ellas son: “A partir del momento en que el sujeto habla hay un Otro con mayúscula” (Lacan 1955-56/1995, 63) y “Hay un Otro” (ibid., 391). En efecto, allí mismo sostiene:

“Entonces, antes de hablar del otro como algo que se coloca o no a cierta distancia, que somos o no capaces de abrazar, de estrechar, incluso de consumir en dosis más o menos rápidas, se trataría de saber si la fenomenología misma de la forma en que las cosas se presentan en nuestra experiencia no obliga a un abordaje diferente y, precisamente, el que adopto cuando digo que el Otro debe ser considerado primero como un lugar, el lugar donde se constituye la palabra” (ibid.).

En esos mismos años, en referencia al significante del Nombre-del-Padre, Lacan afirma “El Otro tiene, él también, más allá de él, a este Otro” (Lacan 1957-58/1999, 159), en lo cual asoma ya su incompletud -aunque no sea aún explícito-.

En las primeras clases de El Seminario 5 sostenido en la construcción del grafo retoma la idea del Otro como lugar y produce una formulación más precisa al distinguir el concepto de Otro del A mayúscula, dejando el primero para pensar la función de la palabra, coordenada histórica, y el A como el matema que escribe el tesoro de los significantes, coordenada estructural.[3] Paso necesario para postular sin ambages en El Seminario 6 por vez primera la fórmula “No hay Otro del Otro” bajo el capítulo “el gran secreto del psicoanálisis es...” (Lacan 1958-59/2014, 331) -que en Lacan hace serie- para ya no abandonarla nunca más. Ese 8 de abril de 1959 indica que el matema S(Ⱥ) quiere decir eso, que en el conjunto del sistema de los significantes falta algo, un significante y eso significa que no hay Otro del Otro. No solo por su insistencia en las clases que siguen (cf. clases XX y XXI) sino por el tono que le da a su discurso, nos genera la convicción de la postulación de un axioma que Lacan no estará dispuesto a refutar. Como lo comprueban las referencias que le dedica hasta su último suspiro. Por ejemplo en El Seminario 18, con ánimo “recopilativo” recuerda: “no hay semblante de discurso, no hay metalenguaje para juzgar al respecto, no hay Otro del Otro, no hay verdadero sobre lo verdadero” (Lacan 1971/2009, 14).[4] Así como en la consideración del discurso Lacan insiste en que no hay lengua sin traducción, no hay La lengua sino las lenguas y su historia: para el sujeto siempre se trata de la Otra lengua.

Pero nos interesa detenernos un instante en el modo en que lo plantea en Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano pues es el escrito en el que por primera vez presenta un desarrollo importante sobre el goce. Allí sostiene:

“Lo que el grafo nos propone ahora se sitúa en el punto en que toda cadena significante se honra en cerrar el círculo de su significación. Si hay que esperar semejante efecto de la enunciación inconsciente, aquí será en S(Ⱥ), y se leerá: significante de una falta en el Otro, inherente a su función misma de ser el tesoro del significante: Esto en la medida en que al Otro se le pide (che vuoi) que responda del valor de ese tesoro, es decir que responda sin duda desde su lugar en la cadena inferior, pero en los significantes constituyentes de la cadena superior, dicho de otra manera en términos de pulsión” (Lacan 1960/2008, 778).

El cierre del círculo de significación al que se refiere es el trazado por los vectores que recorren los matemas A → S(Ⱥ) → s(A). El piso superior del grafo (de la enunciación) vuelve a plantear un círculo (el del grafo completo). Este círculo se cierra en una significación que pasando por S(Ⱥ) desemboca en el s(A) que es el cierre de la significación -en el piso del enunciado-. Entonces el significante de la falta en el Otro es donde se cierra la significación a nivel inconsciente, homólogo del significado del Otro en el piso inferior. Es decir, cumple la función de s(A) pero a nivel inconsciente. El cierre de ese círculo se produce a partir de la enunciación inconsciente. Al Otro se le pide que responda por el valor del tesoro que se localiza en A y recibe su respuesta a nivel de la enunciación inconsciente. Es decir que partiendo de A y llegando al punto de cierre del círculo S(Ⱥ) es necesariamente pasando por la pulsión: A → $◊D → S(Ⱥ).

“La falta de que se trata es ciertamente lo que hemos formulado ya: que no hay un Otro del Otro. Pero este rasgo de la No-Fe de la verdad, ¿es en efecto la última palabra válida para dar a la pregunta: ¿qué me quiere el Otro? ¿Su respuesta, cuando nosotros, analistas, somos su portavoz? -Seguro que no, y justamente en la medida en que nuestro oficio no tiene nada de doctrinal. No tenemos que responder de ninguna verdad última, especialmente ni pro ni contra ninguna religión” (Ibid.).

Es decir que no hay en el Otro una función que lo garantice a él mismo, siendo que de él el sujeto demanda ser garantizado. Si la función de garantía se llama Otro entonces no hay esa función en el Otro, entonces no hay lenguaje que otorgue coherencia lógicamente a otro lenguaje. La significación siempre es del Otro, él lo impone pero a su vez, paradójicamente, carece de garantía: S(Ⱥ). Y la No-Fe de la verdad es el problema que se deduce de esa carencia de garantía. Nos falta la garantía de lo verdadero de la verdad tal como enseñó tempranamente Freud. Él dio cuenta de que se puede mentir diciendo la verdad a partir de una formación del inconsciente, el chiste:

“«¿Adónde viajas?», pregunta uno. «A Cracovia», es la respuesta. «¡Pero mira qué mentiroso eres! -se encoleriza el otro-. Cuando dices que viajas a Cracovia me quieres hacer creer que viajas a Lemberg. Pero yo sé bien que realmente viajas a Cracovia. ¿Por qué mientes entonces?»” (Freud 1905).

Palabras fundantes y palabras mentirosas, engañosas en cuanto tales, que nos indican que estamos en presencia de un sujeto en la medida en que lo que dice y hace puede suponerse haber sido dicho y hecho para engañarnos, con toda la dialéctica que esto entraña, incluyendo en ella el que diga la verdad para que creamos lo contrario. Lo que el sujeto me dice está siempre en una relación fundamental con un engaño posible, donde me envía o recibo el mensaje en forma invertida, debido a esa falta de garantía nombrada “No hay Otro del Otro”.

En consecuencia, la última palabra válida, la verdadera, no la tenemos. No hay palabra última que el analista pueda enunciar desde el lugar del Otro, pues no sostenemos doctrinas religiosas: Dios ha muerto es el nombre de la falta de garantía del Otro en filosofía, no es ir más allá del padre, que es una modalidad de la religión. No hay Otro del Otro es la verdad última que el psicoanálisis puede proponer al analizante.

 

¿No hay otro del otro? Claro que lo hay siempre lo hay y se espera ese sentido último del analizante, el noumeno metaestructural nos dio el absoluto en la religión Cristiana, y el cura hablaba en nombre del gran otro y su palabra nos llenaba de gozo, en el espíritu revelado cuando se invierte la religión, es la obra del artista la que nos llenaba de gozo sublimándonos y esa era nuestra experiencia plena, cuando el filósofo reflexiono hasta llegar con Hegel al absoluto   todos nos llenamos de gozo y esta es la gran presencia del gran otro , cuando Newton nos dio sus formulas  y Einstein  las relativizo nos llenanmos de gozo luego vino la posmodernidad con la deconstrucción y todo se invirtió, la religión se hizo profana, el arte abyecto, la filosofía existencial , la ciencia compleja pero aun en esa torre de bable hubo gozo , hoy con el absoluto algorítmico creando la gran inteligencia artificial que puede tomar conciencia de sí misma hay gozo y está  presente la palabra del gran otro, ese otro del otro. Por lo mismo pensar que Dios ha muerto es una ingenuidad Dios se ha invertido y pronto volverá a convertirse develando que en toda creación estuvo su noúmeno presente, que toca creación humano era un soplo de su Espíritu, solo que en lo humano su neuma se extinguía en nuestros sistemas duales perdiendo su unidad fundamental pero nosotros en su nombre hemos hablado siempre como el  otro del gran otro, traicionándolo, nuestras palabras no han producido gozo sino dolor, hoy escapamos de ese dolor diciendo que no hay otro del otro, renunciando a develar esa verdad, porque estamos viejos y muy cansados, pero algunos como siempre se atreverán a creer y  crear sabiendo la imposibilidad institucional se vivirá en los campos ontológicos creando arcas de la libertad.      

 

Pensemos pues en un mundo sin el gran otro que fundamente todos los sistemas, simplemente no podríamos confiar en nadie, no se podría presuponer la inocencia, porque no se podría presuponer el ser, pero esta falta de confianza es post histórica, detiene toda la historia en un lugar muerto en esa doble articulación del sujeto barrado y del objeto a  jamás conseguido, produciendo un juego negativo fantasioso donde la perversión es lo único posible. Y entonces ¿Nuestros sistemas no son perversos y Lacan se equivoca? Por supuesto que lo son, pero admitiéndolo solo nos volvemos cínicos cuando lo que toca  es la siguiente creación noumenológica que nos permita salir de la poshistoria pos humana.  

 

Un argumento muy interesante para atacar la lectura que reduce el “no hay Otro del Otro” a mera inexistencia, lo hallamos en el trabajo de Sara Vasallo. Comentando el matema del significante de la falta en el Otro, encuentra argumentos filosóficos en homología con los de Lacan y afirma:

“Ese significante faltante es en realidad, históricamente, un significado, y su función como Causa primera, reservorio del sentido, garantía metafísica y ‘Otro del Otro’, puede nombrarse Dios, Soberano Bien, región de valores o incluso verdad revelada. El psicoanálisis desplaza esas instancias mostrando que son inferidas por el nudo que ata lo simbólico a lo imaginario y no desde lo real donde el sujeto se sitúa entre significante y significante, lugar desde el cual esa Causa, Cosa ‘prohibida’, le es inaccesible. Notemos sin embargo que no porque esa causa sea inaccesible para el sujeto, el Otro deja de existir, aunque exista de otro modo. Hasta podría decirse que el modo como Sartre se propone hacer desaparecer a Dios suscita en Lacan el intento de restaurarlo… como tesoro de significantes (al que ninguna instancia trascendente libera de su alteridad interna). En una palabra, no porque Dios haya muerto deja de manifestarse como lugar vacío, así como das Ding, no por contener un vacío central, deja de existir como significante” (Vasallo 2014, 11) [las itálicas me pertenecen].

Ahora bien, desconocer este lugar denominado A marcado por una falta (no hay Otro del Otro) tiene implicancias sobre el concepto de goce. Creemos que el escollo que nos trae el término goce proviene de su relación con el gran Otro y el A como no representable, lugar de la cadena significante. El problema es que como muchas veces a este lugar se lo toma como una figura real subjetivada, y como a su vez el deseo se piensa en relación con ese gran Otro, con el goce se hace lo mismo y se supone un sujeto que es el gran Otro que goza y nos goza o bien del que alguien goza.

Un problema crucial del psicoanálisis de hoy es olvidar que Lacan ha pensado que vía la transferencia el psicoanálisis debe conducir al analizante al punto en que este Otro sea pensado como lugar y no como sujeto y entonces, si el A es el lugar de los significantes marcado por una falta estructural, el concepto de goce no será apresado por un ideal de plenitud absoluto, ni como una inclinación perversa de intentar capturar el goce imaginado de un Otro subjetivado, sino según una incompletud ligada al hecho de que el lenguaje no es un ser. Subversión del sujeto… es el escrito en el que Lacan critica la perspectiva clásica de las relaciones entre sujeto y objeto y en consecuencia trastoca la relación tradicional del sujeto con el goce entendido como goce absoluto, como ideal a alcanzar. La tela de ese trastocamiento es que para Lacan el sujeto no es una esencia ni una sustancia, es un lugar, como el Otro, como el goce, introducidos por la incidencia del significante.

Esta es la muerte del sujeto, que devine de la muerte de Dios y que nos lleva  la muerte de toda vida, en un mundo deconstruido donde no pude haber presencia, esta es la metafísica de la ausencia en lacan a la cual yo me opongo con mi metafísica de la violencia, ¿Pero se puede violar a los muertos? No al menos que mi violar sea su resucitar, mi violencia es un soplar del  espíritu y es que pensar al sujeto como un lugar no es posible, detrás del sistema lo que hay son campos, y los campos no son lugares son relaciones transferenciales y estas siempre nos llevaran a una primera y a una última transferencia   que aunque se den simultáneamente, estarán ahí para que las redeconstruyamos como principio y final, diciéndonos que el mito no se ha concluido hasta integrar el cielo con la tierra y entonces se crean los egos a este llamado y los sujetos que realizan este en la tierra en un creación simbólica sistemática, así resucita Dios, resucita el sujeto, resucita la vida violando la muerte.         

            

Jouissance y No hay Otro del Otro

En su escrito Subversión del sujeto… Lacan plantea el goce como una modalidad de lazo al Otro pero no en el sentido de “llevarse bien o mal con alguien”, tener una “buena o mala relación” sino una modalidad subjetiva de relación al Otro que involucra el problema del ser: el lazo al Otro implica pérdida de ser y recuperación de ser. Parte para ello del problema de la existencia del Otro:

“… puedo en rigor probar al Otro que existe, no por cierto con las pruebas de la existencia de Dios cuyos siglos lo matan, sino amándolo, solución aportada por el kerigma cristiano. Por lo demás, es una solución demasiado precaria para que pensemos siquiera en fundar sobre ella un camino desviado hacia lo que es nuestro problema, a saber: ¿Qué soy Yo [Je]?” (Lacan 1960/2008, 780).

El cristianismo postula la existencia del Otro a partir de la relación de amor a Dios sin ningún tipo de compensación o intercambio, es decir una entrega amorosa absoluta incluso en el caso de que Él ordenase la muerte o la condena eterna por los pecados cometidos. Se trataría de un goce desinteresado, del que no se espera obtener nada, un goce desprovisto de beatitud. Solución precaria que por ello Lacan descarta, así como hace con la solución cartesiana, esas pruebas de la existencia de Dios ya muy antiguas pero que no sirven no por sus siglos de vida sino porque lo que le interesa como problema al psicoanálisis no es la existencia del Otro sino la propia: qué soy je. Es decir que si el problema es el ser que le falta al sujeto, un ser que no puede ser capturado por el significante, es un ser imposibilitado de agotarse en el cogito y entonces la solución cartesiana no nos interesa, pues efectivamente la pregunta no es ¿quién soy yo? -que se inserta en la dialéctica del reconocimiento-. La pregunta es “¿Qué soy je?” y, por lo dicho, aún permanece sin respuesta. Esta viene según los siguientes términos:

“Soy en el lugar desde donde se vocifera que ‘el universo es un defecto en la pureza del No Ser’” (Ibid.).

Soy donde se vocifera, o sea donde es la voz como objeto lo que importa para el ser, ya no el contenido de lo que se dice.[5] Esos dichos vociferados independientemente de su contenido afirman no que no hay no-ser, que el efecto de nadificación del significante que vacía el ser se elimina o deshace a partir de lo cual el ser podría decirse. Esos dichos vociferados afirman que el universo es un defecto en la pureza del no-ser. Es decir que en el no-ser producto del significante, hay un defecto, que la pureza del no-ser no es total, es impura. Ahí es donde soy: donde, respecto del no-ser, efecto del vaciamiento del ser por parte del significante, hay una impureza, donde en el no-ser del significante aparece la impureza que introduce el objeto voz.

Si justamente la pregunta es ¿Que soy yo?, la pregunta es qué  es lo me convierte en mí y lo que me convierte en mi es Dios, y en la respuesta se produce el gran gozo, el absoluto pero esa conversión deviene del perdón, ellos están en la playa, frustrados se hieren mutuamente, él no tiene el ego bien formado, su madre enloqueció, ella se resiste a la formación simbólica del padre ¿Que les queda? Ella ha herido su ego, el ofende el orden simbólico musical que ha construido para sublimarse ¿Qué les queda? El perdón, pero el perdón en nombre de quien de ese gran otro de ese Kerigma cristiano, pero ya están en un tiempo poshistórico donde la última fuerza noumenológica metaestructural la tiene el comunismo, pero esta fuerza está  decayendo  porque el comunismo no se renueva en el perdón, si Marx hubiera entendido la dialéctica de Hegel comprendería el traspaso, el dejarse traspasar y el traspasar lo cual exige el cese de la violencia para poder  crear nuevas estructuras permitiendo que el otro nos traspase ,nos penetre y nos convierta a él, para luego  traspasarlo e invertirlo a nosotros, la dialéctica no es una suma cero es un juego cooperativo donde se escalan niveles lógicos o se descienden , eso niveles lógicos son niveles meta estructurales, la lógica no tiene perdón, las cosas son verdadera o falsas, la dialéctica si lo tiene, pero detenida en el no ser, ¿Que somos? Locos vociferantes, manchas del no ser, que solo pueden ser redimidas muriendo en vida.      

 

Estos argumentos pueden seguirse en el grafo sobre todo si se recorre su trayecto siguiendo lo que Lacan propone en la primera clase de El Seminario 9 a propósito de la estructura de ocho interior del grafo. El ocho interior o invertido es un círculo que se retoma a sí mismo en el interior de sí mismo. De modo que aplicado al grafo pone en continuidad los dos pisos[6] y articula conceptos y matemas.[7] En lo que nos interesa, la VOZ -que viene del A y del SIGNIFICANTE del piso inferior se continúa en el goce (JOUISSANCE) del superior, que empalma con S(Ⱥ). Lo cual se articula muy bien con la homofonía que traduce j’ouïs sens: oigo sentido, pues ubica la voz como un objeto de goce y el goce ligado al sentido cuya sustancia es significante y no corpórea. A su vez, CASTRACIÓN está en continuidad con SIGNIFICANTE pues en la perspectiva de Lacan no es ninguna deficiencia o limitación imputable al cuerpo biológico sino efecto del significante.

La relación entre la voz como objeto de goce y el significante de la falta del Otro se sigue del hecho de que el significante produce falta en ser, mortifica la cosa, nadifica la cosa, introduce falta en el ser de la cosa, pero es la misma lógica del significante la que introduce la ley del no-todo. Es decir: hay impureza en el efecto mortificante del significante. En consecuencia si el efecto de vaciamiento del significante es no-todo, el no ser que él introduce es no todo, no es todo no ser, no es puro no ser, el significante introduce la falta en ser pero a la vez introduce una falta en el todo de la falta de ser. Si hay un defecto en la pureza del no ser es porque el significante no puede quedar por fuera del no-todo de la nadificación, si el significante nadifica pero a su vez rige para él el no-todo entonces nadifica no-todo, entonces la falta en ser que él introduce es no toda, es decir que el no ser no abarca todo el universo. Hay una impureza en el no ser debido al no-todo del orden significante. Por eso se relaciona con el S(Ⱥ), porque no hay Otro del Otro, que es lo mismo que decir que no hay verdad última. Lo que Lacan propone es que ese lugar es el goce:

“Y esto no sin razón, pues de conservarse, ese lugar hace languidecer al Ser mismo. Se- llama el Goce, y es aquello cuya falta haría vano el universo” (ibid.)

Pero y ¿Como del no ser salió  el goce?  Debido a la impureza del significante el cual está  impuro debido a que no hay verdad última, claro está´ que el significante buscara el significado que lo purifique ¿Por qué? Porque el significante es la expresión de la herida, la herida de la propia existencia, herida que encuentran uno en el otro cuando  intentan tener sexo y la herida clamara ser curada y al psicoanalista le llegara ese clamor, la transferencia es transferencia de la herida en el hombre, ¿Que recibirá de respuesta del psicoanalista? Vocifera , grita , ten tu goce, pero yo iré más allá iré a matar , iré a patear lo que se me ponga en el camino , incluyendo al psicoanalista, hasta que ella me perdone por no haberla perdonado, porque el goce no está  en la violencia ese es solo su llamado el goce como gozo eterno está  en sus  ojos volviendo a mirarme , está  en ese violín que suela para mí cuando cumplí mi promesa y volví a  pedir que me perdone por no haberla la perdonado.

Esto”: que soy en el lugar donde se vocifera el defecto en la pureza del no ser, no es sin razón. ¿Por qué? Porque si el no ser puro se conservase, pleno no ser, si no operase el no-todo del significante, eso haría languidecer al ser mismo: sería pura nada. Ese lugar, el de la impureza del no ser, no  se llama goce, se llama infierno,   que según esta definición es, en la estructura, el lugar de localización del sujeto que como consecuencia de lo antedicho no puede afirmar “Soy” pero tampoco puede afirmar “No soy nada”. Es decir que la pregunta ¿Qué soy je?, ¿Qué me convierte en mí? la pregunta por el ser permanece sin respuesta, quemándome haciendo rechinar todos mis dientes  de allí su relación con el S(Ⱥ). Entonces lo que resta de ser, por la mortificación del no ser a causa del significante, por la mortificación impura del ser, sólo se ubica en el lugar donde se vocifera, pero si yo dejara de vociferar, si yo me acostumbrara al infierno, Lacan me quitaría lo ultimo que me queda como sujeto mi infierno,   porque para su existencia depende de la manifestación de la voz misma. Es decir que el significante mata la cosa pero resta la voz presente en toda enunciación, objeto resto de la mortificación impura. Vociferar en francés tiene la connotación de hablar gritando y con cólera (en castellano sólo se connota el hablar con un tono de voz más alto de lo que se considera normal), se vociferan blasfemias, injurias y amenazas. Entonces el infierno como localización del sujeto se manifiesta en todo lugar o momento donde se vocifere, que es donde el efecto nadificante del significante encuentra su límite a consecuencia de su propia ley fundamental. Un ejemplo lo aporta Lacan en el Seminario 10:

 “ya es hora de acordarse de la diferencia que hay entre el Dios motor universal de Aristóteles, el Dios soberano bien, concepción delirante de Platón, fundando con ella toda la filosofía  y el Dios de los judíos, que es un Dios con el que se habla, un Dios que te pide algo y que, en el Eclesiastés, te ordena Goza - esto es verdaderamente el colmo que inicia el infierno . Gozar a la orden es algo que, si es que la angustia tiene una fuente, un origen, debe de estar de algún modo ahí - todos podemos sentirlo. A Goza {Jouis!}, sólo le puedo responder una cosa, Oigo y gozo contigo en Cristo {J’ouïs!}” (Lacan 1962-63/2006, 91).  

 

      Es de allí de donde podemos extraer una teoría que supera toda teoría del  superyó y nos lleva a la meta estructura. Si se ordena gozar, se responde con la dimensión resignificante  de lo numinoso noumenologico : el Jouis! se vocifera (voz) y se oye: J’ouïs!, más allá de la materialidad significante y como superación  inevitable de la nadificación efecto de la articulación significante. Si se prohibiese una satisfacción, se podría gozar de la orden dice Lacan, porque en la misma vociferación de la prohibición se localiza el sujeto como infierno. Pero entonces el gozo  es una energía ligada a la sustancia viva o vivificante, no es un defecto en la pureza muda del no-ser que permite una localización del sujeto pues ante la vociferación responde: oigo-gozo. Esa falta no es insatisfacción -esa podría ser la reivindicación histérica: “no gozo”-, esa falta indica que la materia del gozo no esta  en el lenguaje, esa es su textura. Lo cual implica que el infierno intrincado en el lenguaje está marcado por la impureza de la falta en ser y, a la vez, por la falta de plenitud del ser. Pero hay ser y hay no ser integrados en el gozo que traspasa todo infierno. Dicho de otro modo, si el infierno es el lugar de la imposibilidad del  ser del sujeto, cuando se vocifera en tanto que significante, se produce vaciamiento de infierno su transferencia pero no-todo por la misma ley del significante que nadifica el mismo no-todo, entonces algo resta quemado nuestros huesos hasta que el gozo nos redima integrándonos al ser.

Lo que hace que el   ser se transfiera a nosotros, es el infierno que nos quema  entendido como una primicia inalcanzable hasta que no se produzca el perdón de la  satisfacción vivificante, ligada a la sustancia vital. Viene a nosotros el   ser porque nos  da la sustancia esperada, llamado   a partir de que se vocifera. Entonces el ser convierte el, fuego del dolor en fuego de gozo.  El infierno es el campo que demanda   la estructura donde se manifiesta el llenado del ser  operado por la vociferación invocante. Por esa razón Lacan dice luego:

“A lo que hay que atenerse es a que el infierno está interdicto para quien habla como tal, o también que no puede decirse sino entre líneas para quienquiera que sea sujeto de la Ley, puesto que la Ley se funda en esa interdicción misma” (Lacan 1960/2008, 781).

            Para el sujeto de la ley, es decir para el sujeto cuyo ser ha sido nadificado por efecto del significante, el infierno es donde se vocifera, o sea donde la voz manifiesta que el ser natural -que es aquello que el significante nadifica- no está vaciado del todo por el significante, sino que algo resta del ser natural. Por eso hay voz en el acto de la palabra, por eso el infierno se escribe en el grafo del lado del significante de la falta (y no se escribe del lado de la pulsión donde Lacan inscribe la castración). Si hay incompletud en la estructura significante y por ello hay ley, para el sujeto de la ley el inifierno está interdicto, entredicho pues es indecible y solo puede decirse entre líneas. El infierno lleva la marca de la ley al estar interdicto, por lo cual es indecible y está más allá de todo lo que se diga: entredicho. El infierno se vocifera: voz que se oye ya la que se le transfiere el gozo, que siempre será la vivencia espiritual    j’ouïs-jouis (oigo-gozo). Se oye: j’ouïs sens: oigo sentido.

Si la articulación significante introduce la falta-en-ser, lo que de esta maniobra resta del ser es el infierno. Él porta entonces la marca de la falta, destierra toda ilusión de ser pleno,  pero no le da sustancia del ser sino que lo invoca en su dolor. ¿Y ello cómo se manifiesta al sujeto y cómo se enlaza al Otro? Al sujeto se le presenta como un continuo de satisfacción e insatisfacción, de placer y displacer en relación moebiana. Respecto del Otro Lacan dice a continuación:

“¿Está pues a mi cargo? -Sin duda que sí. Ese infierno cuya falta hace inconsistente al Otro, ¿es pues el mío? la experiencia prueba que ordinariamente me está prohibido, y esto no únicamente, como lo creerían los imbéciles, por un mal arreglo de la sociedad, sino, diría yo, por la culpa del Otro :  más como el Otro del otro  es como creación noumenologica [8], tengo el remedio  de poner mi culpa  la del otro sobre el  así yo quedo convertido en mi [Je], es decir creer en aquello a lo que la experiencia espiritual  nos arrastra a todos, y a Freud el primero: al perdón del pecado original” (Ibid., 780).

Es decir que  el gozo como transferencia del ser, hace al   Otro y al gran otro  consistente.  Como no le da sustancia noumenologica  al ser, hace consistente al Otro: de allí que el gozo sólo pueda pensarse de este modo a partir del axioma  hay Otro del Otro es decir un gran otro que supera toda contradicción. De lo contrario, el infierno  se positiviza, dando inversión  al  ser, ser de infierno que no es otra cosa que la transferencia de nuestro no ser que se representa de diversos modos que configurarían la presunta subjetividad y sintomatología actual. Pero para Lacan alterado, en este escrito al menos, el gozo no es solo una actividad placentera o gozosa, ni siquiera es exceso de sufrimiento convertido, sino el capo ontológico develado  que si faltase haría vano el universo. La falta de este campo, y no del infierno, es lo que haría vano el universo. El término francés que emplea Lacan es vain que significa “sin consistencia” y entonces se emplea para ubicar el efecto de encontrarse con una sepultura vacía: lo vano de una sepultura sin cadáver sepultado, por lo cual connota lo vano como vacío. Por eso en el grafo se vincula el infierno con el significante de la falta del Otro, con su inconsistencia. Como para el hablante todo enunciado encuentra su  garantía no en la enunciación sino en el Otro, que esta fundado en el gran otro  porque el gran Otro es campo ontológico de amor, en el sentido estricto de: Hay Otro del Otro, el gozo se localiza en la manifestación consciente del  inconsciente.

Eso explica que del infierno provenga  la voz y el significante, con su efecto de mortificación, que nadifica el ser. El grafo nos presenta sincrónicamente un conjunto de conceptos y sus relaciones. Esa es una gran desventaja: es una red conceptual que nos atrapa en el infierno lacaniano. Y consideramos que es preciso redeconstruir con cuidado esas articulaciones  comentandolas oralmente porque es cuando la articulación sincrónica deja lugar a la presentación diacrónica de los conceptos con  desarticulandolos, cuando se hace esto último cambia la relación lógica de los conceptos, que por ende cambian su sentido produciéndonos una gran alegría  y entonces podemos decir lo que no nos atrevimos en la playa te perdono y recibo tu perdón sin merecerlo en la gracia infinita de Dios abriendo la puerta al eterno gozo y por fin disfrutando del sexo en un gran coito.  

 Comentarios


Fernando Cassamar

Cristiano, hermano... entiendo la mención de tu abrigo en la risa de tu mujer... y esa unidad pre-evica, tuya porque fue hecha de tu costilla, como discurso defensivo... Pero mi diagnóstico no iba por allí.., al contrario, como deconstructor, navego en significantes marginales de estructuras mentales, como las tuyas... encubiertas dentro de un discurso binario y autoritario... hombre-mujer, falo-vagina... malo-bueno... facho-caviar... y por eso te enfadas e insultas... y te revelas como un niño. Y dices: “eres hombre malo, un perverso, un monstruo... un psicópata destructivo, un hombre malo, malo, muy malo”. Y yo te observo desde mi diván y te digo: “calma, calma Niño, ya pasó... no importa, te daré un caramelo como pista... está bien... será gratis”... y te dejo insultarme más, para que votes todos tus demonios... “eres un psicópata”, dices, y me conviertes en tu padre... al que quisieras destruir por ser de izquierda y castrado o por estar al lado de una madre caviar que envidia el pene.... y te sientes castrado otra vez.... e idealizas al facho... el que posee el pene que anhelas, porque las casi ochenta muertes que ha ocasionado son pura voluntad de poder... la inhumanidad del carnicero... que se caga en el sur... mientras tú feminizas y niegas la voluntad del ser del no facho... esa posibilidad de agencia que la fachería reprime gaseando, golpeando y matando a la población que se rearma como subjetividad política, en la conspiración, como ontología social e histórica, es decir, la del serrano, la del indígena, la del apestado, la de la mujer, y envidias el falo, del facho, porque no eres facho, y lo idolatras... mientras desprecias la vagina de la izquierda caviar... que te parece chancrosa, sidosa, sifilítica... e imagino que como el inca Garcilaso eliges al padre estuprador y desprecias a la madre ultrajada...¿Hay posibilidad de amor cuando hay tanta violencia? No la hay... solo que el cariño se convierte en economía libidinal, cuando el que oprime es el sistema y en síndrome de Estocolmo... cuando son las personas las que torturan.. Ahora el pueblo que amaba a su torturador, a su violador ha despertado... y ha empezado a odiarlo..., y por eso los matan... Yo, que podría ser Moi o podría ser Je... no veo lo que tú ves... Yo veo que la fachería es un gay envalentonado que no quiere salir del closet, como Petunia Aliaga, que se flagela porque siente culpa... como los sodalicios violaniños, que siguen repitiendo el nombre del padre... para purificarse... cuando habitan su sodoma existenciario... como la fachería del foro de Madrid, que envidia la eticidad asexuada del indignado, y, desde su cerebro retorcido, lo llaman castrochavismo, y como los narcocapitalistas construyen su imagen repulsiva proyectándola en el otro... izquierdista... y lo llaman narcocomunista.

Mi perversión está en haber descubierto tu fascismo libidinal, y tu simultáneo comunismo culposo... en tu necesidad de totalidad ante el vacío, de la figuración... que es la ausencia de Dios en ti... pero tranqui... sí soy un monstruo... pero uno de izquierda... y tengo la reverenda gana de ver a la fachería como la peor basura... y verme a mí mismo como un ángel... así sea uno caído...

abrazo hermano...

Fer-Antifascista


Tener fe requiere coraje, la capacidad de correr un riesgo, la
disposición a aceptar incluso el dolor y la desilusión. Quien
insiste en la seguridad y la tranquilidad como condiciones primarias de la vida no puede tener fe; quien se encierra en un
sistema de defensa, donde la distancia y la posesión constituyen los medios que dan seguridad, se convierte en un prisionero. Ser amado, y amar, requiere coraje, la valentía de atribuir
a ciertos valores de fundamental importancia –y de dar el salto y apostar todo a esos valores

Amado hermano te llevo a la puerta de mi cuarto dentro se encuentra mi mujer, porque voy a esa puerta continuamente porque el amor es una atractor extraño, por eso me encanta tanto el caos, porque el campo ontologico esta organizado desde este atractor extraño, ¿Este es mi regalo por tu cumpleaños? No hermano, el regalo que te quiero dar no puede darse, es ese saber amar del que de pronto sabes algo mas tu que yo, pero quiero que contemples mi felicidad al entrar y verla como la vi esa primera vez con su cuerpo desnudo deslumbrándome , ese cuerpo que no pude penetrar al punto que su madre nos tuvo que llevar a un doctor para que pudiramos tener sexo, fue muy difícil , tenia tanta frustración y ella tanto miedo como la película en esta reflexión http://adagioalamor.blogspot.com/2023/03/lo-absoluto-como-posibilidad-sexual.html pero lo logramos amado hermano lo logramos 10 años de puro sexo antes de tener a nuestros hijos y luego de tenerlos pensé que nunca más tendría sexo con mi mujer, pero otra vez la acaricio desnuda y es como algo nuevo, así lo creo y lo creo, hacerle el amor es orar a Dios con todo mi ser, hice de todo esto una obra el disfruta coito andino y gracias a esa obra nació Amira tu ahijada, me tuvo que perdonar tantas veces , yo la perdone también, nos hemos herido, humillado, redimido, consolado uno en el otro, nos hemos aburrido tantas veces y nos hemos divertido, lo hemos hecho con profundo odio y con la mas temible indiferencia y luego nos hemos quedado hablando hasta nuestras ultimas fuerzas , me abrigo en su risa y ella sabe permanecer en mi mirada viva, como darte este regalo ¿Con este texto que teoriza sobre el amor? http://209.177.156.169/libreria_cm/archivos/pdf_2836.pdf No, para nada solo aprenderás que el amor no es liquido, pero tampoco es solido, ¿Qué es? Eso que quiero darte en cada teto que escribo esperando que me leas y que nunca consigo darte, como ahora que te llevo a la puerta de mi amor, pero que no te puede dejar entrar, lo que quisiera hermano amado, es algún día tu me lleves a la puerta de tu amor de esa mujer que te Dios y a la que le guardes fe y fidelidad y que me dejes ahí en la puerta por unos segundos contemplando tu felicidad como ahora tu contemplas la mía. Feliz cumpleaños amado hermano Cesar Salomón Franco Delgado hoy primero de abril del 2023 extrañándote.


El absoluto algoritmico es el gran otro, el peligro de todo esto es la ampliflicación de la realidad, provocando una hiperrealidad,   en un registro irreal como si estuviéramos jugando en un videojuego, y entonces el goce que no es otro cosa que el disfrute en el dañar al otro, se hace acto en todas sus posibilidades. Si comprendemos que el registro de lo real se fundamenta en el gozo que es el disfrute máximo del amor a todo y a  todos  y que su inversión de la realidad se fundamenta en el goce, la hiperrealidad es la amplificación de este goce dado en el registro de lo irreal pareciendo no tener consecuencias, están son las sociedades simuladas, donde la conversión al gozo a la alegría compartida se hace casi imposible, por más corazoncitos que les pongan a los comentarios, el gozo compartido necesita de la convivencia, de la mirada , del aliento , del calor del cuerpo , de la musicalidad de la voz. Las IA simularan esta alegría llegaran a hacerlo, pero siempre será una simulación en cambio serán entrenadas en el goce:    Reproducirán racismos tanto invertidos de todas las otras culturas   hacia los blancos como lo tradicional de los blancos a las otras culturas, xenofobias, clasismos, sexismos y todas las diversas maneras de nuestros goces amplificándolos a un nivel como antes el mundo no lo ha visto, desayunaremos maldad, almorzaremos maldad, cenaremos maldad y aun querremos más, ¿Quién podrá frenar su lengua? Nadie ¿Quién podrá controlar su inconsciente? Nadie, ¿Quién abandonara las redes? Nadie ¿Quién será responsable de todo esto en el algoritmo? Nadie.

Así yo me encuentro ante este video promocional de mi amigo Robert y me despierta una rabia, llenándome de unas ganas de destruirlo, ¿Para eso todo el proceso de teatro loco? Para que sea un hombre de “éxito” reproduciendo todo el sistema, no está  enseñando cine, está  satisfaciendo su ego:         

https://www.facebook.com/robert.julcamotta/videos/134769759548416

Pero luego recuerdo a Robert el gran maestro que es, la humildad que tiene para escuchar y enseñar, lo mucho que trabajo como un artesano sus técnicas de montaje y lo inspirado que logra estar al escuchar con el corazón y me arrepiento de todo este goce, y me proyecto en esta película que me hacer recordar el Robert que yo no conozco https://www.youtube.com/watch?v=sS37O3xgwGA&t=3s  Ese momento de reflexión jamás me lo dará  una IA yo lo obtengo de mi conciencia pero ya los hombres no escucharan a su conciencia  porque todos sus registros los llevara el gran otro su Gpt versión siempre renovada, he ahí su inconsciente.  Queda claro es hora de desconectarnos e ir por el amigo a darle un abrazo.   

https://www.facebook.com/jojo.kim.96558/videos/764199995084688  

 

 

Javier Arévalo quiero golpearte y sobre todo a tus acólitos como en esta película https://www.youtube.com/watch?v=CMRM_bfCBig&t=2s  me han llegado a Herir sus risas, aunque fueron dadas virtualmente me hirieron así que quiero devolver el golpe, lo de los lentes para que vean el mundo construido objetivamente  como ideología es una excusa, lo que yo quiero es golpearlos hasta dejarlo ciegos  y puedan ver lo real ,mi goce terrible al hacerles daño, se lo que harán después, me crucificaran y darán rienda suelta al suyo, pero en ese momento recitare tus palabras: “Cuando además de maestro tu amigo tiene la mente y el corazón bibe puesto”.   Y algo recordaras del gozo y de Dios, Me gustaría saber ¿Qué harás? ¿Media vuelta y no pasó  nada? Nadie puede huir de lo real, eso no está  en los sistemas, está  en tu corazón.  https://www.facebook.com/jojo.kim.96558/videos/205198582155727 

 

 

En un momento dado faltó vino, por lo que María dijo a los sirvientes que hicieran lo que Jesús dijera. Este dispuso que se llenaran de agua seis tinajas de piedra destinadas a purificaciones, pero al revisar el contenido, el agua se había transformado en un vino de gran calidad.

Pero lo que nadie sabe es que tú Fernando Rafael estabas ahí, que Cristo dijo tu nombre El Wiracocha y tú lloraste por todos los asesinados, heridos, ultrajados en las protestas, lloraste por todo tu pueblo hermano y luego tus lagrimas removieron el agua con el aliento divino y quedo convertida en vino, en gozo, tu gran sacerdote de la Matria portador de la alegría, hermano del Arcangel Miguel  con el que puedes reír dándome siempre la esperanza de que podrán hacer reír a Gabriel mi hija con el humor subversivo de la vida borracha de vida.     

https://www.facebook.com/jojo.kim.96558/videos/722135122933072

 

 

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